Disclaimer| Yuri on ice [ユーリ! on ICE] y todos sus personajes pertenece a MAPPA, Sayo Yamamoto, Mitsuro Kubo, Kenji Miyamoto, y todos los correspondientes, yo solo decidí escribir algo que ellos se estaban saltando.

Pareja | Viktor x Yuri [Vikturi]

Advertencia | ¡Este capítulo tiene contenido homoerotico! Leer bajo responsabilidad propia.

Notas | Hola a todooos! Me extrañaron? Porque yo si y mucho, perdonen me fui sin avisar mas que en los amantes de la traición este hiatus de un mes espero que no les fuera demasiadoooo largo pero lo compenso con un cap con contenido erótico, una pequeña probada. No quiero presionarles a nada pero si quieren estar al pendiente de avisos del fic entre otras cosas agreguenme a mi facebook magi allie, por último vayan a Youtube a ver los videos de just dance que salen en el cap (ups spoiler) sigan, lean, disfruten y dejen review!


Making History

Viktor x Yuri

―Capítulo 6―

Cuando Yuri y Viktor se sientan en el sofá, el uno frente al otro, las cobijas ya han quedado pérdidas en el piso desde hace un buen rato, sus ojos no dejan de encontrarse una y otra vez entre el silencio de la ligera penumbra del departamento. Las fresas descasan sobre la bandeja de plata, tentativas y seductoras, resaltando entre la oscura noche. Hasta que Viktor desliza la mano derecha para tomar una y bañarla en el chocolate como si fuera agua, la lleva hasta su boca escurriendo dulce derretido. Yuri sigue sus movimientos y el de las gotitas que se deslizan por su pierna, desnuda y blanca, la piel se le eriza como la de una gallinita, por el frio del agua del canal.

Viktor lame el chocolate, sabe que es un afrodisíaco, que no importa si se lo embarran en el cuerpo o por todos lados, que de hecho se puede poner por el canalillo, en medio de los pectorales de Yuri, o en sus tetillas… muerde la fresa con ganas y la come lentamente, saboreando la mirada atónita de Yuri. La forma en la que se muerde el dedo deseando estar cerca de su boca. Pero, el que muere por comer en realidad es Viktor.

Ahora toma otra de estas y se acerca más a Yuri. Extiende la mano para que Yuri levante su temblorosa izquierda y reciba sobre esta la frutilla deliciosa, Viktor acaricia primero la palma abierta, juega con sus dedos, clavándole las uñas hasta que Yuri aprieta la mano alrededor de la fruta y Viktor toma su mano guiándola hasta la boca. Sujetándose como si fuera a caerse, sonriéndose, mordiendo el labio, muriendo de ganas de explotar, como si hubiera un polvo bajo sus pieles, acariciándole los párpados y sonrojando sus mejillas.

―Cómetela― le incita Viktor ladeando la cabeza.

Yuri no es sexy, no se siente sexy. Pero la forma en la que Viktor lo guía para comerse la frutilla y notar como es que le encanta verlo comiéndosela, hasta que el peliplata traga saliva logrando que su manzana de Adán suba y baje al ritmo de sus mordidas suaves, le hace sonreír. Su corazón late como loco, atolondrado y apurado, mueve un poco el culo para acercarse a Viktor.

El ruso no pierde el tiempo, toma otra fresa de la bandeja. Curioso y listo como era, la lleva por propia mano hasta la boca de Yuri, cuando parece que el pelinegro va a abrir la boca para comerla, la aleja un centímetro. Yuri no se deja intimidar, tal vez piensa que el movimiento no ha sido a propósito, con el temblor del frio no es raro, saca un poco más la lengua para atrapar el fruto pero fracasa. Mira a Viktor con el ceño fruncido, el ojiazul le sonríe con gesto inocente, con la cara ladeada, una sonrisa de media luna. Yuri ladea el rostro al mismo lado, reintenta tomar la fresa, pero Viktor juega más, la acerca hasta su cuerpo un poco más y Yuri por fin capta el significado.

Se lame la comisura de la boca.

Toma la bandeja con fresas, y la copa con chocolate derretido, la deja sobre el vientre de Viktor y con todas sus malas intenciones, aun cuando sus pulmones parecen apenas aguantar la carga pesada de sus pasos, termina por acorralar a Viktor con la bandeja de fresas hasta chocar con uno de los brazos del sillón. Se muerde el labio y pasea frente a él. Toma la fresa a la fuerza una vez más y la mete en su boca, pasándola por sus labios lentamente.

El sillón de tres espacios que cubría la mayor parte de la sala era un cómodo mueble con cojines amplios que podían funcionar para recargar la espalda en uno de los descansos, o brazos del sofá, Viktor solía recostarse en él, con Makkachin en sus piernas, con mucha ropa o con poca, precisamente ahora estaba en ropa interior, una mojada, casi congelada por el agua del canal en el que Yuri y él habían chapoteado minutos antes. Sin embargo ahora eso poco importaba, ni la mancha de agua que iba a quedar en el sofá cuando se levantaran. De hecho no podía prestarle atención a nada de eso, ni al hecho de que Makkachin estaba encerrado en la habitación mientras él y Yuri estaban sentados en el mismo sillón, el pelinegro descansando de rodillas en medio de sus piernas, con las manos a la altura del pecho, sujetando la pequeña charola de fresas con las dos manos, mirándose fijamente sin despegar las pupilas ni un instante.

La luz estaba apagada completamente. En todo el departamento solo se filtraba por entre las persianas unos débiles rayos de luna y el reflejo de las luces halógenas del exterior, pero esa es suficiente claridad para iluminar sus rojizos rostros y la forma en la que sus labios se permeaban con saliva a cada segundo. Viktor tiene recargado en el vientre el recipiente de cristal con chocolate negro derretido, está un poco caliente todavía, se mueve al mismo tiempo que la respiración que intenta controlar.

«Hace frio»

Lo admite por primera vez desde que ha llegado a Rusia, siente que se congela, pero no hay necesidad de encender la calefacción porque una sutil mirada a través de los espejos de los lentes de Yuri basta para descongelar hasta su alma, para calentarle las entrañas, los órganos y lo que fluye por sus venas, llámese sangre o el poder del amor surgiendo a raíz de las pupilas, colisionando en el estómago y en la punta de los pies.

Es inútil encender la lámpara para comenzar, además es ridículo querer observar a Yuri en plena intimidad con la luz a la máxima, no es necesario por encima de todo, ya que tiene la preciosa ventaja de poder devorarlo, conocerlo y entenderlo por completo así quedara ciego repentinamente. Sin embargo, el placer embriagante de las sensaciones no puede evitar hacer que parpadee por lo menos unas tres veces cuando Yuri se acerca un poco y se mueve como si el Eros hubiera sido activado en él, aun cuando caen gotas de agua helada de sus bóxers que le empapan las piernas todavía.

El pelinegro no deja de mirarle, ni aunque ahora están a diez centímetros de distancia, solo el espacio necesario para la charola de fresas entre los dos. Con aquella mirada disolvente y encantadora que provocaba una reacción de ansias y pavor en el juego… juego en el que Viktor estaba dispuesto a mover primero. Tomó con las manos blancas decididas una de las fresas sin tallo y bien lavada que descansaban sobre las otras, en espera y expectantes de poder chocar contra los dientes blancos de Yuri. Deshacerse en aquella boca cuya dulzura parecía derretir más que el sueño y la muerte, entreabierta traviesamente con necesidad de los dedos de Viktor cerca de ella.

―Abre― ordena con voz ronca cuando la fresa está ya demasiado cerca de esos labios carnosos como duraznos, jugosos y deliciosos. Yuri obedece a Viktor y la puerta de su boca da paso al dulce fruto rojizo ―. Lámelo.

La lengua ensalivada de Yuri se mueve fuera de la cavidad bucal para cumplir con la orden de Viktor, sintiendo en su camino los dígitos del peliplata tomando con cuidado la frutilla, el sabor es dulce, ácido y fuerte, no logra percibir de que fue bañada en chocolate hasta que el sabor cae como azúcar sobre sus labios, manchándolos de café. Observa cuidadosamente a Viktor, mira todo con el ceño fruncido y una sonrisa en la comisura de la boca, jadea en voz alta, con el aliento chocando contra su nariz, sus dedos exigen que la fruta entre cada vez más hasta que se ahogue con su sabor.

«Viktor es salvaje armado con fresas en las manos» Palabras que se disparan en su mente como flechas que se clavan, porque son una verdad absoluta, eso es Viktor, un amo de órdenes dulces, lágrimas mezcladas con el placer de volverse loco al sentir como una lengua rosa juguetea con la comida.

―Muerde.

