Disclaimer| Yuri on ice [ユーリ! on ICE] y todos sus personajes pertenece a MAPPA, Sayo Yamamoto, Mitsuro Kubo, Kenji Miyamoto, y todos los correspondientes, yo solo decidí escribir algo que ellos se estaban saltando.
Pareja | Viktor x Yuri [Vikturi]
Advertencia | Nada por hoy.
Notas | ¡Hola a todos! Antes que nada, lamento el retraso que hubo en el capítulo, excusas, excusas, me jodí la mano, gracias a todos por sus buenos deseos en mi recuperación, pero no quería seguir atrasando lo inevitable así que comencé a escribir mil palabras por día y tardé dos semanas en subir este capítulo. ¡Espero que les guste! Y en el capítulo pasado lamento haberme puesto tan intensa con el lime, sé que fue un poco cansado, pero espero que este relajado capítulo (al principio), les dé un buen sabor de boca ¡a leer!
Muchas gracias a todos por sus reviews, me honran y hacen excesivamente feliz, tienen mis más sinceras gracias, les mando un beso enorme a todos, aun con mi enfermedad (acabo de conseguirme una gripa terrible)
PD: Sé que las personas con cuenta que dejaron review en el aviso probablemente no puedan dejar en este capítulo, pero aun así mil gracias por haberme dado su cariño, si pueden reportarse con Guest, yo sabré quienes son.
Making History
Viktor x Yuri
―Capítulo 7―
Si, Viktor técnicamente tenía la capacidad. Lo hacía a pesar de que su nariz estuviese coloreada de un profundo color granate, así como parte de sus mofletes y los labios permeados de saliva reciente, él, literalmente podía pintar el color de un sonido cuando patinaba, demostrar el perfume de un astro y aprisionar el alma de las cosas. Efectos que funcionaban mientras las cuchillas doradas surcaban el hielo, pero también impactaban directo en Yuri. Lo que le sorprendía no era eso, sino que tuviese la capacidad de hacerlo incluso cuando estaba ahogado de borracho, igual que él.
Incluso dentro de su propia ebriedad las sensaciones nunca se detenían. Estaba esa parte del alcohol que dejaba la boca medio dormida, los parpados caídos, la lengua torpe y una sonrisa que los músculos faciales no controlaban. Sentados en el piso con las piernas estiradas tan largas como les era posible, en calcetines, se miraban fijamente a los ojos, con una sonrisa bobalicona. Viktor tenía las manos en la botella de vodka y Yuri el mini vasito que estaban compartiendo, después de que Makkachin tirara accidentalmente el otro.
Atrás de ellos estaba Antonida Vaskolina, con las medias a la mitad de la pierna, los zapatos desabrochados, la cara roja como solo las francesas rusas tenían la posibilidad, pero los ojos profundamente cerrados en un sueño empalagoso y contagioso, roncaba con ligera fuerza y sujetaba su vaso sobre el pecho. Habían sido dos botellas, una para ella, entera, la otra entre Viktor y Yuri. Los tres estaban ebrios, pero la mujer era tan mayor que apenas el alcohol había profundizado en ella, le soltó a las lágrimas por su hijo. Yuri la consoló en medida que su borrachera se lo permitía, y luego la dejaron dormir en el reposet.
―Tu turno… ―la voz de Viktor era, generalmente, divertida, suave y medio salvaje, cantadita. Pero cuando tomaba alcohol la combinación entre el canto y lo profundo le sorprendía a Yuri, le hizo sonreír hondamente inclinándose enfrente.
Tomó el vaso.
― ¡A tu salud! ―no, Viktor no lo estaba emborrachando adrede. Viktor se rio dejando caer la cabeza y sacando el teléfono celular. Yuri tomó el trago entero que acompañó con una mueca de sobreesfuerzo y asco, contraponiéndose al gusto del alcohol―. ¿Qué haces?
―Tomo una fotografía de tu 12vo trago de vodka.
―No soy un bebé para que tomes una foto de tooodas mis primeras veces ―sonrió, no supo porque sonreía aunque el comentario era indignado. Sin embargo, otra cosa que provoca el alcohol es reírse de cosas que no son graciosas.
Mucho menos cuando Viktor también reía y entrelazaban las piernas en el piso, como si fueran a jugar a la bicicleta tirados sobre la duela, un juego de niños donde las plantas de los pies coincidían y las rodillas se flexionaban como si hicieras el esfuerzo de mover tu transporte, se conformaban con el inútil placer de tocarse entre los muslos y las pantorrillas con los helados dedos de los pies, sonriéndose con mofa. Jugando a la estupidez producida por la bebida nacional rusa.
―Tu turno ―Yuri tiene sonrojo en las mejillas y la sensación de que el piso se le mueve. Se inclina haciendo un desastre mientras Viktor cae de espaldas al suelo.
―Bien ¿te cuento un secreto? ―el pelinegro trepa encima de él, sobre sus caderas con las piernas a los costados, le mira desde arriba como si fuera la torre Eiffel con los ojos sobre la ciudad de las luces―. ¿Por qué te subes en mí?
―Es para verte mejooor… ―la forma en la que su risa contrasta con el silencio sutil del departamento a Viktor le produce una carcajada intensa―. Bueno, ya dime ¿Qué cosa?
―Dos cosas ―levanta el índice solamente. Yuri toma el siguiente dedo y lo endurece con cuidado para darle coherencia al actuar con la expresividad―, siempre quise volver a verte borracho desde la última vez en el banquete. Son mis preciados primeros recuerdos contigo. ¡Y la segunda! Muero por hacerte sexo oral de nuevo… ¡sí! Siéntate sobre mi rostro hasta que muera asfixiado.
― ¡Dios Viktoooor, cállate! ―trasladó las manos con fuerza desmedida hasta la boca de Viktor que hablaba sin cuidar el volumen y sus ojos se entrecerraban con un perfecto "eyes smile"―. Mejor tú ya no hables, estás borracho…
―Tú también, sin duda ―bisbisea debajo de las calientes palmas de Yuri cubriendo sus carnosos labios―. Pero vamos, dilo…
―Vale, pues… creo que tu pene es muuuucho más grande que el mío. Enserio mucho ―se ríe bajito avergonzado de su propio atrevimiento y desenvoltura. Viktor le mira perplejo parpadeando, ladea la cabeza con una media sonrisa en forma de luna menguante.
―Estas exagerando…
―No, hablo muy sinceramente. Sino como te explicas que lo sienta así de grande justo debajo de mi pelvis y ni siquiera estás excitado ―Yuri baja la mirada a la parte donde sus entrepiernas se juntan, si, evidentemente siente la presión de Viktor bajo su propio peso, un poco flojo pero latente y caliente, sobre todo, sabe que no se está moviendo tan sensual para provocarlo, solo está sentado sobre él porque así se dieron las cosas.
Y porque ha descubierto que el vodka le pone ebrio tres veces más rápido que lo normal, además de su falta de resistencia a los licores fuertes, no había más que agregar.
― ¿No lo está? ―se burla Viktor jocoso tomando a Yuri de debajo de las axilas, atrayéndole―, bueno si tienes en cuenta que te estás frotando encima de mí, ¡Ah! Te vuelves tan osado cuando estás tomado…
A Yuri para nada le parecía estarse frotando sobre la entrepierna de Yuri, por eso le pareció extremadamente grosero que Viktor lo diera por hecho. Inclinándose un poco al frente y violando las leyes de gravedad que no suelen tener consideración entre el alcohol y darse de bruces contra el piso, Yuri llevó la frente hasta la boca de Viktor suspirándole en el cuello, asiéndose a la polera de Viktor con ambas manos.
―Oye Viktor, te digo que no me estoy frotando ―amenaza. Sonríe contra su barbilla y le lame el mentón, la barba de Viktor es nula pero los poros son un poco ásperos, le pica en las papilas gustativas medio adormiladas por el licor.
Los dedos de Viktor se pierden en el último hueso de la Columba vertebral, recorren el camino hasta los glúteos y se pierden dentro del elástico del pantalón, acariciando la piel caliente de su trasero. Sonríe contra la cara de Yuri y se muerde el labio inferior, no sabe si la sangre que se acumula en el rostro es por la creciente excitación o las pruebas inminentes del consumo de alcohol, su sonrisa no disimula y Yuri tiene que gemir bajito cuando el camino de su mano toca entre la ingle de la pierna derecha.
― ¡Ya vale, que Antonida está roncando en el sillón!
Se levanta tan deprisa que al peliplata le sorprende la sincronía, la falta de ganas de caerse y el tambaleo perfecto de bailarina que hace hasta llegar a la barra americana de la cocina, se estira de puntitas, mostrándole a Viktor que sigue tirado en el piso, la suavidad de las plantas de sus pies y los talones. Súbitamente el ruso nota que Yuri tiene las uñas de los dedos un poco largas, que los arcos de sus pies son bastante pronunciados y los talones pequeños y delicados, intenta arrastrarse como un gusano de seda hasta ellos, para besarlos pero Yuri toma una taza y regresa a su lugar, de pie y entre balanceos de alcoholizado.
