Nota de la autora: otro drabble que pertenece a la colección del Kinktober :)
Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro.
Desde que tenía memoria estaba obsesionado con el tema. De pequeño le gustaba ver a las mujeres comiendo paletas de todo tipo, sin prestar atención real a la golosina. Creció y con él su necesidad de estimular sus propios labios con diversas cosas, por eso comenzó a fumar; odiaba el sabor del filtro y la nicotina lo adormecía, pero el sentir algo entre sus labios y manipularlo con ellos le dio un placer que no logró experimentar de otra forma, más que cuando lamía y mordía los pechos de alguna mujer.
Quizá era un problema psicológico derivado de la ausencia de una madre lactante; eso explicaría su gusto por los pechos femeninos y su fijación con la boca, o eso es lo que decía un tal Freud en sus libros. Realmente no le interesaba investigar más sobre las causas, siempre que no volviera un impedimento en su trabajo de mercenario le era irrelevante. Varios de sus hombres tenían fetiches más enfermos o inusuales, así que estaba bien con eso, hasta que la conoció.
Seras Victoria se volvió una obsesión para él y no solo por sus enormes pechos o torneadas piernas. Poseía unos labios carnosos y sonrojados que a menudo se abrían con la punta de sus colmillos; tenía que usar todo su autocontrol para no arrojarse sobre ella y lamer la sangre. Al tomar un objeto con la boca para tener las manos libres, Pip alcanzaba una excitación mental como nunca la había experimentado, era entonces cuando se disculpaba y retiraba un momento al sanitario, para terminar lo que la draculina iniciaba de forma inocente.
Llegó un punto en que ya no pudo más, tenía que sentir esos labios con los suyos, aunque fuera a la fuerza, aunque solo llegaría a eso, un fugaz beso. Coincidió con el inicio de su guerra y lo pidió como último deseo, el anhelo inocente de alguien que sabe va a morir, pero Seras no cayó en su engañó.
- Te besaré, así me costé la vida.
Y así fue. Tuvo que dejarse herir de muerte para tomarla desprevenida y al fin juntar sus labios, sentirlos con su lengua, darles pequeñas mordidas y todo en un beso, el primero de Seras, el último de Pip, el que llevó consigo el mejor orgasmo que experimentó en su vida, antes de perderla
