Muchas veces, incontables veces, me he sentido tan insegura de mí misma. Como si la versión que ofrezco no fuese suficiente. Me siento marchita y sola, enojada y angustiada, dolida e incomprendida. Sé que puedo ser increíble, pero no me dan la oportunidad de demostrarlo. ¿O soy yo la que no lo permite? Pocos han sido capaces de verme con ojos diferentes, de ver quien realmente soy. Muchas veces, incontables veces, me he escondido, me he reservado mis opiniones e ideas, por miedo al rechazo. Muchas veces, incontables veces, me he arrepentido de ser como soy, de mi agresividad y mi mal humor, pero no sé cómo pedir perdón.

MARTES

Al día siguiente, Helga seguía sonriendo. Hasta sus padres se asustaron al ver que no se veía malhumorada y que saludaba a su hermana mayor. No era un saludo afectuoso, pero por lo menos era un saludo. Se sirvió un poco de cereal y sin terminarlo, se fue a la escuela. Llegó y su amiga Phoebe ya estaba ansiosa por los detalles.

-Helga, no me has contado nada. ¿Qué pasó ayer?-Sonreía.

-Tranquila, Phoebs. No fue nada de otro mundo.-Helga sabía que sí había sido algo de otro mundo. Es más, algo de otro Universo. Pero no quería hacerse ilusiones, no podía. No estaba siendo pesimista o insegura, simplemente estaba siendo realista. Necesitaba empezar a proteger a los que más quería y ella estaba en primer lugar.

-Pero ¿Qué hicieron o qué?-La pequeña amiga no se daba por vencida, quería saber la verdad.

Estaban entrando al salón, cuando vieron a Arnold sentado en su lugar, platicando con Gerald. Los ojos del rubio encontraron a los de Helga y cambiaron. Brillaron.

-¡Hola, Helga!-Sonrió Arnold.-Hola, Phoebe.

-¡Hola, Arnold!-Respondió la rubia.

Gerald y Phoebe se quedaron confundidos. ¿Desde cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué había pasado? Probablemente el más impactado era Gerald, porque Phoebe sí sabía de esta nueva amistad, pero le resultaba extraño que lo hicieran como si nada, como si se conocieran desde hace años. Y sí se conocían desde hace años, pero no así. En ese momento se percató de lo mucho que Helga quería a Arnold. Todos los años de adoración, la unió a él de una manera peculiar.

Se sentaron los cuatro en sus lugares y después de Geografía, Historia y Ética, fue hora del almuerzo. Helga caminaba hacia una mesa, con su pequeña amiga interrogándola, cuando vio que Arnold se sentaba con Gerald en otra mesa. Helga estaba a un paso de sugerir que se sentaran con ellos, pero vio a Lila sentarse a un lado de Arnold. Un pequeño golpecito le sacudió el corazón.

Se sentaron apartadas de todos, como siempre y continuaron platicando.

En la mesa de Arnold, Gerald seguía esperando respuestas.

-¿Podrías explicarme de una buena vez, qué es todo esto, viejo?-Decía Gerald antes de tomar jugo de naranja.

-¿De qué habla, Arnold?-La voz de Lila los interrumpió. Llegó y se sentó con ellos. Gerald no pudo evitar una risilla.

Arnold pensó que no tenía porqué ocultarle nada a Lila. Chueco o derecho, ella era su novia y merecía saber la verdad. Además, no estaba haciendo nada malo…

-Ayer fui con Helga a la feria.-Le dijo tranquilamente.

-¿Helga, Helga?-Pestañeó dos veces la pelirroja.

-Sí, se va a ir de la ciudad y me pidió perdón por todo lo que había hecho. Así, que decidimos-

-Ay, Arnold-Lo interrumpió Lila-No tienes porqué darme explicaciones de nada, te entiendo. Eres muy dulce y muy bueno con todos. Y si dices que ya se va a ir, pues no hay problema.-Le dio un beso en la mejilla.

-¿Entonces no te molesta que esté con ella toda la semana?-Preguntó Arnold.

-¡¿Toda la semana?!-El timbre de voz de Lila subió un poco. Pero aclarándose la garganta y controlándose un poco, añadió:-¿No nos vamos a ver, entonces?

-Pues, ya se va a ir y de verdad la considero mi amiga. Te prometo que después vamos a estar juntos, ¿Sí?

