Disclaimer| Yuri on ice [ユーリ! on ICE] y todos sus personajes pertenece a MAPPA, Sayo Yamamoto, Mitsuro Kubo, Kenji Miyamoto, y todos los correspondientes, yo solo decidí escribir algo que ellos se estaban saltando.

Pareja | Viktor x Yuri [Vikturi]

Advertencia | Muchas aclaraciones al final, por favor léanlas.

Notas | Perdonen el retraso del capítulo, perdonen las diferencias con el canon, espero poder seguir adelante sin diferir demasiado. subí esto sin ayuda de mis betas, Char, Luna. Perdón. -iora-, annie-chan, gracias por mantenerme despierta cuando ya no podía más.


Making History

Viktor x Yuri

―Capítulo 3―

―Lo que parezca de mi talla pero no lo hayan visto jamás: en la maleta roja, lo que no parezca de mi talla y jamás lo hayan visto en la maleta verde, todo lo demás en las maletas azules… ¡Oh! Las prendas que se repitan en la maleta roja pequeña ¡A trabajar! ― Viktor tiene ese atuendo con el que parece dirigir el tráfico aéreo, uno de esos chalecos fosforescentes color naranja que no le pega en lo más mínimo y un suéter con grecas navideñas por debajo, se mueve como un remolino andante sacando y arrojando sin piedad la ropa de los cajones, echando por la borda todo el trabajo de alguien que se tomó la molestia de ordenarla y al parecer lo había hecho por tamaños y colores.

Los dos Yuris observan todo desde una distancia considerable, una en la que no pueda caerles encima por accidente un baño de lentejuelas y plumas de pato, Yurio se aleja dos zancadas de forma rápida, Yuri lo observa de reojo y de alguna manera comprende. Es que a cualquiera le latería salirse de una aventura como la que se les aproxima, porque todo parecía buena idea cuando salieron del parque de los trineos, es decir si las cosas no se hubieran tornado turbias cuando Viktor dijo 'ya dieron las tres, vamos a casa' o cuando se negó rotundamente a comprar deliciosas crepas en la cafetería de la esquina, y es que vamos habían desayunado espagueti el estómago gruñía y los tres eran patinadores, para colmo uno en pleno crecimiento, necesitaban alimentos. Luego cuando ya todo era demasiado impredecible Viktor soltó que en cuanto acabaran con la ropa podrían irse a comer, hasta que finalmente vieron la verdadera tormenta. Las maletas donde guardar los objetos no eran maletillas de viaje, oh eso sí que no, se trataba de instrumentos colosales dignos de botiquín de primeros auxilios para helicópteros ah 64 apache. Por decir algo.

El rubio ruso ya estaba echándose para atrás.

―Saben que… creo que Yakov me dijo que íbamos a comenzar a trabajar en el… programa para las nacionales rusas, si eso, bueno me voy.

― ¿Qué? uy que lastima, más trabajo para Yuri y para mí, pero bueno… saluda a Yakov de mi parte ― Viktor realmente no presta atención está demasiado ocupado mirando que tipos de bufanda va a meter en cual maleta. Se despide de rápido con la mano.

―Adiós cerdo ― Yuri levanta la mano con un gesto inseguro y gira en su propio eje para salir disparado del departamento.

Yuri lo piensa muy delicadamente, tiene de dos sopas, o se queda con Viktor eligiendo bufandas de terciopelo o acompaña a Yurio por lo menos al portón, o a la puerta del elevador, cualquiera de las opciones es gratificante si el resultado da permanecer por lo menos un poco menos de tiempo a lado de Viktor, no parece como si fuera a perder la cabeza de momento pero lo ideal es aprovechar los pequeños descansos. Aunque fuesen escasos. Sonríe a modo de disculpa a Viktor aunque este no lo miré realmente y se aleja a pastitos cortos.

―Voy a acompañarlo a la puerta…

Antes de que logre desaparecer del campo de visión del ruso nota que levanta los ojos azules y dulcifica la mirada como siempre que se miran, se crea esa atmosfera ligera de que están los dos solos en el mundo y las burbujas de caramelo comienzan a formarse en el estómago y la sangre.

―Que amable eres Yuri ― la voz de Viktor es tan ronroneante, cálida y cargada de un orgullo cegador.

Al otro lado Yurio quiere potar en la cara de ambos, en primera instancia no tiene la más remota idea de porque Yuri se afana con él para sacarlo de la casa, tiene ganas de refutarle en voz alta y a base de gritos que sabe perfectamente cómo llegar a la puerta, puede salir por su propio sin caerse lastimarse ni perderse, así que lo mejor será que no se tome la molestia de hacer algo tan innecesario porque lo único que conseguiría sería hacerlo cabrear más de lo que un adolescente necesita en un solo día. Antes de que abra la boca para quejarse Yuri ya ha dejado de embobarse con las palabras bonitas de Viktor, ahora retrocede con una sonrisa sosa en los labios y lo jala del brazo antes de que pueda protestar. Además el muy porcino tiene una fuerza medio dura, a pesar de que aparenta ser un blandengue se las arregla para arrastrarlo casi del cabello hasta la puerta, evadir a Makkachin y cerrar la puerta del departamento sin que el otro diga ni miau.

