Disclaimer| Yuri on ice [ユーリ! on ICE] y todos sus personajes pertenece a MAPPA, Sayo Yamamoto, Mitsuro Kubo, Kenji Miyamoto, y todos los correspondientes, yo solo decidí escribir algo que ellos se estaban saltando.
Pareja | Viktor x Yuri [Vikturi]
Advertencia | Repito: ya meteré más la esencia de mpreg. No me abandonen. ¡Cap. un poco subido de tono! ―poquito―
Notas | Viktor dice en el restaurant ''es un anillo de compromiso, nos casaremos cuando Yuri gane el oro'' así que prácticamente Viktor y Yuri son… (¿)
PD1: Vayan a mi Facebook para ver una imagen encantadora (dos) del capítulo.
PD2: Recupere a mis betas. Las amo.
PD3: Responderé a los reviews por PM en estos días, no los olvido. lo juro!
Making History
Viktor x Yuri
―Capítulo 5―
Los japoneses no acostumbran a tener sótanos, probablemente algunas casas los tengan, pero no en los edificios, no así, no como estos. Espacio largos, grandes, abiertos, justo en un piso que se encontraba por debajo del principal. El elevador tenía un botón medio desgastado de color rojo que señalaba el sótano. Había sido de hecho un viaje bastante normal en el apartado de cuatro paredes que provocaba náuseas en el estómago mientras bajaba con demasiada velocidad, pero las puertas se abrieron de forma completamente normal. El sonido típico de la campanilla resonó. Y el iluminado interior de espejos reveló el piso.
Extenso y frío, helado, paredes de piedra, de concreto y jaulas grandes divididas entre sí por un numero pintado en un pedazo de madera, atado con cordeles de hierro, una jaula por cada uno de los departamentos. A pesar de que cada uno de los pisos tenía su propia bodega en el estacionamiento, el sótano no se encontraba vacío. De hecho cada una de las jaulas estaba tan llena de cajas, que apenas podía verse la pared inferior, donde había una hilera de lavadoras trabajando, todo bajo los focos parpadeantes de luces halógenas, en un extraño color verdoso enfermo. Algunas parpadeaban incluso.
Para suerte de Yuri, antes de bajar hecho una furia, encontró a un lado de la puerta una canasta con ropa sucia. Sí, al parecer Katinka había hecho las de huracán de orden en su cuarto antes de entrar al cuarto de Viktor, porque estaba preparada para ser lavada. Agradeció internamente a la mujer rusa cuando vio la botella de jabón y suavizante para telas. Arrojó las sabanas y cobijas encima del plástico de la cesta, ahora la tenía sobre las palmas, no pesaba, de hecho, aunque era incómoda. Salió tanteando el frío terreno, sus pantuflas de oveja cubrían la vulnerable piel de sus pies, el pantalón de franela que caía delicadamente por sus caderas y se arrastraba por el cemento, levantaba una ligera capa de tierra que Yuri ignoró, estaba mucho más concentrado en el vaho que salía de su boca. Intentó infructuosamente acompasar su respiración mientras llegaba hasta las lavadoras. Dos estaban trabajando, así que había más personas haciendo la colada. Dejó la cesta sobre uno de los artefactos y miró en rededor, en la esquina se juntaban tres secadoras de ropa, apagadas y viejas.
No había ninguna marca, las lavadoras eran iguales, y encima las instrucciones estaban en ruso. Pero podía manejarlo, era bueno para lavar la ropa porque en la universidad tenía que usar el cuarto de lavado junto con otros cientos de estudiantes que vivían en la misma residencia. En realidad no era difícil. Dejó la cesta encima de una al azar y tiró de la tapa, dejó caer las sabanas del mismo tono y luego seleccionó la ropa que era del mismo color. Tomó el jabón, abrió la tapa y dejo que el viscoso líquido azulado, con olor a flores de lavanda, llenara la medida que la tapa indicaba.
Iba bien hasta que sintió el soplo en su nuca.
―Yuri, ¿Estás enojado? ― sería más fácil si no acabara de acorralarlo contra la lavadora, colocando sus palmas abiertas a cada uno de los lados del electrodoméstico. Dejando que Yuri embarrara el jabón en la ropa.
Recupera todo su autocontrol antes de cerrar la tapa, procura que no le tiemblen las manos en lo más mínimo. Frunce el ceño y se sube la montura de los lentes por encima del puente de la nariz. Nota las manchas de vaho en los cristales, los dedos grasosos se han pegado sobre la esquina inferior del derecho, la mancha es notoria pero no le molesta. Saca aire por la boca, cansado, podría ser como un bramido. Mueve la cabeza, se le ha subido un poco el rojo, Yuri sabe que tiene que tener la cabeza fría cuando habla con Viktor, un paso en falso puede resultar en una furia excesiva, aunque después se termine disculpando ilusamente. Baja la cabeza.
― ¿Yuri? ― repite al cabo de dos segundos, pareciera que el ruso no está intentando nada, pues no se mueve ni lo seduce.
― ¿Si? ― pregunta presionando los botones de la lavadora, al menos han tenido la decencia de colocar una serie de imágenes de palitos bastante ilustrativas. Puede intuir cual es el primero que hará que la lavadora comience con el ciclo correspondiente.
― ¿Estás enojado? ― repite con una ligera gota de impaciencia y angustia en la voz.
― No, Viktor, estoy de maravilla.
― ¿Enserio? ― a Yuri le molesta un poco, su tono despreocupado, es la voz de alguien que acaba de quitarse un gran peso de encima, ahora carga consigo un suspiro largo y una cara aliviada.
― ¡No, Viktor, no está bien! ― grita desesperado. Aprieta los puños por encima del inmaculado blanco de la lavadora, se muerde el interior de la mejilla. Al final ha terminado gritando, no es como si el ruso no le gritara de vez en cuando, pero tenía tanta culpa en su alma cada vez que le gritaba. No estaba cómodo con eso ―. Viktor yo…
―Lo siento ― suelta repentinamente, toma sus manos por encima de la lavadora, girándolo suavemente para encararse, Yuri queda con los lumbares contra la lavadora y la cara frente al peliplata ―. ¿Es por lo que dije arriba? Fue un error, pero también estás equivocado en molestarte…
― ¿Yo? ¿Por qué lo estaría? ― bufa Yuri rodando los ojos, quiere ignorar la repentina cercanía entre ambos. Los dos en pijama con los cuerpos un poco pegados, el frío del sótano entre ambos y las pupilas conectadas.
― Porque no somos novios.
― Sí, ya sé ― admite mordiendo de nuevo su mejilla, Yuri se toma la delicadeza de fingir que está enterado del hecho.
Pero el hecho es que en realidad él lo daba por sentado. Ahora es cuando todas las conversaciones que tuvo con Minako e incluso con su madre le atormentan, porque estuvo aplazando esta conversación y las pasadas, ignorando con intensidad aquellas afirmaciones profundas sobre la confirmación de algo que, a su parecer, debía ser evidente, para ambos. Es como una culpa silenciosa que le ha comenzado a palpitar en la boca del estómago, se expande por cada centímetro de todo lo que burbujea debajo de la piel. Aun cuando Viktor sostenga el agarre en sus manos, se siente un poco ido, abandonado al dolor.
― ¿Lo sabes? ― Pregunta Viktor ―, porque te ves confundido, ¿sabes qué es esto?
El pelinegro no levanta la mirada la primera vez, sino hasta que Viktor se separa un poco de él y le suelta repentinamente, pasea su mano por enfrente de sus lentes sucios, la mueve tan rápido como si chasqueara, genera una corriente de aire que menea los cabellos que se le han pegado a la frente tras el sudor nocturno. Cuando Yuri decide que es momento de volver a la realidad y aceptarla, levanta la mirada del piso, se sorprende cuando observa que en realidad la expresión de Viktor es mucho más distinta que lo que su tono de voz y postura aparentan, puede verlo reflejado en los severos ojos celestes que lo observan con desaprobación. Además sus labios agrietados por el frío del congelador subterráneo donde la ropa se lavaba y secaba muestran un ligero puchero descontento en el inferior, el sonoro eco de los ruidos de la lavadora corea el intercambio de pestañeos.
