Estaba totalmente desesperado. Su mañana había sido demasiado tranquila como para acabar arruinada por el azabache retorcido que quería jugar con él. No es que no supiera sus intenciones, pero no creyó que accedería tan fácil. Yuri era muy atractivo pero no era su tipo de persona, ninguno de los dos Yuri. Así es como debería ser siempre.
El Yuri normal era demasiado reservado para su gusto, no podía salir con alguien que quisiera huir cada cinco minutos. Eros por su parte era muy zorra y descuidado, terminaría lastimándose uno de estos días si seguía con esos juguetitos. Si encontrara un punto neutro entre ambos sería más agradable, se supone que trataría de encontrarlo logrando que Yuri se enamore de alguien, pero ¿Quién se enamoraría de él? No era un buen partido.
A menos que lo cediera a un degenerado que se aproveche de Eros.
Yuri era un desastre, pero un desastre del que estaba a cargo. Necesitaba atacar el problema directamente si quería solucionarlo, la terapia regular no sería para nada útil. Si no podía ensenarle a Eros a comportarse, al menos intentaría con el Yuri normal.
De cualquier manera lo único que debía importarle ahora es que había terminado bebiendo alcohol en un bar. Al menos por hoy mandaría al carajo la abstinencia. Que mejor que liberar su estrés con algo de cacería ¿Quién sería el afortunado del día?
Volteara a donde volteara en su mayoría eran japoneses. Esos benditos y automatizados hombres de nepe pequeño... Bueno, una mujer no le mataría el hambre esta noche. Igual y era bisexual, si las mujeres no tienen pene le evitaría el estar comparando por nacionalidades.
Como si se tratase de un ritual de cortejo se acomodó el fleco y desabotono los primeros botones de su camisa, tomo uno de las tarjetones del menú con la mano derecha y comenzó a usarlo como abanico, demostrando así que tenía calor. Posteriormente tomo la copa de vino con la mano izquierda para darle un fuerte trago.
Dejo que su mirada se perdiera en el cristal, para lo que llevaba bebiendo ya estaba muy ebrio. La noche sería muy larga... Solo esperaba coger antes de que el alcohol le cambiara el ánimo cada cinco minutos, aunque empezaba a sentir la diferencia. Estrés, lujuria, gracia, todo estaba empezando a mezclarse.
Sonrió vagamente pensando en las cosas que pudo haberle hecho al japonés. Ay Eros... si supiera que las últimas veces que se acostó con vírgenes los hizo llorar y le gusto... Por más bizarro que fuera, la expresión llorosa le pareció un encanto... Y necesitaba un trago más.
Ordeno una copa de nada para acabar de perder la conciencia e ignorar todo su entorno. Esas malditas revolturas de bebidas le caían muy pesadas al día siguiente pero eran excelentes para no saber siquiera que paso. Después de beber la primera, empezó a sentirse más acalorado de lo que ya estaba. Viendo como su salvación la respiración que se sintió sobre su cuello y le indicaba que tenía a alguien atrás.
Volteando de inmediato y topándose como unos llamativos ojos verdes que reconoció al instante ¿Cómo se llamaba? Ni siquiera se acordaba pero era el tipo casado.
—Hola Víctor, que coincidencia encontrarte aquí — Le sonrió coqueto, sin respetar su espacio personal.
—Tu... ¿Quién eras?
—Que malo, como puedes olvidarme tan fácilmente. Yo te reconocería a kilómetros de distancia.
—Lo siento...— Estaba empezando a marearse.
—Creo que un ángel tan hermoso como tú no necesita disculparse — Le susurró al oído mientras coloco una mano en su cintura.
— ¿Traes condones? — Pregunto descarado mientras comenzaba a parpadear. Esas malditas copas de nada eran rápido.
—Vaya que tienes prisa— Le mordió el oído. — Creo que puedo conseguir en un buen motel...
Sin esperar un segundo más, Víctor se abalanzo sobre el sujeto. Besándolo al instante apasionadamente sin siquiera importarle estar en público, ya estaba en el límite sin haber cogido en buen tiempo y si se había rendido, mas valía hacerlo de inmediato. Aquel hombre burlón solo trato de separarse unos momentos, sacando de inmediato su tarjeta de crédito y hacerle señas al hombre que atendía a Víctor.
— ¿Ni siquiera me dejaras tomar un trago? — El ruso no respondió, solo le dio espacio para que le devolvieran la tarjeta de crédito antes de estirarlo y sacarlo del bar.
Esa noche cogería como no había cogido en semanas.