―Para que te lo sepas ― reclama muy enojado alisándose la chamarra ―, soy perfectamente capaz de llegar a la puerta del edificio sin tu ayuda, no necesito despedida formal y para que te arda yo he venido a este lugar más veces que tu…

Yuri hace caso omiso de las provocaciones. Ignora las marchitas plantas de la entrada y arrastra los tenis hasta la entrada del elevador, sin estar plenamente consciente de su actuar aprieta el botón con forma de campanita hasta que se pone rojo. Yurio se coloca de forma casual a su lado, ya ha guardado ambas manos en el abrigo y el pelo echado para atrás tanto como puede permitírselo mientras bufa y refuta. La campanita hace el coloquial sonido de llegada y los dos se trepan en el artefacto de metal con suficientes cristales. Yuri observa a Yurio, sinceramente nada de lo que ultimadamente le dice puede ofenderlo, tal vez es que tiene un buen control ante las provocaciones o que por otra parte logra comprender la actitud gruñona y mala sangre de Yurio, ya se acostumbró a lidiar con su mala leche pero de todas formas busca la forma de hacérsele el simpático, das lo que recibes y cuando Yurio siente poca amenaza de su parte… se vuelve amable, y eso mola. Y mola mucho.

―Yurio ― llama Yuri suavemente cuando el ascensor marca los últimos números ―, sinceramente yo, no tuve tiempo de felicitarte aquella ocasión. Sé que piensas que tras haber ganado la medalla de plata en el Grand Prix me siento como un ganador que ha conseguido sus objetivos, sin embargo te sigo viendo a ti como la persona que triunfó. Pues tú tienes el oro…

La puerta se abre en el lobby, para suerte de ambos el mostrador está vacío así que abandonan el ascensor en total silencio, con las caras largas mirando al piso, esperando a que alguno de los dos rompa el silencio mientras atraviesan la puerta de cristal del edificio y se encuentran nuevamente en la fría y nebulosa calle del canal. Yurio se detiene de nuevo frente a Yuri, con las arruguitas de la frente ya completamente desplegadas, solo esperando que el de lentes siga hablando pero evidentemente ahora es poseedor de una actitud mucho menos atacante.

―Sigues siendo un ganador ― complementa Yurio en voz baja ―, no te critico por vacacionar con Viktor, a pesar de que él quiere volver al patinaje… el descanso siempre será recompensado, ahora viene el torneo de los cuatro continentes y tú tienes planeado ganar.

―Sí, tengo planeado ganar ― admite Yuri pellizcando la nieve con la suela de rombos de su zapato ―, es decir, sé que ni Viktor ni tu participan en este campeonato, Viktor sigue siendo mi entrenador… voy a ganar el oro en el campeonato de los cuatro continentes y después apoyaré a ambos en el europeo, porque créeme después los derrotaré en las olimpiadas. Lo haré, así que no dejes de verme como un rival, esta vez fue la plata, soy ganador, pero voy por el oro.

Yurio siente crecer algo dentro de su cuerpo, nace en la punta de sus pies pero recorre con rapidez cada una de sus extremidades y hace que todo sus músculos se destensen como para saltar, debe ser la avidez de la competencia sana y amable, las ganas de superarse, el reto latente y la amistad rara que circula entre ambos como un balancín que va de lo negativo a lo positivo, que aunque Yuri haya ganado la plata va por el oro y que no debe descartarse ninguna posibilidad. Qué bueno, Yurio va a chocarle el puño en plan amiguitos, pero mejor le sonríe.

―Y lamento no haberte dicho que me mudaría al departamento con Viktor.

―No te preocupes, me lo esperaba. Nos veremos… en el hielo ― Yuri se pone la bufanda sobre la boca, se decide a hacerlo y lo hace, levanta el puño en una pose muy loca.

Yuri lo mira de arriba a abajo, sigue siendo mucho más joven que él, pero de todas formas tiene una actitud que desemboca en lo buena onda y poco ordinario, antes de sonreírle ampliamente levanta la derecha y pega sus nudillos a los contrarios, no sabe cómo se puede interpretar ese tipo de saludo pro le agrada de sobremanera poder obtener la conexión amistosa llena de rivalidad, es como desbloquear un título de maestro pokemon. Ahora se sonríen y se separan.

―Nos vemos en el hielo.

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Yuri se concentra lo suficiente en doblar la ropa, solo está haciendo tiempo entre una cosa y la otra para que no se le vengan todas encima y a Viktor le toque el trabajo pesado, el de elegir y tirar. Actualmente el resultado es que toda la ropa ha quedado acomodada entre maleta y maleta, dos bolsas negras de considerable basura, tres maletas que Viktor planea donar y dos grandes lomos de búfalo color rojo que quiere llevarse a casa de sus padres. Las otras tantas prendas volvieron al armario, dejando cuatro puertecitas vacías, dos cajones, y las cómodas y armario del cuarto de huéspedes completamente vacías. Por sobre todo, tenían hambre.

