Las rosas son rojas, la tierra es marrón

Si iba a que le rompieran el culo,

Le destrozaría el corazón.

Joder, estaba en un punto en el que si Eros se le ofrecía dudaría cinco minutos y luego le diría que sí. Ya incluso tenia ojeras que no podía disimular, además estaba embobado observando a Otabek mientras este charlaba con Yuri número dos y ni siquiera distinguía bien sus palabras ¿Estaba disimulando adecuadamente en que centraba su atención? Tal vez ni siquiera importaba, lo estaban ignorando totalmente.

— Muchas gracias por cuidar de Yuri. — Escucho la voz masculina dirigiéndose directo a él.

— ¿Huh? Ah, sí. Gracias a ti por el buen trabajo que estás haciendo, desde que Yuri está contigo parece que se esmera más en sus actividades. — Trato de darle un cumplido.

—No hago nada fuera de lo normal. — Suspiro Otabek mientras le hacia una reverencia al estilo japonés. — Bueno es hora de que nos retiremos, gracias por todo.

Otabek se dirigió hacia la puerta mientras Plisetsky lo seguía por detrás, con las mejillas ruborizadas como niño bueno. Definitivamente estaba enamorado ¿Debería tocar el tema con el posteriormente? Tal vez necesitaba apoyo moral para declarársele y así romper con la soltería del chico de verga grande.

Ay dios, le iba a doler.

...Qué envidia.

De acuerdo, últimamente estaba era más malpensado de lo habitual. Necesitaba un poco de aire libre o una buena ducha con agua helada que lo enfermara y le impidiera siquiera pensar o que su cuerpo sintiera algo. Aunque si el clima continuaba igual, solo necesitaba salir a la calle sin paraguas.

Unos segundos después de que salieran un grito sonoro alarmo al ruso, reconociendo la voz fuerte y molesta del joven rubio por la que salió de inmediato del consultorio. Dando vuelta por el pasillo antes de bajar las escaleras donde tanto Altin como Plisetsky tenían acorralado a Yuri, justo en la esquina de la pared contra el barandal de la escalera.

— ¡Responde! ¡¿Qué mierda quieres?! — Grito nuevamente Plisetsky al azabache quien solo empezó a temblar en la esquina, mientras sus ojos se empezaban a llenar de lágrimas sin conseguir decir nada.

— ¡Espera! — Víctor fue directo a separarlos, liberándolo de las manos de Plisetsky quien lo sujetaba con fuerza. — ¡No le hagas daño!

— ¡¿Ha?! Es un acosador, es el puto costal de papas que te estaba espiando por días. — Las lágrimas de Yuri comenzaron a brotar una tras otra más fluidamente mientras observo asustado a Víctor avergonzado de lo que acababan de decir.

—No es un acosador. — Víctor tomo a Yuri entre sus brazos mientras lo apretaba fuertemente y comenzaba a darle palmadas en la cabeza.

— ¿No lo es? — Pregunto Otabek asustado. — Disculpa, se veía muy sospechoso y...

—Tranquilos, no es nadie molesto. — Víctor empezó a mecer a Yuri mientras pensaba que debía hacer para que se le pasara el susto al azabache, esto estaba mal. — Amor ya pasó, todo está bien ¿Vale?

— ¿Amor? — Pregunto Plisetsky extrañado mientras Víctor se percató de que cometió un error al decirlo en voz alta.

—Él no es ningún acosador, es...— Volteo a ver a Yuri antes de decirlo, notando como sus mejillas se ruborizaban. — Es mi pareja.

Katsuki sintió un enorme hueco en el estómago al escucharlo, terminando por recargarse más contra el pecho de Nikiforov para que nadie viera su rostro. Más que asustado, termino nervioso ¿Estaba avergonzando a Víctor? Eso se lo ganaba por raro.

—Mis disculpas Víctor, no volverá a suceder. Vamos discúlpate. — Sujeto a Plisetsky para que diera un paso al frente y dijera algo.

—Tienes que estar jodiendo con que este sujeto es tu novio. Solo míralo... — Arqueo la ceja. — Casi se orina de miedo.

Las piernas del japonés empezaron a temblar más notoriamente mientras un nudo se apodero de su garganta. Tenía razón él era muy poca cosa como para salir con alguien como Víctor, era demasiado obvio, para alguien tan feo y raro era fácil confundirlo con un acosador.

—Por favor. — Víctor lo observo molesto. — Él es una persona muy especial para mí, te pediré que no digas cosas ofensivas sobre él. Si es mi amante tengo razones para ello.

—Yura, trata de ser más respetuoso. — Otabek le frunció el ceño. — Me disculpo por él, usted sabe que puede tener mal carácter...

— ¡Pero Becka!

—Discúlpate. — Le indico con tono fuerte.

—L-lo siento.

—Gracias. — Víctor suspiro mientras liberó un poco a Yuri de su agarre para quitarle los lentes y comenzar a limpiarle las lágrimas, dirigiéndole una sonrisa. — Ya todo estará bien, tranquilo, ya paso.

Otabek solo jalo a Plisetsky para que se retiraran, mientras este inflaba sus mejillas molesto. Una vez que los pasos por los escalones dejaron de sonar, Yuri destenso su cuerpo.

—Lamento lo ocurrido, él es un paciente con problemas de ira. — Le beso la mejilla antes de volver a tomarlo entre brazos y a girar en círculos.

—L-lo siento...— Se recargo nuevamente contra su pecho.

—Espero que no te moleste que les haya dicho que somos algo, no quería mentir. — Suspiro Víctor. — Aunque me extraña que vinieras aquí.

—Lo siento...

— ¿Paso algo malo?

—No... no fuiste ayer al... al trabajo. Tampoco mandaste mensajes, yo me...me preguntaba si estabas bien...

—Oh...— Víctor sintió un nudo en la garganta. — Lo siento, me dolía la cabeza y preferí regresar temprano a casa, lamento no haberte avisado.

No esperaba que se preocupara, ahora se sentía culpable por lo recién ocurrido.

—E-entiendo...

— ¿Puedo invitarte a tomar un café como disculpa? No tiene que ser en un local donde nos vea más gente, si quieres puedo preparar algo en la cafetera aquí en el consultorio o ir a mi departamento. Te llevare en mi auto y después puedo regresarte a casa más noche. —Yuri asintió con la cabeza.

Después de verlo respirar más tranquilamente, Víctor inhalo profundo y soltó el aire de golpe aliviado. Buscando la manera de mantener la sonrisa en su rostro para que Yuri se sintiera cómodo con su presencia.

—V-Víctor...— Yuri agacho la mirada. — Te... ¿Te avergüenzo?

—Claro que no cariño. — Lo sujeto de la cintura para luego acercar su rostro y besarlo, controlando su respiración y tacto para que Yuri supiese guiarse, sus pequeños e inexpertos labios no sabían lidiar aun con besos más profundos, por lo que buscaba ser lo más delicado posible.

—Gracias... gracias por no negarme.