¡Siento la tardanza!
Episodio 04: Solo ella es capaz de bañar los problemas con más… Bourbon.
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Elena corrió por todo el pasillo central del edificio, sintiéndose con cada paso un poco más estúpida, ¿cómo había caído tan bajo? se recriminó, ¿cómo me había dejado llevar de una forma tan insana? Dios esto no era bueno para nadie, ¿cierto? digo ¿besar al prometido de Hope no estaba estipulado en ningún lado, no? ¿Me mataría? Bueno, eso no sería tan malo, sonrió en broma parándose en seco en una planta, recordando que no tenía ni idea de como estaba distribuido ese edificio, suspiró resignada, y se dejó caer en el suelo, todo lo que fuese fastidiar a Hope era bienvenido, la chica no se negaba ese propósito pero es que su problema no venía ahí, venía con que no había besado a una persona cualquiera sino a Damon Salvatore, al señor del Bourbon. Bufó resignada, esto no tendría importancia sino fuese porque en su cabeza una vocecita le gritaba que todo esto era obra de la sociópata de su ex cuñada, vale no estaba segura de ello, pero viendo lo loca que estaba todo era posible, ¿y si todo esto estaba planeado desde el principio? ¿y si Damon y Hope buscaban destrozarla emocionalmente? ¿¡y si incluso su hermano estaba metido en esta locura!?
No quería ser una desconfiada, no era parte de ella ser así pero desde que entró en su apartamento y vio a su hermano con su novio la vida actúo de una forma macabra con ella, dejó de confiar en sus seres queridos, porque su hermano, desde la muerte de sus padres siempre había sido su confidente, su aliado, su compañero y desde ese día sintió que la vida se había reído en su cara.
No confiaba en nadie y por una extraña, y patética razón le había dado por confiar en un completo desconocido. Damon Salvatore, que era ni más ni menos que el prometido de una zorra que siempre buscó la forma de deshacerse de ella.
Llegó a su cuarto, no supo como lo hizo, pero sumergida en sus recuerdos se recostó en su cama, se negaba a llorar, a soltar una sola lágrima, nunca había llorado por cosas como esta, la vida te daba patadas solo había que aprender a recibirlas pero desde esa mañana sentía que era incapaz de aguantar mucho tiempo, por lo que, acurrucada en la cama cerró los ojos y dejó que las lágrimas cayesen por sus mejillas.
Stefan salió de la habitación de Hope como si fuese un zombie, tragó el líquido amargo con fuerza, necesitaba sentirse limpio y el alcohol era un modo mucho más factible que una ducha, sonrió con amargura y con paso torpe caminó por el pasillo sin ningún rumbo, era sorprendente lo que esa mujer podía conseguir moviendo unos hilos, no le importaba ser el muñeco sexual de una loca pero le jodía en sobremanera que su hermana y su amigo tuviesen que pasar por lo mismo, cuando Hope le comentó sus nuevas locuras, Stefan supo que esta vez si le iba a afectar, y joder si le ha afectado, se secó las lágrimas con el puño y vacío la botella en su garganta.
Su teléfono sonó en la parte trasera de su pantalón, lo sacó como pudo y una mueca de disgusto se dibujó en su rostro al ver quien estaba llamando a estas horas.
No quiso cogerlo pero, ¿qué iba a hacer sino? ¿dejar que sonara toda la noche, o todo el día? Tenía la mirada borrosa, a causa del alcohol que había ingestado y las lágrimas que corrían sin control por su rostro, sorbió con fuerza y descolgó, sabiendo que en unos segundos se arrepentiría de tal hazaña.
No habló.
No se escuchó nada.
No era la primera vez que pasaba. Llamaba, descolgaba y solo se oía su respiración, no eran esas típicas llamadas de desesperación, ni de broma ni nada por ese estilo, eran las llamadas de alguien que no se atrevía que decir o que esperaba escuchar la voz del receptor, Stefan se sintió la peor mierda del mundo pero cuando abrió los ojos divisó una luz al fondo del pasillo y supo quien le necesitaba más.
Colgó.