―Bueno ya que nuestros estómagos rugen de una forma tan desesperada y ya terminamos con la ropa, creo que podemos ir a dejarla y pasar a comer. Son las seis ― Viktor mira por encima del hombro al reloj en forma de búho blanco que cuelga de la cocina, hace un sonido de segundero moviendo las pupilas.

Yuri se levanta del piso sacudiéndose las rodillas y mira a través de las ventanas de la sala, todo se ve nublado y frio, el agua condensada del ambiente ha creado una ligera llovizna pero afuera las personas caminan como si no pasara nada.

―Parecen las diez ― sugiere Yuri hambriento ―. Viktor estuvimos tres horas clasificando la ropa, no sabía que contigo las imposibilidades se volvieran reales.

Claro, uno nunca se pone a pensar que va a hacer tantas maletas en tres horas. Viktor suelta una risa jovial, enmarcando los hoyuelos de sus mejillas, va hasta donde descansan las bufandas para salir y se pone una encima. También una linda boina color negro.

―Voy a pedir un taxi ― explica sacando el iPhone ―, podemos pasar a dejar esto y luego volver caminando, comer, no sé. Ponte un abrigo, no es muy lejos de aquí.

Yuri asiente, finalmente tuvo tiempo de guardar toda su ropa en el armario que había en el cuarto extra, Makkachin descansaba tranquilamente sobre su cama. Realmente no tenía idea de que clase debería usar, Viktor solo pidió que se abrigara así que tampoco debe ser muy exigente, aunque Viktor nunca era tan exigente con nada, Yuri miró entre su colección recién ordenada y sacó un abrigo largo color granate y una bufanda de lana blanca, los jeans azules resaltaban debajo de este y como si fuera poco los tenis comenzaban a desentonar demasiado, los cambio por unos negro más normales y bonitos.

―Pareces francés ― halaga Viktor guardando el celular en el bolsillo de su blazer de color azul celeste.

―Oh lo dice el que trae una boina ― Yuri le acomoda la boina a Viktor y ayuda a cerrar su abrigo un poco más apretado, el ruso trae una maleta en cada mano, al menos tienen rueditas.

Las arrastra por el pasillo mientras salen enfundados en ropa abrigadora y Makkachin ladra por haberse quedado dentro de casa de nuevo. Apenas caben los dos en el elevador, Viktor no parece molesto de cargar con tanta ropa, aunque seguro los que observen pretenderán que salen de viaje de nuevo, más no es así de ninguna manera. Apenas llega al lobby se da cuenta, Ivan está escribiendo algo en el cuaderno de rayas con entradas y salidas, levanta una ceja con escepticismo al mismo tiempo que Viktor lo saluda con la mano.

― ¿Es de ustedes el taxi aquí afuera? Casi lo convenzo de que no puede aparcar aquí por más de cinco minutos ― Ivan se encoje de hombros y vuelve la mirada a la pluma ―, cómprate un auto Vitya, gastarás menos.

―Tengo una bici ― responde Viktor atravesando el cristal de la entrada.

―Es nuestro taxi, gracias ― Yuri se inclina con todos sus modales japoneses e Ivan sonríe.

―Lindo abrigo. Pídele un auto, seguro que si eres tu si se lo compra.

Yuri ignora esto, o más bien se toma la molestia de no dejar que Ivan note su sonrojo. Cuando atraviesa el portón el chofer del taxi ya está batallando con las maletas de Viktor para meterlas en el auto, Viktor ha colocado una en el asiento de copiloto y la otra en la cajuela. Es que los taxis en Rusia, en especial los que Viktor pide son más bien de un servicio privado de transporte que el sigue llamando taxi y tienen la apariencia de camionetas de la mafia rusa, negras con polarizado al máximo y asientos de piel.

―Deberías comprarlo ― sugiere Yuri bajándose la bufanda, ya han arrancado ―. No puedes hacer estos viajes en la bici, es peligroso, además por cada taxi que gastas seguro puedes ahorrar para un coche.

―Luego compramos uno ― Viktor incluye a Yuri, y Yuri tiene la visión de ambos en un agencia de autos buscando el más bonito, pero de aspecto familiar ―, mientras tanto voy a investigar como rentar un auto. ¿Tú manejas?

―Tengo el permiso ― que había sido usado en total ni una sola vez.

―Yo también, pero casi no lo uso ― admite Viktor encogiéndose de hombros ―, además no me gusta contaminar el ambiente. Bueno la situación lo demanda así que conseguiré una camioneta bonita, grande, roja…

Yuri aguanta una carcajada, se pone la mano en la boca para no molestar al chofer y luego ataca a Viktor con comentarios acerca de su exageración y obsesión con lo ostentoso, Viktor le responde y ambos complementan la conversación con algunas palabras en ruso y otras en japonés. El conductor los mira de forma aburrida desde el espejo retrovisor. Puede que tengan un humor demasiado simple, pero siguen siendo chistes locales. Solo ellos se conocen. Después de unos momentos a Yuri se le ocurre mirar por la ventana, Rusia parece toda igual en todos lados, no es que San Petersburgo no sea bonito en realidad lo es y demasiado, incipiente, bien cuidada, una ciudad bonita que hace las de mancha grisácea. Las calles y canales suelen tener decoraciones y eso, pero la zona en la que ahora han entrado más bien se caracteriza por estar un poco más poblada, es que si lo piensa bien, la cosa se ve distinta.

