Disclaimer| Yuri on ice [ユーリ! on ICE] y todos sus personajes pertenece a MAPPA, Sayo Yamamoto, Mitsuro Kubo, Kenji Miyamoto, y todos los correspondientes, yo solo decidí escribir algo que ellos se estaban saltando.
Pareja | Viktor x Yuri [Vikturi]
Advertencia | Finalmente decidí que si era una buena idea meter el mpreg. Gracias a todos por sus opiniones, solo que como mencioné antes, no lo esperen inmediatamente.
Notas | ¡Estoy sorprendida por el gran apoyo que ha recibido esta historia! primero y antes que nada, para las que me conocen saben que suelo actualizar seguido, con esto me refiero a que cada dos semanas habrá un capítulo, sino puedo actualizar siempre encontrarán un aviso de mi parte que tengo exámenes, que me voy de viaje Pueden enviar una solicitud a mi Facebook personal donde yo colocó el aviso siempre que actualizo, sobre todo si son guest, para que puedan estar enterados de la actualización. Solo les pido que me envíen un mensaje diciendo que vienen de este fic para que les acepte. Me llamo Magi Allie. Sin más que agregar, ¡Al fic!
PD: Intento ir al pie del cañón con el canon, pero como no sé qué va a pasar aún en la serie, hay algunas cosas que difieren. Perdón.
Making History
Viktor x Yuri
―Capítulo 2―
A medida en que las pestañas entrelazadas de su parpado superior e inferior le permiten divisar el armario de caoba pintado de blanco nacarado Yuri cae en cuenta de que está despierto. Eventualmente se percata que la luz blanca que se filtra desmedidamente por entre las cortinas de muselina es solo un indicativo de su reloj biológico que está acostumbrándose al cambio de horario de la fría y grisácea ciudad, algo que le dice que ha llegado el momento de levantarse ponerse las zapatillas deportivas negras y salir a correr, para continuar con su general rutina de ejercicios antes de los juegos olímpicos. Ha pasado un año haciendo lo mismo casi durante todos los días y difícilmente ahora su organismo puede desacostumbrarse. Suspira pesadamente. La noche anterior sumido en sus profundos pensamientos se quedó sobre las cobijas y ahora el cuerpo está entumido y poco dispuesto a cooperar.
Aprovecha para mirar determinadamente los detalles de la habitación, que al menos por ahora le pertenece, como todos los cuartos éste también se encuentra pintado de blanco, con una pared en un gris plata que da mucha más luz, la ventana es grande y definitivamente es la que da al lado contrario del canal, dos cómodas blancas decoran cada lado de la cama individual de colchas azuladas y una lámpara de un metro se extiende en el extremo contrario. Además de eso hay un cuadro de la película Anna Karenina firmado por la mismísima Keira Knightley colgado en un marco de bordes negros.
Es escueta. Parece abandonada.
Las pisadas fuertes por el pasillo capturan la atención de Yuri por dos instantes, sabe que Makkachin ya se levantó y anda deambulando por el piso, buscando tal vez agua, tal vez comida. Y con base a sus experiencias pasadas se levanta entre asustado y nervioso porque, Dios, no le gusta dejar al perro solo. No cuando puede haber miles de cosas para comer, para lastimarse, y no, no, no, un ojo al perro. Por lo menos cuando esté hambriento por las mañanas.
―¡Viktor! ― Grita Yuri demasiado fuerte como para pasar desapercibido y se levanta tirando todo, está nervioso, está en territorio comanche, no ubica prácticamente nada y aunque sabe que el perro nació y creció tal vez aquí, será mejor que su dueño lo cuide.
Abre la puerta, Yuri suspira alertado y corre por entre los azulejos de colores y la duela, la puerta de Viktor está apenas entreabierta y su nariz rojiza se asoma por entre la madera, se acaba de despertar con esa alarma de cuerdas vocales, a la que no debe estar tan acostumbrado, pero se le ve adormilado, sus pestañas apenas se separan una de la otra.
―¿Qué pasa? ― pregunta con toda su capacidad de razonamiento.
El peliblanco sale por la puerta de su cuarto y se encuentra con Yuri usando su polo de color bermellón, su pantalón de pijama con forma de cuadritos y los pequeños pies blanquitos recargados en el suelo frio. Solo verlo le entran ganas de abrazarlo para extraer un poco de calor corporal, o regalarle un poco ya que parece que lo está perdiendo. Yuri ya no le presta atención tiene sus ojos fijos en el perro que se pasea, sube al living y se queda mirándoles, como preguntándose porque son tan raros.
―¿Makkachin? ― Pregunta Viktor y abre la puerta del cuarto por completo ―. Ah, no te preocupes Yuri, está bien, no dejé absolutamente nada peligroso para él, a pesar de que salimos de aquí hace un rato él es muy autoconsciente aunque sé que sus acciones dan para pensar lo contrario…
Viktor mueve los brazos frente a los ojos sin lentes de Yuri, extrañamente ha olvidado su armazón sobre la cómoda, pero el pelinegro tiene tiempo de enfocar su atención y sus pupilas, ignorando la miopía, en lo que Viktor lleva puesto. Porque definitivamente no es nada a lo que el este acostumbrado a verle usar, ayer cuando lo vio con una camiseta de v y ropa casual pensó que se trataban de cosas de Viktor, pero lo que Viktor usaba ahora encima de la pijama que su mamá le había regalado no eran 'cosas de Viktor' eso era cosa de…
―¿Eso es un poncho? ― Y lo era, triangular, caído en sus hombros con flecos de color mostaza y un patrón de rombos que oscilaban entre el rojo carmín, el amarillo y el fondo naranja mandarina. Una calabaza de Halloween, eso parecía.
