Los personajes y la historia pertenecen a Suzanne Collins, solo que ... no me gustó el final, me quede con ganas de algo diferente, por eso lo inventé. Dialogos y situaciones los inventé (algunos, claro esta). Esta siendo publicada por mi en P.F. con este mismo nick. En ningun otro portal. Espero que os guste. - Lemon en algun momento y Spoliers

– Final y Principio -

Estoy detrás de Katniss en nuestra habitación paso mi mano lentamente bajo su mentón y levanto su cara en mi dirección mientras me muevo a su lado, me acerco lentamente hasta que mis labios sienten el aire que expira, tan cálido que me hace humedecer los míos con la lengua con los dientes retengo su labio inferior mientras lo muerdo con suavidad, sin poder contenerme, Katniss tampoco. Coloca un pie sobre el mío y eleva la pierna para envolver mis muslos presionando. Abraza mi cintura entre sus brazos sosteniendo mi equilibrio presionando fuerte y me besa, su boca sabe a agua clara a sed caliente a fresa impaciente por desgranarse a mí, a nosotros. Las leguas entablan conversaciones vergonzosas en silencio solicitando y demandando entregando y susurrando. ¿Cómo explicar? ¿Cómo decir que hemos vencido? ¿Hemos vencido?.

La luz, esa luz y ese brillo…

Cumpleaños feliz?

Es mi cumpleaños y no estoy preparado para esto, Katniss ha remodelado mi casa, ahora las dos plantas en que se divide contienen tres amplias habitaciones donde sólo un tabique las separa, arriba dos y un aseo con su ducha, abajo, todo es diáfano salvo por el aseo al final donde andaba más o menos la cocina, por más vueltas que quiero dar el espacio es enorme, allí podría organizar un baile, no creo que esa sea su intención.

- Katniss cielo ¿Qué es todo esto?

- Esto es tu estudio, tu escuela de pintura Peeta –

- ¿Escuela de pintura?, Pero yo ya tengo un trabajo – en realidad no sé qué decir, no creo que nadie en el distrito quiera recibir mis clases ni nunca me he visto a mi mismo como maestro de nadie que no sea Katniss y eso claro solo al pensarlo me hace sonreír –

Ella parece emocionada, y sus ojos brillan en este momento pero, tras ese aspecto feliz hay algo que no marcha, algo no funciona del todo bien en su línea de pensamiento – Claro que si, eres un estupendo maestro llevo semanas viendo como enseñas a los niños a formar figuras con barro como pintas con un palito en la tierra para que ellos sonrían al salir del colegio, eres paciente y – hace una pausa para respirar – esta ciudad necesita gente como tú que enseñe a los niños la belleza.

- Vaya, nunca había pensado en eso ¿tu crees que alguien estaría interesado en dejar a sus hijos aquí?, ya sabes, confiar en nosotros – Katniss piensa antes de responder –

- Por supuesto que confían en ti – sonríe y detrás de esa sonrisa hay algún nubarrón que quiere salir, detrás de todas sus palabras hay un punto negro, ella se pone seria solo un micro segundo pero vuelve a sonreír de inmediato, si no la conociera como la conozco podría haberla creído pero este no es el caso – dime ahora mismo que pasa Kat – mis manos rodean su cintura apretándola contra mí y ahora si noto como se distancia – Katniss no estamos jugando, llevamos juntos, ¿Cuánto? ¿un año ya? No puedes esconderme que estas pensando, por favor –

La miro fijamente mientras ella intenta esquivarme – si eso son lágrimas no las entiendo, es mi cumpleaños Kat no te quiero triste nunca, pero menos hoy, vamos hazlo por mí preciosa - la palabra enciende un poco sus ojos justo lo necesario para hacerla levantar la vista y dejar sus labios al alcance de mi boca, un beso apasionado la invade mientras sus brazos siguen a su instinto y se elevan hasta mis hombros y sus dedos aprisionan mi cabello enredándose en él para devolverme el beso.

- Lo siento mucho Peeta – consigue decir al fin mientras apoya su cabeza en mi pecho – lo siento tanto.

