La tarde había sido relativamente agotadora, Lilia y Plisetsky terminaron discutiendo por enésima vez en su consultorio y esta vez habían subido su tono más de lo habitual. Aquella mujer saldría de viaje y tendría que dejar a cargo de Yuri a un total extraño que lo acompañe a sus citas con el psicólogo. Mientras que aquel muchacho no paraba de alegar que ya era lo suficientemente grande para tener un niñero.

Por una parte era cierto, Yuri Plisetsky era un chico de mal carácter en medio de la adolescencia pero se sabía defender perfectamente, además era excelencia académica por gusto propio. No es como si lo fuese a dejar solo, seguía con su abuelo y dudaba que por un acto de rebeldía lo descuidara si se notaba que le tenía mucho aprecio.

Cualquiera que fuera el caso, Lilia a veces era exasperante. Nikiforov solo quería llegar a casa y dormir tranquilamente anhelando un poco de paz. Sin embargo, al llegar a su departamento sintió como la sangre se le helo al instante, al ingresar la llave para abrir la puerta y percatarse de que en realidad ya estaba abierta ¿Seria su imaginación?

Con los nervios de punta, abrió la puerta lentamente. Avanzando a paso lento con las luces apagadas en la espera de un ruido, hasta llegar a su habitación donde reconoció la sombra de un bulto oscuro en su cama y termino encendiendo la luz.

— ¡Víctor! — Grito Yuri entusiasmado para recibirlo. Estaba hincado en su cama desnudo, con las piernas semi abiertas mientras abrazaba una almohada que al menos Nikiforov no reconocía como suya, era color rosa con letras estampadas que decían "YES".

Si bien recordaba era de esas almohadas de pareja para indicar cuando quieren tener sexo.

Igual no sabía que era lo que le sorprendía más, que hubiese conseguido entrar a su departamento o el juego de orejitas de gato que tenía puesto... que incluía una esponjosa cola de gato que apostaba que tenía insertada por el orto ¿Era un dildo verdad?

— ¿Cómo es que entraste a mi departamento? — Pregunto primeramente.

—Si he de conseguir como entrar a tu corazón, debo saber primero como entrar a tu habitación. — Dijo intentando hacer una rima para posteriormente cubrir parte de su rostro con la almohada y abrazarla más fuertemente mientras se retorcía.

—Pareces algo... emocionado. — Eros tenía las mejillas con un bonito sonrojo que a la fecha no había visto en él, de no ser por el dildo le parecería bastante tierno.

—Víctor, dijiste que querías salir conmigo ¿Verdad? — Volvió a levantar el rostro mientras sonreía alegre. Maldición, sus ojos brillaban demasiado. — Esta es mi respuesta. — Le extendió la almohada con el gran letrero.

Víctor solo sonrió y dio un gran suspiro, acercándose a la cama para sentarse al lado de él y acariciarle la mejilla.

—Así es, quiero salir contigo, pero para ello necesito de tu aprobación.

— ¡La tienes! ¡Definitivamente la tienes! Y-yo quiero ser tu novio— De inmediato se abalanzó hacia a él para abrazarlo. Dejando atrás la almohada y remplazándola con su torso. — ¡Victooor!

Gritaba como si no lo creyera, estremeciéndose al sentir como las manos de Víctor lo sujetaron de la cintura, acariciándolo delicadamente mientras parecía estar midiendo territorio.

—No lo entiendes, sé que tengo tu aprobación pero necesito también la del otro, si los dos no están de acuerdo no podría hacer nada. — Eros pareció debilitarse con esas palabras, bajando sus brazos mientras mostraba una expresión de desilusión.

—Pero... Somos el mismo ¿Por qué no te basta mi aprobación? Realmente te quiero Víctor, quiero... quiero estar contigo, hacer el amor, que me saques de paseo, besos y eso...

—Entiendo lo que quieres. — Le levanto el rostro para volver a acariciar sus mejillas. — Pero si el otro no acepta, sentiría que estoy abusando de él ¿Entiendes?

— ¿Y qué hay de mí? No me gusta ser la sombra, no quiero desaprovechar esta oportunidad, sé que eres el indicado.

— ¿Por qué crees que soy el indicado? — Pregunto mientras lo sujetaba de manera delicada, tratando de hacerlo sentir cómodo y evitar hacerlo enojar.

—Bueno, no pareces ser mala persona, eres muy apuesto y además eres psicólogo. — Respondió inseguro. — Supe que eras Gay desde la primera vez que me acerque a ti y vi el bálsamo en tus labios, eso es muy homo... Pero sobre todo me alegro ver tu tarjeta, si eres psicólogo significa que tu no creerás que soy un fenómeno ¿Verdad?

—Entonces tu...— Creyó que fue solo porque era atractivo, no esperaba que hubiera pensado en su profesión. — Te estas dejando llevar por apariencias, no me conoces como persona. — Eros se recargo en sus hombros.

—El Víctor que he observado es un hombre maduro y amable, siempre has sido cuidadoso. No creo estar equivocado cuando digo que me gustas.

—De acuerdo, entiendo. Pero sigue siendo el mismo caso con el otro Yuri.

—Entonces lo obligare a decirte que sí. — Volteo molesto. — Si lo amenazo con salir con acostarme con otro seguramente te responderá que sí.

—Si lo obligas no aceptare su respuesta. — Víctor le frunció el ceño. — Debes aprender a respetarlo.

— ¿Cómo se supone que lo respete si no se respeta a sí mismo?

—Tienes razón, no se respeta a sí mismo, empezando por ti. — Eros le hizo un puchero, levantando sus manos para acariciarle el rostro.