La habitación estaba completamente a oscuras a excepción de la lámpara de la entrada, se le había olvidado apagarla, esa sería su excusa si alguien venía a preguntar, se negaba a declarar que le tenía pánico a la oscuridad; se incorporó de golpe al oír un tremendo porrazo en el pasillo, su instinto le pedía a gritos que permaneciera en esa maldita cama antes de tener un accidente de verdad, pero como eso era casi imposible para ella, salir corriendo en dirección a la puerta para ver qué narices había pasado en el exterior no era tan mala idea.
Abrió la puerta despacio, buscó con la mirada al causante de tanto ruido y supo, en ese mismo instante, que tendría que haber escuchado a su instinto y haber ignorado tanto alboroto, se hubiese librado de un mini infarto.
Se pasó la mano por el cabello, preocupada al darse cuenta de quien estaba tirando en el suelo con una cogorza de tres pares de caballos, su hermano vestido o semi vestido con una camiseta raída y unos pantalones repletos de un líquido oloroso estaba sonriéndole de oreja a oreja.
Alcohol. Mucho alcohol.
¿Por qué se habría emborrachado? Se armó de valor y le tomó de los brazos olía a algo más que alcohol, se percató Elena, era algo mucho más fuerte, como perfume, lo arrastró con todas las fuerzas que pudo al interior de su cuarto, ¿por qué le importaba? A ver, él la había traicionado y encima la había vendido a la peor zorra del universo, ¿por qué se preocupaba por su salud?
Por los lazos de sangre, en cuanto entró al cuarto cerró la puerta, no tenía la capacidad corporal para arrastrarlo hasta una cama o un sofá y tampoco es que se mereciera dormir en cómodo, se arrodilló y le abrió la boca, un olor a alcohol le inundó, no, no había sido una buena idea, hizo aspavientos con las manos para desprenderse de ese mal olor, su hermano murmuró algo inaudible.
- ¿Qué dices? -se acercó un poco al ver que su hermano estaba todavía consciente pero no le respondió siguió mirando fijamente un punto en la pared- Oh mierda, Stef… -le acarició con ternura el cabello castaño, olía fatal si, tenía un aspecto terrible, si, le había hecho muchas putadas, también, pero era su hermano y una vez se prometieron que se protegerían mutuamente y ahora más que nunca debían cumplir esa promesa, se dejó caer junto a él y lo abrazó por la espalda- Te quiero.
La hora de levantarse llegó antes de lo previsto, el sonido de unas persianas y de una música estrepitosamente molesta fue el colmo de la cuestión, tanto Elena como Stefan se removieron en el suelo al sentir algo frío recorrer su espalda, Stefan con el mal sabor de boca de la noche anterior y con un dolor de cabeza de tres pares de narices tardó más en darse cuenta de donde estaba y que estaba pasando, Elena no, en cero coma se percató de que era Davina la que los había levantado, que estaban en el apartamento de Hope y que toda esa mierda de anoche era más que real, con una ira indescriptible y sin tener muchas ganas de hacerlo pagar contra Davina se levantó dispuesta a saber que mierda iba a pasar al día de hoy.
- Buen día -la sonrisa de Davina era increíblemente verdadera, no sabía si eso le cabreaba más que ver que eran las seis de la mañana, apretó los puños y la ignoró lo máximo posible para dirigirse a la ducha- ¡No, no, no!
- No ¿qué? -se enfadó aún más- ¿No puedo ducharme, es eso lo que ibas a decirme?
- No es que no puedas, es que antes… -no terminó la frase porque Stefan en un intento de levantarse tropezó con una fila de CDs, que ni siquiera Elena sabía que estaban ahí, tirándolos al suelo- ¡Oh no!
Davina era una chica intranquila, no había que ser muy listos para saber que para ella, este "trabajo" era muy importante, ya se vio el día anterior lo mal que se puso por una mancha en el suelo, negó con la cabeza y fue a ayudarla a recoger todo el estropicio.
- Cálmate por favor… -le suplicó una agotada Elena- Ponerse así por esto es una tontería -siguió quejándose pero paró al ver que la chica estaba llorando, ignorando las ganas tremendas de romper ella algo personalmente, soltó los discos para abrazar a esa pequeña chiquilla, que seguramente, no tendría la culpa de nada de esto.- Shh, tranquila -susurró acariciando su espalda con ternura, la chica gimoteó contra su pecho, sintiendo como todos sus problemas se desvanecían con cada lágrima o queja.