Viktor no se mostró avergonzado. Extendió los brazos a lo largo como si quisiera que los flecos de su ropa bailaran a su propio compás de una música inexistente y presumió a Yuri su muy calientito abrigo. Igual estaba descalzo, así que brincó de un pie a otro.
―Sí, son calientitos ¿No te gusta? ― Su labio inferior brotó en un puchero medio fingido, ve que Yuri no reacciona y da el paso siguiente para envolverlo entre sus fuertes brazos ―. Cálido, ¿No? Las mañanas realmente suelen ser frías, incluso en veranos…
―Si lo son ― admite Yuri más tranquilo, no sabe porque, recarga la mejilla en la abrazadora tela, deja que Viktor lo abrace sin remedio ―. Pero ¿De dónde lo sacaste?, no recuerdo habértelo visto jamás…
Viktor lo aleja, le parece increíble que Yuri tenga esa confianza de recargársele encima a tientas de su propia integridad, es como de risa, porque quiere tomarlo de las muñecas llevárselo hasta la destendida cama y deshacerla como tres veces más de lo que ya está, solo ladea el rostro buscando el mejor ángulo para admirar las pequeñas marcas de la almohada sobre su mejilla, Yuri sacado de orbita sonríe a medias y deja que Viktor le tome de las manos, enreden los nudillos y lo jale dentro del cuarto.
―Acompáñame un segundo ¿Si? ― pide.
La puerta se vuelve a cerrar.
Pues bien Viktor tenía buen gusto, aunque trajera un poncho encima y uno que no resaltaba para nada de forma halagüeña, su habitación al igual que su departamento era preciosa. Yuri no la había visto antes, las alargadas paredes blancas con un grabado de columnas romanas en cada esquina, el papel tapiz azul cielo con un patrón floral damask, de un tenue color blanco plata que resaltaba la profundidad. Cortinas a la cabecera de la cama de terciopelo azul marino, una puerta de armario grande y decorado con manijas doradas, Viktor debía tener otra habitación conectada que hiciera las de guardarropa. Y finalmente frente a la gran cama de cobijas blancas y almohadones de pluma, un centro de metal con un reproductor de música, cientos de CD's, DvD's, fotografías, una Tv de pantalla plana, toda la modernidad… todo el siglo XXI contra la araña de focos del siglo XVIII que colgaba en el techo.
Viktor observó con gracia el semblante ensimismado de Yuri mientras apreciaba cada detalle de su recinto máximo de comodidad, además del living claro, pues aunque Yuri y el llevaran un rato juntos el hecho de permanecer en una habitación los dos solos… era como perpetuar en la intimidad del otro. Viktor hubiera deseado pasar más tiempo solo con Yuri en su cuarto, pero el pelinegro se sentía tan violentado cuando Viktor asomaba la nariz por las paredes de papel que terminaba por azotar todo y guardar cada cosa en los cajones, tal vez era cuestión de dignidad. Él no tenía problema en mostrarle a Yuri lo que las cuatro paredes de su habitación escondían es más, podría decir que estaba preparado para un test por parte del pelinegro. Cuando Viktor se percató de que Yuri de verdad no salía del trance de observar el templo sagrado de su ídolo, entrenador, y… posible, muy posiblemente confirmado, pero todavía no confirmado novio. Bueno, bueno, para que Viktor no se hiciera más embrollo en esa cabeza maestra suya, lo dejo en interés romántico, amoroso, tierno, cursi… quería abrazarlo, besarlo, hacerlo suyo.
―Yuri ven ― pidió tomando el pomo que conectaba con el armario.
―Ah… si ― ya no hubo necesidad de que Viktor lo jalara. Por su propio medio consiguió que sus piernas se levantaran y rodeando la cama, arrastrando los pies en la alfombra de lana entro junto con su entrenador al cuarto-armario ―, sinceramente, Viktor, pensé que no habría suficiente espacio en este departamento para todas tus cosas…
―¿Ya revisaste los cajones de tu cuarto? ― preguntó Viktor deteniéndose.
―No, ¿Por qué?
―Es que también están ocupados ― sonrió a modo de disculpa.
Yuri se quedó pasmado, bueno es verdad que Viktor tiene demasiada ropa, tal vez incluso la suficiente como para llenar cada cajón de este departamento, e incluso algunas repisas de la cocina, aunque claro eso solo era una suposición. Aunque un poco tonta. Se quedó estático, bajó el rostro y negó con una sonrisa ligera en los labios, que le iba a hacer. Viktor reacción dos segundos después para seguir con su camino, admirar pensativamente las portezuelas blancas que adornaban cada una de las paredes, con más detenimiento de lo normal caminó hasta una de las más grandes, abrió las dos de un tiro y muchos largos cajones se revelaron frente a ellos. Yuri no quiso detenerse a admirar los pequeños detalles del cuarto de la ropa, pues sabía que tan pronto como sus ojos se concentraran en lo bonito del piso o el adorno de las lámparas dejaría de prestar atención a lo verdaderamente importante: Viktor.
