N/A: ¡Lo prometido es deuda! Pronto vendrá el desenlace de esta aventura así que estén preparados para derretirles el corazoncito con mi fluff. Este capítulo se lo quiero dedicar a 2 personas: A Lilaclily00, mi beta en los fanfics en ingles que están por venir y una gran amistad; también se lo dedico a Kaito Scarlet P. F. que siempre me deja reviews y me anima a continuar. ¡Feliz cumpleaños atrasado, querida! Sin más preámbulo espero que disfruten de este pequeño capítulo. ¡Cuídense! Hasta la próxima,
-BKS
Naix. Aquel pequeño pueblo tenía solo una posada, varias casitas, un mercado
central y, por supuesto, una taberna. Arturo y Merlín podrían haber seguido su camino hasta anochecer pero Merlín le conveció de quedarse ahí una noche, aunque fuese a la enterperie. A decir verdad, le aterraba encontrarse con más rufianes y preferían quedarse en ese pueblo, abrazado por la falsa sensación de seguridad.
Durante el día se ocuparon de conseguir comida. Varios pueblerinos estaban
dispuestos a cambiarle la espada a Arturo por pan y agua pero Merlín intervino, convenciéndole de que su espada era muy importate. Por el contrario, logró cambiar las tres flechas (con todo y carkaj) por una manzana. Esperaron al medio día, cuando el mercado se llenó más y mientras Arturo distraía a los adultos haciéndoles cara de niño hambriento (lo cual no era mentira, se encontraba famélico) Merlín, por detrás les robaba frutos para ambos. Detrás de un edificio, reunieron las provisiones que tenían: pan, manzanas, un poco de carne a medio cocinar y más manzanas, muchas manzanas.
Provecho! – susurró el rubio mientras llenaba su estómago con la carne de conejo que habían robado y los bollos de pan
Merlín no pudo evitar reír ante la escena mientras comía despacio. Entre risilla y mordisco murmuró lo mismo. Ambos comieron en silencio por un rato y, al acabar, se acostaron contra la pared
¿Ya estás lleno? – preguntó el joven mago a su amigo
Si, bastante. – respondió éste, frotando su estómago inflado bajo la cota de malla.
¿Dormiremos aquí? – Merlín abrazó sus piernas para protegerse de la noche que se avecinada. No habían hecho mucho más durante el día que comer y reír en silencio
Creo que si… No sé si en esa posada nos dejen quedarnos si pagarles algo y como insistes en que me quede con mi espada…
Las palabras flotaron por un tiempo en el aire; Merlín y Arturo miraron al cielo, el manto estrellado los abrazaba con calidez y al mismo tiempo amenazaba con congelarlos.
Arturo interrumpió el silencio:
Quizás debamos intentar… que nos den posada.
Ah? Pero tú mismo dijiste…
Si – interrumpió el Príncipe – pero no cuesta nada intentar.- Y tenía razón, ¿qué más podían perder? Además, alguien tendría que apiadarse de unos pobres niños ¿no?
Se aventuraron, pues, en su mision de encontrar un refugio donde dormir. Tocaron con modestia la puerta de la posada y una señora alta y regordeta les abrió
¿Qué hacen un par de niños a estas horas de la noche? – dijo, con una voz más aguda de lo que pensaron. Un tanto desorientados por esto, se miraron de reojo mientras ahogaban unas risillas
Qu-Queríamos dormir aquí esta noche… No tenemos donde quedarnos, será solo una noche. No tenemos nada que ofrecer pero, por favor, no nos deje quedarnos aquí – rogó Arturo después de las risas, sosteniendo una cara muy seria. Merlín solo logró articular un ahogado "Por favor" mientras hacía una reverencia.
Me encantaría niños pero hoy estamos llenos – La dama pensó un poco… ¿con qué corazón iba a dejar a un par de pequeñuelos solos en la noche?– pero ya veremos que se nos ocurre – y con esto, los dejó entrar a sus aposentos.
La señora, pese a su aguda voz, era muy amable y maternal, pensó Merlín. Casi
como mi madre. La posada también era un lindo lugar, pequeño y acogedor.
Pese a ser un lugar tan humilde, esta bien cuidado y tiene un olor peculiar, como a hogar. Además, es caliente, pensó también Arturo y, como si leyeran sus pensamientos, ambos chiquillos se miraron y rieron, felices de haber encontrado un lugar para mantenerse a salvo.
Esta es la única cama disponible, niños - dijo mientras abría la puerta de un cuarto vacío con, efectivamente, solo una cama – Puedo traerles un colc— antes de terminar su oración, frente a su rostor apareció un pequeño guante que envolvía la mano del rubio
No se preocupe, esto es más que suficiente. Muchas gracias – apresuró el príncipe real a su humilde servidora con una solemnidad que a la señora se le antojó tajante pero amable al mismo tiempo.
Claro, príncipe – dijo la aludida mientras le acarició la cabeza al pequeño rubio y su amigo, alborotando sus cabellos. Le resulto tan tierno y le dio tanta pena que estuvieran solos por estos lugares
¿¡Príncipe!? – Arturo se ruborizó; ¿acaso esta mujer sabía que él era el hijo de Uther? ¿Alertaría a los guardas? ¿Y si era una trampa? ¿Y s— Merlín interrumpió sus pensamientos al tomarlo del brazo
Muchas gracias – le dijo a la dama y apresuró a entrar a Arturo y cerrar la puerta con amabilidad. Después de un leve suspiro le dijo:
Era solo un cumplido, de cariño .
