Hola, hace tiempo que subí el prólogo, y he tardado en subir el primer episodio porque esta historia estaba participando en un Reto del foro "The Vampire Diaries: Dangerous Liaisions", ¡al final esta historia obtuvo el tercer puesto! El primer puesto pertenece a "The Crow" historia también mía, y el segundo a "Posesión" historia de Brassica que os recomiendo.


Episodio 01: Las Malas Noticias Con Bourbon Son Incluso...Peores

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Agosto.

El calor en la zona de Atlanta a las dos de la tarde era exasperante, algo más que eso, desesperante, y más cuando te acaban de dar la peor noticia de tu vida: estás despedida, no por deficiencia ni por un error no, sino por falta de presupuesto, claro, ¿qué más daba si había o no una bibliotecaria de más? Bufando continuó caminando por las calles desoladas de la zona de la universidad, eso era otra, no hacía ni una semana que se le había roto el auto, también en mitad de una carretera a unas horas indeseables. Se pasó una mano por el cabello totalmente húmedo y sacó el teléfono. Ni diez minutos llevaba caminando. Y ya estaba a punto de matar a alguien.

Un auto pasó por delante de ella. Un taxi. Ver ese coche con los colores amarillos y negros fue como ver el paraíso, alzó la mano frenéticamente, incluso se olvidó del calor y empezó a dar saltos de alegría, el auto frenó a unos pocos metros, y una sonrisa se dibujó en su rostro. Por lo menos no todo era de color negro. Corrió a zancadas y cuando ya estaba a punto de saborear la libertad un hombre trajeado se puso en medio. Le hizo un gesto despectivo y se llevó su taxi.

Se llevó las llaves de su libertad.

Y ahí se quedó parada, boquiabierta en mitad de las calles centrales del campus con el sol como sombrero.

¡Puto verano de mierda!

¡Puta vida de mierda!

Le pegó una patada a una lata con tanta fuerza que le dio a un auto mal estacionado provocando que el sonido irritante de la alarma le retumbara en los tímpanos, se llevó ambas manos a las zonas afectadas y salió corriendo; la parte más divertida de su estúpido cerebro se rió de ella.

Caminó sin rumbo fijo, podía haber esperado a otro taxi, podría haberlo hecho y seguramente aparecería uno, pero fue incapaz de permanecer ni un solo segundo más en el lugar donde había estado trabajando tanto tiempo, ¿cómo habían podido despedirla así?

"Limpieza de plantilla", le habían dicho, "Nos duele más a nosotros que a usted", ¡malditos hijos de puta! Y ella que pensaba invitarles a su funeral, pues ahora ¡ni pan y ni agua! ¡a los perros iban! Mejor dicho, ella se iba a la mierda, ella era la que tenía que llegar a fin de mes. Sonrió, bueno eso no sería un problema con la herencia de sus padres, era la primera vez que agradecía tenerla.

Corrió un poco más al localizar otro taxi y esta vez sí tuvo un poco más de suerte, se introduce en él, la mujer le sonrió de vuelta preguntándole el destino.

Elena por fin se relajó unos segundos.

El trayecto fue breve, las calles estaban casi vacías por lo tanto el tráfico estaba casi despejado, miró la tarifa, iba a costarle un ojo de la cara llegar a su apartamento en la zona más urbanizada pero valdría la pena por lo menos ese tiempo en coche le serviría para pensar. Su vida no había sido perfecta, era la hija de un multimillonario empresario tecnológico más importante de todo Estados Unidos, sus empresas seguían funcionando por el mundo aumentando así sus cuentas, la muerte de su padre no había significado un fin económico todo lo contrario los presupuestos, las garantías e incluso los beneficios se habían multiplicado. Su madre en cambio era una modista de alta costura, con talleres por todo el mundo, con su muerte, ella y su hermano tuvieron que donar la empresa a otra, consiguiendo así el 35% de los beneficios mensuales. A ninguno de los dos le faltaba el dinero. En vida sus padres habían hecho de sus hijos, unos chicos modelos, su hermano mayor, de 32 años trabajaba en un bufete muy reputado de California, y ella, con tan solo 25 años trabajaba en una red de bibliotecas universitarias, ¡trabajaba! Porque ya no, y si bastante vergonzoso sería para sus padres ser una simple bibliotecaria con aires de escritora ahora sería su hazme reír, se dio una bofetada mental por estar pensando en eso, justo en ese momento clavó sus ojos castaños en la tarifa.