―¿Viktor donde están tus medallas? ― preguntó en un susurro bajo, sin mirar fijamente al ojiazul.
El otro ni lerdo ni perezoso dejó rápidamente su búsqueda insaciable por los cajones para mirar al apenado pelinegro, sacando su fanático interior con todo el pudor que cabía en su delgadito cuerpo. Sonrió ampliamente, pero aparentemente desinteresado cuando Yuri le miró y su rostro se encontraba bañado en un calor rojizo, un granate, debía ser la intuición de seguidor obseso lo que le había alertado que entre algunas de estas enormes puertas debía encontrarse la tan preciada colección de medallas del patinador, del pentacampeón, de otra forma Viktor no alcanzaba a formular como era posible que Yuri tan repentinamente lo hubiese preguntado.
―En las puertas de allá ― señaló sacando la cabeza de los cajones.
Para Yuri de pronto se levantó una fortaleza impenetrable que hacía las de puertas principales en el armario, de metal y gigantes, como un muro o una zanja de la antigua segunda guerra mundial rodeada de luces rojas y un alambre de púas, todo gritaba que ese era territorio prohibido en el que un simple mortal como el saldría con heridas de bala, pero le atraía tanto como si acabara de encontrar la lámpara maravillosa que Aladino vio, mientras su mono amigo atrás se cargaba con todas las joyas encima. Es por eso que caminó tan lento, temiendo un tropiezo o lo que fuera, levantó la mano un poco temblorosa hasta la aldaba, la rodeó con todos los dedos y luego tomó la otra con la izquierda. Soltó el aire que almacenaba en los pulmones y jaló de ambas al mismo tiempo.
Fue como si la tierra acabara de abrirse bajo sus pies.
Las brillosas hileras se extendían frente a sus ojos, el reluciente cristal dejaba ciego de la transparencia, del brillo y lo perfecto que había sobre los anaqueles. Colgadas de pequeños clavos las medallas se mostraban una sobre otra, potentes, orgullosas, hermosas, armoniosas. Una cantidad desconsiderada, dignas de un pentacampeón, dignas de cualquier increíble atleta y deportista, la colección de Viktor. Incluso debajo de los círculos dorados los trofeos de patinaje resaltaban, las cintas de primer lugar. No estaba desbordándose, pero en general era demasiado…
―Oh, en los cajones hay más ― explicó como si nada.
Yuri sintió que se desmayaba, que si extendía la mano como quería hacerlo y rozaba el cristal su alma iba a escapar de su cuerpo, lo había pensado antes, probablemente no… la mitad de cosas que le pasaba junto a Viktor no tenía planeado que pasaran juntos. No mudarse juntos, no ganar el Gran Prix, no nada… ni recordando todos los cientos de detalles por los que habían pasado juntos durante los siguientes ocho meses. Uno nunca se despierta pensando que tu más grande ídolo será… tuyo, así como Viktor era suyo.
Con toda la valentía que sus manos aun poseían se aventuró un paso medio largo para jalar de los largos cajones y descubrir que dentro había más vitrinas, más colchoncitos de terciopelo, y por supuesto los premios de los que Viktor no presumía, pero con los que Yuri quería llorar solo de pensar, que el en realidad había observado cada segundo desde que los obtuvo… que había acompañado a Viktor en su carrera, primero desde las sombras y ahora...
―Yuri acércate un segundo.
Apenas había girado el rostro, su corazón no recuperaba su ritmo, probablemente los lagrimales de Yuri estuvieran empapados, pero Viktor de alguna manera se las había arreglado para romper el momento de tensión y devoción absoluta enfundándole a Yuri un abrigo forrado de piel blanca y con el exterior azul fuerte, con bordado de rombos, y patrones de animales, destacaba el color rojo aunque era bastante variado. No era ropa que Viktor usara, no sabía ni siquiera como se la había puesto bien y tan rápido y de pronto Yuri estaba sudando…
―¿Qué es esto? ― gritó desesperado moviendo los brazos.
Pasando de la nostalgia absoluta a la desesperanza.
―Esto es un kartauz ― Viktor claro, se refería a lo que traía en manos ―. A mí no me queda, ¡Se te mira muy bien Yuri!
Y la gorrita, el kartauz, quedó en su cabeza. Negro con una bonita flor roja adornando, para Yuri nada tenía ni pies ni cabeza ¿Qué hacía Viktor con estas ropas tan extrañas? ¡Tan tradicionales!
―¿De dónde sacaste esta ropa? ― preguntó Yuri intentando moverse, se sentía como un malvavisco ―. ¡Tú no usas esto!
