Capitulo 18
-bueno, veras yo soy….-comenzó la mujer acercándose a ella-soy la mejor amiga de tu madre, bueno era la mejor amiga de tu madre-dijo la mujer seria.
Mel se quedo callada pensado, a los pocos segundos miro a la mujer.
-¿tu entrenaste a mi madre?-pregunto ella pensativa.
-no, yo fui educada para entrenarte solo a ti-explico ella.
-¿y qué se va hacer ahora?-pregunto Tsunade a la pareja, metiéndose en la conversación.
-pues, necesito unos días para reorganizar las cosas después empezare con el entrenamiento- explico la mujer mirando a la chica.
-ohh, ahora que me acuerdo, hoy es vuestra noche de bodas-soltó pícaramente Kakashi, provocando que los dos se sonrojaran a la vez poniéndose nerviosos,
El tío de Neji carraspeo nervioso llamando la atención de todos los presentes.
-¿Qué ocurre, tío?-pregunto preocupado Neji, su tío se acerco a él con semblante serio.
-veras, Neji, los del consejo del clan quieren que mañana les demos las pruebas que confirmen que se ha consumado el matrimonio-explico Hiashi despacio y cada vez más nervioso.
-¿Qué?-preguntaron los dos de golpe escandalizados.
-bueno, han pedido las sabanas y luego hacerles unas pruebas a Mel para saber si sigue siendo virgen o no-explico el todo sonrojado, al notar las miradas de todos dijo- ya sé que son métodos muy antiguos pero no puedo cambiarlo.
Los dos se quedaron sin habla mirándose el uno al otro.
Siguió la reunión sin que ninguno de los dos prestara atención a lo que decían, cuando termino la reunión, los Hyuga junto con Mel se despidieron de sus amigos y se dirigieron hacia la mansión del clan.
-ehhh, bueno esta noche la pasareis aquí, se os a asignado una habitación para vosotros dos y a partir de mañana viviréis en una casa del clan, que pertenecía a tu padre, Neji-explico Hiashi mientras entraban por la puerta de la mansión, Neji le miro sorprendido.
-¿una casa de mi padre?-pregunto asombrado ya que no se esperaba que su padre tuviera una casa allí, si tío asintió.
-te lo explicare mañana, ahora es mejor que vayamos a descansar-dijo el hombre un poco nervioso y haciendo sonrojar a los dos ya que se acordaron de lo que pasaría esa noche.
Su tío llamo a un sirviente para que les llevara a la habitación que les habían asignado.
-por aquí, por favor-dijo el hombre mientras se inclinaba en señal de respeto.
Los dos chicos nerviosos siguieron al hombre hasta la que iba a ser su habitación, cuando llegaron el hombre abrió la puerta y cuando ellos entraron la cerro para marcharse, los dos chicos se miraron nerviosos.
Mel se alejo de Neji nerviosa y se acerco a la cama.
Los cortinajes de la cama estaban abiertos en los laterales para atrapar y mantener el calor. Alargó una mano y acarició con los dedos una de las gruesas telas. Era un lujo que nunca había esperado disfrutar. Incómoda, se recostó contra los almohadones y pasó la mano por la sábana comprobando su suavidad.
La culpa le impidió disfrutar de aquello. Ella no se había ganado el puesto de esposa de Neji.
-¿me temes?
Mel dio un respingo al oír la voz de Neji cerca suyo. Era dulce y sedosa, como si estuviera hablando con una niña.
La culpa la sacudió, haciéndole difícil levantar la cabeza. Aquel hombre no merecía a alguien como ella, ya que ella le traería problemas, pero su orgullo le exigía que no le permitiera pensar por más tiempo que era una cobarde.
-No es el miedo a tu contacto lo que me hace rechazarte.
El Hyuga avanzó lentamente por el suelo hasta llegar a su lado. La estudió, y sus ojos se demoraron en su pelo.