- Katniss no te entiendo, no entiendo nada de lo que está pasando, esta casa, este estudio lleno de luz ha debido costarte mucho arreglarlo y más sin que yo me entere – ahora tienen explicación todas sus idas y venidas – es un maravilloso regalo y aunque digas que me necesitan, se que hay algo más, ¿te duele que no confíen en mi o en ti? – niega con la cabeza mientras deja que la apriete entre mis brazos –

- No, yo no sé relacionarme con la gente y no me importa, siempre he sido así, y tu – su mano se alza repasando mis cejas – a ti hay que quererte, es algo que no se puede evitar.

- Entonces es otra cosa, ¿no quieres tener mis pinturas en casa? Lo entiendo, las traeré aquí.

Me corta enseguida con un dedo en sobre mi boca - shhh, eso no es cierto, me encanta verte pintar y además aquí no vendrán las pinturas de tu terapia – me sorprende esta reacción pero la dejo hablar sin interrumpirla – aquí no caben los traumas, esos son nuestros, nuestra vida diaria, esos cuadros se quedan en casa, aquí solo se admiten cosas hermosas, los cuadros de Prim, de Finnick, de su hijo, de Johanna y Haym todos esos maravillosos lienzos que surgen de nuestra nueva vida, tus nuevos recuerdos, y arriba tu estudio privado tendrá los míos, los nuestros los que no quiero compartir con nadie más – su rostro se enciende levemente y se a que cuadros se refiere – ese estudio será privado, en casa necesitas espacio.

- Pero esos aún no – me quejo - aún necesito verte a través de ellos, no puedes pedirme que venga aquí cada vez que necesite ver tu preciosa imagen – beso sus sienes – y créeme cada vez me eres más necesaria – un suspiro me recuerda algo – y no desvíes mi atención dime que es lo que pasa.

Ella se remueve un poco pero no pienso dejar que huya, al final, se da por vencida y habla – Peeta, realmente no se si este es el momento para hablar de ello – me mira fijamente antes de apartarme y girar en dirección contraria - ¿Por qué siempre tienes que saber lo que pienso? –

Detrás de ella con las manos en sus hombros respiro el aroma de su pelo, hoy huele a pino, a bosque – y aun así ¿te quedan secretos para mí? –

Ella toma aire como si fuera sólido, como si tuviera que tragar una piedra - yo se que tu quieres tener hijos – dice al fin –

- ¡Acabáramos! – exclamo sorprendido, está dando vuelas a eso – Kat es pronto para pensarlo.

- No, ahora es el momento adecuado, Peeta – su tono serio me preocupa –

- Se que no querías tener hijos, y no voy a obligarte solo quizás algún día podamos…

- Quizás nunca pueda Peeta – su voz subió una octava para casi gritarme, la miro algo confuso – no sólo es que emocionalmente es posible que nunca esté preparada –

- ¿Qué intentas decirme? – pregunto con voz calmada para tranquilizarla.

- Quiero decir que es posible que aunque superase mi inestabilidad mental, aunque dejase de tomar esas pastillas para conciliar el sueño y dejar de ver fantasmas, es posible que nunca pueda tenerlos, eso es lo que quiero decirte, por eso…

Creo que no esperaba esto, es un momento pero ella lo ha notado, siempre pensé que podría convencerla que podría darle la tranquilidad necesaria para que superase su miedo que el ver el paso del tiempo sin unos juegos nuevos podría obrar el milagro - ¿Quién te ha dicho eso? -

- Aurelius – ¿el profesor? ¿Cuándo? – ¡Oh! sólo tenía algunas sospechas respecto a todo lo que nos inyectaron en los Juegos, en la guerra y ya habrás notado que sigo sin tener mi periodo – asiento, quise achacarlo a su bloqueo mental, y lo obvié pero ahora es como una mina de tierra escondida a la espera de explosionar –

- ¿Eso es posible? – ella asiente de nuevo – no ha podido darme una confirmación concluyente pero es mejor que me haga a la idea, no puedo tener hijos Peeta.

- Bueno ¿Qué importa eso? Yo estoy contigo aun sabiendo que esa parte de tu vida estaba cerrada, pero - siento como el enojo asciende por mi pecho - ¿y qué pretendías con esto?, ¿hacer de las clases con niños una especie de terapia?, ¿es que nunca vas a comprender? ¿Por qué no quieres escucharme cuando te digo que no me importa?.