―No la uso porque no me queda ― caminaron juntos hasta la puerta del armario, mientras Yuri luchaba contra los botones forrados de piel ―. Es ropa tradicional rusa, yo no soy del norte y es de mujer… ¡Pensé que se te vería asombroso! Y no me equivoqué…. Son caras, cada una debe costar… ¡No lo sé! Pero me las dieron en la inauguración del Museo Etnográfico de San Petersburgo.
¿Museo? ¿Lo que traía encima eran ropas de museo? Ay, oh vaya Viktor, que si a veces eres demasiado poco serio con las cosas, por la cara que Yuri puso tras escuchar eso, el peli plata solo pudo comenzar a reír sacándolo a empujones del armario y luchando con la actitud desenfrenada de Yuri, extrañado de traer encima algo que fuese tan caro, o tan tradicional, cosas de reliquia porque a Viktor no le quedaban. Entre empujones y aventones Viktor cerró la puerta a sus espaldas y atrapó entre sus largos, bien torneados y majestuosos brazos al bien abrigado jovencito que se quitaba el abrigo y el sombrero.
―…Y no me pongas ropa tradicional, a ti se te ve bien pero a mi…
―A ti todo se te ve de maravilla Yuri ― lo consintió Viktor tomándole de las manos y jalándolo a la cama ―, además seguro que el poncho igual te va, es que es tu color.
―A ti te queda bien ― Yuri ladeó la cabeza sintiendo lo mullido de la cama que chocaba contra su espalda.
―Eres tan chistoso cuando te pones nervioso ― Viktor se tapa la boca para reír y se desliza como gusano hasta las almohadas jalando al otro, uno a lado del otro se miraron ―, todo sonrojo, negaciones desenfrenadas, tomate las cosas con calma…
Entonces Yuri recurrió a mirar lo que realmente acontecía, bajó la cabeza hasta pegarla a la almohada y aspirar el suave olor a menta que destilaba cada fragmento de tela, acostados sobre la cama desecha. Tal vez a veces se ponía demasiado nervioso por cosas sin importancia, que importaba traer un traje así, que importaba si los dos estaban acostados juntos en una cama. Se rio de su propia estupidez, acompañando la musical risa de Viktor. Momento de levantar la cara y fijar pupilas con su entrenador. Las cosas pasan de risas suaves y bobas, a miradas fijas, tensas, sensuales… Viktor le toma del mentón.
―La vida sin ti, mi amado Yuri, sería muy solitaria…
Viktor tiene la sensación de soltura en las cuerdas vocales, porque Yuri está frente a él, sus manos se rozan por encima de las cobijas. Quiere darle un beso, un par de besos, pero dejando de lado todos sus sentimientos carnales, el corazón le late rápidamente y se percata de lo que siente de momento… después de tanto tiempo solo, por fin encontró a una persona a la que quiere, cuida, protege y además guía, y aunque no sea el mejor en lo que hace Yuri lo sabe aprovechar muy bien, pero sobre todo describe perfecto lo que significa amor a primera vista. Yuri era tal vez eso para él, ¿Quién podría haber adivinado que tras ese banquete errante en copas él habría terminado tan flechado? Si Yuri había podido hacer que su corazón soltara latidos con más de 10 copas de champagne encima, sobrio lo había hecho…. Y más de una vez.
―No dejas de robar mi corazón.
Yuri mira muy fijamente a Viktor, le sonríe suavemente y se deja abrazar, le saca el poncho por encima. No tiene intenciones ocultas, solo están ahí, pasando una agradable mañana en San Petersburgo. Viktor mueve su mano de forma maestra sobre la tela del pijama, desliza los dedos por las piernas de Yuri, sujeta justo en la parte de atrás de la rodilla y la sube a su cintura, de esta manera tiene a Yuri rodeándole la cintura con las piernas, sensación a la que en definitivo puede acostumbrarse. Es como si las cobijas los engulleran, sus manos se acarician con delicadeza profunda, tienen la cara roja y sonríen.
―Hace un día precioso ― menciona Viktor a la ligera ―. Pero estamos a menos cinco grados, deberías usar calcetas o los dedos de los pies se te caerán a pedazos.
Viktor es letal, como una navaja suiza recién afilada, puede ponerte en una encrucijada en un segundo, hacer que te caigas de risa o ponerte a llorar. Ahora mismo ha optado por hacerle cosquillas en los pies, tal vez Yuri debería de darle una patada, pero se está carcajeando a lo grande, toma el almohadón de plumas que tiene bajo la cabeza y lo ataca con todas sus fuerzas.
―¡Eres un pesado, ya Viktor, ya, por favor, ya me haré del baño en tu cama! ― no puede dejar de reírse, Viktor tampoco deja de cosquillearle, los ataques con la almohada a la larga dejarán de ser efectivos.
A la larga tal vez Viktor también se canse de mover sus dedos dándole cosquillas, puede que se terminen retorciendo sobre las sabanas. Pero por ahora Yuri solo puede amenazarlo.
―¿Es una amenaza? ― Viktor lo jala para que no huya.
―¡¿Qué harás si me lastimo el pie?! Ya basta, por favor, para….
