Disclaimer| Yuri on ice [ユーリ! on ICE] y todos sus personajes pertenece a MAPPA, Sayo Yamamoto, Mitsuro Kubo, Kenji Miyamoto, y todos los correspondientes, yo solo decidí escribir algo que ellos se estaban saltando.
Pareja | Viktor x Yuri [Vikturi]
Advertencia | ¡Ya se viene el mpreg!
Notas | Me encanta retratar la relación que tienen estos dos de esa forma tan casual, tan ¿somos una pareja en San Petersburgo''. De hecho los hago tan casuales que a veces se me olvida que es un mpreg, y que tendré que meter muchas cosas para que todo tenga sentido, en fin, no se preocupen y disfruten, que la angustia no tardara en aparecer. ¡Gracias por su apoyo!
PD: Pasé de tener 2 betas a no tener ninguna, especialmente porque las dejé libres ya que no podía exigirles que me ayudaran y me sentía mal dándoles el capítulo, no se porque, tal vez si alguien está interesado en ayudarme con el fanfic... bueno ¡Bienvenida! (ojalá haya alguien)
Making History
Viktor x Yuri
―Capítulo 4―
―Y entonces fuimos a recogerlo cerca de la estación de tren, estaba en una bolsa pequeña y acogedora. Mamá batalló muchísimo para que lo trajeran hasta acá pero fui realmente feliz cuando lo vi, era muy pequeño ― murmuraba Yuri mientras empujaba con sus brazos en total plenitud el carro de supermercado.
― ¿Y decidiste ponerle mi nombre? Yo no creo que tenga un nombre de perro ― Murmuró Viktor sentado encima del carrito, con las piernas colgando sobre el frio metal, sus manos jalaban y extendían los objetos desde los anaqueles, los ponía frente a sus ojos como por dos minutos y luego tiraba uno en el interior y el otro de vuelta a su origen ―, no me malinterpretes, me halaga. Hubiera querido verlo.
―Yo no creo que tengas nombre de perro, así como no creo que necesitemos cuatro tipos distintos de Té chai ― murmuró Yuri arrancando de las manos de Viktor los sobres de tamaño considerable en diferentes tonos ―. ¿Ves esto? Se llama lista de supermercado, venimos por lo que está en el interior. Así que tómala y léela.
―Pero estas cosas son aburridas ― admitió Viktor tomando el papel en caligrafía de Yuri, blanco y arrugado, alisándolo entre sus guantes de piel ―. ¿Suavizante para telas? Ni si quiera tengo lavadora.
―No bromees ― pidió Yuri empujando, la verdad es que Viktor no pesaba tanto, sobre todo si tenía de aliadas a las cuatro rueditas del carro de supermercado. Pero había que tener en cuenta el hecho que no había realizado nada de ejercicio como por una semana, que el carrito estaba lleno de cosas innecesarias y que apenas habían recorrido dos pasillos del gigantesco mall.
Viktor volvió su atención a las compras y siguió seleccionando los objetos que Yuri había marcado, la letra del japonés era bonita y redonda, no se asemejaba a la de ningún otro chico que el conociera, la suya era demasiado cuadrada o muy cursiva, además era fácil de entender a pesar de que mezclaba el hiragana con el kanji, pero dejando eso de lado realmente había podido seleccionar cuales eran exactamente los instrumentos hogareños que iban a necesitar, la despensa y el refrigerados llevaban meses vacíos y ellos no podían comer afuera todo el tiempo. Por más que el peliplata lo hubiese intentado, Yuri solía rechazar los desayunos en el puerto o las cenas en el canal. Prefería quedarse a comer en casa, pero si no tenían nada que comer entonces era momento de surtirse.
El exterior helaba, había cierta corriente de nieve y agua, como si quisiera llover pero el clima estuviera completamente indeciso, sin embargo todas las personas llevaban encima sus abrigos y paraguas. Yuri no quería quitarse el pullover azul, sentía que los dedos se le caían cada vez que tocaba un frasco de metal, una lata de aceitunas o carne de los refrigeradores. Viktor en cambio se veía fresco como jitomate recién cosechado, tenía un suéter amarrado en la cintura, jeans de mezclilla y unos tenis rojos que seguramente había comprado en Milán o Paris, pues tenían una inscripción en francés ilegible.
― ¿Tenemos que llevar leche deslactosada o algo así? ― levantó el mentón al techo para cruzarse con los lentes del pelinegro.
―Prefiero que sea light ― murmuró Yuri tomando Yogurt con sabor a frambuesa mientras Viktor estiraba el brazo para tomar el frasco de leche ―, y lleva dos litros. También cereal, el del duende…
―Aquí no hay cereal del duende ― se burló Viktor tomando una caja de cereal con la figura de un tigre blanco ―. ¿Desde cuándo existe más de un tipo de mantequilla para cocinar? ¿Y estos aceites? ¿Trigo, olivo? ¿Eso para qué sirve? ¡Le hubiéramos dicho a Katinka que viniera!
―Nada de Katinka ― lo regañó Yuri presionando las aletas de su nariz, empujando de nuevo con todo su esfuerzo ―, además deja de quejarte, el carro va súper lleno, tú pesas como 150 kilos y yo tengo que ir arreando todo como burro. Estoy más cansado, tendrás que cargarme a casa…
―Número uno, Yuri malo, no peso 150 kilos ― levantó el dedo índice por encima de su nuca para que el japonés lo viera bien ― segundo lugar, Katinka si y tercer lugar, te cargaría hasta Tombuctú cariño.
Katinka. Yuri no había dejado de escuchar de ella desde que volvieron de la casa de los padres de Viktor, es decir sabía o asumía que se trataba de alguien a quien Viktor conocía tan bien como a Antonida, sin embargo sus quejas con el aseo siempre llevaban la palabra Katinka impresa en ellas. A los días descubrió que se trataba solamente de la mujer que realizaba el aseo en su departamento y en la casa de sus padres, entre otras cosas de las que también estaba encargada: resaltaban hacer tartas de fresa y jugo de melón. Una buena empleada doméstica y Viktor moría por encargarle todo, pero Yuri no estaba acostumbrado a que alguien más tocara y planchara su ropa interior, siempre fue mucho más independiente en algunos sentidos, además de que trabajaba desde pequeño ayudando en la limpieza del negocio de sus padres, era irregular que Viktor ignorara esa clase de cosas. Que no tuviera lavadora, secadora o tendedero. Que no sacudiera los muebles y por supuesto que su alimentación estuviera tan bien balanceada, pero que el básicamente no cocinara nada.
