Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro.


— ¡No quiero! No me harán entrar ahí.

— ¡Oh, vamos! Son órdenes de Alucard y la jefa Integra.

— Dije que no.

— Pero...

— La chica dijo que no. Denle un respiro. Es más, ¿porqué no van por unas cervezas? Hace un calor endemoniado.

— Si, capitán.

Dos hombres salieron de la habitación, dejando a Seras y al capitán Bernadotte solos. Ella se limitó a observarlo con recelo y ese hombre no hizo más que encender un cigarrillo, ignorando su presencia. La tensión en el ambiente comenzó a ser insoportable para la draculina, ¿no pensaba decir algo?

— Ni crea que voy a entrar en esa caja, aunque sean órdenes de sir Integra o mi maestro.

— Yo no he dicho nada, cherie.

— ¿Qué no es su misión asegurarse de que entre ahí?

— Ajá.

— ¿Y no hará nada?

— ¿Forzarte para que me mates con esa fuerza bruta que tienes?

Pip exhaló una última bocanada de humo antes de tirar el filtro apagado. Se giró en dirección a Seras y caminó hacia ella de forma confiada, logrando que la chica se sintiera algo intimidada.

— Podemos hacer esto de dos formas, mignonette. La primera es un forcejeo entre tú y yo, donde terminaré encima de tí y no me haré responsable si toco algo indebido por error. La segunda es que me digas porque no quieres cooperar. Son órdenes, no es cosa nuestra y no es justo que seamos nosotros quienes paguemos por un berrinche infantil, ¿no crees?

Tenía razón, no era justo. Seras agachó el rostro y suspiró, tenía que ser sincerarse con ese hombre para que no pensara que solo era un berrinche.

— Le tengo fobia a la oscuridad. Desde niña no tolero los lugares oscuros y estrechos.

¿Un vampiro con fobia a la oscuridad? Se le hizo absurdo al escucharlo, pero en cuanto vio su decaída expresión desaparecieron sus ganas de reír. Ella era tosca, mojigata, irritable y se la pasaba desafiando su autoridad, sin mencionar el hecho de que pertenecía a una especie que creyó ficticia hasta hace unos días; pero a fin de cuentas no era más que una niña pequeña y asustada. Se acercó aún más a ella y alborotó su cabello, pidiendo en su mente que no malinterpretara sus intenciones y le rompiera la quijada o algo peor.

— Oye, no pasará nada. Será un vuelo rápido porque evitaremos la aduana. Además, prometo asegurarme de que estés cómoda.

— ¿Lo dice en serio?

— Soy tu capitán, ¿crees que mentiría?

— También es un hombre nefasto.

— Solo cuando me provocan. Puedo ser encantador si me tratan bien.

— Oh... Lo tendré en cuenta, capitán.

— Ahora, ¿entrarás a la caja?

— Si.

Caminó con desgana hacía el enorme ataúd de madera que la aguardaba. Arrastraba los pies y sus hombros caían tanto como sus propios deseos de seguir apelando por su libertad. Pip la siguió por detrás y sin pensar mucho en las consecuencias la abrazó por la espalda de forma afectiva.

— Eres una buena chica, Seras.

Permaneció quieta, sin saber que decir o como actuar. Era la primera vez en años que alguien la llamaba "buena chica".