El día era relativamente natural, no tenía nada en agenda o actividades fuera del trabajo que pretendiera hacer. Lo único que restaba era burlarse enormemente de sí mismo, dado que, desde el incidente con el Trap en la biblioteca no había otra cosa que vagara por su mente, eso incluía el no tener ganas de tener sexo.
«Yuri, Yuri, Yuri»
Era increíble, por algunos momentos realmente creyó que era una chica. Aunque a primera instancia lo vio de lejos, sus piernas eran realmente blancas y bien formadas. Hacía tiempo que no observaba un buen trasero de durazno, probablemente desde la última vez que se acostó con una mujer ¿Cómo le hacía? Era difícil que un hombre tuviese un trasero bien formado.
Esos pensamientos clásicos de un mal pensado.
El sonido de la puerta en su consultorio interrumpió sus pensamientos, provocándole una leve carcajada. Gracias al cielo tendría algo que hacer antes de iniciar con aquella actitud de generado que aborrecía. Sin pensarlo un segundo se dirigió hacia la puerta, donde termino recibiendo a una persona bastante inesperada.
Un joven azabache con gafas. Podía distinguir la perfecta forma de sus facciones del rostro a donde quiera que fuera, salvo que en esta ocasión trajera lentes y sus ojos lo miraran de manera tímida antes de girar el rostro a un lado.
—Buenas tardes— Dijo en tono quedito— ¿Usted es el señor Nikiforov?
—S...si, así es. — Reacciono un tanto lento por la sorpresa
—Lo siento, no sabía si debía reservar una cita por teléfono o algo parecido, termine viniendo directamente aquí...
—Ah, no hay problema, Yuri ¿No es así? — El chico se sonrojo más de lo que ya estaba al escuchar su nombre. Mientras Víctor le termino de abrir la puerta para dejarlo entrar a su consultorio.
— ¿Le dije mi nombre? — Pregunto nervioso.
—Si ¿Lo olvidaste?
—Lo siento, en realidad no suelo recordar todo lo que hago— Confeso— Padezco una especie de trastorno de personalidad múltiple.
Esto era totalmente nuevo para Nikiforov...
O tenía que ser joda ¿Como que el Trap de la biblioteca no recordaba haberle mostrado el pene? ¿Se exhibía desnudo y luego decía no recordar hacerlo? ¿Este chico hablaba en serio o era un truco?
Aun dudando de lo que tenía que hacer, lo dejo entrar a su consultorio. Sin dejar de observarlo atentamente, no se veía peligroso pero Víctor no dejaba de sentirse inquieto en la espera de que de repente este jovencito azabache se comenzara a desnudar de la nada y lo atacara sexualmente.
Dios ¿Esto era un castigo por discriminar los penes pequeños japoneses? No tenía la culpa de preferir ligas mayores. De cualquier manera sospechaba que le traería bastantes –y ardientes- problemas. Pasara lo que pasara, al menos recordaba ese buen trasero.
Si querían agredir sexualmente a Víctor Nikiforov, no tenían idea de con quien se estaban metiendo.
