Disclaimer| Yuri on ice [ユーリ! on ICE] y todos sus personajes pertenece a MAPPA, Sayo Yamamoto, Mitsuro Kubo, Kenji Miyamoto, y todos los correspondientes, yo solo decidí escribir algo que ellos se estaban saltando.
Pareja | Viktor x Yuri [Vikturi]
Advertencia | ¡Mpreg que sigue el canon de la historia!
Notas | No tengo ninguna excusa válida para este atraso tan terrible en la actualización del Fic, sobre todo para esas personas que llegaron apenas y me dijeron cosas tan lindas de él. Y para las que han estado aquí desde el principio, solo puedo avisarles que estuve en finales en la escuela y fue realmente caótico y tenía planeado actualizar la semana pasada pero decidí conseguir un trabajo, que es maravilloso, pero me consume en tiempo y alma, así que perdónenme por esto.
No voy a abandonar este Fic ni ningún otro, así que de verdad espero que sigan apoyándome como desde el principio lo han hecho y espero no decepcionarles con este capítulo que es un poco preocupante, así que prepárense para angustiarse.
Making History
Viktor x Yuri
―Capítulo 8―
Yakov no era un hombre paciente. Nunca tuvo hijos por la misma razón, no podía cuidar de ellos como cuidaba de su trabajo y de sus verdaderos polluelos, ese puñado de patinadores que habían sido encargados a sus brazos como si fuesen pequeños huérfanos necesitados de protección, guía y un buen camino. Viktor, Mila, Georgie, Yuri. Su vida era por y para ellos en todos los sentidos, desde un pequeño dolor de cabeza hasta un sermón de dos horas del porqué el salto no debía terminar en línea curva. Por esa misma razón es que ahora, a pesar de las turbias circunstancias, se encontraba aquí, bajo el infernal frio de San Petersburgo, al lado del gran canal que rodeaba el edificio donde Viktor vivía desde hace no poco tiempo. Miraba la nieve caer y las pequeñas gotas de agua fría que perforaban un poco su arrugada y manchada piel, signo de su avanzada edad. No estaba para aguantar un poco más fuera de la cama, sin embargo aquí estaba.
La llamada de Viktor le había despertado de un sueño profundo, roncaba como un cerdo cuando el timbre comenzó a sonar y no se detuvo hasta que lo puso en su oreja con el cerebro hecho pedazos y la falta de concentración en un punto máximo. Sus respuestas inconexas cambiaron de tono cuando notó la verdadera preocupación de Viktor, aun actuaba como un niño cuando estaba asustado, de verdad asustado. Yakov supo la gravedad del asunto inmediatamente.
Salió de la cama y llegó en taxi.
Sacó un poco del vapor de su boca contra la bufanda cuando escuchó la puerta de cristal tintinear nuevamente, señal de la alocada presencia de Viktor en el lugar. Levantó la cara para ver al que por mucho tiempo fue su único patinador estrella. Ahí estaba con un rostro increíblemente contrariado y disperso por la preocupación de las circunstancias. Estaba en pijama, tanto como podía estarlo, pues usaba botas de piel y una gabardina en caso de tener que salir a la primera instancia.
―Viktor ―le habló Yakov cuando el joven se posó frente a él intentando recuperar la respiración ―. ¿Pero qué pasa contigo?
―¡Es Yuri, Yakov! ―respondió jadeando, levantó ambas manos y las puso sobre los hombros de su entrenador ―. Debes verlo inmediatamente.
―Viktor yo no soy doctor ―recalcó como si fuera necesario. Pero el rostro de Viktor no vaciló ni un momento ―. De acuerdo ¿Qué sucedió? ¿Por qué estás tan alterado? Mira que sacarme de la cama en plena noche, de verdad Viktor a veces rebasas tus propios límites, vamos adentro que se me están congelando las…
―¡No te lo diría si no fuera urgente!― a pesar de que Viktor estaba preocupado podría parecer un poco cómico, aunque en realidad no lo era, pues todo lo decía con bastante seriedad y la angustia cayéndole de todos lados ―. Yuri está muy mal.
Dicho esto ingresó en el edificio. El vestíbulo estaba vacío, no había rastro de un alma en ninguna parte, Yakov tuvo la sensación que la misma opresión de los sentimientos de Viktor comenzaban a nublarle la vista, evitaba ver cualquier lugar que no fuera enfrente de sus propios ojos y giraba cuando tenía que girar, hasta el elevador fue un paseo que no quedaría en su memoria dada la rapidez de cada una de sus acciones. Viktor empujó la puerta de la casa y no se molestó en evitar chocar con las petunias de la entrada. Makkachin ladró desde el interior, como si alertara a alguien que algo acababa de ingresar y ese algo eran ellos dos, unos tornados de extraños sentimientos y sensaciones.
La casa estaba en total penumbra, solo la luna llenaba de luz parte de la estancia, ni una lámpara estaba encendida. El calor del hogar se evaporaba a pesar del calefactor que rara vez Viktor encendía, ahora mismo el calor debería ser insoportable pero dadas las condiciones tan precarias del lugar parecía un congelador. Viktor miró a Yakov como para asegurarse de que lo seguía y no iba a perderse entre el espacio de la sala hasta el pasillo de las habitaciones. Cosa que obviamente era imposible. Yakov carraspeó cuando Viktor abrió la puerta de su habitación e ingresó tan rápido como había bajado a recibirle, como si no quisiera apartarse ni un instante del bulto dentro de la cama.
La habitación no estaba tal como Yakov la recordaba, de alguna forma ahora parecía más un lecho matrimonial y un desastre por todos lados, desde prendas de ropa hasta pequeños kleenex regados por todas partes. Las cobijas eran un desastre pero de alguna forma se adaptaban a la forma de Katsuki quien tenía la cabeza contra una decena de almohadas. Viktor se sentó a su lado en la cama y le tomó de la mano con fuerza, tal vez buscaba despertarlo.
―¿Yuri? ―le llamó apretando su blanca mano ―. Ya regresé, mira, Yakov vino a verte.
Katsuki apenas abrió los ojos, como dos rayas minúsculas. Yakov frunció el ceño desde la puerta, si los japoneses tenían ojos pequeños Yuri no lo demostraba, pero ahora en ese estado parecía incapaz de separar sus pestañas. Yakov carraspeó y dio un paso enfrente, no, no le sorprendía que Viktor le hubiera llamado en este caso, el joven era incapaz de hacerse cargo de un resfriado o una gripa, y más si parecía tratar a Yuri como un cristal precioso, pero había algo dentro de todo eso que no cuadraba.
Makkachin, el siempre fiel perro de Viktor estaba sentado a los pies de la cama mirando con genuina preocupación la escena.
―¿Qué ha pasado? ―preguntó Yakov mirando a Viktor.
Viktor tembló ligeramente y soltó las manos de su amado.
―Es una tontería en realidad ― bufó mirando el rostro de muerto de Yuri ―. Salimos ayer en la noche, a pasear… y Yuri cayó dentro del canal, nos mojamos todo. Y luego no nos duchamos y no sé, sinceramente, pensé que era un simple resfriado pero…
Yakov levantó una ceja, bueno, él también creía que se trataba de un simple resfriado, sin embargo existía esa pequeña incertidumbre en forma de semilla que comenzaba a germinar dentro suyo sin poder detenerse, miró al pelinegro, tenía el cabello empapado en sudor y rodeándole toda la cabeza como si fuera un agujero negro, su pecho apenas y se movía debajo del mar de cobijas con el que, seguramente, Viktor le había cubierto. Las cómodas de los lados estaban repletas de medicinas y agua, pero al parecer nada había funcionado. En verdad, algo no estaba muy bien ahí. Había algo fuera de lo usual.