Yuri muerde la fruta, con los dientes de enfrente hasta arrancarla de la mano de Viktor y meterla por completo dentro de su boca, triturándola con las muelas, ahora como si se tratara de un dulce la pasea por sus dientes, sin dejar de seguirlo con la mirada, ver su pecho agitado. Suelta la charola para pasar las manos a su cuello y las fresas no resbalan entre su cuerpo, pero sabe que movimientos guiados por el deseo pasional pueden provocar que tanto las fresas como el chocolate terminen derramados en el piso. Se cuestiona si vale la pena sacrificar la comida a cambio de besarse apasionadamente desde ya. Y Yuri quiere, de verdad quiere, meter su lengua con restos rojos en la boca de Viktor, ensuciarle la comisura de la boca, chupar en su barbilla.

―Bien…

Lleva los dedos al interior del chocolate y los llena hasta la mitad, las puntas escurren y él no pierde el tiempo en lanzarse contra el bien formado musculoso torso del ruso, se le tira encima sin dejar caer nada, procurando no hacer un desastre, pero consciente de que ya han entrelazado las piernas, frías, que no hay vuelta atrás cuando comienza a manchar la cara de Viktor con los dedos llenos de chocolate, los labios, la barbilla, las mejillas. Y comienza a besarle la cara, lamiendo el chocolate con la lengua afuera como un gatito necesitado, admirando lo bien que sabe el manjar afrodisíaco contra el rostro del dios ruso.

Afuera el viento que no dejaba de sonar, no destrozaba el sonido de sus labios contra la piel, no hundía el eco del tronido succionante de su lengua, su traque y la respiración mientras le besaba cada centímetro del rostro, las mejillas marcadas con pómulos hereditarios, la forma de corazón de los labios. Se tragaba el sabor y manchaba con chocolate parte del cuello, las clavículas y los bíceps bien marcados de su cuerpo como si fuera un lienzo, dejando caminos de chocolate que no se entrelazaban ni se tocaban, solo aumentaban como líneas paralelas, las uñas chocando un poco y Yuri comenzaba a sentir que necesitaba besar y tocar lo bien formado de sus músculos. La dureza que existía en ellos y coexistía con una personalidad dulce.

Antes de que Yuri le bese la boca y chupe su lengua para poder continuar besándole todo el cuerpo, Viktor toma otra fresa y la lleva hasta su propia boca, espera la amenaza andante del deseo, la poca negación del pelinegro cuando pegan los labios con la comida entre los dos, y comienzan a comer y morder de la misma frutilla entrelazando la lengua llena, manchándose los labios de rojo y tragando uno de la boca del otro, saboreando el sabor ácido, la saliva mezclándose y lo seco contrapuesto con lo húmedo de la boca.

Viktor saca la lengua, porque tiene la capacidad y la necesidad de tomar el rostro de Yuri con las dos manos, pegándoselo y besándole los labios con fuertes impulsos como si fueran corrientes eléctricas. Manos fijas en las mejillas, jugando con sus dedos en los lóbulos de las orejas, acariciándolos, delineando el cartílago de la sensible piel de Yuri, quitándole los lentes para morderle el puente de la nariz. Jadea un poco contra sus labios, pegan las frentes, se tocan suavemente con la lengua afuera, chocan la punta. Viktor ruge desde la boca del estómago, hambriento y salvaje.

―Voy a besarte Viktor― murmura Yuri en ronroneos contra su boca, besándole el labio superior, lo muerde un poco al mismo tiempo que se suelta del agarre del peliplata y deja la charola con la facilidad de la diestra en la mesa de centro, quitando el chocolate de las manos de Viktor.

Pero antes de que Yuri se lanzara a lamer todo el camino que ha pintado sobre el otro cuerpo, Viktor se ha tomado la libertad de meter los dedos en el líquido, el pulgar y guiarlo hasta el labio inferior y delinearlo, apretándolo con el chocolate, como si hubiera dejado un labial de delicioso sabor encima, y luego en el superior, dejando esa boca apetitosa llena de chocolate, goteando en afrodisíaco y delicioso sabor, Viktor metió lentamente los dedos al interior de los labios. Lleva su mano derecha a la espalda de Yuri pegándolo más a su cuerpo, dejando que Yuri abra la boca y ya no sean las fresas lo que come, sino sus dedos llenos de chocolate, lamiéndolos, con cuidado, mostrando la lasciva expresión de la excitación.

―No sabes lo bien que se siente tener esa boquita rosadita al frente― gimió Viktor moviendo sus dedos alrededor de la redonda y rosada boca de Yuri, escurriendo chocolate, lamiendo sus dedos como si fuera su falo.

Sin dejar de mirarse, Yuri cerró sus fauces apretando los dedos entre sus mejillas, chocando con sus dientes y clavándolos un poco sobre la carne. Acariciándolos con el paladar y la lengua, generando círculos. Hasta limpiarlos por completo. Sonrió sacándolos.

―Si dejamos el chocolate sobre tu piel más tiempo… se va a secar ― amenaza Yuri con las manos sobre los hombros de Viktor, indicándole que recargara la espalda y el cuerpo en general, como si quisiera hacer cargo de la situación.

Estar al mando.

Viktor parece disfrutar tenerlo arriba, sonriendo a medias, nervioso y ansioso, por comer del chocolate en los finos trazos, aunque se está muriendo por pasar la boca en todo el cuerpo de Yuri, pero le deja hacer sin quejarse, porque cuando Yuri toma el mando no es bueno interponerse, además, no quiere. Habría deseado aprovechar un poco más el chocolate, comerse más fresas pero todo se desvanece cuando su chico saca la lengua y lame lentamente su cuello. Reprime su voz, siente el calor subir por su cuerpo, cuando Yuri pega toda su humanidad a su pecho y sigue besándole detrás de la oreja, depositando suaves y pequeños besitos, lamiéndole el chocolate.

Viktor lo tiene arriba, lleva instintivamente las manos a su espalda, desnuda y curveada en la lordosis, con una hendidura en medio del cuerpo, mostrando aquellos deliciosos huesos pélvicos y los anillos de la columna vertebral, marcando su completa figura angelical y subiendo en un perfecto trasero cubierto por bóxers mojados e innecesarios, Viktor juguetea con el elástico y lo baja hasta que la carne blanca y suave queda al descubierto. Yuri se estremece mientras besa sus clavículas.

El ruso pasa las palmas abiertas por completo encima de sus nalgas, acariciándolas, delineando la curveada forma de montañas. Y el pelinegro desciende, produciendo corrientes eléctricas fuertes mientras lame el chocolate de su pecho, de sus pectorales, pasa la lengua por en medio y las manos por los bíceps de su cuerpo, delinea con las uñas los oblicuos externos. Entierra un poco la punta, abarca con toda la mano su cuerpo.

Viktor gruñe bajo cuando Yuri lame sus pezones.

―¿Se siente bien?― pregunta Yuri mordiendo el pecho fuerte y duro de Viktor, acariciando su ombligo.

Desciende para lamer el chocolate de su pecho, con la lengua genera caminos de saliva y besa cada vez que ha terminado de limpiar. Viktor gruñe, como un tigre, está sintiéndose más que genial, le aprieta el culo suavemente y lo pega cada vez más. Cuando Yuri levanta el rostro sonrosado, Viktor lo está mirando con la cara hecha pedazos, se muerde el labio como si buscara no llorar de placer por esa danza de besos por todo su cuerpo.

―Me gusta… mucho― jadea Viktor.

Y puede que Yuri esté trabajando a lo loco, pero desea y anhela tocar ese cuerpo que anhela y adora como si fuera el de un santo, porque es hermoso, delicioso, está hecho a base de esfuerzos, además es suyo y le encanta la sensación de querer abarcar más y más de Viktor, de poder probarlo con la boca. Siente que necesita tocar su miembro, porque a Viktor se le marca la excitación encima de la mojada ropa interior, y Yuri lleva el rostro hasta esa parte, recarga la nariz sintiéndola, después con la mejilla, admirando todo desde abajo, con el culo al aire libre, con las manos temblorosas dibujando estrellitas en la pelvis de Viktor. Tan grande y caliente como el resto de su cuerpo…

Yuri mueve el elástico de la ropa para liberar la excitación de Viktor y sus piernas tiemblan.

No, no es la primera vez que ve su miembro. De hecho tampoco es la primera vez que lo ve excitado, alguna vez vio a medias y por accidente esa parte de Viktor, que era grande, además rojiza, encendida, llena de palpitantes venas que Yuri se moría por delinear con la lengua, besar la punta, jugar con el glande y tomar entre sus manos los testículos, meterlos en la boca… quería, deseaba tanto a Viktor. Deseaba demasiado complacerlo con la boca. Tanto, que lo hizo rápido sin avisar, y Viktor llevó la cabeza para atrás cuando Yuri sacó la lengua para lamer el prepucio que aún no terminaba de bajar, lamiéndolo para que el miembro se mostrara por fin puro y excitado frente suyo.