Stefan, que estaba perdido entre el sueño y la realidad, se apoyó contra la pared y las observó en silencio, en si no las estaba mirando a ellas, miraba mucho más allá, buscó su teléfono a tientas, y comprobó que tenía varias llamadas perdidas, y entre ellas estaba la suya. Una nota de audio captó su atención, frunció el ceño, recordando que él personalmente le había bloqueado días atrás, ¿tenía otro número?
Se arrastró fuera de la habitación y en mitad del pasillo se puso el teléfono en la oreja rezando porque esto no le afectase ni lo más mínimo.
"Stefan, creo… creo que deberíamos, no sé… ¿hablar? aunque sea por whatsapp, creo que ambos… necesitamos…"
Era demasiado, su cabeza no dejaba de darles vueltas a la misma historia, oír su voz, sus súplicas era superior a cualquier cosa que hubiese sentido en la vida, tragó saliva con fuerza y reprimiendo las ganas de llorar o de lanzar algo por los aires se mordió el labio.
- ¿Te torturas a la seis de la mañana, Stef? -el aludido pegó un bote y apartó el dedo de la nota, era la tercera vez que la escuchaba y se había quedado ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor, asustado miró hacia la puerta del departamento de Elena, no parecía que hubiese movimiento cerca- Siempre me pregunté porqué le dejaste.
- ¿En serio? ¿Tu me lo vas a decir? No eres el más indicado -se guardó el teléfono en el bolsillo.- ¿Me ayudas?
- ¿Tu… duermes así normalmente? -la voz se le quebró al final de la pregunta, Stefan alzó una ceja curioso para después soltar una carcajada vacía, sin sentimiento.
- Damon no es esa la pregunta que formulan tus ojos -sonrió levantándose con torpeza.- Tu prometida no me destrozó tanto… se conformó con meterme cosas por detrás y torturarme psicológicamente.
El rostro de Damon, ese rostro tan inmaculado y sin emoción alguna, se descompuso, Stefan observó cada detalle, como si hubiese buscado aposta esa reacción, tras soltar una carcajada le pasó un brazo por los hombros.
- Amigo, era coña. -rió bajito- Te crees cualquier cosa.
- No tiene gracia, Stef -le cortó frío, zafándose de su agarre- No tiene ni una puta gracia, escúchame bien, si alguna vez se propasa contigo o con…
Se calló. Es como si hubiese sentido algo helado recorrer su espalda, se le secó la garganta y las palabras quedaron ahí, prendidas en el aire.
En ese momento la figura delgada de su prometida se posó en su campo visual, la sonrisa que lucía era perfecta, pero para Damon, hacía mucho tiempo que esa sonrisa había dejado de afectarle lo más mínimo.
- Buen día, querido. Continúa, por mi te cortes -le quitó importancia con un movimiento de muñeca- A fin de cuentas si tuvieras que elegir, me elegirías a mi, como siempre.
- Pues para mi no son buenos, Hope -sonrió cortante Stefan- Dime, que locura se te ha ocurrido esta vez.
- Tu amigo es un idiota, cariño -rodó los ojos, fue en ese momento cuando Davina y Elena entraron en escena, Davina seguía con el rostro desencajado pero tenía mejor color en las mejillas, pensó Stefan.
Damon miró de reojo a Elena, la chica vestía igual que la noche anterior y no supo como eso le afectaba hasta que los ojos café se posaron en los suyos, fue solo un momento pero suficiente para que ambos se sintieran incómodos. Damon temía mirar a su prometida, como si la chica pudiese darse cuenta de sus pensamientos solo con mirarle, carraspeó y se arregló la corbata como si fuese la cosa más relevante del mundo.
- Temo que se me ha hecho bastante tarde, querida -le sonrió- Debo ocuparme de unos asuntos, si me disculpan…
Damon pasó de largo, sin rozar a su prometida, evitando el más mínimo contacto, estaba a punto de conseguirlo, de salir indemne de esa historia cuando escuchó su voz a su espalda. Se quedó estático esperando un movimiento.
