—Yuri Nikiforov... uh— Susurraba Yuri mientras observaba el edificio del consultorio del psicólogo antes de decidirse a ingresar, observando a lo alto la ventana del tercer piso detrás de la cual debía encontrarse. — No seas idiota Yuri.

Suspiro cabizbajo antes de entrar. Procurando ser puntual como era debido. Avanzando a paso lento por los escalones antes de tocar la puerta y ser recibido de inmediato por aquel hombre alto mostrando sus alegres ojos azules. Tan destellantes y hermosos, de un azul cielo bastante claro.

—Buenas tardes Yuri— Le sonrió y lo dejo pasar, tratando de disimular la alegría de saber que tenía que tratar a pene pequeño — Nunca antes había tenido pacientes tan puntuales, ya me estoy acostumbrado a ello.

—Me parecería de mala educación dejarte esperando. — Yuri se sentó en el sofá, incomodándose de la mirada atenta del ruso.

—Bueno, Yuri. Para empezar, me gustaría que definiéramos a tu otro yo ¿Tienes alguna manera especial de referirte a él?

—En realidad no, es decir, soy yo mismo ¿No es un poco ridículo si me llamara a mí mismo de otra forma?

—Entonces lo llamare Eros.

—Pero...

—Es Eros. — Sentencio.

—Como diga... — Yuri se agacho, cediendo a la voluntad de aquel hombre. Observando de reojo su atuendo, lucia muy bien con aquella camisa negra con el pantalón gris, le contrastaba muy bien y hacia relucir su rostro. Era entendible por qué le gusto al otro. — ¿Pero que es Eros?

—Era el dios de la atracción sexual, alguien un tanto homosexual...—Que si bien recordaba estaba representado en una estatua con pene pequeño.

— ¿Podemos cambiarlo? No es muy agradable. — Dijo en tono seco, extrañando a Víctor con su reacción.

—Pero creo que va muy bien contigo.

—No soy homosexual. —Refunfuño. — Odio que las personas piensen eso.

— ¿Tienes algo en contra de ello?

—Es asqueroso.

Lo sentía por Eros, pero Yuri la estaba cagando. Un punto más a la lista de por qué Yuri Katsuki le bajaba las pasiones. Esa maldita gente homofóbica...Era más probable que se acostara con el hombre con el pene más pequeño del mundo a soportar a una de esas personas que critican todo el tiempo a la comunidad gay.

—Es algo natural, no hay que ser de mente cerrada. — Suspiro Víctor tratando de tomárselo con calma.

—Lo siento...—Se sintió intimidado.

—Bueno, descríbeme a Eros. Me comentaste que tenía arranques de ira y podía ser violento ¿Hay algo más que lo distinga?

—Le gusta vestir un poco más extravagante... con escotes o shorts cortos.

— ¿Tiene algún gusto peculiar en personas? Por lo que vi de él, le atraen los hombres. — Yuri frunció el ceño, detestaba que el otro no disimulara sus preferencias.

—Nunca he sabido de sus intereses sexuales. No es como si apareciera todos los días—Mintió.

—Vaya... ¿Entonces podrías describírmelo por tu cuenta? Cualquier cosa que sepas de él es importante.

—Le gusta llamar la atención, no importa a donde vaya siempre quiere ser el centro de atención... No sé qué decir de él realmente, no logro entenderlo. — Yuri hizo una mueca —Creí que preguntaría por mí para averiguar por qué surgió o como solucionar esto.

—No te lo tomes a mal, pero me pareces una persona bastante cristalina, no creo que seas muy problemático. Quien debería ser atendido es Eros no tu personalidad normal, además, podría deducir que tus psicólogos ya han intentado tratarte a ti por cuestiones de lógica.

—Tiene razón...— Yuri agacho la mirada mientras sonreía. — No soy una persona muy interesante, en ese aspecto él es mejor que yo. Eros... Es en quien debería centrar su atención.

«Felicidades, Eros»

Pensó Yuri entre sí. Sintiendo un poco bajos los ánimos, mientras unía sus rodillas y las apretaba con sus manos sentado en el mismo lugar. Él no era nada interesante, atractivo, sociable, atrevido, podía definir a Eros como su polo opuesto. Eros, aquel hombre por más extraño que fuera, era quien era capaz de hacer que la gente notara su existencia, seducir si se lo proponía.

«Eros Nikiforov ¿Qué tal suena? Es una lástima que no puedas intentar ser amante de aquel hombre porque estoy yo de por medio y yo no tengo interés en hacer el ridículo, no me deberían atraer los hombres. Entiende»

Se dijo a sí mismo, antes de voltear a ver nuevamente aquellos lindos ojos azules, mientras aquellos labios rosados y brillantes comenzaban a moverse para dirigirle la palabra nuevamente, deleitandole la mirada.