En realidad el pelinegro no tenía la costumbre de quitarse el redondo artefacto de oro que decoraba su dedo, más que para contadas ocasiones, además procuraba dejarlo en un lugar seco, cuidado y alejado de cualquier peligro. Eso fue lo que más le sorprendió, ver a Viktor sujetando el redondo aro en la palma de su mano, al lado de su gemelo de mayor tamaño, el del ruso, los dos resplandecían tanto como la primera vez que habían sido vistos en los anaqueles, encima de la blanca palma adquirían una tonalidad mucho más llamativa, resaltando incluso más que sus blancas y pulidas uñas o las líneas verticales y horizontales de su mano.
― ¿Cuándo me lo has…?
― Yuri ― volvió a llamar Viktor, su platinado cabello destellando cuando ladeó el rostro. Parecía increíble que con un solo tono en la voz exigiera una respuesta, además por supuesto que era difícil imaginar cuales eran exactamente las palabras que el de ojos celestes quería escuchar.
― ¿Por quién me tomas? ― Replicó irritado mordiéndose el labio ―. Son nuestros anillos de…
― ¿De? ― Yuri se detuvo en el acto, ya no solo era él hablando de los anillos, se trataba de sí mismo decretando con palabras lo que había pensado todo el tiempo sin necesidad de confirmación. De decir las cosas en voz alta, peor aún era decirlas sin saber lo que pensaba el contrario, igual que lanzarse al vacío con una respuesta abierta a una pregunta del examen al que te sentías preparado, pero no lo estabas. Repentinamente el aliento se le cortó.
― ¡No lo sé! ― gritó con la voz en un hilo, aguda y chiflada. Como el viento que pegaba con intensidad contra las ventanas del sótano. Levantó las manos un poco desesperado, definitivamente era una peor situación que encontrarse con el maestro de la peor materia… salvo que a diferencia de un docente, Viktor acababa de tomar ambas muñecas de Yuri, justo a los costados de sus orejas moradas por el frio.
― ¿Recuerdas lo que dije esa vez en el restaurant, no? ― Viktor pega su frente a la del japonés, lo mira con una intensidad violenta, le tiembla un poco la mandíbula en un ángulo suplicante. Las pestañas plateadas le hacen cosquillas a Yuri, e incluso le menean los lentes hasta que quedan chuecos sobre sus ojos, uno más arriba que el otro ―. Lo que le dije a Katinka fue a propósito, Yuri. La verdad es que no te considero mi novio, creo que esa palabra es demasiado corta para explicar lo que eres tú para mí.
Por una parte Yuri tiene un consuelo pequeño, Viktor ha sido bastante claro cuando dice que no lo considera su novio. Eso duele de alguna manera, porque a decir verdad el joven había estado llamando mentalmente a Viktor como su novio o pareja. Sin embargo Viktor completa aquella extraña afirmación, retirándole la fama de no tener corazón, con una frase conmovedora sobre lo cortas que son las palabras para describir algo como lo que hay entre los dos, algo así… Yuri podría decir que es magia. Pero no encuentra el vocablo.
―Viktor tú, sonaste tan desesperado por negarlo ― Yuri miró al piso, fue empujado lentamente hasta quedar encima de la lavadora, el ligero tintineo que hacía mientras las prendas daban vueltas en el interior, hizo que sus piernas quedaran colgando, bailoteando entre el espacio de las de Viktor y la forma en la que le tomaba de las muñecas.
―Sería un insulto para ti, tontito ― explicó, soltándolo y acunando su rostro entre las manos, dándole un besito en la punta del labio superior ―. Novio no es suficiente, como decirte amigo, Yuri lo que tú eres para mí es más que una palabra… es exactamente lo que dije en ese restaurant.
A Yuri se le pegaba como una babosa en la cabeza las palabras que Viktor había mencionado en esa noche, a pesar de que no lo repetía, el rededor oscuro y ennegrecido del sótano subterráneo, ahogaba los sonidos de su boca, la forma en la que Viktor se acercaba a su cuerpo, con una sonrisa definitiva que significaba que no lo conocía… porque se conocían, pero había veces en que Yuri lo eclipsaba con la mirada y solo pensaba, que no lo conocía, que nunca lo haría. Porque las personas tienen cientos de matices, y Viktor en un principio gritaba que no eran novios pero ahora jadeaba contra su boca y le decía que era mucho más lo que significaba, que la banalidad de la palabra novio era mucha, y él era algo más grande ¿pero qué?
―Viktor tonto ― alcanzó a decir Yuri cuando el ruso ya había encerrado su cintura entre el candado de sus brazos y su boca jugueteaba con el lóbulo de la oreja derecha. Un escalofrío que venía de su espalda recorrió cada milímetro de piel antes de echar la cabeza hacia atrás ―. ¿Nunca has visto una boda?
Viktor jadeaba en su oreja y asintió confundido. Entre los besos suaves que el ruso colocaba entre el espacio de su oreja y su mentón Yuri apretó los parpados con rudeza, sintiendo aquellos labios como bombones, regar besitos pasionales en cada centímetro de sus mejillas, así como sus manos tanteaban el terreno de la cintura, en ese pequeño espacio que dejaba un poco de piel expuesta, el intersticio entre el pantalón de franela y la camiseta de algodón. Viktor acababa de demostrar que no solo quería tocar la curvatura, sino meter los pulgares en el resorte del pantalón, la piel congelada de sus dedos trazaba débiles círculos en lo blanco de su cadera, escabulléndose entre la tela.
― Sí ― asintió repetidamente metiendo la lengua en la boca de Yuri ―. ¿Por qué?
―Cuando el párroco ― aún podía hablar, pues el ruso estaba ocupado delineando con la lengua las venas de su mentón y cuello, acariciándole la piel desnuda con las manos y pegando su pelvis, mientras Yuri lo capturaba entre sus piernas ―, dice, puedes besar a la novia… técnicamente las personas comprometidas también son novios.
― ¿Ah sí? ― respondió Viktor verdaderamente confundido, asombrado, se separó de golpe del cuello de Yuri, para mirarlo con sus grandes ojos celestes abiertos y brillantes a punto de mencionar ''novios y prometidos'', el tiempo no le alcanzó, Yuri tomó su pelvis de nuevo hasta pegárselo como lapa.
No tenía nada de malo tomar la iniciativa para volver al candente beso.
Buscó sus labios con ansiedad hasta encontrarlos, permanecen uno sobre otro presionando con fuerza hasta que las bocas se abren y las lenguas comienzan a jugar. Yuri no deja de pegarse cada vez más a Viktor, mueve la pelvis hacia las largas piernas, el ruso juega con sus manos adentro del pantalón de pijama, tanteando con sumo cuidado, aprieta la deliciosa piel con los dedos, entierra las uñas mientras mueven la boca en un apasionado vaivén, hay un extraño ruido de succión sucia que provoca la saliva. Y a Viktor se le ocurre la idea de tomar entre sus manos una de las nalgas de Yuri, apretar con pulgar e índice la cremosa piel.
El japonés sostiene el aliento y la respiración cuando la mano de Viktor pasa de los costados a la parte de atrás, recorriendo cada milímetro con cuidado, pellizcando en el glúteo derecho como si fuera a ponerle una inyección de algo relajante, pero después de pellizcar acaricia, jala, entierra los dedos, palmea todo con la mano abierta, los dedos separados, como si quisiera abarcar todo con una sola mano, mientras la otra descansa en la cadera, trazando círculos a la par que Yuri mete sus manos en la melena de su novio/prometido.
Viktor desliza los dedos hasta la separación de sus glúteos, juguetea en el espacio por un instante, siente la ansiedad de Yuri al presionar sus piernas a sus caderas como si fueran pinzas, aprieta con cada movimiento nuevo. Su corazón parece un tambor y su lengua se ha quedado quieta, esperando sentir un nuevo desplazamiento. Viktor le aguijonea la boca a montones de besos sueltos, lame las comisuras de sus labios y también la mejilla. Muerde su mentón y deja las marcas de sus besos en el cuello. Yuri le regala un rasguño en su espalda, mientras Viktor presiona un poco más su pelvis contra las piernas abiertas.