Le tocó el pelo, acariciando con delicadeza un rizo del peinado que le habían hecho para la boda.
Al ver la expresión de placer que sobrevoló el rostro masculino, Mel se sintió hermosa, algo que nunca había experimentado.
-A pesar de la timidez que mostraste, hay mucha pasión oculta en tu interior. -Sonaba divertido ante la evidente firmeza de su carácter. Aquello la sorprendió. Incluso algunos de los más humilde se negaba a reconocer el valor de su esposa
-No puede hacerte feliz descubrir eso.
-¿Crees que no? -El Neji se rió entre dientes. Mel se percató de que no llevaba la banda en la frente y al igual que en algún momento se la debió de haber quitado.
Los labios de Neji se curvaron en una sonrisa y su rostro reflejó una evidente satisfacción.
-Hay una diferencia entre la pasión y el resentimiento.
Él la aprobaba; podía percibirlo en su voz. Mel se mordió el labio inferior incapaz de reprimir su alegría ante el elogio. Era importante para ella porque venía de un hombre al que había llegado a admirar. Neji trabajaba tan duro y era un hombre que sabía llevar con dignidad las responsabilidades que conllevaban estar en su clan.
La atención del Hyuga se desvió de pronto hacia los pechos de Mel, demorándose en su plenitud bajo la fina ropa que llevaba. Al percatarse de ello, la joven se sintió cohibida y muy consciente de que estaban solos. En su dormitorio.
Neji frunció el ceño. Apoyó una rodilla en la cama y evaluó su reacción. Una oleada de sensaciones recorrió los brazos desnudos de la joven, haciendo que se le erizara el vello; una respuesta que no pasó desapercibida a los ojos de su esposo.
El cuello de su camisa estaba abierto, dejando entrever su piel y los fuertes músculos de su pecho. Se recostó contra las almohadas junto a ella, provocando que el armazón crujiera cuando recibió su peso. Sus movimientos eran precisos e irradiaban poder, haciendo que Mel se sintiera indefensa. Tenía que reconocer que era realmente excitante ver cómo su gran cuerpo invadía su cama. Era algo de lo que había oído hablar durante muchos años; y el hecho de que le hubieran advertido que lo evitara había conseguido que se convirtiera en una sensación casi mágica.
Como si nunca pudiera suceder verdaderamente excepto en sus sueños. Pero entonces el olor de su esposo llegó hasta ella; era muy real y completamente diferente al de los pocos muchachos que había conocido en su aldea, que no se acercaban a ella por miedo a su padre. Pero Neji... Neji encarnaba todo lo que ella había soñado en un hombre. Estaba convencida de que él nunca temblaría de miedo... nunca.
-yo… -Mel fue incapaz de seguir hablando cuando él alargó el brazo hacia ella, haciéndola temblar de anticipación.
Anhelaba su contacto con todas sus fuerzas. La necesidad de que la hiciera suya consumió su vientre y se extendió por todo su cuerpo. Sintiendo que una fuerza interior la arrastraba hacia él, alzó el rostro en busca de sus besos. Neji le acarició suavemente la mejilla y la joven dejó escapar un suspiro entrecortado. Pero al cabo de unos segundos, abrió los ojos con inquietud para descubrir por qué no seguía acariciándola. De inmediato, recuperó el control sobre sí misma y se sintió llena de desconfianza.
Neji le acarició el labio inferior con el pulgar, provocándole una dulce sensación que se extendió rápidamente por su piel. Fluyó descendiendo hasta sus pechos y la hizo desearlo aún más. Los pezones se convirtieron en duras cimas que rozaban la fina tela de la camisola y su corazón latía con fuerza contra las costillas, pero exteriormente, parecía increíblemente serena.
La besó, deteniendo la réplica que brotaba de sus labios y envolviéndola en sus brazos para obligarla a tumbarse en la cama. Se colocó sobre ella para impedir que escapara, sosteniendo parte de su peso sobre los codos al tiempo que usaba la punta de la lengua para juguetear con su labio inferior. Mel se estremeció, incapaz de contener el torrente de sensaciones que recorría su sangre. Aquello no podía estar sucediendo. La cama parecía un paraíso oculto en el que poder olvidarse de sus preocupaciones.