Es como si hubiera una bomba de tiempo cada vez que los dos están haciendo algo íntimo y prohibido, algo que indudablemente los llevará hasta el camino pasional, pues siempre que se encuentran solos en ese estado existe algo, una materia intocable, que los trae de vuelta a la realidad y los aleja lentamente, o se pueden quedar juntos y pegados, pero tienen la conciencia de que un paso en falso y sería difícil que los dejaran en paz. Así que los golpes alocados, malditos, desenfrenados en la puerta, no son una excepción. Y además, encima, vienen acompañados de gritos furiosos, gritos de adolescente.
Porque los adolescentes están enojados.
―¡VIKTOR ABRE LA PUERTA O LA TIRO ABAJO!
Se levantan como resortes, porque Yurio está en la puerta.
―Ah, pues entonces yo hago el desayuno ― Yuri sonríe levantándose y poniéndose unas pantuflas de Viktor.
―Bueno, bueno.
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Yuri intenta olvidar que a sus espaldas se desarrolla una tremenda batalla campal, que no sabe cómo ha hecho Viktor para huir corriendo alrededor de la mesa por lo menos unas tres veces, ni como Yurio no ha manchado su afelpada chamarra blanca con el florero que tiro por encima del comedor. Parecen dos animales persiguiéndose las colas, claro Viktor sonríe, por su parte Yuri se esconde objetando que está cocinando, cosa que evidentemente no hace, porque casualmente Viktor olvidó que pasó afuera de la casa casi por un año y lo único que había en el frigo eran un montón de zanahorias de quien sabe cuándo. Así que se las tuvo que arreglar con algo de la alacena y para su buena suerte había una bolsa de espagueti y un tarro con salsa de tomate Prego. Ahora está cocinando un espagueti con queso parmesano, y ojalá tuvieran carne, además de que obvio esto no debe considerarse desayuno…
―¡Porque está el cerdo aquí! ¡Eh! ¡Eh Viktor! ¿Cuándo pensabas decirme que te ibas a mudar aquí de nuevo, con este? ― Parece que esta vez es la sal la que ha salido volando por encima de la mesa, Viktor la atrapa en el aire.
―Bueno, cálmate Yurio, de verdad ¿Por qué iba yo a avisarte que Yuri y yo íbamos a empezar a vivir aquí?
―¡Prometí que derrotaría a este idiota en el siguiente Grand Prix o en las Olimpiadas, debería estar practicando en Hasetsu, no aquí, vacacionando contigo!
―Bueno, al menos es eso y no sigues insistiendo que sea tu entrenador ― Yuri se muerde el labio.
Viktor lo dice para molestar, pero tiene una risa melodiosa que contrasta con los gruñidos que provienen de las entrañas del rubio, en realidad podría ser que en realidad Yurio este clavándole las uñas a la fina madera de abeto con la que están hechos los muebles de Vitya. Después de varios intentos Viktor lo convence, con palabra de niño explorador y saliva en la mano, que en cuanto pasen unos meses volverán a sus prácticas regulares aquí.
―Para que Yuri se acostumbre al clima de Rusia.
―Estamos en San Petersburgo, no en Siberia, no exageres ― Yurio toma una silla amplia con cojín blanco se sienta en la mesa con los brazos cruzados, enfurruñado como un gato al que le han frustrado la caza ―. Seguro que este ya está más que acostumbrado.
―Me siento bien ― admite Yuri sirviendo tres platos y colocándolos sobre la mesa ―, pero a pesar de que Viktor está retirado, todo el año pasado se la pasó entrenándome, así que creo que debería tomar un descanso. Además fue su decisión.
―Ya, y tú te sientes tan bueno por haber ganado el oro en el Grand Prix, que ahora piensas que no tienes que matarte entrenando todos los días ¡Algo de sensatez tiene que haber en alguno de los dos! ― Sinceramente, pica el espagueti con un tenedor como si quisiera asesinarla, se la lleva a la boca con la misma fuerza, la mastica y luego sonríe ―, rico.
―Yuri, cocinas delicioso ― Viktor se limpia la salsa de tomate de la mejilla.
―Ah, gracias ― el de lentes no puede dejar de pensar que todo lo que come Viktor debe saberle bien, nunca lo ha visto quejarse por ningún tipo de alimento, así que su paladar debe de estar muy acostumbrado a los sabores nuevos, generales, o tal vez a la mala comida…
―¡Oigan! No me cambien el tema, escucha: que el cerdo esté aquí o no, no significa que no me voy a esforzar en ganarles la siguiente vez y mientras ustedes están aquí jugando a la familia feliz, a los recién casados después del Grand Prix yo estaré entrenando para derrotarlos. ― Yurio se termina toda la pasta en un par de minutos más ―, así que dejen de perder el tiempo presumiéndose sus anillos mutuamente y pongan esos pies a patinar ¡Maldición!
Viktor se toma un vaso de agua entero, lo traga rápidamente y pone ambas palmas sobre la mesa, vamos que se le ha ocurrido una idea maravillosa, porque le brillan las pupilas de los ojos, sus ojos tienen la tendencia de reflejar prácticamente su estado de ánimo de una forma enorme y aunque tiene la costumbre de mantenerse sereno y agradable la furia se hace notar de inmediato, destella en sus pestañas y baila en las cutículas de sus uñas. Ahora mismo la felicidad invade la punta de su nariz, la mitad de su sonrisa y las puntas perfectas de su cabello.