―Vik… ― lo calla con una mordida en la clavícula. Yuri gime.
La lavadora termina el ciclo de lavado, suelta un ruido calmado pero sonoro. Viktor todavía está jadeando contra su pecho, admirando la abertura que hay entre su camiseta y el níveo pecho del pelinegro, todavía acariciando por dentro del pantalón, queriendo tocarlo todo pero sin poder hacer más. Lo besa otra vez, mientras saca la mano, Yuri asiente repetidamente juntando los labios, chocando las narices.
― Hay que pasar la ropa a la secadora ― informa también, relajando el temblor de sus rodillas, soltando la cadera de Viktor y bajando entre ansiosos pasos de arriba de la lavadora. Ojalá su peso no la haya roto o algo así ―, pensé que habías dicho que no tenías lavadora…
― ¿Cómo puedes pensar en eso? ― se pregunta Viktor severamente confundido, abriendo la tapa y ayudándolo a sacar las prendas, pasándolas a una cubeta para después insertarlas en la abertura de la secadora.
Y sinceramente, sí, se lo pregunta el ruso, acaban de tocarse, besarse y desearse con ganas pero la lavadora deja de lavar y Yuri se baja como si nada, temblando un poco, por el frío o por el calor, alejándose completamente del otro, pero está sonriendo. Interna, y externamente. Se ve conforme…
― ¿Estás bien?
―Sí, ya has sido bastante claro.
No hace falta agregar más. Al menos por ahora.
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― ¿Arreglaron sus diferencias? ―preguntó Katinka mientras dejaba un plato de arroz con huevo en la mesa.
Habían pasado solo dos minutos desde que Viktor y Yuri habían traspasado la puerta del piso con una cubeta de ropa lavada y seca casi por completo, cuando la rubia los había abordado para sentarlos en la mesa, mirando con suma desaprobación sus sonrisas despreocupadas y el pijama desacomodado de los dos. Incluso reprendió a Viktor cuando vio sus pantuflas llenas de la tierra del sótano. Pero no agregó queja alguna, se limitó a guiarlos hasta la mesa y colocar todo para un desayuno americano. Jugo, huevo, tocino, y cosas que a Yuri le recordaban a la universidad de Detroit.
Aun cuando no podía quitar la sonrisa bobalicona de su cara, seguro sus labios estaban rojos e hinchados como los de Viktor, que lo miraba por debajo de las pestañas con una sonrisa cómplice. El ruso se pregunta si hace falta volver a hablar del tema, pues Yuri parece haber dejado las preguntas para mucho después. Sin embargo decide tomarle la mano por debajo de la mesa de madera pequeña mientras Katinka termina de desatar su coleta de caballo y el mandil que decía ''Im the #1''.
― ¿Le dijiste que quería huevo con arroz? ― pregunta Yuri encantado al ver el plato, los panqueques con mermelada y mantequilla derretida esperando ser devorados en cualquier instante.
― Fue lo último que gritó antes de subir al elevador ― interrumpió ella dejando en el piso una lata de comida para Makkachin recién abierta en su plato de color dorado ― .''Yuri quiere huevo con arroz'', luego las puertas se cerraron y adiós Nikiforov. Un метеоризм no es más rápido que él, en vez de hacer patinaje debía hacer carreras…
― ¿Un метеоризм? ― pregunta Yuri en voz baja a Viktor.
― Quiere decir un gas, una flatulencia ― explica Viktor, literalmente engullendo, la comida de su plato y enrollando tocino en su tenedor.
Yuri deja que el jugo se escurra de su boca, después tiene que escuchar a Katinka parlotear en un ruso demasiado complicado para su entera comprensión. La mujer lava los trastes, es como un remolino que deja orden en vez de destrucción, Makkachin la sigue a donde vaya con la lengua de fuera, y Viktor come, asiente y agrega algún comentario banal mientras le acaricia la rodilla por debajo de la mesa. Se sonríen mutuamente con comida en la boca, pijamas sucias y todo lo demás pasa a segundo plano. Viktor puede y aprecia cada milímetro y expresión en Yuri y verlo así, desenfadado, comiendo el desayuno en una mañana nublada le vale cada segundo. Aprecia con uñas, carne y hueso cada detalle del japonés.
― ¿Ya terminaron? ― pregunta Katinka acercándose a retirar los platos, Viktor deja los tenedores y toma un vaso de jugo como si fuera un shot de vodka. Luego otro, Katinka lo mira como si él hiciera eso con clase pero de alguna manera es reprobatorio. Yuri ríe entre dientes ―. Bueno vístanse, pónganse algo cómodo y vuelvan rápido.
― ¿Qué? ¿Por qué? ― pregunta Yuri sin levantarse, no tiene ánimos de pasear o algo así.
― Te tocan las ventanas por rezongar ― advierte con el índice bien en alto.
Yuri abre los ojos como platos, también la boca, va a decir algo, pero Viktor se levanta como rayo de la mesa, le toma de los hombros y le sonríe de oreja a oreja, es como una advertencia de silencio, una que el mismo ruso no sigue pues mira a Katinka con desaprobación.
― Yuri no entiende tus métodos.
― La bodega por defenderlo ― continua Katinka sin detenerse en el presuroso quehacer de recoger la mesa.
― Katinka, hablo enserio… ― suplica Viktor un poco consternado. La rubia deja los trastes en el lavavajillas y los mira de hito en hito.
― ¿Seguimos con la masacre? ― Pide levantando una ceja ―. Este lugar fue abandonado por Dios, hay plantas en la entrada que se pudren a cada instante y polvo hasta en las punta de la nariz de Makkachin, sinceramente como pueden llevar semanas aquí… o el tiempo que lleven aquí.
―Semanas ― asiente Viktor. Lo aniquila con la mirada ―, bueno si, pero Yuri y yo estamos de vacaciones no vamos a trabajar haciendo la limpieza, por eso vienes tú. Ya hicimos las compras y…
― No, Viktor ― se levanta el pelinegro decidido ―, está bien, de hecho es justo que ayudemos con esto, nosotros vivimos aquí. No me acostumbro a tener alguien que haga las cosas, no apruebo los métodos de Katinka pero tampoco voy a refunfuñar por ello.
Lo último lo dice mirando a la mujer, sabe ser serio y procura no ser ofensivo pero ella, levanta las cejas en arcos perfectos que servirían para lanzar flechas como en la película "Valiente" de Disney, internamente Yuri ama el cabello de Mérida. Luego la rusa sonríe como el gato Cheshire de Alicia en el país de las maravillas, la curvatura de las mejillas se funde con sus marcados pómulos dignos de la rasa nórdica, hasta que muestra una hilera de blancos y perfectos dientes. Comienza a temer un poco repentinamente, sobre todo cuando ve a Viktor fruncir el ceño desconcertado. Regresa su mirada a la mujer y sabe que se ha metido tal vez no en la cueva del lobo, pero ahora sabe que no debe jugar con su suerte.
― Ventanas, azulejos de los baños y la madera de los cuartos ― se da la vuelta, el cabello rubio lacio se menea y contornea los matices morados de la chaqueta de su pants. Se detiene justo en la barra de la cocina, mira nuevamente a Yuri ―. Baña a Makkachin.
Viktor va a hablar. Va a protestar, Yuri lo agradece internamente porque aunque ella no es grosera ni se expresa mal, las libertades que se toma tal vez son demasiadas, ella arrastra los tenis hasta la cocina y prosigue con sus labores mientras que Viktor le mira la espalda. Fue detenido por Yuri, porque no quiere más problemas y ya se resignó a medias. Así que le toma de la muñeca y aprieta con un poco de fuerza. Viktor le observa asustado, mira los dedos de Yuri clavados en su piel. Sonríe de forma espeluznante y Viktor tiene la cara larga. Yuri asiente.
― Ya entendí. Esto es una dictadura, y si se trata de productos de limpieza... no eres el rey ― le deja un beso en la comisura de la boca y se despide para cambiarse la ropa.