-¿Me lo prometes?-Lila hizo una cara que le movió el corazón al rubio. Era Lila. La niña con la que había querido estar desde hace mucho tiempo. Y la quería, en verdad la quería. Lila no solo era bonita, era inteligente y con valores. Lila era, sin afán de ser grosero con nadie, casi perfecta. Pero, tanta perfección no podía ser perfecto. A Arnold le estaba faltando algo. Y se sintió mal de ser tan exigente, porque no quería serlo.

-Te lo prometo, Lila. La abrazó y le dio un beso en la frente.

A lo lejos, un par de ojos tristes veían la escena.

Cuando terminaron las clases, la actitud de Helga había cambiado considerablemente. Pero ella había aprendido a guardar sus sentimientos, porque le daba miedo ser frágil. En ese momento, sintió muchas ganas de golpear algo. Ni siquiera Phoebe sabía cómo había pasado ese cambio de humor.

-Helga… ¿Estás así por Arnold? ¿Te canceló la salida?-Pregunto nerviosa la pequeña amiga, esperando no enojar más a su amiga.

-No, Phoebe.-Cortante respondió Helga.

-¿Entonces?

-Nada, Phoebe. Ya me voy a mi casa, nos vemos luego.

Phoebe supo que tenía que dejarla sola un momento.

-¿Qué le pasó?-La voz de Arnold la sacó de sus pensamientos y provocó que diera un pequeño brinco.

-Arnold, me asustaste. No sé. Probablemente solo esté cansada.-Phoebe estaba protegiendo a su amiga. Ella entendía que Helga se resguardaba en su escudo de mal humor y agresividad porque no quería ser débil.

-Veré qué le pasa. Nos vemos, Phoebe.-Se despidió. Phoebe lo vio irse, caminando por la ruta que había tomado Helga. No sabía si eso era una buena idea, estaba casi segura que Helga estaba así por Arnold y no tenía la menor idea de cómo reaccionaría al verlo.

-¿Qué está pasando?-La voz de Gerald la asustó.

-¿Por qué todos me están asustando hoy?-Preguntó un poco exaltada.

-Tranquila.-Dijo riendo Gerald.-No fue mi intención. ¿Me puedes explicar qué está pasando?-La cuestionó el moreno.

-Creo que sé exactamente lo mismo que tú.-Se cruzó de brazos, preocupada por su amiga.

-Vamos por un helado y me cuentas, porque creo que yo no sé absolutamente nada.

-De acuerdo.-Phoebe sonrió a la sonrisa de Gerald. No le iba a contar nada.

Helga iba caminando, recordándose a sí misma el por qué no podía enojarse con Arnold, Lila o con cualquier otro ser humano en el planeta. No era culpa de nadie. Ni de ella. Helga sabía perfectamente que Arnold y Lila tenían una relación. Y por más que en sus sueños los ojos cálidos de Arnold siempre la veían a ella, tenía que entender que en la vida real así no era. Entonces no estaba tan segura de querer verlo ese día. Estaba a dos cuadras de su casa, cuando decidió que quería estar sola. Cruzó la calle y se fue caminando hacia el muelle. Quería estar ahí para comer algo, pensar y ver el atardecer. No quería que Arnold la encontrara, porque no estaba segura de poder seguir con esto. Se sentía mal porque se iba a ver muy grosera al esconderse de él, pero no podía verlo, ni escucharlo, ni nada.

Arnold la vio cambiar de ruta. La curiosidad lo invadió y la siguió.

Helga llegó al muelle y se sentó en una banca. Estar consigo misma era de sus actividades favoritas, le daba tiempo de pensar, reflexionar y conocerse más. Cerró sus ojos, sintiendo la fresca brisa e intentó tranquilizarse.

-Helga.-La voz de Arnold hizo que abriera sus ojos de golpe.

-¿Arnold, qué haces aquí?-La frase se escuchó rara. Era una mezcla de enojo, tristeza y un fuerte impulso por no ser grosera.

-Vine a ver qué hacías. ¿Me estabas dejando plantado?-Se sentó con ella.

-No, para nada. Sólo necesitaba estar sola por un momento.

-¿Todo está bien?-La vio con curiosidad.

-Sí.-Guardó silencio un poco- Arnold…

-¿Mande?

-¿Alguna vez has tenido que ocultar lo que sientes, lo que realmente quieres decir o hacer? ¿Te has sentido atrapado?

Arnold se sorprendió de la profundidad de los sentimientos de Helga.

-Sí, Helga. Muchas veces. Pero encuentro la manera de ser, decir y hacer lo que quiero, sin lastimar a nadie. ¿Te pasa algo?