Jamás hubiera imaginado que sería capaz de sentir aquello en los brazos de un hombre. A pesar de la dureza del cuerpo del Hyuga, su abrazo era suave. No obstante, se retorció tratando de liberarse, pero él la controló fácilmente con su cuerpo.
El olor de Neji colapsó los sentidos de la joven mientras devoraba su boca. Sujetó su mandíbula para mantenerla inmóvil y su lengua la provocó hasta que la joven respondió a sus caricias.
Sus duros pezones se pegaron a su poderoso torso y aquella sensación la abrumó. De repente, tenía demasiado calor con aquella ropa y sentía la prenda áspera sobre la piel.
Lo mismo le sucedía respecto a la camisa de Neji, así que tiró de ella buscando la piel que tan sólo había vislumbrado. El Hyuga abandonó los labios de la joven para iniciar un ardiente recorrido por sus pómulos y su mandíbula, haciendo que un dulce placer se extendiera como lava por las venas de Mel y obligándola a arquear la espalda para acercarse más a él. Neji le besó el cuello con ternura una, dos veces, y le rodeó la nuca para mantenerla quieta mientras la mordía con extremo cuidado. A Mel se le escapó un murmullo de placer al tiempo que tiraba de su camisa, agradecida de poder sentir bajo sus manos aquellos anchos hombros que sus ojos habían admirado.
Las piernas de Neji estaban desnudas, pues no llevaba puesto el pantalón que en algún momento se lo había quitado, de modo que, al llevar ella únicamente el vestido, pudieron entrelazar sus piernas e incrementar así su placer. De pronto, la joven sintió que las manos de su esposo la abandonaban para apoyarse sobre el colchón a ambos lados de su cabeza. Neji alzó el rostro para contemplarla sin despegar sus caderas de ella, haciéndola sentir la sólida presencia de su duro miembro contra su estómago.
Mel tembló con violencia, presa del deseo. Oculto entre los húmedos pliegues de su feminidad, su clítoris palpitaba anhelante mientras el resplandor del mortecino fuego proyectaba sombras anaranjadas sobre su esposo, envolviéndolo en su calidez.
Hizo que levantara levemente las caderas y tiró de la frágil tela lentamente hacia arriba para después quitarle la ropa interior .A Mel no le importó quedar expuesta ante sus ojos; su piel suplicaba que la liberaran.
Nunca había ansiado estar desnuda, pero en aquel momento era una absoluta necesidad.
La mano de Neji ascendió por sus caderas y sus pechos mientras hundían una de sus gruesas piernas entre los muslos femeninos.
-Eres tan bella... Tan hermosa...
Mel no llegó a ver su expresión porque ya estaba pasándole la el vestido por la cabeza y los brazos, pero aun así, percibió la satisfacción en su tono. Su mirada vagó por todo su cuerpo al tiempo que el deseo tensaba su mandíbula y hacía temblar un músculo en su mejilla.
Cogió el borde de su propia camisa y se la sacó por la cabeza, dejando a la vista su torso en un único movimiento rápido y luego su ropa interior. Neji dejó caer entonces su peso sobre Mel de nuevo, antes de que la tela revelara la erección que ella había sentido pegada contra su cuerpo.
-Voy a hacerte mía.
Tomó sus pechos entre las manos, arrancándole un gemido de placer, y le rozó los pezones con los pulgares, sorprendiéndola al hacerle descubrir lo mucho que le gustaba que la acariciaran. -Y creo que lo disfrutarás. Sus labios sellaron cualquier comentario que ella pudiera hacer con un duro beso que utilizó para tomar el control de la situación.
