— ¡Él tiene una moto! — Gritaba Plisetsky entusiasmado. — También dice que le gustan los osos y criaturas salvajes, es DJ los fines de semana en un club nocturno, le gusta el Rock ¡Y es tan cool!
—Ah... si, debe ser un chico genial. — Víctor trataba de seguirle la corriente.
— ¡Tiene una moto! — Volvía a repetir por enésima vez mientras se remolineaba en el sofá con las mejillas sonrojadas. — Es que no entiendes, tienes que verlo para que comprendas lo cool que es ese sujeto.
—Al menos Lilia te dejo un buen niñero antes de irse de viaje. — Rio Víctor al notar como Yuri se desahogaba como una chica enamorada.
—Pero es un muy buen tipo, estudia en la universidad de Tokio y tiene buenas notas, por eso Lilia lo escogió, y es que es tan cool.
—Sí, ya lo habías mencionado...
—Becka vendrá a recogerme al terminar la cita, me prometió que volveríamos a casa en su motocicleta.
— ¿Becka? Creí que su nombre era Otabek.
—Solo yo lo puedo llamar Becka y el me llama Yura. — Comento con orgullo.
—Vaya que se hicieron buenos amigos muy pronto.
—Los tipos geniales podemos entendernos mutuamente con facilidad. — Sonrió como si hubiese conseguido una gran victoria.
Ah por dios, tenía catalogado a Yuri Plisetsky como un chico maduro a pesar de ser violento pero durante este día se había rebajado al nivel de un niño creído cualquiera.
—Entonces cuéntame ¿Lilia sabe de la motocicleta?
—Eso es un secreto, a la vieja le saldrían canas verdes de enterarse. — Yuri se levantó del asiento e ignorando a Víctor le paso por un lado para asomarse por la ventana— Becka no debe tardar.
Pego las manos sobre los cristales mientras se asomaba hacia los lados en búsqueda de su niñero, mirando de manera inquieta.
— ¿Y físicamente como es Otabek? — Víctor suspiro en el mismo lugar donde estaba sentado, imaginando sus cristales marcados por las manos del otro ruso.
—Es moreno, su corte de cabello es genial, parece estilo militar. — Suspiro Plisetsky. — No es alto, es un Kazajo.
Víctor sintió sus pensamientos interrumpidos de golpe al escucharlo, mientras una escena morbosa llego a su mente.
—Espera, espera ¿Con Kazajo te refieres a que es de Kazajistán? — Se levantó de inmediato del lugar.
—Eh... sí.
Por una puta mierda bien cagada, los Kazajos son hombres de pene enorme.
—Oh dios... Entonces... Vendrá por ti ¿No es así? — Tenia que conocer al tipo de miembro prodigioso.
—Sí, no debe tardar. — Plisetsky no apartaba la mirada de la calle. Mientras Víctor se cubría el rostro, le iba a dar un tic, solo esperaba no hacer un mal comentario por error ni propasarse por más que le diera tentación el paquete sorpresa. — Oye, por cierto Víctor...
— ¿Si? — Víctor inhalo y exhalo profundamente antes de voltear.
—Hay un tipo sospechoso afuera cruzando la calle. — Señalo. — Lo vi cuando recién llegue hace más de una hora, estaba detrás de un poste. Sigue ahí, se asoma de vez en cuando y se vuelve a ocultar.
— ¿Sospechoso? — Pregunto Víctor mientras trataba de adivinar quién era, había visto a Richard hace poco por las calles y temía a que se tratara de acoso.
—Sí, está mal vestido, parece un costal de papas.
Ah, era Yuri.
—Ah, creo saber de quien se trata. — Rio mientras se levantó para asomarse también por la ventana.
— ¿Estas bien con eso? Puedo meterle una paliza para que no te moleste, no tengo problema con ello.
—Te pediré de favor que no lo molestes, es inofensivo y si es ofensivo creo poder controlarlo.
— ¿Eh? — No entendió.
—Nada, no me molesta que venga aquí, estoy esperando a que entre... Ya que por lo visto si tiene interés de hacerlo.
— ¿Es uno de los locos que te visitan?
—Sin comentarios. — Suspiro mientras lo observaba atento, pensando si sería correcto gritarle por la ventana para que se diera cuenta de que sabía que estaba ahí. Probablemente le debería dar tiempo para que tenga valor.
—¡Becka! ¡Aquí estoy! — Yuri Plisetsky abrió la ventana y grito fuertemente al observar a un sujeto acercándose por la calle en motocicleta, casi rompiéndole los tímpanos a Nikiforov y regresándolo a los pensamientos anteriores.
Maldición, la llegada de pene grande espanto a pene pequeño.
Después de ver la expresión de Plisetsky se percató de que tenía el interés de arrebatarle el posible amor del rubio nada más por putear una noche, con la desventaja era que él ni siquiera lo conocía y la ventaja era que al menos si era legal para él.
«Yuri Plisetsky, ruega porque el costal de papas llegue a mi consultorio antes de que trate de ligarme a tu apetecible niñero»
