CEREAL CON LECHE

Oikawa se preguntaba seguido, ¿cómo rayos es que se topaba con Kuroo y Bokuto con tanta frecuencia si eran de otra prefectura? Luego recordó su genial idea de ir a estudiar la universidad en Tokio, y para su buena suerte (o tormentosa desdicha) ese par había decidido lo mismo: ¡Aplicar el examen en el mismo lugar que él!

Como ellos llevaban recomendación deportiva, la institución los aceptó sin mayor preámbulo. Además, eso no fue todo, sino que el compañero de habitación de Oikawa terminó siendo nada más y nada menos que el enérgico Bokuto Kotaro.

—¡Hey, hey, hey! ¡Bienvenido, chico boni…!

«¡Ah!» Tooru azotó la puerta apenas la abrió, interrumpiendo las palabras del otro.

«No puede ser» Revisó la hoja que indicaba su número de dormitorio; luego, volvió la mirada a la puerta. Ambas cosas marcaban la "Habitación 203".

—Debe ser una pesadilla —dijo para sí, poniendo los ojos en blanco. ¡¿Por qué a él?!

—No, no lo es —Bokuto saltó como ave de reloj cucú, y con empujones amistosos metió a Oikawa a la habitación.


Pasaron un par de días en los que se organizó una concentración de vóleibol para evaluar a los jugadores de nuevo ingreso y, como era de esperarse, las relaciones de amistad y compañerismo no habían tardado en aflorar. Tal era el caso de quienes alguna vez fueron los capitanes de Nekoma y Fukurodani.

Conforme pasaba el tiempo sus bromas y carcajadas eran lo que más resonaba en los dormitorios, por lo que el día que no se escuchó el acostumbrado bullicio, las cosas comenzaron a tornarse alarmantes.

—Hola de nuevo, Oikawa —saludó Akaashi con su habitual cortesía al encontrarlo en uno de los salones recreativos. Había ido de visita un fin de semana—. ¿Ha visto a Bokuto?

—Está con Kuroo dándole vida a un nuevo ser del que no se tenía conocimiento —respondió, encogiéndose de hombros luego de apartar la mirada de su celular.

Akaashi levantó una ceja, incrédulo, como acto de reflejo. Su (desarrollado a la fuerza) sexto sentido le anunciaba que estaba por presenciar algo que le daría jaqueca más tarde.

—¿Están…?

—Cocinando.

Antes de ser capaz de responder, unos gritos agudos y alarmantes se hicieron oír desde el comedor contiguo. Akaashi no reparó mucho al identificar a quiénes pertenecían las voces, así que, tanto él como Oikawa, se encaminaron hacia el lugar.


—¿Qué… es eso? —preguntó con monotonía el, ahora, capitán de Fukurodani mientras observaba el extraño panorama.

—¡Cereal con leche! —dijeron Bokuto y Kuroo al unísono con orgullo y un tono que desbordaba camaradería.

—¿Y por qué se mueve?

Bokuto y Kuroo tenían la misma sonrisa estúpida mirando a algún punto lejano en la habitación, como si fingieran no haber escuchado esa pregunta. Akaashi y Oikawa suspiraron. Sólo de ver el desastre que había en aquella mesa como resultado de servir cereal, les hacía cuestionarse con seriedad: ¿por qué serían un imán de idiotas, así como Hinata lo era de balones?

Akaashi se vio (casi) obligado a sacarlos a patadas para arreglar su desastre antes de que algún profesor les riñera por ello. Siempre que Bokuto estaba involucrado, se sentía responsable. ¿Por qué? Costumbre, quizá.

A los pocos segundos se volvió a escuchar un escándalo y se arrepintió de no haber hecho que lo ayudaran o, cuanto menos, que se tragaran su extraño engendro.