Treinta dólares, miró por la ventanilla, todavía quedaba un buen trecho.

Mierda.

¿A cuánto estaba la mierda tarifa? Sacó su billetera con cuidado, sólo tenía unos veinte dólares y algunas monedas sueltas, no llegaba ni de coña. Pensó en pagarle cuando llegara a casa pero tampoco estaba dispuesta a que la tarifa aumentase por segundo, mirando por todos lados sus ojos se clavaron en un banco.

-Pare-le pidió, la mujer le miró extrañado pero le dijo el importe sin vacilación-Si me disculpa que saque el dinero, me falta un poco-sonrió con suavidad, sintiendo como los nervios fluían por su cuerpo en forma de sudor frío.

Hoy no era su día.

Ni su año.

La mujer mucho mayor que ella le miró desconfiada pero asintió dejando la puerta abierta, seguramente para salir en su búsqueda si era una trampa, rodó los ojos, le iba a dar el importe pero iba a sacar mucho más solo para ver la fascinación de esa mujer.

Se puso delante del cajero, tras teclear sus datos le dio para sacar doscientos dólares, con calma golpeó con sus dedos en el aparatito sin prestarle atención a la pantalla, pero lo hizo cuando notó que tardaba mucho en cargar, se quedó mirando el conjunto de letras que destacaba en color.

Imposible.

Límite sobrepasado. No podía ser. Tenía que haber más de un millón de dólares, no estaba sacando en su cuenta, estaba sacando de la cuenta de su familia, aquella donde se ingresaban los beneficios y donde crecía el dinero, y su hermano no podía haberlo sacado todo.

Pero.

Con torpeza alcanzó su teléfono llevaba mucho tiempo sin hablar con él pero esta vez le iba a importar una mierda si estaba ocupado o si se lo montó con su ex novio ahora lo único que le importaba era el dinero.

Patético, ¿no?

Miró incrédula la pantalla durante unos minutos más hasta que oyó el sonido irritante del claxon no necesitaba girarse para saber que se trataba de la taxista, con duda tecleó los números más que grabados en su cabeza y esperó a que estuviese disponible.

-Elena -era su voz, somnolienta pero era su voz, la voz de su dulce hermano, cerró los ojos con fuerza y musitó las palabras antes de decirlas en voz alta.

-¿Por qué no tengo acceso al dinero? -realmente no esperaba que su tono de voz saliese tan frío y sin vida.

Silencio desde la línea.

Se oyó cómo algo se removía y esperó pacientemente que se tratase de él saliendo de la cama o del sofá pero solo. Sin compañía.

-Ah, eso…-se rascó la cabeza-Es que...te he bloqueado la cuenta.

-¿¡Qué has hecho qué!?-no le importó si alguien más la escuchaba patalear o que la cámara del cajero la estuviese grabando, solo quería patalear como una niña chica y romperle las pelotas a su hermano- Explica eso antes de que te parta la cabeza, porque lo haré.

Stefan sonrió tras la línea, mirando el clima que hacía por fuera de su apartamento, esperaba poder hablar con ella personalmente, realmente lo esperaba lo que no llegó a pensar es que la chica fuese a sacar dinero a principios de mes en esa cuenta.

-¿¡Vas a hablar o qué!? No me hagas plantarme en California y matarte a palos porque lo haré, créeme lo haré.

-No hará falta si quieres explicaciones ven a casa-y colgó. Elena se quedó ahí parada, mirando la pantalla de su teléfono móvil, ¿cómo que a casa? ¿¡qué había querido decir con eso!? Se quedó parada, sin saber qué hacer ni qué decir, tenía un taxi ahí parado esperándola y ella no tenía ni siquiera la mitad de la cantidad para pagarle, porque se jugaba la cabeza que la tarifa había aumentando en esos minutos.

Apretó los puños, muerta de la vergüenza comenzó a correr, notando los gritos y las protestas de la taxista a sus espaldas, aún no supo como lo hizo pero cruzó las calles hasta despistarla o eso pensó.

