Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro. "Til Death's Done us Apart" pertenece al grupo de Power metal Sonata Arctica, tomada de su álbum "The Ninth Hour" y fue inspiración para esta viñeta.


Hasta que la muerte nos separe

Él la hizo sonreír desde su primer encuentro, con su carisma y malas bromas, ahora que está sola nunca lo hace. Tiró del cordón del destino, solo para toparse con su ausencia en el otro extremo… su amor no era más que un clon.

Desde niña gustaba imaginarse en mundos encantados, inventar historias de hadas donde fuese la princesa que sería rescatada por un gallardo caballero. Monstruos, dragones, trolls y gigantes, asesinos, ladrones, miserables rufianes. Al final todo se arruinó para ella. Ding dong ding dong, el tiempo pasó y trajo consigo más aventuras, una historia más tétrica y oscura que la de su infancia, pero con una oportunidad de retomar su ansiado final feliz. Un día encontró un hombre del que se enamoró y quiso creer que "por siempre" era más que un mito. Humano y draculina, ellos vivirían la profecía del cuento de hadas.

Al principio vivían apartados uno del otro, pero él la buscaba y lentamente se fue ganando su corazón, ¿cómo pasó? Ni ella supo explicarlo. Cada sonrisa, sus burlas e insinuaciones, el olor que su cuerpo despedía, aquel calor humano que la hacía sentir viva con cada roce de sus manos… Uno dos tres, uno dos tres, antes de que se diese cuenta bailaba de alegría, tarareaba canciones y sonreía día tras día, escondiendo el secreto de su amor en lo profundo de su corazón. Tanto caló el sentimiento, que varias veces se vio frente a un altar con un hermoso vestido blanco, su prometido lucía elegante, sin su usual aspecto desaliñado, y una frase que hizo eco más de una vez en sus sueños: hasta que la muerte los separe.

Y ella creyó no encontrar ninguna señal, él no daba más indicios de los usuales, solo deseo febril y constante, sin maravillas y sin amor. Comenzó a evadir sus caricias, el calor de su cuerpo ya no era suficiente, no la consolaba; fue como una pequeña ruptura y se sintió débil, desamparada. La nieve cayó y dejó una barrera entre ambos, volvió a ser la virgen indiferente que no cedería a sus encantos; podría herirla en cualquier momento, bastaba una frase mal dicha o un roce muy brusco, pero ya no le importaba, conocía el dolor.

Él nunca debió amarla, su corazón era de piedra y así se mantenía. ¿Acaso su "por siempre" había terminado? Era mejor que se dejaran. Fue una noche, a la luz de la luna, sin descanso a su alma, cuando su cuerpo cedió por las múltiples heridas y la sangre que perdió. Por ella, él estaba sangrando por y para ella, cada gota era en nombre de su amor, se debilitaba por la perdida, pero no le importó. La nieve cayó una vez más, alejándolos, pero esta vez no la dejaría, si ese era su final pintaría sus labios con el rojo de su sangre y le entregaría su roto corazón… El rojo sangriento de su roto corazón. El sabor de la vida desapareció, dejó una cicatriz en él, clavando su existencia en una rueda de tormentos, celebrando el término del adviento.

Dolor y tristeza mientras seguía el olor de su sangre, como si fuese un rastro de migas que la guiaba al cuerpo de su amado. La perfección de su semblante marchito, él fue en su vida amor y afecto; ahora no es más que un árbol marchito que extrae de ella su actitud más violenta.

~Érase una vez una mujer que vivió su cuento de hadas, ding dong ding dong, y todo se arruinó. Perdió al hombre del que se enamoró, ella probó que "por siempre" es solo un mito. Ellos vivieron la profecía del cuento de hadas y fueron separados lentamente~

Murió víctima de un terrible tormento, una rueda de desgracias que giró para cerrar su ciclo. Dio su vida por amor, oxidando su esencia con la belleza del dolor y la tristeza. Sigue su rastro, perdiéndose en la locura. Su corazón de piedra dejó de ser oscuro y fue iluminado por la perfección de la perdida, ella era su vida, amor y afecto. Aunque su cuerpo no es más que un recipiente vació, marchito, sin sueños ni anhelos.

La hiciste sonreír, querido, ahora nunca lo hace porque está sola. Colgada del hilo de la inmortalidad, lamentándose por no poder salvarlo. Fue como un ser mágico y etéreo, viviendo en su interior junto al enorme amor que le tenía. Un trago amargo por parte de la vida, ella sabía que de una u otra forma lo mataría. Su garganta ya no está seca, y todo gracias a la sangre que bebió del cuerpo marchito que yace cenizo a los pies de su depredador. Ella lo encontró y pensó que estaba destinado a romper el sello de su miseria, pero la muerte los separó.