Capítulo 2
— ¿Qué pasa? —pregunté, cruzándome de brazos y aparentando tranquilidad. La verdad era que por dentro estaba un poco nervioso.
—Eso quiero saber yo, Jev. ¿Qué pasa? —Preguntó Nazarach, otro arcángel que estaba presente. —Me parece que una de las condiciones que se te impusieron cuando te convertiste en custodio era que no tendrías ningún contacto emocional con la chica, y me parecían bastante emocionados dentro de tu coche.
Apreté los puños, sin saber qué responder. Celiane Me regaló una sonrisa burlona, y dio un paso adelante.
— ¿Quieres volver a caer, angelito? —ronroneó ella, su mirada fija en mis alas.
Me encogí de hombros.
— ¿Quieren quitarme las alas? Adelante. No tengo ningún problema con eso. —dije.
Celiane frunció el ceño y se detuvo, mirando por encima de su hombro a su compañero.
— ¿Qué vamos a hacer? —preguntó ella a Nazarach.
Él me evaluó con su fría mirada por unos segundos, y luego respondió:
—Déjalo que se vaya. —Dijo, y me miró—No hemos venido a arrancarte las alas, Nathanael nos envió para recordarte tu lugar. Eres un custodio, Jev. No puedes tener ningún tipo de relación amorosa con ella. Ya es suficiente con que sepa lo que eres—replicó, molesto.
—Ya lo sé.
— ¿Entonces por qué desobedeces? —me espetó.
— ¡No estoy desobedeciendo ninguna regla! —gruñí, comenzando a enojarme.
—La amas, Jev—dijo Celiane, con una extraña sonrisa en el rostro—Y eso está prohibido. Puedes ir al infierno por ello, si no lo recuerdas.
—No la amo—dije.
Detestaba tener que mentir en momentos como este, pero no podía permitir que me quitaran a Nora. Iniciaría la tercera guerra mundial si se atrevían a hacerlo. Primero me enviarían al infierno, antes de quedarme cruzado de brazos viendo como se llevaban a mi chica.
Celiane rió.
— ¿No? ¿Y por qué la besas, Jev? ¿Por qué nunca la dejas sola?
Sonreí con maldad absoluta, dejando desapareciendo por un momento mis sentimientos humanos. Necesitaba pensar como antes, ser el mismo de antes por unos segundos.
— ¿Tan celosa estás, arcángel? No me digas que aún sientes ese ridículo amor por mí, porque me enferma—le espeté, su rostro contrayéndose de la rabia—La beso porque ella lo desea, la protejo porque es mi trabajo.
Nazarach dio un paso adelante y me evaluó con la mirada.
— ¿No sientes nada cuando la besas, entonces? —preguntó, sus ojos en los míos.
—Absolutamente nada—respondí.
—Bien, asegúrate de que siga siendo así, porque de otro modo te arrancaremos las alas—dijo.
Me encogí de hombros.
—Por mí, pueden hacerlo. Nunca tuve verdaderas ganas de regresar—dije, con voz fría.
—Si caes, te vas al infierno—añadió Celiane—No podemos darte segundas oportunidades. Ya caíste una vez. Fue suficiente.
Mi cuerpo se puso rígido, pero afortunadamente logré ocultarlo. Celiane miró a su acompañante y éste dio otro paso al frente.
—No hemos venido sólo por ese motivo—añadió él—Hay otra persona que necesita de un custodio.
Esto no me estaba gustando para nada.
—Una chica fue atacada por Nefilim y se encuentra en el hospital. Necesitamos que la vigiles, que no abra la boca, porque estoy seguro de que recuerda ese ataque.
No, no me gustaba nada.
— ¿Qué fue lo que pasó? —pregunté.
—Lugar equivocado. Momento equivocado. No es gran cosa, cumple con la orden—me espetó.
No me gustaba para nada el tono con que me hablaba, o que me diera órdenes. Y ellos lo sabían. Así como sabían que si me lo propusiera, podría llegar a ser de nuevo un arcángel. Por eso estaban tan desesperados por enviarme al infierno. Imbéciles, no se daban cuenta de que eso ya no me interesaba en lo más mínimo.
— ¿Cuál es su nombre? —pregunté.
—Marcie Millar.
¡Genial! Esto era excesivamente fabuloso. Nora iba a arrancarme la cabeza si se enteraba que tenía que cuidar también de su enemiga. Maldita sea, estaban haciéndolo apropósito, apostaba mi brazo derecho.
—Está bien—Acepté, voz fría, rostro inexpresivo.
Nazarach sonrió.
—Así me gusta, Jev. Obedeciendo—Contuve las ganas de lanzarme sobre él y arrancar sus estúpidas alas—Ya nos marchamos. Oh, pero recuerda: Estás bajo vigilancia perpetua. Comprenderás que, tenemos que asegurarnos que cumples con las normas.