- Dime -se giró con calma, aunque en esos instantes estuviese asustado fue imposible evitar mirar a la castaña que estaba al lado de su asistenta, Elena estaba haciendo exactamente lo mismo, no apartó la mirada, ninguno de los dos lo hizo, ajena a todo esto, Hope se acercó insinuante.
- No te retrases, odio cuando sucede tal cosa… -posó sus manos en su pecho, pegando su cuerpo al suyo lo máximo posible- Te amo con locura.
- Estás malditamente loca.
- Lo sé. -le rozó los labios con los suyos en un movimiento dulce- Esta noche tenemos una fiesta muy importante, no te retrases.
- Por supuesto, ¿cena con amigos de la familia? -preguntó curioso, y en un acto reflejo fue a sacar su móvil para poder mantener una distancia prudente, no es que se sintiese incómodo con la presencia de Hope es que no se veía con las fuerzas suficientes para mantener la farsa ni un segundo más, necesitaba salir huyendo de allí cuanto antes.
- No, amigos, mis amigos. Hacía tiempo que no quedaba con ellos, tu no te preocupes con que estés aquí para las ocho estará todo genial. Disfruta.
- Perfecto entonces -sonrió dándole un pequeño beso en los labios- Y no juegues con mi amigo.
- Es mi juguete, Damon.
- Y mi amigo.
- ¿No decías que tenías prisas?
- Hasta la noche, querida. -cortó seco- Y no te enfades, o te saldrán arrugas, y no queremos eso, ¿verdad?
- No vamos a discutir de esto aquí Damon -le empujó levemente.
Damon apretó los puños, estaba a punto de soltarle una fresca cuando recordó donde se encontraba y con quien, a la primera persona que su mente conjuró fue Stefan, le miró con una calma fingida, sabía que su amigo sería el primero en darse cuenta de que algo iba mal, por eso no lo quería en su casa, por eso no lo quería cerca porque eso significaba que su perfecta imagen en cualquier momento se rompería a pedazos.
Sin ánimo de nada más se dio la vuelta y con paso ligero desapareció por las escaleras sintiendo la mirada unos ojos café en su espalda.
Todo esto no pasó desapercibido para Elena, que a diferencia de los demás no le había quitado ojo a Damon, ¿y cómo no hacerlo? le era imposible no estar pendiente de él cada vez que estaban en la misma habitación, se prometió así misma, que aunque no se fiase de ese par de dementes buscaría la forma de poner a Damon Salvatore contra Hope aunque fuese lo último que hiciera.
La no discusión terminó ahí. Damon tuvo que irse a una especie de reunión mientras que Hope, acompañada de Davina les mostró a sus "invitados" todo lo que tendrían que hacer esa mañana. Tenían una visita de unos amigos muy importantes y necesitaban un servicio acorde a sus necesidades e intimidades, Elena no quiso escucharla mucho, solo captó lo suficiente para saber que esa tarde serían el servicio de un par de pijos creídos, es decir, tendría que aguantar ser menospreciada por su antigua cuñada.
Quiso vomitar cuando Davina les sugirió que fuesen a comprobar el vestuario de esa noche, sabía que no podría vestir como ellos quisieran, incluso había asimilado llevar ropa de mucama si era necesario pero ni de lejos iba a ponerse esa ropa.
Era ropa de mucama, si, si eso era ropa para el servicio ella era la reina de Inglaterra de incógnito, agarró la prenda con dos dedos para poder asimilar mejor que eso iba a ser su ropa. Era ropa, como diría su hermano, de alta cuna.
Ropa de lujo, sin lugar a dudas esa ropa costaba mucho más que cualquier traje que ella hubiese tenido jamás, solo por el tacto estaba segura de que costaba sus cientos de dólares.