―La zona de los mercados ― dice Viktor con una voz de guía turístico que hace que el japonés se sobresalte ―, es un poco riesgosa para los turistas.

Lo dice como si cualquier cosa. En cierta parte debe tener razón, Yuri se percata, por la gran cantidad de puestos y personas con aspecto pobretón, acompañados de abrigos obreros, tiene un aire vital, de gente que camina se mueve y habla, pero sigue pareciendo triste y solitaria. Aunque el bullicio es acaparador. Sobre todo que la colonia se nota muy bien conservada, promiscua en cierto sentido y bañada de la nieve normal. Yuri vislumbra una iglesia preciosa, como las que suele haber en San Petersburgo. Y el conductor estaciona en la calle contraria, a contra esquina, por pedido de Viktor.

Repara que de nuevo el conductor tiene la fisionomía de un gorila del zoológico gran central en Nueva York, saca las maletas con relativa facilidad y las deja sobre la anqueta a cuidados especiales de Viktor y Yuri que se le ha incorporado de forma natural a un lado, como una extensión del ruso que no alcanza a formarse enteramente ni como nativo o como turista. Viktor no paga, se maneja por base de tarjetas de crédito y se pueden dejar de lado algunas cosas. Las llantas de nieve de la camioneta hacen ruidos más especiales y salen del lugar antes de que Viktor le de las nuevas instrucciones.

―Yo recordaba que era más grande ― sorprendentemente el tono es un poco melancólico.

Están en la esquina de la calle, frente a ellos hay una casa que tiene apariencia de departamento pequeño con dos pisos, tiene ventanas con macetas a cada lado de las calles, pero éstas parecen haber muerto hace ya un buen tiempo. Las flores no deben aguantar el tipo de clima que hay en la región, o tal vez era por falta de cuidados. Se escuchan las campanas de la iglesia ortodoxa, no demasiado fuerte, pero sigue siendo un recordatorio de que hay personas que aún creen y caminan al interior de estos recintos. Viktor ignora el llamado y se abalanza a la puerta.

Es una casita blanca, modesta, pero mantiene cierto lujo que es imposible detectar si no fuese porque Yuri ya tiene un poco de experiencia y porque prestó atención a las explicaciones de Antonida la noche anterior, las paredes remodeladas son decadentes y la madera de éstas parecía natural. Todo se veía un poco viejo y olvidado, Viktor sacó del bolsillo una llavecita que parecía pesada y la insertó en la cerradura, después de un par de vueltas un pasillo de madera y paredes de yeso blanco brotaron de enfrente. Un escalón pequeño que a Yuri le recordó al de su casa, algo para dejar los zapatos en la entrada. Viktor arrastró todo por la madera, tampoco se quitó los zapatos.

El pasillo en realidad no era ni tan largo ni tan ancho, solo eran un par de metros antes de llegar a una escalera más o menos alta. Detrás de esta había una puerta, no parecía dar a ningún lugar necesario, Viktor pasó de ella como si se tratara de un almacén o de un pequeño patio, sin embargo si subió, arrastrando las cosas. La madera crujía, Yuri notó las pequeñas motas de polvo volando por el aire, pero en si todo parecía recién sacudido. Veintidós escalones después había otra puerta, esta se encontraba cerrada con un pasador.

― ¿No deberías tocar primero? ― preguntó Yuri cuando Viktor empujo la madera con la mano.

Se hizo una luz intensa al otro lado de la puerta, como si las luces estuvieran encendidas. Los muebles franceses perfectamente acomodados uno sobre el otro, dejan poco espacio en el ya reducido departamento que ampliamente muestra la sala y el comedor, una cocina a lo lejos y tres puertas de madera, después se da cuenta de que las luces no están encendidas, en realidad las ventanas arrojan luz natural sobre todo.

―Aquí no vive nadie ― señala Viktor con voz suave.

―Es la casa de tus padres ― suelta Yuri sacando el aire de sus pulmones extrañado, sin poder prestar atención a nada más que a Viktor moviéndose por el departamento con las maletas rojas ―, ¿Tu casa?

―Ya no ― Viktor levanta el dedo índice ―, mi casa tiene un especular arriba, enciende foquitos y se ilumina la calle, es mucho más alegre que este triste lugar y si, es la casa de mis padres, pero ellos no viven aquí.