Viktor lo ve alejarse, no hace más comentarios porque no lo cree necesario, internamente sabe que Yuri no está molesto ni con él ni con Katinka, que se va a limitar a hacer las cosas de forma taciturna y un poco ansiosa, sonríe de lado y deja que las emociones que le embriagan circulen por sus venas libremente. Katinka mira al ruso dos segundos, si los ojos fueran cuchillos Viktor tendría clavados dos en la espalda, junto con una sonrisa burlona en el rostro.
― Oye no debiste portarte así con él… no quiero que se deprima por nada ― reclamó Viktor volteando para ver a su sirvienta. ―. ¿Qué? ¿Por qué me miras así?
― ¿Conoces este traste? ― pregunta ella levantando un artefacto metálico de forma redonda con agujeros en la base.
― Sí, es un colador ― responde Viktor cruzando los brazos con cierto orgullo. Las pruebas de cocina podían ser pan comido.
― Pues así estás tú ― contestó ella dejando el artefacto en una de las repisas ―, coladito por ese chico. Anda ya, vístete que hay muchas labores domésticas que el hombre de la casa debe hacer.
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Se recostó sobre las pulcras cobijas de la habitación que estaba utilizando, el cuarto de huéspedes, todo desprendía un ligero olor a limón y a suavizante para telas. La limpieza se notaba en cada uno de los rincones del inmueble, la madera relucía, el piso rechinaba de limpio e incluso Yuri podía jurar que pasaba un poco más de luz por las ventanas que lo normal. Y vaya que valía la pena, pues había estado cerca de cinco horas limpiando cada una de las ventanas y vidrios de la casa. Un departamento con pocas ventanas, técnicamente, pero tenía varias que llegaban desde el piso hasta el techo. Katinka no conforme con el paso del trapo, le pidió que las limpiara por ambos lados, arriesgando su vida, colgando como el hombre araña. Además no solo limpió las del piso, también un par de las ventanillas del sótano, esas que le daban mala espina porque te hace rememorar aquellas películas de secuestro donde las víctimas solo pueden ver el exterior por una pequeña ventana donde se muestra el piso de la casa. Yuri veía por esas ventanitas un par de aceras mojadas y el barandal del canal.
Estaba agotado, su cuerpo no podía ni siquiera soltar un respiro porque sus pulmones estaban cansados. Le dolían los pies y las manos, le ardía la piel, había estado en contacto con demasiados químicos y agua, ahora sus dedos estaban completamente agrietados y resecos, necesitaba con urgencia pasar un poco de crema para las manos, sin embargo el cansancio corporal de la limpieza lo había dejado completamente agotado.
Tal vez también se debía a la cantidad de tiempo que había pasado sin hacer ejercicio ¿Le hacía falta condición? ¿Cómo la limpieza de un departamento y un sótano dejaba a un atleta de la liga profesional tan endemoniadamente agotado? Además Katinka se veía como una lechuga fresca y recién extraída de la tierra… Viktor, quien sabe. El ruso había desaparecido después de pasar dos segundos con él en el sótano. Había bajado unas cajas a la jaula, adentro Yuri identificó varios cuadros envueltos en papeles elegantes y forrados para evitar su descomposición con el paso del tiempo y la humedad. Sin embargo quería ver que había detrás del papel, que clase de obras de arte Viktor guardaba abajo para mantener cierta austeridad, no mucha, en su propio departamento. Después de verlo bajar las cosas Katinka lo mandó de un lado para otro y no volvieron a encontrarse. De hecho cuando el pelinegro subió por el elevador y abrió la puerta del piso pudo notar que las resplandecientes llaves plateadas con el llavero de ''Y'', que Viktor había colgado en un portallaves de madera color negro chocolate, no se encontraban.
De hecho a Yuri no le gustaba mucho el porta llaves, para empezar estaba justo a un lado de la puerta. Resaltaba demasiado, tenía la forma de un rectángulo pequeño y un grabado de perro. No conforme con ese detalle, que para Yuri ya era perfecto, Viktor decidió recortar y pegar una foto de los dos sentados en una banca en Hasetsu, con el mar de fondo. Era un detalle un poco cursi, lo hacía sonrojar cada que lo veía, si tenían visitas o algo así todo el mundo se iba a percatar, sin embargo había poco que hacer. Viktor amaba Instagram. Había una foto de ellos en cada lugar de Rusia que hasta ahora habían visitado: los trineos, el aeropuerto, el café mañanero, creppas, restaurante con Antonida, la lista crecía… incluso algunas bastante simples como ''Compras en el mall con Yuri, preparando una sorpresa'' Yuri se lamentaba de no haber visto la inscripción. Tal vez habría podido adivinar que el peliplata iba a comprar el coche, sin embargo a pesar del llenísimo carrete de su celular, Viktor tenía la pasión de imprimir las mejores fotos y ponerlas en marcos pequeños por toda la casa.
Había fotos de los dos en muchos rincones.
Así que ocultar la del porta llaves o no, era un asunto bastante irrelevante cuando solo tenías que desplazarte hasta la mesilla de al lado para ver la foto en el marco verde limón. Y Yuri se veía como un zombi en esa. Justo como ahora se sentía, acostado en la cama, cerrando los ojos. Luchando por no dormirse. Katinka seguía en la sala.
Viktor había tomado las llaves y probablemente andaba por ahí, haciendo recados, ah… ahora que lo recordaba las plantas de la entrada habían desaparecido. Tal vez Viktor había ido a conseguir unas petunias, algo lindo. Hubiera querido ir. Pero mejor no, tenía frío en los dedos de los pies, probablemente ahora solo tendría ánimos para terminar de ver aquella película de Adam Sandler… la de la luna de miel en familia. Le gustaban esos climas, tal vez visitar África un día no era mala idea ¿Viktor querría ir?
― Yuuuri ― ese tonito de voz cantado, frunció el ceño ¿Se había dormido? ―, ¿Estás despierto?
― No… ― murmuró con la garganta seca, haciéndose un ovillo en la cama.
― Katinka me dijo que no te despertó ― el colchón se hunde un poco cuando Viktor se sienta a su lado en la cama, acaricia su cabeza. Yuri ronronea ―, ¿Estás muy cansado? Ya es casi de noche, debes despertarte o no podrás dormir después y te desvelaras…
― Déjame dormir hasta mañana ― pidió el pelinegro dejando que Viktor acariciara desde su coronilla hasta la nuca, era como un masaje hipnotizante ―. Oh, quítame las gafas…
― No lo haré ― le dejó un beso en la frente―. Tienes que levantarte. Vamos a salir.
― No quiero.
― Anda bebé ― pidió Viktor levantándose de la cama ―. Te voy a preparar la bañera ¿Si? Levántate.
Se aleja de la cama. Parece que ha decretado la última palabra, bueno Viktor tiene un tonito demandante en la voz de vez en cuando así que no le sorprende al japonés. Aun así se abstiene de seguir las ordenes inmediatamente, "vamos a salir", no son precisamente las palabras que hubiera deseado escuchar, tal vez habría sido mejor un ''me acuesto contigo, hagamos una cucharita grande'' eso le habría fascinado, es hermoso dormir con Viktor abrazándole la espalda. Gime bajito mientras se despereza, el cansancio se ha ido, así como la luz que pasa por las ventanas, está atardeciendo. Se levanta quitándose los lentes, Viktor vuelve a entrar por la puerta, lo observa detalladamente, incluso admira su bostezo cansado.
― Ya está la bañera.
Yuri hace una mueca cansada, levanta los pies de la cama y salta de ella. Le queda un largo camino para terminar de arreglarse. Sale del cuarto y la rubia sigue trabajando en la limpieza, está puliendo los CD's que Viktor conserva regados en el piso de su recamara, ordena los casetes, los acetatos, las cintas VHS, Yuri la mira refunfuñando suavemente, ella le corresponde con una sonrisa pacífica y se da la vuelta.
Aun no alcanza a comprender mucho a Viktor.
Viktor piensa que a Yuri le hace falta comprender un poco más las situaciones. Leer el ambiente.
Eso piensa cuando se miran mutuamente después de treinta minutos exactos y respectivos en su arreglo personal.
― Seguimos en invierno ― le recuerda Viktor con una sonrisilla sutil ―, falta poco para que termine pero… ¿Qué traes puesto?