Con el corazón en un puño no paró de correr hasta alcanzar su apartamento, media hora después, bufó y se metió en el interior del ascensor pensando que mierda se había comido su hermano para hacer tal locura, se acurrucó en una esquina cuando notó el zumbido en su bolsillo.

Su teléfono.

Caroline.

No tenía ganas de hablar con su amiga, hacía unos días que se había ido con su novio a pasar unos días en Nueva Orleans, ella había intentado contactar con ella y esta no le había dado ni la hora, ella no iba a contestarle.

Salió del ascensor y abrió la puerta de su casa tropezando con un puñado de maletas.

¿Qué mierda…?

Las miró por encima, reconociendo el estilo chic y encantador de su hermano. No podía estar aquí, ¿de eso hablaba cuando dijo que la esperaba en casa?

Entró despacio, analizando cada centímetro de su casa, no había mucho que ver, su salón, su cocina, su dormitorio, todo estaba a la vista de todos, entró en el gran espacio que tenía por casa, cuando divisó una figura trajeada sentada en el suelo, cerca de lo que era el baño. Elena se quedó paralizada, pálida e inmóvil en el sitio. Su suerte estaba echada, después de casi un año y pico se volví a reencontrar con su hermano y su primer pensamiento era el de matarle, ¿lógico? Bastante porque su otra idea era de llamar a la policía por allanamiento de morada; pero para su cobardía no hizo ninguna de las dos cosas, solo mirar.

-¿Qué haces aquí? No, no contestes, ¿¡por qué no tengo acceso al dinero de nuestros padres!? -Stefan le miró dubitativo, sin pronunciar ni una palabra se incorporó, dejando a Elena un acceso directo a su demacrado aspecto, llevaba un traje carísimo si, pero tenía muy mal aspecto, frunció el ceño extrañada y por un momento todas las amenazas se disiparon quedando solo la preocupación de una hermana pequeña- ¿Qué te ha pasado?

Porque era obvio, a Stefan le había pasado algo, algo muy malo, tenía unas ojeras muy marcadas, sus ojos brillaban a causa de las lágrimas o de algo que hubiera tomado recientemente, el pelo estaba desordenado, su camisa remangada, el saco tirado en el suelo e iba descalzo.

-La he cagado Elena -oír su voz era destructor, instintivamente se llevó una mano al estómago, solo de pensar que esa boca había besado cada parte del cuerpo de lo que una vez fue su prometido le ponía enferma, solo de imaginarse su voz repitiendo palabras de ternura o palabras sexuales provocaban en su cuerpo una reacción nauseabunda. Quería vomitar. Ahora.

Se removió inquieta, sintiendo la mirada inquisitiva de su hermano, si en algún momento parecía débil, o que esto le afectaba iba a estar a muerte, le miró fijamente, clavando sus ojos en su hermano.

-¿Cuándo no la cagas, Stef? -se cruzó de brazos esperando impaciente su explicación, alzó una ceja- No tengo todo el día.

Stefan se removió, cogió su saco sacando de su interior una cajetilla de cigarros, iba a encender uno pero simplemente lo dejó caer en su sitio de nuevo. Ni siquiera sabía que su hermano fumaba, notando el hilo de sus pensamientos rió amargamente.

-No, no fumo, por lo menos hasta ayer.

-¿Por qué?

-Me he endeudo hasta las cejas -Elena abrió la boca para responder pero su cuerpo procesó las palabras dichas de su hermano "me he endeudado". Estaba blanca. Stefan se pasó una mano por el cabello- No tengo nada, lo he perdido todo.

Ahora todo tenía sentido.

-Por eso no tengo acceso al dinero…-dijo bajito- Has pagado tu deuda con eso…

-Si y no, todavía me falta mucho más.

-¿Qué? -era imposible, en esa cuenta había un dineral que crecía constantemente no podía no ser suficiente, se pasó una mano por el cabello, procesando el significado de esas palabras, simplemente no tenía sentido.

Comenzó a dar vueltas en círculo por la habitación, se llevó ambas manos a la cabeza y se mordió la lengua, necesitando sentir algo de dolor porque no podía ser posible que esto fuera real, se quedó quieta y miró sus manos.

Cinco dedos. No estaba soñando.

-Joder -escupió, y se centró en su hermano- ¿Qué hiciste?