Y entonces cuando Yuri logra su cometido, tenerlo excitadísimo enfrente de la cara, se dio cuenta de lo encendido que estaba, de lo caluroso del ambiente, de la cara de Viktor ardiendo en placer, vomitando gusto, mordiéndose la mejilla y mirándolo fijamente, esperando que lamiera ahí donde deseaba ser lamido. Sonrió y enfocó nuevamente su atención en aquella extensión de carne necesitada de atención, goteando semen por el orificio superior, un líquido blanco que Yuri probó con la lengua extendida y luego batió en el glande como si quisiera circular el líquido pre seminal, salado con su lengua por todo el pene.

Besó la punta con los labios, dejó suaves besos encima, luego por todo lo largo y lo ancho, ayudándose con ambas manos para sujetarle. Finalmente meterlo en su boca, la cabeza primero, para que Viktor rugiera como un león cuando sintiera lo mojado y caliente de su boca. Yuri cerró los ojos y comenzó a lamer, saca la lengua suave y húmeda para recorrer la extensión desde la base hasta la punta, luego vuelve a probar del pre semen que sale en el centro, lo lame un poco y lo traga, luego un poco más volviéndose adicto al sabor de Viktor. Vuelve a meterse a la boca ese falo y sube y baja ayudándose de las manos, chupa y lame con la lengua en el interior, sintiendo llenarle hasta las mejillas, sus sentidos se inhiben y su ser entero se concentran en una cosa, lamer, saborear…devorar con el gusto.

Lo saca solo para lamer el escroto y lame entre los testículos, mientras que su mano jala la piel del miembro de Viktor y la mueve arriba y abajo con movimientos suaves que hacen que Viktor reprima su voz.

Sabe que a ese ritmo tan suave y tortuoso jamás se vendrá, Viktor lo sabe, pero tiene miedo. De querer tomar la cara de Yuri, abrirle la boca y producir que coma de él a su ritmo, tal vez le excitaría mover las caderas a su son y ton, pero quiere dejar que Yuri le siga lamiendo lentamente encima de la piel y mueve con sus manos suaves su miembro. Si cede a sus instintos terminaría tomándole de las mejillas, sujetando su barbilla y tal vez poniendo a Yuri de rodillas, moviendo las caderas, hasta que Yuri ponga sus manos en la cintura para pedirle que parara porque siente que se ahogará o que le lastima la garganta con los golpes certeros de su pene en la campanilla.

Es dulce, la forma en la que Yuri incluso huele su entrepierna, sabe que huele demasiado distinto ahí, a humedad y a shampoo, pero a su piel, a su esencia natural, huele bien. La forma en la que unta la mojada punta contra su mejilla y la lleva a los labios, besándole, es una suave y delicada manera de hacerle una felación, y es la forma en la que Yuri lo hace, esa la manera en la que Viktor no quiere ni cerrar los ojos porque no quiere perder el instante en el que se le empañen los lentes y deba quitárselos, aun cuando Yuri abre la boca y lo mete nuevamente, ha dejado de nuevo el preámbulo de los besos en la base y las lamidas en los testículos. Por eso Viktor vuelve a gemir, gutural, bajo y grave, el sonido se esparce por todo el lugar en tinieblas.

Yuri para cuando siente que ya no puede entrar más, aunque sabe que de intentarlo podría llevar su miembro hasta la base y chocar con su garganta, está consciente de que eso complacería a Viktor demasiado, pero el peliplata le acaricia el cabello de la frente, le sonríe y pide, casi a súplicas con puras miradas que siga lamiéndole. Usa la mano para mover la piel de abajo, la que no llega a entrar de lleno en su boca y chupa la parte superior con la lengua.

La quijada ha comenzado a dolerle, por la abertura anormal.

Masajea con la otra mano, jala, sube, baja, hace de todo como si fuera un ciclo, siente la punta de su propio miembro derramar caliente líquido sobre su ropa interior, la forma en la que sus pies se envuelven con las piernas de Viktor, sigue lamiendo cuando Viktor comienza a gemir cada vez más fuerte y rápido. Saca su falo de la boca para dar lengüetazos en el glande y tragar de lleno el pre semen que sale de la punta, saboreando.

―Yuri… ― jadea en un suspiro y consigue que el pelinegro le sostenga la mirada, e incluso busca que sus pupilas se encuentren y se conecten al mismo tiempo que Yuri usa ambas manos para masturbarlo y muestra la lengua abierta encima de su cabeza.

El semen de Viktor no tarda mucho más en salir, no cuando Yuri no ha dejado de lamer y jalar e incluso morder un poco el miembro, mirándose fijamente. Es cuando Yuri se da cuenta que a Viktor se le da bien el jadear en voz baja, el sujetarle del cabello cuando se viene, sin hacer mucho ruido. Sobre su boca. Un poco cuidadoso al no buscar que el japonés se lo beba, en cambio hubiera deseado hacerlo fuera de él, pero Yuri insiste…. cuando su boca queda llena de líquido espeso, amargo, caliente, delicioso, lo pasa por sus labios, lo siente en su lengua y lo traga suavemente, excitado.

Viktor hiperventila.

―El semen de Viktor… ― jadea Yuri tomando las gotitas que escurren por su barbilla, llevándolas al interior de su boca ― es delicioso…

Saca la lengua para recoger con cuidado los restos de la punta y deposita suaves besos encima de su aún caliente excitación. Viktor sonríe a medias y se cubre el rostro cuando Yuri termina de deslizar el caliente líquido por su garganta, lo mira con los ojos adormilados y enternecidos de la caliente visión del pelinegro que se menea hasta caer sobre el pecho agitado de Viktor.

―Fue fant… ― Yuri planeaba terminar la frase cuando Viktor lo tomó nuevamente de las mejillas para besarle en la boca. Un beso sucio y fuera de lugar, de forma que Yuri quedara nuevamente sobre su cuerpo, abrazados con piernas, vientres juntos, el calor de la boca, el salado sabor amargo, lo espeso en la boca, la forma en que sus lenguas se unen es precisa en tocar cada una de las partes que funcionan como papilas gustativas, destilan y separan cada uno de los sabores de la saliva que los une aun cuando se separan, jadeantes, permanentemente tiesos y enternecidos, el calor bullendo entre la piel que los une, la pelvis junta, movimientos de embestida que no llegan a nada y Viktor decide que llega el momento de ponerse en pie y volver a la cama, con precisamente nada fuera de lugar en mente logra cargar a Yuri de la cintura, con sus piernas rodeándole como candado.

Los brazos descansan alrededor del cuello y cuando Yuri atiende las consecuencias de ir a la cama busca esconderse bajo las cobijas, o el resguardo seguro que es besarle a Viktor la boca para evitar el contacto visual o le expresividad mediante palabras que no puede mencionar mientras Viktor le mordisquea el labio inferior, lamiéndolo y succionándolo con una fuerza desorbitante que solo iguala lo acompasado y fuerte de sus respiraciones mutuas. Sincronización de los procesos miocárdicos.

Makkachin los escucha venir desde hace segundos, espera pacientemente en la puerta de la entrada para recibirles, sin saber que cuando Viktor consiga girar el pomo cerraran la puerta en sus narices para dejarlo afuera del cuarto quien sabe hasta qué hora, pero la ventaja que el perro consigue es que la bandeja con fresas ha quedado descuidada sobre la mesa y aunque la cantidad es mucho menor que la pensada al principio, podrá disfrutar de estas mientras sus dueños se apoderan de la cama.

Viktor sienta a Yuri en la orilla de la cama, todo se encuentra en una oscuridad lunar azulada, la habitación es fría. No ha sido contaminada con el vapor de sus exhalaciones. La cama sin revolver es lisa y perfecta para que Yuri extienda la espalda larga como es y Viktor se ponga de rodillas a la orilla, admirando y lamiendo aquellas ingles que circulan el bóxer negro y húmedo que ya ha comenzado a bajar sin mucho juego previo.

―Yuri tan lindo, sigues tan excitado… ― jadea Viktor contra su entrepierna. Lamiendo desde ya la base del miembro del japonés y la lengua arriba abajo.

A diferencia de Yuri, Viktor si consigue meterlo de lleno dentro de su boca, saboreando la suave piel caliente y ahora ensalivada, sigue lamiendo hasta concentrarse en la punta, deleitándose con los eróticos sonidos que suelta el japonés. Desviviéndose en jadeos de sentir la lengua del ruso jalar y delinear cada centímetro de su cuerpo, acariciando simultáneamente sus piernas. Yuri lleva las manos a su cara, tapándose la boca un poco, sujetando sus jadeos en la garganta, mordiendo su labio hasta hacerlo sangrar. Solo para descubrir que Viktor había hipnotizado su placer…

Termina llevando las manos a la cabeza de Viktor, sin reprimir más su voz. El ojiazul se sorprende cuando siente las manos pequeñas de Yuri pegarle en la nuca y sujetarle de los cabellos. Completamente a distancia de lo que Viktor piensa Yuri mueve inconscientemente las caderas.

―Ah, Vik…tor ― jadea con una locura resoplando. Simultáneamente Viktor admira el juego de caderas que se menean enfrente de él, obligándole a seguir un ritmo, y la forma en la que Yuri clava sus dedos en el cabello y los entrelaza dentro para manipular su boca alrededor de su miembro.