―Entrar al canal no lo mataría o lo dejaría así… ― suspiró Yakov acercándose―... a pesar de que Yuri no está acostumbrado a esa temperatura, y si te soy sincero deberías alejarte un poco de él. No se ve normal….
―¡Como me voy a alejar de él! ―gruñó Viktor indignado abrazando la frágil figura de Yuri ―. Es mi prometido, debo cuidarlo… le he dado de todo, cada medicina, cada remedio, pero no logro bajar su fiebre. Dejó de responderme hace horas, no sé qué hacer.
Viktor, sin miedo alguno de contagiarse de alguna extraña enfermedad asiática, tenía la cara bien pegada a la mejilla blanca y sudada de Yuri. Yakov lo miró de forma pensativa, Viktor tenía la preocupación escurriéndole de cada cabello, los párpados apretados como dos candados que querían evitar soltar extrañas lágrimas de inseguridad y los nudillos blancos le temblaban de miedo y de furia. No pudo más que suspirar y tocarle el hombro. Él levantó la mirada y clavó sus zafiros azules en su persona.
―Aléjate de él un poco y dame el termómetro.
Una chispa de alegría surcó los ojos de Viktor, una zancada más tarde Yakov tenía el termómetro en la mano. Ni siquiera era uno normal, era uno de los caros, los súper precisos, pero seguramente el ruso no sabía usarlo.
―Voy a descubrirlo un poco ― avisó Yakov a Viktor que miraba todo desde la orilla de la cama.
Sin duda no tenía que avisar de cada movimiento que hiciera, pero el perro y su dueño tenían cara de que cualquier movimiento en falso iba a ocasionar un brinco a la yugular. Yakov no tenía tanto tiempo como para perderlo en esto, así que simplemente le quitó a Yuri las cobijas que guardaban el calor de su cuerpo y dejó la bata de seda al descubierto. Pocas personas eran así de blancas, pocos cuerpos así de perfectos, Yakov lo notó y Viktor lo sabía. Dejó el termómetro en su brazo y espero a que el sonido retumbara en sus oídos.
―¿Estará bien? ―preguntó Viktor enloquecido ―. Debería ir por más toallas frías, seguro una en su cabeza le hará mejorar… ¿Yuri, cómo te sientes?
No hubo respuesta.
El sonido chirriante del termómetro inundó el silencio absoluto en la habitación tan solo un par de segundos después. Los numeritos remarcados en negrita le corroboraron lo que necesitaba saber, sin duda, no era un resfriado normal.
―Viktor ― carraspeó mirando el objetó―. Esto no… no está bien. Tu prometido está realmente enfermo.
―¿Qué tiene? ―preguntó Viktor inclinándose encima del anciano ―. ¿Qué le pasa?
―Esta fiebre es demasiado intensa para ser un catarro o un resfriado. Esto… podría ser mucho peor, tal vez pulmonía. O algo peor. Katsuki tiene 42° de temperatura. Si sigue así las consecuencias podrían ser…
―¡Basta! ― suplicó Viktor alarmado, su respingada nariz se fruncía como la de un conejo asustado, llevó las manos a la boca. Manía suya la de morderse la parte débil del dedo, de las manos, cosa extraña dada la perfección de su cuerpo ―. No puedo soportarlo, verlo en ese estado ¡Me siento tan culpable! Es culpa mía, no hay remedio ¿Qué hacemos? No le baja la fiebre ¿Qué hago?
Yakov miró con claridad a su pupilo, no es que la enfermedad de Katsuki le importara poco, de hecho estaba tan preocupado como Viktor, pero de quien más temía era sin duda del ruso pues parecía a punto de tirarse de la ventana con Yuri en brazos, cualquier mal planeamiento en los cálculos resultaría una fatalidad. Cargándose en los hombros el papel de padre, se hizo el juramento de aconsejarle, aun cuando jamás le escuchara. Soltó un bufido más corto y frustrado que de costumbre y miró nuevamente al extranjero, tendido en la cama sin pizca de conciencia, el sudor en toda la cara y la piel manchada de rojo. Estado peor no había visto en nadie desde hacía muchísimo tiempo, por más que le quitaran la ropa y lo bañaran en frio no habría forma de bajarle la fiebre. Aquí se necesitaba intervención médica inmediata.
―Vamos a llevarlo al hospital.
Los ojos azules de Viktor se tiñeron de lamentó como si tan obvia respuesta fuera un dilema. Asintió, pero después se quedó pasmado. Pensándosela bien.
―Pero ¿en el Audi? ― preguntó confundido.
Yakov no entendía.
―¿Acaso quieres pedir un taxi?
―¿No será mejor idea llamar una ambulancia? En caso de necesitar ayuda profesional.
Mala idea no era. Pero sabía que Viktor lo decía por exagerar, sí, la situación era grave pues el joven no abría ni los ojos, pero llamar a una ambulancia con el auto a apenas a una calle de distancia podía resultar contraproducente, Yakov hizo como que lo pensó detenidamente mientras tronaba las articulaciones de sus atrofiados y viejos dedos. Viktor esperaba su respuesta con un reloj entre las pestañas.
―Trae el auto y deja de perder el tiempo con esas preguntas, Katsuki necesita ir a emergencias.
Viktor se sacó el pantalón de la pijama en ese mismo momento y se enfundó en unos pantalones de mezclilla que estaban regados en el piso, por la forma en la que le apretaban Yakov dedujo que eran de Yuri, pero que probablemente y aunque no era de su incumbencia ahora podían compartir la ropa mucho más que antes. Por primera vez Yakov vio a Viktor no fijarse en su arregló personal, no preocuparse de su belleza exterior y salir a luchar contra el frio con las llaves de un Audi.
Pues claro, el día en el que Viktor renunciara a mirarse en el espejo antes de salir tendría que convencerse de que estaba enamorado, no antes. Sin duda el día había llegado.
Yakov se acercó a Yuri con una intención, vestirlo para sacarlo de la cama. El muerto aun parecía tener vida. Hervía como agua caliente, por más que Yakov intentó llamar su atención no pudo más que arrastrarlo lejos de las cobijas mientras Makkachin ansioso por su dueño pululaba alrededor soltando gemiditos. Le calzó como pudo unas ballerinas negras que parecían de descanso y bien pudo admirar los pequeños pies maltratados del patinador, el sex appeal que descargaba incluso podría tumbar a una vaca, tal como tumbó a Viktor, pero ahora era tan solo una pequeña luz lánguida.
―Mmmm… ― gimió cuando Yakov le ajustó de maravilla la bata de seda y le enfundó el abrigo ―. ¿Vit…?
―Shhh, ya viene ― gruñó Yakov sacándoselo de encima y buscando entre los cajones los documentos necesarios para que Yuri fuera atendido en cualquier hospital.