Viktor habla un poco fuertecito, si la casa no tiene eco, Yuri tampoco se fija en la decoración por mucho, solo sabe que es distinta, no hay un apego al lugar, solo está aquí y se conserva porque seguramente Viktor le paga la limpieza y alguien tiene una copia de las llaves, pero por lo demás él se mueve como si caminara por un parquecito con el que se cruzó y no se toma enserio que hay una colección de tazas de porcelana fina sobre la mesa de centro, tampoco se pone a dar explicaciones a Yuri, es como si todo fuera demasiado normalito. Bueno Yuri se siente en guardia, tiene miedo de abrir la puerta y que haya dos personas adentro con genes Nikiforov esperando para salir y decir '' ¡Sorpresa! ¡Los estábamos esperando!'' así de poco solitaria se ve la casa.

― ¿Y dónde viven? ― pregunta Yuri siguiendo las pisadas de su entrenador.

―No sé ― contesta acompañando el ruidito vocal con el sonido de la puerta más alejada abriéndose, esa sí parece abandonada, el rechinido de la madera y todo.

Yuri quiere desfallecer por varias razones, la primera, no sabe cómo hacer para que Viktor le suelte todo y le cuente la verdad sobre sus progenitores, tal vez solo ahora no quiere decir nada porque igual y es algo grave o porque puede que le duela o simplemente Viktor hace todo pensando que el universo conoce de su vida, más no es así Yuri puede asegurarlo, porque si es su fan y tiene las revistas de ICE WORLD en todos los tomos en los que se mencione su nombre, pero nada se ha escrito de los papás del hombre, y por eso él tampoco se hace el que sabe, lo último que espera y también lo único son unas simples explicaciones que parece que nov a recibir. Si Viktor se guarda las cosas o si Viktor no ha dicho nada de ellos, ni piensa decir, bueno entonces… la segunda razón es porque a su parecer se puso ropa un poco chachi para conocer a esos, bueno ya no quiere pensar en la palabra, pero tal vez suegros, y resulta que son tan inexistentes, como arreglarse para conocer a un muñeco de nieve. Solo que no hay nieve, ni muñeco. Muñecos.

― ¿Y porque no me dijiste? ― está echando un poco de bronca ―, es decir yo pensé que veníamos aquí a conocer a tus padres, me puse el ridículo abrigo y tu traes esa boina, vengo cargando como un camello está maleta y te juro que iba a decirte que pararás a comprar galletas o lo que sea. Vamos que tengo ansiedad, tú no me dices las cosas, no soy adivino…

Yuri no suele pelear, tampoco reclamar es que Viktor arregla los problemas antes de que él incluso pueda sentirse molesto, ambos tienen una forma muy particular de diferir y arreglarse, pero sabe que ahora mismo no pueden ponerse los patines y comenzar a bailar sobre el hielo al son de una canción tierna como speak softly, love mientras se tocan delicadamente la cadera, arreglar el problema cuando se necesitan mutuamente hasta para hablar, pero sobre todo para patinar. Entonces las palabras y reclamos son el primer cheque… solo que ahora, de nuevo se ha quedado pasmado.

El cuarto es bonito, el ropero abarca una pared entera, la pequeña delicada cama con base de metal y postes del mismo tono está pegada en una esquina y tiene la ventana al costado derecho, en los pies hay un juguetero. Un escritorio pequeño. Muchos cuadros pegados en las paredes, son cosas infantiles. Un cuarto para un niño pequeño. Es el cuarto de Viktor, tiene fotos de Viktor en la cómoda a un lado de la cama y unos patines sobre hielo colgados en el perchero. También están los lindos listones azules, las medallas en los estantes. El cuarto de Viktor, se lo repite un par de veces para poder entenderlo, está en el recinto más sagrado de su ídolo, también objeto de amor.

― ¿Tu cuarto? ― jadea

― ¿Lo adivinaste? Oh, puedes husmear por ahí, solo voy a guardar la ropa en el armario… ― Viktor abre las grandes puertas de madera, el interior tiene cajones. Pero lo mayor parte se ve vacío ―, aquí solo hay ropa infantil, mis cosas de bebé y eso… todo cabrá perfectamente.

No necesita decirlo dos veces, desde que llegaron a Rusia ha sido lo mismo Viktor moviéndose con gracia y elegancia por todo el lugar mientras que Yuri observa detenidamente cada detalle. Se tambalea y lo hace todo a trompicones, primero porque se quita la bufanda y la deja sobre la cama, también el abrigo, después comienza a mirar de cerquita cada pequeña cosa, los tradicionales juguetes de madera ya un poco despintados, la lamparita vieja sobre la cómoda así como los dos cuadros que hay encima, uno tiene a Viktor usando ropa casual, tal vez tenga cerca de 8 años, caminando por la calle con un palo de hockey y una cara de ángel. En la segunda Viktor está encima del podio sujetando una corona de flores amarillas, un traje bastante elegante, una señorita está por entregarle una medalla de oro. No debe tener más de catorce.

Recorre con las pupilas cada estante, encuentra en una repisa un oso de peluche sin un ojo, y también una foto de un baile de graduación. Viktor fue con una chica lindísima de cabello naranja y largo, se toman del brazo con armonía, traen abrigos de piel. Yuri la deja en el mismo lugar pero se fija mucho en las letras en ruso.

'' По крайней мере, сохраняет фотографию, Виктор.

Наталья.''