Disfrutándolo al máximo.

Viktor levanta la mirada para visualizar el cuadro erótico de Yuri con la cabeza para atrás, la boca abierta, roja como un higo recién cortado, los lentes empañados, las mejillas coloradas y la saliva que surca la comisura de su boca.

―Viktor, hayaidesu…. ― suplica en voz baja, como un suspiro que Viktor no entiende.

Pero asume.

Usa su mano para acariciar un poco más sus caderas, sus piernas, y pone sus pies sobre sus hombros, mantiene el constante ritmo en la succión de su entrepierna, ignorando que su pecho y boca le exigen un descanso. Vale la pena cuando Yuri aprieta con más fuerza su cabellera, y arquea el cuerpo en un ángulo digno de un transportador geométrico, los dedos de sus pies hacen fuerza contra sus hombros tensos. Además, por si el compás delicioso de movimientos de su cuerpo no fuese suficiente, Yuri jadea entrecortadamente su nombre un centenar de veces, posteriormente el escalofrió recorre su medula espinal y se corre sobre la boca de Viktor.

El ruso traga con cuidado cada gotita, saboreándolo lentamente. Para él, es un sabor delicioso, exótico y desconocido.

Sube a la cama analizando el cansado cuerpo de su amor, sintiendo su respiración cansada, su boca rosácea sangrar ligeramente y lleva su cuerpo hasta la parte posterior, para abrazarlo lentamente. Viktor siente la piel sudada de Yuri o la confunde con su propia sensación húmeda, al mismo tiempo besa tiernamente la piel de su cuello. Abraza su delicada presencia como si fuese una temblorosa hoja de sauce que está por caer en las fauces del invierno.

―Vit… ― murmura Yuri recuperando el aliento.

― ¿Qué? ― pregunta Viktor cerrando los ojos contra su espalda.

―Ya schastliv s toboy…

―Ya takzhe― sonrió Viktor acariciando con cuidado la mano de Yuri por encima de las cobijas.

Yuri cerró los ojos, con los lentes puestos encima del puente de la nariz, apenas podía ver con ellos, además sus ojos cansados y llenos de agua del canal se interponían entre su sueño ligero y el cansancio ocasionado por el desenfrenado deseo carnal, consumado en aquellos actos. Pero se sentía orgulloso, su pecho se hinchaba con dicha… decirle a Viktor aquellas frases completas en ruso, era como sentirse un poco mejor en San Petersburgo. Poder decirle "Soy feliz contigo" era un logro… pero escuchar en respuesta un "Yo también" podía hacer que soñara eternamente que permanecían en ese momento.

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Yuri siente sobre su piel las pequeñas huellas dactilares recorrer su rostro como si se trataran de pétalos de una flor, agrega que detrás de su nuca sirve como respaldo uno de los brazos de Viktor. Solo Dios sabe cómo consiguió dormir encima de él sin que la circulación sanguínea haya parado y repentinamente aquella área comenzara a tornarse violeta hasta llegar al negro para posteriormente hormiguear. Sabe que su cabeza no es tan ligera. Lucha con su propio sueño para abrir los ojos. Se tambalea un poco, ya que su cuerpo ha quedado ladeado a la izquierda, dándole un poco la espalda a Viktor, así que dobla a la derecha para quedar frente a él aunque sea solo un poco.

Y cuando abre los ojos, ve a Viktor, con pecho desnudo, cobijas sobre las piernas y la mano que no está detrás de él, acariciándole los mechones de cabello encima de la cabeza. «Se siente raro» piensa Yuri, que alguien pueda tocarte y mirarte como si te adorara inmensamente. Desprende la misma calidez que una madre a un hijo recién nacido, pero alberga una pasión que desencanta la escena, pues consume sus labios de una forma que quema como el infierno, y están rojos, encarnados, por los besos de la noche anterior. Además, los dos están desnudos y es un hecho que no pueden ignorar.

Sobre todo cuando vuelven a juntarse más, abrazándose cara a cara, entrelazando las piernas por debajo de las cobijas.

― ¿Tuviste un buen sueño? ― le pregunta Viktor quitándole un mechón de a un lado de la oreja, acariciando todo a su camino y peinándolo detrás de la misma ―. Estabas como sonriendo…

―No recuerdo ― admite Yuri intentando recordar, levanta la mano y la lleva hasta las costillas de Viktor, acariciando por encima de la piel ―. Tiene mucho que no tengo un sueño o una pesadilla…

― ¿Sueñas conmigo? ― pregunta Viktor sonriendo ampliamente.

No pierde la oportunidad para escuchar de la boca del japonés la importancia que tiene en su vida desde tiempos inmemorables, desde niño, adolescente, lo que sea, porque le encanta escuchar que Yuri lo tiene presente desde antes de que él pudiera siquiera imaginar su existencia. Como si le retorciera de felicidad que Yuri hubiese construido su vida alrededor de él.

― ¿Ahora…? ― pregunta curioso ―. La verdad es que… sueño con Hasetsu, el mar… Vicchan.

―Oh. ― admira un poco decepcionado, sabe que Yuri es experto en sacar temas difíciles a colación, no como él, puede hacer pasar desapercibida su vida personal que incluso le alarma que Yuri no le haya preguntado ya un par de cosas. Cosas necesarias en una relación. O Viktor cree que es porque el pelinegro sabe bien respetar la intimidad ajena. O tal vez no le interesa ―. Pensar en el mar tan temprano… se nota que no terminaste conforme con el chapuzón que nos dimos anoche.

―No es verano, el agua sigue demasiado fría para nadar… ¡No sé nada en los canales principalmente! Espera a que sea verano, o al menos en Hasetsu durante el verano si es posible nadar.

―Falta mucho para el verano, tendrás que conformarte con la bañera.

― ¿Qué día es hoy? ― pregunta Yuri moviendo los dedos suavemente por encima de la cabeza, contando los días como si quisiera saber cuánto faltara para que la regla le llegara. Viktor frunce el ceño ―. Oh, 14 de Marzo…

―Ah, sí, faltan como 10 días para que termine el invierno ― dice Viktor completamente inseguro de la climatología de su región natal ―. El gran invierno ruso de los cinco meses, pero aun así te advierto que no creo que podamos nadar en el mar nunc… ¿Qué sucede Yuri?

―Es el White Day― sus ojillos cafés se alzan lentamente hasta penetrar los ojos azules acorazados de Viktor. Con un brillo deslumbrante en la punta de las pupilas, no está sonriendo, si no esperanzado ―. Aunque, no hicimos nada el 14 de febrero… pero, no importa. Creo que podemos hacer algo al respecto, aún tiene solución.

― ¿Qué es el White Day? ― pregunta Viktor cuando Yuri sale de las cobijas tambaleándose, sujetando su cuerpo envuelto en una de las sábanas de la cama, para desgracia del ruso que esperaba poder admirar de la blanca piel de su novio por la mañana, sobre todo a media luz, con la que destilaba del cuarto.

Yuri pone los ojos en blanco y camina hasta la puerta más pequeña dentro de la habitación. Deslizándose como un blanco fantasma, pero se toma la libertad de asesinar a Viktor con la mirada dos o tres veces, como si el fantasma de Canterville personalmente hubiese posado su nariz enfrente de él para decirle que se encontraban en Inglaterra y no en Rusia, cosa que no era nada cierta, así como el japonés no podía creer que no pudiera reconocer el White Day por la mañana. Y eso que él era el extranjero, el que había vivido en Detroit lo suficiente como para olvidarse de ciertas, varias, costumbres. Sin embargo era la primera vez que para él el White Day significaba algo más… porque era la primera que lo pasaba con una persona, una que amaba, para variar.

― ¡Usa google! ― gruñe tomando el pomo de la puerta del baño de la habitación de Viktor ―. Me duele la cabeza, y hay algo picándome en la parte posterior de la nariz… estoy seguro que esa mojadita me traerá consecuencias. Así empiezan mis resfriados graves.

―Nada que una ducha no pueda curar ― Viktor se encoje de hombros y rueda en la cama hasta salir de ella, sin importarle su desnudo aspecto ―. Yo te recomiendo el otro baño, ese es muy pequeño…

―No importa ― miente Yuri adentrándose en el bañito.

La verdad es que comparado con las aguas termales del onzen de su casa, todos los baños le parecen pequeños, pero el espectacular baño completo de Viktor con lozas azules y verdosas, canceles con figurines una bañera espaciosa, no es nada comparado con el pequeño baño que es acogedor pero insuficiente. Apenas cuenta con un lavabo de aspecto moderno con cristales cortados que hacen las de dispensadores del agua, un excusado y la regadera en una esquina del lugar con paredes de madera y un banquillo construido de tablones, además de una cubeta de madera. Parece un tradicional baño ruso. Yuri no puede creer el contraste que hay entre la moderna habitación contemporánea de Viktor y su baño rústico.

