—Ah...Yuri...— Suspiraba Víctor por enésima vez mientras miraba al techo de la habitación.

— ¿Tu exnovia? — Pregunto la mujer al lado, recostada en la misma cama.

—No... Alguien más. — Volvió a suspirar.

—Entonces dime ¿Qué tengo que hacer para que no pienses en esa persona y te enfoques en mí? —Volvió a preguntar mientras se posicionaba sobre él, exhibiendo su cuerpo totalmente desnudo.

—Ve a una biblioteca en minifalda y mastúrbate en público con un gran consolador.

—Haha no seas bromista, no me agrada que un hombre tan apuesto como tu este en mi cama nombrando a otra persona después de acostarse conmigo. — Le sonrió.

—No me tomes importancia, soy solo pasajero. — Trato de removerla, obligándola a recostarse nuevamente en la cama.

— ¿Y porque solo pasajero? Eres muy atractivo ¿No te interesa ser algo más? Hombres como tú no me encuentro todos los días.

—Lo siento, pero no me van las relaciones a largo plazo.

— ¿Y si fuera Yuri? —Volvió a voltear hacia él.

—Si fueras Yuri, yo... No sabría que es correcto, es bastante complicado.

— ¿Entonces no querías salir con él? Tienes cara de que te rechazo.

—Lo hizo, pero nosotros no funcionaríamos como pareja. Yo tengo problemas para evitar coger y él es bastante tímido y asustadizo. — Rio. — Seriamos un desastre como pareja.

—Uy, así que era un varón. —Bufo la mujer. — No sabía que tenías esos gustos.

—Soy versátil. — Sonrió. — Y mi relación con Yuri no era de ese tipo.

— ¿Entonces? —Pregunto muy desganada.

—Era mi paciente, y me dejo porque no supe ayudarlo...

— ¿Eres doctor? Supongo que eso debió doler.

—Dolió más de lo que imaginas, es la segunda vez que no puedo ayudar a alguien en especial...

— ¿Y la primera?

—A mí mismo. — Soltó una leve carcajada antes de tomar la almohada y cubrirse el rostro.

Estaba frustrado, con un nudo en la garganta y ganas de llorar. Había fallado en algo importante.

Hacia dos semanas que termino su relación con Yuri y dos semanas en que su cuerpo no se contenía. Lo intentaba, pero con la depresión a flor de piel, terminaba en un bar buscando desconocidos al menos tres veces a la semana. Mientras que recordar a Yuri llorando lo desgarraba enormemente, preguntándose una y otra vez que es lo que debo haber hecho.

El no cooperaba, seguía sumido en la misma negación queriendo guardar silencio. Estaba asustado, no podía olvidar las expresiones de Yuri, recargado hasta la esquina del gran sofá, encorvado sin quererlo mirar de frente. Como si le tuviera miedo...

La cara de alivio que duraba solo unos segundos una vez que lo abrazaba, antes de comenzar a temblar nuevamente y terminar repeliéndolo, queriendo volver a tomar distancia para regresar a su rincón.

Era injusto, muy injusto, le había pedido que se alejara de él diciendo que no podían estar cerca, cuando realmente nunca se sintió estar cerca. Fue lindo el momento en que se había desmayado, y solo inconsciente consiguió romper la barrera de espacio personal que siempre le imponía.

— ¿Y por qué no intentas otra vez? — Pregunto aquella mujer interrumpiendo sus pensamientos. — Si no pudiste a la primera, toma un tiempo para que pienses como ayudarlo y vuelve a él cuándo estés listo.

—Yo... No sé por dónde empezar...

—Por el principio ¿No es obvio? — Rio burlándose.

— ¿El principio? — ¿Cuál era el principio?

El principio de Eros, se supone que Yuri tuvo su primer arresto a los diecisiete años cuando este apareció ¿Por qué fue que paso eso? Si Yuri nunca quiso contar nada de ese tema, Víctor tendría que buscar la respuesta por cuenta propia. Aunque sabía que Eros aparecía cuando estaba enojado, estresado o se sentía incapaz de defenderse.