- Peeta no mientas, tu esperabas curarme, convencerme – sonrojada al límite mira al suelo, ella también me sabe leer – pero así, creo que debes buscar otra persona, alguien que pueda darte todo lo que deseas – se separa levemente y su mirada de fija en la mía- he hablado con mi madre – el frío se instala en mi nuca temiendo lo que va a venir –

- No lo hagas Katniss, no lo digas por favor – pero no hay vuelta atrás, yo la he llevado a esto – no el día de mi cumpleaños – suplico con la mirada pero no habrá piedad

- Peeta voy a marcharme al distrito 4 – los ojos se le aguan pero contiene el llanto mientras en mi cara se humedece sin poderlo evitar – con mi madre y con Annie, solicitaré un permiso especial, firmaré lo que haga falta.

- ¿Por qué? - pregunto con voz serena - ¿no estás bien conmigo?, ¿temes que te mate? – o mi mayor miedo - ¿no soy suficiente para ti?, ¿no confías en lo que siento?.

- ¿Suficiente?, eres demasiado, no te merezco, no puedo quedarme contigo porque quiero que tengas todo lo que sueñas y yo solo soy un obstáculo - ¿pero que está diciendo? – tú, con esa mirada limpia – dice mientras enmarca mi cara en sus manos – con esa pasión, con ese fervor que guardas en todo lo que haces, mereces algo mejor que yo, voy a dejarte ir.

- Katniss, ahora mismo quiero odiarte – su cara es de sorpresa y pena – quiero odiarte por decir esas cosas de la persona que amo pero no soportaría la paradoja la confusión. ¿Quieres irte porque no sabes si podrás tener hijos?, ¿crees que ese es mi sueño?, ¿Que es lo más importante que quiero de ti?, quiero creer que eres tonta Kat, o yo no he sabido mostrarte lo que siento, porque no entiendo cómo es posible siquiera el que en algún momento haya dicho o hecho algo que te haya llevado a la más estúpida de las conclusiones.

- Pero Peet

- Pero, nada. Kat, quiero tu amor, te quiero a ti – en ese momento todo se precipita todo es distinto a como era ayer y todas mis dudas sobre lo que ella pueda sentir terminan en ese mismo instante – cásate conmigo.

- Acabo de decirte que no puedo, no sería justa contigo si dijera que sí. Tú mereces…

- ¿Otra mujer?

Hace una pausa mientras su mirada se oscurece – Si.

- Pues voy a darte una noticia, la única mujer que siempre querré está aquí, y si te marchas te seguiré, porque no hay nadie en el mundo que pueda separarme de ti.

- No puedes

- Si, puedo, yo no tengo restricciones ¿recuerdas?, y si te marchas no quedará nada en este distrito para mí.

- Oh! Peeta, yo lo hago por tu bien.

- No, eso no es cierto, lo haces para tranquilizar tu conciencia, esa que está tan sobrealimentada que te hace pensar que la culpa de lo que pasa en el mundo cae sobre tus hombros, y esta vez no lo voy a permitir – el sol da de lleno en los amplios ventanales y llena la habitación, con una rodilla en el suelo vuelvo a preguntar - ¿serás mi mujer?, y mírame bien – sujeto su barbilla enlazando su mirada con la mía – contesta de acuerdo con tu corazón, porque puedo asegurarte que tu cabeza no puede tomar parte en esto, dime si crees en mí.

- Creo y – la ultima duda se borra para ella - Lo…, seré Peet.

- De acuerdo – asiento firmemente levantándome sin soltar su mano – y ¿quieres llevar algo especial? – ahora sus cejas se levantan a modo de interrogación – porque esta noche, tú y yo haremos la ceremonia del pan.

- Pero, pero no hemos previsto nada.

- Por eso ahora tengo que salir para hacer los encargos que los demás recibirán mañana, pero no pienso permitir que te escapes con tu madre – ella sonríe un poco al fin – nunca podrás huir de mí.

En ese momento su cuerpo a contraluz se recorta con una aureola casi mística, me acerco con la necesidad quemando en mis dedos, mis labios ardiendo, la beso como si mi vida fuese a acabar, marco mis dientes en sus labios, mis dedos presionan en sus hombros mientras no termino de decidir si apartarla para ver su ojos o abrazarla hasta quemar el aire que nos sostiene, el deseo flota sobre nuestras pieles siento como mis ojos pican, pero estoy dispuesto a aguantar porque nunca más tendrá dudas.