―Bueno, sí importa, pero me empieza a doler demasiado la garganta, así que me conformo con este ― complementa la oración en voz más baja. Pero Viktor gime desde adentro del cuarto en señal de aprobación.

―Pero eso no es por el resfriado ― lo oye murmurar al salir de la puerta ―. Es porque todo eso se ha ido por tu garganta, como la canción de Barney "Si las gotas de lluvia fueran de caramelo, me encantaría estar ahí… abriendo la boca para saborear ah, ah, ah, ah, ah, aaah, ah, ah."

Y su risita se aleja a medida que Yuri se acerca a las llaves de agua para llenar la cubeta de madera con agua caliente. Frunce el ceño avergonzado al recordar los repentinos sucios acontecimientos de la noche anterior, pero también porque no logra reconocer la tonada que Viktor canta, ni con sus mejores años de inglés podría saber que el muy listillo está citando la canción de un dinosaurio morado que hace las de rondas infantiles para manipular los jóvenes cerebros de las generaciones americanas desde hace más de diez décadas. Pero tampoco le importa, de hecho ahora le importan solo dos cosas: el White Day, y ese picor que tiene detrás de las fosas nasales.

Como si se hubieran abierto las llagas comunes de las infecciones de vías respiratorias. Comienzan a doler y sabe que necesitará más de un tylenol para contrarrestar el dolor de cabeza. Y un agrifen para la nariz congestionada.

Viktor tiene un perchero al lado de la puerta de su habitación, del cual cuelga una bata de seda morada, a los pies unas pantuflas bastante casuales y al conjunto en general lo llama "de emergencia" más allá de una simple salida mañanera, el gusta de dormir desnudo, sin embargo desde que se mudó con Yuri los hechos mañaneros han resultado ser lo contrario a eventos normales, más recuerda perfectamente que ahora está completamente desnudo, debido a los acontecimientos de la noche anterior, cosas que hacen que se le tiñan las mejillas de rosa y su sonrisa sea perfectamente armoniosa. Sale tarareando del cuarto mientras ata a su cintura el moño de la bata.

A simple vista la imagen de la sala y el comedor desolado le recuerdan a una típica mañana solitaria en casa, algo como la noche después de navidad, para su suerte los sonidos de Yuri en el cuarto de baño hacen que su alma se reconforte. Sabe que no está verdaderamente solo y eso le brinda paz interior, irremediablemente lleva la mano a la boca, ahogando un bostezo y da vuelta saliendo del pasillo del apartamento. Mira de nuevo el lugar de lleno y las manchas resaltan como un cuadro recién pintado de un artista modernista.

Viktor quiere pensar que se trata solo de los desperdicios de la noche anterior, pues para su mala suerte o buena no pudieron acabar con nada de lo que Katinka había preparado, la copa de chocolate blanco había permanecido intacta, mientras que la oscura apenas y tenía un nivel menor al que tenía en un principio. En cuanto a la bandeja con fresas, Viktor recordaba haber usado en la boca o en el cuerpo por lo menos unas seis o tal vez siete, y aunque desconocía el número final de producto, ahora que veía el final de los productos notó que habían desperdiciado y a la vez desaparecían.

Las huellas rojas lo alertan, no como algo gracioso o mucho menos, sino como algo de lo que tener cuidado, pues los sillones son blancos en su mayoría y Katinka recién limpió todo con su ayuda. Pero lo que más le preocupa es que Makkachin está tirado sobre la duela de madera, con la boca roja, los pelos cafés entintados como si fuera sangre y un rastro difícil de distinguir entre líquido frutal o materia corpórea de una herida que sangra. Sus patas están manchadas de café y rojo y la visión le aterra al dueño inmediatamente.

― ¿Makkachin? ―no hay reacción, ni siquiera un movimiento de orejas.

Y de pronto es como si el mundo se paralizara.

Para Viktor hay cosas importantes: El patinaje, Yuri, su mascota… la primera vez que le avisaron que estaba enfermo, él y Yuri casi mueren de angustia, pero él estaba lejos y con responsabilidades encima. Sin embargo al final tuvo que irse del lado de Yuri para reunirse con su perrito, tal vez diez años juntos ya era demasiado tiempo, tal vez no era raro que no estuviera en sus mejores días, pero Makkachin era lo único que Viktor tuvo por mucho, y él era el único en su vida. Hasta que llegó Yuri, y de qué manera… casi arrebatándoselo con el gran amor que le demostraba al perro. Con un amor brutal que nacía sublime desde el fondo de su estómago.

― ¿Makkachin? ― murmuró de nuevo acercándose, la cola no se movía.

Se veía un poco tieso.

Adormilado.

Llevó las manos a la boca instintivamente, como siquiera evitar que un desgarrador sonido saliera de su garganta, cosa que resultó imposible. Pues el gemido de dolor ahogado resonó con fuerza súbita en la acústica de su departamento. Primero el dolor, luego la desesperación y por supuesto los gemidos se volvieron gritos y sollozos.

― ¡Makkachin! ― gritó con fuerza subyugante.

La regadera de agua acababa de cerrarse. Yuri ataba una toalla en sus cabellos negros y limpiaba sus anteojos mientras se ponía la bata cuando Viktor gritó y el sonido atravesó sus orejas como si fuera un rayo, un rayo de dolor al que él estaba acostumbrado y desearía no estarlo, de pronto es como si el corazón fallara para recuperarse en una adrenalina sofocante, un montón de hormigueos y la misma electricidad que conduce las terminaciones corpóreas a moverse por instinto para salvar algo o hacer lo que sea. Para Yuri era cuestión de bloqueo mental, pero se movía con facilidad solo para llegar a donde Viktor estaba, corriendo y resbalando. Salió del cuarto con los pies descalzos y observó la larguirucha figura de Viktor plantada en el salón principal.

Miró a Makkachin en el piso y cuando dio el paso para tocarle, el perro movió la cola esperanzado.

Yuri tomó entre las manos la cabeza del perrito, lo observó parpadear y sacar la lengua para lamer sus mejillas, desperezándose, de un largo sueño. Después el caniche abrió la boquilla para eructar algo que a Yuri le dio en toda la cara, se trataba de un perfume extraño y desconocido como algo que él pudiera reconocer pero no lo lograba de primera instancia. Miró todo a su alrededor y vio las fresas sobre su boca, habían sido mutiladas por él, pero también una de las copas de champagne derramadas en el piso, la había lengüeteado.

―Está ebrio ― murmuró Yuri mirando a Viktor ―. Tomó champagne, no lo suficiente para hacerle daño pero debe estar atolondrado por la combinación rara de las fresas y el alcohol.

― ¡Dios me asusté demasiado! ― admitió Viktor tapándose la cara ―. ¡Makkachin perro malo, te hablé dos veces y no moviste ni la cola, en cambio viene Yuri y luego, luego a hacerle ojitos! Eres un perro traidor. Voy a traer su cojín para acostarlo en lo que el efecto se le pasa.

―De acuerdo. ― sonríe Yuri acariciando con entusiasmo al perrito, enredando sus dedos entre su cabello rizado café, supo entonces que debía cargarlo para consentirlo porque era su segunda actividad favorita, consentir a su mascota…

Sucedió cuando se agachó, el mareo le vino inmediatamente. Llevó las manos al puente de la nariz y la sintió inflamada, estaba seguro de que la enfermedad estaba comenzando, por eso le dolió la cabeza y justo debajo de las orejas un dolor punzó en su garganta extendiéndose por su tráquea mientras pasaba la saliva. Viktor se acercó cargando un cojín para poner a Makkachin sobre él. Yuri debido al fuerte dolor apenas podía cargar con su pesado cuerpo, pero se las arregló para meterlo en el cojín y dejarlo descansar sobre este en lo que recuperaba el efecto de los peligrosos ingredientes.

― ¿Yuri? ―llamó Viktor cuando lo miró quejándose tocado su garganta ―. Ah, te estás enfermando verdad. Eso me dijiste hace rato, mira no te apures por recoger, ve a vestirte, ponte algo abrigador y yo recogeré la sala.

―Lamento dejarte todas las tareas ― se lamentó, pero reacomodo la bata de baño y retrocedió para meterse en el cuarto que guardaba sus cosas.

―No te preocupes― continuó Viktor tomando las fresas restantes y acomodando cada milímetro del salón ―. Espero que no termines hecho una sopa.

― ¿Por qué? ― preguntó Yuri sacando la cabeza desde la puerta de su cuarto ―. ¿Sería malo?

―Nooo… ― volvió a decir Viktor ahora desde la cocina―. Bueno, la verdad no importa, porque aun si estuvieras hecho un desastre a mí me parecerías encantador. Pequeño Yuri bonito.