―Viktor ― dice Yuri en voz baja acariciando el nombre en ruso ―, tenía novias.

También hay libros, muchos libros, la mayoría tienen títulos en ruso que Yuri aun no alcanza a comprender enteramente. Pero los acaricia con el dedo, no hay polvo, todo parece sospechoso, en realidad es como un abandono limpio. Debe estar seguro de que aquí no vive nadie, pero la casa se mantiene perfecta. Vamos que alguien podría comenzar a habitarla de inmediato si ese fuese el objetivo. No quiere hacer ruido y distraer a Viktor abriendo el juguetero, solo toma el bate de baseball de encima de este y se sienta en la cama. Se toma la molestia de sentir la suavidad de las cobijas blancas con encaje, los almohadones bordados, abundantes y cálidos. Se recuesta contra ellos, sin recelo. Es la cama del pequeño Viktor. El apenas cabe en ella, pero pone la nariz sobre los almohadones olfateando todo boca abajo.

Podría quedarse dormido.

Dentro del cuarto no había nada que se llamara a si mismo calidez, en cambio lo brumoso del exterior parecía invadir un poco más del interior, como si no fuese suficiente con lo husmado del ambiente en general. Al menos estaba seco, pero las cobijas impregnaban cierto calor corporal, Yuri se desperezó sobre ellas aferrando las manos por debajo de los almohadones, incrustando la nariz en lo blancuzco de las cobijas, tuvo la necesidad de quitarse los tenis con los pies y gemir ante la comodidad reflejada en la lana y el algodón, los resortes del colchón tintineando ante el movimiento de sus piernas. Se relajó excesivamente, sus ojos se cerraron voluntariamente. Necesitaba un descanso a la fatiga de vivir.

―Eres un holgazán ― escuchó sobre su oreja en un aliento cálido, no supo cuánto tiempo pasó desde que había cerrado los ojos ―, primero te cuelgas de Yurio para evitar la clasificación, te digo que merodees por ahí y te recuestas en mi cama de infancia a dormir.

Viktor recuesta su cuerpo encima del de Yuri, espalda contra pecho, suave abrazo por detrás, su mentón se pega al hueco que hay entre el cuello y la espalda del pelinegro, lo abraza con fuerza aferrando sus brazos en el pecho, justo por debajo de las cobijas, las pelvis de Viktor está rozando su trasero de forma suave, Yuri abre los ojos lentamente, sintiendo el peso nada incomodo del peliplata encima suyo. Todo se torna húmedo y caluroso.

Siente un poco de pena por aquel colchón, la cama infantil que soporta plenamente el cuerpo de ambos.

Menos ronroneante Viktor vuelve a hablar, con una pizca de gracia en las cuerdas vocales.

―Y pensar que en esta cama me hice mis primeras pajas ― Yuri se sonroja violentamente, su mente lo lleva a un mundo donde Viktor es joven y mete la mano entre su pijama de forma desesperada, escupe una risa para soltar la tensión ―, ¿Y las tuyas? ¿En Hasetsu?

―Si, en mi cuarto ― responde con naturalidad, como si hablar de pajas de infancia fuera algo común. Como si la conversación no estuviera tornándose un poco caliente.

― ¿Y en que pensabas? ― gruñe Viktor recargando el pecho aún más, las piernas están enredándose unas con las otras, sintiendo los muslos y pantorrillas ―, ¿Pensabas en mí?

Lo último lo dice como una súplica.

―Había muchos posters tuyos en la pared ― admite Yuri avergonzado, como si Viktor no lo supiera o algo, las manos de Viktor están jugando un poquito en su abdomen, hay un movimiento ligero de fricción. A este punto y con la respiración de Viktor sobre su oreja ya no sabe que parte de todo lo que dice es verdad.

― ¿Y qué fantaseabas? ¿Qué te besaba? ― no sabe porque Viktor puede pasar de ese modo tranquilo a seductor, tiene una voz tan anhelante, sale del estómago y la garganta. Gime y exige, pero es dulce y atrae. Yuri tiene los parpados cerrados, la cara roja y las manos apretando las cobijas mientras Viktor muerde el cartílago de su oreja. Ujum, murmura ―, ¿Dónde te besaba?

Suelta lentamente la cobija, levanta la mano y la lleva hasta la línea de la mandíbula, la recorre con el dedo corazón ''Aquí'' alcanza a gemir, Viktor lo premia y lleva sus labios hasta esa parte. ''Aquí'' vuelve a suplicar tocando su mentón, Viktor deposita los labios enteros ahí, cruje, siente con toda su alma. Yuri señala su oreja, el lóbulo. Viktor lo besa, lo acaricia, muerde, lame, sus cuerpos han comenzado a moverse, las manos de Viktor delinean sus caderas, aprietan con las uñas.

Yuri es consciente de que hace eso cuando siente que Viktor lo está tocando, no sabe en qué momento se volvió necesidad, o si es algo de inercia pero se apoya sobre las rodillas y levanta el trasero como aguardando, pero ahora Viktor está detrás de él, así que el movimiento sin duda lo siente, como se pegan como animales. Aunque haya ropa de por medio. Los jadeos comienzan.