― ¿Sabes cocinar no? ― preguntó Yuri inclinándose a su oreja ―, entonces quiero que me prepares el desayuno por las mañanas y eso, no voy a salir y decirle a Katinka que me haga huevos revueltos en arroz. Yo quiero que los hagas tú.
― ¿Y café? Porque puedo hacer café ― se alegra Viktor tomando el frasco de café más grande y cercano, uno que dice sin cafeína porque no quiere estropear sus perfectos horarios de sueño nocturno.
―El café está bien, gracias por tu consideración Vitya ― Yuri llega hasta la caja registradora y con cuidado olisquea el cabello plata de Viktor antes de soltar el carro y tomar una de las revistas mientras aguarda a que el cajero termine de atender a las tres señoras frente suyo.
―Bueno ― Viktor empuja sus brazos desde los costados del carrito y deja que los productos que acaban de seleccionar caigan sobre el frio metal en vez de reposar en su estómago.
Hacen falta un par de movimientos más para que se baje del carrito, aterriza con sus perfectos tennis rojos sobre el piso blanco del centro comercial. Yuri no aparta la vista de su revista, aunque no entienda exactamente de qué trata está completamente entretenido observando los diferentes tipos de langostas que hay en el lugar, hay unas moradas y algunas azules. De hecho está tan concentrado en la diversidad animal de las fotografías que no nota cuando Viktor repentinamente, aunque completamente calculado, sale de su vista. De pronto solo levanta la mirada y no lo encuentra por ninguna parte, no entra en pánico inmediatamente, aún hay varias personas frente a él en la fila y tienen bastantes compras. Sin embargo Viktor parece haberse ido para siempre, por más vueltas que da en el propio eje, se pone de puntillas para mirar por encima de la cajera, en el exterior el vidrio está empapado de agua.
― ¿Viktor? ― llama trémulamente, asustado por la soledad.
―Yuri ― responder Viktor llamándolo desde el otro lado de la caja ―, espera por mí, no me tardo.
― ¡Viktor! ― lo llama inútilmente cuando lo ve alejarse ―, maldición, bueno yo pago.
Lo pierde de vista, básicamente, en el mismo instante en el que deja de escuchar su voz. El constante ruido de los artículos pasando por el checador distrae del chipi chipi de la lluvia que se desarrolla en el estacionamiento del centro comercial. Comienza a sentir un poco de ansiedad, el tipo de ansiedad que pasa frente a él cada vez que Viktor se aleja demasiado, como si fuese una necesidad constante saber dónde se encuentra, porque vamos, él es el extranjero, el que no sabe ruso y el que paga en yenes, por lo menos Viktor ha cambiado todo su cambio, pero por esta ocasión pasará de eso y utilizaraála tarjeta de crédito. Solo espera que la mujer, que a leguas se ve malhumorada, no le pregunte algo que no puede responder.
Las últimas personas pagaron un montón de jugos de fresa y mango, que seguramente no sabrían como las verdaderas frutas por la cantidad desmesurada de azúcar y conservadores, Yuri se posó frente a la cajera jalando de su carrito de supermercado. La mujer lo vio de arriba abajo, estaba mascando chile, tenía sobrepeso y una verruga asquerosa en la punta de la nariz. Algo que cualquier medico decente podría haber quitado, pero a ella parecía no importarle.
―добрый день ― sí, así se dice buenas tardes. Estaba seguro de eso, la mujer levantó las cejas en unos ángulos perfectos y comenzó a pasar los artículos que Yuri había dejado sobre la banda.
―кровавые иностранцы…
Así que había murmurado algo de vuelta, de cualquier forma a Yuri no le costó fingir que no la había escuchado, de haberlo hecho se habría visto obligado a responder y en las condiciones actuales no podía hacerlo. La despensa bien surtida que eligió junto con Viktor podría ser útil por lo menos por los primeros meses, es más la cuenta iba a ser bastante larga y Yuri aprovechó para desechar algunas cosas que Viktor había metido infraganti en el carrito, dulces de colores, chocolates suizos, fetuccini. Él no sabía prepararlo y Viktor tampoco. Y por Dios, ¿De verdad iban a necesitar 7 latas de sopa de tomate? Sus manos se congelaron poco después de dejar todos los artículos, el hombre que se encargaba de envolver las bolsas rápidamente colocaba los montículos de comida en el carrito suavemente, Yuri se recordó a si mismo que Viktor tenía buen sentido del tiempo, que no iba a abandonarlo por horas, tal vez solo tenía que ir al banco, es decir había más tiendas pegadas a esta… era posible que se diera una vuelta en las aledañas.
―$678,00.00 ― informó la mujer esperando a que el chico dejara de mirar por la ventana como si las gotas de aguanieve fueran a darle las respuestas a todas sus interrogantes.
Yuri revivió con un respingo y apartó la vista de la salida, extendió la tarjeta de crédito con desconfianza, no por la cajera, de hecho lo que le cojea desprevenido es que justo después de entregarla pasaría lo siguiente: iba a firmar, se la devolvieran, le daría un poco de cambio al empacador y jalaría con sus compras hasta la salida del mall, luego vería por todos lados y kaput, Viktor no se iba a encontrar, prefería que la cajera se retrasara aunque sea unos segundo, lo que sea que le diera ventaja para encontrar a su peliplata. Lo que fuera.
―Благодарим Вас за покупку ― en realidad, todo fue incluso más rápido de lo que pensó. Hizo la firma por inercia y no tuvo tiempo ni de dejar caer la pluma, casualmente, como si se le hubiera deslizado de los dedos. En vez de eso ya lo estaban despachando, ya estaba jalando del carrito que parecía pesar el doble a pesar de que Vitya ya no estuviera encima.
Parecía que las personas lo miraban, como si estuviera a punto de entrar en una especie de shock o en alguna crisis de ansiedad, pues miraba para todos lados intentando encontrarlo, detuvo su andar frente a la óptica, la cafetería, y cuando ya no hubo más locales en los que fijarse estaba frente a las puertas corredizas del centro comercial. El sensor detectó su presencia y abrió para dejarlo salir con todo y el carrito, Yuri sacó aire de golpe, recordándose que tenía el celular a la mano y que solo bastaba con presionar el número 1 en sus favoritos y la llamada conectaría directamente con Viktor.