― No hiciste ninguna especificación sobre la ropa y no sé a dónde vamos.
De acuerdo. En realidad no estaba tan mal, pensó Viktor asimilando el atuendo, tenía la ligera sensación de que Yuri pensaba que podía enfrentar el clima con esa ropa, sin embargo era casi de noche, él podía sin duda, porque él tenía la piel casi congelada. Pero sí le preocupaba un poco porque el sol estaba por meterse, los últimos rayos les acompañarían por un rato, sin embargo después…
― Vale ― se rinde Viktor. No tiene como reclamarle, el trae encima un suéter café, debajo un pulóver blanco con cuello en V y una goipa blanca afelpada en el cuello, los jeans de vestir marrón oscuro con cinturón y zapatos cafés, pero, cabe mencionarlo. Él está acostumbrado a Rusia.
Yuri pone los ojos en blanco, observa a Makkachin salir por la puerta y se pregunta cuánto tiempo más se quedara Katinka en el departamento. Ni siquiera se despiden de ella. Ahora ya se ha puesto un poco nervioso, Viktor admiró negativamente la ropa, pero no le dijo nada más, Yuri traía un suéter de rayas azules y marrones, una sudadera naranja de algodón, una goipa café, jeans de mezclilla negros, botines de agujetas negras y un gorro del mismo color. Con un pompón bonito en la punta. Tal vez era demasiado informal, tal vez debe asumir que cuando Viktor dice ''vamos a salir'' lo mejor es imaginar un sitio elegante y bonito, aunque no tiene verdaderos motivos para creer algo así. Encima Viktor trae ropa similar.
― Sube ― dice Viktor abriéndole la puerta del coche. Llegan en dos segundos hasta el estacionamiento, Makkachin sin correa está estrenando el Audi.
En la parte de atrás del auto había un espacio pequeño donde cabía un mini asiento largo y algunas cosas que Viktor había arrojado sin cuidado alguno, varias cobijas enrolladas como un nido de aves, esponjosas y coloridas. Makkachin encima de ellas jugueteando en el reducido espacio de su asiento. Viktor comenzó a conducir casi al mismo tiempo en el que Yuri terminaba de abrochar el cinturón de seguridad, sonreía abiertamente, por las miradas furtivas que Yuri le dedicó al ruso se notaba que estaba entusiasmado, a pesar de que el trayecto fuera singularmente silencioso.
― ¿Hiciste muchos labores domésticos? ― preguntó Yuri a Viktor, en un intento de comenzar a relajar los músculos de la cara y el cuerpo.
― Muchos ― dice Viktor tristemente ―, tuve que ir de allá para acá, de arriba abajo, estoy tan agotado como tú.
― ¿Y por qué Katinka nos dio permiso de salir? Pensé que sería limpiar hasta que desfalleciéramos ― técnicamente él ya había desfallecido cuando Viktor había vuelto de sus encargos.
―No es mi madre ― Viktor le guiña un ojo al pelinegro, así que ella no tenía que darle permiso para hacer lo que quisiera.
Yuri se encogió en el asiento. Puso la radio en una estación rusa que pasaba canciones en inglés y se quedó esperando, viendo a Viktor conducir con maestría esplendida, evitando a la gente, los demás autos, el tráfico, como una estrella de rock del patinaje artístico, era considerablemente bueno en todo lo que hacía y cada vez que lo hacía. Yuri terminó por mirar por la ventana, subiendo y bajando el vidrio un millón de veces en lo que llegaban. Cuando Viktor estacionó el auto en una calle bastante transitada, Yuri volvió a la realidad, habían sido cerca de cuarenta y cinco minutos moviéndose en el coche para llegar a lo que parecía ser una plaza, había bastantes árboles y gente transitando por las banquetas, muchos se distrajeron admirando el lujoso coche, otros a la singular pareja. Yuri dudaba que alguien fuera a reconocerlos por el deporte, sin embargo las chicas más curiosas no apartaban los ojos de Viktor.
― Bien, ¿Estás listo para seguir con el turismo ruso? ― preguntó Viktor pasándole un brazo por encima de los hombros.
Cruzaron la calle en esa posición. Estaban cerca del canal, un montón de agua rodeando las avenidas y los edificios. Yuri no sabía que canal era, pero los barquitos estacionados daban a entender que era uno bastante más popular que el que se encontraba afuera de la casa de Viktor.
― No puedes pasar más de una semana en San Petersburgo sin ver esto ― al mismo tiempo en el que Viktor levanta los brazos, Yuri alza su cabeza mirando al cielo, un edificio enorme se atraviesa en su camino que le impide visualizar las nubes plenamente ―. La iglesia de "El Salvador", sobre la sangre derramada.
Yuri se abstiene de chillar.
No es Moscú, definitivamente, pero Viktor se lo muestra como si fuera la catedral de la dichosa ciudad. Sin embargo es una iglesia, igual de hermosa, con la característica bóveda colorida en cada una de las torres que decoran la iglesia. Las paredes de ladrillo rojo y el oro en cada uno de los detalles redondeados. No es la plaza roja, pero es igual de imponente y hermosa, aun con todos los matices verdosos.
― No sabía que esta iglesia estaba en San Petersburgo.
― No es tan popular como San Basilio ― admite Viktor entusiasmado, pegando su hombro con el pelinegro, untándose un poco en la ropa ―, pero es bonita ¿verdad? Hay que entrar antes de que cierren, debes ver el camarín de la virgen. Está tan recatado de oro, además los angelitos y las vírgenes, te va a encantar. ¡Los vitrales!
Yuri siente la emoción del ruso, le burbujea en los dedos, porque Viktor tiene la capacidad de pintar los planes como si fueran algo increíblemente maravilloso y a la vez aterrador, tomar su mano es arriesgarse a ir en el camino de un tifón con fuerza sobrehumana, con confianza desbordante, amor por las cosas, el ser, el saber. Es como ser arrastrado por el mar, Viktor desprende esa sensación cada que termina involucrándose con él, no sabe si se siente ansioso, gozoso o nervioso. Pero toma su mano, porque no puede dejarla tendida en el aire más tiempo y porque quiere tocarlo cuanto antes.
Y es por esa razón que Viktor también es capaz de poner la misma expresión, la orgullosa extrañada, cuando ve que Yuri toma la iniciativa, corre se mueve, lo guía. A él, a Viktor Nikiforov, hay un chico de lentes guiándolo, haciéndole salir de órbita, hacer cosas que jamás imagino que haría. Debido a eso lo tiene aquí, cruzando el portón de 'El salvador' mirando los murales, el oro en las pinturas, la forma en la que Yuri no conoce nada. No ubica a los santos, no mira a Dios… él mira el arte en cada retablo de madera.
Mira las columnas. Los vitrales, como Viktor mencionó… se extienden altos y largos por encima de sus cabezas, la luz naranja del exterior los ciega y el piso de mármol queda pintado con su belleza arrebatadora.
― Fue construida en el lugar donde fue asesinado en zar Alejandro II de Rusia ― recitó Viktor mientras Yuri se sienta en las bancas. Admirando cada mínimo detalle.
No había mucha gente, pues no era una época muy destacada para el turismo, sin embargo las pocas personas que paseaban por el museo histórico, hablaban en ruso y la acústica del lugar retumbaba. A Yuri las iglesias siempre le habían dado un poco de miedo, sobre todo las renacentistas, con todos los cuadros de santos adoloridos. Sin embargo ésta era una donde ya la religión poco tenía que ver. Había mucha historia bajo la suela de sus zapatos y en sus pupilas se reflejaba cada milímetro de arte.
― Es tan hermosa ― admite Yuri sin apartar la vista del atrio ―. Huele tan bien…
― Es difícil de describirlo ¿No? ― Viktor se sienta a su lado. Olisqueando ―. Las iglesias huelen como… como a iglesia. Que indescifrable.
― Me parece encantador ― admite Yuri fotografiando cada detalle.
― A mí me pareces encantador tú ― admite Viktor encogiéndose de hombros.