Viktor era bala, pez en agua, eso y mucho más cuando la situación lo ameritaba. Por eso había dejado el auto estacionado en la entrada y subido rápidamente por las escaleras, en vez de esperar a por el elevador. Así pues jadeaba con fuerza cuando abrió la puerta del departamento e hizo a Makkachin a un lado para tomar a Yuri entre sus brazos, cobijarlo con una frazada de lana morada y cargarlo como si fuera un bebé. Yakov le siguió de cerca sin interferir, ni mirar demasiado su comportamiento con el pequeño muerto viviente. Y Yakov lo decía con toda la buena intención, es que Yuri se veía mucho más mal de lo que habían pensado. La cabeza le colgaba como si fuera un pollo muerto, las manos tenían las venas marcadas pero el pulso apenas se le notaba, pasaba de amarillo a verde y de verde a morado, de morado a blanco y no se recuperaba más que cuando el rostro se le ponía rojo como una manzana. Viktor lo acomodó a todo lo ancho en los asientos de atrás. Dejó que Yakov se trepara en el copiloto, dejó al perrito en el departamento y comenzó a conducir como un desquiciado.
―No tan rápido, harás que nos matemos.
―Necesitamos ir a urgencias ― replicó Viktor girando en la intersección ―. Yuri parece perder la vida a cada instante y no sé qué demonios está pasando.
Viktor no maldecía, no lo hacía usualmente.
El hospital de Saint Jean-de luz no estaba tan lejos, era el más cercano, atención privada y espectacular. Viktor no iba seguido, usaba otros servicios pero este estaba cerca y cuando los doctores vieron el auto último modelo plantándose en la entrada, fue como esa señal de alarma que tienen para avisarles que alguien importante viene. Viktor ni siquiera se puso las gafas para cubrirse el rostro, asustado como estaba salió del coche y encaró a la encargada del turno de emergencias para que sacaran a su prometido del auto, usando textualmente la palabra 'novio'.
―¿Qué sucede con él? ― preguntó un hombre de pelo negro casi a rapa mientras encargaba una silla de ruedas.
―Traiga una camilla ― suplicó Viktor ―. No puede ponerse en pie.
El doctor lo miró incrédulo pero no aminoró la marcha.
―No lo sé ―admitió Viktor recuperando el hilo de la conversación ―. Estaba bien, le dio un resfriado y la fiebre no se le baja con nada. Está hirviendo, ya intenté todo, está apenas encima de los 40°.
El doctor le miró como si acabara de abofetearle en la cara, al mismo tiempo tres enfermeros se acercaron al auto junto con ellos para abrir la puerta del coche, sacar al enfermo cubierto en una sábana y treparlo con toda su preparación encima de la camilla que Viktor, sin errar, había ordenado. El peliplata apartó su atención del doctor de inmediato, pasó a segundo término en cuanto Yuri se le apareció tan indefenso como estaba. El doctor asimiló mejor la información.
―Es que eso es imposible…
Por supuesto, no iba a decirle que a estas alturas debería estar muerto. No era un resfriado.
Influenza, tal vez.
―Vamos a llevarlo a emergencias.
Viktor comenzó un frenesí, uno en el que no podía moverse al lado de la camilla y en el que no entendía nada de lo que los doctores decían sobre Yuri, ni siquiera el diagnóstico y no porque fuera demasiado obtuso, más bien por ese pequeño letargo mental en el que la recepción de información era básicamente nula y el querer permanecer en ese estado era un deleite, al ver que los doctores ya se hacían cargo solo intentó ir tras ellos, pero la cortina se le cerró en las narices. No podía traspasar ciertos niveles que los hospitales colocaban y aunque hubiera querido interferir, Yakov solo lo movió de estancia hasta que consiguió sentarlo.
―Olvidé mi celular ― musitó extrañado palmeándose los bolsillos, no hubo respuesta ―. No puedo dejar al perro solo.
―Cálmate, llamaré a Yuri para que se haga cargo de él. Pero ten un poco de consideración son las tres de la mañana, nadie está despierto a esta hora.
―Makkachin debe estar preocupado.
Seguramente Viktor deliraba. Yakov no encontraba otra explicación lógica y razonable para satisfacer su curiosidad sobre las inconexas respuestas que el ruso le daba a cualquiera de sus interrogaciones, ni el más cargado de los cafés o el tic nervioso más elaborado conseguía aplacar su inefable nerviosismo. La sala de espera era austera y brusca, contagiaba las ansias, y la ausencia de gente carcomía la más profunda de las soledades, ni el tic tac del reloj en la pared perturbaba el ese insoportable silencio que todo tragaba, la mujer tras el mostrador miraba una revista ajena a las preocupaciones, atenta a las puertas de cristal vacías, criticaba la señal de las maldiciones que había desviado la peor de las enfermedades a Yuri Katsuki.
―Voy a llamar a Yuri ahora ― murmuró Yakov entre un bostezo, habían dado las cinco para ese entonces.
El cielo aun estaba rasgado en negro con una luna aun brillante en él. Los matices naranjas apenas eran un espectro de luz entre las estrellitas que titilaban todavía con algo de vigor. Pero a Viktor le parecía que habían pasado semanas desde que había visto a Yuri, ni siquiera habían concluido dos horas, pero la minuciosidad con la que se le ocultaban las noticias de su novio le ponía los pelos de punta.
―Hola, Yuri―vibró la cavernosa voz de Yakov, a tres zancadas de Viktor.
―No voy a faltar a entrenar ―refunfuñó el adolescente contra la bocina, el frufrú de las cobijas desesperó al entrenador ―. No tienes que levantarme tan…
―No es eso ― interrumpió en un susurro ―. Ha pasado algo…
―¿Qué cosa?
―Ya te explicaré, necesito que vayas a casa de Viktor, pídele al recepcionista la llave del departamento, él debe de tener una o sino llama a la muchacha del piso, ella también debe tenerla, el perro se quedó allá solo, te lo encargo. Me urge.
―¿De qué demonios hablas?
A leguas sabía que Yurio tenía preguntas, pero hasta no tener noticias por parte de los doctores, no podía darse el lujo de dar una explicación detallada de la posición actual de los tres ahora mismo. Se limitó a callar y esperar que Yurio asimilara la escueta explicación, rogar porque el joven rubio se tocara el corazón, que era bastante grande e hiciera caso de sus humildes peticiones.
―¿Ha pasado algo malo? ― la saliva pasó por su adormilada garganta.
―Sí, estamos en el hospital. Has lo que te digo, por favor, te llamaré en cuanto pueda darte más detalles.
―¿Es Viktor? ¿Yuri? ― Yakov cortó la llamada.
También puso el celular en vibrador para que no le molestaran los pitidos de la devolución de llamada, confiaba que su alumno iba a tener la capacidad de ponerse los tenis de inmediato para hacer lo que le había pedido, Yurio podía ser obstinado pero no era una bestia ni un monstruo, palabras clave como 'emergencia' 'algo malo' y 'por favor' podían aplacar al más grande de todos los animales salvajes. El entrenador miró de nuevo a su pupilo principal, Viktor estaba sumergido en un sueño ficticio.
―¿Viktor? ― habló, pero su voz fue cubierta por el sonido del doctor que salía de la sala de emergencias.
―Viktor Nikiforov.
¿En qué momento había proporcionado los datos?
―¡Si! ―gritó levantándose ―. Soy yo, soy yo.