Lo que le molestaba era que ahora estaba parado con las compras bajo el agua nieve del estacionamiento. Un estacionamiento nada techado, como si fuera poco, los hombres que trabajaban ayudando a la gente a cargar las bolsas admiraba desde lejos que era un extranjero, y que estaba perdido. Pero lo ignoraban, como si sintieran que hacerle la pregunta por cordialidad lo ofendería, a Yuri no podría importarle menos. Buscó entre su pullover y su campera por el celular, varios bolsillos vacíos, el cambio y los tickets del supermercado. Dio con él en cuanto lo sintió vibrar, seguramente era Viktor.
― ¡Vitya! Estoy esperándote afuera ― sollozó alarmado ―, ¡Está helando!
―Tranquilo Yuri, estoy justo enfrente de ti… ― su voz era un ronroneo, de alguna manera no se escuchaba el sonido de la nieve o de los autos pero siempre pasa cuando alguien dice que está cerca de ti. Te yergues tan alto como una jirafa y buscas hasta en los más recónditos espacios donde puede haberse metido ―… enfrente Yuri.
―Deja de jugar ― suplicó pegando con el pie en el piso ―, ¿Sabes cuantas bolsas tengo que cargar? Un momento, Viktor que…
― ¡Taraaaaan! ― rugió Viktor levantando ambos brazos cubiertos por un rompevientos de color azul marino, estaba saliendo por el quemacocos de un auto. Los copos de nieve mojaban su cabello y sus mejillas.
Tenía una sonrisa celestial.
― ¡No inventes! ― se emocionó Yuri inmediatamente, jaló con todas sus fuerzas del carrito.
Es verdad había un auto estacionado justo frente a la entrada. Viktor se movió un poco del quema cocos y la cajuela se abrió de forma automática. Luego la puerta para que el ruso saliera y ayudara al pelinegro a meter todas las cosas en el interior, Yuri estaba tan sacado de orbita que solo pudo, mecánicamente, sacar y meter las bolsas hasta que el carrito quedó vacío y abandonado sobre la banqueta del mall. En cambio Viktor volvió a chillar emocionado cuando cerró la cajuela, miró a Yuri y le sonrió con todos los dientes, sus colmillos soltaron un destello emocionado.
―Vamos Yuri ― habló Viktor y de inmediato le dio la espalda, entró a la puerta del conductor solamente para abrir la puerta del copiloto en un instante y desde adentro.
Yuri miró al centro comercial de nuevo, había tal vez un par de fisgones curiosos por el excéntrico sujeto que acababa de traer ese tipo de auto a un supermercado promedio. Yuri no podía identificarlo, porque no era bueno con la mecánica ni los autos, suponía que tampoco Viktor, pero él tenía el carnet más gastado que el suyo, sin estrenar. Entonces solo siguió la peligrosa corriente que el chico le imponía y se metió a su lado en el coche. Blanco, de llantas negras, dos asientos, reclinable, quemacocos, descapotable. Moderno, elegante, lujoso.
― ¿Qué es esto? ― murmuró Yuri entre resistas ―. ¿Lo rentaste? ¡Debí ir contigo!
―Habrías elegido una camioneta ― detectó Viktor encogiéndose de hombros ―. Por mi parte tenemos esta deliciosa joya y no, no lo renté, lo compré.
―Dijiste que lo rentarías por ahora.
―Me convencieron ― de nuevo lo decía como si no fuera nada importante, como si Viktor tuviera un palo clavado en el patio que daba plata ―, hice todo el trámite por internet, anoche mientras dormías en el sillón como un bebé y te negaste a ayudarme a recorrer los muebles de la sala. Busqué la agencia, lo pagué, pedí entrega inmediata y me dijeron que pasara hoy por él.
Arrancó. El interior era sumamente cálido, tenía un sonido como el de una pantera que rugía, ligero pero fuerte. Los asientos eran de cuero blanco, pero se mantenían igual de calientes que el resto del auto, por el aire acondicionado, la nieve que se deslizaba por el parabrisas estaba siendo limpiada lentamente y las gotitas se caían creando divertidas figuras como lágrimas en cada uno de los cristales.
―Es un Audi ― comunicó el dando vuelta, saliendo de la zona comercial ―, un r8 v10 spyder, si quieres más detalles.
―No los necesito ― admitió Yuri encantado ―, me basta con que este bonito.
―Tú estás bonito y nadie te dice nada ― soltó Viktor guiñándole un ojo.
Yuri se sonroja con violencia, como siempre que Viktor termina diciéndole algo lindo sin medida y baja la vista hasta las botas que trae en los pies, se las saca con ayuda de los mismos, pues se le han mojado de estar esperando afuera, sube los pies en el asiento y comienza a calentar con las manos a través de sus calcetines.
― ¿Dónde los vas a aparcar? ― se pregunta de pronto, cae en cuenta que el edificio de Viktor no tiene Parker.
―Tenemos un estacionamiento privado como a dos casas a la derecha, parece un almacén ― explica Viktor ―, ahí guardo otras cosas, cada quien tiene un espacio pequeño y puedes meter lo que no ocupes. Como las luces de navidad o esas cosas. Te va a encantar, es como subterráneo y da mucho miedo.
― ¿Por qué iba a encantarme algo así? ― pregunta Yuri confundido.
―Bueno si eso no te encanta ― Viktor rodó los ojos por enfrente, señaló la guantera que estaba justo enfrente de las piernas encogidas de Yuri ―, abre ahí.
Yuri obedece, tiene un pequeño seguro que cede en cuanto lo toca. En el interior se desparraman los recientes papeles de compra, la vigencia y todo eso, tal vez algunos contratos con el seguro de autos, pero más allá está una pequeña cajita de cartón, no se ve como nada especial o particularmente cara, en realidad es solo una caja, como de celular.
― ¿Es esto? ― pregunta Yuri sacándola.
―Ábrela ― pide Viktor frenando en la esquina del canal de su edificio, el alto los atrapa por unos segundos mientras Yuri lidia con el seguro antirrobos de la caja, o sea una cinta para pegar.
Encuentra el interior lleno de unicel, al principio no llama demasiado su atención, se trata solamente de una copia de la llave del auto, la otra seguramente está pegada a volante, Viktor debe estar conduciendo con ella, se nota que esta es la de remplazo. Sin embargo cuando la saca es cuando se da cuenta del detalle pequeño que Viktor ha incluido. Además de que por supuesto le está dando sus propias llaves del auto, lo que significa que por lo menos por ahora el auto es tan suyo como del ruso. Más, ignorando ese hecho, se concentra en el colguije que trae la llave.
― ¿Te gusta? ― pregunta Viktor arrancando nuevamente el auto para entrar a la angosta calle de su casa. Pasa el edificio donde viven.
