CAPÍTULO 14
— ¿Cómo hiciste para liberarte? Nazarach me contó que te habían secuestrado—Pregunté, al detenernos debajo de un árbol lo suficientemente alejado de los demás como para que no pudieran escuchar nuestra conversación.
Ella suspiró, levantando la mirada a las ramas que se agitaban con el viento.
—Lo hicieron. Tuve que tener paciencia y ser lista. Es una suerte ser mujer, ya sabes, las mujeres somos muy inteligentes. Si no la sabemos, la inventamos. Tuve que engatusar a uno de los Nephilim que vigilaban mi reja, introducirme en su mente. Me guio hasta la puerta de salida, y cometí el error de extender mis alas para salir de allí volando. Lo logré, afortunadamente. Pero me hirieron.
Extendió su ala derecha al terminar la oración, y pude ver una herida en plena cicatrización. Se veía bastante mal, por lo que en su momento, tuvo que ser peor.
— ¿Lograste descubrir algo? —Inquirí.
—Descubrí muchas cosas—Murmuró, poniéndose nerviosa.
La observé fijamente.
—Cuéntame—Ordené.
Se encogió de hombros, dándome la espalda para no poder mirar su rostro.
—No es importante, Jev. No tiene que ver con tu mundo.
Suspiré, tratando de tener paciencia y no frustrarme.
—Pero tiene que ver con el tuyo, y eso es suficiente para mí, Cel.
Ella se giró rápidamente, parpadeando ante la sorpresa. Era la primera vez que mostraba algún tipo de sentimiento para con ella. Cuando estuvimos juntos, hace años, nunca dije nada romántico, alentador o suave. No me importaban los sentimientos en ese entonces, y no sabía qué eran. Lo único que podía deducir era que mostraban debilidad; y teniendo en cuenta el rango que poseía, no podía permitirme ser débil.
—Has cambiado, Jev.
—Lo he hecho—Admití—Espero que no cambie nada.
Ella sonrió.
—Al contrario. Eso lo mejora todo.
Traté de sonreír, y creo que me salió una mueca extraña, como si me estuvieran asfixiando, pero para ella eso fue suficiente. Se sentó sobre una roca y extendió sus alas, dejando las puntas rozar el suelo.
—Mano negra tiene otra hija, aparte de la rubia. Está centrado en ella, en sus genes. Al parecer, a pesar de que Marcie o como se llame tenga las cualidades para ser su sucesora, no es apta para el puesto. Él quiere a la otra chica.
De acuerdo, acababa de confirmar que Hank definitivamente era Mano Negra. Mi cerebro tomaba notas.
— ¿Por qué? ¿Qué tiene esta otra chica que le haga falta a Marcie?
—Marcie no es Nephilim—Argumentó—Su desarrollo debería haberse iniciado desde el momento en que cumplió los dieciséis, pero nada en ella ha cambiado. Creo que el hecho de que sea hija de dos Nephilim de sangre pura influye mucho. En cambio, la otra chica…
—Es hija de una humana—Adiviné, con un mal sabor en la boca.
Ella asintió.
—Sin embargo, su desarrollo es sumamente lento. Mano negra planea inyectar en ella su propia sangre para acelerar el proceso, e infundir en ella un juramento sagrado: Guiar a sus seguidores a la victoria, o perecer en el intento, si él llegase a fallar.
—Así que presiente su cercana muerte—Murmuré. Volvió a asentir. — ¿Quién es la chica? ¿Pudiste escuchar su nombre?
Algo en la manera en la que se puso rígida me hizo pensar que ya sabía la respuesta. Aun así, tuve que insistir:
— ¿Nombre?
—Nora Grey.
Me puse rígido. Sólo esperaba que ella no se percatara de mi reacción.
—Eso es imposible—Puntualicé—Nora Grey es descendiente de Chauncey Lengeais, yo lo sé. La investigué.
—Sí, lo es. Es complicado, y confuso. Me costó entenderlo en ese momento.
—Explícame.
Ella me miró inquisitivamente, tratando de averiguar si mis intenciones estaban guiadas por la simple curiosidad, o por algo más. Me volví un muro de hierro: nada me delataba.
— Hace centurias atrás, Chauncey se entretuvo con una ingenua chica de granja. Ella tuvo un hijo. Nadie pensó nada del niño, ni de los hijos de este, ni de los hijos de los hijos, y así sucesivamente con el paso de los años, hasta que uno de los hijos se acostó con una mujer fuera del matrimonio. El inyectó la noble sangre de Nephilim de sus ancestros, el duque de Langeais, dentro de otro linaje. La línea que eventualmente produjo a Barnabás, o Hank, como prefieras llamarlo.
—Un momento, ¿Barnabás? ¿El vasallo de Rixon?
—Ese mismo.
Entonces mi cerebro se puso a funcionar rápidamente, analizando todo lo que había sucedido hasta ahora. Y una pequeña frase se abrió paso en mi memoria…
—Un ángel vengador supo algo en la última visita que tuvo a la tierra. Nora Grey será sacrificada, por un ángel caído que quiere convertirse en humano—Mi sangre volviéndose hielo en mis venas—Pero esta vez no serás tú quién realice el sacrificio, Jev.
Sólo había un caído que pudiera hacer el sacrificio.
Y no quería creer que fuera cierto.
—Nada de esto puede ser cierto, Cel. Debe haber un error.
¡Tenía que haberlo, maldita sea!
—No, no lo hay. No hasta donde yo sé.
—Sigue averiguando. Y si todo esto es cierto… Necesitaré un favor.
—Lo que quieras.
—Necesitaré que robes unas plumas del cielo.