Yuri no está acostumbrado a los halagos, no puede evitar sonrojarse y palidecer cada que Viktor le suelta algo así tan a la cara, como si fuera la cosa más normal, además le sonríe como si no fuera consciente de que aún a tal distancia se le marcan los hoyuelos en las mejillas como si tal cosa. Yuri se muerde el labio, a su mente solo regresan imágenes de la noche anterior, de cómo se besaron, se tocaron y de lo que hicieron. Azota la puerta con fuerza antes de que Viktor suelte una risilla al verlo como un tomate.

Dos horas después, está utilizando la ropa más caliente posible. La que estaba escondida en reservas para Siberia de cincuenta grados bajo cero en el peor de los inviernos. La misma ropa que no usó el día que llegó a Rusia, ni cuando se quejó de tener frio un centenar de veces, está usando la reserva especial. Yuri tiene encima pantalones térmicos, calcetines gorditos, pantuflas de conejo, dos sudaderas, un suéter, una chamarra y cobijas de tela polar encima mientras está acostado en el sillón como un pequeño monje budista, su mano tiene una caja de kleenex con una envoltura de peluche de Makkachin y la nariz escurre un poco de moco.

Un resfriado común, podría decirse.

A Yurio le parece deplorable.

―Es la una de la tarde, ¿no deberías estar entrenando? ― pregunta Viktor extendiéndole a Yuri una tizana de manzanilla y frambuesa ―. ¿Yakov ya se ha vuelto así de permisivo? Debe ser por la presión de los adolescentes, son tan buenos para exigir cosas ¿Quieres azúcar Yuri?

―Se ve patético ― murmura Yurio asqueado, dejando su bolso en el piso y cerrando la puerta con el pie ―. Tenía entrenamiento pero lo cancelé porque llevé a mi Koshka a su revisión. Pasaba por aquí y pensé en venir a presionar sobre su entrenamiento físico, pero están ocupados intentando no morir, así que los dejo.

― ¡Quédate! ― suplica Viktor tomando la mochila espacial de Yurio, una preciosa mochila de color rojo con una esfera en forma de nave espacial por la que la gatita asomaba sus ojos azules y miraba atentamente al perro enemigo que dormitaba al lado de Yuri ―. Quiero conocerla…

―Ella no a ti ― gruñó protectoramente el adolescente quitándose los lentes de sol de arriba de la cabeza y dejándolos colgados en su camiseta de Black Sabbath ―. No le gustan los perros.

― ¿Por qué se llama Koshka? Es un nombre un poco rudo para una carita tan tierna ― comentó Yuri desde el sillón, mirando a la asustada pero amigable gatita caer en los brazos de Viktor que ya abría la mochila para sacarla de ahí.

― ¿Eres estúpido? ― se lamentó Yuri sobando su frente, Viktor rió bajo acariciando la cabeza de color arena de la gatita, y tocando con cuidado la nariz café ― ¡Koshka no es su nombre! Eso significa gatita en ruso.

― ¡Oh, es verdad Yuri! Es como decir minina ― le explica Viktor ―. Es verdad, pero jamás nos dices su nombre… ¿Tiene un nombre?

Yurio se muerde el labio molesto y se deja caer en el sillón de un solo asiento que se encuentra más o menos alejado de Yuri y sus gérmenes infectocontagiosos, que no parecen haberlo consumido del todo todavía, sin embargo no quiere arriesgarse. Sube las piernas a la mesa de centro observando atentamente como Viktor se sienta en el piso cual flor de loto y saca a la gatita. Makkachin los ignora olímpicamente, tal vez su interés no está en molestar a otros animales, eso le quita un peso de encima. Lo que le fastidia enormemente es tener que responder una pregunta tan aburrida y quisquillosa. Hace un ruido molesto con la lengua y Viktor le mira nuevamente.

― ¿Qué? ― pregunta extrañado.

―No tiene nombre ―admite encogiéndose de hombros y evitando el contacto visual.

― ¿Enserio? ― Yuri abre los ojos grandes como rocas, incrédulo todavía ante una afirmación tan descabellada ―. Pero no pareces indeciso en ponerle un nombre. ¿Verdad?

― ¡No estoy indeciso tonto cerdo! Lo que pasa es que no va con mi personalidad, no puedes simplemente tomar a una mascota, un ser viviente, atraerlo a ti, pegártelo como si fuera una cosa y encima ponerle un nombre como si te perteneciera ¡O como si tuvieras derechos sobre él! ¿Qué tal si su madre le puso un nombre? No quiero pasar por eso, que tenga que soportar un feo nombre que yo le puse… además, si estamos juntos fue porque nuestros destinos se cruzaron milagrosamente y compaginamos. Porque me encantan los gatos, pero fuera de eso no decido sobre su vida.

― ¡Un momento! ― interrumpe Viktor con una sonrisa enorme ―. Soy despistado pero no torpe, tú estuviste buscando en refugios por semanas y haciendo trámites por días enteros, incluso entrevistaron a tu abuelo para ver si eras candidato a la adopción de la gatita.

― ¡Cállate Viktor estúpido! ― arrojó un cojín contra su exaltado rostro blancuzco ―. ¡Si me vas a contradecir para que me pides que te cuente la historia de Lindt…! No, quiero decir… ¡Lollipop! ¡Trina! ¡Nastia!

―¡Eureka! ― se ríe Viktor aplaudiendo, levantando a la gatita entre sus brazos, que le rehúye un poco ―. ¡Con que si estás indeciso con su nombre!

―Claro que no lo estoy… ― murmura consternado, balbuceando un poco.

―Ya se me hacía que esa historia de encontrar un gato en tu vida y no querer ponerle nombre era muuuuy Breakfast at Tiffany's, adoro esa película por cierto ― murmura Viktor entusiasmado caminando de un lado a otro por el estrecho espacio entre los sillones.

―A mí también me gusta, pero no me di cuenta que fuera la misma historia ― se ríe Yuri en voz baja. Yurio lo asesina con la mirada.

―No es la misma historia ― refunfuña cruzándose de brazos ―. La verdad es que si pienso eso, por eso no estoy conforme con ponerle un solo nombre. Me siento extraño llamándole siempre igual, pero la verdad es que si… su nombre es Lindt.

―Suena un poco masculino.

―Y un poco nada ruso ― complementa Viktor al comentario de Yuri sobre la opinión del nombre ―. A mí me gusta más Lollipop.

―Un nombre de gato no debe ser ruso para ser bueno ― Yurio le saca la lengua.

―Mira ― opina Yuri sacando la mano de entre las cobijas y dejando la taza vacía de té sobre la mesa ―. Yo opino que… bueno, ¿Todos vimos Breakfast at Tiffanys, no? Ella llama al gato: Gato. Ese es su nombre, si quieres llamar a tu gatita, gatita está bien. Si me permites opinar, Koshka o sea gatita, es un gran nombre.

―Pero Yuuuri ― objeta Viktor ―. Es como si Makkachin se llamara Shchenok. Suena bonito lo admito, pero yo pienso que Yurio debe decidirse por un nombre.

―Voto por Koshka ― dice Yuri ignorando el mohín en la cara de Viktor y levantando la mano.

―Voto por Koshka por dos ― corrobora Yurio sonriéndole con autosuficiencia a Viktor. Muy por encima del hombro.

―Bien, se quieren poner en mi contra ― gruñe Viktor soltando a la asustada gatita hasta dejarla de nuevo en su mochila espacial ―. Solo hay una forma de resolver esto Yurio…

― ¿¡En el hielo!? ― pregunta exaltado inmediatamente el rubio, como si fuera para él posible concebir la idea que de pronto iban a salir prácticamente en patines y caminar hasta la pista solo por un reto torpe.

― ¡No seas tontito! ― sonrió Viktor tomándole de una mejilla ―. ¡Un duelo de baile en Just Dance!

― ¿Qué? ― murmuraron Yurio y Yuri al unísono, con la voz un poco cortada por el entusiasmo de Viktor que se desbordaba no solo en el hecho de mencionarlo, también en mover los muebles para dejar el amplio salón desocupado, encender la TV de plasma que Yuri jamás había visto encendida, y ahora brillaba con colores dignos de una TV coreana de nueva generación, y conectar algunos de los instrumentos en la consola.

Porque a pesar de que Viktor no pasaba mucho tiempo en casa tenía algo llamado patrocinios, es decir que prácticamente todas las marcas reconocidas le otorgaban algo a él para que lo usara como prueba de forma "gratuita", y al final él de alguna manera lo promocionara. Esa era la razón por la cual tenía un mueble amplio de madera blanca al lado de la televisión, que opacaba un poco su librero, con cada una de las consolas que habían salido desde hacía dos o tres años. Destacaba un Kinect. Yuri no podía creer que Viktor ya estuviera poniéndose unos tenis para bailar, mientras Yurio aún estaba anonadado pero movía el cuello destensando los músculos.

Viktor tomó su celular al mismo tiempo que la televisión mostraba el inicio del videojuego con la ya reconocida musiquita para bailar.

Para ese momento Makkachin ya había abandonado la sala, e incluso había olvidado que una gatita estaba asustada en el fondo de la mochila, lamiéndose una rosada patita. Yurio se levantaba con toda la decisión que su cuerpo flacuchito le proporcionaba y le arrojó su celular a Yuri. Desbloqueado.

