CAPÍTULO 12

Abrí los ojos y lo primero que hice fue tirar abajo todo lo que encontrara a mí alrededor. Me sentía extremadamente frustrado, y un poco bastante enojado, también. ¿¡Por qué mierda tenían que verse mis recuerdos tan fácilmente!? ¡Debería tener la opción de mantenerlos ocultos, maldita sea!

La cadena pendía de mi mano flácidamente, como recordatorio de un logro y un rechazo. Me la coloqué de nuevo, y la oculté con mi camiseta. Le envié un texto a Rixon para que viniese, y mientras lo esperaba fui a darme un baño. Ver el agua fluyendo me hacía relajarme, por lo que pude pensar con un poco más de claridad.

Cuando escuché sus pasos resonar por la estancia, concluí con mi ducha. Me envolví la cintura con la toalla y salí del baño chorreando agua por todas partes. Me gustaba secarme al aire libre, al natural.

—Rixon—Lo saludé.

Él se encontraba de espaldas, y cuando finalmente me miró, tuve que esforzarme para no dejar caer la mandíbula.

Algo en él no andaba para nada bien.

Su mirada era cínica, mucho más allá de la oscuridad que siempre había poseído.

—Patch—Respondió secamente— ¿Qué necesitas?

De acuerdo, no necesitaba nada, simplemente platicar como viejos amigos, pero parecía ser que ya no le agradaba esa idea.

—Sólo quería hablar contigo, hace tiempo que no hablamos de nada trivial—Admití, sentándome en el sofá.

Su mirada se suavizó un poco, pero no cambió.

—Es raro escucharlo, creí que tenías una agenda bastante apretada, salvo cuando necesitabas que hiciera algo para ti—Escupió.

—Auch, ¿Eso es ironía, lo que estoy escuchando?

—Es la cruda y cruel realidad, amigo.

Mi teléfono sonó.

-HOY. FIESTA EN MI CASA. TIENES QUE VENIR.

Devolví el aparato a la barra, y regresé a mi lugar.

—Era Marcie—Le dije a Rixon, al ver su mirada de curiosidad—Quiere que vaya a una fiesta esta noche en su casa.

—Nora va a asesinarte.

Suspiré.

—Ella no irá, es en casa de Marcie. Jamás pisaría ese lugar.

—Lo hará si sabe que estarás ahí.

Rixon rió, cruzando sus piernas.

—Amigo, es una mujer. Las mujeres tienen el extraño don de saberlo todo.

Llegué a una intersección y doblé hacia Brenchley. La música se intensificaba a medida que avanzaba por la calle, y supe que era cuestión de tiempo para que los vecinos llamaran a la policía. Los autos estaban aparcados parachoques con parachoques a ambos lados de la calle. Mientras pasaba delante de una casa elegantemente remodelada, la música alcanzaba un punto máximo, haciendo vibrar el auto. Un montón de gente estaba cortando el paso hacia el interior de la casa. Aparqué en la entrada de la casa, único espacio que quedaba disponible, como si lo hubiese apartado especialmente para mí.

Apagué el coche y me apeé de él, caminando con paso tranquilo hasta la entrada. Marcie me esperaba ahí. Saltó sobre mí, me rodeó el cuello con los brazos y me besó. Apenas tuve ánimos para devolverle el beso. No se me olvidaría nunca que todavía era vigilado.

—Donación—Dijo ella, sonriendo. Acercó un enorme tazón hasta chocarlo contra mi pecho, luego se acercó a mi oído—Aunque podría dejarte pasar de gratis, si me regalas una noche inolvidable, claro.

Capté el doble sentido de sus palabras, por supuesto. Metí la mano en el bolsillo trasero de mis vaqueros negros, y saqué un billete de cien dólares.

—Quédate con el cambio—le dije.

Su sonrisa se hizo más amplia.

