CAPÍTULO 13

Vee casi me asesina cuando le di el recado de Nora. Tuve que escabullirme entre la multitud para que no me atosigara con sus preguntas, exigiendo respuestas que yo no poseía. El reloj pasaba de la media noche, así que me encaminé a mi coche luego de asegurarme que no había peligro alrededor de Marcie.

Aceleré en dirección al lugar en ruinas que estaba en las afueras de la Maine. Hace tres años, un terremoto acabó con el lugar. El gobierno se propuso reparar todos los daños, pero aún no han comenzado nada.

El sol se asomaba en el borde de las montañas cuando detuve el Jeep frente a una pequeña cabaña, al final del conjunto. Podía sentir la presencia del humano, y del niño Nephilim. Mis nudillos se tensaron y crujieron cuando apreté los puños. Podía sentirse el aroma suave del café recién echo, y por un instante tuve curiosidad por cómo sabría, si dulce u amargo. Como sea… hice crujir mi cuello y me preparé para una entrada discreta.

Pateé la puerta.

Y me quedé completamente frío.

El anciano y su nieto estaban abrazados, acurrucados al fondo de la cabaña. Pero no fue la vista de esa imagen lo que me sorprendió, sino el estado en el que se encontraba el chico, y la condición del viejo. El niño era sumamente delgado, y pequeño, y podría jurar que poseía alguna enfermedad. Su cabello negro se pegaba a su frente llena de sudor, dándole un toque demacrado a esa expresión de terror que tenía en el rostro. El viejo estaba sobre él, sabiendo que no podría detenerme, pero en su mirada vi que estaba determinado a intentarlo. Además de eso, era un ángel. Podía sentir sus alas, aunque las mantuviera ocultas. Ese era un detalle que Barba se había molestado en ocultarme.

—Vienes aquí por orden de James, ¿No es así? —susurró el anciano con voz frágil.

Escuchar las palabras "Por orden de" me hicieron sentir enfermo. ¿Desde cuando recibía órdenes, de quien fuera?

—Hacía años que no escuchaba a nadie llamarlo por su nombre—Dije, dando un paso hacia dentro, cerrando la puerta detrás de mí. El chico ahogó un chillido, y le miré—Puedes estar tranquilo. No voy a hacerles daño.

El anciano bufó.

— ¿Entonces por qué estás aquí? ¡Ya se lo dije, necesito más tiempo para pagarle! Mis propiedades están en venta, es cuestión de unos días conseguir el dinero.

Suspiré, adentrándome en la habitación. Cogí la olla de café y la olfateé. Olía realmente bien. Probé un sorbo, pero no me supo a nada. Lamentable.

—Se suponía que vendría a golpear a ese chico—Dije, señalando a la varilla de nervios al fondo—Pero creo que está lo suficientemente asustado. —Volví a escanear su cuerpo frágil—No parece un Nephilim.

—No lo es. Aún. No ha comenzado su desarrollo.

Me limité a asentir, dándome la vuelta para salir.

—Les recomiendo que encuentren otro lugar. Uno, dónde preferiblemente tengas algunos ángeles custodiándote.

—Los tengo. Están afuera.

Me quedé congelado mientras empujaba la puerta. Si yo hubiese atacado al ángel… si me hubiese atrevido siquiera a rozarlos, ya estaría en el infierno. Había caído en una estúpida trampa de Barba, maldita sea.

Salí, cerrando con fuerza a mis espaldas.

Celiane me esperaba con la espalda reposando en el Jeep. Dios, no tendré otra oportunidad como esta.

— ¿Debería estar sorprendida? —Dijo ella, mirándome.

Me encogí de hombros.

—No realmente.

—Pues qué bien, porque no lo estoy. —Se acercó un paso a mí, su mirada desafiante—Estuviste a punto de atacar a uno de los nuestros, Jev. ¡Todo por un capricho! Te hemos ordenado mantenerte alejado de Nora, pero tú sigues buscando las maneras de estar con ella. ¡Acepta que lo de ustedes nunca debió existir!

Me quedé tranquilo, sin alterarme. Me limité a enarcar una de mis cejas.

— ¿Estás escuchando las tonterías que dices?

Sus ojos chispearon de furia.

— ¡No soy una tonta!

—Pues te estás comportando como tal. ¿Qué te hace pensar que hago todo esto para estar con Nora?

— ¡Es la única explicación lógica que tengo! ¿Por qué otra razón querrías deshacerte de la vigilancia de los arcángeles?

—Porque quiero estar contigo.

Funcionó. Se quedó en silencio, perpleja.

—No entiendo—murmuró.

—Todo este tiempo que he estado con Nora, he deseado que fueras tú—Comencé, acercándome a ella con paso lento—Necesitaba alejar el foco de mis verdaderas intenciones. Estar contigo otra vez. Y la razón por la que quiero alejarme de la mirada constante de mis superiores, es porque no quiero que te fastidien por estar conmigo. Ni siquiera deseo que tengas algún encuentro raro con Dabria.

Estuve con Dabria luego de romper con Celiane, justo antes de caer.

Sus ojos se oscurecieron de nuevo.

—Aún no te perdono por abandonarme, por estar con ella.

Suspiré. Un suspiro cargado de falsa aflicción.

— ¿No lo entiendes? ¡Estaba siendo juzgado! Hice muchas cosas sucias en el cielo, Cel. Tenía que alejarte de mí. Por eso me lié con Dabria. Preferí sacrificarla a ella, que sacrificarte a ti.

Nos quedamos en silencio. Me mantuve relajado, esperando a que me creyera.

Y lo hizo.

Ocultó sus alas y corrió en mi dirección, rodeando sus brazos en torno a mi cuello. Rodé mis ojos, y acaricié su cabello.

—Te he echado tanto de menos, Jev—susurró, cerca de mi cuello.

—Y yo a ti, Cel.

Siempre agradecería al idiota que creó las reglas angelicales. "No leer pensamientos ajenos, a no ser una situación de vida o muerte". De lo contrario, Celiane me descubriría con facilidad. La estreché con fuerza, y luego me alejé un poco.

— ¿Estaremos juntos otra vez? —Preguntó, su rostro cargado de esperanza.

Casi me odié por lo que diría a continuación.

—Te lo prometo—Y besé su frente.

Nos quedamos abrazados unos segundos que se me hicieron eternos. Luego ella se separó, sonriéndome.

—Por un tiempo tuve miedo por ti, ¿Estás bien no? —Quiso saber.

Parpadeé sorprendido.

— ¿Miedo de qué?

—Pensé que Rixon podría llevar a cabo sus planes…

No sabría decir cuántas veces me había congelado hoy, pero acababa de hacerlo de nuevo.

— ¿Rixon?

—Te odia, Jev. Se siente traicionado porque no pudiste matar a Nora. Por unos días estuvo acosándola, pero creo que ya se ha calmado un poco…

¿Rixon? No, no creía eso de él. ¡No podría hacerlo, jamás! Pero entonces comencé a dudar, y a recordar esos brillos extraños en sus ojos, esa actitud hostil en ocasiones… Pero… ¿Él?

— ¿Estás segura? —Exigí saber.

Se encogió de hombros.

—Eso es lo que todos dicen allá arriba.

Y finalmente, la frase que cerró el círculo de mis pensamientos: "Si sabes que ahora van a por ella, ¿no? Todos aquellos que te odien, y que quieran destruirte. Van a matarla a ella para herirte, Patch."

Tenía que hacer algo, pronto.