— ¿Cómo puedes ser tan malo conmigo después de robarme un beso? — El azabache se empezó a acercar a su rostro lentamente.

—Le robe un beso a Yuri no a ti. — Víctor lo sujeto de la mejilla.

— ¿Ves que si eres malo conmigo?

—Tengo que ser justo con ambos. — Después de analizar detalladamente la bonita cara del japonés, Nikiforov comenzó a acercar su rostro de la misma manera en que Yuri, tratando de leer sus pensamientos mientras lo miraba directo a los ojos, hasta que finalmente, después de sentir su respiración rosándole, se atrevió a darle un beso.

No le importaba el contacto descarado, no se sentía restringido por su conciencia para besarlo. Si era lo que Eros quería, le robaría el aliento de manera seductora, sorprendiéndolo al atreverse a introducir su lengua. Bienvenido al mundo de los adultos.

Dejándose llevar, Víctor comenzó a jugar con la lengua del contrario, notando como se debilitaba. Un mordisco tras otro, saborear la saliva ajena ¿Quién le diría que estaba mal lo que hacía? Después de darle un respiro, volvió a unirse con más fuerza mientras recostaba a Yuri contra la cama, notando la reacción nerviosa y acelerada que le estaba provocando.

—Para ser primerizo besando, no lo haces tan mal. — Le susurro Víctor al oído, mientras Eros no perdía el rubor de sus mejillas.

—He practicado con revistas. — Le respondió sonriente.

Víctor le separo el par de piernas delgadas, provocando que el azabache se emocionara más, ayudándolo a sujetarlas y mostrándole sus blancos glúteos. Sin embargo, no hubo caricia alguna de parte de Víctor, el hombre solo sujeto la cola peluda y la saco lentamente. Notando como la entrada rosada de Yuri quedo dilatada y palpitando.

No había tenido sexo en una semana. Fue lo primero que pensó al sentirse incitado por el cuerpo ajeno.

Dejando a un lado el miembro pequeño, Yuri era hermoso en el resto de los sentidos, el color de su piel, la delgadez de sus caderas, la forma de sus glúteos las facciones de su cara. Pequeños y grandes detalles, por donde quisiera verlo era atractivo.

Después de dar un suspiro, le retiro las orejas de gato negras que tenia de adorno y lo cubrió con una sábana, matando al instante las ilusiones del japonés.

— ¿Víctor? — Pregunto mientras trataba de descubrir su cuerpo.

—Listo, esto es lo justo, los bese a ambos ya no puedes quejarte.

—Espera yo quería más, quiero hacer cosas pervertidas contigo.

—Lo siento Eros, pero no me puedo permitir hacerlo sin consentimiento del otro.

—Pero el beso fue sin consentimiento de él, así que también puedes hacerme más cosas.

—Te equivocas, puedo robarte un beso pero el sexo sin consentimiento es violación y eso es ilegal. Sé que tú quieres hacerlo, pero si no lo hago primero con él, seria problemático ¿Entiendes?

—Víctor, llevo esperando mucho por eso. Él no sabrá si lo hacemos, vamos aunque sea un poquito. — Eros se descubrió nuevamente para volver a acomodarse y abrirle las piernas mostrándole su rosado y aún dilatado ano. — Solo déjame saber que se siente.

—Lo siento. — Se disculpó mientras se levantó de la cama. — La primera vez es muy importante, así que si él no quiere no podré hacerlo, solo tienes que esperarlo.

— ¿Y qué hare si dice que no?

—Al menos podemos ser amigos— Eros agacho la mirada temiendo a la inseguridad que tenía normalmente, era mucha y el paso de los años no había logrado que se recuperara. Si lo rechazaba probablemente tendría que esperar más años para volver a encontrar a alguien para intentarlo. — No estés triste.

—Me frustra, me frustra demasiado que siga igual. No podre seguir así siempre, él no sabe defenderse, ni cuidar de sí mismo, mucho menos darse oportunidades.

—Lo sé, mientras siga siendo así te necesitara. — Le sonrió Víctor. — Escuche lo del día de la graduación del colegio, explotaste en medio de la fiesta.

— ¿Y qué? ¿Se supone que debería seguir llorando en un rincón después de lo que me hicieron mientras ellos se divertían por haberse graduado? Claro que no, lo mínimo que debería hacer era arruinarles la fiesta.

— ¿Y qué paso con Yuuto? — Pregunto curioso.

—Lo primero que hice fue bajarle los pantalones junto con la ropa interior frente a los demás. Le patee las bolas, debiste verlo... — Sonrió.

— ¿A si? Cuéntame más — Víctor aprovecho para volver a cubrirlo. — Yuuto había conseguido una novia, debiste ver su reacción cuando empezaron a burlarse de él, si crees que yo lo tengo chiquito, el de Yuuto estaba aún más.

— ¿Trajiste ropa verdad? ¿Qué te parece si mejor te pones algo y te invito a cenar algo afuera? Ahí me cuentas todo lo que paso.

— ¿Cómo una cita? — Pregunto entusiasmado.

—Si, como una cita.

O como una manera de tranquilizarlo y conseguir que se pusiera ropa encima antes de ceder a realmente tocarlo. Si había algo que lo excitaba, era la manera en que una entrada anillada de color rosado palpitaba como si le dijera "tienes que entrar dentro de mí"

Eso sí era hipnotizante y tenía miedo de perder la cordura a causa de la abstinencia y la pequeña y rosada flor reluciente de apariencia dulce.

Joder, necesitaba un escape.