Su lengua se hundió profundamente en la boca de Mel, en lo que fue una invasión que abrió una brecha en sus defensas. Sin embargo, la joven no protestó. Estaba inmersa en una marea de sensaciones y se dejaba llevar por la poderosa corriente, dispuesta e impaciente por descubrir cuánto más placer podría sentir. Se aferró a su cuello y jugó con la lengua de Neji, provocándole con la punta de la suya.
-Eso es, mujer, tócame.
Mel deslizó las manos por los poderos hombros de su esposo y él no pudo evitar un estremecimiento. Su torso estaba cubierto por un encrespado y suave vello que ella encontró muy varonil.
Sin darle tiempo a pensar, el Hyuga le dio un beso en el cuello y sus manos presionaron sus senos. Mel nunca se había percatado de lo sensibles que eran. Sin embargo, aquellas fuertes manos hicieron que la atravesara una oleada de intenso calor que recorrió con fuerza todo su ser. Sus pezones suplicaban que Neji mantuviera su promesa de saborearlos, y él cumplió. Amasó con delicadeza cada montículo y cuando su boca se acercó peligrosamente a uno de ellos, Mel abrió los ojos de par en par y se quedó sin aliento. La anticipación la hizo tensarse como un arco sin dejar de mirarlo un solo momento.
El largo pelo del Hyuga acariciaba suavemente la piel de la joven y cuando por fin tomó una de las duras cumbres en su boca, ella dejó escapar un áspero jadeo. Neji succionó profundamente el pezón, devorándola, marcándola con su calor. Indefensa ante lo que él le hacía sentir, Mel hundió los dedos en su pelo y dejó que el placer tomara posesión de su cuerpo, cubriéndola como la cálida luz del sol.
Neji se rió entre dientes al oírla gemir. Era un sonido que la joven jamás había emitido hasta entonces. Anhelante, ávido.
El Hyuga alzó la cabeza y ella jadeó por la pérdida. Se quedó mirándola a los ojos, estudiándola durante un largo momento.
-Esposa.
Había un profundo sentido de la posesión en su voz. Esa única palabra era más un grito de batalla. Le soltó los pechos y deslizó los dedos por el estómago. Los músculos de la joven se contrajeron cuando la hizo separar más las piernas, exponiendo la tierna carne de la unión entre sus muslos. Su gran mano vaciló sólo durante un momento sobre su pubis antes de deslizarse para acariciar los acogedores pliegues de su feminidad.
-Neji. -Mel sonaba jadeante, pero no sabía si era a causa de la conmoción o de la excitación. Jamás se le había pasado por la mente que alguien la tocara en aquel lugar.
Le acarició los húmedos pliegues hasta llegar al clítoris. El pequeño nudo oculto en la parte superior envió una sacudida de placer al vientre de la joven cuando él lo presionó. Un gemido surgió de ella cuando Neji se demoró en aquel tierno lugar, acariciándolo con dedos firmes.
Las caderas de Mel se elevaron en respuesta al movimiento de su mano sin que ella fuera consciente de ello. Sus pezones se endurecieron aún más y descubrió que le era imposible quedarse quieta.
Su cuerpo se retorcía al ritmo que marcaba el Hyuga, elevándose hacia él en busca de más. El fluido que evidenciaba la excitación de Mel cubrió los dedos de Neji, facilitándole la exploración de los sedosos pliegues.
La necesidad la consumía. Alargó los brazos hacia él y le arañó los hombros al tiempo que arqueaba la espalda. Su cuerpo clamaba por una liberación que ignoraba que existiera.
-Neji... -Mel no reconoció su propia voz. Sonaba forzada y ronca. Totalmente impropia de ella.
Pero él apartó la mano y ella golpeó juguetonamente su pecho a modo de protesta. El Hyuga se rió y sumergió un grueso dedo en el interior de su cuerpo. Una sensación de placer invadió entonces a la joven, que elevó el trasero para intentar hacer más profunda la penetración.
-¿Te gusta, mujer?