― ¡Te tengo una nueva taza! Mira, tiene un perrito… ―se la extiende a Viktor que hace hasta lo que no puede por sentarse de nuevo en flor de loto sobre el piso―, yo me quedo con el vaso de chupitos y tenemos un cuarto de vodka. ¿Seguimos jugando confiesa o bebe… o hacemos la competencia de chupitos?
―Pero Yuuuuri, esto pudo terminar en resultados sexuales ―se queja con el tono chillón que le caracteriza cuando extiende las palabras un ochenta por ciento más de lo que duran en realidad las palabras. Cosa de semántica rusa, piensa Yuri.
―Pero nada, eso es precisamente lo que trato de evitar, no voy a terminar en sexo cuando estoy hasta el cuellito de borracho y no nos hemos ni terminado las botellas. Va contra mi política ―Yuri toma la botella de vodka y sirve los dos al mismo nivel, el de cristal y la taza de perrito. Apestan un poquitín, pero incluso dicho así se le antoja mucho la bebida tradicional rusa.
Viktor parece meditar las recientemente inventadas políticas de Yuri, de pronto se le viene a la mente que al menos no se suelta de la lengua a hablar de regímenes totalitaristas cuando el alcohol le afloja la boca, o de la corrupción dentro de la asociación federal de patinadores, también de cualquier otra cosa menos importante. Repara que al revisar el celular de Yurio y picarlo jugando verdad o reto con Otabek se le ocurrió beber y jugar ''Bebe o confiesa''. Al final terminaron bebiendo más que confesando, pero para ser sinceros el preferiría pasar ya a otros terrenos, no tiene la paciencia y aunque no se queda dormido con el alcohol, va a sufrir si no vuelve a escabullir sus manos en el elástico de Yuri, sin importarle si la buena vieja gorda de Antonida duerme atrás mientras ronca, si el mayordomo vuelve en diez minutos o lo que sea que está sucediendo a su alrededor. Eso puede esperar.
―Entonces te propongo un trato, hagamos un pequeño concurso. Quien se tome el líquido del vaso primero, decide que haremos después ¿te agrada el trato?
Yuri levanta una ceja, su sonrisa se curva en picar, pero reconsidera sus posibilidades de perder. Primera, no es ruso.
― ¿Cuáles son las opciones para hacer…?
―La que tú quieras o la que yo quiera.
― ¿Y qué quieres tú?
―Quiero hacer algo contigo.
Viktor comienza a tararear una extraña canción latina de esas muchas que se sabe y Yuri alcanza a comprender, porque sabe un poquitito de italiano, a pesar de que prefiere la música clásica no se siente reacio a los sabrosos ritmos extravagantes.
―Vale ―acepta Yuri―, vamos a hacerlo, pero si yo gano, aceptarás las consecuencias Viktor.
― ¿Hacer qué?
―Lo que la gente hace cuando está borracha.
A Viktor súbitamente le entran ganas de perder, aunque sabe que probablemente Yuri no entienda a lo que se refiere, no comprende el significado detrás de sus propias palabras, de su ''vamos a hacerlo", y básicamente todo lo que tenga algo ver con el verbo ''hacer''. No puede reconocer el fuego en la mirada de Viktor, así que se limita a sonreír y negar lentamente. Yuri desplaza sus rodillas con cuidado hasta la duela para sentarse en el piso a su lado, le entrega la taza y continúa con el juego.
―Quien se lo termine primero: gana y ordena ―Viktor asiente lentamente, la cabeza la da vueltas―, vale… ¡3, 2,1! ¡Fondo!... ¡gané!
El ruso está impresionado, sabe, no es necesario investigar: que Yuri hizo trampa, contó demasiado rápido y llevó el vaso a su boca apenas terminó la última letrilla de la palabra, encima se dio el lujo de hacer uno de sus trucos bajo la manga, el saber beber y como beber, que significaba en términos simples, acaba de pasarse el líquido que le envenena la garganta directo, sin detenerse en la lengua, ahora cae por su tráquea y gotea en su estómago. Se limpia la boca con la mano y sonríe borracho.
―Tu ganas… ―admite Viktor derrotado dejando el vaso, no, no lo dejó ganar, solo ganó porque Yuri sabe cómo ganar cuando quiere―, te lo perdiste, porque lo que iba a hacer contigo… te hubiera fascinado.
―Minucias ―se ríe encantado, levantándose entre tambaleos―, pero ahora si me vas a escuchar Viktor…
―Yo siempre te escucho mi querido Yuri precioso ―no es momento de halagos. El japonés levanta una ceja, sabe que intenta convencerlo de algo―, anda ordéname que soy tu esclavo y cumpliré todas tus fantasías.
―Ponte de rodillas.
A Viktor se le abren los ojos como platos, probablemente sus pupilas brillen como diamantes, de pronto nota en Yuri un cambio que hacía un buen rato no tenía. Tal vez la última vez que lo vio portarse así fue en el hielo, haciendo uso de su Eros, por supuesto. Ahora con su carita tierna, borracha y dulce, usaba ese tono demandante y el cabello ya larguito encima de la cabeza, estaba parado enfrente de él, con las piernas a la altura de los hombros y los brazos cruzados, botella en mano. Viktor obedece como un soldado, frente en aloto se pone de rodillas y mira a Yuri hacía arriba, pone las manos en forma de súplica, con ganas de rezarle como aquel santo pagano al que le entregaba todo su dinero, amor, sudor y sangre. Antes de que pueda hablar Yuri le toma de la barbilla.
― ¿Listo?
―Yo voy a todo por ti, Yuri, yo moriría por ti, yo mataría por ti.
El pelinegro niega lentamente y le muestra la botella con cuatro dedos de ancho de Vodka todavía. Ni aun con los dos vasos que acababan de terminarse el contenido parecía haber disminuido, a Viktor le llega a parecer que la imagen es de un contenedor rellenable mágico y celestial que hace las de interminable, pero cuando ve a Yuri sacar la lengua y empinar la botella lentamente contra su boca, sabe que es momento de sonreír.
―No querrás…
―Shhh ―argumenta el de ojos cafés―, abre la boca Viktor, quiero verte tomar esto en un segundo. Dame un fondo.
Viktor traga saliva, sonríe como perrito desorientado y lleva las manos hasta la parte de atrás de las rodillas de Yuri, toma de ahí como si fueran postes y levanta el rostro para que Yuri le dé el alcohol directo en la boca, un amargo y fuerte sabor invade cada papila gustativa, pero sigue mirando a Yuri ensimismado. El pelinegro sonríe mordiéndose el labio inferior. De rodillas frente a él, en una posición tan sugerente, como si se tratara nuevamente de sexo oral, Viktor no deja de tragar el vodka, aun cuando se le empieza a subir por la cabeza y de cualquier manera quiere desabotonar el pantalón de Yuri con los dientes, deja que algunas gotitas resbalen por su mentón y su cuello.
―Fondo, Vitya… fondo –empina la botella todavía más, hasta que cada milímetro del contenido termina en los labios rosados del ruso―. Bien hecho…
Deja caer la botella de las manos de una altura de medio metro, no pasa nada, no se rompe, pero el ruido en seco contra la mesa hace que Antonida se revuelva en el sillón. Yuri se ríe bajito y extiende la mano para que Viktor pueda levantarse del piso, le giran las neuronas y no cooperan nada sus piernas. Termina recostado con los brazos en su cuello.
―Yuuuuri, me has hecho beber tanto… ―no tiene un límite para lo mucho que puede gritar―, cuanto quisiera hacer contigo lo que planeaba, pero no me has dejado ¡Yuri es tan malo! Tienes que complacerme en algo, sino lo haces me pondré triste…
― ¿Qué me vas a pedir? ―pregunta Yuri ladeando la cabeza―, ya has hecho lo que quería. Quería que te terminaras la botella para poder dejar de beber y lo has hecho, no tengo nada que perder, no puedo ponerme más ebrio…
―Vamos a quitarnos la ropa, eso pues.
― ¡Antonida está en el sillón! El mayordomo no tarda en venir y tú quieres verme desnudo, ya habrá otra oportunidad.
