Víctor estaba preparado para recibir a Yuri, luego de haberse lavado la cara y tomado unas pastillas. No sabía quién era más estresante entre Yuri Plisetsky o Lilia, terminaban discutiendo hasta terminar en gritos y continuar su camino de esta manera hasta retirarse. Aun si no quisiera decirlo frente a ella, también necesitaba terapia para controlarse. Gracias a ello habían prolongado el tiempo que el ruso tenia medido entre una consulta y otra.
No fue por Yuri al trabajo y eso le preocupaba, sabía que este era su día libre y al menos ese día el iría al consultorio solo, pero era inquietante que hubiesen pasado diez minutos de la hora acordada y este no hubiese llegado. Pero no quedaba más que esperar, no estaba respondiendo sus llamadas.
De momento solo aprovecho esos minutos para perfumarse una vez más e inspeccionar que se veía presentable. La ropa aún estaba lisa, nada de sudor, la corbata ajustada, zapatos limpios. Bien, todo estaba como debería, aunque no pudo evitar ponerse bálsamo en los labios. Sonriendo frente a un pequeño espejo en el consultorio antes de decidirse a asomarse afuera del edificio. Bien Yuri podía estar nuevamente en las escaleras sin atreverse a entrar.
Pero vaya sorpresa el abrir la puerta y encontrar de inmediato a Yuri recargado a la pared esperando.
—Creí que estarías más preocupado por mí— Sonrió el azabache sorprendiendo de inmediato a Nikiforov mientras un escalofrió lo recorría. — Eres muy malo, tendré que castigarte.
— ¿Eros? — Su piel se erizo de inmediato al ver la inhabitual sonrisa del joven, quien en esta ocasión no portaba lentes. Tenía el cabello hacia atrás, y vestía una larga gabardina negra que lo hacía tener una mala impresión.
No veía pantalones, solo piel blanca y las botas negras en el inferior.
Dios, por lo que más quisiera, pedía que trajese ropa interior. Solo necesitaba eso y no ser atacado el instante, aunque Eros solo entro a paso imponente al consultorio dejándolo estático en la entrada, antes de volver a reaccionar.
—El apodo que decidiste ponerme suena a porno. — Rio el japonés, manteniéndose de pie frente al escritorio de Víctor.
— Cosas de la vida... — Bueno surgió de algo tan indecente como el porno, aunque el porno con penes pequeños no era de su gusto.
Víctor solo suspiro y se sobo las sienes de imaginar cómo se pondría esto, aunque al fin y al cabo era su paciente y debía entenderlo. No acabarían bien, podía apostarlo.
—Creo que no nos presentamos adecuadamente... — Dijo tras tragar hondo y destensar su cuerpo para voltear a ver al extraño que conoció en la biblioteca. Definitivamente no era el aura normal de Yuri y presentía que necesitaba llamar a Phichit en este mismo instante.
— ¿En serio? Yo creo que debería ser muy clara nuestra relación, tu... yo...sometido contra el escritorio...— Yuri se acercó para estirarlo y dirigirlo contra el mueble mencionado. Sin parar de sonreír mientras trataba de aflojarle la corbata — ¿Había dicho cuanta curiosidad tengo de saber cómo se siente tu pene adentro de mí?
—Sería mejor si te sentaras y habláramos tranquilamente.
Pese a estar frente al degenerado de Eros no tenía el miedo que debería, es decir ¿Qué podría hacer contra él? ¿Violarlo? Por favor, era mucho más fuerte como para ser sometido. Además, dijese las barbaridades que dijese pues... ¿Sabe cómo hablan en los burdeles? Era un adulto de casi veintiocho años muy experimentado.
Lo único que no quería es que le fuese a romper un cristal o atentara contra sus libros y muebles. Eros podía distinguir a simple vista que no estaba siendo nada intimidante o provocador, y eso era molesto, aunque ya lo tenía previsto.
—Me sentare cuando me quites la ropa. — Frunció el ceño molesto, sujetando al ruso de la barbilla sintiendo la pesada mirada del psicólogo.
—Creo que no eres de mi tipo, no te esfuerces.
— ¿Y quién pregunto si soy de tu tipo? Dije que me quites la ropa. — Le gruño
— ¿Y si no lo hago que pasara? — Pregunto retándolo.
—Te harás responsable de la mierda del otro Yuri. — Sonrió
— ¿Ha?
Eros comenzó a quitarse la gabardina lentamente, haciendo que la piel de Víctor vibrara al ver descubierta su piel de la parte superior, no traía siquiera camisa. Era solo su piel erizada por el frio del clima con una pequeña llave sujeta como collar que llegaba hasta su pecho, donde resaltaban los pequeños botones duros y rosados del azabache. Quien solo sonreía al terminar de exhibirse.
No, no estaba desnudo ni portaba lencería femenina.
E igual Víctor termino medianamente shockeado por los cortos shorts de Yuri.
Eran de color oscuro, rasgados y perforados por donde quiera que los observara. Más los pequeños agujeros no eran lo que lo sorprendía, sino que las perforaciones estaban hechas para atravesarle una cadena por cada uno, conectada hacia adentro y hacia afuera, terminando unidas a una cadena más grande que usaba como cinturón y que posteriormente estaba unida a un candado.
— ¿Y esto te sirve para...?— Pregunto sin entender la función de esto, aunque le quedaba claro que si sería muy incómodo sentarse con eso.
—No le tomes importancia y solo quítalo. —Ordeno. —Tú decides si es por las buenas o por las malas. — Eros se retiró el collar y lo extendió para el psicólogo lo tomara.
— ¿Y cuál se supone que es tu juego mental para que lo haga? — Bofo cruzado de brazos.
— ¿Entonces no es por las buenas? — Muy quitado de la pena se dirigió a la ventana y la abrió para posteriormente arrojar aquella llavecita a lo lejos. Perdiéndola de vista entre la lluvia y automóviles en movimiento.
—Dime que no era la llave para quitarte eso. — Sudo en frio.
— ¿Y si digo que sí? — Yuri se soltó a carcajadas mientras giraba lentamente mostrando cada una de las cadenitas que ataban aquellos shorts por doquier.
—Tienes que estar jodiendo. — No pudo evitar acercarse apresurado mientras lo sujetaba de las caderas y lo comenzaba a examinar, las cadenitas estaban cruzando de extremo a extremo, intermediadas entre la tela, por dentro y por fuera.
Realmente tenía que ser una broma, si no quitaba el candado no encontraba la manera de retirarle las ataduras. No es que Eros se estuviese torturando a sí mismo, salvo que debían sentirse heladas las cadenas, porque en realidad podían sentirse flojas. Solo no encontraba la lógica de como Yuri se quitaría eso si no era retirando el candado cuya llave acababa de tirar.
— ¿Piensas dejar a Yuri atado? ¿Qué se supone que hará si tiene ganas de ir a...
—Te dije que tú te hacías responsable de la mierda. — Saco la lengua haciendo berrinche.
— ¡¿Acaso no pudiste hacer algo menos raro como venir en Babydoll?!
— Hay otra manera muy simple de quitarme esto. — Le sonrió coqueto. — Las cadenas son difíciles de romper y el candado aún más, pero traje tijeras para la tela.
—Jodete.
—Lo hago seguido.
¿Alguien podía recordarle por que tenía que aguantar a este tipo?
