Si tan solo Yuuri hubiese reaccionado con una pizca de rechazo hacia la noticia, entonces Viktor habría podido dormir aquella noche. Pero no, a su bebé se le habían iluminado los ojos y había dado saltitos de emoción. Siempre había sentido curiosidad por las escuelas y, aunque su tutor privado era amable y paciente, Yuuri ya se había aburrido de verlo cada día.

Así que Yuuri no se enfadó y Viktor no durmió.

Mila le aseguró todos y cada uno de los días que se pasaron buscando un jardín cerca de casa, que todo saldría bien y se estaba preocupando por nada, Viktor no podía creerla por más que se esforzara.

Al final, un mes después del quinto cumpleaños de Yuuri, lo inscribieron en un jardín, para felicidad de madre e hijo y miserea del padre.

La mañana del primer día, Viktor se despidió con su mejor sonrisa de su bebé y le deseó la mejor de las suertes, Mila lo llevaría porque Otabek no podía los lunes y después iría a la empresa.

Viktor se esforzó por espantar el mal presentimiento de su mente y de su pecho, sin éxito pese a que Mila le aseguró que todo había ido bien con las tutoras y los demás niños.

Viktor habría conseguido relajarse para el final del día si no hubiera recibido una llamada de una alarmada mujer que le pedía volviera a por su hijo de inmediato, porque estaba sufriendo de una crisis.

Una crisis que luego diagnosticarían como ansiedad.

~*~ • ~*~

Por ahí leí alguna vez que en Rusia la discriminación está a tope y pues nuestro Yuuri bebé siendo japonés... Le iba a tocar. :/ Lamento darle la ansiedad tan chiquito pero la historia está por terminar y debía meterlo.
¡Gracias por leer!

*Huye.*