El doctor tenía sudor en la frente, una preocupación entre ceja y ceja. Yakov sintió que la sangre le abandonaba el rostro y el corazón dejaba de funcionarle, aunque sin duda no era el mejor momento para ponerse malo. Acercó su débil presencia a donde Viktor apenas podía mantenerse en pie, su extrema palidez reflejaba la condición delicada de su salud mental.
―Hemos hecho todo lo posible para estabilizar a su pareja ― comunicó el medico con fatiga ―. Pero me temo que no hemos descubierto la raíz del problema. El resfriado solo ha desencadenado estas reacciones…
―¿Qué están ocasionando? ― suplicó Viktor.
―Fiebre, mareos, rechazo a los medicamentos y comida… está demasiado débil.
―¿Es una enfermedad? ¿Un síntoma?
―Estamos haciendo estudios para saber qué es lo que ocurre ― intentó calmarle el médico―. Ya hemos sacado bastantes muestras de sangre e incluso de orina. Cualquier cosa que pueda revelarnos alguna pista de lo que le sucede…
Viktor tragó saliva con dificultad, sus ojos perforaban el alma del pobre médico, que ya no sabía que más decirle al hombre para intentar calmar un poco sus nervios, de todas formas sabía que no podía hacer mucho, así que se limitó a carraspear para atraer nuevamente su atención. Viktor regresó de sus pensamientos, que no habían ido muy lejos para mirar al doctor con interés.
―¿Le importa si me responde algunas preguntas? ―preguntó cordialmente invitándolo a sentarse en la sala de espera ―. En cuanto logremos estabilizarlo será trasladado a una habitación en el hospital para continuar con su tratamiento y revisar los resultados de sus exámenes.
Viktor asintió gélidamente.
―¿Puedo verlo? ― la pregunta llevaba consigo una carga emocional fuertísima.
A Viktor le importaba lo equivalente al cultivo de la papa en Tanzania responderle preguntas al doctor, simplemente necesitaba ver a Yuri y saber que se encontraba bien. El doctor sabía que eso era imposible, pues a menos que consiguieran bajar la fiebre del extranjero y hacerle ver menos alucinaciones, no podían arriesgarse a realizar una escena de desesperación enfrente de los demás pacientes de la sala de urgencias. Pero Viktor de verdad parecía necesitar una explicación bastante razonable para no entrar por la puerta de cristal e irrumpir en el cubículo de su prometido para besarle toda la cara.
―Bueno, su ritmo cardíaco es bueno, de verdad que solo hace falta bajarle la fiebre para que usted pueda verlo nuevamente… denos un par de minutos para ver si el tratamiento médico funciona y lo dejaré verlo de inmediato, antes de trasladarlo de cuarto ― sonrió el medico intentando calmar al ansioso deportista ―. Su familiar puede encargarse del registro mientras usted y yo conversamos.
―Yakov― llamó Viktor con un tono excesivamente alarmista, el viejo, ya cansado miró a su pupilo con interrogantes en los ojos ―. Por favor llena el papeleo por mí, debo responder algunas preguntas del doctor.
Yakov puso los ojos en blanco pero no dio ninguna objeción antes de levantarse hacía la secretaria que ya le esperaba con los formularios pertinentes para el registro, sin duda él también tendría que responder bastantes preguntas sobre personas con las que ni siquiera tenía un lazo sanguíneo. Y encima de eso, no había convivido mucho con Yuri, pero si Viktor necesitaba que llenara los datos de su nueva familia, no había como decirle que no. Por otra parte Viktor había dejado que el doctor le guiara hasta un cómodo sillón y que le diera una pequeña taza de café humeante a la que Viktor solo le tenía un profundo asco, principalmente por los nervios que carcomían su estómago mientras sus intestinos se comían mutuamente. Sudaba por las manos y el sillón de tafetán verde se le antojaba de lo más despreciable.
―Usted es Viktor Nikiforov ― señaló el médico con una sonrisa.
―No tengo tiempo para firmar autógrafos ―respondió cortante ―. Puede decirme que necesita saber, ansío ver a mi prometido…
―Disculpe, no era mi intención solo… estaba señalando lo obvio ― el medico se sintió avergonzado después de su patético intento de formar un lazo importante con una celebridad ―. Si debo ser sincero me sorprende que su prometido siga con vida, parece que su estado es muy grave y motivado por una enfermedad desconocida hasta el momento. No es un resfriado evidentemente, o de serlo parece estar envuelto de otros muchos padecimientos que provienen de otra enfermedad. Necesito saber exactamente qué pasó para que llegáramos a este punto…
―Bueno, verá ― carraspeó ―. Yuri es extranjero.
El doctor le miró como si se hubiera vuelto demente.
―Eso, ya lo sé…
―Sí, perdón, solo pensé que debía recordárselo. Bueno, como ya sabe él no vive aquí, es nuevo en este país, llevamos aquí solo una corta cantidad de tiempo, los cambios de clima deben ser bruscos para él, sobre todo ahora que apenas salimos del invierno ― Viktor soltaba la lengua sin guardarse el más mínimo detalle para que el doctor tuviera una eficiente visión de cualquier aspecto en la vida del japonés ―. Parecía muy incómodo con el frio pero no tanto, de cualquier forma hace dos días por accidente terminó cayendo dentro del canal, estaba helando, nos congelábamos. Nos quitamos la ropa y bueno… es mi prometido no debo de explicarle eso, pero mantuvimos contacto íntimo hasta cierto punto y después Yuri comenzó a sentirse realmente mal ¿Cree que tenga algo que ver conmigo? Bueno, parecía un resfriado común así que lo traté como tal. Fui a la farmacia para darle algunas medicinas, conseguí varios antigripales y le di uno pero cuando volví Yuri ya estaba demasiado mal… lo llevé a la cama, medí su temperatura, no se veía nada bien, esperé un poco para ver si los remedios funcionaban pero nada surtía efecto. Supuse que se trataba del frio por el canal, la ropa mojada, tal vez alguna bacteria en el agua… ya no estoy seguro. Pudo haber sido hasta el…
―No se preocupe, no creo que el hecho de que ustedes dos mantuvieran relaciones sexuales tenga algo que ver con la condición actual de Katsuki ― aclaró el medico antes de escuchar muchos detalladas explicaciones de Viktor.
―No, oh no, Yuri y yo no hemos llegado a ese punto… ― explicó sin una gota de pudor ―. Pero creo que es necesario resaltarlo, pasó justo después del chapuzón y luego Yuri ¡kaput! Estaba así, Dios mío, ¿Qué tendrá? ¿Cree que sea grave?
―Solo los estudios y su mejoría a los tratamientos podrán revelar resultados certeros.
Viktor hizo una mueca. Se notaba insatisfecho, no había duda que el servicio médico estaba siendo deficiente. Necesitaba sacar a Yuri de allí inmediatamente y llevarlo a un mejor hospital, pero en su estado actual no podía darse ese lujo, llevar a Yuri afuera sin antes calmar sus síntomas podía ser incluso más grave, peor que permanecer bajo cuidados negligentes. Aunque Yakov decía que el hospital no estaba mal, podría ser que estaba exagerando. Se llevó la mano a los labios y miró a Yakov sentarse después de llenar todos los datos, tomó una revista entre sus manos y se aisló de las preocupaciones.