-En Nueva Orleans -seguía con Klaus, eso provocó una oleada de nauseas aún peor, no porque estuviera saliendo con un chico sino que aún siguiese con su ex prometido- Hope se nos casa.

-No digas se "nos casa" Hope ya no es para mi nada, nunca lo fue -y era cierto, Hope, la hermana melliza de Klaus era insoportable, una niña malcriada y creída, que se creía la reina del mundo que todos tenían que estar bebiendo los vientos por ella, y Elena simplemente no lo hizo, no necesitaba conquistar a Hope, estaba enamorada de Klaus no de ella por lo tanto no aguantó esa indiferencia y siempre quiso separarlos, indirectamente lo había conseguido.

-Lo sé, pero…-se pasó una mano por el brazo- su prometido es un multimillonario, le llueven los millones todas las mañanas, un gran empresario, y broker en la Bolsa.

-¿Y? - "un buen braguetazo" eso no se lo negaba a Hope.

-Pero también un gran "jugador"

No le gustaba cómo sonaba eso. Simplemente no sonaba bien.

-Le encanta los juegos de todo tipo, apuestas sexuales y de dinero, lucha libre, cuerpo contra cuerpo y cualquier juego que implica su satisfacción personal -rió asqueado- El tío es el puto amo, con todo el dinero que tiene a hecho del Barrio Francés y la Calle Bourbon su reino, el puto amo.

-Y tú la has cagado con él -adivina, y por lo que ve acierta de lleno, Stefan se había relacionado demasiado con ese hombre y al final había salido perdiendo.

-Todo iba bien te lo prometo, quiero decir...que jugaba a veces ganaba y otras perdía pero cuando pasaba esto último, él me sonreía con Hope y decía que no importaba que me recuperara, y así siempre sucedía.

-Hasta que llegastes…

-A mi límite, jugué a un juego de sexo, "enrollarse con cualquier cosa" un millón de dólares si conseguías en una hora hacerlo con 50, y un millón de dólares en deuda si no lo conseguías, y eso me pasó.

-¿Debes un millón? Eso hay en la cuenta -se alegró, porque sabía que había algo más que un millón y si no en pocos meses lo iba a ver, pero el rostro, mejor dicho, la mueca que dibujó le dejó claro que había algo más que eso- ¿En qué juego te metiste después?

-Hope mejor dicho, porque a él no le importó, quiero decir era lo único que debía -suspiró- pero Hope lo estropeó, le dijo que yo había dejado a Klaus y...que debía una pasta por todos los detalles de su hermano, paranoias...y luego le dejó claro a su novio que le había ayudado demasiado, a mi digo, y que tocaba que pagara…

-¿Cómo?

A Elena ya le había caído mal ese prometido, pero ahora le caía aún peor por dejarse manipular por Hope.

-Apostando todo mi dinero, incluso mis deudas y lo que no tenía por unas acciones...sin beneficio, es decir, que la posibilidad de aumentar tu dinero era mínima.

-¿Y qué pasó?

-Que multipliqué mi dinero -Elena abrió los ojos como platos, aún no veía el problema- Hope alucinaba, mi deuda estaba saldada, y lo intenté cuatro veces más, me forré, y cuando iba a intentarlo por quinta vez, medio borracho le pedí a Hope el dinero de las inversiones de su prometido.

Ya estaba el problema.

Esta vez lo perdió.

-Lo perdí todo incluso lo que ni el prometido tenía, casi le endeudo, y ahora...le debo...más de un billón de dólares.

Eso era demasiado dinero. Le temblaba todo el cuerpo, y ahora si se iba a permitir el lujo de vomitar incluso las papillas de cuando era un bebé, corrió hasta el baño, apartando a Stefan del medio.

-¿Estás bien? -le preguntó desde la puerta, su hermana ahora tenía peor aspecto incluso que él, y eso le hizo daño- Pero eso no es todo...me iba a matar, te lo juro, pero decidí que iba a recuperarlo, que le daría como incentivo mi cuenta y la herencia de mis padres, la cual administra, estoy en bancarrota y aún le debo casi todo.

-¿Y yo que pinto en todo esto? -dijo con voz ronca e incluso se permitió gimotear, casi abrazando el retrete le miró- Acabo de perder mi trabajo y por lo que veo...este lof ya mismo.

