La serie Hey Arnold y sus personajes no me pertenecen en lo absoluto =)

Espero y les guste.

Si esto fuera el Cielo, lo viviría por siempre contigo. Tus brazos, tu olor, tu cariño, tu cuerpo pegado al mío, tus lágrimas, tu corazón palpitando, tu respiración débil y tus labios diciendo mi nombre. ¡Esto tendría que ser el Cielo, estar contigo tendría que serlo!

-Arnold... yo- Dijo Helga con voz entrecortada.

-Helga, mi abuelo..-El pobre Arnold no lograba siquiera decir una oración completa. Era como si se estuviera aguantando todas las ganas que tenía de explotar en lágrimas.

-Todo estará bien.-Los brazos de Helga aferraban el cuello del muchacho hacía ella. Tenía que calmarlo y asegurarse de que volviera a sonreír.-Arnold, él estará bien. Es una persona muy fuerte.

Él se separó un poco de ella, tratando de creer lo que le decía.

Fue ahí cuando se dio cuenta de lo hermosa que se veía su mirada cuando la compasión se apodera de ella.

-Tienes razón, Helga.-Secó las lagrimas traviesas rápidamente esperando que ella no se hubiese dado cuenta. Y se sentaron los dos de nuevo para comer algo y platicar.

-¿Te encuentras mejor?-Dijo ella antes de tomar un poco de su licuado.

-Sí, gracias.-Sonrió- Es sólo que mi abuelo, bueno verlo así fue algo que no.. no… no estaba preparado. Jamás creí yo que…-hizo una pausa para calmarse.- Es una situación difícil, Helga.

-Tranquilo, cabeza de balón. Ya verás que tu abuelo saldrá de esta.

-Gracias.- el chico le sonrió. De verdad se estaban llevando bien y eso le encantaba. Helga siempre había sido una persona sumamente interesante para él y conocerla lo mantendría distraído de todas sus inquietudes y tristezas. Era como si la situación se hubiese dado en el momento perfecto. Pasaron unos cuantos minutos mientras hablaban de la escuela y cosas sin importancia; Arnold pidió un jugo de naranja y unos hot cakes, tenía muchísima hambre y los necesitaba. Helga lo vio comer y se sorprendió al comprobar que hasta en esa actividad Arnold se veía sumamente guapo. Se odiaba por no dejar de pensar en eso y constantemente tenía que pellizcarse para dejar de verlo.

-Oye Helga, por cierto.-Dijo Arnold tranquilo.- ¿Cómo supiste que estaba aquí?

-Bueno Arnold, estaba caminado en el parque y te vi corriendo hacia acá. Entonces pensé que quizá algo malo te había sucedido y me preocupé. Así que vine y cuando llegué pues tu ya habías entrado y yo-Arnold la interrumpió.

-¿Tú... te... preocupaste… por mi?-Preguntó incrédulo.

" Ay Helga ¿Cuándo aprenderás a cerrar la boca?" Se decía una y otra vez la rubia.

-Sí Arnold, somos amigos ¿Lo recuerdas?-Dijo un poco nerviosa y tratando de que el chico pensara que solo era un interés de amistad lo que ella sentía.

-Cierto.-Recordó Arnold y no tenía idea de por qué pero se sentía algo triste.-Qué bueno que estás aquí; nadie sabe lo de mi abuelo, porque no quería preocupar a nadie ni siquiera Gerald.

-Si lo hubiera sabido antes, te hubiera ayudado en todo lo que hubiese podido, Arnold.

Helga se sorprendió de la sinceridad con la que había dicho eso. Esto de ser amiga de Arnold se le daba muy bien, podía hablar con él de lo que fuera y inclusive podía abrirse un poco. Así que haber decidido ser por lo menos su amiga, fue una gran elección. Platicaron como 1 hora acerca de las calificaciones, de las vacaciones, del día. Temas para nada incómodos y sumamente casuales. Pero llegó el momento de despedirse.

-Gracias por haber venido, Helga.-Sonrió Arnold mientras los dos salían del hospital.

-Para eso están los amigos.

-¿Quieres que te acompañe a tu casa? Digo, para que no te vayas sola… ya es noche y pues…-¿Por qué rayos Arnold se había puesto nervioso al decirlo?

-Claro, gracias.-Una sonrisa honesta y grande se vio en el rostro de la joven.

Iban caminando por las calles de la ciudad, contemplando el paisaje, admirando el olor de las flores mientras todo duerme; bañando el aire de sus respiraciones, coloreando el mundo con sus voces. Convirtiendo cada segundo en una frase y cada frase en una sonrisa. Era como si todo lo que jamás habían platicado quisiera salir de golpe.