Yuri da media vuelta en un pie y le da a Viktor la espalda, está a punto de rodear el sillín, ni siquiera está indignado, solo está borracho y ríe tontamente después de haberle gritado a Viktor que lo miraba como si diamantes de lágrimas pudieran salirle de la boca. En cambio no, solo iba a dejarlo ahí, tal vez llegar a la habitación y recostarse hasta que la cabeza pudiera mantenerse quieta, su cuerpo pudiera ponerse frio y el calor no le amenazara a cada instante. Algún lugar en donde esconderse esa noche para no terminar haciendo algo bobo. La camisa de Viktor le golpea la nuca, cae sobre sus hombros y luego en el piso, el impacto le hace tambalear pero invariablemente observa. Sonríe como gato.
―Quítatela Yuri ―Tiene el mentón arriba, como un egocéntrico jugador experto. Alguien que sabe que va a ganar en cuanto toca la puerta, en el instante en el que se le mira.
Los músculos expuestos en todo su esplendor, los bíceps perfectos, los brazos cruzados enfrente de los pectorales y debería ser ilegal que se le marcaran tan bien los brazos, las venas del cuello e incluso la maldita manzana de Adán, que el corte de cabello no le quedara tan putamente bien, todo en Viktor es una invitación a realizar cosas que no debieran estar permitidas en la mayor parte de los estados. Se le contrae el estómago.
―Wow, Yuri ¡Amazing! ―se ríe cuando Yuri tira la camiseta al piso con relativa facilidad, se le desliza por los hombros y queda pegada a sus pies descalzos y perfectos, el pantalón cae por sus caderas de forma romántica y si se mete las manos en los bolsillos va a mostrar la ropa interior tres centímetros más.
―Hot Yuri, Hot, tu vientre: tan suave, tu trasero… ¡Todo Yuri!
El pelinegro lleva la mano a su cuello y cubre una pequeña parte de su abdomen descubierto. Sonríe con cuidado de no incitar a nada, el resultado no varía, apenas se mueve Viktor ya lleva la mano hasta su pantalón, busca desabotonarlo, pero la puerta se abre.
―Buenas noches, escuché ruido y me pregunté si… ―el mayordomo de Antonida estaba de pie sobre el marco de la puerta, con el traje aun perfecto y la cara impávida―, lamento interrumpir.
― ¡Cosas de borrachos, cosas de borrachos! ―se ríe Viktor aligerando el ambiente, toma rápidamente su camiseta y señala a la vieja dormida―. Creo que será difícil para ti cargarla y yo no estoy en… posición de ayudar ¿Tu Yuri?
―Ehh, no ―responde visiblemente avergonzado. Recoge su propia ropa con rapidez y comienza a retroceder hasta el pasillo del departamento.
―Creo que voy a buscar una silla de ruedas o algo, tal vez tengo una por el cuarto de atrás.
Viktor desaparece buscando quien sabe que, Yuri no tiene tiempo a reaccionar, de cualquier forma no es como que se sienta avergonzado, ya que cuando bebe tiende a hacer esa clase de cosas, quitarse la ropa, bailar en un tubo, cosas que le han contado. Juntarse de más con Chris Giacometti, sin embargo el de ahora era un hombre que le miraba de una forma demasiado extraña, incluso desde la primera vez que sus ojos se cruzaron Yuri pudo inferir que había algo que no era del todo normal. Pues todos los borrachos, sobre todo algunas chicas, deberían de tener ese sensor, el sensor de peligro que rodeaba a los ebrios incluso cuando estaban súper perdidos en el alcohol. Carraspea y no se despide, camina con rapidez hasta el baño para poderse alejar de la mirada del mayordomo. Se pone una nota mental de regañar a Viktor por dejarle solo cuando está medio desnudo, posterior a eso recuerda que fue él quien lo puso más que borracho y se muerde el labio.
Cierra la puerta del baño y se recarga contra ella un segundo, el piso se mueve y parece que quiere vomitar, pero no lo hace. De cualquier forma se las arregla para no resbalar con los mosaicos y poder sujetarse del lavamanos, se mira en el espejo, trae los lentes medio chuecos y un poco sucios, el torso pálido como muerto. Suspira resignado. Se baja el pantalón con las piernas hasta que llega a sus pies y los saca lentamente.
El click de la puerta le hace levantar la vista del espejo, gira el cuerpo tan rápido como puede y mira la fuente del sonido.
El mayordomo está ahí, mirándole desde la puerta, medio entrecerrada. Casi por completo cerrada.
―¿Qu…?
―No grites ―escupe con desprecio―, Viktor no tardará en volver y darse cuenta que ninguno de los dos está en el salón.
Era un departamento pequeño, Viktor no podía tardar ni dos minutos en encontrarlos. Pero dado su estado, hacer algo como un ataque podía resultar incluso en extremo peligroso. Estaba en desventaja. Sin vecinos que pudieran acudir a su ayuda. el celular en el bolsillo del pantalón en el piso.
―Aléjate de mí o voy a…
―No pienso atacarte ―ladea el rostro. Nada en su cara inspira confianza―, de hecho, lo contrario.
― ¿Com..?
―Ya te dije que te calles ―gruñe el hombre molesto. Yuri se encoje un poco en su lugar, el frio le invade repentinamente―.Voy a ser muy claro contigo, maldito extranjero, Viktor puede ser una figura reconocida en este país, pero sigue habiendo reglas. Tal vez muchas personas tengan la mente abierta, pero hay otros que no aceptamos estas cosas tan fácilmente.
―No sé a lo que te refieres ―niega el de lentes rápidamente, severamente confundido.
― ¿Acaso crees que somos tontos? Dos hombres se mudan juntos, por Dios, los he visto en la televisión, todo el mundo está feliz con eso… verdadero amor, blew, para mí no dejan de ser dos malditos homosexuales. Voy a decirte algo, no tendrás discriminación de parte de nadie, ni te maltratarán, porque eres quien eres, pero si fueses un chico cualquiera de aquí… te dejan sin manos y sin lengua. ¿Vale? Tómalo en cuenta si quieres seguir el camino de los asquerosos enfermos gays.
El mayordomo se da la vuelta, acomoda su cabello y el saco negro que le acompaña, con el mismo rostro estoico de antes desliza los pies mientras abre la puerta, Yuri tiene la cara colorada al máximo, no sabe si se encuentra molesto o solo sigue demasiado borracho para reaccionar, pero las manos le sudan.
―Espero que no se te olvide esto que acabo de decirte ―señala con el ceño fruncido para irse nuevamente a la sala.
Probablemente a Yuri no se le olvidaría, pero por supuesto el tipo no tenía idea que Yuri sufría de severas lagunas mentales después de beber, porque no tenía por qué saberlo. Y por supuesto a Viktor iba a molestarle, no porque la amenaza fuera algo realmente serio sino porque ¿Cómo se atrevía a amenazar a su prometido? Y Yuri podía tener miedo de su sombra y todo, pero cuando el tipo se alejó de su vista, dejo salir un suspiro largo y cansado. La primera vez que alguien echaba en cara que sus sentimientos no eran normales por estar guiados a alguien de su mismo género, y no pensó que le importaría tan poco. Que iba a literalmente valerle un comino aquella advertencia. Enjuagó su cara con agua y camino con pasos suaves hasta el cuarto de huéspedes.
Se dejó caer en la cama para después subirse hasta la cara con las cobijas, dormitando y luchando por no vomitar su propia almohada. Se frota los pies por dentro de la cálida cobija.
―Se llevó a Antonida cargando y jamás pude encontrar la silla de ruedas ―explica Viktor sentado en la orilla de la cama―, y pensar que bajé hasta el sótano. ¡Sí que hace frio abajo! Déjame dormir contigo, seguro estás calientito…
Yuri sonríe pegando la cabeza en la almohada, siente de inmediato como Viktor se acurruca surcándole la espalda con los brazos, se ha quitado el resto de la ropa y su piel es cálida al tacto, la gran cucharita destila un delicioso calor que se acentúa al estar los dos en un espacio tan pequeño como lo es una cama individual, su estómago hace ruidos extraños y la cabeza no deja de darle vueltas. No debe abusar del alcohol, no es bueno. Las terminaciones nerviosas se le duermen y vacila entre si decirle a Viktor que se siente extraño o rendirse a los brazos de Morfeo…
Opta por la última opción y deja que su corazón elimine la taquicardia con un buen descanso.
―0―0―0―
El amanecer es una sombra que yace debajo de la tierra y florece como la vida en el nublado cielo de San Petersburgo, oscila entre los mismos tonos la mayor parte del año y rara vez el sol quema los poros de la piel. El astro rey se desliza detrás de nubarrones que evitan su fácil visibilidad, sigue un trayecto sin fin, eterno, que culmina en la oscuridad perpetua de la noche, casualmente esta si vuelve al cielo con un ademan espectacular de plata, pelea con el brillo del sol e iluminan ambos día con día. Las mañanas de Viktor no las ilumina el sol, tampoco la luna que rodea sus sagradas noches. En cambio cuando las suaves ondas del cuerpo de Yuri se ciñen a su abdomen, le llega el brutal recordatorio de que está vivo, es feliz y ni las perlas de su cabello pueden compararse con la regia belleza del pelinegro que respira con profundidad.