-No solo eso, nuestras vidas también las hemos perdido.

Elena le miró con sorna, ¿hablaba en serio?

-¿¡Qué coño me estás contando!?

-A Hope se le ocurrió algo muy divertido -rió en broma pero para Elena eso fue un golpe bajo, a Hope nunca se le ocurría nada divertido, bueno, para ella era divertido para los demás era un gran dolor de huevos- Todos nosotros debíamos ser sus esclavos.

Decir que Elena se quedó sorda en ese instante era decir poco, porque su cabeza solo procesaba esa palabra "esclavos" Abrió la boca para hablar pero sabía que lo único coherente que iba a salir de ella era una sarta de insultos, se incorporó el tiempo suficiente para poder repasar en su cabeza sus siguientes palabras.

-Explica. Ahora.

-Ya te he dicho que le gustan mucho los juegos, tienen en la Calle Bourbon una serie de apartamentos de lujo, nos entregan dos, uno para cada uno con todos los lujos que nuestras bocas pidan pero.

-No quiero nada de eso.

-Si queremos vivir debemos hacerlo.

-Hay una cosa que no entiendo, ¿qué pinto yo?

-Hope lo ha pedido expresamente, por venganza supongo, cree que ambos le hemos roto a su Klaus.

-No voy a decir lo que estoy pensando Stefan, pero yo no he roto a nadie aún busco mis trozos para arreglarme a mi misma.

A Stefan se le rompió el corazón.

-Hope quiere asistentes personales, para todo, y nosotros dos lo seremos -Elena quiso reírse a carcajadas pero se contuvo y Stefan lo vio- Viviremos como reyes pero devolveremos cada dólar a base de trabajos en organización de fiestas, conferencias, preparativos y cualquier acto sexual que nos pida. Nos quiere a ambos para eso.

-¡Ni muerta! -se levantó- ¿Y el prometido? ¿qué piensa de esto? No creo que le guste para nada que su prometida se ponga a acostarse con dos hermanitos, ¿o si?

-Están juntos por conveniencia, por lo menos por parte de él, ella le ama por eso juega con todo lo que se mueva, ya sean mujeres u hombres.

-No voy a ser el juguete sexual de mi ex cuñada, no sé si eso te entra en la cabeza -se señaló la sien- No me da la gana.

Stefan negó con la cabeza, salió del pequeño baño para alcanzar una de sus maletas, entre toda la ropa que Hope expresamente había preparado para ellos sacó una tablet, la encendió y buscó el archivo que la rubia había preparado. Elena lo miró extrañada, no sabía a que venía jugar con eso ahora.

-No nos queda otra Elena -le enseñó lo que había buscado, Elena le arrebató el aparato para poder leerlo de más de cerca, abrió la boca alucinada, era cierto, si ellos no cumplían su parte del trato sus padres, todo lo que ellos una vez consiguieron desaparecería, incluso su lugar en el cementerio, las obras benéficas, todo, miles de niños se quedarían en la calle, incluidos ellos mismos, ¿qué monstruo podría utilizar el dinero de esa forma?

Ah, sí, Hope.

-Todo esto...lo ha conseguido gracias a su prometido…¿no? -él asintió- ¿Por qué nos hace esto alguien que se supone que es tu amigo?

-Es mi amigo y es buena gente.

-¿¡Buena gente!? La buena gente no hace esto Stef, no se deja manipular ni hace todas estas tonterías, él no es buena gente.

-Lo es Elena, ambos nos apoyamos es mi mejor amigo -sonrió- El problema es que le debe mucho a Hope

-Deja de utilizar la palabra "deber" -le advirtió más que harta- Él no le debe nada, ¡es multimillonario!

-No físicamente, pero sí...emocionalmente...es una larga historia que no depende de mi contarte…

-¡Es que ni siquiera debería saber nada de esto! -le lanzó la tableta sintiendo como todo se derrumbaba a su paso, como la angustia la absorbe por completo, empezó a llorar con fuerza,a sollozar como una cría- No te acerques…

Y no lo hizo, Stefan se quedó ahí mirando como su perfecta hermana se derrumbaba ante sus ojos y siendo él, otra vez, el culpable, ni siquiera tuvo el valor de hablar con ella cuando lo de Klaus por lo que no vio su reacción, era egoísta decirlo pero fuese preferido informarle de todo esto vía email o teléfono, pero claro, ahora ni tenía eso.

