CAPÍTULO 15
—Vamos, será divertido—Decía ella, al otro lado del teléfono.
Suspiré, frustrado.
—Marcie, lo menos que quiero es ir a la playa en estos momentos.
— ¿Estás frustrado? Pareces frustrado. Estar frustrado es el mejor estado de ánimo para ir a la playa. Liberas tensión. ¡Además, vas a ir conmigo!
—Créeme: Eso no lo hace más atractivo.
— ¿Lo sería si fueras con Nora?
Rodé los ojos.
—Eso no viene al caso, Marcie.
—Da igual. Te esperaré. Tienes veinte minutos.
Y colgó.
Celiane me miraba con el ceño fruncido y los brazos cruzados, clara expresión de exasperación. Supuse que sus poderes le habían permitido escuchar la conversación.
—Creo que me estoy arrepintiendo del hecho de que tengas que cuidar de esa niña malcriada—murmuró, sacudiendo sus alas—Ahora mismo deseo no haber votado por esa decisión.
—Pues me alegra. Esto se enseñará a que debes pensar con la cabeza fría.
Guardé mi teléfono en el bolsillo trasero de mis vaqueros y me acerqué a ella para darle un beso, el cual me devolvió gustosa.
—Nos vemos pronto. Me pondré en contacto contigo. Tengo que cumplir con el castigo que ustedes me impusieron—Le dije a Cel.
Ella asintió, acariciando mi cabello. Contuve el impulso de alejarme.
—Te extrañaré, Jev.
—Yo igual—Mentí.
Di media vuelta, y me alejé en dirección al Jeep.
—Te dije veinte minutos, te has tardado mucho más—Se quejó Marcie, al subirse al auto.
Apreté el volante con fuerza.
—No estaba cerca de aquí.
— ¿Dónde estabas?
—No te importa.
Se encogió de hombros.
—Supongo que tienes razón.
—Sé que la tengo. Nunca te ha importado nadie que no seas tú mima.
Aplaudió, riendo.
—Bravo, bravo. Inteligente. Me alegro que lo sepas.
Aceleré el coche y encendí la radio, dónde sonaba "Wipe your eyes" Marcie inmediatamente se inclinó al aparato, y cambió la emisora.
—Odio las canciones románticas, lo siento.
La miré, enarcando las cejas.
— ¿Un corazón roto detrás de ese odio? —Pregunté.
Ella bufó y se cruzó de brazos, colocando una pierna sobre la otra y desviando su mirada hacia la ventana, a su lado.
—Casi roto. Pude reaccionar lo suficientemente a tiempo como para que no quedara como excremento de gallina.
No pude evitarlo, reí.
—Vaya, me sorprende saber que en algún momento de tu vida tuviste sentimientos.
—Ya, y si te atreves a contárselo a Nora, te arrancaré los ojos. O quizá te arranque otra cosa.
Mi risa de desdibujó un poco, pero sólo un poco ante su insinuación. La miré, y ella me devolvió la mirada desafiante. Enarcó una de sus delgadas cejas en un gesto que decía claramente "¿Te atreverías?" y yo hice una mueca.
—Qué divertida.
— ¿Divertida? No quiero ser divertida. No estoy siendo divertida. En pocas palabras, mi humor apesta.
—Eso me han dicho.
Volvió a bufar.
—Escucharías cosas agradables también si escucharas a alguien más que no fuese Nora Grey.
Rodé mis ojos.
—No quiero hablar de ella en este momento.
No cuando la última vez que la había visto, había estado tan cerca de cometer una locura. No cuando quería verla desesperadamente. Y sobre todo, no cuando comenzaba a pensar en lo que peor que se pondría lo nuestro si ella se enteraba de ésta otra salida. Cada encuentro con Marcie me dificultaba las cosas. Pero suponía que en principio, todo era mi culpa. Primero por hacer enojar a Nora aquella noche en que dijo esas palabras, y segundo por no besarla para acallarla, porque en mi alma veía venir claramente esa frase.
—Nunca quieres hablar con ella. No conmigo.
—Porque siempre estás tratando de dejarla mal, Marcie. Y sabes cómo reacciono con eso.
Me detuve al llegar al lugar, orillándome en el primer lugar que vi disponible. Marcie estaba impasible.
—Respóndeme una cosa, ¿Todavía la amas? —Preguntó, quitándose el top que llevaba puesto, quedando en sujetador frente a mí— ¿No te provoco, no te incito a nada?
Se quitó el sujetador, mostrándome con toda libertad sus pechos. Compuse una mueca de aburrimiento.
—Estoy acostumbrado a ver mujeres desnudas, Marcie. Hubo una época de mi vida en las que las veía a diario, todo el día y toda la noche, como prefiriera—Le espeté—Una mujer que se desnuda fácilmente, no engancha. Lo que atrae es el misterio, aprende eso.
— ¿Misterio? ¿Misterio de qué? —Preguntó, enojada, mientras se colocaba su traje de baño y arrojaba su sujetador a la guantera del Jeep.
—Es más atractivo imaginar lo que hay debajo, que verlo de buenas a primeras. A los hombres nos gusta que nos alimenten la imaginación. Al menos, en mi caso—Dije, apagando el coche—Es por eso que tú nunca vas a gustarme. No en ese sentido, Marcie.
—Eso no lo dijiste cuando me besaste.
—Yo no te besé, tú lo hiciste. Yo simplemente no me alejé.
— ¡Es lo mismo! —Gruñó, bajándose del Jeep y cerrando la puerta con fuerza.
Con una sonrisa la observé caminar sobre la arena, toda enojada. Me bajé y cerré el coche, caminando lentamente, esperando que se me perdiera entre la multitud, y alabando mi manera de ser. Sé que Nora me hubiese dado los cinco en ésta ocasión.
Cómo la extrañaba.