―Es preciosa, me encanta ― admite Yuri haciendo que el pequeño objeto de metal destelle frente a sus ojos, Viktor tiene tan buen gusto y muy buena memoria para los pequeños detalles ―. Una V. es lo que le hacía falta a mis llaves del auto.
―Tengo una Y ― presume Viktor orgulloso menando el dije que cuelga de las llaves pegadas al auto.
Y ahí está todo, se encuentran de nuevo mirándose mientras Viktor entra al edificio que va en picada al subterráneo, las luces halógenas destellan en la oscuridad, el guardia no pregunta nada solo abre el paso para que estacionen en donde Viktor quiere, tarda un minuto en encontrar el lugar exacto, cuando gira la llave en el auto este se apaga y una luz cálida se enciende en el interior. Yuri desliza las yemas de los dedos hasta dar con el botón de apagado y el auto vuelve a quedar a oscuras, solo con el exterior verdoso y negro del estacionamiento. Yuri pega su frente a la de Viktor, enreda las manos en su nuca.
― ¿Qué te parece? ― pregunta Viktor sonriendo contra sus labios.
Sintiendo como Yuri se desliza de su asiento hasta ponerse encima de él con las piernas a cada lado, acariciándole el cuello con las manos y rozándose las narices. Se muerde el labio con el ceño fruncido y los cabellos negros revoloteándole por toda la cara.
―Me parece que eres un cursi ― muerde su labio inferior con fuerza, hasta que Viktor suelta el aire de golpe ―. Y me encanta tener unas llaves del auto con tu inicial, que tu lleves la mía también. Me parece fascinante.
―Feliz cumpleaños ― murmura Viktor comiéndole la boca y jugando con sus manos en los muslos de Yuri, no le pesa ni un poco, en cambio solo se concentra en besar sus labios, todo lo lento que se pueda, juntando las lenguas lo más que pueda.
―Maldición ― gruñe Yuri, por un segundo pequeño, Viktor piensa que lo dice porque el beso está subiendo de intensidad, o tal vez la palanca de velocidad estaba clavándose en su pie o le molestaba la luz halógena, lo que fuera ―, ¡Se me cayeron las llaves!
― ¿Qué? ¿Dónde?
―Detrás del asiento, joder no las alcanzo ― Yuri se queja mientras se estira como gato en el asiento, Buscando la parte de atrás, intentando recuperarlas con la punta de los dedos ―, haz el asiento hacía atrás.
―Tu rodilla me está perforando un pulmón ― se quejó Viktor moviéndose en la oscuridad ―, voy a prender la luz.
―Espera, espera, las tengo…
Viktor estira los dedos lo suficiente como para que sus uñas toquen el botón de la luz y se encienda, sin embargo cuando se ha movido un poco Yuri resbala sobre sus propias piernas, con las llaves aferradas a los dedos como si se le fueran a caer si las soltaba nuevamente, su espalda choca con fuerza contra el volante y se activan tres cosas al mismo tiempo. La bolsa de aire, el claxon y la alarma del auto.
― ¡Voy a morir ahogado! ― Grita Yuri mientras lucha con el colchón que se formó en su espalda ― ¡Y sordo!
―Yuri cálmate ― suplica Viktor intentando encontrar la cosita, la que se jala, con la que se desinfla la bolsa de aire, para volver a meterla en el lugar donde pertenece, sin embargo Yuri se zangolotea encima de él como si fuera un pez recién pescado, incluso repara que tiene los brazos pegados a su cuerpo como un pulpo. Las llaves se le entierran en el cuello.
Después de varios intentos fallidos, la bolsa se desinfla, el claxon y la alarma se apagan y Viktor tiene que llamar por celular a Yakov para preguntarle como meter la bolsa de aire de nuevo en el compartimento, que sea explícito y paso por paso. Fueron regañados, dos veces, la primera por comprarlo y por estrenar el protector y la segunda por ser lo suficientemente tontos como para no poder guardar una bolsa de aire. Después salieron cargando las cosas de la despensa, mitad y mitad, aunque Viktor llevaba un poco más y corrieron entre la nieve hasta el recibidor.
Sonriendo.
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―Ya, ya ponle play ― chilló Yuri entrando en las cobijas al mismo tiempo, prácticamente, en que sus dedos se apartaban del interruptor de la luz. Extrañamente aún no conseguía quitarse esas cosquillas de los pies cada vez que tenía que apagar la luz para algo, terminaba por lanzarse en la cama como si se tratara de una especie de campo de protección anti espíritus y cosas de la tercera dimensión.
No podrás pasar a la cama, la cama es zona segura. Y no conforme desde los pies se metió a las cobijas y arrastró por debajo como si se tratase de un gusano de seda, hasta llegar a los almohadones y por consiguiente al lado de Viktor. Estaban en pijamas cálidas, rodeados de cobijas calientes y almohadas, el pelo de Makkachin acariciándoles los dedos de los pies y calentándolos bajo su estómago canino, completamente dormido. Viktor tenía en la mano el control de la televisión, o algo así, decía que era multifuncional. Pues aunque la laptop estaba conectada a la televisión de pantalla plana no dejaban a un lado el control.
El cuarto en oscuridad, Yuri terminó abrazándose al torso de Viktor en cuanto pudo. Cubriéndose con una manta por encima de las cabezas, la luz de la laptop parpadeo dos veces.
―Listo, la película de terror rusa más escalofriante de 1992. The touch ― murmuró Viktor arrojando el control ―, ¿Te gustan las emocionas fuertes, no?
― ¿Tiene subtítulos? ― preguntó Yuri con un puñado de palomitas en la mano, llevando con lentitud cada uno de los granos explotados, calientes y bañados en mantequilla que habían traído del súper, hasta su boca.
―Solo en inglés.
Yuri dejó una palomita llena de mantequilla en los labios de Viktor.
Si bien, Yuri no era un chico que disfrutara mucho del terror, tampoco Viktor lo era. Vaya no era el género favorito de ambos, los dos extrañamente, preferían las comedias tontas de Adam Sandler o cosas así, si se ponían mucho más exquisitos terminaban viendo algo de cine de culto. El cine de arte era aburrido para Viktor y Yuri no ponía mucha intención en parecer un snob, pero resultaba que mientras acomodaban la comida en la despensa Yuri encontró un cartón abandonado en la orilla de la alacena, pensó que se trataban de galletas saladas. Más justo cuando estaba por conseguir un cúter para abrirla Viktor lo detuvo muy serio.