Pues están ahí y Viktor lo mira a él, mientras él mira a las vírgenes, admira sus ropas, sus rostros blancos, cada uno de los santos rusos, y Viktor se siente atrapado en sus gestos, en la atractiva manera en la que sus cejas se mueven, sus labios tambalean y sus pestañas se sacuden encima de sus ojos, rozándose con los cristales de los anteojos. Ladea la cabeza. Un Yuri en su estado natural, podría mirarlo siempre. Hipnotizado por lo hermoso de la iglesia, ¿Yuri no debería pasar su vida como un santo? Se vería hermoso, es que el templo le sienta de maravilla. Estar encantado le va como un guante, su sonrojo, su sonrisa. Viktor podría mirarlo por siempre.
Podría quedarse en esta iglesia con él. Por siempre.
O al menos hasta que Yuri se hartara de ella, y dejara de arrugar la nariz cuando ve algo que no entiende.
Yuri siente la intensidad de su mirada, gira el rostro, Viktor lleva mirándolo por largos minutos, no importa cómo se mueva, sus pupilas le siguen a donde sea. Esta dispuesto a preguntarle si pasa algo pero cuando sus ojos chocan, solo puede sonreírle, ligeramente, apenas y cambiando de expresión. Viktor esta sonrojado. Sonriendo de una forma distinta, una forma idiotizada, como cada vez que lo observa hacer algo que le gusta. Yuri baja la mirada un poquitín halagado y avergonzado. Pero se lo permite, le sonríe y le deja hacer. Lo deja mirarlo. Mientras, él… sigue contemplando.
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― ¿A dónde vamos? ― pregunta seriamente esta vez.
De cualquier forma sonríe.
Entre Viktor y Yuri se ha creado ahora alguna especie de intimidad, una atmosfera que los envuelve lentamente desde que se dieron cuenta que estaban solos en la iglesia, los últimos rayos de sol ya se habían ocultado y la reina de la noche alumbraba el firmamento. Makkachin estaba echado a sus pies, esperando que los dos se decidieran a abandonar la iglesia y salir a pasear o hacer cualquier cosa. Por eso cuando Yuri miró a Viktor y le dijo que era momento de irse, el ruso despertó de la ensoñación de admirarlo, sonrió juguetonamente y fue hasta el auto. Abrió la puerta para que el perrito se metiera y sacó las cobijas. Makkachin lo miró confundido, Yuri de igual manera.
― Lo siento Makkachin ¿Puedes esperarnos aquí? ― le pidió Viktor dejándolo adentro del auto.
El perro gruñó en desacuerdo pero volvió a echarse en el asiento.
Y luego Viktor había guiado a Yuri nuevamente hacia la iglesia, el japonés estaba sonriente, animado sobremanera pero extrañado de cualquier forma. Con el ceño fruncido, observó cómo Viktor se deslizaba a su lado hasta llegar al puente que conectaba la ciudad con la iglesia, pero en esta ocasión en vez de seguir por el camino, la desviación entre unas escaleras y el barandal apareció ante sus ojos. Estaban descendiendo al canal.
― ¿Viktor? ― volvió a preguntar Yuri nervioso.
― Vamos Yuri ― suplicó Viktor sin responder a la pregunta. Pidiéndole la mano.
Abajo del canal de Griboyédova había una minúscula bardita en donde no cabían ni dos personas, mucho menos ellos dos con su máximo de suéteres. Comenzaba a hacer más frio. Sin embargo Viktor no se detuvo en su andar por el pequeñísimo barandal, se deslizó a rastras hasta una ligera y pequeña barquita, era más como una lancha de madera, estaba atada a un puente, como si hubiera estado esperándolos. Yuri la miró con sospecha, luego se percató que en realidad era la única lanchita en todo el canal, encima vio que había letreros sobre no dejar barcos o embarcaciones atadas sobre el canal.
― ¿Estamos haciendo algo ilegal? ― Preguntó Yuri cuando Viktor por fin consiguió desatar el nudo de la lancha ―. ¿Estás metido en jaleos Viktor?
― No, de hecho no, pero ser yo tiene ciertas ventajas ― le sonríe con todos los dientes blancos en una hilera perfecta, extiende la mano para que Yuri se suba ―, ahora deja tu trasero en la lancha, tenemos que darnos prisa.
Yuri se sube, no tiene miedo, ni está nervioso, se pregunta varias cosas al mismo tiempo. La lancha se tambalea cuando lo siente subir, cuando se postra encima de uno de los tablones de madera, Viktor le arroja la bola de cobijas, silenciosamente le pide que se las ponga encima como un chall. Y luego se trepa en el lado contrario. Viktor respira un poco agitado, tiene la cara roja y pacífica mientras toma los remos de la lancha y los mete en el canal. Alejándose cada vez más de la iglesia, en dirección contraria a lo que Yuri pensó que irían.
Ya no hay gente en las calles, el canal está completamente vacío, ellos se mueven en el agua fría y sin corriente. Alejándose, sintiendo la oscuridad de la noche cada vez más pronunciada y engullidora, observando que cada milímetro de luz solar se convierte en un manto negriazul que abarca todo el cielo.
― Creo que ya nos alejamos lo suficiente ― suspira Viktor cuando están como a cincuenta metros de la iglesia.
En medio del canal, alejados de cualquier de los bordes, cada edificio apagado, el cielo oscuro, las cobijas los envuelven como si se trataran de las pieles de animales, pero sintéticas. Calientes y abrigadoras. Yuri comienza a sacar vapor por la boca, no quiere peguntarle al ruso que es lo que están haciendo los dos ahí en medio del canal, abandonados por la raza humana, ya ha hecho demasiadas preguntas por esta salida. Se limita a observar su propio calor corporal consumirse en forma gaseosa frente a él. Viktor lo mira hacer y lo imita. Sacando ligeras corrientes de vapor.
Hace el ruido de un dragón.
Yuri se ríe.
― ¿Qué? ― pregunta Viktor ladeando la cabeza, recargando el codo en la rodilla y el mentón en la mano. Le sonríe con las mejillas rojas y la punta de su respingada nariz.
― ¿Qué estamos haciendo aquí? ― pregunta Yuri rindiéndose, sin dejar de sonreír como niño en dulcería.
― ¿Si te digo que esperes quince segundos más lo harías? ― pregunta mirándose el tobillo, levanta el pantalón de su pierna y observa un reloj enrollado en esta misma. Como en los años 60's. Yuri levanta las cejas. Viktor sí que es especial.
― 15… ― cuenta Yuri mentalmente, suspira por cinco segundos, saca el vapor de sus pulmones de nuevo y cierra los ojos ―, 10… 9… 8… 7…6…5…
― Tarde ― Grita Viktor tomándole las manos ―. Abre los ojos Yuri, te atrasaste.
Yuri se ríe, sintiendo las manos del ruso apretar sus dedos entumecidos por el frío, olvidó traer un par de guantes de lana. Sin embargo obedece, abre los ojos lentamente, lo primero que aparece frente a él es la cara de Viktor, que no lo mira en realidad, la tiene ladeada a la derecha, con una sonrisa guasona y los ojos brillosos. Toda la abrumadora oscuridad se deshace como algodón de azúcar, las luces de los edificios no solo se reflejan en la cristalina agua negra, también en el cielo, en sus caras, en la ropa, en cada milímetro, como si fueran estrellas o láser. Y ahí esta… la iglesia de El Salvador. Iluminada en su máximo esplendor con luces amarillas, los edificios blancos coreándola, con focos enormes reflejando un calor inexistente. Demostrándoles que incluso dentro de la basta oscuridad, pueden alumbrar como si fueran ríos de fuego.
Yuri se suelta de las manos de Viktor.
Gira completamente el cuerpo con la boca abierta. Admirando la iglesia iluminada, los hermosos colores, las calles abandonadas, el reflejo de las luces en el agua. Su boca se abre lentamente en una tremenda y cálida 'O' con sus labiecitos rosados empapados en saliva brillando con las luces sobre la cara. Yuri jadea, Viktor lo mira.
Le sonríe.
― ¿Te gusta? ― pregunta Viktor tímidamente, suplicando que lo mire.
― Viktor… me… me encanta ― no encuentra las palabras.
