Fui a la esquina del salón, dónde un grupo de hombres se disponían a jugar una mano de póker. Miré a mí alrededor en busca de Marcie, pero no la vi por ninguna parte. Me daba igual, por mí podía encerrarse en el baño las siguientes tres horas. Por el rabillo del ojo observé a Nora acercarse a una de las mesas cerca del frente, dejando su chaqueta en el respaldo de una de las sillas metálicas que estaba contra la pared.
Parecía que estaba coqueteándole, aunque sabía perfectamente que esa su intención. Sabía también que todo era fingido, pero eso no reducía para nada la necesidad de correr en su dirección y sacarla de aquí colgando de mi hombro. Le di una rápida mirada a los alrededores, para asegurarme de que no corriera peligro; más por deseo propio que por necesidad, después de todo, ya no era su guardián.
Oh, mierda. Estuve a punto de matar a ese imbécil cuando vi que ella le daba el dinero que yo había depositado en sus pantalones. ¿Había colaborado de manera indirecta en que estos dos se negaran a la posibilidad de marcharse? Que alguien me dispare en las tripas. Miré la jugada que tenía en mis manos y me concentré en el juego.
Entonces Marcie enredó sus manos en mi cuello, acercando su boca a mi oído.
—Nora está mirándote… ¿Conflictos en el paraíso?
—No es tu problema—le espeté.
—Tú eres mi problema—Dijo, y el tono que usó me recordó el ronroneo de un gato.
—No, quieres que lo que hay dentro de mis pantalones sea tu problema, para luego restregárselo en la cara a Nora. —Le dije, colocando las cartas sobre la mesa y reclamando el dinero—Pero no va a pasar, así que quítate esa idea.
— ¿Entonces cual es el motivo por el cual me has traído aquí?
Me encogí de hombros.
—Pensé que te gustaba el póker—dije secamente.
—Me gusta el póker, pero no me gusta que me mientan. Algo escondes, lo sé.
En ese instante, el espejo que estaba en la pared más alejada quedó destrozado, trozos de vidrio cayeron al suelo. El lugar quedó en completo silencio excepto por la música de los altavoces.
Desvié mis ojos sólo para ver que un tipo de camiseta roja se encontraba de pie en la entrada, con el rostro inexpresivo. Tenía una marca en la clavícula que reconocía de hace años atrás: La marca de mano negra.
— ¡Tú! —El hombre de la camiseta roja, apuntó a un hombre de chaleco con un arma de fuego en su mano—Dame el dinero. Mantén tus manos donde pueda verlas.
Me sorprendió que quisiera dinero, y llamó mi atención. ¿Para qué podrían quererlo? ¿Fondos para comprar caídos, tal vez? Necesitaba averiguarlo. Del otro lado, Scott Parnell habló.
—De ninguna manera, ese es nuestro dinero—Unos cuantos gritos de acuerdo sonaron de la multitud.
El tipo de la camiseta roja continúo apuntando con el arma al hombre del chaleco pero desvió su mirada a Scott, Nora junto a él, temblando. Maldita sea, estaba asustada.
—Ya no.
—Si tomas ese dinero te mataré—hubo una furia calmada en la voz de Scott, lo cual me alertó de que probablemente no sabía que ese tipo también era un Nephilim, y que pertenecía a su mismo grupo.
El hombre del arma sonrió
— ¿A sí?
—Nadie aquí va a dejarte marchar con nuestro dinero—dijo Scott—Hazte un favor y baja el arma.
Otro murmullo en acuerdo sonó de la multitud. A pesar del hecho que parecía que la temperatura del cuarto había aumentado, el hombre de la camiseta roja se rascó perezosamente la parte trasera del cuello con el cañón del arma. No parecía estar para nada preocupado. Apuntando ahora a Scott con el arma dijo:
—Ponte en la mesa.
—Piérdete
Maldición. Si Nora llegaba a resultar herida por este enfrentamiento, iba a matar a ese imbécil.
— ¡Ponte en la mesa!
El hombre sostenía el arma con ambas manos apuntando directamente al pecho de Scott. Por un segundo deseé que le disparara. Scott levanto sus manos al nivel de sus hombros y retrocedió hasta la mesa
—No saldrás vivo de esta, te superamos en número de treinta a uno.
El hombre se acerco a Scott en tres pasos, parándose un momento frente a él, sus dedos se posaron sobre el gatillo, una gota de sudor recorrió el rostro de Scott. No podía creer que él no alejara la pistola. ¿Acaso no sabía que él no podía morir? ¿Acaso no sabía que era un Nefilim?
Nazarach, tengo que intervenir. Es posible que Nora esté en peligro Transmití en sus pensamientos.
Nora ya no debe preocuparte, Patch. Ya no eres su guardián respondió él.