El abanico de sus pestañas se separa con relativa dificultad, ha pasado la noche recostado sobre el colchón como un muerto o al menos alguien con una severa carencia de vida, sus pupilas se alzan por el cuarto en búsqueda de la ventana, quisiera poder cerrarla con la mano, así como agotar la sed que emana de su garganta y es producto de la deshidratación del alcohol. No hay una resaca, no como tal, pero su cuerpo no se queda sin coléricas pruebas de que se pasó la mano anoche.
Se remueve.
Yuri sigue dormido, siente las primeras respiraciones del día en su mano, sonríe con ternura al mirarle de costado. Sin lentes y con el ceño fruncido, bello como un príncipe. Pálido tinte de los parpados y violáceos círculos producto del insomnio. El labio inferior asoma el rostro hacía el exterior y deja ver los blancos dientes guardados en su boca de ninfa.
Todo indica a que está enamorado, se ha enamorado de Yuri una vez más.
Yuri, soberano de sus deseos frunce el ceño, abre la boca jadeante. Entonces Viktor se percata de un detalle interesante, nívea cara no era tan común en su prometido, menos un sueño profundo tan pesado, hierro que brota de su pecho y lo mantiene entumecido.
― ¿Yuri? ―le llama sin exaltarse―. ¿Quieres agua? ¿Tienes resaca?
El pelinegro asiente en mudo silencio, se convence de que necesita el líquido necesario para reponer lo perdido, aquellas gotas que el alcohol absorbió de su organismo y se empeña en no querer devolverle. Medio desnudo, Viktor sale de la cama, conforme con que Yuri mueva la cabeza o haga el ademan de comunicarse, sus pies tocan la madera y cada atisbo de resaca se evapora de su cuerpo en cuanto nace la necesidad de cuidar del joven chico.
A últimas mira que Makkachin sigue acostado a los pies de la cama, calentando el frágil y adiamantado cuerpo de Yuri, los deja solos y sale del cuarto con sigilo. La casa es un desastre contemporáneo, arte moderno de la borrachera, botellas y ropa en el salón principal, un fecundado olor a licor, y polvo que matiza el contorno de los muebles. A pesar de que solo han pasado dos días desde la llegada de Katinka, que detesta el desaprovecho de Viktor y le recrimina no echarle la mano con los quehaceres.
Se rasca el empeine del pie con el otro pie, mientras desliza la tizana de yerbabuena que ha preparado en tiempo record, el cabello que carga es un nido de ideas, bosteza y se rasca el estómago. Es una mañana que salpica las hojas en dormidos suspiros. Regresa al cuarto con una tasita y una cuchara pequeña, planea levantar a Yuri de la cama, recargar su espaldita contra la cabecera de la cama y darle el té a sorbitos hasta que recupere lo rosado de sus mejillas, no alcanza a tocarle cuando Yuri ya ha buscado, con una independencia sobrehumana, sus gafas en la cómoda y amenaza con salir de la cama.
―Woo, ¿A dónde vas jovencito? ―pregunta Viktor dejando el té a un lado, para evitar que Yuri toque el piso frio, le empuja a la cama nuevamente.
―Necesito medicina ―excusa constipado―, pensé que el resfriado desaparecería con lo de anoche, pero me siento peor.
―Regla número uno, jamás le creas a Antonida cuando dice que el vodka puede curarte de una enfermedad ―le mira ceñudo y cubre su cuerpo con la cobija para dejarlo justo en la posición que buscaba en un principio―, es una viejita metomentodo, solo buscaba con quien emborracharse y no aguantó ni un cuarto de su tercer trago.
―Bueno, tiene sesenta años o que se yo.
Viktor se acomoda a su lado, a la rodilla de la cama y toma el té entre sus manos, lo deja entre las de Yuri y le observa con detenimiento hasta que hace el ademan de bebérselo un poco, se queja por lo caliente que le quema la lengua y baja la mirada. Algo taladra el pecho de Viktor, ver a Yuri enfermo le pone anémico y preocupado, no puede hacer mucho más que sostenerle la bebida hasta que recupere las fuerzas para seguir tomando. Se arrepiente de todo, de haber bebido y no agendar una cita con el médico, o con cualquiera que pudiese ayudarle a Yuri.
―No debimos beber anoche, seguro empeora el virus y ahora germina dentro de ti como si fuera un valle fértil.
―Sé que no lo dices con mala intención pero no puedo evitar sentirme un poco asqueado ante esa idea ―tose sin cubrirse la boca―, oh cielos, lo siento, aléjate un poco no quiero contagiarte.
― ¿Bromeas? No voy a dejar a mi lindo Yuri solito, vamos toma de este té, te hará bien. Seguro son los efectos de la resaca más el resfriado, un poco de descanso, un buen baño y te sentirás como nuevo. Está prohibido tomar…
―La verdad sí, todo para que al final no me acuerde de nada. Que maña de ponerme hasta atrás solo para terminar olvidando… ―la tos interrumpe de nuevo su diálogo y el té se derrama de las manos, quemándole un poco, hace una mueca adolorida.
Preocupado, Viktor le quita la taza y busca la servilleta en la cómoda para limpiar las gotas que han dejado enrojecida la piel. Yuri le mira con una disculpa en los ojos y cierra las juguetonas y traviesas pupilas para descansar de nuevo la mirada. Respira con una destructiva dificultad, las aletas de su nariz se tiñen de rojo con el pasar de los minutos, sus labios se resecan un poco y todo apunta a que la gripe está golpeándole desde los pulmones para destilar en los poros de su traicionera piel. Viktor se muerde el labio jugando con sus pulgares.
Una idea fugaz le cruza la frente y se levanta como un resorte de colchón.
―Voy a prepararte un baño, mejor, un desayuno, todo, tenemos que revitalizarte, para que después puedas descansar tranquilamente ―media unos instantes―, dame unos minutos, también haré el aseo para que la casa no te molesté con su mugrerío.
―Comienzas a hablar como Katinka ―gruñe Yuri y su boca se tuerce en lo que asemeja a una sonrisa torcida, a Viktor le inspira ternura y lleva los labios hasta la frente del pelinegro, aparta sus cabellos para dejar que la transpiración del té siga su curso y deja un reguero de besos entre las cejas y aquellos lentes enemigos que le impiden lamerle las pestañas―, te contagiaré…
―Me voy a arriesgar ―en los últimos instantes en los que sus labios le tocan la piel aprovecha para depositar un suave beso improvisado en la comisura de su boca dulce como melocotón.
Así, resfriado, recién levantado, con aliento matutino y lagañas, saliva en la boca, pellejitos en los labios. Podría haber una lista inmensa de defectos que acompañen a alguien que acaba de abandonar el sueño y encima tenga una enfermedad tocándole la puerta, pero a ojos de Viktor, si se trata de Yuri, todo parece una catarsis de virtudes acumuladas desde distintas perspectivas, cendales de flores que yacen y nacen entre milímetro a milímetro de su piel de plata, espejo de las delicias humanas.
―Viktor tonto ―se queja suspirando, de cualquier forma sonríe―, anda, me siento pegajoso, prepárame un bien baño.
Ni lerdo ni perezoso obedece, incrédulo ante su facilidad para seguir órdenes. Claro, nunca las sigue por su complejo de superioridad, pero por supuesto que se siente capacitado para lamer las suelas de los zapatos del otro sin oponer resistencia. Es tanto el cariño que abarca su pecho que casi siente que puede ser asesinado por su mano y sin siquiera defenderse. Aunque eso acabaría con su vida y la muerte le acecharía, pero no terminaría de amarle. Se muerde los labios seducido por lo abstracto de sus pensamientos y una rutina de patinaje ronda su mente…
Una que destile la idea de ''Aunque él la amase con toda la fuerza de su mezquino ser, no la amaría tanto en ochenta años como yo en un día''. Se le antoja subyugante y puede observar los saltos cuádruples dentro del programa que se formula en su cabeza. Sabe que no falta mucho para que la primera luna de miel de su vida se termine, los entrenamientos vuelvan, y con ello los dramas del intercontinental, por eso es bueno ir razonando cual puede ser la opción viable de presentación, aunque solo fuera un instante de lucidez en el que Viktor lo piensa. Después lo olvida de momento, y continúa preparando la bañera.
Agua de alta mar con espuma que sobrevuela la superficie, sales relajantes y toallas mullidas que se consumen en un delicioso vapor, la bañera queda llena hasta con juguetes de hule, mientras Viktor se tambalea en la sala, recogiendo el desastre a lo que parece ser, por primera vez en su vida desde que comenzó a vivir solo y tuvo la capacidad monetaria de contratar una muchacha de piso. Que resultó ser mayor que él, por supuesto.
