Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro


— ¡Suficiente!

Levantó la mano con su palma extendida y tomando impulso la dirigió en su dirección con toda la intención de abofetearlo, pero una mirada suya bastó para que la determinación de Seras se perdiera y la fuerza de su golpe fue menor, casi nula, pero suficiente para dejar una zona enrojecida en su mejilla. El semblante de Pip era serio, su alegre sonrisa desapareció y sus labios se torcieron en una mueca sin expresión, el brillo en su ojo se intensificó y clavó la vista en ella, observándola fijamente mientras sujetaba su brazo por la muñeca, sin permitirle que retirara la mano de su rostro.

Se intimidó un poco, ¿acaso pretendía someterla? ¿regresarle el golpe? Ella era mucho más fuerte que él, ¿porqué le tenía miedo? Cerró los ojos y se encogió cuando notó que Pip levantó la mano e imitó sus acciones, pensó que iba a abofetearla hasta que sintió como sus dedos acariciaban su mejilla con suavidad; abrió los ojos, él permanecía con la misma expresión, pero su tacto era cálido, gentil. El miedo cedió ante la vergüenza y quiso apartar su mano, pero se sentía tan bien el calor del agarre contra su piel de hielo.

— ¿Todo tu cuerpo es así de frío?

Preguntó sin rodeos, ella solo asintió, se sentía incapaz de hablar mientras siguiera mirándola de esa forma tan insistente. Pasaron unos segundos antes de que se rompiera ese momento incómodo, Pip le sonrió de lado y acercó la mano que aún sujetaba a sus labios para besar su dorso, como todo un caballero.

— Creo que esta vez exageré con mis palabras, no quise molestarte, Cherie. Tendrás que disculparme, pero es la primera vez que trabajo con un vampiro.

Le dió la espalda y se dispuso a dejar la habitación, pero antes de salir se giró y la encaró unos segundos.

— Si alguna vez te hartas del frío, sabes dónde está mi habitación. Puedo calentar tu cuerpo con el mío, así me ayudas con mis delirantes fiebres nocturnas.

Cerró la puerta antes de que el florero se estrellara en su rostro. Toda la ira que tenía al inicio regresó de golpe y le arrojó lo primero que encontraron sus manos, detestaba a ese pervertido hombre.