―Doctor Aleksandrovich ― llamó una enfermera con una tablita de madera y un cubre bocas, salía de emergencia ―. Es Yuri Katsuki…
―¿Qué? ¿Qué tiene? ― gritó Viktor levantándose.
―No ha empeorado― explicó la enfermera ―. Pero continúa delirando por la fiebre.
El medico giró su rostro hasta la cara de Viktor, deformada por la preocupación.
―Tengo que verlo.
―Es imposible…
―Tengo que verlo―repitió convencido―. Necesito ver a mi prometido ahora o voy a tener que sacarlo de este hospital para llevarlo a un especializado doctor que cobre como cinco veces más que esto. Si la salud es la prioridad entonces no tengo nada que reprochar, de verdad necesito que se ponga bien.
El doctor meditó por unos momentos, Viktor miraba la puerta como si fuera el lado contrario de una barrera de contención, por una parte no podía darse el lujo de arriesgar la vida de su paciente con algo tan osado como sacarlo para un traslado a otro hospital, no sin saber sus resultados, y tampoco podía permitirse perder a un cliente que pagara tan bien como Viktor Nikiforov. Además claro, estaba la parte contraria, tal vez si esto seguía así había pocas cosas que hacer por ellos, en otro hospital…
―Voy a verle.
―Será mejor que se aleje no sabemos si es contagioso.
―¿Y a mí eso que me importa? ― preguntó Viktor con verdadera curiosidad. Miedo a enfermarse no estaba en sus prioridades cuando su única necesidad era ver el estado de salud de Yuri.
No hubo forma de detenerlo, en realidad tampoco hubo alguien que lo intentara. La enfermera y el doctor caminaron de cerca, pero detrás de él, que con toda su gracia y elegancia había atravesado una sala atareada de pacientes de emergencia para dirigirse al cubículo en el que Yuri se encontraba, era bastante extraño que pudiera llagar a hasta él sin siquiera preguntarse donde se encontraba, el medico pensó que tal vez era algo de un instinto canino que le aguaría a través de una horda de enfermos. O tal vez eran los gemidos lastimeros que el enfermo soltaba a cada dos minutos.
Un grupo de enfermeras y doctores lo tenían en observación. Buscaban el origen de la fiebre. Pero al mismo tiempo intentaban suprimir los síntomas con compresas de hielo, baños fríos y algunas inyecciones que Viktor no reconocía ni tenía porque. Fácilmente sabía que Yuri no era alérgico a nada.
―¿Qué pasa si no le baja la fiebre? ― preguntó Viktor antes de acercarse al pelinegro. Con los ojos fijos en aquel rostro pálido.
―Puede convulsionar o tener daño cerebral ― enumeró el doctor sin afán de preocuparle ―. Intentaremos mantenerlo estable en 37°, hemos logrado bajarla un poco.
Viktor asintió. Después de eso llevó su cansado cuerpo al lado de la camilla, y tomó una de las ardientes manos de Yuri, su rostro descompuesto por la enfermedad solo le dejaba ver la tremenda palidez y el sudor recorriéndole el cuerpo, una imagen desastrosa para un patinador, hasta los labios partidos y surcados de deshidratación hicieron que Viktor se sintiera extrañado. Pero sobre todo la voz extraña que Yuri usaba. Estaba delirando en japonés, movía la cara de derecha a izquierda sin detenerse como si hubiera sido anestesiado con un gas de risa.
―Vichan―comprendió Viktor. Se le encogía el corazón al pensar que tan solo su prometido estaba pensando en su cachorro, ese cachorro que había abandonado el mundo humano y seguramente Yuri pensaba que también era su turno, pero no si Viktor podía impedirlo. Le apretó la mano apenas ligeramente, consiguió que el pelinegro fijara sus rasgados ojos en aquella pálida cara rusa, una sonrisa diminuta iluminó su semblante que se convirtió en un mohín y luego volvió al estado deplorable en el que se encontraba.
―Oh, katsudon… ― murmuró Yuri.
Viktor le besó los nudillos. Sin duda aun agonizando su prometido no dejaba de pensar en aquel platillo que le enloquecía.
―No cabe duda que hasta en tus peores instantes, aunque para mí siempre estás excelente, eres gracioso amor ― le sonrió Viktor apartando los mechones empapados de sudor de su frente.
―La temperatura ha descendido ― avisó una enfermera con gesto agradecido.
Se notaba, pues Yuri había conseguido mejorar el aspecto de su rostro un poco e incluso se le notaba un rostro mucho más tranquilo y menos perturbado, las enfermeras que aun bailoteaban a su lado sin descanso no estaban conformes con apenas esos grados menos de fiebre, necesitaban seguir hasta que Yuri volvería a una temperatura normal, pero Viktor se sentía profundamente aliviado y no dejaba de acariciar aquella pálida piel de su mano para transmitirle toda la calma posible. No cabía dentro de sus planes aquella sensación, pues no, jamás imaginó que llegaría el instante de preocupación en el que Yuri tuviera que permanecer a la deriva de explicaciones en un hospital, realmente no formaba parte de los planes de vivir en San Petersburgo con él, pero ahora estaban pasando por esto, quien sabe porque el destino lo había querido de ese modo.
―En cuanto llegue a la temperatura deseada ― explicó el médico―. Haremos el traslado así que prepárense.
Faltaban pocos grados para eso y aún había bastantes bolsas de hielo.
―Oh, mi Yuri ― murmuró Viktor sin dejar de tomar la mano del pelinegro y acariciar las débiles falanges de forma delicada ―. Ponte bueno pronto, por favor.
Yuri, aun inconsciente no dejaba de respirar con relativa tranquilidad mientras su rostro comenzaba a adquirir un tono menos afiebrado para ser emplazada por una palidez mortífera y cruel que acentuaba perfectamente el morado de sus labios y ojeras, convirtiéndolo en un muñeco de porcelana que se mantenía en grave riesgo. El doctor miraba la escena moviéndose de un lado a otro, sin un instante de descanso hasta que el paciente lograra mantenerse estable, aunque eso no significara que se conseguiría la recuperación.
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El reloj en la pared apuntaba poco más de las cinco de la mañana, a penas un par de horas después de que salió de su casa en la madrugada. Bostezaba sin cesar, apenas había podido acomodarse en las sillas de espera y ahora que Viktor estaba pegado en urgencias a la camilla de su prometido los párpados le fallaban, ansiaba recargarse en algún buen sillón para descansar. Pero por sobre todo, deseaba que pronto todo se solucionara. Sin embargo, el escándalo volvió tan pronto como cerró sus ojos cansados, pues la enfermera intentó detener a un Yurio, quien, sin previo aviso arribó al lugar con Makkachin de la correa.
―¡Yakov!―gritó el ruso haciendo un escándalo innecesario en la sala de espera ―. ¡Déjenme pasar! ¡No voy a dejar al perro afuera!
―¡Yuri! Te dije que cuidaras del perro, no que vinieras ―regañó el entrenador perdiendo el sueño ―. Sabes bien que no se permite entrar a un hospital con un can, ahora toma un taxi y vuélvete a casa.