-Me siento atrapada, Arnold. Mi familia, mis amigos.-Estuvo a un paso de decir "tú", pero mejor no. No quería hacerle daño, confundirlo o asustarlo.-Siento que no soy suficiente.

-Helga-Arnold le tomó las manos.-No digas eso. Estoy seguro de que si hablas con ellos de la manera en la que te sientes, todo se resolverá. Eres más que suficiente, Helga. Eres importante.

Los ojos de la rubia se llenaron de lágrimas.

-Perdón.-Se disculpó, mientras se tallaba los ojos y dejaba que el sentimiento ganara.

-No te disculpes.-Arnold vio caer a Helga. Era la situación más bizarra que jamás hubiese pensado vivir. Helga, llorando, ante él. Si tan solo supiera que era para y por él. La abrazó, buscando reconfortarla de alguna manera, como ella lo había hecho cuando fue al hospital. Sintió el aliento de la rubia en su pecho, mientras lloraba. Sintió, también, la lucha que ella tenía por no llorar. La abrazó con más fuerza. –Tranquila-Dijo con un hilo de voz. Esto también lo movía a él.

Cuando Helga se tranquilizó, se talló los ojos y dejó de llorar.

-Lo siento, Arnold. Creo que me dejé ir un poco. Por cierto, ¿Ya no te ha dado temperatura?

-No, ya no. Creo que me hace falta descanso, es todo. Y no te preocupes, Helga, yo también a veces me descontrolo, y más ahora con lo de mi abuelo.

-¡Arnold! ¡Qué egoísta soy! ¡Tu abuelo! ¿Cómo sigue?-Preguntó lamentando su descortesía y secándose las lágrimas.

-Bien, hoy iré a verlo.. Me da miedo entrar al cuarto donde está. Tengo miedo de no ser lo suficientemente fuerte para él.. Helga..-Arnold se quedó callado un pequeño momento y después añadió con algo de timidez: -¿Entrarías conmigo al cuarto?-Él creía que ambos se necesitaban en ese momento. Dudaba enormemente que alguien hubiera visto llorar así a Helga alguna vez en su vida, incluyendo a Phoebe. Y el asunto de su abuelo nadie lo conocía. Ese punto de sus vidas los unía de una manera diferente, se había creado un lazo de confianza digno de unos amigos de toda la vida. Y la verdad era que no quería estar solo y sabía que no podía dejar sola a Helga.

-Claro que sí.

Comieron algo en el muelle y mientras Arnold veía cómo su amiga recuperaba su estado de ánimo de la mañana, dos horas pasaron. Caminaron hacia el hospital y los recibió su abuela. Al parecer las cosas habían mejorado.

-El doctor dice que tuvo una mejoría estas últimas 24 horas. Que eso es una buena señal. –Sonrió, mostrando su cansancio.

-Abuela, vete a descansar, Helga y yo nos quedaremos aquí.

-Pero…

-No se preocupe, nosotros estaremos al pendiente.-Respondió Helga.

-Está bien, pero cualquier cosa, me avisan. –Arnold y Helga acompañaron a la abuela a que tomara una taxi y se fuera a la casa a descansar.

-Tu abuela está muy cansada.-Dijo Helga

-Sí, por eso ahorita que todo está bien, prefiero que descanse un rato. Creo que después vendrá alguno de los inquilinos a hacer la guardia.

Se sentaron en la sala de espera y con el ruido del hospital de fondo, comenzaron a platicar.

-Helga, ¿Estás segura que no pasó nada? Te sentí muy rara desde el mediodía en la escuela y tengo que ser honesto, no sé qué te pasó. Estabas tan callada, tan apagada. Entiendo que ya no quieres ser ruda conmigo, pero me asusté de que no lo fueras con nadie. No digo que no me guste cómo eres o cómo quieres ser, sólo que me preocupa que no estés bien.. no sé cómo explicarlo sin que pienses que estoy siendo grosero, créeme que no es mi intención.

Helga lo escuchó. Respiró tranquilamente.

-No pasó nada, Arnold. Sólo estaba pensando en mi familia. Creo que tengo muchas cosas guardadas y hoy las dejé salir. Necesitaba desahogarme, porque estaba a un paso de explotar.

-Tú sabes que estoy aquí para lo que necesites.

-Yo también, Arnold.