—Algún día me tendrás que decir de dónde sacas tanto dinero, me gustaría ganar algo de eso—Me rodeó la cintura con el único brazo que le quedaba libre y me empujó dentro de la casa—Las bebidas están en la cocina, ve por una. Tengo que quedarme aquí hasta que lleguen todos, no pueden pasar sin una donación.

— ¿Quieres que te traiga una?

—No, estoy bien.

Entré. Caminé despacio hasta la cocina, observando a todos a mí alrededor, tratando de localizar alguna posible amenaza. No había ninguna, por supuesto. Ya en la cocina, cogí un vaso de plástico y me serví un poco de cerveza. Vi mi reflejo en el vidrio de la ventana, y me dije a mí mismo que necesitaba un corte con urgencia. Mi rostro decía claramente "No estoy abierto a conversaciones" y no me esforcé por cambiarlo. Ese era mi estado de ánimo.

Aunque tal parece que no todos se daban cuenta de eso.

—H-hola—Murmuró alguien.

Me di la vuelta, y me encontré con una chica de cabello oscuro.

—Hola—Respondí.

—Soy Jenn.

—Patch.

—Lo sé—Dijo, y se ruborizó. — ¿Quieres una bebida?

—Ya tomé una, gracias. —Le dije, mostrándole el vaso.

Se ruborizó aún más, como si fuese posible. Mis ojos seguían vagando por los alrededores, esperando cualquier movimiento.

Hasta que vi a Nora justo frente a mí, del otro lado de la sala, junto a Vee. Se veía distraída, como si buscara a alguien. Hasta que sus ojos se fijaron en un chico, y le sonrió. Todas mis terminaciones nerviosas se contrajeron de celos ante la oportunidad de que sus sonrisas tuvieran nuevo dueño. Eso no iba a permitirlo jamás.

Intenté prestarle atención a lo que sea que estuviese diciéndome la chica que tenía frente a mí, pero no pude. Estaba tratando de descifrar las murmuraciones entre Nora y Vee. ¿Qué podría estar diciéndole ella? "¿Nora, ese chico es mejor que Patch?" "¿Tienes que quedarte con él, es menos peligroso?" ¡Y un demonio!

—Lo siento, tengo que irme—Le espeté un poco con brusquedad a la chica, llámese como se llame.

Comencé a caminar en dirección a Nora, con todas las intenciones de sacarla de aquí, pero me detuve. No podía llegarle así, luego de la pelea de anoche. No cuando seguramente estaba pensando lo peor de mí. Regresé a la cocina, llené otro vaso de plástico, este con Cherry Coke. Si Nora era lista, y sabía que lo era, entendería la indirecta. Fue con esta bebida que Marcie la bañó en el Devil's Handbag, esperaba que supiera que quería que se fuera.

—Oye—detuve a una chica que iba pasando por ahí— ¿Conoces a Nora Grey?

Ella se quedó medió pasmada al verme, pero luego parpadeó, asintiendo.

— ¿Podrías entregarle esta bebida?

Asintió.

—Gracias.

Me dirige al jardín, para ver si podía sentir la presencia de algún arcángel, alguien que estuviese cerca. Si Nora no se iba, que estaba seguro que no lo haría, la sacaría de aquí. Me senté en uno de los muros del jardín, lo más alejado posible, y saqué mi teléfono para disimular, por si acaso me vigilaban.

Pero no sentí a nadie.

Recordé que antes de visitar a Nora en sus sueños, tuve la intención de encontrar a Barba. Así que aproveché la oportunidad para llamarlo. Tenía la leve esperanza de que atendiera. Todavía quería matarlo, pero por lo pronto no lo haría. Y él lo sabría.

—Patch—Contestó al primer tono.

—Necesito saber un par de cosas.

—Vaya, me alegra saber que estás bien.

—Vamos directo al grano, no tengo mucho tiempo.

Chasqueó la lengua.

—Siempre con tanta prisa. —Se quejó—De acuerdo, te diré todo lo que quieres saber… pero necesito algo a cambio.

Me ahorré el suspiro, lo sabía.