Pero algo me ha quedado muy claro, soy lo más importante de su vida ¿Cuando ella ha comenzado a amarme tanto? ¿Cuándo ha comenzado a sufrir por mi? por lo que cree que yo deseo, por darme la felicidad sin pensar en ella, cuando he pasado a ocupar de tal forma su mente que no puede ver que lo único que necesito para ser feliz es la persona que se encuentra entre mis brazos.

- Te quiero Katniss, no necesito nada más que tu amor, no necesito nada en absoluto porque si no estuvieras conmigo no tendría razón de ser el aire, porque no sería posible respirar.

- Pero Peet, te he visto con los niños del pueblo tu cara, se ve feliz.

- El problema es que no me has visto cada noche contigo, cuando estamos juntos cuando somos uno me siento completo, estoy feliz, además – sigo para animarla – eso que dice Aurelius no es seguro, míranos, somos el ejemplo más marcado de lo que puede considerarse un milagro, tu y yo, desorientada y muto, destrozados por la vida, perfectos juntos ¿Quién habría apostado por nosotros después de lo que pasó?

Me mira pensativa – Haymitch no desde luego, él siempre creyó que eres demasiado bueno para mí.

- Por supuesto – bromeo – por eso has de prometerme no dejarle llevar razón – me mira con un rictus de sonrisa – se pondría insoportable.

La risa brota de su boca – él siempre será insoportable.

- Bien, me gusta que sonrías – con una mano acomodo su trenza en el hombro antes de conducirla hasta la puerta – Vamos tenemos cosas que hacer, busca un vestido bonito, ésta noche, tu y yo tenemos una cita, la más importante de nuestra vida, cumpliremos con la promesa que un día me hice a mi mismo y que tu acabas de aceptar – y cerrando la puerta nos disponemos a retar al destino, porque preparado o no el muto será domado, seré puesto a prueba y la voy a superar.

El día de mi cumpleaños Katniss ha aceptado ser mi mujer y también me ha dado la certeza de que no hay error posible me ama tanto como yo a ella, y lo proclamaré ante el mundo después de darnos el sí.

Los días han pasado lentamente mientras los ojos de Katniss no dejaban de buscar atisbos de duda en cualquiera de mis gestos, de mis miradas y mis pensamientos se revuelven mientras camino para hablar con Sae y preparar el vino para nuestros amigos intentando recordar desde el principio de nuestra vida en común, cuando la alcanzó la certeza de que estaba enamorada de mi, cuando sus noches comenzaron a ser calurosas y sus hormonas despertaron.

Como en una secuencia sin fisuras veo el momento en que su cuerpo comenzó abrirse a mí, cuando me duchaba con la puerta abierta, cuando la abrazaba sin contemplaciones ni avisos, cuando los besos, las caricias y los paseos en ropa interior encendían sus mejillas como el día del ascensor. La primera vez que noté su mirada en mi vientre, el recorrido de sus pupilas grises por todo mi cuerpo, la primera vez que vio al hombre, no al tributo, ni al compañero, ni siquiera al muto, el primer ataque que me ayudó a controlar, su ayuda, todo.

Cada imagen deambula por mi cabeza sin freno pero con una perfección en los detalles que no deja de asombrarme, hay momentos en que me duelen las puntas de mis dedos solo al pensar en tocarla.

Y hemos seguido adelante, luchando hasta que la vida nos ha traído a este momento, único e irrepetible de realidad, el paso con el que he soñado desde que la vi por primera vez, y no voy a dejarlo escapar. La panadería funciona y me ayuda a volver a la realidad, ella caza y las noches nos unen en nuestra lucha contra los demonios internos, algunas veces me noto rígido por el terror cuando ella entra en la habitación y me hago un ovillo, ¡duele! ¡muchísimo!, escondido bajo las mantas aguanto para no lanzarme sobre su cuello y estrangularla, ella despacio se acerca y me susurra la misma canción que cantó en el colegio con cinco años.

Ahora esta nueva duda en ella, el no poder tener a mis hijos, ella es mi sueño, mi corazón y si no podemos compartir esa experiencia, no es importante porque el resultado sería el mismo ya que es algo que no quiero compartir con nadie más.

La luz ilumina la estancia, las palabras se deslizan por nuestras pieles, los ojos vagan entrelazados, las respiraciones se espesan mientras los dedos dibujan otro momento, esta noche en nuestra casa después de que todos se han ido, una noche tibia y dulce una noche llena de peligros atados.

