El día era relativamente pesado.
Víctor no tenía ánimos de salir a la calle, pero tuvo que hacerlo. Dirigiéndose hacia una clínica a recoger el resultado de algunos análisis que se hacía mensualmente. Misma razón por la que en cada fin de mes sentía todo el peso del mundo sobre sus hombros, perdiendo el apetito y terminando con una enorme sensación de horror.
No importa cuántas veces hubiera hecho esto, siempre se sentía igual.
Después de que se le entregara el sobre con los resultados, terminaba esperando hasta llegar nuevamente a casa para leerlo, se evitaría hacer una escena en público si no obtenía un buen resultado. Así que solo esperaba relajarse, tomar una ducha y servirse una copa de vino antes de ser golpeado por la realidad. Rompiendo el sobre de papel en la espera del veredicto.
«VIH» Temblaba de solo leerlo. Dándose un último respiro antes de proseguir, sintiendo las ganas de atragantarse con toda la botella de vino.
«Negativo» Volvía a sentir que el alma le regresaba al cuerpo, pero con más ganas de tomarse toda la estantería de vinos.
Estaba mal, muy mal y era pésimo tratando de solucionarlo. No podía evitar sentirse nervioso aun después de llevar días sin contacto con alguien ajeno. Es decir, usaba condón como era debido para protegerse, pero eso no evitaba que se sintiera con algo de remordimiento por acostarse con extraños.
Ser diagnosticado con hipersexualidad hace dos años fue divertido, al menos los primeros meses. Podía presumir ser insaciable en la cama aun sabiendo que esto era una enfermedad, posteriormente dejo de resultar gracioso cuando su pareja termino con él al hartarse de que solo pensara en coger.
Una pareja que no lo acepte como es no le importaría, pero que ninguna de sus relaciones funcionara por lo mismo significaba algo, cosa que empeoro al comenzar a desesperarse y terminar en bares en búsqueda de alguien que quisiera pasar la noche con él. Ya ni siquiera era apto para buscar pareja, su calentura era molesta.
No era normal terminar tomar en cuenta cuanto gastaba en condones en sus gastos semanales.
«Yuri tiene más problemas que yo ¿No es así?» Trataba de consolarse comparando su problema con uno ajeno.
Vamos, la única manera en que estaría peor sería si terminara con ganas de copular con un animal o se atreviera a tener sexo en público. No es como si criticara a los actores porno que acceden a estas cosas.
Solo no quería parecer un indecente aunque pensara en penes la mayoría del tiempo.
Grandes y duros penes que lo hacían terminar bebiendo vino a más no poder cada fin de mes.
Necesitaba a Yuri para que le ayudara a no pensar en sexo y distraerse al menos en sus locuras ¿Qué estaría haciendo en este momento? ¿Dormir? ¿Tirar la ropa de Eros? ¿O Eros si estaba buscando trabajo como un actor de película porno que cogería en público con un perro?
No debería imaginar ese tipo de obscenidades con su paciente. Pero vaya que podía distraerse de la depresión por sus pruebas mensuales imaginando guarradas con Yuri.
«Lo siento Yuri, no me arrepiento de nada»
