MARATÓN ESPECIAL

Así es, les traigo varios capítulos seguidos ¿Por qué? Pues porque las amo 3 (?) vale, no es por eso (Aunque sí que es verdad que las amo ^_^)

La verdad es que últimamente he estado muy inspirada con esta historia y la inspiración me ha dado para llegar hasta el Capítulo 10, aunque de momento hoy subiré hasta el capítulo 7, quiero guardar algo de misterio para la semana que viene

Y SIN MAS DILACIÓN, AQUÍ LLEGA LA MARATÓN

Capítulo 4: Día madre e hija. Sucrette se hace mayor

Acabo de llegar a mi casa y mi madre está sentada en el sofá leyendo una revista

-¡Hola Sucrette! ¿Qué tal el día? ¿Has hecho muchos amiguitos? ¿Has jugado con alguien en el recreo?- preguntó mi madre enérgicamente

-Mamá…. Estoy en secundaria, no en el colegio, con 16 años ya no jugamos en el recreo….

-Es cierto, parece que fue ayer cuando te veía jugando con la tierra en los parques de Londres, estabas tan mona…. Creces tan rápido….- mi madre parecía nostálgica. Me hizo una señal con la mano para que me sentara a su lado

-¿Hoy no trabajas?- pregunté mientras me sentaba

-No, hoy voy a pasar el día con mi niña

-¿Qué tienes pensado?

-Bueno, primero prepárate, nos vamos a comer a un restaurante y después nos vamos de compras por el centro

-¡Vale! Vuelvo enseguida- fui corriendo a mi habitación, dejé mi mochila y me cambié de ropa rápidamente. Mientras me recogía en pelo en una cola alta vi que Castiel ya había llegado a su habitación. Miró hacia mi, yo me dirigí a la ventana y saqué mi lengua a modo de burla antes de cerrar la cortina. Estúpido mirón.

Bajé las escaleras y volví a encontrarme a mi madre

-¿Ya estás lista cariño?- yo asentí y nos fuimos. El chofer ya estaba esperando en la puerta.

Al llegar al restaurante me percaté de que era muy elegante, miré bien y vi algo que me sorprendió

-¡Hola Sucrette!, no esperaba encontrarte por aquí- dijo el rubio con una amable sonrisa

-Oh, Nathaniel, tampoco esperaba encontrarte, he venido con mi madre- dije indicándole donde se encontraba mi madre. Estaba pidiendo mesa

-Yo he venido con mis padres y mi hermana, ya nos vamos, me alegra haberte visto, espero que podamos hablar más mañana

-¡Claro! Será un placer- Nathaniel se despidió y se fue junto a sus padres y una chica rubia, supongo que será su hermana

-Sucrette ¿Quién era ese chico?- preguntó mi madre mientras nos sentábamos en nuestra mesa

-Ese era Nathaniel, es el delegado principal del instituto

-Parece…. Muy simpático

-Lo es, me ha ayudado a orientarme un poco con los horarios

-Cariño, creo que no me has entendido, quiero decir que…. Parece muy simpático pero contigo- dijo mi madre con una extraña sonrisa

-Oh…. ¡Oh….! No, no, te equivocas, él solo intenta ser amable, nada más- me sonrojé un poco, pero intenté ocultarlo. Realmente sí que es muy amable conmigo

- Tiene una sonrisa muy bonita- dijo de nuevo mi madre.

-Sí, eso sí es verdad- la verdad es que es bastante mono cuando sonríe

Cuando terminamos de comer nos fuimos directas a las tiendas, no estaban muy lejos del restaurante. Entramos en una de esas tiendas de ropa, nos saludó el dependiente, el cual me recordó a alguien. Miré a mi alrededor, en la tienda había ropa preciosa y…

-Sucrette, que sorpresa encontrarte por aquí- dijo una voz detrás de mí, me giré para ver quién era

-¡Lysandro! ¿Qué haces aquí?- pregunté al albino, el cual me miraba con una sonrisa

-El dependiente de la tienta es mi hermano mayor, hoy le estoy ayudando a ordenar las nuevas mercancías que han llegado esta mañana- ya decía yo que me recordaba a alguien- ¿Y a qué se debe el placer de tu presencia?- preguntó cordialmente

-He venido a comprar con mi madre- el albino miró a mi madre, la cual estaba mirando una blusa, volvió a mirarme y sonrió

-Ahora entiendo de dónde has sacado tu belleza- no pude evitar sonrojarme un poco ante su comentario

-B-Bueno, vuelvo con mi madre, a ver si ya ha elegido algo

-Está bien, yo volveré al trabajo

Volví con mi madre, en un momento había cogido dos blusas y unos pantalones. Nos quedamos bastante tiempo en esa tienda, mi madre casi la vacía comprando. Cuando íbamos a salir volví a despedirme de Lysandro y me fui con mi madre. Ya en la calle mi madre volvió a sonreír de forma extraña.

-¿Por qué sonríes?- pregunté confusa

-Por lo que veo te está yendo muy bien con tus nuevos compañeros, eso es raro en ti

-¿Por qué lo dices?