- Bésame ahora.

Y la beso con fuerza sin delicadeza alguna maltratando esos labios, esa boca que persigue mi cuello para destrozarlo,

- Bésame

Pronuncia cuando la libero de mi ataque sin dejar de marcarla con mis manos de agarrarla para que no escape quiero que sufra el castigo y me desconcierta su entrega, no puedo entender en mi mente ahora obtusa el porqué de sus demandas.

- Bésame

De nuevo ¿Qué pasa? ¿Qué me está sucediendo? Este sabor, este tacto…. ¿Quién es?


El salón luce sobriamente iluminado mientras Katniss y yo nos miramos, el fuego encendido pese a ser el mes de mayo y ante nosotros está nuestro banquete nupcial, no hay nadie para acompañarnos, pero tampoco lo necesitamos esto es algo solo entre los dos.

Tostamos el pan como manda la tradición del distrito, y preparamos el vino, mañana cada vecino encontrará un regalo en su puerta como muestra de que la ceremonia se realizó. Intercambiamos presentes, un sinsajo, una perla, nada que tenga tanto valor como los recuerdos que representan y compartimos el pan.

Esta hecho, somos oficialmente una pareja, ahora sin boato, sin lujo ni publicidad, solo la que la gente que vive con nosotros tendrá, Haym, Johana, la madre de Kat y el profesor tendrán que esperar otro día para poder celebrar con nosotros hoy es nuestro día, el que acabará con nosotros o el que nos llevará a la lucha diaria y continua, porque la oscuridad se acabó.

Tengo miedo cuando subimos al cuarto, temo mi yo interior, ese que la odia, ese que la tema, el regalo envenenado del capitolio y de Snow, mis manos tiemblan un poco dentro de las suyas cuando apoyo mi espalda en la puerta de la habitación y la acerco hasta mi pecho.

- ¿estamos seguros? – me mira sosegada

- Lo estamos, cacemos los mutos, mi amor – esa forma de llamarme acaba rompiendo todo, las dudas que aun respiraban quedan inertes.

Caminamos hacia el espejo, nuestro aliado y nuestro enemigo, enfrentemos lo que somos, a la luz marchita de las lámparas, poco a poco mirando la imagen las ropas caen en el suelo, las cicatrices aparecen y es como ver un cuadro, nada parece real, es como si no fuésemos nosotros los dos seres que nos miran de frente como retándonos, desnudos en nuestras almas, que se guardan en estos cuerpos dañados por la guerra y el horror.

Me coloco detrás de Katniss y paso la mano bajo el mentón levantando su cara en mi dirección mientras me muevo a su lado, para mi sigue siendo tan hermosa como siempre, me acerco lentamente hasta que mis labios sienten su respiración sobre ellos, humedezco los míos con la lengua, retengo entre mis dientes su labio inferior mientras se unen en un beso, no podemos contener este nuevo deseo a la luz, tanto tiempo ocultos entre sombras. Su pie sobre el mío elevando la pierna para envolver mis muslos, presionando, abrazando mi cintura, sosteniéndonos en dudoso equilibrio, me besa, su boca se me sabe a cielo, a agua clara, sed caliente y fresa impaciente por ser desgranada. Las lenguas entablan diálogos silenciosos, vergonzosos y demandando y entregando, ¿hemos vencido?.

Puedo creer que es así, deseo creerlo, antes de notar el punzante dolor en mis sienes y empezar a perderme en esos agresivos brillos, ¡muto!, candente, fiero, que quiere acabar conmigo, mis manos sin control rodean el cuello de la bestia, si presiono podré acabar con ella, Katniss será libre, yo me liberaré nada de esto habrás sucedido.

Pero algo me retiene, un susurro lejano, un llanto como de niña asustada, unas lágrimas en mis manos, mi atención se encuentra dividida, quiero acabar con este ser monstruoso, que me busca para matarnos. El llanto sigue cada vez mas susurrado, cada vez más suave, algo lo está matando.

¡soy yo!, miro mis manos, mis piernas, yo, yo , yo soy el causante de esas lágrimas, ¡piensa Peeta, piensa!, ¿Qué eres? ¿Qué haces aquí? Y sobre todo…

Toses

Respiraciones entrecortadas, y cierro mis ojos, no quiero mirar he dejado que el monstruo mate a la niña que sollozaba, estoy seguro de ser culpable de ser cobarde y dudar.

