Merlín sólo lograba escuchar gritos a su alrededor en el gran castillo de Camelot. Eran ensordecedores y atemorizantes, hacían a su pequeño y enclenque cuerpo temblar aún más bajo la situación
Padre – exclamaba Arturo tallando los dientes para no gritarle al hombre de cabellos blancos que tenía el poder absoluto en el castillo y también en el reino – Es tan sólo un niño. Ealdor no está lejos ¡Uno de tus hombres no te hará falta en un viaje de una noche!
¡Arturo! Entiéndelo, no arriesgaré la vida de uno de mis caballeros por un niño. Si su madre lo busca tanto, podrá venir a buscarlo mañana. Además, ha oscurecido ya ¿Pretendes que este niño y un caballero partan a Ealdor a estas alturas de la noche? ¡Qué ridiculez! – El Rey extendió sus brazos para llamar a la razón en la sala, donde Arturo apretujaba sus ropas entre los puños, tallando los dientes y aguantando lágrimas de furia.
Te lo suplico, Padre- el joven Príncipe se vio interrumpido por la voz de un hombre mayor que apareció como un fantasma entre la oscuridad en donde Merlín tenía la mirada fija y perdida por el temor. 'Pensará que lo veía… Que vergüenza'
El hombre mayor se acercó al Rey y lo tomó del hombro como si fuera cualquier persona, como si fuesen amigos de toda la vida. Sus cabellos blancos y largos resaltaban con el resplandor de la luna llena que se colaba por el gran ventanal y sus ropas largas y un tanto coloridas parecían un batón de dormir, aunque más elegante.
Mi señor –aventuró el hombre – El joven Arturo tiene razón. Un hombre que lo escolte hasta su pueblo no hará falta por un día. Al partir mañana al alba, regresará al anochecer – el hombre iba a seguir hablando hasta que su Rey levantó la mano envuelta en el guante justo frente a sus narices
Mi decisión está tomada, Gaius . Leon- y miró al caballero que daba un paso al frente al ser nombrado- escolte a este niño fuera del castillo. No quiero que se acerque aquí
Arturo cerró los puños con tal fuerza que Merlín pensó que rompería sus guantes de cuero. Masculló algo inentendible para Merlín, quien estaba muy ocupado escuchando los pensamientos arremolinados en su cabeza una vez que logró comprender su situación en totalidad
' El Rey no comprendió ' las lágrimas del pelinegro se deslizaban por sus mejillas manchadas y sucias 'No volveré a casa. Madre… Madre, perdóname. No me dejes'
Mientras un par de soldados le tomaban los brazos para sacarlo del salón, logró escuchar los gritos del Príncipe contra su padre, y la voz de éste sobreponiéndose al joven.
Todo se había vuelto confuso.
¿Cómo es que había perdido de vista a su madre? Merlín intentaba recordar con que se había distraído aquella tarde en la que su destino había dado un giro tan inesperado.
Sus ojos – masculló mientras le seguía el paso a los guardas que darían por asegurado las órdenes del Rey. Era una imagen tan clara y viva que parecía una pintura de algún artista italiano: El camino del mercado abarrotado de personas pasando de un lado a otro. Dos guardas, idénticos en ropa estaban a las espaldas del joven Príncipe cuyos ojos azules brillaban como zafiros y sus cabellos, alborotados por el viento, deslumbraban los rayos del sol sobre éste.
Merlín comprendió entonces el posible motivo de la desesperación del Príncipe por llevarlo a casa, quizás éste intentaba remendar lo que creía su error. Pero ¿cuál sería su error sino el de tener los ojos más hermosos que el joven una vez pudo apreciar? Había sido su culpa por haberse perdido de vista, suya y de nadie más.
Los guardas que lo acompañaron lo dejaron a las afueras de la gran puerta de metal. Merlín miró hacia atrás mientras las puertas se sellaban con estrépito escándalo.
Estaba solo y con los ojos húmedos, sentía el aire gélido en su nuca mientras las hojas se mecía y lo arrullaban en el suave canto del viento. Se abrazó a si mismo aferrándose a su chaqueta marrón mientras miraba la noche oscura y las estrellas en lo alto iluminar un camino que no lograba determinar a donde iba.
Por más ridículo que pueda sonar, pedía a gritos con los labios sellados que el Príncipe de Camelot, el único y futuro Rey viniese a rescatar a un pobre pueblerino de Ealdor que se perdió en sus ojos azules y sus cabellos dorados.