―¡Cuenta razón tienes Yurio! ― Se levanta con tres veces más entusiasmo y aleja las palmas por fin para juntarlas en una, haciendo una especie de oración pensativa ―. Estamos perdiendo el tiempo…
―Por fin ― Yurio bufa por lo bajo y liquida las sobras de salsa y parmesano del plato de plástico con figuras navideñas que Yuri encontró sin polvo.
―¿Enserio Viktor? ― En realidad Yuri se lo veía venir, porque sabe que para Viktor una parte fundamental es el patinaje y que todo ese cuento de las vacaciones, etcétera, tarde o temprano se le iba a caer, todo terminaría con ellos entrenando juntos otros dos años y se acabó.
―¡Estamos básicamente a finales de invierno! Las pistas de hielo deben estar llenas todavía, es normal que sigan decoradas y la afluencia de gente es bastante… y como estamos de vacaciones, no puedes vacacionar en Rusia si no montas en trineo. ¡Vamos! Arréglate Yuri iremos a los trineos.
―¡No me jodas! ― Yurio se levanta, estampa las manos de forma similar a Viktor y suspira enfurruñado, lo está fulminando con la mirada ―, ¿Y trineos? ¿En serio?
Yuri toma los tres platos, los deja en la cocina mientras Yurio sigue gritando, gritando y gritando, luego escucha un par de ofensas, menciones a que Yuri trae encima el polo de Viktor, las pantuflas de Viktor y de cómo no se piensa llevar al perro. Observa sus maletas desalineadas y amontonándose en el pasillo, decide que tomara las suyas para meterlas en el cuarto, pero recuerda que Viktor y él han mezclado equipaje. Así que solo se jala unas cuantas, decide buscar un espacio para su ropa, lo de Viktor en el closet junto con lo demás, así que no pasa nada. Ellos pueden seguirse gritando mientras se arreglan, él va a guardar sus pertenencias…
Si tan solo encontrara donde guardarlas.
Si solo no hubiese abierto cada cajón del cuarto para encontrarlo rebosando de cosas que evidentemente Viktor jamás había usado, no podía ser un acumulador, era limpio, tenía estilo, su ropa era preciosa, entonces porque tenía un cajón lleno de cachuchas de cuadritos… prácticamente cada cajón del cuarto se definía en eso, en que solo había un solo espacio para meter la ropa. Estaba en la cómoda de la derecha, dentro había un bloc de notas un teléfono de hace tres siglos y un par de plumas, Yuri lo saca, examina los objetos por tres segundos y mete algunas cosas que son de su persona, pero nada más. No entra nada más.
―¿Viktor donde se supone que voy a guardar mi ropa? ¿Mis cosas? Al menos tengo un lugar para un cepillo de dientes… ― Yuri asoma la nariz, se ha puesto encima una chamarra de rompe vientos color blanco con crema y rosa, un gorro de lana con orejeras mullidas color avellana, vaqueros azul celeste y tenis blancos. O sea un revoltijo de lo que pudo rescatar en las maletas ―, más preocupante, donde vas a guardar la ropa que tienes en las maletas. Son ocho. ¿Dónde están tus trajes? ¿De verdad necesitas mantener estas colecciones de gorras?
―Suerte con eso cerdo ― le dice Yurio plantando su trasero en los sillones y haciendo zapping a la televisión rusa por cable ―. Viktor tiene monopolizado el imperio de su departamento.
―¿Tu como sabes? ― le pregunta Yuri con repentino interés, ladeando la cabeza, y que es eso que cae de su ceja… ¿son celos?
―Las malas lenguas lo dicen ― contesta sin darle relevancia alguna.
―No, no las necesito. Ahora que lo dices hay muchas cosas que debo sacar, podría donar algunas, o tirarlas… ― habla por detrás de la puerta de la habitación, se oye a distancia así que se asume que permanece aún bajo las puertas del armario.
―¿Dónde las dejarás? ― pregunta Yuri cuando Viktor sale enfundado en ropa abrigadora de su cuarto
―Lo que quiera conservar pero no de primera necesidad lo dejaré en casa de mis padres ― levanta su afilado y enguantado índice ―, lo demás puedo donarlo, que solo se quede lo que es completamente necesario y los trajes de patinaje, haremos espacio suficiente para que tu ropa se quede Yuri, incluso puedes utilizar el closet de mi cuarto.
―Bueno, ya se han decidido. Ya se han arreglado. Ahora vámonos ― pide el rubio molesto, azotando sus botas Doc. Martens en el piso, como si quisiera molestar a la vecina de abajo, Yuri no recuerda en que piso están, así que solo asume que abajo se encuentra Antonida.