―Esto me recuerda a una película, donde un sujeto encuentra una caja con películas adentro. Son de asesinatos.
― ¿Qué? ¿Siniestro?
― ¡Anda! ¡Esa! ― Viktor tomó la caja entre sus brazos y danzó con ella hasta la sala como solo él sabía hacerlo.
― ¿Y que hay adentro? ― preguntó curioso, observando al mayor quitar la cinta y observar cuidadosamente el interior de la caja ―, ¿Películas de asesinatos?
Lo dijo de broma pero la voz la salió estrangulada.
―No precisamente ― comentó Viktor mostrándole el interior ―, es mi colección de canicas de vidrio. Pero si quieres puedo mostrarte lo que es el verdadero terror…
Y así habían terminado buscado un link pirata entre chorros de virus, conectando la laptop, preparando palomitas y acostándose juntos en la cama para ver la película de terror que según Viktor asustaba demasiado, pero era vieja y tenía mala calidad. Sin embargo los sonidos, el timbre chillón, la televisión y estática, el agua nieve que golpeaba la ventana en la espalda de ambos. Cada centímetro del departamento se sentía vacío, solo, ambos acojonados viendo como la recatada mujer de la película encontraba el cuerpo sin vida de una señora que acababa de cortarse las venas, y luego de la impresión se sentaba encima de la cama, donde el cadáver de un niño pequeño claramente muerto la esperaba.
―Ay Dios ― murmuró Viktor ―, que efectos…
―Es del 92 Vitya, ten un poco de consideración.
No sabía como pero desde que ambos vivían en el departamento no habían pasado una noche juntos, ni para dormir ni para ninguna otra cosa, no llevaban mucho aquí, pero vamos que si por Viktor hubiese sido desde la primera noche se lo habría pegado al cuerpo, como una babosa de caracol, tal vez lo habría sujetado tan fuerte en un abrazo que más allá del cuerpo parecía llevar el alma misma, pero habían estado tan ocupados, tan cansados, Yuri caía dormido en el sillón, o en su cama. Se movían para todos lados todo el tiempo. Así que cuando Viktor vio el reloj de su habitación marcando las 12 de la noche y sintió el peso de Yuri recargarse contra su cuerpo supo que tal vez hoy sería el día en que compartirían cama de nuevo, como en los viajes, como en otras ocasiones, aunque no hiciera nada, solo se vieran dormir y se dieran los buenos días con el aliento matutino, las pestañas llorosas y la garganta seca. Mete la mano entre Yuri, lo jala de la cintura y hace que recargue su sien en su hombro, Yuri suspira suavemente.
Tienen las manos entrelazadas, pero están demasiado concentrados en la película como para siquiera demostrarse cariño.
De vez en cuando siente un pequeño brinquito en la mano de Yuri, siente que se asusta o que el latido de su corazón es mucho más fuerte que en otras ocasiones, incluso cuando se le resbalan los lentes del puente de la nariz, y los vuelve a subir sigilosamente. Es que joder, ¿Qué sería de el sin Yuri? Solo estaría ahí como una virgen de ojos azules, más no, ahora lo tenía a su lado, quería acariciarlo y amarlo.
―Creo que ella va a morir ― susurró Yuri pasado un buen rato ―. ¿Ya la viste completa?
―Vi la mitad, esta mitad ya no la vi. Me dio miedo ― Viktor le susurra cerca del pelo negro e inspira su aroma, como a bosque fresco y a aguas termales.
―Que patético ― se burló Yuri, antes de un pequeño susto.
Viktor le dejó un beso en la parte inferior de su parpado y sigue mirando la película, la verdad era un filme que asustaba bastante y en las condiciones actuales los dos podían decir que estaban teniendo diarrea del miedo, aunque ninguno de los dos fuera capaz de admitirlo. Porque simplemente estaban viendo una película demasiado vieja, que no debería de asustarles en lo absoluto, pero Makkachin se movía y seguían sus ojos para ver si observaba algo o alguien. Luego soltaba bufidos caninos y los dos se relajaban. Ya, seguramente no era nada. Solo la sugestión de la película.
― ¿Te asustaba tu casa? ― preguntó Yuri levantando la cabeza para mirar los ojos cansados de Viktor ―, la de la infancia.
―Un poco ― admitió sonriendo ―, tenía la sensación de que había alguien viviendo en el armario de abajo, un troll de las cavernas de mordor o algo así. O quien sabe, pero recuerdo que me atemorizaba el techo, era de madera y crujía como si hubiera alguien arriba, pero solo estaba el cielo… las ventanas se movían solas, eso sí daba miedo.
''Uhhhh the way that you pop girl, makes me go cray, show me wachya got. Girl! You could be my new thang!''
―Hay maldición ―Viktor puso una mano sobre su corazón ―, ese tono de llamada tuyo me va a matar.
―Juro que lo puse en vibrador ― dijo Yuri recuperándose del abrupto sonido de su móvil.
Viktor puso pausa a la película que ya estaba bastante avanzada y se comenzaba a regocijar en escenas de terror que bien pudieron tener a los dos envueltos en temblores por un buen rato, sin embargo ahora Yuri buscaba su celular por toda la cama, el sonido de la canción no se detenía por lo que el perro despertó rápidamente abandonándolos a su suerte. Yuri ponía las manos por todos lados, pero las luces estaban apagadas y poco podía hacer con su sentido del tacto.
―Lo tengo ― Yuri ni siquiera pudo pedirle que se lo entregara cuando Viktor ya había contestado ―, ¡Moshi, moshi! ¡Ah Sra. Katsuki!
― ¿Mamá? ― preguntó Yuri intentando quitarle el teléfono a Viktor, con nada de esfuerzo el peliplata lo apartó de encima y dejó que las palomitas cayeran regadas por toda la cobija.
―Sí, aquí esta Sra. Katsuki ― hablaba Viktor con toda la naturalidad del mundo ―. ¡No, qué va! Estábamos despiertos, veíamos una película de terror ¿Qué? ¿Enserio? Jaja no me diga, voy a rentarla de inmediato. Si, gracias me encantaron ¡La uso todos los días! ¿Qué, qué? ¿Quiere hablar con Yuri?
―Pásamela, pásamela ― suplicó Yuri mientras Viktor lo alejaba utilizando sus piernas.
―Claro que si Sra. Katsuki, salúdeme a todos ¡No se preocupe lo estoy cuidando muy bien! Muero por probar su cocina de nuevo ― sonreía Viktor con la bocina pegada a la oreja ―. Iremos pronto lo prometo, yo también la extraño ¡Le paso a Yu…!