― The moon, and the stars in the sky… cannot compare, with the beauty of your eyes ― Canta Viktor una improvisada melodía en inglés. Con su acento ruso destacando en el máximo esplendor. Yuri aparta los ojos del espectáculo de fuego y luces.
Mira a Viktor detalladamente. Tan guapo como sus genes se lo permiten, como la atmósfera de príncipe de hielo se lo otorga, un regalo del frío y la madre naturaleza. Sonriéndole como si él, Yuri Katsuki, fuera una belleza. Él, enfrente del peliplata ¿Qué era él comparado con eso? ¡Tenía un novio que estaba fuera de las ligas! Y Viktor se comportaba como si… el no supiera que hizo para merecer a un japonés de anteojos y pelo negro. Uno como casi todos. Para Viktor, Yuri era el que estaba muy por encima de su nivel.
― Yuri ― suspiró Viktor tomándole las manos nuevamente, obligándole a tener su completa atención. Ya no miraban la iglesia, las luces, solo el reflejo mutuo ―. Yo fui, el que sugirió que los dos viniéramos a vivir aquí. Porque quería estar a solas contigo, quería hablarte de nosotros, confirmar lo nuestro… sin embargo tú eres el que más ha estado intentando decirlo con palabras claras. Perdón por tardarme tanto.
Le acaricia la piel con los pulgares, enroscan los dedos. Yuri sonríe sin comprender, mordiéndose el labio con nerviosa ansiedad. Frunce el ceño. Viktor mira el piso de la lancha y luego levanta nuevamente la mirada, es serio, determinado, el reflejo del brillo en sus acuosos ojos celestes le envuelven en una bruma marina densa. Se inclina un poco, sonriéndole con confusión. Con una ansiedad que no es típica del ruso.
― Yuri sabes que yo… te amo ― continua.
Yuri pierde el aliento.
Descarada y desconsideradamente quiere decirle que no, que no lo sabe, que prefiere que se lo repita un millón de veces, porque no es lo mismo… no es lo mismo besarse, abrazarse, hablar en televisión nacional de su unión, del amor, de lo mucho que se necesitan el uno al otro como si fueran extensiones que no se complementan más que cuando están juntas. No es lo mismo bailar en el hielo juntos, no es igual, es hermoso y perfecto, maravilloso en su máximo esplendor, casi tanto como tocarse los labios o buscarse la piel como si fuera agua para beber tras un desierto eterno. No es lo mismo. Es mil veces mejor cuando Viktor lo suelta de sus labios, las palabras puestas sobre la mesa, se cifran los sentimientos encriptados, que son obvios y evidentes, que saben que existen, los conocen, reconocen lo que sienten el uno por el otro. Pero escucharlo en esencia, voz, frente a frente, cara a cara, acariciándose las manos. Mientras Viktor frunce el ceño como si recalcara algo evidente pero le supiera extraño en la punta de la boca, el decirlo tan fuertemente. Como si fueran palabras de alto impacto, evidentemente lo son. Es decir… no hay confirmación más certera, que escuchar esas dos palabras que lo definen todo.
― Si ― suelta con un hilo de voz ―. También te amo Viktor…
El ruso sonríe, se inclina frente al pelinegro, le acaricia la cara con las yemas de los dedos, delineando cada centímetro de su mejilla suave como un durazno recién cortado. Quiere besarle los labios, siente algo en el estómago, a pesar de que la voz del pelinegro fue suave y baja como un suspiro entrecortado, igual que el vuelo de una mariposa que se esfuma. Viktor entiende que es la primera vez que se lo dicen. Que poniendo en claro cuál es el sentimiento de ambos, llegó el momento de decirlo.
Lo que sugirieron frente a las lavadoras. Mientras se comían la boca y suplicaban por hacerse el amor.
Ponerlo en palabras.
― Tú, Yuri Katsuki ― se levanta un poco, se acerca al pelinegro desprendiéndose de la seguridad de la lanchita, hasta que sus pies chocan con el piso, con la cobija y el paso es medio en falso, es un poco tambaleante, o tal vez demasiado… se da cuenta cuando los ojos de Yuri se abren como los de un búho y levanta la mano para sujetarlo.
Pero solo sujeta la cobija.
Viktor cae al agua con todo el peso, en realidad ni siquiera lo ve venir, es todo demasiado rápido, su expresión ni siquiera cambia, cuando se da cuenta esta bajo el agua. El agua helada. Yuri es el que cambia repentinamente, grita su nombre, arroja las cobijas a la lancha y se asoma al agua, para buscarlo. Para tomarle de las manos, en su rostro se refleja la preocupación, el miedo a la perdida, a no saber qué es lo que hay debajo de las aguas, que son tan negras, tan oscuras. No puede imaginarse, ¿La profundidad? ¿Qué tan profundo es?
Viktor sale a la superficie escupiendo el líquido.
― ¡Viktor! ― grita Yuri cuando lo observa, saca la mano de la lancha para que el peliplata la tome ―. Rápido, súbete…
Viktor sigue escupiendo agua y toma la mano de Yuri, está sonriendo. El pelinegro frunce el ceño, ¿de verdad tiene esa cara despreocupada? Se le han puesto los labios morados, la piel tres veces más pálida de lo normal, el rojo se aleja de su cara con cada segundo que pasa. El agua debe estar bastante fría, pero aun así cuando toca su mano, siente la fuerza, la forma en la que lo acerca a su rostro. Le besa el dedo con el anillo de oro, luego sube hasta su oreja y tiritando un poco habla. Yuri escucha sus palabras cálidas, su aliento rascándole en la nuca, saboreando cada vocablo. Cuando abre los ojos para decir algo, Viktor jala más y no deja de jalar hasta que Yuri también se cae al agua.
― Yuri, tú eres mi prometido. Contigo me voy a casar.
Lo de después fue solo agua en su rostro, el helado hielo penetrándole como una cubeta gigante cayéndole encima. Frío y las ropas pegándose a su cuerpo, todo mojado, engullido por la tremenda oscuridad del canal. y tarda tres veces menos que Viktor en salir, en nadar alejándose de la negrura de las aguas, no siente nada, ni plantas, ni peces, ni rocas, es profundo, increíblemente profundo, pero está limpio, para nadar, para moverse, nada lo ata y mucho menos Viktor. Regresa a la lancha como si fuera una caricatura, no pasan ni tres segundos. No pasan ni dos. Cuando ambos jadean empapados en la lancha, tiritando, mirando el cielo. Rogando porque el calor regrese a sus cuerpos.
Viktor se carcajea.
Yuri se muerde los labios del frio.
― ¿Estás enojado? ― alcanza a decir entre risas
― Quiero ir al auto ― responde Yuri, sonríe de lado.
Como pueden, con las pocas fuerzas que tienen y el triple de peso por el agua mojada en la ropa consiguen hacer dos cosas, evitar que las cobijas se mojen y llegar hasta la orilla de nuevo. Dejan abandonada la lancha y se aseguran de que sus anillos de oro permanezcan en el mismo lugar, las luces los iluminan mientras cruzan las calles, suben hasta la banqueta y van por el camino quitándose las chamarras empapadas. Sacándose la ropa mojada con impúdica violencia, hasta llegar al auto, donde Makkachin los espera ladrando.
― Quítatelo todo ― le sugiere Viktor abriendo la cajuela ―. Ven te ayudo.
― La ropa interior… no.
Viktor hace una mueca cansada y toma una de las cobijas, cubriendo a Yuri para que logre quitarse todo. Y así lo hace, se quita la chamarra, el suéter, el gorro, los zapatos, sus pies chocan descalzos contra la banqueta, lo único con lo que se queda es con la mojada ropa interior. Viktor procura no mirarlo demasiado pero sonríe cada que sus miradas se encuentran, sonrojado Yuri le arrebata la cobija y se la pone encima del cuerpo, intento desesperado de que la felpa le regrese el calor corporal, pero las gotas mojadas de su cabello comienzan a empapar rápidamente la tela. Ayuda a Viktor de la misma manera, mientras se quita la ropa lo cubre con una de las cobijas hasta que se quedan sin nada y con la cajuela empapándose por las prendas cubiertas de agua.