-¿Hay algo más…?

-No tienes línea, ni agua, ni luz…-Elena se incorporó e intentó tirar de la cisterna pero era cierto no había agua, asqueada, no por vomitar sino por todo empezó a patalear como un bebé, sintiendo como todo su mundo se derrumbaba a miles de pedazos- Lo siento, pero debemos irnos, tenemos un viaje en un par de horas, tengo ropa…

-¿Y mi ropa?

-No puedes llevarte nada, Hope quiere...vestirnos.

-Quiere que seamos sus putas…

Stefan agachó la cabeza, esa palabra dolía más cuando salía de la boca de su hermana, era cierto, iban a ser los juguetes de una niña malcriada y de su prometido, que aunque, Stefan tenía muy claro que era buena gente, Elena no, y sabía que ambas cosas eran malas, los dos juntos aún peor, porque solo un viejo verde seguiría todo lo que dijera esa niñata; Elena estaba dispuesta a darle una buena patada en los huevos por haberle consentido todo esto.

Bueno, si es que podía.

¿Cuánto tiempo iban a estar así? ¿Cuándo iba a sentirse Hope a gusto? ¿cuándo se cansara de reírse de ellos? Dios podrían pasar años.

La imagen de Elena de todo esto en perspectiva seguía siendo igual de terrible, a diferencia de su hermano ella no se cambió de ropa, no se puso ninguno de esos trajes, fue con lo puesto, pensaba dejar claro las cosas ante Hope y si con ella no encontraba la forma de librarse iría a hablar con el mismísimo multimillonario.

Y por último con Klaus si era necesario. Siempre quiso viajar a Nueva Orleas, era uno de esos lugares que se ama hasta con la última parte de tu cuerpo, pero en cuanto pisó tierras de NOLA sintió como la sangre le hervía hasta reventar, estaba en un lugar hermoso pero en una situación horrible, ni siquiera miró las indicaciones de Stefan simplemente se dejó llevar con un objetivo en mente. Acabar con todo.

-Stefan -dijo en mitad del taxi, provocando que el chico dejara de comentar las zonas- ¿Cómo se llama su prometido?

Stefan la miró fijamente entre incrédulo y comprensible, no se lo había dicho, en tantas horas que llevaban juntos no había dicho como se llamaba su amigo, el taxista frenó en la Calle Bourbon, Elena lanzó una rápida mirada a ese cartel destartalado, y recordó esa bebida ambarina recorriendo cada centímetro de su piel, como esos labios carnosos se deleitaban con el licor y su sabor. Se ruborizó, lo añoraba, añoraba a ese hombre de ojos eléctricos, con mirada penetrante y con una sonrisa deslumbrante, sonrió débilmente nunca le volvió a ver, después de esa noche amaneció sola con una rosa negra y una nota de "Buenos días bebé" nada más, todo pagado e incluso el desayuno pero nada más. Apretó los puños recordando el vacío que sintió los primeros días.

-Salvatore.

Se giró extrañada.

-Se llama Salvatore; Damon Salvatore.

Justo en ese momento alguien abrió la puerta del taxi, ambos salieron con pensamientos totalmente opuestos, Stefan pensaba en lo que iba a pasar a partir de ahora en la gilipollez en que había metido a su hermana, y en la mirada lasciva que les lanzaba Hope desde algún punto de ese edificio de lujo. Elena se mantuvo retraída, sintiendo como esas dos palabras se calaban en lo hondo de su corazón como una puñalada, se chocó con la espalda de su hermano.

-¿Por qué te paras…?

Se asomó por encima de su hombro, sus ojos se cruzaron con unos ojos celestes y una sonrisa espectacular, ahí estaba ella, esa figura menuda entubada en un vestido de prada con esa sonrisa que quitaba el hipo, o en el caso de los Gilbert, te entraban unas ganas increíbles de vomitar pero eso no fue lo que dejó a Elena paralizada en el sitio, fueron los ojos azul eléctrico que la acompañaban, el hombre trajeado con mirada distante que iba a su lado.

Él. El hombre del Bourbon.


¡Gracias por leerme! Espero vuestras opiniones en los comentarios y demás. Se os quiere mucho.