―Sirve de algo y se el juez ― gruñó.

Cuando Yuri miró la pantalla, la aplicación del Just Dance estaba abierta para que seleccionara la canción. Viktor tenía preparada la suya, pero renunció cuando notó que el pelinegro estaba enfocado en elegir la canción desde la aplicación del rubio. Dejó que el escáner reconociera a los dos y le sonrió a su competidor.

―Que gane el mejor Yurio.

―Que gane el menos viejo.

―Vaya que eres lindo.

― ¡Encontré la canción perfecta para los dos! ―se rió Yuri tapándose la boca suavemente mirando sin mirar a los rusos ―. Porque no empezamos con algo nacionalista ¿No creen?

―Oh no, ya vas a empezar ― Yurio se llevó la mano a la frente para golpearla con una fuerza descomunal ―. Vale, pero yo no quiero ser la chica.

―No voy a discutir eso Yurio ― soltó una carcajada ―. Serás la chica porque tengo que cargarte.

―Pueden dejar de discutir y ponerse a bailar ― pide Yuri seleccionando Moskau con todas las ganas que le caben en las manos, ansioso a más no poder por verlos bailar la melodía alemana representada de forma completamente rusa ―. El que saque más estrellas gana. Yo seré el juez.

― ¿También cantamos? ― pregunta Viktor tomando un micrófono imaginario en la mano y llevándolo a la boca ―. ¡Moskau, fremdundgeheimnisvoll… Türmeauspurem Gold… Kaltwie das Eis!

―Ay no… este tipo habla alemán ― se quejó Yurio ―. Bueno, cantar da puntos extras así que…. ¡Moskau, dochwerdichwirklichkennt, Der weißeinFeuerbrennt, In dir so heiß.!

A ese punto Yuri supo que él era el único que no hablaba alemán y cuando Viktor y Yurio comenzaron a zapatear en el piso mientras aplaudían durante el coro no pudo evitar soltar carcajadas a lo loco, ignorando por primera vez el dolor palpitante de su garganta al son de Hey hey hey auf die Gläser, Hau hau hau, ja das istschön, Hey hey hey auf das Leben y los muy notorios gritos de Viktor diciendo ¡Moskau Moskau, wirf die Gläseran die Wand, RusslandisteinschönesLand!

¡Ho ho ho ho ho!

Después de la primera canción Viktor se había coronado campeón, Yurio tenía ira porque estaba seguro que era porque el peliplata había premeditado la canción además de haber jugado la cosa muchísimas veces más, todo era plan con maña como quien no quiere la cosa, así que exigió la revancha con una diferencia mínima y un cambio radical de canción con Timber de Ke$ha donde para su suerte no le tocó ser la chica, aunque tampoco disfrutaba tanto recibir las burlas del ojiazul por su "botarga" de oso panda. Igualmente perdió, agregándole una desesperación excepcional a su hiperventilación. Estaba perdiendo contra un viejo.

― ¡Ya tuve suficiente! Voy a ganar esta ronda, que sea la definitiva ―miró a Yuri con ojos de pistola ―. Es mi gata y la voy a nombrar como yo quiera. ¡Ponme lo más ruso que haya en ese jueguito bobo!

―Vale, pero no te molestes conmigo―pidió Yuri encogiéndose un poco en el asiento ―. ¡Ah, encontré la canción perfecta! Es muy rusa… jajaja claro, es para morir de risa.

―Creo que debemos ponerlo a bailar a Hatsune Miku ― meditó Viktor admirando al ruso en la pantalla ―. A mí me gusta esta.

―Pues posiciónate, porque voy a ganarte no importa lo que hagas.

Viktor comenzó a bailar con una desventaja de cinco segundos, además sus movimientos siempre resultaban ser demasiado delicados para la dura coreografía de Rasputín, como que había algo en su fisionomía que no iban con ella, de alguna manera parecía no encajar de ninguna forma. Yuri pensó que tal vez sacando del closet las ropas tradicionales que guardaba sería un efecto distinto, aunque la canción era graciosa y la letra pegajosa ya ninguno de los dos cantaba.

Ra, Ra, Rasputín lover of the Russian queen.

Yurio ganó con una diferencia de tres estrellas.

―¡Jaja! Toma eso, en toda la boca Viktor ― levantó las manos en puño celebrando la victoria mientras recuperaba el aliento.

Viktor se recostó con toda su cansada humanidad entre los brazos de Yuri, suplicando por un poco de oxígeno suficiente después de tan intensa competición. No eran canciones fáciles.

―Creo que lo dejaste ganar ― murmura Yuri en su oreja, depositándole un suave beso en el cartílago.

― ¿Tú qué crees? ― susurra Viktor con una sonrisa lenta que se extiende por todo su rostro de forma suave.

― ¡Yo te bautizo Koshka! Alias gatita, minina pequeña ― continuaba canturreando el rubio tomando a la gata adormilada.

―Préstame su celular rápido ― pide Viktor tomando el iPhone 7 de Yurio.

Con un poco de reserva Yuri le deja el teléfono en las manos y le dirige al rubio una mirada rápida para asegurarse que siga distraído con la gatita que ahora lleva a la cocina para brindarle un poco de agua, además parlotea con ella en un ruso bastante fluido que Yuri no puede seguir ni aunque lo intente. Le devuelve la atención a Viktor que entra a WhatsApp sin ninguna restricción, de forma premeditada ingresa al primer chat y sonríe guasonicamente.

―Mira esto… ― le murmura a Yuri. El japonés baja un poco la mirada para observar lo que Viktor le muestra.

La conversación está in media res.

''…Si, pero me molesta un poco. Pero es tú turno Beka, ¿verdad o reto o yo nunca, nunca?

Beka: Verdad o reto, prefiero verdad o reto.

Yuri: ¿Verdad o reto?

Beka: Verdad.

Yuri: ¿Nunca dudas?

Beka: Yo no le tengo miedo a tomar decisiones, ¿Esa es la pregunta?

Yuri: ¡Por supuesto que no! La pregunta es… mmm, déjame pensar… ¿Tienes una mascota?

Beka: Yuri, eso no es una verdad. Sabes que tengo un periquito.

Yuri: Ya sé, pero no se me ocurre nada más. Son las cuatro de la mañana.

Beka: ¿Quieres ir a dormir?

Yuri: Quiero preguntarte algo…

Beka: Suéltalo.

Yuri: ¿Cuándo vendrás a visitarme?

Beka: ¿Quieres que vaya mañana?

Yuri: ¡Beka! Hablo enserio…

Beka: También yo…

Yuri: ¿Lo harías?

Beka: ¿Te sientes solo?

Yuri: Un poco…

Beka: Entonces, lo haría.

Yuri: ¿Lo harás?

― ¡QUE DEMONIOS ESTÁN HACIENDO CON MI TELÉFONO!

El grito y la forma en la que les quita el teléfono en un segundo, como si quisiera proteger el artefacto telefónico con todas sus ganas es una acción que puede confundirse una con la otra, casi traspasando los límites. Viktor observa a la furia crecer enfrente de sí mismo y de alguna manera termina por aterrarle un poco. Está muy consciente de que una de sus pequeñas sonrisas o una cara tranquila no va a salvarlos de haber estado de fisgones en su relación con Otabek, e incluso Yuri, detrás de él, ya ha comenzado a temblar un poquito.

― ¡USTEDES DOS…!

―Habrán la puerta o la tiro abajo ¿Acaso no sirve el timbre? ¡Hola, hola! Llevo dos minutos parada aquí, Dios mío Vitya no puedes ser más cuidadoso con las visitas ¡Estoy vieja! Lo último que quiero es tener que subir un piso más de lo normal para que no me habrán ¿Salieron? ¿Yuri-chan? ¿Hay alguien ahí?

―La gorda ―murmuró Yurio medio atemorizado, mirando la puerta por encima de su hombro. Sus ojos de asesino regresan lentamente al par asustado del sillón ―. Esto no se va a quedar así, ya encontraré que me las paguen. Vámonos Koshka, creo que estos dos van a tener que lidiar con… ¡Antonida Vaskolina!

― ¿Y tú quién eres? ― pregunta la viejecita desde la puerta en cuanto Yurio sale de ahí con la gatita en la mochila, saca la lengua para ambos y corre hasta el elevador dejando la puerta abierta ―. Bueno, ya ushkale, ushjkale… ¡Vitya cariño! Llevo tocando como media hora. Pasa por Dios santo Toly ¿Tengo que ordenarte todo? La servidumbre es una porquería, Viktor ya conoces a mi mayordomo Toly, no importa… ¡Hola Yuri-chan! ¿Cómo está este jovencito japonés? Ni hao, niño, ni hao. Ay, han de estar rebosando energía con el escándalo que hacen todas las noches ¡Salgan de fiesta en vez de molestar a los vecinos!