― ¿Dónde más Yuri? ― Suelta el nombre como si le colgara de la lengua

Baja las manos aún más, en su cuello, Viktor lo toca con la nariz lo acaricia y lo besa, ¿está dejando una marca? ¿Por qué hace ese ruido de succión? Se separan. Yuri podría comenzar a abrir las piernas ahora, solo se muerde el labio.

―Lástima que no hay fotos mías, ¿verdad? ― Viktor aún tiene la seducción desbordando de las manos, de cada poro. Es probable que el sude un líquido de feromonas. A Yuri le encanta, pero sus ojos se han posado en los cuadros sobre la cómoda.

―Bueno ― suelta con una risita ―. Tenemos esto.

Estira las manos, toma ambos marcos que descansan mirándoles.

―Tu elije ― se ríe Yuri ―: ''Denme mi medalla desgraciados'' o ''Te pateare el trasero en el juego de hockey'' no sabía que jugabas hockey…

Viktor observa las pequeñas manitas de Yuri sujetando los marcos de madera y colocándolos frente a frente, su sonrisa va de lo liviano a lo insano en un segundo, no puede creer que Yuri lo haga feliz y reír así de mucho, cualquiera que pensara que su relación estaba cimentada en algo superficial debía ser un completo ciego, porque la carcajada que invade a ambos mientras sueltan las fotografías infantiles que para nada se compran con los posters que tienen en revistas, y las dejan de nuevo sobre la cómoda. Infantiles, risueños. El pecho de Yuri se eleva y baja al compás de la risa que expulsa desde su estómago, pulmones, entre otras cosas. Viktor lo abraza completamente, sus costillas bonitas hacen ruido, ronronean, pega su mejilla a la nuca y se frota como buscando cariñito. Lentamente dejan de reír.

―Sabes ― murmura Viktor de nuevo acaramelado, es interesante la forma en la que lo cóncavo que hay entre sus piernas encaje de forma tan perfecta en la parte trasera de Yuri ―, siempre he pensado que tienes un generoso trasero. No sé si sean tus genes de cerdito…

―Adelgacé ― se queja Yuri un poco crispado por los pocos pelos en la lengua de Viktor

―Y te ejercitaste ― admite Viktor suavemente, pegándose cada vez más ―, pero atrás, sigue siendo suave, abundante… tengo la sensación que si un día hacemos el amor tu trasero hará un ruido interesante cuando golpee contra él. O que si lo toco con las manos podré manosearlo de muy buena manera…

Hay una probabilidad de que Viktor en realidad esté demasiado concentrado en ese juego de caderas, demasiado decidido en toquetearlo, porque aunque anteriormente el ambiente ya se había roto, ahora se reformulaba como una fantasía, había algo intimo que los rodeaba un poco. Como una atmosfera densa y calurosa que se generaba cada vez que ellos comenzaban a tocarse y amenazaban con hacerlo enserio, Viktor mordisqueaba y lamia tiernamente la oreja derecha de Yuri, provocándole un movimiento extraño en la espina dorsal. Las manos juguetonas tanteaban terreno sobre la ropa, aunque evidentemente estaba de sobra. Yuri había pellizcado las cobijas de nuevo. Embelesado por los roces.

Podrían quedarse acostados un buen rato, fingiendo ese movimiento de embestidas, en algún momento Yuri podría hacer el intento de ponerse boca arriba, besarse las bocas. Están en una cama infantil, qué más da, no es el lugar ideal, pero están solos y calientes.

La puerta se abre lentamente. De alguna manera Yuri consigue levantar el mentón lo suficiente como para mirar por encima del hombro y ver la puerta blanca abrirse. Abre los ojos como platos. Viktor también se levanta porque el rechinido es demasiado agudo. No los deja concentrarse. La puerta deja de abrirse, choca contra el juguetero, queda completamente abierta. Se ve el comedor, la sala.

―Qué raro… ― murmura Viktor ―, no recordaba que hiciera eso sola.

Se separan lentamente. Mirando con desconfianza la puerta abierta. No hay siquiera una corriente que haya podido abrirla. Todas las ventanas están cerradas, y lo que más le asusta a Yuri es que Viktor tiene el ceño fruncido como si fuera la cosa más extraña del universo, quien sabe cuántos años vivió ahí, pero parece que nunca había visto algo similar. O que por lo menos lo está meditando demasiado, analizándolo.

El sonido de algo resbalando, como un abrigo que cae lentamente desde una silla hasta el piso. Pero Viktor trae sus abrigos puestos, Yuri tiene los suyos en la cama. Y ambos se levantan alarmados.

―Ahora recuerdo ― murmura Viktor balbuceando ―, en esta casa pasaban cosas bastante raras…

Yuri va a gritar que salgan inmediatamente, no le da tiempo. Hay algo que se está fracturando desde la cocina, algo que se rompe. Como si alguien hubiese tirado una taza, no da tiempo a pensar si es un ladrón, si alguien se metió a la casa, que demonios pasa, está paralizado porque los sonidos son rarísimos. Solo toma su ropa, observa el cuarto con una cara de muerto viviente y se aventura a salir corriendo de la casa. Esperando no tropezar en las escaleras y morir. Viktor avienta las maletas rojas ya vacías, toma las llaves y sale corriendo justo detrás de Yuri.