¡A un cuerno las normas! Iba a matar a esos jodidos imbéciles cuando se me presentara la oportunidad. Los odiaba a todos, esos malditos.
Se marcharon, dejándome en la oscuridad sumergido en mis pensamientos.
Mientras caminaba de regreso al Jeep, recordé cuando Nora me dijo que me amaba. Esa palabra había calentado todas mis terminaciones nerviosas, y me sentí como un imbécil por no responderle que yo también, que yo la amaba desde el primer día que la había visto, aunque por ese entonces no lo sabía.
Aceleré hasta la casa de Marcie, donde tendría que permanecer hasta que le encontraran a alguien más para cuidarla. Yo no podía estar con ella mucho tiempo, tenía ya a alguien mucho más importante a quien proteger. Me bajé del coche, que dejé estacionado unas calles más abajo, y me acerqué al lugar. Ella se encontraba fuera, en el balcón de su ventana, pensativa.
Su mirada se desvió hacia mí, y rápidamente desaparecí, maldiciéndome por ser tan descuidado.
Esta noche sería un suplicio.
Al día siguiente, desperdicié gran parte del día averiguando que era lo que había sucedido entre Marcie y los Nefilim. Aún más cuando ellos la habían atacado esta tarde. Sabía que necesitaba hablar con Nora cuando revisé mi teléfono y vi que tenía un par de llamadas perdidas de ella, por lo que decidí pasarme por su casa al atardecer.
Detuve el Jeep en la entrada y me acerqué a su puerta, manos en mis bolsillos. Podía sentir un par de ojos en mi espalda, así que supe que tenía que andarme con cuidado.
Nora abrió la puerta mientras se colocaba una chaqueta, y sentí que algo faltaba hasta que noté que no se había lanzado directamente a mis brazos, como hacía siempre.
—Hey—dijo, aparentando casualidad. —Olvidaste llamar anoche. ¿A dónde fuiste?
¿Hey? ¿Era todo lo que se le ocurría decir? Maldita sea, mis sentimientos contradictorios. Era mejor que me tratara así. Aunque no me gustara.
—Por ahí. ¿Ibas a invitarme a venir?
No respondió a mi pregunta.
—Estoy contenta de escuchar que la casa de Marcie está, tú sabes, por ahí.
Mierda, de seguro Marcie le había dicho. Esto era precisamente lo que faltaba, ¡Demonios!
— ¿Te molestaría decirme qué está ocurriendo? —Dijo en un tono un poco más hostil. — ¿Quieres decirme que estabas haciendo en su casa anoche?
—Pareces celosa, ángel —Maldita sea, Marcie.
—Tal vez no estaría celosa si tú no me dieras razones para estarlo—respondió. — ¿Quieres decirme qué estabas haciendo en su casa anoche?
—Arreglando unos negocios.
Alzó sus cejas.
—No me había dado cuenta de que Marcie y tú tienen negocios.
—Los tenemos. Pero son sólo eso... negocios.
— ¿Podrías explicarlo? —había una gran dosis de reclamo acumulado entre sus palabras.
— ¿Estás acusándome de algo?
— ¿Debería?
Maldita sea, por esto precisamente odiaba tener que cuidar de Marcie.
—No.
—Si estar en su casa ayer por la noche era tan inocente, ¿por qué tantas dificultades para explicar lo que estabas haciendo allí?
—No estoy teniendo dificultades —dije, midiendo cada palabra cuidadosamente. —No te lo estoy diciendo, porque lo que estaba haciendo en casa de Marcie no tiene nada que ver con nosotros.
Nora quedó abrumada por mi respuesta, y odiaba no poder decirle más cuando sabía que esto estaba causándole daño, pero no podía hablar, no cuando tenía tanta vigilancia sobre mí.
—No vuelvas hasta que estés listo para decirme lo que estabas haciendo en su casa.
Impaciente, me abrí paso al interior de la casa y cerré la puerta detrás de mí.
—No he venido aquí para discutir. Quiero hacerte saber Marcie que se topó con algunos problemas esta tarde.
Nora me miró como si no le importara en absoluto.
— ¿Oh? —Dijo con frialdad.
—Ella quedó atrapada cuando un grupo de ángeles caídos trató de forzar a un Nefilim a jurar fidelidad dentro del sanitario de los hombres en el Arca de Bo's. El Nefilim no tenía dieciséis años por lo que no tenía fuerza, sólo se divirtieron tratando. Le cortaron muy mal, y se rompió algunas costillas. Aquí entra Marcie. Ella había bebido demasiado e ingresó en el baño equivocado. El ángel caído que estaba cuidando sacó un cuchillo enfrente de ella. Estuvo en el hospital, pero la liberaron pronto. Una herida sin gravedad.