― ¿Qué le gustaría a Yuri de desayuno Makkachin? ―pregunta abriendo el refrigerador repleto de comida―, está delicado así que debo tener cuidado con lo que come, ¿Crees que le guste el куриный суп?
Medita mientras saca los condimentos del refrigerador, el pollo sin piel, las verduras, cree que puede hacerlo. No es que sea precisamente malo para cocinar, es solo que está acostumbrado a hacerse un poco más elaborado, no definitivamente, no hace para sí mismo platillos tan acogedores y maternos, pero ahora el cuidado de Yuri está en sus hombros. Un caldo de pollo puede ser buena idea, le convence y mira el reloj de su mano mientras termina de lavar las zanahorias.
― ¿Quieres ayuda? ―pregunta Yuri bostezando, trae encima el poncho naranja de Viktor, pantuflas de conejo y una cara marchita.
― ¡Dios Yuri! ¿Eres una bala? ¿No puedes quedarte quieto? ―se limpia las manos mojadas en el delantal de color rosa con encaje.
―Hiciste el aseo ―halaga Yuri desplomándose en el sillón.
― ¿Acaso crees que no sé cómo limpiar? ―pregunta cruzando los brazos y ladeando la cabeza―, que poca fe me tienes…
―Sé que sabes, pero no te había visto hacerlo ―admite Yuri riendo, hace una mueca de dolor cuando la garganta se le sea nuevamente―, me siento bastante mal, odio admitirlo. Tenía un buen rato que no pescaba una enfermedad así, desde que estaba en Detroit.
―No intentes culparme ―le regaña Viktor acercándose a su tembloroso cuerpo―. Ahora, mi pequeño japonés favorito, vamos a la tina, la dejé enfriar para que no se te subiera la sangre a la cabeza y terminaras desmayándote en el interior, los vapores y eso. Pero creo que ya tiene la temperatura más perfect in the world. And it will be more perfect if you go inside…
― ¿Vas a entrar conmigo? ―Viktor le empuja de los hombros, tiene que girar la cabeza como el exorcista para mirarle con sus cejas fruncidas como si fueren dos animalitos peleando. Viktor solo sonríe ampliamente en respuesta―. Bueno, no esperaba menos… pero no debes tomarte tantas molestias, puedo cuidarme solo, soy un adulto.
―Solo te acompañaré unos minutos debo seguir haciendo la comida.
Se lamentaba de este hecho, pero era cierto. Incluso podía asegurar que dentro de aquella prisión de mármol níveo con agua caliente y el cuerpo de Yuri desnudo, era difícil resistirse a nada, la enfermedad que crecía e intenta destruir solo era un bache en sus objetivos corpóreos, suspira ampliamente cuando el vapor se eleva hasta sus fosas nasales y le golpe cada parte del cuerpo. El clima templado y aromático del interior duerme a cualquiera con un perpetuo sentimiento húmedo. Finalmente le suelta de la espalda para darle espacio al desvestirle de forma similar a la de un niño. Yuri pone resistencia cuando Viktor levanta desde atrás su suave camisa de algodón con estampado, evita ser desnudado por esas manos expertas desde la espalda, Viktor insiste.
―Contrólate Yuri ―murmura el ruso arrojando sus labios al cuello de Yuri―, solo vamos a bañarte.
―No intentes nada ―advierte ladeando la cabeza para darle acceso completo a esa perfilada nariz que recorre los huesitos de su columna con cuidado. Viktor niega lentamente y termina de sacarle la camiseta―, hablo enserio, siento que me atropelló una bici.
―Qué poca fe.
Yuri no puede replicar, pone los ojos en blanco y deja que el tumulto de emociones broten ahí donde Viktor va tocando hasta quitarle cada prenda, como si en el mundo entero su toque fuera una fuerza invencible a la que no puede acostumbrarse, rey del hielo, manos fuertes y pisadas coléricas, abrupto asalto a sus nervios, sonrojos y jadeos. Cuando baja la ropa interior y los pantalones amplios caen, saca un pie de la ropa y luego el otro, Viktor aun no le quita las manos de las caderas, se desgranan por entre sus costillas y le toman de los codos, separando los brazos del cuerpo, los abre como un movimiento de baile y empuja un poco hasta que el paso dentro de la bañera es inevitable y el chapoteo salpica en la piel de sus piernas, desnudo a media luz, deja que Viktor lo lleve hasta la bañera y le deje dentro.
Suelta sus codos.
― ¿Te aprovechas de mí? ―pregunta Viktor cuando Yuri ya se acomodó en el interior, dándole la espalda―, destruyes mis coronas con tu fuerza impecable y gentil.
―Tu quisiste desnudarme y traerme al agua… está deliciosa ―admite tocando todo con las palmas abiertas, hasta los patitos de hule, la fragancia y la espuma―, se me ha destapado la nariz con el vapor.
―Me alegra ―suelta con sinceridad, se pone de rodillas admirándole la nuca―, pero bueno, ya me conoces Yuri…
― ¿De qué hablas? ―pregunta alarmado
Viktor coge entre sus manos la botella de shampoo de fresas y esencia de naranja para lavar los cabellos de Yuri, toma un poco del viscoso líquido verdoso y lo lleva hasta los cabellos azabaches, reparte agua por la zona con ayuda de una bandeja. Yuri se lleva las manos hasta las gafas, no es raro que olvide sacárselas antes de entrar al agua, le son tan necesarias para seguir al día en su vida que parecen tomar parte se sus propios ojos, escupe agua por los labios y se frota el rostro a la par que las manos de Viktor frotan su cuero cabelludo con shampoo.
―Caliente ―se queja quitándose las gotitas que resbalan por sus pestañas.
― ¡Oh Yuri! Ni me he quitado la ropa y ya estás entrando en ambiente ―se burla Viktor, Yuri le salpica agua con la punta de los dedos―, tranquilo, se a lo que te refieres.
El tiempo que pasa acariciándole los cabellos como si fuera un peluquero experto le recuerda aquellas veces en Hasetsu cuando terminaban de bañarse juntos en las aguas termales y Viktor secaba su cabello al mismo tiempo que lo peinaba, pero ponerle shampoo era una sensación mucho más agónica, un masaje delicioso en cada parte de su cabeza, el olor bañándolos a ambos, incluso el agua que caía a chorros cuando Viktor retiraba el jabón asegurándose de no dañarle los ojos.
― ¿No quieres entrar? ―pregunta Yuri cuando se ha enjuagado la cabeza por completo
Viktor se levanta lentamente, sonríe ladino y niega lentamente mientras se seca las manos en una esponjosa toalla de color verde.
―Quiero, por supuesto, pero la comida no se cocinará sola.
Yuri hace una mueca triste y retira la mirada del rostro contrario buscando algo que le permite no destruir esta burbuja de intimidad que se ha creado, estira los dedos hasta alcanzar el frasco de jabón liquido con olor frambuesa que hace juego con el shampoo y cada uno de los aditamentos del baño, Viktor lo observa con recelo hasta que expira lentamente el aire, Yuri tumba la mano hasta su cuerpo y le pide con los ojos sollozantes en plegarias que continúe con el jabón.
―Al menos ayúdame con los brazos y el torso.
A Viktor le daban ganas de replicar, explicar que aun con todas las posibilidades de autocontrol que la vida le daba, pasar las manos por sus brazos, hombros, cuello, rostro y pecho para untarle jabón era algo difícil de rechazar. Vuelve a ponerse de rodillas sin importar que el pantalón le moje en las rodillas, con el agua que salpica de la bañera. Toma el jabón hasta que se desborda de sus manos, deja el envase en la orilla de la bañera y espera a que Yuri deje de mover el pecho como si estuviera a punto de hiperventilar.
Comienza en sus hombros, esparce el líquido viscoso y frota como si fuera un masaje hasta que la espuma blanca comienza a bañar su piel esclareciéndola aún más, levanta los pulgares presionando en su cuello, rodeándolo con sus manos grandes, con el poder de cortarle la respiración con solo un movimiento rápido o una mirada, mueve las manos hasta el pecho y con las palmas abiertas toca con cuidado de no presionar demasiado, desciende por la línea del pecho hasta debajo de las costillas, se aparta antes de que su instinto le pida volver a frotar aquellos suaves pezones rosados. Jala a Yuri de las manos para lavarle los brazos, deslizándose por el antebrazo, delineando las venas de las muñecas, los nudillos de los dedos, los codos y la cara interna de los tríceps, las suaves axilas de Yuri, sensibles y erógenas.
―Cuando bañas al bebé refuerzas el lazo que tienes…
Yuri cruza miradas con él, cómo flechas bruñidas, eleva su pulso, la cara se le tiñe de palo de rosa, sus labios mordisqueables flaquean mientras sonríe.
