El silencio era incómodo, y ambos sabían muy bien de silencios incómodos. Claro, pues Arturo, por un lado, al ser hijo del Rey las personas cuidaban mucho sus palabras y (él pensaba) a veces no decían nada por miedo a ofenderlo y que alguien gritara al fondo ¡Que le corten la cabeza! Con alguna voz chillona y grotesca.

Y bueno, el pequeño Merlín, creció rodeado por los susurros por parte de madres cotillas y niños chismosos diciendo "Si mira! Es ese, si, el niño brujo!"

Así que si en ese momento tuvieran que decidir cual silencio incómodo había sido el peor, era ese, ¡sin duda alguna!

La conversación, según como la recordaba Merlín, cuando Arturo se abalanzó sobre él y súbitamente detuvo su movimiento, había ido algo así:

Arturo, aún con la espada en aire, lo miró fijamente a los ojos y parpadeó lo que Merlín contó que fueron siete veces seguidas, con pausas muy pequeñas. Luego habló

¿Has visto eso? – Merlín supuso que deseaba confirmar que no estaba alucinando pero tampoco diría ¡Claro, lo he hecho yo!

La única luz que tenían era la de las llamas, naturalmente vívidas.

¿Qué cosa? –Merlín tragó duro. ¿Acaso tenía una roca en la garganta? Estaba terriblemente nervioso, al borde de un ataque de pánico - ¿L-La luz del fuego?

Arturo asintió y poco a poco, porque supuso Merlín que la espada era pesada, bajó ésta hasta deslizarla por su cobertor y asegurarla allí.

Mi padre dice que así se ve la magia – susurró el rubio, quien al parecer también tenía una piedra en la garganta.

Merlín antes había temido por su vida pues, desde siempre, las patrullas de Camelot pasaban por Ealdor y su madre siempre lo cubría con su vestido ya que tenía miedo de que el niño hiciera algo.

También las primeras veces cuando se encontraba fuera de casa, en la ciudadela.

Oh si, Merlín había tenido miedo antes pero no así. No tan vívido y real, tan propenso a pasar, si se desea ver así

Por su cabeza millones de imágenes de aglomeraban de las –millones- de veces que había visto a personas ser ejecutadas, ahorcadas y quemadas por ser brujos o ayudar a estos.

Millones de pensamientos aterradores y terribles cruzaban su mente como un remolino hasta que un mano se posó en su hombro con particular gentileza y una voz tranquila le dijo "Pero no angusties, no le diré a mi padre"

Todos esos malos pensamientos parecieron difuminarse en el puro aire cuando Arturo habló.

Ahora se encontraban juntos, calientes por el calor del fuego, frente a este Arturo parecía más majestuoso de lo que ya era (O como Merlín lo veía).
Sus ojos azules brillaban a la danza de las llamas del fuego y sus cabellos rubios eran dorados a la luz. El bosque podía ser muy aterrador pero estar ahí, con Arturo a su lado, no era tan terrible.

Él, Arturo, miraba fijamente al fuego hasta que Merlín habló y aprovechó la ocasión para mirarlo a los ojos, no solo porque era lo mejor por hacer cuando alguien te habla, pero porque quería.

Merlín dijo:

¿Por qué has venido? – y después de unos minutos sin respuesta, continuó – Deberías estar durmiendo en una cama cómoda y cálida y-

Arturo lo interrumpió

¿Y como dormiría sabiendo que estarías aquí afuera, solo y perdido? – le dedicó una cálida sonrisa, tan cálida como el suave tacto de una caricia, y después alborotó sus cabellos azabaches.

Merlín se sintió avergonzado, y más que eso… nervioso.

Hizo ademán de hablar otra vez, hasta que Arturo lo interrumpió nuevamente

¿Dónde aprendiste a hacer eso de… - y llevó sus manos hacia el frente, abriéndolas como imitando una explosión mientras sus labios fruncidos hacían "fuuugg" en susurros

Ambos rieron, suavecito claro, pues no querían ser escuchados

Merlín suspiró y habló después

Ese hechizo lo aprendí solo pero… Yo nací así… Nací con magia.

Arturo fijó su mirada en los ojos de su acompañante por unos segundos y miró al cielo estrellado entre los altos arboles.

Merlín lo dejó, pues pensó que estaba procesando esa información. ¿Qué clase de pensamientos habría de tener Arturo? ¿Qué le habría dicho su padre acerca de la magia y que opinaba él en realidad? ¿Estará pensando cosas buenas o cosas malas acerca de Merlín? ¿Le creerá que él no había elegido esto, que 'esto' lo eligió a él?

Ligeramente, el rubio asintió y lo miró sonriente.

Te creo.

Merlín nunca había sentido tanto alivio con tan pocas palabras pronunciadas y es que si le creía, le creía que él no había elegido esto. Que no le haría daño, que (como Merlín creía) no todos eran tan malos. Le tensión desapareció conforme relajaba sus hombros y dejaba un suspiro salir

Descansa, yo cuidaré unas horas. Al alba comenzaremos el viaje – dijo Arturo con gran determinación.

Gracias. – le dijo el otro mientras se levantaba para caminar unos cuantos pasos hasta donde las rocas cubrían su cabeza. Acostó su espalda contra estas y miró a Arturo, quien le devolvía la mirada de una manera cálida y tranquila, invitándolo a cerrar los párpados con tranquilidad.

Merlín durmió las horas que quedaban de la noche mientras el Príncipe de Camelot cuidaba de él, vigilaba los alrededores y planeaba con determinación el camino de vuelta a Ealdor.

De regreso lidiaría con su padre, de regreso resolvería que hacer con ello. Sus prioridades eran claras, primero Merlín, después su padre.