―No, ni hablar ― gruñó Yuri acomodándose los rubios cabellos en un moño desenfadado, estaba usando un pants verde musgo y una cara de violencia ―. Este perro estaba muriendo de ansiedad en el departamento, no voy a dejarlo allá, debe estar aquí y ver a sus dueños ¿Dónde está Yuri? ¿Qué pasa con Viktor? ¡Que alguien me explique!
La enfermera, que había pasado a segundo plano, fue socorrida por una de las atentas manos de Yakov, el entrenador le suplicó que dejaran entrar tanto al joven como al perro, les habló de sus privilegios como atletas nacionales y la difícil situación en la que el dueño del perro se encontraba, de alguna forma logró convencerla y que el Makkachin haciendo gala de sus buenos modales pudiera ingresar a la sala de espera donde Yurio comenzó a digerir unas galletas con chocolate caliente de la maquina expendedora y mirar de forma acusativa a Yakov, moviendo las mandíbulas con gracia.
―No sé qué estás haciendo aquí, te dije claramente que te quedaras en casa ―espetó Yakov cansado ―. Pero ya sé bien que jamás me haces caso, así que no me sorprende. Al menos debiste dejar…
―¡Ya basta de plática! ― volvió a intervenir el rubio terminándose las migajas de sus galletas ―. ¿Por qué estamos en el hospital a las cinco de la mañana? Mi entrenamiento comienza a las siete, seguramente no ibas a ir así que necesito una buena explicación sobre lo que está sucediendo.
Evidentemente Yakov no iba a poder ir al entrenamiento, pero Lilia y los demás, seguro sí, realmente no había un impedimento certero para que Yurio no asistiera, a menos que por supuesto se encontrara preocupado por la salud de sus amigos.
―No te preocupes ― murmuró Yakov desperezándose ―. En realidad aún no sé exactamente que sucede, cuando Viktor salga de urgencias nos explicará bien…
―¿Viktor está en urgencias? ― preguntó Yurio con voz estrangulada.
―Es Yuri, en realidad.
―Ahí… ― murmura en voz queda.
Baja la cabeza silenciosamente, realmente no sabe que decir, claro que saber que el extranjero cerdo estuviera en el hospital en urgencias era un hecho bastante alarmante, lo peor era que Yakov no era quien para darle las explicaciones pertinentes. Por supuesto, se llevaban un poco mejor pero jamás deseó que le pasara algo así de malo como para mantenerlo internado en el hospital. Las galletas le hicieron un revoltijo en el estómago y desvió sus ojos verdes hasta Makkachin, quien acostado en el piso de inmaculado mármol blanco miraba la puerta de cristal de emergencias con unos ojos tristes, por supuesto el perro moría de angustia. Antes de que pudiera decir algo más la vibración de su teléfono lo sacó de sus pensamientos. Rápidamente tomó el iPhone para ver la pantalla brillando con el nombre de Otabek, una calma le abrumó de pronto.
''Buenos días, suerte en el entrenamiento de hoy. Esfuérzate mucho, sabes que te apoyo…''
Yurio sonrió ligeramente. Al menos tenía la dicha de ver todos los días aquellos mensajes que le ayudaban a levantarse, admirar su foto de perfil con la imagen de ambos y el fondo de pantalla con rayitas de tigre.
''Estoy en urgencias, parece que algo le sucede al katsudon. Te daré detalles más tarde. ''
Tampoco había motivos para ser alarmistas, a pesar de que todos aquí se esforzaban por serlo. No pudo ni bloquear su teléfono cuando la rápida respuesta de Otabek llegó hasta sus manos.
''Espero que no sea grave'' Y realmente él también lo esperaba. Suspiró y guardó el celular en el mismo instante en el que Viktor, con el cabello hecho una maraña y el peor outfit que Yurio le pudiera haber visto en toda la vida salió con una minúscula sonrisa de emergencias, miró a su perro que mimó dándole palabras de aliento. Yakov y él se levantaron de la sala de inmediato para bombardearle con preguntas.
―Hola Yurio ― sonrió Viktor al dejar a Makkachin ―. ¿Qué estás haciendo aquí?
―Nada, solo vine a traerte al perro ― mintió ―. ¿Qué haces tú aquí? ¿Dónde está el katsudon?
Tras ese ligero intercambio de palabras el rostro de Viktor se ensombreció.
―Ah, mi pobre Yuri está muy mal… ha mejorado un poco pero…
―¿Qué fue lo que pasó? ¿El resfriado? ― preguntó Yurio al ver las inútiles divagaciones del pentacampeón.
―¡Eso mismo creo yo! Pero parece que todo se agravó y desencadenó otras cosas… para ayer en la noche Yuri no podía ni respirar bien, estaba demasiado grave, los doctores no saben exactamente qué es lo que le pasa, pero están revisando y esperando los resultados de los análisis para ver algunas cosas y descartar otras ―le explica de forma sintética y practica ―. Ahora mismo han logrado bajarle la fiebre por lo tanto van a trasladarlo a cuidados intensivos, o a no sé dónde, sinceramente. Necesitamos saber qué es lo que le pasa….
―Verás que no es nada ― gruñó Yakov ―. Estas cosas le pasan a las personas a veces, cuando se cambian de casa y eso.
―No será nada ―murmuró Yurio, aunque estaba un poco preocupado ―. El katsudon es bastante fuerte, un resfriado no va a tumbarlo…
―El problema es que… no es un simple resfriado.
Viktor se llevó los dedos a los labios de forma pensativa. Las puertas de cristal se abrieron nuevamente, Viktor no pudo seguir pensando pues apenas se dio cuenta acababan de sacar a Yuri en una camilla con su enfermo semblante y el millar de cables que le hacían lucir como un robot que apenas permanecía con vida gracias a la inteligencia artificial que la medicina desarrollaba. Un pequeño sequito de médicos y enfermeras guiaron al extranjero hasta las puertas del elevador que se encontraba a solo unos metros y consiguieron subirlo antes de que Viktor pudiera siquiera pensar en pegárseles como una lapa pegajosa.
Yurio se quedó mudo. Era un espectáculo impresionante ver a Yuri recostado en una camilla con cero vida en el rostro, también la pálida preocupación en el rostro de Viktor, la forma en la que los médicos le movían y trasladaban, Dios, nunca había visto algo similar. La respiración se le cortó momentáneamente cuando Viktor intentó seguirlos pero le detuvieron. Volvió a entender la situación cuando Makkachin comenzó a jalar de la correa para entrar donde Yuri, en aquel minúsculo elevador que ya se alejaba rápidamente.
―Viktor ven a sentarte―intentó Yakov tomándole del brazo―. No has descansado ni un instante. Cuando reacomoden a Yuri vendrán a llamarte, créeme, di tus datos, no tardaras en volver a su lado.
«Al menos Yuri ya estaría en una habitación» pensó Viktor, tal vez era más cómodo para su prometido este hecho, aunque ahora mismo no tuviera el razonamiento suficiente para pensar en eso. Arrastrado por su entrenador y mitad padre se dejó caer en una de las incomodas sillas del hospital, mientras Makkachin pegaba el hocico a su pierna para recibir algunas caricias. Viktor soltó un suspiro profundo, cansado y atormentado.
―¿No deberías irte a entrenar? ― preguntó Viktor a Yurio que le miraba desde el lado contario del sillón.
―Son las seis ― musitó Yurio, solo como excusa para no aclarar que a menos que recibiera noticias claras de que Katsuki estaba mejor se iría. Viktor no necesitaba saber eso.