― ¡Hola madeimoselle! ― saluda Viktor con una sonrisa amable besando la gordita y arrugada mano de la señora, llena de hoyas y anillos ―. Lamentamos haberla perturbado desde tan temprano, pero como verá, Yuri ahora mismo se siente un poco mal y lo mejor será que descanse…

― ¡Tonterías, tonterías seguramente! Un cuerno con esa enfermedad, si se la pasan de parranda, ayer y anteayer y hoy en la mañana. Esos zapatazos, ni en los mejores bailes ― Yuri se sonroja violentamente cuando la mujer lo fulmina con la mirada, pero finalmente le sonríe ―. ¡Ah, este está afiebrado! Oh lo estará pronto, mi instinto me lo dice… pero ya, a lo que vine, Toly deja eso sobre la mesa, anda no te quedes como estatua.

―Buenas tardes míster Nikiforov ― saluda el mayordomo, alto, de pelo negro a rapa y un elegante traje de color negro, carga en las manos un cartón bastante grande forrado con papel dorado. Mira a Yuri por dos segundos antes de dejar la caja y retirarse atrás de su señora.

― ¿Recuerdas a mi hijo Francis? ― pregunta Antonida encendiendo un cigarrillo en el largo palo de cigarros de señora. A Yuri le parece muy elegante. Aunque demasiado mayor para fumar.

―Ah, Francis, si por supuesto… el rubio de rizos encantadores ― murmura Viktor inseguro.

― ¡No niño tonto! Ese es Louis, Francis es mi angelito pelirrojo, como su madre, bueno pues se largó a Francia desde hace tres meses y recién me llegó este paquete con una nota suya, ya está pues desafortunadamente no podrá venir… a visitar a su anciana madre.

―Lo siento mucho― interviene de inmediato Yuri, sintiendo desde el fondo de su corazón que la mujer dice la noticia restándole importancia pero con un dolor en el corazón. Ella lo mira como si fuera imposible que él se hubiera percatado de su desgracia ―. Seguro que su hijo vendrá a verla pronto.

―No, no será así… ― murmura cansada sentándose en el sillón donde antes Yurio permaneció un rato, con las manos sobre su balcón ―. Se han olvidado de esta vieja. Pero buen, así son los hijos… ¡Toly abre la caja! Es el regalo que me ha enviado mi Francis.

―Sí, señora.

El mayordomo obedece sin apartar los ojos de Yuri hasta que este siente un poco de incomodidad, incluso cuando la abre y saca el contenido que descansa suavemente entre un montón de polietileno él no alcanza a comprender porque todo el alboroto.

― ¿Vodka? ― pregunta Viktor mirando las dos grandes botellas de cristal fino con el líquido transparente como agua ―. ¿Acaso no estaba en Francia…?

―Está promocionando su propio Vodka en Francia ― aseguró Antonida ―. Este es Vodka de Siberia, la cosa más deliciosa del mundo y es todo mío, pero soy vieja así que vengo a compartirlo con ustedes. Sé que es temprano, pero espero logren acompañar a una pobre anciana que está muy sola… su hijo no la viene a ver y pues Vitya eres lo más cercano que tengo a una familia ¿Lo harías por mí?

―Pero, Yuri… ― murmura Viktor preocupado, con el ceño ligeramente fruncido mirando al pelinegro.

― ¡Bobadas! Conozco el mejor remedio para la enfermedad. ¡Toly trae tres vasos de la cocina! Si con esto no te sientes mejor Yuri, nada te mejorará… ¿No has tomado medicinas verdad?

―No señora…

― ¡Entonces ya está dicho! ―Se rió estrepitosamente, recibiendo los vasos en la mesita, esperando que el sirviente pusiera el líquido en los frascos, sonríe lentamente hasta que su boa se convierte en una mueca de tristeza ―. Oh dios, parece que extraño a mi hijo más de lo que pensé…

Sus ojos se llenan de gordas lágrimas.

Yuri observa a Viktor con preocupación, no le gusta ver llorar a la señora, Viktor le pregunta con los ojos que es lo que deben hacer, si seguir adelante con la borrachera que la mujer les propone u olvidarse de la cosa y consolarla. Pero Yuri lo medita delicadamente por un segundo, sabe que la mujer debe haberse tomado toda su dignidad para subir aquí y ofrecerles el vodka, también estar demasiado sola como para buscarles, y aunque ya no era tan temprano, pues apenas era la hora de comer, ellos podrían ayudar a la anciana a quemar sus culpas y acompasar el dolor de su corazón.

― ¡A su salud! ― gritó Yuri una vez más ignorando el dolor de su garganta y tomando el vasito con Vodka.

― ¡A la de ustedes jovencitos! ― lloró la anciana tomándose el líquido hasta el fondo.


N/A: Prometo no volver a molestarlos con este tema, lo juro pero aunque ya tengo un grupo de mayoría increíble que quiere y anhela el mpreg me gustaría preguntárselos por última vez. ¿Qué les parece la idea (del mpreg)? En fin, espero que les haya gustado este cap aunque esperaba que fuera más largo la verdad, no quise retrasar más las cosas y hacerlos esperar aún más. Bueno por si no queda claro en algunas palabras…

Hayaidesu es más rápido…

¡POR SI NO QUEDÓ CLARO VIKTOR SE VINO DOS VECES!

Y creo que no hay más aclaraciones pendientes. Prometo no tardar con el siguiente capítulo, y como siempre, si les ha gustado por favor déjenmelo en los reviews, me encanta leer sus opiniones y saber que les ha gustado del fic.

¡Les mando un abrazo fuertisisismo! A todos.

Reviews Guest:

Kitsukiss: ¡Hay sublime es una palabra muy fuerte! Pero que digas que mi forma de escribir lo es, me asesinas, yo también me quedaba con Yuri a Viktor pero las cosas se dieron y ahora tuve una felación doble jaja, espero que te gustara y perdóname por la demora. Un abrazo.

Rus Ackerman: Jajaja Katinka le gusta la limpieza, pero si me preguntas mi opinión creo que es porque Viktor no es muy consciente de eso y ella sí. Vaya la verdad es que no me había fijado que mezclo los tiempos, la verdad es que no lo sabía pero supongo que me fijaré un poco más ahora. Ojalá hubiera sido su primera vez, tengo planeado cosas mejores ¡abrazos!

Helen: Yo creo que todos tenemos la idea de que algunas rusas pueden ser un poco rudas en plan tronchatoro, pero Katinka además de ruda era bonita y considerada. La verdad es que SII jajaja o sea el no dijo 'oh no Yuri y yo nada' quería ser específico de que ahí había más de lo que un simple novio podría definir. ¡Gracias por leer! Perdona el retraso.

Guest: Espero que te gustara la doble!

Coco: Todos amamos a esa mujeron, no será la primera vez que salga, aunque su participación no será mucha desafortunadamente. Jajajaja gracias por responder y sí, yo creo que Viktor puso en alto a Yuri no solo como un novio sino como alguien que sobrepasa esos límites y nosotros lo sabemos. Por otra parte, siiii te imaginas lo lindo que hubiera sido, lástima que no se me ocurrió cuando lo escribí soy mala en eso, pero habría quitado seriedad en el momento. Aunque tengo planeado algo parecido… bueno ya, espero que te guste y que sigas leyendo perdóname por el retraso la verdad no era mi intención tardar tanto, espero que sigas esperando este fic. ¡Abrazo!

Haru: ¡Yo estoy enamorada de que me dejes review siempre! Dios que emoción, Viktor sabe cómo ser romántico no podemos negarlo, ¿Tú crees? Yo creo que todo salió espontaneo hasta lo de caerse, porque de no haberse caído creo que las cosas hubieran resultado en otras, como una sesión de besos apasionados en la lanchita viendo las estrellas… no sé, no es una mala idea. ¡Espero que hayas conseguido tu infarto! Porque complací y hasta con venida doble. Y de nuevo me siento pésima por haberte hecho esperar, ya que tienes razón y siempre has estado desde el principio, yo espero que no te hayas olvidado del fic y vernos en el capítulo seis, prometo ser más constante ¡un abrazo!

AJ: al menos me gané un review gracias a eso :') ¡A mí me encanta que Viktor se la pase diciéndole cosas bonitas Yuri! Por lo menos una vez o dos al capítulo, siempre hay un halago suyo. Y bueno señora, tome sus mamadas. ¡Gracias por el review un abrazo!

Guest: ¡Oye tu review me ha dejado de sonrisas enormes en la cara como una babosa de mar feliz! Bueno pues, en primer lugar me encanta que te hayas animado a leer el fic a pesar de no saber nada, yo sé que es difícil porque sigue el ritmo de la historia, pero ya que estás en onda pues ¡GUAAAAU! ¡Hola mucho gusto! Jajaja no, esto no está finalizado y de hecho aún le falta, gracias por leerme de verdad, es una lindura de tu parte, pero espero que igual te gustaran los Blowjobs ¡un abrazo y nos leemos pronto!