- Bésame ahora – es una orden suplicante, sin apenas fuerza. No se, no se, unas manos enmarcan mi cara, me atraen y yo me dejo ir porque quiero ser…

Y la beso con fuerza sin delicadeza alguna maltratando esos labios, esa boca que persigue mi cuello para destrozarlo,

- Bésame - Pronuncia cuando la libero de mi ataque sin dejar de marcarla con mis manos de agarrarla para que no escape quiero que sufra el castigo y me desconcierta su entrega, no puedo entender en mi mente ahora obtusa el porqué de sus demandas,

- Bésame - De nuevo ¿Qué pasa? ¿Qué me está sucediendo? Este sabor, este tacto…. ¿Quién es?.

- ¿Katniss? – No sé cómo consigo pronunciar ese nombre a través de mis dientes de fiera.

- Peeta – Mi nombre en su voz suena a dulce de miel, quiero que lo repita, ella parece adivinarme – Peeta, soy yo.

- ¿tu? ¿Quién eres tu?

- Tu chica del pan quemado – responde - ¿me recuerdas?

- No – la voz se quiebra

- Tu chica de las trenzas –

- No – duda, la siento dudar, por favor, no dudes, pienso, ayúdame a sujetar a la bestia, dulce extraña.

- La chica que te enamoró con una canción – suavemente comienza a desgranar las notas de una melodía conocida, y unas trenzas y un vestido rojo asoman poco a poco en mi memoria. La dejo cantar mientras noto como se relajan mis músculos.

La melodía termina donde comienza el susurro.

- Abre los ojos –

- No puedo – si lo hago volverá el dolor ahora en calma.

- Tu me pides confianza, dame ese crédito ahora a mí – sus palabras no dejan de tener sentido, si no lo enfrento, si me vence en este día nunca seré capaz de hacerle frente de nuevo. Abro los ojos y el monstruo de mis pesadillas se encuentra ante mí.

Noto como mis músculos se endurecen, como mi mandíbula se aprieta, mis dedos quieren agarrar ese cuello deforme y estrangularlo sin piedad, ¡no! Aprieto.

Soy Peeta Mellark tengo 19 años he sobrevivido a dos juegos del hambre y una guerra, he sido torturado y han robado mis recuerdos, el veneno siempre correrá por mis venas pero sigo vivo y a pesar de todo duermo el resto de la noche entre sueños de verde césped iluminado por un atardecer naranja y soy feliz.

Aquella noche, cuando casi acabo con mi vida, con la vida de la persona que mas amo en el mundo, gané mi primera batalla al dolor, a la guerra al veneno, a las dudas, a tantas cosas… las manos de Kat me llevaron de vuelta a su cuerpo, a nuestra cama, a mirar ese remanso gris hasta transformarlo en una brillante tormenta de deseo, nos amamos como desconocidos que se encuentran en el borde de la muerte y quieren quemar en un instante el tiempo que jamás tendrán, nos hicimos dueños de nuestras pesadillas, y nuestros cuerpos se fundieron una vez más.

El cálido abrazo nos sorprendió con el día en el último aliento de deseo mientras solo nuestros gemidos llenaban la habitación y el mundo se caía por momentos.

Y de nuevo.

Me amas – afirmo.

Si – y en sus ojos una pregunta no dicha, aparto el pelo revuelto de su cara y la beso en los párpados, se lo que piensa.

Se que es Real – sonríe – nunca más ese juego entre nosotros.

Sin soltarla de mi abrazo cierro los ojos, y sueño, con un campo de flores, con unas risas con el sol de primavera miro a lo lejos el horizonte, junto a un gran árbol mi familia, mi amor me esperan.

FIN

Nota: Mucho tiempo, no se si aun seguiréis ahí, dudé tanto con el final que casi abandono, pero bueno este es, quizás mas melancólico de lo que en un momento tenía pensado, quizás una desilusión para vosotros, aunque a mi me recuerda un tanto al final del libro en el sentido de que deja mucho a la imaginación y como gracias a eso he imaginado mucho…. XD espero que no os desagrade. Gracias por leer, hasta el final. Sois muchos los que habeis dejado comentarios en mi historia y a todos y cada uno os lo agradezco de corazón. Juliper, no se si seguirá por ahí pero ella fue mi correctora, y se lo agradezco un montón.

bssos