Se vieron en silencio. Pero no se veían los rostros, Helga podría jurar que se estaban viendo el alma. La mano de Arnold tomó la suya, otro choque de electricidad invadió su cuerpo. Y se sintió vulnerable, le quemaba la garganta de las ganas de decirle a Arnold lo mucho que lo quería y lo mucho que quería que estuviera con ella. Sintió reventar, quería huir ahí. Estaba en un momento tan delicado, tan frágil y puro con Arnold. Tenía miedo de seguir respirado y despertar. No quería desconectarse de Arnold, aunque eso significara estar desconectada de todo lo demás. Pero alguien lo hizo por ella.

-Arnold.. –La voz de Lila los regresó a aquella sala de espera del hospital.

-Lila-Arnold la vio con sorpresa. Él también había estado volando y acababa de aterrizar. Se puso de pie y caminó hacia ella.

-Fui a tu casa porque no te despediste de mí en la escuela y quería ver si estabas bien. Tu abuela iba llegando y me contó todo, así que vine corriendo a ver cómo estás tú y cómo está tu abuelo.-La voz de Lila era apagada. Lo que había visto no era grave, pero no le había gustado. -¿Por qué no me habías dicho nada?

-No te quería preocupar.-Arnold seguía hablando con voz firme, pero precavida. Tenía miedo de la reacción de Lila, la de Helga y la suya.

-Hola, Helga, perdón por no haber saludado antes.-Sonrió Lila.

-Hola, Lila.. –Helga tampoco sabía cómo reaccionar. Sólo sabía que ya no quería estar ahí.

-Me debiste de haber contado, Arnold. Soy tu novia.

La última frase sonó muy distinta en la cabeza de los tres. Por primera vez en mucho tiempo, Lila estaba realmente enojada.

-Perdón, Lila, no quise-

-No quisiste que me preocupara, pero sí se lo contaste a Helga, claramente.

Helga sintió que se derretía, esto era lo último que quería causar. Tenía una madurez suficiente como para haber dejado aquel juego de niños y celos atrás hace muchos años. Se levantó con calma y se despidió de los dos. Le dirigió una última mirada a Arnold y se fue.

Lila tenía los brazos cruzados.

-Yo-Empezó a explicar Arnold.

-No es por ella, Arnold. Helga es tu amiga y lo entiendo. Me molesta que no hayas confiado en mí.-Interrumpió Lila.-Soy tu novia, soy más que tu amiga. Tienes que confiar en mí, especialmente en este tipo de cosas. ¿Desde cuándo Helga se convirtió en esa persona para ti? O ¿Qué está pasando, Arnold? –Lila no era tonta.

-No pasa nada, Lila. Me da mucha tristeza que Helga se vaya, la conozco desde hace años. Además, ella tampoco está teniendo un buen momento.

Lila lo vio fijamente, procesando todas sus palabras. Tenía que admitir que sí sentía algo de celos. Los celos normales de una novia, pero celos al fin y al cabo.

-Bueno, no importa ya. –Se acercó y lo abrazó.-¿Cómo estás? ¿Cómo está tu abuelito?-Sonrió con calidez. Lila estaba segura de que aunque Helga fuera una buena persona, había dos cosas que hasta cierto punto la reconfortaban: primero, ella era Lila. Hermosa, inteligente, responsable, amable, amigable. Tenía muchas cualidades y pocos defectos. Y segundo, Helga ya se iba a ir. No quería ser mala, pero tampoco era tonta. Lila también había sufrido en su vida y por más buena persona que fuera, no se podía dejar pisotear por nadie.

-Ahorita pasaré a verlo. –Respondió Arnold.

-¿Quieres que entre al cuarto contigo?-Lila lo tomó de la mano. Arnold se quedó serio. Pensó un breve momento.

-No, Lila, no te preocupes. No creo tardar mucho, el abuelo siempre está muy cansado. No pasa nada.

En ese momento llamó la enfermera para que pudieran pasar las visitas que venía con el abuelo. Arnold se despidió de Lila y entró.

-Aquí estaré para cuando salgas, Arnold.

-Sí, lo sé.

Y entró al cuarto de su abuelo.

Pero muchas veces, incontables veces, he esperado este momento, porque cuando estoy contigo, todas las otras veces se hacen nada y mi presente se hace infinito.

Gracias por leer =)

Ya sé! Tenía AÑOS, literal, sin continuar esta historia, pero hace poquito dije: ¿Por qué no? Espero que les guste mucho, lo hice con el corazón. Y trataré de actualizar seguido, de verdad! Jajaja un abrazo a todos.

_just a good dream