― ¡Mamá! ― sonrió Yuri contra el teléfono cuando por fin consiguió que Viktor dejara su celular.
― ¡Hola cariño! Solo llamaba rápido para saber cómo estabas ¿Te la estás pasando bomba? Viktor parece feliz de estar contigo.
―Estamos bien ― continuó Yuri con el corazón en un puño, la conciliadora voz materna lo hacía sentir tranquilo. Viktor recogía las palomitas en el tazón.
― ¡Qué bueno! Nosotros también estamos bien, ya no quería importunarte… ¿ya hablaste con Viktor?
― ¿Sobre qué? ― preguntó Yuri sentándose en la orilla del colchón, balanceando los pies y observando a Viktor de reojo.
―Sobre lo de ustedes, dos, juntos ― la mujer soltó una risa cariñosa ―, bueno, tómense su tiempo y pórtense bien.
― Ay por Dios, no sé de qué me hablas ― murmuró Yuri entre molesto y sonrojado ―, si mamá estaremos bien, no te preocupes, hay mucha comida y muchas chamarras.
― ¡Y muchos dulces! ― dijo Viktor en la bocina
―No olvides hablar con Viktor cariño, cuídense mucho, los amo.
―Sí, si mamá, también te amo.
― ¡También la amo señora Katsuki! ― respondió Viktor colgando por Yuri y dejándolo el teléfono en la cómoda de al lado.
Se había tomado las molestias de encender las luces suavemente. Yuri pudo darle una ojeada a la cama destendida, las almohadas por todos lados y ni rastro del caniche. Había un par de palomitas todavía sobre el piso, Viktor estaba buscando detenidamente cada una y las juntaba en un puño sobre una servilleta que iba a llevar al baño, que estaba a la derecha de la habitación. Era un baño pequeño de cuarto, nada comparado con el de la bañera en el pasillo, pero servía bastante para tirar basura y arreglarse la cara antes de despertar.
― ¿Qué pasa? ― preguntó Viktor serio después de tirar la basura ―, ¿Ya no quieres ver la película?
―No es eso ― murmuró Yuri tristemente ―, es solo que, ya me había acostumbrado a estar con mi familia de nuevo y ahora que los dejo, me pone melancólico separarme de ellos. No me gusta alejarme mucho tiempo de ellos, temo que pase algo…
― ¿Es por Vicchan? ― preguntó Viktor abrazando a Yuri por la espalda.
―Creo que si… tengo la sensación de que debo aprovechar con ellos todo el tiempo posible, nunca sabes cuándo… pues cuando nunca podrás volver a verlos ― suspiró frustrado con la nuca contra la garganta de Viktor ―, lo siento, no buscaba deprimirte.
Viktor siente a Yuri como desinflado, lo siente en sus brazos como si fuera una pequeña hoja caída de un árbol, que tiembla y busca refugio entre las ramas de alguien fuerte, por eso lo jala lo más posible y lo acuna en su cuerpo cuando siente que el pelinegro ha comenzado a sollozar, seguramente no tardaba en soltar algunas lágrimas.
―Oh, no, no, ya, ya… tranquilo My Little Пятачок ― lo acarició contra su cuerpo, meciéndolo como si se tratara de un pequeño niño ―, verás que todos están bien, tu mamá está bien, tu papá también, todos en casa. No tienes que preocuparte Yuri, ellos no quieren que tú te alteres, por eso te llaman para que sepas que están bien. No te pongas triste, mañana puedes llamarles de nuevo ¿sí?
―Está bien ― murmuró Yuri cansado limpiándose las lágrimas de la cara con el dorso de la mano ―, lamento ponerme sensible.
―Que dices, amo cuando te pones sensible ― Viktor lo dejó levantarse ―, pero no creo que sea buena idea continuar con esa película fea de los 90's. Nada que haya sido hecho en los 90's puede tener mi completa aprobación.
―Yo fu hecho en los noventas ― murmuró Yuri de rodillas en la cama, metiéndose entre las cobijas de nuevo.
Viktor caminaba con sigilo hasta la laptop para prenderla nuevamente, sin desconectarla de la televisión cerró el link de la película y se mostró su fondo de pantalla, una foto de Hasetsu donde se hallaban los dos juntos con Makkachin en el fondo. Yuri la miró por varios segundos antes de sentirse extraño de nuevo. Viktor acababa de abrir su galería.
―Tú fuiste hecho en los noventas, yo prácticamente soy un chico de los 80s.
―Naciste en el '89 ― reprochó Yuri como si no tuviera que decirlo, es que se sabía de memoria su cumpleaños y todo, porque fan número uno ―, no eres un chico de los ochentas.
―Déjame soñar ― suplicó Viktor mostrando el labio inferior ―, de todas maneras tengo un plan aprueba de tontos para que te sientas feliz suavemente.
― ¿Ah sí? ¿Qué cosa?
― ¡Fiesta improvisada! ― anunció Viktor con la mano en la cintura y el dedo índice en alto ―, y la carpeta de música elegida en esta ocasión es… Bueno, dejémoslo en aleatorio… oh maldición, bueno ¡Reggae! ¿Por qué no?
― ¿Bromeas?
Viktor negó lentamente, pero cuando menos se dio cuenta la televisión mostraba la letra y música de las canciones que Viktor había elegido, por supuesto que el peliplata siempre tenía un gusto finísimo en todo, así que cuando lo vio subirse en la cama y brincar hasta donde él estaba para tomarlo de las manos pensó que todo se trataba de un chiste muy extraño. Pero terminó riéndose.
― ¡Qué esperas Yuri, a rapear! ― suplicó Viktor tirándose en la cama, viendo a Yuri desde abajo, brincando y oyendo la pista que estaba por comenzar.
A Yuri se le hacía raro que Viktor tuviera un playlist así, lo que más se le hacía raro era que le suplicara desde el colchón de la cama que cantara esas complicadas letras en inglés, o que bailara mientras él estaba recostado ahí abajo con las manos en la nuca, como si fuera todo un espectáculo verlo cantar ''Baby i love your way'' mientras el hacía los coros en su perfecto inglés británico.
―¡Everyday, yeii yeii! ― cantaba Viktor moviendo los brazos de derecha a izquierda, como en un concierto en la playa de California ―, I wanna tell you i love your way… ¡I wanna be with you night and day!
