El joven Arturo miraba por su ventana con una expresión de pura preocupación y angustia.
¿Porqué habría de preocuparse tanto por la vida de aquel joven pueblerino?
no había sido culpa suya que aquel niño se le quedara viendo tan fijamente… O que él mismo le devolviera la mirada como si fueran dos adolescentes enamorados.
No, no era su culpa… Pero entonces volvía esa pregunta a su cabeza.
Interrumpió sus pensamientos, el toque en la puerta. Suave y discreto
Adelante. – dijo el joven con voz queda y seria.
¿Joven Arturo? – asomó por la puerta la cabeza, Gaius. Aquel viejo simpático de la Corte era el único en el que Arturo tenía confianza en aquel castillo lleno de sirvientes
Si, Gaius. Adelante. – Arturo cruzó los brazos sobre su pecho que respiraba pesadamente, con angustia
Su Majestad, espero no haberlo despertado – apenó el viejo mientras entraba en la habitación levemente iluminada por un par de velas que el mismo Arturo había encendido
No lo hiciste. ¿Qué ocurre?
Su Majestad… - Gaius aclaró su garganta y se acercó levemente al joven que estaba mirándolo serio del otro lado de la mesa - ¿No le angustia el destino del joven niño Merlín? No creo que sea oportuno… Dejarlo solo
Arturo se quedó quieto, casi inmóvil por unos segundos antes de suspirar ruidosamente y dejar sus hombros caer
Si, Gaius, me preocupa terriblemente pero no puedo hacer nada contra la voluntad de mi Padre
Gaius lo miró fijamente antes de susurrar lo más bajo posible, inclinándose sobre la mesa del comedor
Joven Arturo… Considero yo que debería ir a buscar al niño. Está a las afueras de la ciudadela… Los bosques, como bien sabemos, son muy peligrosos a estas horas de la noche
Arturo volteó hacia la ventana para contemplar la situación mientras miraba la luna iluminar los techos de las casuchas
Aunque era cierto que se sentía en parte culpable del pobre chico, había algo más…
Algo como preocupación, como un sentido de responsabilidad.
Haya sido su culpa o no, no era correcto dejar al niño ahí afuera, solo y desarmado sin saber a dónde ir
- Nos veremos a las puertas de la ciudadela – afirmó el joven príncipe mientras salía de su alcoba sin dejar que el médico tuviera una oportunidad de responder.
Rápidamente Arturo se encaminó hacia el pasillo, ágilmente deslizándose a hurtadillas por estos para evitar los guardas.
Llegar hasta la armería no había sido fácil pero una vez que consiguió su cota de malla y su espada (hecha especialmente para su altura y peso actual) comenzó su camino hacia las afueras de la ciudadela, entre la paja y los puestos desolados del mercado por el cual sus miradas se habían encontrado ésta tarde.
Subió la capucha de su abrigo hasta cubrir sus ojos por completo de la vista de alguien alto.
Se aferró fuertemente a su espada al escuchar los pasos de algunos guardas, de los cuales el joven pasó desapercibido.
Un nudo en la garganta se acentuó fuertemente en ésta mientras los nervios subían por su columna vertebral. Si su padre, el Rey, se entera de esto… No quiere pensar lo que le haría a él. Y a Gaius.
Temía más por el destino del médico que por el propio.
Mientras más se escabullía más miedo tenía. Logró suspirar y relajarse un poco al ver a Gaius a un lado de las puertas cerradas que del otro lado mantenían a raya al tenebroso bosque y los rufianes que ocultaba.
Arturo enderezó su espalda y caminó directo hacia las puertas, dándole un saludo corto al viejo con la cabeza. Colocó su mano en el metal frío de la puerta y suspiró
Sabía que a partir de ahí no habría vuelta atrás. Aún tenía tiempo de voltear atrás y olvidarse del pueblerino de Ealdor llamado Merlín, continuar con su vida normal pero ¿acaso Arturo Pendragon podría dormir tranquilo sabiendo eso? ¿Él? No.
Ese niño era su responsabilidad y era su deber encontrarlo sano y salvo y devolverlo así a su pueblo, costara lo que costara.
Miró a Gaius, quien asintió con firmeza como si diese la orden de atacar a muerte a alguien.
Arturo empujó fuertemente la puerta con ambas manos, forzándolas contra el fuerte viento de la noche. Una ráfaga de viento golpeó ferozmente su rostro, desequilibrando tanto su cuerpo como el de Gaius. Los vientos eran muy fuertes para la época del año; vientos así no era comunes.
Entonces, aparte del viento fuerte, algo más golpeo a Arturo. Un pensamiento tan repentino como escalofriante para su pequeño cuerpo: Alguien tenía que quedarse del otro lado de la puerta para cerrarla, pues estas no podías ser abiertas o cerradas desde afuera. Dejarlas abiertas alertaría a los guardas.
Miró a Gaius y como si este leyera pensamientos, él asintió
Joven Arturo, sé que lo encontrará y usted regresará sano y salvo. Si yo también voy levantarán sos- El viejo fue interrumpido por la mano que se alzaba frente a sus narices, la mano del joven príncipe
No digas más, Gaius. Lo entiendo y tienes razón. Evita que mi padre se entere de esto. Él nunca me lo perdonaría.
Así bien, avanzó sin mirar atrás consciente del problema que esto acarrearía.
'No hay vuelta atrás' se dijo mientras las puertas se cerraban estruendosamente, esperando que no fuera tanto como para causar un alboroto entre los guardas de la ciudadela.
Tomó el mango de su espada fuertemente mientras se encaminaba hacia un camino incierto y alborotado por los fuertes vientos. Solo esperaba que el joven de cabello escuro y ojos bellamente azules hubiese encontrado refugio en un lugar seguro y lejos de los asaltantes que reinaban la noche