Arturo parecía no entenderle; se sentó en la cama y tomó su cabeza entre las rodillas, su mente daba vueltas con el sinfín de posibilidades a las que se enfrentaba, el horror le invadió los huesos y paralizó sus músculos. ¿¡Por qué tan aterrado?! No era propio de él tener tanto miedo, era el príncipe de Camelot; solo su padre lo podia poner así. ¿Entonces… que eran estos pensamientos arremolinados en su cabeza? Nos van a encontrar. Nos descubrió. Esto fue una mala idea, tenemos que irnos cuanto antes o no llegaremos a tiempo. Los caballeros ya están a un día de distancia, o menos si no descansan. Tengo que pensar en algo antes qu—
Nuevamente, el joven mago lo sacó de su trance, esta vez tomando sus manos entre las de él. Arturo notó lo cálidas que estaban y las apretó con fuerza; al ver los azules ojos del niño, las lágrimas se arremolinaron y precipitaron en sus mejillas
Todo está bien. Ella no sabe quienes somos, fue solo un cumplido – aseguró Merlín, intentando reconfortar a su amigo con una timida sonrisa – Así hablan aquí en el pueblo, deberías tener un poco más de contacto con tu futuro reinado – y soltó una pequeña risilla que sacó una sonrisa del príncipe, cuyos ojos no dejaban de llorar.
Lo siento.
No hay problema, todos lloramos de vez en cuando
No, por haberte metido en problemas. No estarías aquí si no fuera por mí.
Merlín limpió las lágrimas del rostro de su príncipe con la manga de su abrigo, tratando con cuidado la herida cicatrizada de su mejilla.
Arturo no terminaba de comprender los sentimientos que se albergaban en su pecho, un terrible sentido de culpa y un golpeteo en el corazón. Casi le dolía, sentirse tan impotente ante sus propios sentimientos. Siempre los había logrado mantener en calma, al borde de sus pensamientos. No recordaba ser un niño rabioso y malcriado pero por algún motivo, cerca del joven hechizero no podia evitar buscar consuelo en sus ojos.
Ha sido una… interesante experiencia- justificó el otro, intentado hacerle detener el llanto. – Me han gritado, me asusté y tuve frío pero hice un nuevo amigo; al final de todo, es de eso que se trata la vida no? De hacer amigos.
Ambos niños rieron, ¿qué clase de sabiduría filosófica había salido de la mente y boca de ese pueblerino?
Descansemos un poco, vale?
Arturo accedió y mientras se despojaba de su espada y su cota de malla y las colocaba cerca de la cama, Merlín se encargó de apagar las velas alrededor de la cama, dejando solo una cerca del respaldar para no dejar el cuarto en penumbras aún. El príncipe se acostó al borde de la cama, de espaldas a su amigo. Merlín, por su parte, se sentó en el suelo por unos minutos.
¿Piensas dormir ahí? – cuestionó el rubio, asomando su cabeza por fuera del futón.
Pues… pues sí. Usted debería dormir en la cama, no tengo problema de estar aquí – el otro niño lucía apenado
Ah, venga ya… Sube, no seas ridículo – Y con esto se arrinconó a un lado para darle campo a su amigo – Venga venga, que no muerdo
El pequeño mago rió un poco y se acostó junto a su amigo, ambos de espalda.
Buenas noches, Príncipe – dijo mientras apagaba la vela, dejando al cuarto iluminarse por la tenue luz de luna
Buenas noches, amigo Merlín
Los minutos pasaron en silencio, ambos sin poder conciliar el sueño de ninguna manera. Por fin, Arturo se atrevió a romper el silencio
¿Sigues despierto?
Si
Mañana debemos levantarnos antes del alba para llegar a Elador al atardecer
Si, lo sé – aseguró Merlín
Oye…
Si?
Arturo dudó un poco, meditando sobre sus palabras, preguntas y posibles respuestas
Crees que quizás en otra vida… podamos ser amigos de verdad. Me refiero, sin esto de la realeza y los plebeyos… Si yo fuera una persona normal, serías mi amigo?
Si – contestó seguro el otro niño; no tenía que pensarlo mucho pues había algo en Arturo que lo capturaba, quizás esos rubios cabellos o su piel tan tersa o su valiente corazón. No sabía qué exactamente pero, algo de él le llamaba a contarle su vida, como si pudiese confiarle esta
Arturo sentía lo mismo, aunque no lo tenía tan claro. Ambos niños solo deseaban que las horas pasaran más lento, que el sol no se levantara nunca y que los jinetes perdieran su rumbo. Por más cual de los dos solo quería disfrutar de la compañia del otro en paz, sin formalidades ni preocupaciones, querían solo ser amigos, ¿por qué tenía su padre tanto problema con eso? ¿Por qué tenía él que seguir a la sombra de Uther, ser tan temerario y descarado? Entre pensamientos similares, Merlín fue consumido por el sueño y Arturo, minutos después, igual se dejó tomar en los brazos de Morfeo.
Pronto su aventura terminaría, el príncipe regresaría al castillo a vivir su vida
de heredero y Merlín regresaría con Hunith, su madre, a ser confortado en sus brazos ante el terror de los días extraviado. Ambos solo se conocerían en recuerdos, solo ellos y el bosque sabían de la magia de Merlín, de los miedos de Arturo, de las frutas que robaron, la batalla que pelearon y las risas y lágrimas que compartieron.
Quedaría en su memoria aquellos inolvidables días junto al príncipe de
Camelot, su voz al decir "Amigo"; su piel al contacto con su mejilla; sus bromas y la noche que durmieron en la misma cama. Y quedaría en su memoría tambien, aquel pueblerino de Ealdor que se perdió en sus ojos azules y como, en secreto, él tambien se había perdido en los suyos. Quedaría en el olvido su diversión y su angustia junto a ese pequeño, sus secretos y su sonrisa tan cálida.