Demasiado asustado como para poder reaccionar. Viktor cierra todo con manos temblorosas, o tal vez son nervios, realmente no se ve tan atemorizado como Yuri, que jadea temeroso. Pone el candado en la entrada de la casa, toma la mano de Yuri y salen como rayos.

Cuando están comiendo crepas sobre el canal de la calle del edificio de Viktor se limpió el labio inferior y sonrió al plato.

―Tal vez no debimos salir así de atemorizados. Tal vez los Viktor del pasado iban a brotar de los cuadros y bailar con nosotros, como en Анастасия, один раз в декабре.

―Tal vez no debiste pedir una creppe de queso de cabra si ibas a dejar todo el queso a un lado. Piensa con la cabeza Viktor, no con el estómago.

―Tenía cerezas, y yo quiero mucho las cerezas.

Yuri miró detenidamente a su acompañante, miró todo de él, sus manos firmes y largas, pestañas plateadas relucientes y los mechones de cabello que jugueteaban amorosamente en su frente, incluso le picaban en la oreja, todo lo que le gustaba de él. Ahora Yuri tuvo que arrepentirse mientras se mordía el labio, arrepentirse de asustarse y salir de la casa cuando sus pelvis se estaban tocando. Tú que vas a saber de querer Viktor.


N/A: Se me cae la cara de vergüenza se los juro, en primer lugar porque ya había dicho que la actu iba a estar los jueves de cada dos semanas. Cosa que planeo seguir cumpliendo, pero pasaron dos cosas, la primera me puse unas uñas que me impiden escribir rápido, la segunda llegó un gato a mi casa y ando atareada con él. ¿Alguien quiere al pequeño Yurio?

Bueno quería aclararlo desde el principio y como dije antes estaba haciendo todo lo posible por ir al pie con el canon, pero me cambiaron los hechos de forma medio tajante. Lo que intenté hacer en este cap sobre todo en la primera escena es aclarar cosas, ya que yo mencioné antes de Yuri había ganado, cosa que no pasó, así que solo agregue ''plata'' ganó plata. Y se fueron a Rusia, la diferencia está en si Yurio en la última escena lo sabía, en el fic no. Más que eso no hay mucha distinta, pueden seguir el hilo de la historia y tan tan. No problema.

El hecho de la siguiente temporada espero que tampoco afecte, según mi idea el torneo que viene es el de los cuatro continentes, donde no entra Rusia, si quieren más información busque en google. Lo que me da un año libre a Viktor, sé que en la serie seguro ellos sigue entrenando pero por ahora en el fic la andan medio vacacionando. Tal vez en los siguientes caps. Agregue mas notas para aclarar más cosas, ahora estoy contra reloj así que no me extiendo más.

Pd: esto sigue siendo un mpreg.

¡Espero disfruten del cap, dejen review si fue así!

PD: la nota en la foto de Viktor decía ''Al menos conserva la foto Viktor. Natalia'' y al final Viktor dice ''Anastasia, una vez en diciembre'' haciendo referencia a la película de Dreamworks.

Guests:

Coco: Hola! Jaja lamento no haberme enfocado más en la casa Nikiforov, ni en los padres de Viktor, aunque supongo que Viktor no se salvara de una sesión larga de preguntas, hasta ahora no sé qué vaya a pasar con la familia del chico. Tampoco quería ser muy dramática con esto, los dejo en dudas. Tasha es un gran nombre para una gatita ¡Me gusta mucho!

Satii: Lamento haberte hecho esperar, y también lamento no poder responder más preguntas de la familia Nikiforov. Pero pronto habrá menos interrogantes, gracias por todo.

Haru: Cuando me dijiste que Yuri me quedaba cómico sentí como que se me erizaba la piel, nunca he sido buena escribiendo comedia ni nada jajaja así que tuve miedo y cañón, pero si tú lo dices me ha puesto feliz ver que puedo explotar a los personajes por otros lados. Espero meter cada vez más un poco de Otayu, ya que de verdad me encanta esta pareja, quiero verlos siendo amigos… enamorándose no sé. Y dios, mi canon falló, entré en depre por esta razón y sentí que el fic estaba arruinado, pro bueno… gracias por seguir leyendo. Un abrazo!

Shary: jajaja pues me ha quedado cómico el cap. Y eso me pone nerviosa! Saludos y gracias por leer!

Nissi: Oh dios, dile a tu amiga que gracias y cómprale un sándwich de mermelada de mi parte. Beso!

Yukipab: Lamento no haber mostrado a los papis, pero igual espero que te gustara el cap. Un beso!

Guest: Todos los jueves – abrazo-

¿Un review para que Viktor y Yuri vean una peli de terror juntos?

Estoy escribiendo otro fic, omegaverse, Vikturi. ¡Pasen a leerlo! Se llama: Los amantes de la traición.