―No soy un bebé ―dimite como si fuera obvio señalarlo.
― ¿No lo eres? Me lo pareciste ―Yuri levanta una ceja mientras sonríe―, con esa capacidad tuya de monopolizar, desquiciar y ser un amante sucio y tierno. Creo que te dejaré el resto del trabajo a ti…
Conmovido Yuri ladea el semblante y sonríe, tímido, aparta su cuerpo de la orilla de la bañera mientras el agua limpia el jabón que Viktor ha dejado sobre su cuerpo como un camino de astros, suspira soltando la tensión sexual de intimidad y deja que el peliplata se retire con una amplia sonrisa en los labios. Hasta que se da la vuelta, golpeando su espalda con la puerta y mordiéndose el interior de la mejilla, hasta ese momento Viktor puede respirar con tranquilidad, dejar de fingir que no le pone bañar a Yuri.
Tan pronto como Yuri puso un pie fuera del baño con la bata de seda japonesa que Viktor dejaba guardada en uno de los estantes, el olor a sopa le atacó las fosas nasales y se descubrió a si mismo profundamente hambriento. Deslizó los pies descalzos por la duela olfateando el sazón de Viktor que le atrapaba desde la cocina, observó al ruso moverse por entre la barra americana para dejar un plato encima de la carpeta, hondo y con figurines de pollitos, que contenía un delicioso caldo de pollo que humeaba y expiraba un suave aroma a sal y limón. Su lengua comenzó a salivar.
―Huele delicioso ―premió Yuri sentándose en la silla
―Sé cocinar bastante bien ―sonrió Viktor presumiendo de sus habilidades, dejó dos vasos sobre la mesa y esperó a que Yuri le hincara el diente a la comida―, vamos come, prometo que no va a matarte.
―Estoy seguro de que no, huele demasiado bien para tener veneno o algo ―Yuri toma la cuchara y sorbe del caliente liquido―, ahora que lo pienso, Antonida dijo que no tenías buenos hábitos alimenticios, aunque parece que te la sabes arreglar.
―Suelo comer fuera de casa y sé comer bien. Pero antes no sabía cocinar ―Viktor bebe agua mientras observa a Yuri soplarle a las verduras calientes―, aunque bueno, ya sabes, la gente hace cosas locas por amor.
―Oh por Dios, no cites a Hércules ―sonríe Yuri comiendo con rudeza―, te agradezco por la comida, está deliciosa, quien diga que no sabes cocinar miente, tú lo haces todo tan bien.
Viktor se sonroja violentamente cuando Yuri hace este tipo de comentarios, halagarlo por algo tan simple como prepararle de comer, si supiera que las cosas iban a ser así habría intentado conquistar a Yuri por medio de su estómago desde hacía mucho tiempo antes y quizá habría sido mucho más mimado que hasta ahora. Katsuki no presta atención a las reacciones de Viktor, se concentra en satisfacer el hambre que ataca su estómago hasta hacerle gruñir, el calor de la comida logra mantener su cuerpo a la misma temperatura con la que se encontraba en el baño y recupera un poco las energías mientras degusta del buen sabor de los alimentos.
―En Japón no comemos mucho esto ―se limpia la boca con la palma de la mano―, creo que es como un ramen pero seriamente distinto.
―Aquí tampoco, no mucho, bueno al menos yo no tan seguido… pero mi madre solía hacer este tipo de guisados cuando estaba enfermo ―Yuri levanta la mirada, Viktor le mira con curiosidad observando sus reacciones―. ¿Qué?
― ¿Tu madre?
―Sí, Katerina Ivánovna Marmeládova, de soltera ―sonrió para sus adentros―. Katerina Nikiforov si no quieres complicarte.
Yuri traga con dificultad la parte más amarga de caldo antes de dejar el tazón vacío, nota que Viktor sonríe tiernamente mientras Yuri asimila la información, no sabe si se la deja ir de a poco solo para conocerle un poco más o si existe algo detrás de tan peligrosa afirmación que deje llevar su carga parental involuntaria. Le sonríe de vuelta apenas levantando la comisura de la boca.
―Al menos aprendiste… ―se queda callado antes de decir una prudencia―, al menos tienes, bueno, por lo menos… ehh, ¿Buenos recuerdos? ¿Una receta de cocina deliciosa? ¿Ella y tu…?
Viktor irrumpe con una escandalosa carcajada mientras se toca la barriga, golpea el piso con los pies y grita en ruso varias cosas que Yuri definitivamente no alcanza a comprender. Tal vez le ha jugado una broma sucia y no existe ninguna Ivanovna Marmeladova lo que fuese, la sarta de apellidos rusos impronunciables. Le mira ceñudo mientras se limpia lágrimas de los ojos producidas por la fuerte risa impactante que acaba de azotarle, jadea en busca de aire y mira a Yuri.
―No te hagas enredos ―niega levantándose de la mesa y tomando los cacharros sucios y vacíos, los junta todos en una pila pequeña y deja la mesa como sin usar―, voy a lavar estos trastes, acomódate en el sillón, hay algo que tengo que hacerte.
Yuri quiere más explicaciones, tal vez unas simples palabras de consolidación que le digan que en realidad Viktor no juega con sus pobres emociones, pues él es malo de los nervios y bastante vulnerable a cualquier susto repentino, más no obtiene nada de esto, en cambio una nueva duda comienza a crecerle en la boca del estómago como una burbuja de chicle rosa que mastica.
― ¿Qué cosa? ―pregunta levantándose y reacomodando las sillas, escucha el correr del agua en el lava vajillas y a Makkachin resacarse desde el sillón.
―Tengo que cortarte las uñas de los pies.
A Yuri se le ponen tiesas las extremidades, las manos y los dedos de los pies, frunce el ceño ligeramente y luego crece su extrañeza a medida que Viktor ignora la propia formula de sus palabras. Se mira los pies, saca los calcetines peluditos de sus pies y nota que se le están congelando desde el mismo instante en el que lo hace, hay venitas verdes marcando sus empeines y uñas pequeñas y rosadas en sus dedos, es exagerado, pero Viktor lo nota, un pequeñísimo milímetro de longitud blanquita que sobresale de sus dedos. Suspira.
―No vas a cortármelas ―Yuri vuelve aponerse los calcetines y acaricia a Makkachin en la barriga con los pies―, ni siquiera están tan largas, y puedo hacerlo yo solo.
Viktor hace una mueca, se seca las manos con una mullida toalla color amarillo pollito.
―Lo noté ayer cuando te tambaleabas con las puntas de los pies, no podía dejar de verlos bailar por el salón… así que si, lo haré y cómo estás convaleciente no te opondrás ni pondrás resistencia ¿Claro cómo el agua? ―sale de la cocina con una sonrisa radiante, Yuri gira el rostro―. Oh vamos Yuri, si no te las cortas ahora será difícil comenzar a practicar pronto.
―Bueno, pero puedo hacerlo yo… cuando me sienta mejor.
Viktor niega delicadamente y le pasa la mano por el cabello mientras esquiva el sillón, sale de la vista del pelinegro para adentrarse en su habitación por unos incontables segundos. Yuri se muerde el labio, supone que en realidad no le aterra ni le molesta, Minako y Mari solían pintarle las uñas e incluso cortárselas y hacerle la manicura por mucho tiempo, sin embargo Viktor estaba sugiriendo hacerse cargo del cuidado de sus pies, encima, tenía mucho que no pasaba algo así…
― ¡Lo tengo! ―grita victorioso al salir de la habitación, trae en sus manos una pequeña maleta de plástico transparente, con cierres rosados, algo demasiado femenino incluso para Viktor―, ignora el color, vi tu mirada sexista…
― ¡Qué dices! ―Yuri pone una mano en su pecho
―Quiero decir, me lo regaló una marca con la que estuve trabajando, de la mano de Tom Bachik ―habla mientras se mueve, se sienta en el piso, justo en frente del otro, mueve el kit hasta encontrar su propia comodidad.
― ¿Ese manicurista famoso de Hollywood? ―pregunta sacándose los calcetines de nuevo, esta vez lo hace con los pies.
― ¡El mismo! Es tan agradable, deberías conocerlo algún día…
―De verdad, tú me hablas de la gente como si supiera quienes son todos ―Viktor suelta una risilla suave y toma lentamente la lima de uñas para dedicarse a tocar los fríos pies de Yuri.
Tiene las piernas dobladas y el cuerpo tenso, primero el rostro recargado sobre las rodillas y los brazos rodeando sus extremidades, pero conforme el calor corporal va subiendo y su semblante se calma al ver el rostro concentrado de Viktor, termina por recargar la espalda en el sillón, la cabeza hacía atrás un poco inclinada. Le mira hacer. Sabe que Viktor lo hace bien, porque él sabe hacer casi todo bien. Suelta un soplo, Viktor levanta lentamente sus lindas pestañas para mirar el rostro del japonés.
