Víctor era bastante apuesto, tanto que no debería tener derecho a haber llevado a Yuri a su cama. Aun si no habían tenido otro tipo de contacto, por lo menos había sido la primer experiencia del azabache durmiendo con alguien más y eso hacía que su corazón palpitara fuertemente. Era cálido, muy cálido y odioso.

Le recordaba que no había logrado nada en su vida y que a este paso moriría solo. Llegaría a los treinta y seguiría siendo el mismo virgen aislado de la sociedad que necesita de policías para que lo vigilen. Una persona con ese tipo de problemas no podía siquiera intentar tener una pareja y era imposible el despertar con alguien a su lado de la manera que lo había hecho.

Alguien como Víctor estaba muy fuera de su alcance. Podía apostar que era bastante maduro y experimentado, es decir, era de los hombres más apuestos que había visto en su vida o el más apuesto probablemente. Su rostro, su cuerpo, su voz e incluso su personalidad eran perfectos, e incluso estaba titulado, él ni siquiera había terminado la preparatoria.

Era un enfermo mental y reprimido que ni siquiera sabía atenderse a sí mismo, sin contar que le tenía miedo de abrirse a muchas personas. Solo un hombre inmaduro con tendencia a subir de peso que no se sabía vestir adecuadamente por miedo a que la gente le prestara atención.

Era tan idiota por interesarse en alguien como Víctor.

Frustrado a más no poder por lo que había pasado un día antes, solo se aferraba a la almohada con todas sus fuerzas mientras retorcía y pataleaba como un niño pequeño ¿Cómo es que había terminado así? Hace un año no le importaba el no tener pareja y seguir solo ¿Pero que podía hacer? Era estúpido intentar algo.

Aun así tenía que ir a cita con su psicólogo para demostrarle lo raro que era.

Ah, maldición.

Tratando de dejar su mente en blanco, Yuri termino acostado boca abajo, inhalando tanto aire como pudo y soltándolo de golpe. Necesitaba dormir un poco para que se le enfriara la cabeza, ignorar los problemas, solo descansar... descansar profundamente.

Antes de volver a abrir los ojos nuevamente y hacer un par de estiramientos, voltear hacia el gran espejo en su cuarto y comenzar a apreciar su rostro. Sonriendo ladinamente mientras se comenzaba a quitar la ropa de manera seductora, tratando de apreciarse a sí mismo mientras deslizaba sus pantalones hacia abajo.

« ¿De qué te preocupas si eres un bombón?» Pensó entre si antes de retirarse la enorme playera y dejarse totalmente expuesto, lamiéndose los labios mientras miraba atento sus piernas. Gordas y bonitas piernas...

Sin poder evitarlo, fue en búsqueda de un segundo espejo pequeño, para posar nuevamente de espaldas hacia el espejo grande y ver el reflejo de su retaguardia con el espejo de menor tamaño. Inclinándose un poco para abrir sus piernas de manera más erótica y sujetar uno de sus glúteos para apreciar su entrada.

«Definitivamente este es terreno digno de un sexy dios ruso» Volvió a sonreírse antes de sentir el golpe de calor.

Si bien recordaba, no había alcanzado a disfrutar tocándose antes de ser interrumpido y terminar desmayándose. Así que termino soltando el espejo y dirigiéndose a su cama, buscando debajo de esta una pequeña cajita especial de donde saco uno de sus juguetes.

Para empezar, escogió uno pequeño para empezar y saco también una loción, llenándose primero de esa sustancia cremosa antes de introducir de golpe el pequeño juguete en su interior y empezar a retorcerse. Metiendo y sacando una y otra vez el consolador hasta que decidió cambiarlo por uno de mayor tamaño. Riendo de manera burlona al voltear a su espejo.

«Me sentiría mejor si lo hiciera con el » Dio un pequeño bufido antes de ver la hora.

Tenía algo de tiempo antes de la cita con el psicólogo, no era una mala idea prepararse para que este lo recibiera, si vestía de manera atrevida podía conseguir que el ruso le diera una buena tunda bien merecida.

Ah, pero claro, si sería el señor Yuri Nikiforov tampoco podía permitir que cualquiera viera su tesoro, no señores. Necesitaba algo que lo cubriera para ir de camino hasta su hombre a darle una sorpresa.

¿Qué debería usar para seducirlo? Tenía ganas de recibir más que un simple abrazo.