— ¿Cuánto quieres?

—Oh, no. No quiero dinero.

— ¿Entonces?

Se quedó en silencio unos segundos, y luego prosiguió:

—Hay un chico, en las afueras de la ciudad. Oculto en una vieja y destruida casa, junto a su abuelo. Es un Nephilim de trece años, su abuelo me debe mucho dinero. Quiero que le des una paliza que no la olvide nunca.

— ¿Al anciano?

—Al niño.

Maldita sea.

—Barba, no soy fanático de la violencia infantil.

—Tampoco yo, pero uno de los dos tiene que hacerlo, y tú necesitas respuestas. Nos veremos mañana en la noche, déjate caer por el muelle.

—Tiene que haber alguna otra forma.

—Sólo esa, Patch.

Y colgó.

Me guardé el teléfono en el bolsillo y me dirige dentro, pensando en mis posibilidades. No me sentía muy animado para ir a destrozar a un pequeño niño que apenas y comenzaba a desarrollar su faceta Nephilim.

Tuve ganas de irme de aquí, así que eso era lo que estaba haciendo. Mientras caminaba a la puerta principal, busqué a Nora, pero no la vi por ninguna parte. Salí, saqué mi teléfono de nuevo y marqué su número, llevándome el teléfono a la oreja.

El sonido vino desde encima de mí.

Me detuve, miré sobre mis hombros, mis ojos mirando hacia arriba. La vi, y lo único que pensé fue "Bueno, todo es posible cuando se trata de Nora".

—Y yo que pensaba que eran los llamados "mirones" —Dije, sonriendo.

—Para de reírte—dijo, con las mejillas rojas de humillación—Bájame.

—Salta.

— ¿Qué?

—Yo te atraparé.

— ¿Estás loco? Ve dentro y abre la ventana. O trae una escalera.

—No necesito una escalera. Salta. No voy a dejarte caer.

— ¡Oh, seguro! ¡Como si creyera eso!

— ¿Quieres mi ayuda o no?

— ¿Llamas ayuda a esto? —siseó furiosamente—. ¡Esto no es ayuda!

Giré mi llavero entre mis dedos, pensando. ¿De qué forma podría ponerla en un aprieto? Fácil: Fingiendo que me iba. Comencé a alejarme.

— ¡Eres un idiota! Regresa aquí.

¿No tengo razón?

— ¿Idiota?– Repetí–.Tú eres la que espiaba en la ventana.

—Yo no estaba espiando. Yo estaba… estaba…

Mis ojos viajaron hacia la ventana sobre ella, y lo comprendí todo. Incliné mi cabeza hacia atrás y solté una carcajada.

—Tú estabas buscando en la habitación de Marcie.

—No—rodó sus ojos como si fuera una sugerencia absurda.

Sí, claro.

— ¿Qué estabas buscando?

—Nada—tiró mi gorra de béisbol fuera de su bolsillo, y me la arrojó—Por cierto, aquí está tu estúpida gorra.

— ¿Fuiste por mi gorra?

— ¡Una gran pérdida, obviamente!

Puse la gorra en mi cabeza.

— ¿Vas a saltar?

Dio una mirada inquieta sobre el borde del pórtico y el suelo, que parecía estar a seis metros fuera de su alcance. Evadiendo una respuesta, preguntó: — ¿Por qué me llamaste?

—Te perdí de vista allí dentro. Y quería asegurarme de que estabas bien—No era una mentira del todo.

— ¿Y la bebida?

—Ofrenda de paz. ¿Vas a saltar o qué?

Viendo que no había alternativa, se movió cuidadosamente al borde del pórtico.

—Si me sueltas…—Advirtió.

Tenía mis brazos levantados. Cerró sus ojos, y se dejó caer. La atrapé con cuidado y la apreté contra mi pecho, deseando saber qué tan caliente o qué tan frío podría ella tener su cuerpo ahora. Metí un rizo detrás de su oreja.

— ¿Quieres volver a la fiesta? —murmuré.