Apreté los puños sobre la mesa.
¿Y quién va a cuidarla ahora?
Aún no decidimos. Deberá valerse por sí misma mientras conseguimos a alguien. Por cierto, has sido reasignado ¿Por qué presentía que esto no me iba a gustar para nada?
¿A quién debo cuidar ahora? Casi escuché su carcajada.
Marcie. Te lo explicaré cuando la saques de ahí y la pongas a salvo. Reúnete conmigo a las afueras del Delphic y pude sentir que se marchaba. Genial.
Regresé al presente cuando el chico de la camiseta roja empujo a Scott con el arma y éste cayó sobre la mesa. A pesar de la sorpresa y el miedo, Scott toma a tientas el taco y el chico se lo arrebató. Sin dudarlo ni un segundo, salto sobre la mesa y apunto el taco sobre la cara de Scott y enterró el taco en la mesa a unos centímetros de la oreja de Scott. El taco bajó con tanta fuerza que atravesó la superficie de la mesa, doce pulgadas de él eran visibles bajo la mesa.
—Estás loco—dijo Scott, y la manera en que lo dijo aumentaba mis sospechas de que, a pesar de pertenecer al mismo grupo, no se conocían.
De pronto un taburete de la barra atravesó el aire golpeando al chico de la camiseta roja en un costado, tuvo que saltar de la mesa para mantener el equilibrio.
— ¡Atrápenlo! —alguien en la multitud gritó.
Algo así como una guerra de gritos estalló y más hombres tomaron taburetes de la barra para lanzarlos. Un par de cuerpos más adelante un hombre tenía una pistola amarrada en su pierna, él la tomó y segundos después una lluvia de disparos comenzó. Comencé a buscar a Nora con la vista, mientras empujaba a Marcie al baño que estaba detrás de nosotros.
—Quédate aquí, vendré a recogerte. No salgas—Le ordené.
Ella asintió, aunque no parecía asustada ni nada por el estilo.
Salí de nuevo y observé rápidamente el perímetro, por si este chico se hubiese traído a más compañeros, pero me sorprendió ver que andaba solo. Terminé de recorrer el perímetro y recomencé mi búsqueda de Nora, hasta que logré visualizarla saliendo por la puerta trasera. Corrí hacia ella, y luego de cruzar, la tomé por la pretina de sus pantalones y la arrastré hacia la pared.
—Toma el jeep—Le ordené, poniendo las llaves de mi auto en su mano. Era una suerte que Nazarach se hubiese ido, me castraría por esto— ¿Qué estas esperando?
Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero parpadeó furiosamente alejándolas.
—Deja de actuar como si fuera un gran inconveniente. ¡Nunca pedí tu ayuda!
—Te dije que no vinieras esta noche, no serias un inconveniente si hubieras escuchado, este no es tu mundo, es el mío. Estás tan decidida en probarlo que harás algo estúpido y terminarás muriendo.
Sabía que le había molestado ese comentario, así que continué antes de que pudiera decir algo que me hiciera enojar aun más.
—El hombre de rojo es un Nefilim, la marca significa que esta con la sociedad de sangre de la que te hablé antes, él ha jurado lealtad a ellos.
— ¿Marca?
—Cerca de su clavícula.
Tumbé al suelo a Nora cuando la ventana de la puerta trasera fue disparada, fragmentos de vidrio cayeron alrededor de nosotros.
—Vete de aquí—dije, empujándola en dirección a la calle.
Se giró hacia mí.
— ¿A dónde vas?
—Marcie sigue adentro, regresaré por ella.
Vi en sus ojos que aquello le había dolido, pero no podía dolerle más que a mí.
— ¿Qué hay de mí? Eres mi ángel guardián.
La miré directamente a los ojos. ¡Yo le pedí que se retractara, joder!
—Ya no más, Ángel.
Antes de que pudiera discutir, me deslicé por la puerta, corriendo en dirección al baño. Por increíble que parezca, Marcie había obedecido.
—Salgamos de aquí—le espeté.
— ¿Por qué? A penas la diversión comienza.
—Dejará de ser divertido cuando te peguen un tiro en la cabeza, te lo aseguro.
La saqué de allí rápidamente, esquivando a las personas que estaban matándose entre sí. Ya afuera, en la calle, detuve un taxi que pasaba y subí a Marcie al asiento trasero.
—Llámame si necesitas algo—le dije, y al ver que enarcaba las cejas, añadí: —Que sea importante, y no pervertido.
Le pagué al taxi y lo observé mientras se alejaba. Me adentré en uno de los callejones oscuros, extendí mis alas y alcé el vuelo.