Su pulso se aceleró, y yo sabía que estaba molesta porque habían apuñalado a Marcie, pero trató de ocultarlo. Cruzó sus brazos rígidos.
—Gee, ¿es un Nefilim, cierto?
—Marcie tal vez estaba borracha, pero hay posibilidad de que recuerde lo que vio. Obviamente tú sabes que los ángeles y Nefilim tratan de mantenerse bajo el radar, y alguien como Marcie, con una gran boca, puede amenazar ese secreto. La última cosa que ellos quieren es que ella le diga al mundo lo que vio. Nuestro mundo es más fácil cuando los humanos lo desconocen. Conozco a los ángeles caídos involucrados —Mi mandíbula se tensó. —Ellos harían cualquier cosa por mantener a Marcie callada.
—Trato de sentirme mal—dijo—Pero suena como si estuvieras más preocupado por ella que por nosotros —tiró de la manilla de la puerta y la mantuvo abierta. —Tal vez deberías ir a ver a Marcie, ver si su herida está sanando apropiadamente.
Obligué a que su mano soltara la manilla y cerré la puerta con mi pie.
—Cosas más grandes que tú, Marcie o yo están sucediendo —dudé, frustrado por querer decirle todo y no poder.
— ¿Tú, yo y Marcie? ¿Desde cuándo nos pones a los tres en la misma oración? ¿Desde cuándo ella significa algo para ti? —espetó.
Puse una mano detrás de mi cuello, maldiciéndome por no haber escogido cuidadosamente mis palabras antes de responder.
— ¡Sólo dime qué estás pensando! —Exigió— ¡Escúpelo! ¡Si es tan malo como para que no tenga idea de lo que sientes, sólo deja salir lo que piensas!
Miré a mí alrededor, preguntándome si estaba hablándole a alguien más. No, sólo estaba yo.
— ¿Escúpelo? —Dije, mi tono incrédulo y sombrío. Tal vez hasta irritado. Mierda, incluso enojado. — ¿Qué parece que estoy tratando de hacer? Si te calmas, podría. Ahora mismo te pondrás histérica, sin tomar en cuenta lo que digo.
Entrecerró los ojos.
—Tengo el derecho de estar enfadada. No me dirás qué estabas haciendo anoche en la casa de Marcie.
Eché las manos hacia arriba. "Aquí vamos otra vez" decía ese gesto.
—Hace dos meses —empezó, un ligero temblor en su voz. —Vee, mi mamá, todos, me advirtieron que tú eras una clase de chico que ve a las chicas como simples conquistas. Ellas dijeron que era otra hendidura en tu cinturón, otra estúpida chica que sedujiste para tu propia satisfacción. Ellas dijeron que el momento en que me enamorara de ti, tú ibas a irte —tragó con dificultad. —Necesito saber que no estaban en lo correcto.
Agité mi cabeza con incredulidad.
— ¿Quieres que te diga que estaban equivocadas? Porque tengo el presentimiento de que tú no me creerás, sin importar lo que diga —la miré.
— ¿Estás tan comprometido con esta relación como lo estoy yo? —Se quedó en silencio unos segundos, y supe que venía a continuación— ¿Me amas?
Sé que eres lo suficientemente lista para saber que sí, no te ciegues, Nora.
No puedo responder a eso dije en sus pensamientos.
—Voy a dejar esto para mañana. Duerme bien —agregué secamente, dirigiéndome hacia la puerta.
—Cuando nos besamos, ¿estás fingiendo?
Me detuve en seco. Otra sacudida de cabeza, incrédulo.
— ¿Fingiendo?
—Cuando te toco, ¿sientes algo? ¿Hasta dónde llega el deseo de ir? ¿Sientes algo que se acerque a lo que yo siento por ti?
Yo la miraba en silencio.
—Nora…
—Quiero una respuesta clara.
Tenía esa lucha interna entre responder o no, ya que podrían escucharme. Después de un momento, dije:
—Emocionalmente, sí.
Ya luego podría decirles a ellos que era mentira.
—Pero físicamente no, ¿verdad? ¿Cómo se supone que debo estar en una relación, cuando no tengo idea de lo mucho que aún significa para ti? ¿Estoy experimentando cosas a un nivel completamente diferente? Porque eso es lo que se siente. Y lo odio —añadió. —No quiero que me beses, porque tienes que hacerlo. Yo no quiero que pretendas darle significado a algo, cuando no deja de ser sólo un acto.
— ¿Sólo un acto? ¿Te estás escuchando?
Incliné la cabeza hacia atrás contra la pared y di otra oscura carcajada. Le di una mirada de reojo.