-Sí. -Y quería más, mucho más. Lo quería a él. Neji hundió en ella un segundo dedo, y luego retiró los dos para volver a introducirlos de nuevo. Lleno de deseo, levantó la rodilla para empujar sus muslos hacia arriba y así tener un mayor acceso a su cuerpo.
-Entonces, me tendrás.
Retiró los dedos y le abrió aún más las piernas. Temblando, Neji le aferró las caderas y empezó a abrirse paso en su interior.
Avanzó un par de centímetros con cuidado y el cuerpo de Mel se esforzó por adaptarse a él con todos y cada uno de sus tensos músculos.
Sin embargo, el Hyuga se mantuvo inmóvil, negándose a llenarla más.
-Estás demasiado prieta -masculló antes de retirarse.
-No me importa. -Se aferró a sus hombros, tratando de que volviera a penetrarla. No podía dejar de alzar las caderas pidiendo más porque, si lo hacía, se volvería loca-. Te lo ruego, no me dejes en este estado.
Neji empujó hacia delante con lentitud. El músculo en el lateral de la mandíbula empezó a vibrar al tiempo que su miembro se deslizaba más profundamente en su interior. Los músculos internos de Mel protestaron ante la invasión, pero aun así, sus caderas se elevaron para acogerle. Jadeando, hundió las manos en la amplia espalda del hombre que se cernía sobre ella mientras su cuerpo empezaba a aceptarlo. No estaba segura de si lo que sentía era dolor o no.
Sólo sabía que tenerlo en su interior sofocaba la fiera necesidad que ardía en su vientre. Deseaba que la embistiera profundamente.
Cuando lo hizo, su cuerpo protestó, pero le gustó sentirse llena. Un gemido roto salió de su boca al tiempo que se arqueaba hacia él.
Roto su control, enterró los dedos en su pelo para mantenerla inmóvil mientras capturaba su boca en un duro beso y mecía las caderas contra las suyas. Su miembro la abandonó por unos instantes sólo para embestirla con fuerza de nuevo. Esa vez el cuerpo de la joven ardió al llenarla él por completo, sumergiéndose totalmente en ella.
Mel intentó entonces echarse hacia atrás huyendo del dolor, sordo y punzante. Pero el peso de Neji la mantuvo quieta con su miembro hundido hasta la empuñadura en su interior. Mel dobló los dedos formando garras sobre sus hombros y jadeó, alzando la vista hacia el techo que había sobre ella. Le dolían los pulmones debido a que se había olvidado de respirar. Tomó una profunda inspiración y sintió que el dolor empezaba a transformarse en una molestia soportable.
Neji le dio un tierno beso en los labios, instándola pacientemente a que abriera la boca. Su cuerpo volvió a flexionarse, retirando su miembro hasta la punta antes de volver a introducirlo con suavidad. Le sujetaba el rostro con las manos mientras la besaba, negándose a permitir que hablara y pudiera romper así la magia del momento.
Empezó a embestirla en un movimiento constante, moviendo la cama delicadamente mientras permanecía tendido sobre ella, usando el peso de su cuerpo para sujetarla debajo de él. Toda la longitud de su miembro se deslizaba por el pequeño clítoris cuando se retiraba, haciendo que el placer de Mel aumentara gradualmente al tiempo que el dolor disminuía. Su cuerpo volvió a desearlo de nuevo, porque, a pesar de la incomodidad, le gustaba sentir cómo su carne la estiraba abriéndose paso en su interior. Neji le dejó un rastro de besos en la mejilla mientras Mel gemía con renovado deseo.
-Elévate para mí. -Su rostro volvía a cernirse sobre el de ella. Había un duro brillo en sus ojos-. Rodéame con las piernas. Mel obedeció sin pensar y la siguiente embestida hizo que una sacudida de placer aún más fuerte ascendiera por su cuerpo. Al sujetarlo contra ella de esa manera, el cuerpo de Neji ejerció más presión sobre su clítoris, así que la joven elevó las caderas para asegurarse de que lo recibía en toda su longitud. Quedarse quieta le pareció imposible. Deseaba salir al encuentro de cada embestida y mantenerlo bien apretado dentro de ella. Sentía como si él estuviese conteniéndose al penetrarla e intentó asegurarse de que hasta el último milímetro de su erección quedara alojado en sus entrañas.