Cuando aterricé en el porche de su casa, me apoyé en una de las vigas. Desde aquí podía ver a Nora encorvada y sollozando en el Jeep. No sabría decir cuánto tiempo pasó hasta que Nora se secó los ojos, soltando un suspiro. Cuando me miró, y vi todo ese dolor en sus ojos, me maldije por hacerla sufrir. Pero no podía hacer nada, no todavía. Pronto.
Caminé por el asfalto y abrí la puerta del conductor.
— ¿Estás bien? —Pregunté. Ella asintió rígidamente.
— ¿Porque el Nefilim de la camiseta roja quería dinero? —Preguntó, mientras se cambiaba al asiento de pasajero.
Después de un momento de pensarlo y asegurarme de que no sucumbiría ante mis ganas de tocarla, me senté detrás del volante, encerrándonos juntos en el jeep.
—Estaba juntando fondos para la sociedad de la sangre, ojala tuviera una mejor idea de lo que están planeando. Si necesitan dinero lo más seguro es que sea para recursos. Es eso o para comprar ángeles caídos. Pero cómo, quién y por qué, no lo sé—negué con la cabeza—Necesito a alguien de adentro, por primera vez ser un ángel me pone en desventaja. No dejarán que me acerque ni a una milla de la operación.
—Dijiste que Scott y el chico de rojo estaban con la sociedad de la sangre, pero ellos no parecían conocerse, ¿Estás seguro que Scott está involucrado?
Bien, ella también lo había notado.
—Él está involucrado. —Debe estarlo.
— ¿Entonces como es que no se conocen?
—Mi suposición es que quien sea que dirige la sociedad, está separando a los miembros para mantenerlos en la oscuridad, sin solidaridad, las posibilidades de una captura bajan aún más. Si ellos no saben que tan fuertes son, los Nefilim no pueden filtrar información a los enemigos. Los ángeles caídos no pueden obtener información si los miembros de la sociedad no lo saben tampoco.
— ¿Y Marcie? —dijo, tratando de mantener su voz neutra.
—Le gusta el Póker—dije, sin comprometerme.
Puse el jeep en reversa, necesitaba reunirme con Nazarach. Mientras más pronto arreglara el problema de mi pluma, más pronto regresaría con ella. Además, no quería decirle que era el guardián de Marcie. Eso la destrozaría.
—Debería irme, ¿Estarás bien esta noche? ¿Está tu mamá? —Se giró en el asiento para quedar frente a mí.
—Marcie tenía sus brazos a tu alrededor.
—La idea de Marcie sobre el espacio personal es inexistente.
— ¿Así que ahora eres un experto en Marcie?
Maldita sea, no quería hablar de nada de esto.
— ¿Qué sucede entre ustedes dos? Lo que yo vi no parecían negocios.
—Estaba en medio de un juego cuando ella llegó por detrás, no es la primera vez que una chica hace eso y probablemente no será la última.
Tal vez eso había sido un golpe bajo, pero no me podía permitir ser cariñoso. No cuando no tenía completa certeza de que Nazarach no estaba.
—Pudiste haberla alejado de ti.
—Tenía sus brazos a mí alrededor por un segundo y al siguiente el Nefilim lanzó la bola de billar. No estaba pensando en Marcie, corrí a chequear el perímetro en caso de que el Nefilim no estuviera solo.
—Regresaste por ella.
—No iba a dejarla ahí.
Pude imaginar qué estaba pensando, y mi mandíbula se cerró con fuerza. No quería que creyera lo que Vee y su madre le habían dicho de mí, porque joder, si una vez fui así, ya no lo era.
—Tuve un sueño acerca del papá de Marcie anoche—Eso me sorprendió.
— ¿Soñaste con el padre de Marcie?
—Creí que estaba en Inglaterra, desde hace mucho tiempo. El papá de Marcie era perseguido por el bosque, sólo que no podía huir porque su capa se había atorado en los árboles. No dejaba de decir que un ángel caído intentaba poseerlo.
Reflexioné esto un momento, lo que había dicho llamó mi interés. ¿Capa? ¿Inglaterra? Por alguna extraña razón, me recordaba a Barnabas. Estaba cerca, lo sabía, porque el Jeshvan se acercaba. Miré mi reloj y después a Nora.
— ¿Necesitas que te acompañe dentro de la casa? —Pregunté.
—Estoy dudando porque no me quiero mojar, además, obviamente tú tienes que estar en otro lado—Abrió la puerta y sacó una pierna del jeep—Eso, y que nuestra relación se terminó, no me debes ningún favor—Nos miramos a los ojos. Sólo había dicho eso para lastimarme, ya lo sabía, y lo consiguió. Caminó hacia el pórtico cubriendo su cabello de la lluvia con sus manos, y se perdió dentro de la casa.
Aceleré al Delphic, dónde me encontraría con Nazarach.
Tenía que solucionar esto rápido. Tenía que volver con mi chica.
