Unidos por una causa común, Christophe y Georgi tomaron turnos, Otabek solo siendo capaz de hacerse cargo los sábados, para llevar a su sobrino al parque cada tarde, antes de las prácticas diarias en el estudio de la abuela Lilia. Era decir, de la señora Lilia.

Conforme fueron pasando los días, y luego las semanas, Yuuri superó el miedo y la timidez, acercándose por pie propio y preguntando, siempre correcto, siempre cortes, si querían jugar con él.

Se podría decir que hizo amigos circunstanciales, y a algunos hasta los invitó a su sexto cumpleaños.

Al año siguiente, tuvo un segundo primer día en un nuevo centro, uno muy exitoso.

Aquel mismo año descubrió que no veía tan bien como el resto de sus compañeros.