―¡Uh baby i love your way! Everyday, i wanna tell you i love your way, everyday yeeii yeiii… ya me cansé ― suplicó Yuri cayendo de rodillas a la cama con la cara roja y los pulmones suplicando por aire a bocanadas ―. Vamos a levantar a los vecinos con estos alaridos.
―Pero Makkachin quiere que cantes otra canción ― suplicó Viktor juntando las manos del perro caniche como si aplaudiera ―, además estamos saltando encima del colchón, si alguien quisiera que nos calláramos ya había hecho algo al respecto.
― ¿Llamar a la policía? ― preguntó Yuri acomodándose los lentes ―, está bien, cambia de canción…
― ¿De género? ¿Elvis?
―¿Suspicius Minds? ¿Cant help falling in love? ― Yuri estaba recostado sobre la cama, Viktor se movía por la habitación esquivando la maraña de cables que conectaban la laptop a la televisión y los cds regados en el piso. Dio las opciones al azar, porque le gustaba Elvis porque a su mamá le encantaba y a su papá también, entonces suponía que Viktor debía tener un buen repertorio del rey en sus pistas ―. ¿Nunca has patinado con el de fondo?
―¡We cant go on together with suspicious minds! ― cantó Viktor con las manos en la boca simulando un micrófono de buena calidad ―, ¡And we cant build our dreams on suspicius minds!
―¡No me ignores! ― pidió Yuri lanzándole una almohada en la cara ―, ya deja de cantar, estoy de mejor humor, te lo juro…
Viktor puso pausa con el control y se arrojó como si no pesara nada encima del cuerpo de Yuri, Yuri lo abrazó como si se tratara de un oso de peluche, le gustaba tenerlo así, recostado encima suyo, sobre la cama más acolchonada y cómoda que a su parecer hubiese existido, a pesar de que habían dormido en excelentes hoteles, la cama de Vitya era como espuma glaseada y merengue de sabores, que además olía bien. Comenzó a acariciar el cabello de su nuca, Viktor movió la mano lentamente al control y con un solo clic logró que las luces se apagaran nuevamente. Yuri quiso reclamarle, que pudieron hacer eso antes, pero tal vez Viktor no gustaba de usar el artefacto para hacer las cosas manuales, probablemente era por eso que lo había obligado a apagar la luz antes de aventurarse a ver una película de terror, que no terminaron. Cada uno de los suaves y sedosos cabellos de Viktor quedaba entrelazado en el espacio entre sus dedos y sus uñas, su largo cuello y los huesitos que se alcanzaban a mostrar por debajo de la nuca, conformando su espina dorsal.
―Te dejo dormir ― replicó Viktor con la boca contra su cuello ―, si me cantas una última canción.
―No soy bueno cantando, solo gritando y fingiendo que no molestamos a los vecinos, ten por seguro que Antonida no puede dormir ahora ― Yuri no dejaba de acariciar su cabello y rozar con sus pies las piernas del ruso.
―Entonces cántamela en el oído, para que me quede dormido ― suplicó abrazándolo
― ¿Cómo una canción de cuna?
―Exactamente ― tomó el control remoto nuevamente y pulso dos veces un botón la luz de la laptop se apagó al mismo tiempo que la televisión ―, canta esa de and i need your love tonight…
―No sé cuál es ― mintió Yuri apenado
―Si sabes ― lo apretujó ―, and i need you more than ever…
― And if you'll only hold me tight, we'll be holding on forever… and we'll only be making it right, cause well never be wrong. Togeter we cant take it to the end of the line, your love is like a shadow on me all of the time. I dont know What to do, and im always in the dark, we're living in a poder keg and giving off sparks… i really need you tonight forever gonna start tonight. Forever gonna start…
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Yuri despierta lentamente, se reconoce de inmediato y entiende que está acostado sobre un nido de cobijas de tonos azulados que evidentemente son las de la cama de Viktor. Incluso percibe la almohada que tiene bajo la nuca como algo excesivamente familiar. Tienta un poco el espacio con los pies para ver que Viktor está a su lado pero no hay rastros de sus piernas, solo está el calor corporal de Makkachin junto a él, tiene los ojos llorosos y pegados, también un poco rojos seguramente producto del desvelo al que no está acostumbrado. Le pesa la cabeza, ha dormido más de lo esperado.
― ¿Viktor? ― murmura con la voz seca, quisiera un vaso de agua
―Hola bello durmiente.
Viktor está de rodillas a un lado del colchón, seguramente tiene los pies descalzos contra la madera del piso, pero aun así sonreía fascinado cuando Yuri busca sus espejuelitos a tientas por toda la cómoda, se le arruga la nariz a los dos segundos y estornuda frente a su rostro, no sabe porque pero cada pequeño instante de la criatura le resulta fascinante. Un Yuri Katsuki en su ambiente natural, fue interceptado por el observador y ahora tiene el ceño fruncido, sus cejas son como dos animalitos que se enfrentan por un trozo de carne en un claro. Suspira.
―Te traje café, pareces desvelado ― extiende el termo de café, Yuri pensaría que el debió salir a comprarlo porque tiene impreso el logo de alguna marca rusa que no es Starbucks ni nada conocido, pero prefiere fingir que Viktor lo ha hecho y lo bebé directamente de sus manos ―, ¿Caliente?
―Está bueno ― se encoje de hombros saboreando el café dulce en su paladar, no soporta lo amargo.
― ¿Quieres que te traiga el desayuno a la cama? Ya tenemos despensa, puedo hacerte algo… algo sencillo si quieres.
― ¿Lo harías? ― pregunta Yuri incorporándose y estirándose, los brazos arriba de la cabeza hasta que truenan sus articulaciones ―, serían grandioso, pero no quiero abusar, yo cocinaré para ti.
―Cocinaste la otra vez ― negó Viktor levantándose, dejó el tarro sobre la cómoda, justo al lado de una foto de Makkachin y un teléfono antiguo que aún funcionaba, de esos que tienen una rueda en medio para ir marcando cada uno de los números ―, déjame hacer.
―Está bien ― Yuri vuelve a tirarse en la cama ―. Tú hazlo, yo gozo. Aquí te espero.
Viktor le deja un beso en la frente, tronado y despacio, quitando los mechones de cabello negro que se han quedado pegados sobre la frente producto del sueño, tal vez el frio y el calor corporal, pero siente un estremecimiento en la piel del pelinegro, saca el aire de su boca y mira al joven directamente a los ojos, ¿Puede decirse que la gama de café sea tan hermosa? Él tiene los ojos azules, que si bien está acostumbrado a los halagos por eso, que lagunas, que el cielo, cualquier piedra preciosa, pero los de Yuri le fascinan, oscilan entre el lodo, el chocolate, tal vez un tronco, no sabe, hay tantas cosas, además y por encima es como si tuvieran pequeñas grecas en todo el iris, como si la profundidad fuer impenetrable.