Y efectivamente, solo deben salir del edificio a pie caminar por las calles del canal sin ser casi reconocidos, aunque Viktor se detenga a saludar a todas las viejitas, a todos los perros, a cada uno de los señores que venden cosas, hacerles platica y pedir que manden saludos a no sé quién y no se cual, pueden llegar al primer lugar que a Yuri le parece que efectivamente desentona perfectamente con el resto de los edificios. En primer lugar es un parque grande en medio de muchas lucecitas de colores que resaltan de las calles, como un Central Park en San Petersburgo, Viktor le susurra el nombre del lugar mientras cruzan el arco de fierro negro y ladrillo rojo que marca la entrada. La gente que se acumula no es mucha, la mayoría son transeúntes de paso, el pasto está completamente cubierto de nieve blanca y un poco amarillenta, las copas de los arboles chocan entre ellas y las ramas se quejan del peso insostenible de la nieve acumulada durante todo el invierno. De vez en cuando se escuchan algunos pajaritos cantando por entre las hojas.
Cuando Yuri llega a creer que han perdido el rumbo porque el sendero está cada vez más vacío y la nieve más acumulada Yurio se adentra entre los arboles con la naturalidad de una Alicia en el país de las maravillas que cae por el agujero negro del conejo blanco, Viktor lo sigue sin dificultad y a los pocos segundos una buena cantidad de risas infantiles y gritos maternos resuenan entre sus pisadas, que se hunden por la profunda nieve aguadita. Yuri vislumbra aquellas maravillas naturales que solo Rusia puede tener de una forma tan vivida. El cristal del agua es imposiblemente brillante, es grande y está rodeada de nieve, es una pista de hielo natural, creada por el frio de la temporada en lo que parece ser un largo, o tal vez una laguna.
Hay personas, en su mayoría niños acompañados por sus padres en patines de hielo viejísimos, se caen y se queman las manos con el frio. A los lados las personas crean acomplejadísimos muñecos de nieve y les ponen ropa, caras graciosas, Yuri jamás había visto algo similar. El agua se congela por supuesto, pero no así, es que aquí es distinto… se respira distinto.
―¿Te imaginas que el mar de tu casa se congelara así? ― pregunta Viktor con una sonrisa, las manos en los bolsillos
―Es fascinante.
Yuri repara en los trineos, es como la primera vez que ve uno en persona, a decir verdad ha visto como un millón en posters de Santa Claus o en comerciales de Coca-Cola, pero esta es la primera vez que los tienen enfrente de carne y hueso, son grandes o pequeños monstruos de madera desgastada, con llantas de metal en barra que hacen las de navajas para el hielo, las personas los rentan, hay por ahí algún viejecillo aprovechado que cobra 10 rublos por montarse media hora. Y esta encima de la colina que Yurio escala emocionado, aunque no se le refleje en las cejas. Viktor y Yuri lo siguen con considerable distancia. En realidad es más empinada de lo que a simple vista parece. La nieve cubre todo y solo existe un camino de llantas deslizables que se ha marcado a lo largo del día, cuando llegan hasta arriba Yurio es el primero en pagar para rentar por uno que es bastante grande.
Lo pone sobre la nieve, lo acomoda como si fuese un experto que se dedica a los trineos, que pone renos en las cuerdas, nadie creería que lo suyo es ser patinador en hielo o que le gusta que Otabek Altin lo llame por las noches solo para preguntarle si ya pudo pasar la misión del gusano ciego en Gears of War, o que si se va a conectar en línea para la partida de God of War III, o que simplemente le gusta que le hable, que le diga cosas de amigos, porque termina todo sonrojado pegándose el celular al pecho y dormido con su Kashka en la panza.
―¿Qué hacen ahí parados? Lo pedí para los tres…
―Es para tres niños, no para tres adultos ― dice Viktor inseguro, pero igual se monta.
―Nos vamos a matar ― suspira Yuri antes de treparse justo en medio de Yuri y Viktor, pega las manos a los hombros del rubio mientras este jala la cuerdita que supuestamente debe funcionar como una subespecie de timón.
―¡Viktor que haces! Empuja…
―¿Yo porque? ― pregunta Viktor con el mentón recargado en la oreja de Yuri
―Eres el mayor ― sugiere Yuri levantando los pies de la misma manera que Yurio, los ponen encima de la madera como ranitas, solo las largas estilizadas piernas de Viktor resaltan y cuando menos se da cuenta el peliplata está empujándose.
Hacen falta dos milímetros para que Viktor suba los pies rápidamente, el trineo sienta la vertiginosa caída, la madera haga un ruido de ''estoy soportando más de 180 kilos encima''. Las mejillas de Yuri se ponen rojas como tomates, el frio los golpea en la cara y el trineo se desliza a una velocidad que debería considerarse ilegal para los trineos infantiles, porque si existieran policías sería lo equivalente a una persecución con helicópteros. Oh maldita sea, van tan rápido que las mejillas se le expanden como perro bulldog, escucha a Yurio gritar conmocionado, no sabe si está aterrado o lo está disfrutando, la caída es eterna, Viktor va detrás con los brazos levantados, gritando como un niño pequeño y cuando Yuri cree que el descenso no puede ser más inclinado, que van en 90°, que se van a matar si no sucede un milagro de la virgen de Polonia.
Entonces la caída en trineo se modifica, ahora se eleva, se supone que es para ocasionar un deslice en la caída sobre la pista de hielo, pero la fuerza del trineo es tanta que Yuri sabe que se han despegado del piso y ahora vuelan por encima del hielo.