-Más. -Ni siquiera estaba segura de lo que ansiaba, sólo sabía que no tenía lo que deseaba.
Neji se rió entre dientes, pero no fue un sonido agradable. Su cuerpo se meció contra el suyo, tomándola con fuerza. -Tendrás más, mucho más.
Neji incrementó el ritmo rozando su clítoris con cada embestida, y un suave gruñido escapó de sus labios cuando Mel acompasó sus movimientos a los de él, elevándose con cada penetración.
Su cuerpo recibía su miembro sin problemas hasta la misma base.
Se elevó sobre ella y apoyó las manos en el cabecero de la cama. Se volvió más exigente y empezó a poseerla con fiereza, moviendo la cama al tomarla, sumergiendo más profundamente su miembro con cada envite.
Mel aceptó el reto y elevó las caderas para tomarlo. El placer la cubrió como una densa niebla, envolviéndola. Podía sentirlo en cada milímetro de su piel desnuda. Los pechos le rebotaban con cada embestida y apenas escuchó cómo se le escapaba a su esposo un duro gruñido entre los apretados dientes.
Sintiendo que su cuerpo amenazaba con explotar, Neji hundió los dientes en su cuello. Buscando una salida a las abrumadoras sensaciones que habían tomado el control de su cuerpo, Mel movía las caderas frenéticamente para salir al encuentro del Hyuga. Le arañó los hombros, arqueó la espalda para pegarse a su cuerpo, y de pronto sintió que un placer devastador estallaba en su interior. Fue algo tan inesperado que hizo que se estremeciera salvajemente y que agitara la cabeza a un lado y a otro con violencia.
Tan sólo era consciente de la dura carne que invadía su cuerpo. Sus músculos internos intentaban aferrarla mientras temblaba debido al placer.
-Eso es -rugió Neji un instante antes de que su cuerpo se pusiera rígido y empujara con fuerza, sumergiéndose hasta el fondo.
Aturdida, Mel sintió una vibración en el grueso miembro que la penetraba y de pronto la caliente corriente de su semilla la colmó.
Abrió los ojos de par en par mientras él se estremecía y le gruñía suavemente al oído. Su abrazo era duro y la mantuvo inmóvil hasta que dejó de eyacular.
El cuerpo de la joven tembló de satisfacción. No creía que nunca se hubiera sentido tan a gusto. Sus músculos empezaron a relajase al tiempo que diminutas oleadas de placer seguían recorriéndola.
El enorme cuerpo de Neji también temblaba. Los dedos de Mel percibieron las pequeñas vibraciones en el lugar donde sus manos se aferraban a sus antebrazos. Incluso notó cómo su pecho se hinchaba respirando con dificultad antes de que alzara la cabeza.
Sus ojos resplandecían de un modo que la impulsó a acariciarle los hombros. No podía explicar verdaderamente esa extraña necesidad de calmarlo, pero le pareció tan íntimo como lo que acababa de experimentar.
El Hyuga finalmente le dio un suave beso en la boca y la liberó con un movimiento fluido para tumbarse a su lado. Mel se estremeció, pues la separación la sorprendió por su dureza.
Neji deslizó un brazo por debajo de su cuerpo, haciendo que se incorporara para que pudiera apoyar la cabeza sobre su pecho. Al instante, la joven se tensó, insegura de sí misma.
-Shh -musitó tranquilizándola, al tiempo que acomodaba el cuerpo de Mel junto al suyo.
Neji estuvo tranquilizándola hasta que noto que se había dormido y al poco él se quedo dormido abrazado a ella.