-Helga, es genial hablar contigo.-Dijo con sinceridad el chico.

-Lo mismo digo cabeza de balón.-Llegaron a la casa de la joven.-Bueno, muchísimas gracias por haberme acompañado.

-De nada Helga, ha sido divertido. Oye recuerda que el lunes saldremos.-Señaló Arnold sonriendo.

-Así es, cabeza de balón. Prepárate, que iremos a la feria que está en la ciudad.

-Nos vemos entonces, que disfrutes el fin de semana.-Rió mientras caminaba hacia su casa.

-Igualmente.-Sonrió Helga mientras se metía a su hogar.


LUNES

El fin de semana pasó con rapidez. Helga no pudo salir porque Olga llegó y sus padres decidieron que sería un fin de semana familiar. Pobre Helga, pero tenía que aguantar. Faltaba poco para volver a ver a Arnold y lo mejor: pasar con él, tiempo de calidad.

En la escuela todo fue algo extraño. En los cambios de clases, Arnold y Helga platicaban sumamente entretenidos. Bueno, para ellos no era extraño, pero para los demás un poco. El punto es que ese día marcaba el inicio de su verdadera amistad y por nada del mundo iban a desaprovecharlo. Ni siquiera las miradas de confusión mezclada con celos que provenían de Lila.

Cuando salieron de clases, Helga se despidió de Phoebe y se fue directo a su casa prometiéndole que le contaría cada detalle del día. Tenía que comer para después alcanzar a Arnold en la feria y pasar un día increíble. Cuando terminó de hacer todo, caminó con rapidez hacia el lugar acordado.

Y al verlo en la entrada esperando, no pudo evitar sonreír.

-Hola.-Dijeron los dos al mismo tiempo.

-¿Tienes mucho esperando?-Preguntó Helga.

-No, no te preocupes.

Primero Helga decidió ir la montaña rusa para probar su valentía. Después, a los carritos chocones para demostrar su lado infantil. Después se subieron a un juego que los volteaba de cabeza para ver quien aguantaba sin vomitar. Seguido de eso, entraron a la casa del terror para tener una perfecta excusa para no separarse de él. Al final, se metieron al laberinto de espejos para enseñarle al rubio que si se iban a perder, lo harían juntos. En medio de tanta diversión, las tristezas y preocupaciones no existían.

Para el final de la tarde, ambos estaban exhaustos y se detuvieron a comer algo en la feria. Estaban sentados esperando a que les llevaran su comida y veían a todos divertirse en aquel lugar. Los niños corrían de un lado a otro y la música inundaba el lugar.

-Ha sido de lo mejor, Helga.-Rió Arnold.-Hacía mucho que no me divertía tanto.

-Lo sé Arnold, gracias.

-Gracias a ti.

La acompañó de regreso a su hogar y en el camino iban riéndose el uno del otro de las caras de miedo y mareo que tenían durante los juegos fuertes. Caminaron hasta la casa de la rubia y llegó el momento de decir adiós.

-Fue excelente, Helga. Deberíamos hacerlo más seguido.

-Hey, mañana iremos a otro lado, recuérdalo.-Dijo ella riéndose.

-Tienes razón. Bueno, que descanses.

Arnold se acercó lentamente y le dio un beso en la mejilla mientras sostuvo por un segundo su mano. Un escalofrío recorrió en menos de un segundo el cuerpo entero de ella, frenó su cerebro y derritió su corazón. Él se separó rápidamente al notar que quizá se había pasado un poco. ¿Por qué su mano había cobrado vida propia y sostuvo la de ella por un momento? ¿Estaba ocurriendo algo extraño en él? ¿Estaba cambiando? No, solo podía ser la emoción de que ahora ya eran amigos… o eso se obligaba a creer.

Por último antes de irse le dedicó una sonrisa a su amiga y se alejó perdiéndose en la oscuridad de aquella noche. Ella tocó su mejilla y sintió de nuevo los labios del rubio en su piel.

Sí, definitivamente esto es el Cielo.

Gracias por leer :D!

Y gracias a todos los que leyeron y comentaron, a los que no lo hicieron y a los que lo disfrutaron. Me emociona mucho leer sus reviews y me sirven muchísimo para mejorar. Lamento haber tardado tanto en continuar la historia, pero la escuela me trae frita! Jajaja Espero que se encuentren muy bien y que les guste lo que escribo. Sus opiniones cuentan y me sirven.

Cuídense mucho!

_ Just a good dream.