Sacudió su cabeza negando.

—Te llevaré a casa—Le dije, señalando la camioneta con mi barbilla, porque aún tenía los brazos alrededor de ella.

—Vine con Vee—dijo—Debería volver con ella.

—Vee no pasara a recoger comida china para llevar en el camino a casa.

Ella pareció pensarlo unos segundos.

—Solo una cena—dijo.

Le di el saludo de Boy scout, pero mi sonrisa no estaba ni cerca de ser buena. Una sonrisa de chico malo. La sonrisa maliciosa y encantadora de un chico que esperaba que una cena llevara a más. Pero algo en ella cambió, y me puso alerta.

— ¿Mmm? —Murmuré, apretando mis brazos protectoramente a su alrededor.

Y, joder, estaban observando. Podía sentirlos, y al parecer, Nora también.

— ¿Qué pasa, ángel? —Mi voz fue baja, interrogando.

— ¿Estamos a salvo?

Sí, podía sentirlos.

— ¿Importa eso?

Desplazó sus ojos por la cercanía.

—Quiero decir, los arcángeles—dijo tan bajo que apenas pude oírla— ¿No nos están mirando?

—Sí.

Trató de retroceder, pero me negué a soltarla. Ya había tenido suficiente de aparentar, quería estar con ella. Quería tenerla siempre así, en mis brazos, sin darle la oportunidad de hacerlo a ningún otro idiota.

—No me preocupa lo que vean. Estoy harto de esta farsa—Le dije, acariciando su cuello.

Luchó duramente por salir.

—Suéltame.

— ¿No me quieres? —Pregunta retórica. Mi sonrisa era salvaje.

—Ese no es el tema. No quiero ser responsable de que te pase algo. Suéltame.

Acaricié sus brazos, pero mientras ella tomaba la oportunidad para escapar, agarré sus manos. Hablé en su mente. Puedo irme, puedocaminar lejos, justo ahora y podemos dejar de jugar las reglas de los arcángeles Eso era algo que ya había pensado.

— ¿De qué estás hablando?

Vivo en movimiento, escondiéndome constantemente, esperando a que losarcángelesno me encuentren

— ¿Y si lo hacen?

Iré a juicio. Seré encontrado culpable, pero nos daría un par de semanas a solas,mientras ellos deciden

— ¿Y luego?

Me enviaran al infierno Admití, haciendo una pausa, y luego agregué con convicción, Nome da miedo el infierno. Me merezco lo que viene. He mentido, hecho trampa, engañado.

He hecho daño a gente inocente. He cometido más errores de los que puedo recordar. Deuna forma u otra, he estado pagando por ellos la mayor parte de mi existencia Mi boca se curvó brevemente, una sonrisa irónica. Pero estoy seguro de que los arcángelestiene un par de ases bajo la manga Mi sonrisa se desvaneció y miré a Nora con honestidad. Estar contigo nunca se sintió mal. Es la única cosa quehice bien. Tú eres lo único que hice bien. No me importan los arcángeles. Dime lo quequieres que haga. Di las palabras. Haré lo que quieras. Nos podemos ir ahora

Se quedó en silencio un momento, mirando hacia la camioneta. No me preocupé sino hasta que vi las lágrimas salir de sus ojos.

—Tranquila—murmuré, secándolas—Todo estará bien. Te quiero. No puedo seguir haciendo lo que hago ahora, viviendo a medias.

—Pero ellos te enviaran al infierno—tartamudeó, sin poder controlar el temblor de su labio inferior.

—He tenido harto tiempo para hacerme la idea de eso.

—Necesito un favor—dijo finalmente, tan bajo que sonó más como un extraño que ella misma—Dile a Vee que me fui caminando a casa. Necesito estar sola.

Espera, ¡¿Qué?!

— ¿Ángel? —Alcancé su mano, pero se alejó.

Poco a poco, fue retrocediendo. Caminando lentamente, cada paso llevándola más lejos de mí.