―Te ves relajado ―murmura sin dejar de limar sus uñas
―ES relajante, lo admito…
Continua trabajando en ello por unos segundos más, de vez en cuando Viktor levanta la vista para ver si Yuri se ha quedado dormido, pero en cambio no, le mira fijamente desde su letargo, observa como usa la lija, el corta uñas, las tijeras, el aceite hidratante y es cuando cierra los ojos.
― ¿Recuerdas la primera vez que cuidé de tus pies…?
―Me lastimé durante los entrenamientos ―responde sin abrir los ojos―, cuando comenzaste a ser mi entrenador y decidí poner mi máximo empeño. Me lastimé enserio…
―Sí, estuviste tan indispuesto a recibir cuidados, pero debes cuidarlos mucho, Yuri ―sermonea colocando el aceite―, son la base de tu cuerpo, ahora me tienes a mí para hacerlo y no te preocupes, yo me voy a encargar.
Guardan silencio por unos instantes más, las manos maestras de Viktor esparcen el líquido creando un efecto relajante inmediato, lo nota en el rostro impasible de Yuri, con los labios brillosos medio abiertos, soltando aire lentamente, se deja hacer con toda la paciencia del mundo y a Viktor le dan ganas de no terminar. Se detiene cuando Yuri ya tiene los ojos muy entrecerrados, claro, busca relajarlo pero no dormirlo en el sillón, aún es demasiado temprano para que el día termine, guarda todo y vuelve a ponerle los calcetines. Yuri despierta de la adormilada sensación cuando las manos de Viktor se alejan y un beso se siente en su frente.
― ¿Terminaste?
―Gracias por tu cooperación. ¿Vemos una película?
Yuri asiente, sonríe con verdadera felicidad.
Podría asegurar que la verdadera felicidad es esa, estar acostados en el sillón, recargados el uno contra el otro con una frazada larga y esponjosa que cubría gran parte de sus cuerpos, las luces apagadas y Makkachin sobre sus piernas, solo el sonido de la televisión y la luz halógena del exterior que poco a poco se tornaba en un abierto manto de oscuridad con estrellas salpicadas por entre las nubes, luna de plata y el agua cayendo lentamente en el exterior, agua del canal que pasa a lado de su casa o de la ligera lluvia chipi chipi que moja más que las gotas gordas que se almacenan en los cirros.
Las respuestas de Yuri se hacen menos con el pasar de los minutos.
―Sí, fue increíble ¡La vi en el cine! Adoré tanto esa película, casi morí en el final…
―Mhm…
― ¡Era tan joven cuando salió! ―abraza el cuerpo flácido del pelinegro―, han pasado años, me encanta el viaje de Chihiro, tomé un curso de teología en esos tiempos, lo sé. Quería sacar una coreografía de la pista siete del soundtrack, es muy maravillosa ¡como de una Geisha! De verdad me encanta, creo que podrías hacer una interpretación maravillosa de esa canción… no lo había pensado.
―Mmm…
― ¡Los tambores japoneses son maravillosos! Guau, acabo de imaginarte usando ropa de Geisha, un día voy a comprarte uno y te obligaré a usarlo, ¡y los abanicos! ¡Si, sin duda! ¿No te gustari…? ¿Yuri?
El pelinegro apenas y mantiene los ojos abiertos, han dejado de mirar la película de Ghibli desde que Viktor comenzó a relatar sus experiencias de vista, cosa que hacía notar cada que un nuevo tema se le pegaba en la lengua, sin embargo había sido tan descuidado para notar que ya era bastante noche y Yuri no se veía tan reconfortado como imaginó que estaría. Si revisaba sus datos lo había alimentado correctamente, había cuidado de él y se aseguró de que no tuviera frio. Pero su salud no se veía muy mejorada.
Al contrario, las aletas de su nariz y parte de la punta comenzaban a tornarse rojas, ya habían estado en el rango de los rosas pero ahora, los labios rosados se le habían secado y mostraban un nivel de cuarteaduras mucho mayor, respiraba con la boca entre abierta y la palidez increíble de su rostro se veía reflejada en el rojo de sus ojeras, ojos inyectados en sangre. Tal vez estaba excesivamente constipado y deshidratado, Viktor lo miró con genuina preocupación, no, no se veía a punto de morir, pero sí: estaba enfermo.
―Yuri… si no te sientes bien te llevaré a la cama.
―Estoy bien ―levantó apenas la mirada del piso, intento sonreír pero tosió con fuerza―, solo quiero un poco de agua.
No hubo que decir más, Viktor ya se encontraba en la cocina sirviendo un vaso de agua. Lo llevó con la habilidad de un mesero y esperó a que Yuri lo tomara con sus débiles manos, temiendo que derramara encima el agua y el frio terminara por lastimarle más que ayudarle. Mordisqueó con cuidado la piel de su pulgar y puso pausa a la película para admirar al tumulto de cobijas que tenía por prometido, aunque ahora ese montículo se notaba más bien amorfo.
―Voy a ir por medicinas.
― ¡No las necesito! –aseguro Yuri dejando el vaso, a leguas se notaba que buscaba reponerse―, es una simple gripa.
―En ese caso con medicamentos genéricos para el resfriado estarás bien ―Viktor se encogió de hombros―, solo necesitaremos algún hidratante y pastillas para la tos y el resfriado, pañuelos desechables. No tardaré mucho, me gustaría ir en el auto pero tardaré más en sacarlo del estacionamiento…
―Viktor no te vayas ―suplicó Yuri tomándole del abrigo que ya se había puesto―, no me quiero quedar solo.
―Tienes a Makkachin ―sonríe Viktor planeándole la cabeza―. No tardaré, lo prometo, iré en la bici.
― ¡Pero está lloviendo! ¿Y si te pasa algo? ―Viktor no se deja amañanar, toma su bufanda y se pone la capucha para cubrirse el pelo, deja las llaves de Yuri encima de la mesa de las fotos y toma las suyas sonriéndole desde la puerta.
― ¡No seas ansioso mi cerdito! No me tardaré, lo prometo.
Y en realidad no planeaba tardarse, no, ni cuando vio a Ivan en la puerta principal y le miró con ojos extraños cuando lo vio sacar la bici, porque era raro verlo tan apurado sobre todo con el clima de afuera, la lluvia suave, el viento medio intenso y la oscuridad. Le pidió que tuviera cuidado, pero Viktor iba tan rápido que no pudo ni responderle. Solo salió del edificio miró a ambos lados, y subió a la bici. La farmacia no estaba muy lejos, a solo dos manzanas de distancia, había que pasar por dos avenidas…
Ninguna era muy peligrosa y probablemente hubiera tardado cinco minutos si iba a la máxima velocidad, tal vez si hubiese corrido habría hecho la misma cantidad de tiempo, pero eso sí, era peligroso, cruzar las calles en la noche con la lluvia como simple peatón arriesgaba su vida, y él se cuidaba, se cuidaba por Yuri, aunque como ciclista desbocado tampoco es que tuviera todas las precauciones, ni siquiera estaba llevando un casco. Además tenía la mente en otro lado, se sentía mal consigo mismo, mal por haber arriesgado a Yuri a salir a temperaturas a las que él no estaba acostumbrado, fue un grave error exponerlo a tales fríos como si fuera la cosa más normal, encima mojarse. Como pudo ser tan descuidado, mordía sus labios con ansiedad, le daban un huevo de oro y no podía cuidarlo correctamente, y por si fuera poco lo arriesgaba a descuidos graves. Ahora Yuri estaba enfermo y el necesitaba cuidarlo, porque era su pequeño preciado tesoro y porque era su culpa, por supuesto.
Cruzó la primera calle sin ningún contratiempo, notaba las luces de los coches a distancia y las huellas de la bici mojadas, el manubrio un poco suelto y los guantes se le resbalaban, pero nada tan grave como para hacerlo caer, a menos que la bici derrapara sobre el asfalto y sería una gran tragedia, las personas en la calle eran pocas y se cubrían con paraguas grandes, la lluvia aumentaba y el rostro se le mojaba a medida que avanzaba, las mejillas empapadas y las pestañas tiraban agua a chorros pequeños mientras movía los pedales.
Atravesó la segunda avenida cuando un auto le atacó con el claxon, y posteriormente soltó un insulto que Viktor no comprendió del todo, de inmediato estacionó en la farmacia. El sonido y la luz le desconcertó por un segundo, la voz de la cajera dándole la bienvenida. Se quedó de pie ahí por unos instantes hasta que tomó una de las canastitas y recorrió los pasillos sin tener idea de qué buscar.