-El chico con el que hablabas antes…. Parece muy simpático también, como Nathaniel….

-Él…. Él es Lysandro, es muy amable también

-Y guapo, también es muy guapo- recalcó mi madre

-Bueno…. Supongo

-¡Ay mi niña! Crece tan rápido, dentro de poco tendrá novio, tendré que explicarle de donde vienen los niños, se casará y me abandonará, me dará muchos nietos y estará demasiado ocupada para visitarme- volvió a abrazarme

-M-Mamá, vas demasiado rápido, todavía tengo 16 años

-Y ya tienes chicos detrás de ti…. Esta noche tendremos una charla- dijo decidida

-Mamá, n-no necesito ninguna charla

-¡Claro que la necesitas! Debes tener cuidado con los chicos…. O... ¿Es que ya llego tarde?

-¡No, claro que no! Yo sé cuidarme, no pienso tener esa charla, sigamos, aún quedan bastantes tiendas- estaba nerviosa, empecé a caminar bastante rápido. Pasamos por casi todas las tiendas y ya empezaba a hacerse tarde. Caminamos hasta el coche, nunca había hablado de estos temas con mi madre. Una vez montadas en los asientos traseros del coche mi madre dio la orden de ir a casa y el coche arrancó

-Sucrette, entonces…. ¿No estas interesada en ningún chico?- preguntó mi madre mirándome con curiosidad

-No

-Pero…. ¿Ninguno, ninguno?

-Ninguno

-¿Ni siquiera un poquito chiquitín?

-No, mama, no me interesa ningún chico

-¿Y...Alguna chica?

-¡No! Claro que no, no me gusta nadie- dije finalizando esa incómoda conversación

Al llegar a casa estaba anocheciendo, ya era casi la hora de la cena. Fui a mi habitación y preparé el pijama, iba adarme una buena ducha, estaba muy cansada y ahora mismo era lo único que me apetecía.

Me di un larga ducha, me encanta la sensación de sentirme limpia, llevaba un buen rato ahí metida y mis dedos comenzaban a arrugarse, así que decidí envolverme en una toalla e ir a mi habitación a ponerme el pijama.

El pijama estaba sobre la cama y….

-¿¡Qué demonios estás haciendo aquí!?- dije casi gritando sorprendida

-¿Qué sucede Sucrette?- preguntó mi madre desde abajo

-¡Nada mamá!- cerré la puerta y miré cabreada al pelirrojo que se encontraba sentado en mi cama toqueteando mi pijama de gatitos

-Eres muy ruidosa- respondió

-¿Qué estás haciendo aquí? Esto es allanamiento…. Esto es invasión a la intimidad, es… es…-estaba tan nerviosa que no sabía ni lo que estaba diciendo, el pelirrojo me interrumpió para hablar él

-Tienes mi cuaderno de química, había llamado a la puerta y no estabas, así que cuando te vi llegar entré- dijo tranquilamente a modo de excusa

-Entraste por la ventana…

-Exacto- respondió con una sonrisa. Fui a mi mochila, cogí su libreta y se la lancé, él la atrapó y se quedó mirándome

-Ahí la tienes, ahora vete- dije aun molesta

-¿Por qué estás enfadada? Eres tú la que me ha quitado el cuaderno

-Me enfado porque me tratas como si fuera idiota y entras en mi habitación sin permiso mientras me ducho

-No te he tratado como una idiota, deberías darme las gracias, he sido amable contigo

-Pues tienes un concepto de la amabilidad un tanto extraño y ¡Suelta mi pijama ya!- le quité el pijama de las manos, él me miró y volvió a sonreír con una sonrisa de medio lao, se puso en pie y se acercó más a mi haciéndome retroceder

-Si no fuera por mí habrías estado perdida por el instituto- dijo acercándose más a mí, empezaba a ponerme nerviosa

-M-Me las habría arreglado sola- intenté decir

-Habrías estado perdida sin mi- siguió haciéndome retroceder hasta que topé con la pared y me atrapó poniendo una de sus manos en la pared a la altura de mi cabeza

-C-Claro que no… Yo… Yo…- mi cara estaba roja de vergüenza y nervios, no sabía que decir, ni sabía que hacer o cómo reaccionar

-Vas a tenerme toda la semana, deberías sentirte afortunada

-N-No necesito tu ayuda…. Yo…. Puedo arreglármelas sola- cada vez estaba más cerca de mí y cada vez estaba más nerviosa, su rostro se acercaba lentamente al mío, mi corazón parecía que se iba a salir de mi pecho y esa sonrisa me ponía aún más nerviosa ¿Iba a besarme?

-Deberías vestirte ya, si te resfrías no podrás disfrutar de mi compañía- tras decir esto se apartó de mí y se fue de nuevo por la ventana.

Cuando por fin salió me acerqué a la ventana

-¡Eres un idiota!- grité aun estando roja como un tomate maduro, después cerré la ventana y la cortina y me puse el pijama. ¿Cómo puede ser tan idiota? Estúpido pelirrojo teñido, ¿Cómo es posible que consiga ponerme tan….Nerviosa? y mañana estará conmigo todo el día… Otra vez…