Se suben al auto y encienden la calefacción, tiritan y se enrollan como burritos mexicanos en las cobijas. Makkachin les lame las mejillas y gimotea angustiado, de cualquier manera los dos lucen como si acabaran de hacer una travesura. Se ríen bajito y sonríen, Yuri sube las piernas en el asiento, se cubre perfectamente bien con dos cobijas, y se lamenta de que Viktor deba manejar con los pies descalzos y muriendo de frío.
Llegan en la mitad del tiempo, comparado con el de ida, el frío es demasiado como para detenerse por cualquier cosa. Viktor se salta los semáforos fijándose en ambos lados de la calle, con mucho cuidado.
― Voy a estacionar frente al edificio ― le avisa a Yuri ―, no quiero caminar desde la bodega hasta el edificio con una cobija. Más bien no quiero que tú lo hagas.
― Pero… ¿Iván? ― Pregunta Yuri ―, ¿No llamará a la grúa?
― No, le dejaré un mensaje ― dice como si fuera una idea brillante.
Dicho y hecho, llegan al iluminado edificio en el que Viktor vive, estacionan justo en la entrada donde no hay ni un solo auto y salen del coche corriendo, con los pies descalzos y los celulares en las manos. Llegan al vestíbulo vacío, pero abierto. Las luces encendidas. Yuri se pregunta si no es que algún ladrón pueda entrar, pero Viktor se ve despreocupado. Toma un post it y lo pega sobre el escritorio del portero. Con su perfecta caligrafía rusa ''El Audi es mío, Viktor'', Yuri lo deja estar, es un poco escueto pero espera que no deban ir mañana por el auto a la estación policíaca y de camino descubrir que se saltaron los altos, que se metieron al canal y que condujeron desnudos. Se ríe.
― ¿Qué? ― pregunta Viktor ansioso sujetando a Makkachin
― No nada, es solo que… estás demente ― se quita los lentes y la puerta del ascensor se abre con el ya conocido sonido.
Lo primero que Yuri ve cuando llegan a la puerta son las macetas con flores. Petunias. Hermosas petunias rosas que Viktor no trajo, sino Katinka. Después se da cuenta del mensaje que está pegado, casualmente, con un post it en la puerta de madera blanca. Es una caligrafía mucho más tosca. Pero hay una carita feliz. Viktor la toma con extrañeza… Yuri se cuestiona si la mujer habrá puesto algo raro, sin embargo Viktor sonríe después de leerla.
― ¿Qué dice? ― pregunta Yuri con el ceño fruncido y las sospechas en la punta de la lengua.
― Sujeta al perro - Responde Viktor.
No sabe si es eso lo que dice la nota o una orden directa del peliplata, sin embargo hace caso. Con una sola mano toma el collar de Makkachin y deja que Viktor abra la puerta del departamento con ansiedad en la punta de los pies, que mueve lentamente mientras el seguro cede con un particular clic, Viktor abre la puerta y Makkachin jala para entrar pero Yuri lo retiene con la fuerza de sus amoratados dedos. Viktor admira todo en silencio, está bien, huele bien. Lo admite, Yuri de hecho siente el olor desde el tapete de la entrada donde está parado. Pero cuando Viktor entra y se quita de su visión frunce el ceño.
Todo está en penumbras, salvo por una lámpara encendida a un costado del sillón. Enfrente hay una mesita de madera que a Yuri le cuesta reconocer, es un poco ovalada, como la de una casa vieja. No estaba ahí antes, sin embargo ahora resalta demasiado.
Yuri no suelta al perro. Cuando comienzan a caminar hasta ella y observan detenidamente lo que se encuentra sugerentemente encima de la lustrada madera de caoba oscura. Una bandeja de plata llena de fresas cortadas a la mitad, sin tallo, dos copas de porcelana amplias llenas hasta el tope con chocolate de dos colores: blanco y negro. Una botella de no sabe qué, sin abrir, y dos copas de cristal.
Hay otro post it.
― ¿Qué dice? ― pregunta Yuri en un balbuceo corto.
― ''Disfruten chicos, Atentamente: Katinka''
Viktor se lleva al perro, lo jala con todas sus fuerzas y lo acuesta en la cama de la habitación hasta que se queda dormido. Lo cubre con cobijas cálidas y se despide de él. Sale del cuarto y cierra la puerta, camina por el pasillo hasta la sala nuevamente y encuentra a Yuri admirando una fresa, sujetándola con ambos dedos y le parece que el rojo de la frutilla resalta de forma asombrosa con la blancura de su piel.
Y quiere hacer de todo. De todo.
N/A: No puedo creer que por fin terminé, como dije antes entré a la escuela y estaba volviéndome demente, pero decidí darle prioridad principal a este fanfic porque muchas personas lo siguen y no quiero hacerlas esperar (que se desesperen y se vayan) en fin, me han dicho que soy súper mala onda por córtales el rollo. Pero todo tiene un porque y todo a su debido tiempo.
Ya ven, Katinka no es mala, solo es un poco especial.
Espero que disfruten mucho el siguiente capítulo y este, y como un ligero spoiler para que estén un poquito preparados y con completa intención de invitarlos a seguir leyendo y, ¿por qué no?, a dejar un review, les tengo una pregunta.
Si –hipotéticamente- tuvieran que leer un blowjob (felación, mamada, chupar la polla) quien preferirían que lo hiciera a quien. Quiero decir… Viktor a Yuri o Yuri a Viktor.
Gracias por leer, acompañarme y por dejar sus hermosos reviews. Son lo único que me motiva a seguir adelante, los adoro enormemente.
Suelo hacer actividades cuando llego a los 100 reviews o cosas así, quiero decir hago cosas especiales, dar premios, entre otras cosas. Esta vez se me pasaron los 100 así que lo dejo para los 200 esperando que no tardemos en llegar.
¿Un review para que Viktor llene de chocolate a Yuri en sus chichitas? *o*
Sé que quieren…
Guests:
Haru: Jajajaja la verdad me alegro mucho de que te siga gustando, cuando una escribe fics no es raro que un Guest llegue de vez en cuando y luego desaparezca, pero has sido constante y eso es algo que se agradece demasiado. Por otra parte soy tan miedosa con el mpreg, siento que el fic tiene un ritmo perfecto y que meter ese tipo de cosas alejara a la gente, espero equivocarme porque a partir del siguiente capítulo no hay vuelta atrás. Me encanta que Yuri tome la iniciativa, en el siguiente cap. Si lo hará! Katinka… exacto, brutalmente honesta, un poco ruda. Ella se lleva súper bien con Vitya pero con Yuri, no tanto, ahí el problema jaja, POR OTRA PARTE, soy rápida y solucioné esto antes de que pase a mayores. ¡Un beso!
Kiku: ¡Lamento la larga espera! Este fic es mi prioridad número uno, así que no tardaré tanto en actualizar aunque ya esté en la escuela. Son unos tontos románticos, creo que hasta un fic con enfermedades mentales sería lindo con ellos como protas, gracias por ofrecerte, por suerte recupere a mis betas, estoy feliz, gracias por leer y sigue acompañándome!
Aria audi: Me encantó ver que Audi y Audi del coche, jajaja que pésimo humor el mío, ya empiezas a conocerme, Y oh por dios las referencias de snk, sabes que también amo a Jean? Bueno, nos leemos en el siguiente, y también en face querida.
Guest: SIII pobre Yuri quedó más que petrificado con esa afirmación tan fea, en fin espero que te haya gustado la forma en la que lograron resolver los problemas, gracias por leer y por tu review. Un abrazo!
Rus Ackerman: Gracias por tus reviews por cada capítulo, las personas que hacen eso se merecen el cielo eterno del yaoi jajaja, estamos en negación pero al menos los problemas se solucionaron… por ahora, gracias por leer!
Coco: anotado, un sape para Viktor en vez de Katinka, ella no tiene la culpa, solo es brutalmente honesta jaajaja, la mujer sabe que onda, y seguro con este cap la medio amarás, o odiaras, quien sabe, es un poco rara. Espero que todas las escenas se te graben y te queden como ''canon'' jajaja intentaré traer cap lo más pronto que pueda, así que no te preocupes. Gracias por leer y por comentar, un abrazo!
Guest: Gracias por leer!