Y es un ''WOOO'' un '' WAAAAAAAH'' y un ''WIIIIIII'' al unísono, que tiembla en los árboles, resuena en la nieve, atrae las miradas de los pequeños mocosos que se limpian la nieve de la cara cuando el trineo sale proyectado atravesando el hielo y golpeando la nieve al otro extremo, Yurio queda enterrado a la mitad, Yuri siente que su cintura hacia abajo ya no existe y Viktor tiene las piernas metidas en la nieve.
―¡Dios fue divertidísimo! ― Dice Viktor levantándose, jalando a Yuri de los hombros para extraerlo de los copitos acumulados ―. Tenía diez años que no me subía a un trineo, ¿Podemos montarnos de nuevo?
Viktor suplica como si tuviera tres años, en verdad Yuri se ríe a carcajadas y le quita la nieve de todos lados mientras suplican que el trineo no esté hecho pedazos, solo ruegan, que salga en una pieza, que lo puedan devolver al anciano de la cima, tal vez Viktor pague otros rublos por él lo tiren de la cima o lo jale con patines en hielo, sea cual sea el resultado los tres están conformes y felices con su salida. Después de eso las horas que pasan en el hielo y la nieve es como si fueran niños de nuevo, tal vez como si Yuri fuese el nuevo del barrio, o cosas así, no quieren terminar de jugar con todo. Ni cuando Yuri siente un retortijón en el estómago, el cielo se tinta de naranja, las nubes de un día anterior han desaparecido. Ahora todo está más claro, obnubilados se sientan sobre la nieve antes de dejar la pista de hielo por completo. Rojos del rostro, quemaduras por el frio, nieve en los calzones, las pantorrillas y la parte de atrás de las rodillas.
―Yuri ― dice Viktor ignorando olímpicamente que Yurio sigue junto a ellos, juntando mini bolitas de nieve ―, ¿Me acompañas?
―¿A dónde? ― pregunta Yuri quitando la nieve de su gorro
―Al barrio dostoievskiano, a la casa de mis padres.
Lo dice con una sonrisa, pero es un poco seca, no le llega a los ojos. Yuri se queda estático, helado, no sabe cómo reaccionar, sabe que si habla se le cortara la voz y su garganta se cerrará, así que solo asiente tímidamente.
N/A: En serio perdonen por el retraso del capítulo, puede que ya no me tarde tanto en actualizar, lo prometo, porque estoy de vacaciones y las cosas estarán mejor ahora. Finalmente solo para aclarar que los primeros tres caps. Serán de relación y lo siguiente un poco más enfocado al caso del mpreg, que meteré con muchísimo cuidado para que sea del agrado de todos. Estoy trabajando al día con lo que pasa en la serie pero si después cambia algo, es porque no sabía que esto iba a pasar.
Perdonen que este capítulo no haya sido tan emocionante como el primero, de verdad, espero no decepcionar a nadie. Así que si se quedan conmigo, les prometo que esta historia tendrá mucha acción, amor, drama y todo.
Guest: Muchas gracias, espero que hayas disfrutado de la narrativa de este capítulo también, como dije profundizaré un poco más, les daré momentos de relación bonitos para que se vayan acoplando y cuando menos se lo esperen… ¡Pum! Nos leemos pronto. Gracias por el review pequeña galleta.
Maky―Chan: continuación a la orden, Uff sobre fecha de actualización solo diré que planeo estar actualizando los jueves de cada dos semanas. ¡Un beso!
Ancopachi: jajajaja obvio sé quién eres mujer, gracias por leerme en todo, en verdad no sé cómo me aguantas, creo que esta es la primera vez en mis fics donde meto situaciones de comedia, no se me dan mucho como habrás notado, pero agradezco enormemente tu interés al leer, te amodoro pequeño pajarito.
Guest: No esperarás demasiado, lo prometo.
Karin hitsugaya: Hola! Gracias por el cumplido pequeña galleta, espero que sigas disfrutando de la historia y no, no la abandonaré. Habrá actualizaciones lo jueves
Luca: Verás su lado Eros jajaja bueno aunque no pasara nada en la bañera fue una ocasión para calentar la sopa, y si meteré el mpreg, así que espera con él, espero que te guste. Gracias por leer.
Coco: ¿verdad? San Petersburgo tiene muchos lugares en donde divertirse y pasarla de maravilla, Uy parece que invocaste la idea de los familiares, ya veré como me las arreglo con eso que me saco de la manga ¡Un abrazo!
Yukipab: actualizaciones los jueves de cada dos semanas ¡Gracias por leer!
Guest: claro que sí, aquí continuo, actualizaciones jueves de cada dos semanas.
Haru: Miles de gracias por leer y por dejar review, claro que meteré el mpreg y también veremos mucho de su bonita relación ahora que los dos están a solas a medias jaja, espero que te sigan gustando las actus. Un abrazo!
Guest: ¡aquí continuando la historia a la orden!
Guest: ¡Espere por la actu!
¿Un review para comprarle a Viktor más muebles para ropa? *3*
PD: ¿Alguien quiere recomendar nombres para la Koshka (gatita) de Yurio?