―Anti gripales, anti gripales ―tomó dos cajas que se veían similares―, pastillas para la tos, spray para descongestionar, bálsamo de labios con mentol… ¡té de miel y hierba buena!
Conforme limpiaba los pasillos, más llena se veía la pequeña canasta, hasta los pañuelos desechables encontraron un lugar entre todas las diversas cosas que Viktor había metido sin siquiera leer bien las etiquetas. Antes de llegar con la cajera tocó con cuidado lo que parecía ser una bolsa de gel ¿anti estrés?
― ¿Esto es…?
―Es una bolsa congelable para bajar la fiebre ―respondió la cajera.
Una chica guapa de cabello negro atado en un moño. Le sonreía con coquetería desde que había puesto un pie adentro, era bonita, Viktor no había reparado en ello, le sonrió con amabilidad y dejó el empaque lejos de su alcance. Levantó los ojos para ver si faltaba algo más e inconscientemente terminó mirando los condones que colgaban como luces de navidad encima de la caja de la joven. Ella siguió su rostro extrañada y se detuvo a mirar eso por unos segundos, cuando volvió a mirarle, Viktor ya no prestaba atención a eso, por supuesto, no era momento de pensar en sexo con Yuri. Aunque la idea la enloquecía.
―Eh…
―Me llevo todo esto.
Recibió la canasta y admiró el contenido, medicinas suficientes para dormir a una vaca y muchos antigripales de diversas marcas. Viktor analizaba distraídamente una caja de talco para bebes mientras el sonido de la cajera le entumecía los dormidos oídos, en parte por el frio o por lo chillón del sonido.
― ¿Sería todo? ―entregó una bolsa de plástico y el ticket.
Viktor le extendió la tarjeta de crédito que había sacado de la cartera con anticipación y se limitó a asentir, mientras la joven colocaba la platino entre su escáner, miraba de reojo al peliplata, algo en él le resultaba conocido, sabía que tal vez ya había estado en la tienda antes, o que su rostro parecía salir de una revista. Era demasiado guapo, definitivamente ella debía conocerle...
― ¡Gracias! ¡Buenas noches!
Se alejó tan rápido como entró y cuando las puertas de cristal ya estaban por cerrarse Viktor escuchó un: "¡Ah! ¡Viktor Nikiforov!", tan fuerte que tuvo que subir a la bici tres veces más rápido de lo que pensaba partir, apenas acomodando las compras en la canastilla, no tuvo la molestia ni de ponerse nuevamente el gorro.
Hizo tiempo record, casi lo atropellaron dos veces y subió por el elevador prácticamente corriendo. Ivan no estaba para detenerlo o llamarle la atención por aquel viaje tan riesgoso y rápido, ni siquiera alguien para ayudarle a guardar la bici. Se tomó la libertad de desperdiciar diez segundos quitándose la ropa mojada desde la puerta y los zapatos también, solo para no arriesgar Yuri a esa agua fría y para no enfermarse también. Abrió la puerta cuando Makkachin ya ladraba entusiasmado y tiró todo lo mojado al piso.
― ¡Volví! ―grito agitando las medicinas―. ¿Lo ves? Te prometí que no me tardaría…
Llevó la bolsa de plástico hasta la mesa y comenzó a sacar las cosas una por una encima de ésta, admirando ya con descuido el contenido, el desperdicio de suministros repetidos mientras sonreía, de alguna manera el silencio le resultaba incómodo y frustrante, a pesar de todo la luz del televisor apenas iluminaba el salón, el ruido de la película había continuado sin detenerse, probablemente Yuri había dado play para evitar el silencio. Pero ahora, no contestaba.
Viktor giró el rostro.
Abrió la boca para hablarle a Yuri nuevamente, cuando intuyó que no iba a responderle.
La cobija estaba en el piso, se había resbalado o Yuri la había tirado, su mano derecha se estiraba para recogerla pero estaba detenida, ojos entrecerrados y boca abierta, jadeos saliendo de su boca, incluso en la oscuridad notaba ese horrible color rojo que ahora marcaba toda su cara, no porque no le gustara el sonrojo sino porque este no era normal, no lo era. Era un rojo febril horripilante, acompañado de sudor frio, el control remoto en el piso.
― ¿Yuri…?
Las pupilas de Yuri apeas alcanzaron a moverse del piso a Viktor, un movimiento silencioso y débil que suplicaba ayuda con las pestañas pegadas, el adormecimiento en la amarillenta piel, todo en él destilaba putrefacción, enfermedad, vida que pasa y se arremolina en ojos vacíos y ojerosos.
Luego sus ojos se cerraron.
― ¡Yuri! ―gritó Viktor acercándose a él para tomarle de los hombros, el cuerpo se desvanecía. Ya no podía mantenerse despierto, Yuri estaba tan ardiente en fiebre que quemaba―. Yuri, despierta, háblame.
Por más que Yuri intentó hablar no consiguió más que mover ligeramente los labios sin formular nada. Tal vez dijo Viktor, pero éste ni siquiera se percató de eso, se ocupaba de llevarse el cuerpo afiebrado al cuarto, y comenzar a ser un poco más intenso con los cuidados, pues los síntomas lejos de mejorar empeoraban, y él había olvidado comprar el gel congelable.
Ni el beso en la frente de Yuri consiguió calmar sus sentidos, erguida la cabecita pelinegra, se extinguía su presencia.
N/A: ¡Por fin comenzamos con el drama! Estaba ansiosa por llegar a esta parte pues es el origen de, si no todo, muchas de las cosas que vienen a continuación. Lamento no traerles un capítulo tan largo como las veces anteriores, pues como muchos ya saben me lastimé las manos, y cualquier sobre esfuerzo me puede hacer recaer inmediatamente, este capítulo lo saqué en dos semanas, así que si todo sale como quiero no tardaré tanto en traer el siguiente, lo malo es que ya casi estoy en finales y eso puede retrasar el avance, en fin, no más atraso que el de ahora, pero hay que esperar al final de cuentas…
¡Espero que les haya gustado el capítulo! Por supuesto que me pareció maravilloso meter algunos de esos diálogos que salieron hace poco del stage play, si no me equivoco y adaptarlos a esta situación menos cómica y más sexual, espero que esto les haya agradado y no molestado.
Finalmente gracias por seguir leyendo esta historia, es impresionante que sigan apoyándome aun con todo este terrible retraso.
Por cierto, estoy pensando en subir mis dos fics a Wattpad, Los amantes de la traición y Making History, por si alguien gusta animarse a leerlo por ahí también, díganme que les parece esta idea.
Aprecio muchísimo sus reviews, como no tienen una idea, si les ha gustado pueden decírmelo con toda confianza ¡Nos leemos pronto!
PD: en la última escena quise crear la sensación que de Viktor sería atropellado, ¿lo conseguí?
Guests: Guest: ¡Hola querida Guest! Admito, mi ignorancia es humillante, que no sé qué significa chichi, pero espero que el mpreg sea de tu agrado.
Haru: ¡Oh mi Haru! Al menos a ti te ha gustado ese lime tan intenso que me aventé jajajaja, pues según yo Yuri era más que virgencito, aunque lo dejo a tu imaginación. Me encanta que Kubo confirmará ese headcanon sobre Makkachin comiéndose las cosas que se encontraba, eso ayudó a la veracidad del fic jajaja, ¡Claro que a uno casi se le sale el corazón! Sobre el mpreg, sin más que decir después del siguiente capítulo, ya empieza toda la cosa, así que está decidido. Gracias por tus reviews como siempre, un fuerte abrazo.
Guest: Gracias por tu opinión, creo que lograré incluirlo de una buena manera, espero que le des oportunidad al fic.
Guest: ¡OH DIOS! Y con este enorme tiempo que estuve sin actualizar, en verdad lamento la espera, gracias por leerme y perdona de nuevo. ¡Un abrazo!
Coco: ¡Muchísimas gracias por leer y votar a favor, me siento honrada! Jajaja, sin duda habrá más momentos de Otabek y Yurio, son una pareja que no puede faltar y ya sabes… Viktor es un tipo perro… no está en la lista de personajes amados por Koshka-chan. Espero que sigas gustando del fic y nos leemos pronto.
Anonimita: ¡Las fresas son muy eróticas lo admito! Me encantan, gracias por leer.
Kiku: ¡Muchas gracias por tus ánimos, estoy dando mucho de mí para recuperarme! Un abrazo.
Sharlette: Gracias por el apoyo y si, en definitiva ya estoy cuidándome muchas gracias por todos los ánimos, espero gustes del nuevo capítulo.
Rus Ackerman: ¡De verdad lo siento! Muchas gracias por el apoyo, hace falta, espero te guste el cap. Un abrazo.
Todos los reviews con cuenta los responderé en la semana, esperen por mí, voy paso a paso.
¿Un review para que Viktor no sea atropellado en la bici nunca?