— ¿Terminaste con las acusaciones?
— ¿Crees que esto es divertido? —dijo, golpeada por una ola de ira.
—Todo lo contrario.
Antes de que pudiera decir más, me volví hacia la puerta. Ya había tenido suficiente.
—Llámame cuando estés lista para hablar racionalmente.
— ¿Qué se supone que significa eso?
—Significa que estás loca. Hoy estás imposible.
— ¿Yo estoy loca?
Incliné su barbilla hacia arriba y le planté un áspero y rápido beso en la boca.
—Y yo debo estar más loco para seguirte el juego.
Liberó su barbilla y la frotó con resentimiento. El acto me hizo sentir una punzada en el estómago.
—Renunciaste convertirte en humano para mí, ¿y es esto es lo que consigo? Un novio que pasa su tiempo en casa de Marcie, pero no me dice por qué. Un novio que sale en busca del primer indicio de pelea. Prueba si te queda esto: Eres un… ¡imbécil!
¿Imbécil? Estoy tratando de seguir las reglas. Se supone que no debería estar enamorado de ti. Los dos sabemos que no se trata de Marcie. Se trata de cómo me siento por ti. Tengo que frenar. Estoy caminando por una peligrosa línea. Enamorarse es lo que me metió en problemas en primer lugar. Por eso no puedo estar contigo como yo quiero. dije fríamente en sus pensamientos.
—Entonces, ¿por qué renunciar a convertirte en humano por mí, si sabías que no ibas a estar conmigo? —Me cuestionó, su voz sonaba débil— ¿Qué puedes esperar de una relación conmigo? ¿Cuál es el punto de —su voz se quebró sin querer—"nosotros"?
Ángel Ella me miró, sus ojos reflejando cuanto le dolía esta situación Estar cerca de ti en cualquier nivel es mejor que nada. No voy a perderte. Pero ya caí una vez. Si les doy a los arcángeles un solo motivo para pensar que estoy remotamente enamorado de ti, me van a mandar al infierno. Para siempre.
— ¿Qué?
Soy un ángel guardián, o al menos eso me han dicho, pero los arcángeles no confían en mí. No tengo privilegios ni privacidad. Dos de ellos me siguieron anoche para hablar, y alejé de mí los sentimientos, porque ellos quieren que caiga otra vez. Por la razón que fuese, ellos están escogiendo ponerme medidas tan estrictas. Están buscando cualquier escusa para deshacerse de mí. Estoy a prueba, y si me equivoco en esto, mi historia no tendrá un final feliz.
— ¿Qué pasará ahora? —preguntó en voz alta.
En vez de responder, puse una cara de frustración. La verdad de esto es que esto iba a terminar mal. Tendría que pelear, matar, mentir, ser quien fui anteriormente si quería tener al menos una posibilidad de permanecer con ella para siempre.
— ¿No hay algo que pueda hacer? —preguntó.
—Trabajo en eso.
—Quiero terminar—dijo tranquilamente.
La miré fijamente como si no pudiera decir si lo decía en serio.
— ¿Eso es todo? ¿Quieres terminar? Tuviste tu oportunidad para explicarte, la cual no creo, por cierto, pero ahora es mi turno. ¿Se supone que sólo debo tragarme tu decisión y marcharme?
Abrazó sus codos y se dio la vuelta.
—No puedes forzarme a que me quede en una relación que no quiero.
— ¿Podemos hablar de esto? —pregunté.
Por favor, Nora. Maldita sea, no me hagas esto.
—Si quieres hablar, dime por qué fuiste a casa de Marcie anoche.
¡Maldita sea, íbamos con Marcie de nuevo! Arrastré mis manos por mi cara. Podía sentir que tenía una pequeña y nada amistosa sonrisa.
—Si yo hubiera estado en casa de Rixon ayer por la noche, ¡podrías preguntar qué hacía ahí!
—No —dijo, mi voz sonó lentamente peligrosa — Yo confío en ti.
Chocó las palmas de sus manos contra mi pecho, haciendo que retrocediera un paso.
—Vete —dijo, las lágrimas hacían que su voz sonara áspera— Tengo otras cosas que quiero hacer con mi vida, Cosas en las que no estás involucrado tú. Tengo la escuela y futuros trabajos. No voy a tirar todo por la borda en algo que no estaba destinado a ser.
Bien, eso había dolido malditamente demasiado.
— ¿Es esto lo que realmente quieres?
—Cuando bese a mi novio, quiero saber que él ¡lo siente!
Y eso me había destruido, oficialmente. Mi cuerpo se puso rígido. Nos quedamos cara-a-cara, ambos respirábamos con dificultad. Estaba dolido. Estaba enojado.
Me dirigí hacia fuera, tiré de la puerta y la cerré detrás de mí.