―¿Tan tarde? ―murmuró angustiado ―. No puedo ni dormir, necesito noticias, ver a Yuri… ¡Ah! Cuanta ansiedad carcome mi alma. Creo que me voy a matar si en este instante no vuelve el doctor a decirme que puedo ver a Yuri.
Evidentemente el doctor no llegó en ese momento, pero Viktor tampoco se mató. Pasaron otros diez infernales minutos en la sala de espera hasta que el doctor que estaba a cargo, cuyo nombre Viktor de verdad no podía retener en la mente, bajó por el elevador con una pequeña tablita de anotaciones y miró como con un escáner al extraño cuadro de hombres, y el perro, que esperaba ansiosamente noticias de Yuri.
―Viktor…
―¡Aquí! ―gritó levantándose ―. ¿Cómo está doctor?
―Bien, está estable, puede subir a verlo en cuanto lo desee. Pronto vendrán los análisis nuevos que mandamos a hacer y podremos tener una respuesta de que es lo que está sucediendo…
―¡Bien! Subiré a ver a Yuri― Viktor se alejó del doctor un momento para mirar a Yakov y a Yurio que esperaban igual de ansiosos noticias nuevas ―. Parece ser que Yuri ya está estable, creo que no ha mejorado mucho pero habrán logrado quitarle la fiebre… espero no haya muchos daños, voy a subir a la habitación con él para esperar los resultados de los análisis. Yurio, deberías irte a entrenar y Yakov ¿Por qué no vas a dormir un rato a casa? Te llamaré si es necesario.
―¿Y el perro? ― preguntó Yurio sujetando con fuerza la correa.
―Déjamelo a mí.
Tres minutos después, quien sabe cómo, o mejor dicho, con un montón de sonrisas y buenas miradas Viktor había conseguido que Makkachin subiera hasta lo más recóndito del hospital para llegar al piso 14, en donde Yuri había sido trasladado a una habitación dentro de un largo y silenciosos pasillo, el lugar era mucho más cálido y menos escalofriante que la sala de urgencias, incluso los ligeros matices de color azul cielo que adornaban tanto los muebles como las paredes hacían que el lugar se iluminara con esperanza, el doctor solo pudo mirar al peliplata mal por unos instantes y luego le dejó caminar con el animal hasta la puerta de la habitación 548. Donde Yuri descansaba con una cara que aún no mostraba mejoría, y un millar de cables, sonidos eléctricos y falsos pitidos de su corazón. Tan pronto como Viktor le miró se abalanzó contra su suave mano de terciopelo y dejó que Makkachin, obediente como era, se quedara sentado en el piso mirando arriba en espera de algo, un sonido o una mirada.
―Hola Yuri ― le habló Viktor cariñosamente cerca del rostro ―. Debes estar tan cansado, espero que te pongas mejor pronto… Yurio y Yakov ya se fueron, pero yo me voy a quedar aquí contigo hasta que despiertes ¿Te sientes muy mal? No puedo evitar sentirme culpable, debí traerte al doctor inmediatamente. Soy bastante torpe… siempre creyendo que puedo solucionar todo por mí mismo. No puedo arriesgar tu vida de nuevo…
El monologo se detuvo por unos segundos, las reacciones del pelinegro eran nulas, estaba como sedado. Viktor suspiró y acarició cada uno de sus nudillos, sentado a orillas de la cama.
―Me siento muy impotente, al verte aquí… enfermo de no sé qué―admitió mordiéndose el labio ―. Deseo que sea una simple gripa o un resfriado, sin ti, ahora mismo me siento muy débil.
«Enfermedades» Su mente se llenaba de esas palabras.
«Cáncer»
Se estremecía.
―No, ya verás que todo está bien ― aseguró con una ligera sonrisa y un beso en la frente ―. Solo necesitas descansar, los medicamente surtirán efecto, mírate… ¡Te ves fantástico! Ese cabello revuelto negro, Dios, te queda de maravilla. Y tus ojos ¿Has visto que hermosas pestañas posees? Es que de verdad Yuri, si pudieras verte con los ojos que te veo, no comprenderías jamás lo complejo…
El silencio reinó nuevamente. Viktor podía y quería seguir hablando, pero también sabía que de seguir así pronto su garganta se secaría y tendría que verse en la penosa necesidad de salir y pedir agua, cosa que no le importaba, pero realmente le acomplejaba tener que abandonar a Yuri por algo tan simple como el agua, un recurso vital. Y por si eso no fuera suficiente para mantenerse en silencio, sus ojos le amenazaban, vaya cosa más extraña. Parecía que había sido una eternidad desde que sus ojos habían llenado sus mejillas de lágrimas, regado hasta su barbilla y apretado de congoja su corazón de forma extrema. Un millón de años desde que el dolor le había marcado tan fuertemente, que se representó como verdadero llanto, ahora aquí tan cansado e impotente tenía ganas de llorar, si seguía hablado seguramente eso haría… por eso debía, debía quedarse callado.
Por el bien de Yuri. Lo único que debía transmitirle era fuerza en esa condición en la que se encontraba. En esa forma tan delicada.
―¡Pero eso es… es imposible! ― escuchó bramar al doctor, tan pronto como pudo soltó la mano de Yuri. Miró a la puerta, el médico estaba en el exterior ―. No puede ser…
Estaba hablando con alguien más.
Por instinto Viktor se acercó a la figura desprotegida de Yuri y le puso la mano cerca, solo para tocarle.
Como si buscara cuidarle de alguna forma u otra.
La puerta del consultorio se abrió y el hombre de blanco entró, pero no se dirigió directamente a ellos, en realidad ni siquiera les dirigió una sola mirada. Se conformó con tomar parte de las notas que estaban el pie de la camilla y analizarlas con cuidado mientras miraba uno de los paquetes con hojas que descansaban en sus manos, todo engrapado, se movía de un lado a otro mientras revisaba. Las pupilas cambiaban de hoja mientras su ceño se fruncía cada vez más. ¿A quién le habría gritado? Misterio.
Viktor no se sentía con ánimos de preguntarle.
El doctor salió nuevamente del lugar y cerró con fuerza pero sin hacer ruido, Viktor frunció el ceño ¿Qué estaba sucediendo?
Antes de que sus ojos se posaran de nuevo en la durmiente figura de Yuri entró el medico con una sonrisa demasiado falsa. Dejó los documentos en la mesilla de descanso y miró al patinador con precaución. Viktor se alzó como pavorreal, esperando la tan deseada respuesta.
―Señor Nikiforov ― llamó para que el peliplata se acercara ―. Necesito informarle algunos detalles sobre la condición de su prometido ¿Me permite unos momentos?
―Los que quiera― respondió de inmediato caminando a zancadas hasta donde el hombre se encontraba.
Por primera vez Viktor notó que no se trataba de un doctor precisamente joven. En realidad parecía tener bastante experiencia. Se paró a un costado del médico y le sonrió de la mejor forma que ahora mismo podía aunque en realidad eso no era mucho, el medio carraspeó nervioso y tomó a Viktor del hombro.
