Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro.

Inspirado en el cortometraje de Merel Van Deren Broek & Nicole Derksen.


Érase una vez una joven mujer, que por azares de la vida terminó convirtiéndose en vampiro. Su maestro y mentor le metió la idea de que debía ser un monstruo y llegó a creerlo, incluso trató de comportarse como tal, pero en el fondo no era más que una buena chica.

Un día llegó un hombre a su vida, alto y musculoso, aspecto desaliñado y un encantador tono verde en su ojo derecho. Tan molesto y seductor; odioso y mal hablado, presumido y charlatán, detestable y rufián... Antes de que pudiese hacer algo al respecto ya estaba enamorada de él.

La chica vampiro entró en crisis, era la primera vez que se sentía atraída por alguien y su virginidad la delataba. Él sabía lo pura e ingenua que era y se valía de eso para sugerirle pecaminosos actos, con la finalidad de intimar un poco y conocerse mejor. Se vió tentada más de una vez por ese tono gallardo y varonil en su voz, la forma de insinuarse y sus dulces roces la hacían estremecer.

Estuvo dispuesta a entregarse en cuerpo y alma, aún sabiendo que perdería su esencia virginal, pero algo cambió en ella. Una noche de juerga para los hombres bastó para acabar con sus ilusiones, escuchó a los demás hablar de los dotes del capitán Bernadotte y la cantidad superior de mujeres que lo acaparaban en ciertos lugares, opacando a cada uno de ellos como si se tratase de una competencia.

Huyó de ese lugar y lloró hasta que sus ojos se secaron, dolía el pecho y se sentía tan estúpida como una colegiala que se enamora del rufián solo porque tiene buen cuerpo. Prometió que dejaría a un lado su enfermizo amor y se volvería el monstruo que los cánones demandaban y no se esforzó por ir en contra de la bestia que surgió en ella y le impidió llegar a tiempo para evitar que su amado fuera herido de muerte.

Se sabía más fuerte, pero se dejó ganar por el puro placer de ver a aquel demandado prospecto morir por ella, pues ella tenía que ser la única en su vida, el último cuerpo de mujer que sus manos tocaran y sus labios serían la última cena para el hombre que amó. Al final se dejó consumir por el monstruo de los celos, volviéndose ella misma la aberración que tanto se esmeraba en negar. Bebió de él y lo saboreó, la primera víctima, su único proveedor.

— Todo está bien, ¿no, capitán? Al fin somos uno. Seré la única mujer que vea, la única que toque, seré su todo y ataré nuestros destinos, como debió ser desde un inicio.