―Ah, Viktor ― la voz es tan grave que se sobresalta, aleja su rostro del de Yuri varios centímetros ―, ¿Qué estás haciendo? ¡Me quedé en la puerta por dos minutos! Tuve que abrir con la llave de la maceta, le hace falta agua a las flores… ah ¿Este quién es?
― ¡Katinka! ― sonrió Viktor avergonzado. Yuri se levanta de la cama como rayo ―, recordé que dije que vinieras a las 12…
―Son las 12 con treinta. Ya me vas a decir quién es este.
Yuri la ve, no se la imaginaba así, bueno no es que las rusas difieran mucho unas de las otras, en lo particular son altas, rubias, blancas, esta no es la excepción, ni siquiera tiene sobrepeso o algo, tal vez tenga 45 años, el cabello es demasiado rubio y cae lacio hasta los hombros, trae encima un pants deportivo color morado Barney y una mochila negra en el hombro, los pómulos muy marcados, los labios rojo violeta y maquillaje excesivo. Es guapa, como no.
―Una milf ― suspira Yuri tapándose la boca ―. Eh… soy Yuri Katsuki.
―Katinka no ve patinaje artístico ― explica Viktor como si eso arreglara el hecho que la mujer no tiene idea de quién es él o porque está ahí o siquiera lo que se ha ido desarrollando entre ambos desde el último año.
―Ah, ¿Deportista? ¿Qué hace aquí? ― pregunta metiéndose a la habitación, cual Jean por su jardín.
Comienza a recorrer todo con la vista y mover lo que le incomoda, Yuri sabe que ella es la encargada del quehacer en el piso, que hace muchas cosas más, de momento no le desagrada su mirada, le molesta que Viktor no sepa cómo reaccionar ante ella. Que se quede callado y la deje moverse como si nada, como si no hubieran estado durmiendo juntos como pareja, porque bueno ¿lo son, no? Porque no soltarlo de una vez. Él podría decírselo, si es mi entrenador, mi coach, mi pareja de patinaje en parejas, mi rival futuro, mi novio, no sé. Algo así, pero se queda callado.
― ¿Es tu novio? ― pregunta la mujer desconectando la laptop de la televisión.
― ¡Que! ¡No!
Yuri siente un pequeño infarto en su corazón, al menos espera que haya sido un infarto, su boca se abre tan rápido como puede pero la cierra de inmediato, le da la espalda a Viktor, ruega a sí mismo no llorar o hacer una pataleta, pero vamos ¿Acababa de negarlo? ¡Por-que! Toma todas las cobijas con las manos abiertas, como si buscara abarcar toda la extensión de la cama por medio de sus pequeños brazos, deja el colchón pelón, sin nada encima. Las almohadas regadas.
― ¿Yuri? ― pregunta Viktor confundido mientras éste esquiva a la mujer y sale por la puerta, destilando odio.
―Voy a lavar las sabanas, entrenador.
Cierra la puerta con la pierna. Se azota.
―Creo que la liaste cariño… ― dice Katinka recogiendo los cojines que Yuri dejo tirados ―. ¡A por el!
N/A: Ya tenía planeada la siguiente escena pero creo que es mejor dejarlo por aquí ahora y seguir en el siguiente capítulo, ya que llegó el momento de profundizar bastante en algunas cosas, como la relación de los dos y por supuesto disfruten de estos caps casuales porque a partir del siguiente capítulo ya vamos a comenzar con el mpreg, no quiero decir que vaya a embarazarse pero bueno, ya verán cómo se desarrolla todo.
Ya estoy tan acostumbrada a ponerlos en plan 'relajado' que se me olvida que esto es un mpreg, estoy esperando no liarla a lo grande y que por lo menos les guste como esta esté semi au de vida juntitos hermosa.
Gracias por su enorme apoyo gente, en verdad no sé cómo es posible que ya casi tenga 100+ reviews, me pone de un humor maravilloso, quiero seguir complaciéndolos a todos. Ya saben si les ha gustado dejen un pequeño review, aunque sea para decir hola, esa es mi mejor motivación para actualizar lo más pronto posible.
Por cada review Katinka recibirá un sape por ser grosera con Yuri
Canciones: New Thang (Tono de llamada de Yuri) Baby i love your way, total eclipse of the heart y Suspicius minds.
Frases en ruso: Buenas tardes, encontró todo lo que buscaba, malditos extranjeros y Viktor le dice a Yuri: Mi pequeño cerdito.
Guest:
Kiku: Me han dicho que suelo tener buena mano para manejar los asuntos de terror, jajaja te entiendo, igual en mi casa suelen pasar cosas raras, día de muertos es para morirse del miedo y estar en cama temprano. Gracias por leer y por el review, espero que te siga gustando el fanfic ¡Nos leemos!
Satii: jajaja Yo también tengo la impresión que detrás de la relación de padres con Viktor hay varias cosas que no se han dicho, sinceramente creo que abordaré el tema de nuevo pero un poco después. ¡Gracias por leer! Espero que te siga gustando ¡Un abrazo!
Shof: espero que hayas iniciado el año con el mejor de los pies y mil gracias por leer, nos leemos pronto. ¡Un beso!
Coco: Tienes mucha razón y ahora ya voy a entrar a la escuela, con esto se complicarán las cosas un poco, yo espero que no, pero en fin, gracias por leer y creo que retomaré la parte de los padres de Viktor después, cuando ya esté más avanzado el fic, por el momento no me sentía con confianza de dictaminar nada, jajaja lamento cortarles el rollo a estos chicos, ya sabrás porque lo hago ¡Gracias por leer y por comentar!
Haru: despedida de año y buen inicio jajaja, hay mil gracias, me alegra saber que te gustan estos pequeños momenticos de cachondeo aunque siempre les corto, es que claro es como tú dices si se están tomando las cosas con calma, no significa que no quieran, pero no se ha dado la oportunidad, solo que cuando llegue les aseguro que valdrá la pena, hahaha de nuevo me dices lo de lo cómico, me siento halagada, nunca me había pasado antes, espero que te siga gustando ¡un abrazo enorme!
Lota: Mil gracias por tomarte la molestia, me encanta que te encante y eso me tiene encantada jajaj ¡Gracias por leer!