―Como verá, Yuri Katsuki, nuestro paciente, se encuentra mucho mejor ― Viktor no veía gran mejoría ―. Logramos estabilizarlos y bajar su fiebre, aun se ve débil y no recupera del todo la conciencia pero los daños de la fiebre no han sido graves a nivel neurológico, ni físico, sí, está deshidratado pero ya se le está tratando eso, además de que el dolor tanto de cabeza y otras partes no debe tardar en irse dado que ya está medicado.
Pues no eran malas noticias en realidad.
―Eso… eso está muy bien ― sonrió Viktor a medias.
―Los análisis. Bueno… en realidad ese es un tema bastante complicado, ya que no hemos logrado diagnosticar correctamente al paciente ― se quedó callado por unos instantes ―. Y las pruebas que mandamos a hacer nos han arrojado unas respuestas bastante extrañas, nada que parezca normal o acercado siquiera a una enfermedad conocida por nosotros, lo cual es imposible… queremos hacer más estudios de ser posible, pero le aseguro que su novio ya se encuentra mucho mejor y no debemos alarmarnos por una enfermedad distinta, ya que los estudios…
Viktor lo notó, lo notó de inmediato, ese disfraz que estaban agregándole a la mentira. La forma en la que anunciaron que la enfermedad de Yuri era desconocida, declarar su propia incompetencia y luego convencerlo para que pensaran que Yuri se encontraba mejor, que ya estaba bien y en realidad no había sido nada. Cuando en realidad no era así, Yuri estaba mal… tenía algo, pero los doctores no sabían qué. Y lo estaban engalanando. Viktor frunció el ceño y dejó de escuchar el incesante parloteo del médico. Algo en su mente brilló.
Si, parte del discurso que acababa de mencionarle a Yuri. Se sentía culpable, sabía que de haber tratado esto desde antes o tal vez incluso antes el no haberlo arrojado al canal las cosas habrían sido distintas. Ahora mismo no había forma de corregir esos errores pero había forma de no repetirlos, no era el momento de sentirse más culpable, era el instante preciso de comenzar a cuidar de su familia. Cuidar de Yuri.
―Lo siento― murmuró Viktor.
― ¿Disculpe? ― preguntó el medico extrañado deteniendo su monologo.
― ¡Voy a llevarme a mi prometido a un hospital donde si logren curarlo! ― gritó con furia pero sin dejar de sonreír―. Es increíble que solo intenten convencerme de que está bien, voy a buscar una segunda opinión, no puedo quedarme con este diagnóstico tan cutre. Mi novio no se siente bien y yo necesito cuidarle, llamaré a una ambulancia particular, vamos a cambiar de hospital inmediatamente…
―Pero, es muy riesgoso, su novio puede cambiar de estado en cualquier momento― intentó el medico mientras Viktor caminaba hasta donde se encontraba la enfermera de la recepción de piso ―. No es muy prudente de su parte sacarlo de aquí y llevárselo.
―No es muy prudente dejarlo aquí donde quieren convencerme de que está bien, necesito que lo curen y sepan exactamente lo que le pasó, no que me digan que quien sabe qué demonios sucedió pero que ya está bien… ¡No necesito eso!
El médico volvió a insistir con preocupación entre ceja y ceja, no exactamente por perder a un paciente, más bien asustado de que el hospital terminara en malos términos y sobre todo el perder a un cliente tan importante. Viktor no escuchó ni una sola palabra más, solo bufó cansado mientras marcaba un número de su teléfono.
―… ¿Diga? ― contestó una cansada voz.
― ¡Yakov!
―Maldita sea Viktor ¿Qué demonios quieres ahora? Apenas estaba conciliando el sueño, me dijiste que durmiera ¿No? ¿Qué demonios pasa ahora?
―Lamento despertarte pero esto es de vida o muerte ― gruñó Viktor furioso ―. Consigue el teléfono de la mejor ambulancia particular de San Petersburgo, necesito hacer un traslado urgente de Yuri al hospital de… ¿Cuál es el mejor hospital de la ciudad?
―No se… ¿El Maksimilianovskaya Hospital?― murmuró Yakov levantándose entre bostezos.
― ¡A ese mismo iremos!―aseguró afirmando―. No te tardes, debe ser urgente…
― ¿Pero qué no ya estaban tratándolo en el otro hospital?―suspiró Yakov―. ¿Qué pasó ahora?
―Pues nada Yakov ―sonrió Viktor mientras miraba al médico de reojo ―. Que no voy a dejar lo más importante de mi vida en manos de personas incompetentes que solo buscan retener a sus clientes con mentiras. No necesito remedios momentáneos, necesito respuestas y saber qué es lo que tiene mi Yuri. No voy a arriesgar su vida nuevamente, tengo que cuidar de él y eso es exactamente lo que haré. Así que pide el traslado. Tenemos que saber que le pasa a mi prometido.
Colgó. Miró al médico con determinación y llamó a Makkachin para esperar el traslado lo más rápido posible.
N/A: Si les soy totalmente sincera, comparado con el otro capítulo, este es mucho más corto y de hecho solo faltan como dos o tres capítulos de la enfermedad de Yuri, contando esto ¿Qué creen que esté pasando? ¿Alguien tiene alguna teoría? Lamento si este capítulo fue aburrido o no hubo muchas cosas interesantes, con el paso de los capis ya se vendrá lo bueno.
¡Dios! Sé que ahora todo el mundo debe odiarme por la demora, pero de verdad, les pido su comprensión, no saben lo difícil que ha sido para mí poder escribir durante el último mes, que sería mentira prometerles que actualizaré mucho más rápido, solo puedo decir que ya no me voy a tardar tanto y haré todos mis esfuerzos para seguir adelante. Por eso no se olviden de mí.
No se olviden de apoyarme.
Les mando un abrazo enorme a todos, gracias por leerme, por comentar, ya se viene lo más doloroso y lo mejor, se los juro.
Guest:
Kiku: Gracias cariño, ahora ya me siento mucho mejor y perdóname por haberte hecho esperar. Ye mando un abrazo.
Sharlette: ¡Gracias y perdonen por el aviso! Pero ahora ya estoy mucho mejor, aunque lamento por la demora espero que te siga gustando la historia.
Rus Ackerman: no hay nada de qué preocuparse ya me siento mucho mejor y voy a regresar a ser constante lo mejor que pueda. Te mando un abrazo y gracias por el apoyo.
Tseje: Guau, gracias por todas tus lindas palabras, de verdad lamento haberme tardado tanto en responder a los rvs y en actualizar, pero fue mi condición la que me lo impedía, pero muchas gracias por seguir el fic y por darme la oportunidad de leerte en un rv.
Haru: Es terrible, gracias por comprenderme, pero si, ya estoy mucho mejor comparado con antes, todo gracias al descanso que me di. Yo intenté apegarme a la idea del universo perfecto pero dadas las cosas que vendrán un poco después es un poco difícil, así que de una vez me decidí a meter que las personas, no todas, tienen la idea de que es del todo normal, aunque la gran mayoría sí. ¡Ah sobre la madre! Bueno la verdad es que ahí si no estoy segura, porque ese nombre que dio Viktor realmente no sé si es real o si solo se lo inventó, si de verdad habrá suegra ya se sabrá más tarde… cuando llegue el bebé y pues no falta mucho para eso, jajaja, ya verás que procede. Este capítulo igual es un poco flojo, pero espero que te guste, es el inicio a lo que prosigue. ¡Nos leemos pronto!
