Tocaron la puerta.
Era Otabek que llegaba a recoger a Yuuri para llevarlo al estudio de Lilia.
—¡Un momento, por favor!
Yuuri salió corriendo y volvió con su mochila puesta, el llavero de cerdito balanceándose con los rebotes del cuerpo del niño.
—¡Ya me voy! —anunció el pequeño tras besar las mejillas de sus padres. Se acercó a Otabek—, buenas tardes, Beka —saludó, correcto y educado y luego le tomó la mano—, vamos.
Otabek se despidió a su vez y cerró la puerta.
Mila lavó los platos y luego se sentó junto a Viktor en el sofá, Makkachin a los pies del mismo, con los ojos cerrados.
—¿Crees que sospeche? —preguntó.
—No —respondió automáticamente el platinado—, no, no lo hace. No puede.
—¿Estás seguro?
—Seguro —asintió Viktor, pero lucía todo menos convencido.
—Si se lo explicamos...
—¡No sospecha! —Mila abrió mucho los ojos y Viktor tensó la mandíbula—, lo siento —se disculpó rápidamente—, Yuuri tiene cuatro, Mila, no es edad para decirle que es adoptado...
—Su tutor dice que no es como el resto de niños a los que enseña.
—Yuuri no es como ningún otro niño —Viktor tragó saliva—, por supuesto que diría eso.
—Viktor, escúchame.
Azul cielo giró en dirección de azul rey.
—Dice que es muy tranquilo, demasiado tranquilo. Le preocupa.
—¿Qué? —espetó el platinado.
—Nos aconseja... meterlo a un jardín —indicó con tacto la mujer—, cuanto antes, mejor. Yuuri debe aprender a desarrollarse alrededor de más gente de su edad.
—Con Lilia...
—Lilia le da clases particulares y tanto tú como yo lo sabemos, Yuuri no interactúa con otros niños, no le gusta salir a menos que sea para donde Lilia o con Beka para un paseo en motocicleta —suspiró—, nuestro hijo no tiene amigos de su edad, Viktor. Eso lo terminará afectando.
—Entonces consigámosle un compañero de juegos y listo —murmuró Viktor—, no tenemos que meterlo a la escuela.
—¡Viktor Nikiforov! —Mila elevó la voz esta vez y Viktor dio un respingo—, escúchame bien. No voy a permitir que tus estúpidos celos de padre sobre protector dañen a mi pequeño, ¿lo entiendes? —gruñó—, Yuuri Nikiforov ingresará al primer jardín que encuentre en el listín disponible con o sin tu aprobación, a menos que quieras ayudarme a buscar uno. ¿He sido clara?
Mila se esforzó por mantener una expresión dura, pero se derrumbó cuando vio los ojos de su esposo cristalizarse.
—Dios, Viktor —lo miró consternada—, ¿a qué le tienes tanto miedo? Yuuri es un niño encantador...
—Eso es lo que me preocupa, Mila —Viktor tragó saliva, un nudo instalado en medio por las ganas de llorar—, ahora tiene cuatro pero, ¿en cuánto tiempo crees que vendrá a contarnos que tal o cual compañero, le parece bonita o bonito, se porta bien con él, le agrada o sencillamente le gusta? —negó con la cabeza—, aún es mi bebé. Siempre será mi bebé —frunció el ceño—, el día que una chica de poca monta o un vándalo sin futuro se presente en mi puerta del brazo de Yuuri y él nos lo presente como su pareja... Ese día voy a morir, Mila. Moriré ahogado en un mar de llanto y sepultado por un tormenta de amargura.
Mila presionó juntos los labios y lo abrazó.
—Lo lamento mucho, Viktor, pero no se puede evitar. Yuuri no puede seguir así, ni tú tampoco.
Y Viktor lloró, porque Mila tenía razón.
*Huye antes de que la apedreen por el mini drama de arriba.*
