La tarde era bastante desagradable, una tormenta invadió la ciudad y en medio de los sonidos de truenos y la agobiante caída de agua, Nikiforov terminó resguardándose en una biblioteca que afortunadamente aún se encontraba abierta pese a que ya era bastante tarde. No había muchas personas en el lugar, solo alguien sentado leyendo un libro y el encargado.

Luego de secarse los pies en la entrada, disimulo su propósito dirigiéndose hasta los muebles mientras fingía buscar un libro, cuando en realidad solo quería hacer tiempo para que pasara un poco la lluvia antes de tener que retirarse. Adentrándose poco a poco, mientras se perdía en las estanterías. Tal vez encontraría algo interesante para leer. Solo quería distraerse un poco e ignorar que la lluvia normalmente le provocaba una depresión tremenda que solo eliminaba con un poco de contacto físico.

Se había mentalizado, en días como estos, solía pasar la noche en su consultorio bebiendo unas copas de vino mientras ojeaba un par de revistas hasta quedar dormido. Esto no era precisamente lo que tenía planeado, pero al menos eliminaba cualquier imagen morbosa de su mente.

Ah...— Escucho en el fondo, mientras levemente un escalofrió recorrió el cuerpo de Nikiforov, tratando de no malinterpretar aquel ruidillo, que luego de unos instantes se volvió a repetir.

Escucharlo una tercera vez fue el límite antes de decidirse a dirigirse al fondo de la biblioteca de donde provenía aquel gemido. Necesitaba comprobar que eso no era producto de su imaginación o efectivamente ya estaba demasiado mal de la cabeza. Mas a cada que avanzaba podía distinguir el sonido con mayor claridad, dando al fin con el pasillo de donde provenía. Asomándose lentamente, con asombro al lograr captar claramente lo que estaba sucediendo.

No quiso ver mucho, solo fue un ligero vistazo que lo perturbo. Había una chica con minifalda al fondo, a gatas con la ropa interior abajo, levantando sus blancos y grandes glúteos a lo alto mientras que con una mano se estaba introduciendo un objeto por el ano, retorciéndose y temblando con sus movimientos.

«Pero que enferma»

Pensó Víctor entre sí, sin lograr comprender como habría alguien capaz de hacer semejante barbaridad en una zona pública. Bien que él estaba mal de la cabeza, pero aún se sentía lo suficientemente cuerdo como para no hacer algo así. Ahora quería huir de la biblioteca o interrumpir para conocer la reacción de esta jovencita indecente.

Bueno, era una extraña. No le afectaría hacer una interrupción para haber si así esta chica dejaba de hacer esas obscenidades en público, por Dios ¡Al menos debería ser solo en casa!

Con aquel sentimiento doble moralista termino dando un gran suspiro, mientras finalmente ingresando a aquel pasillo y disimuladamente buscaba un libro. Provocando que aquella joven, muy quitada de la pena se pusiera de pie acabando por introducir aquel objeto y dejándolo dentro, subiendo las bragas y acomodando su falda, para luego disimular de igual manera que buscaba un libro.

Esta chica estaba jodidamente mal y lo dejaba en shock, tanto que no podía disimularlo. Con la boca abierta, Víctor trato de encontrar palabras para expresar su ofensa, mientras en cambio la azabache solo le sonrió de manera picara. Hasta acercarse aún más a él y susurrarle unas palabras de cerca.

—No te entiendo, mi japonés es muy malo. — Dijo Víctor tratando de librarse de la misma situación incómoda que él se había generado.

—Dije que pareces tener buena verga. — Escucho una voz más fuerte con tonada masculina proviniendo de la azabache que lo acabo de dejar en shock.

— ¿Eres hombre? — Preguntó mientras se asustaba de la respuesta. Por tal, la muchacha de lindos ojos cafés termino levantándose la falda de enfrente y mostrándole el pene sobresaliente de las bragas mal puestas.

Sí, no era una muchacha, era un varón japonés de cara bonita y pene pequeño.

—Mi nombre es Yuri. — Dijo sonriente para luego morderse los labios. —Eres un hombre bastante atractivo ¿Me darías tu numero?

Esto era el mayor de los colmos, realmente Víctor quería salir corriendo a la vez que quería soltarse a carcajadas en ese mismo lugar. No sabía exactamente cómo responder, era increíblemente traumante e inesperado. No era que el chico fuera feo, al contrario, era extrañamente atractivo, con facciones finas como las de una mujer, ojos grandes y brillantes, labios finos, pero aun así por primera vez el ruso no tenía el interés de corresponder toqueteos y llevárselo a la cama.

Vaya, había dado en el país acertado. No volvería a ver a los japoneses de la misma manera, y tardaría en eliminar de su memoria la existencia de esta peculiar persona. Después de soltar una leve risa un tanto animada, Víctor saco una pequeña tarjeta de su abrigo para entregarle al azabache.

Víctor Nikiforov - Psicólogo

No tenía algún miedo de dar su número telefónico y dirección de consultorio, simplemente quería burlarse.

—Realmente te recomiendo llamarme. — Respondió con una sonrisa en el rostro, para finalmente darle una palmada en la cabeza, y pese al clima, salir de la biblioteca, dando un último vistazo al chico con ropa femenina que quedaría marcado en su memoria.