Tomó la camiseta, era varias tallas más pequeña de la suya, frunció el ceño al comprobar que pasaba lo mismo con las medias y la falda entubada, o se habían equivocado de número o Hope pretendía que tanto su hermano como ella fuesen enseñando carne por todos lados. Lo bueno de todo es que el color era negro, todo oscuro, una sonrisa estúpida se dibujó en sus labios al recordar al señor del Bourbon, por lo menos esto le recordaba al chico del bar, a esa espléndida sonrisa, a un muchacho feliz porque ahora que miraba a Damon Salvatore no veía ni de lejos al chaval que se acostó con ella sin compromiso.
Fue un acto reflejo.
Pero se imaginó su cuerpo desnudo siendo protegido por los brazos musculosos de Damon, o adorado por sus labios.
- Y ahora que os habéis familiarizado con el material, comenzaremos con las reglas básicas -comenzó Hope, la castaña se sobresaltó al escucharla, ni siquiera sabía cuando había entrado a la sala. Elena soltó la ropa de mala gana, aún sentada en el suelo, se centró en las advertencias de su ex cuñada, no le hacía gracia estar escuchando tonterías de protocolo y demás cuando ella misma había sido criada en ese entorno, pero no le quedó mas remedio que prestarle atención, nunca hacia caso a nadie, más de una vez había tenido problemas con sus padres por ello, cada vez que ellos intentaban decirle que hiciese o no hiciese una cosa necesitaban más de un intento, y ahora, simplemente tenía que prestar atención a una loca desquiciada si quería recuperar su vida y que la gente que dependía de su herencia siguiera recibiendo sus cuotas sin ningún problema.
Hope continúo con su discurso, pero Elena, casi sin darse cuenta se había perdido en sus recuerdos porque verla ahí le recordó cuando ella conoció a Hope por primera vez, fue hace dos años, antes de mudarse a California con Klaus, y aunque su cabeza se negaba a recordar fue imposible no ver la similitud.
- Estoy nerviosa Nik -se atrevió por fin a reconocer sus nervios, el rubio le sonrió con ternura y pasó su brazo alrededor de su cuello.
- Amor, no muerden, te lo prometo.
- No es eso -rió bajito- Es que temo… hacer alguna tontería, no sé, llevamos mucho tiempo juntos, como amigos y ahora…
- Y ahora nos hemos dado cuenta que nos amamos con locura, ¿dónde está el problema? -la chica le miró a los ojos, a esas dos piedras de color, pudo ver todo el amor que le procesaba y en ese momento es cuando todo el miedo y la preocupación desaparecían de un plumazo.
- Que es demasiado bonito… y si…
- ¡Shh! -le puso un dedo en los labios- Nada de "peros" o de "y si…" -sonrió.- Tu y yo, es lo único que importa. Te amo.
- Mientras tu, Stefan, sirves la bebida, Elena querida tu te encargaras de las cosas de mis invitados y de poner los postres.
- ¿Postres? -se extrañó, al no haber estado escuchando toda la conversación le sonó bastante extraño. Hope la fulminó con la mirada, casi pudo captar la ira creciendo en su interior, algo helado recorrió la columna vertebral de Elena al pensar que podría haber metido la pata, quiso, solo por un segundo, remediar lo imposible pero enseguida se dio cuenta que se había prometido a sí misma hacerle la vida imposible a Hope, por lo que sonrió con superioridad esperando el primer movimiento de esa loca.
- Claro, como cuando nos conocimos, Elena. El postre es una promesa sexual o…
"De guerra"
Esto fue inevitable, ver en ella las ganas que tenía de enfrentarla era lógico, ambas se habían odiado desde el momento en que se conocieron pero ahora, una parte de Elena se dio cuenta que Hope no buscaba jugar o divertirse, no buscaba venganza, buscaba poder dejar en ridículo a Elena, cualquier excusa era buena.
En ese momento recordó una noche de celebración, cuando Hope le exigió que la acompañara en una fiesta y ella se negó completamente, alegando que no era su obligación acompañarla, que no tenía porque pasar por una noche incómoda sin ganar nadie a cambio, lo recordaba con detalle, miró a Hope a los ojos, y pudo ver en ellos ira y venganza, tragó duro.
Esto era peor de lo que pensaba.
- Por supuesto, me encargaré de los postres -no quiso pelear con ella, estaba buscando exactamente eso, que ella metiera la pata y que pudiese castigarla de alguna forma, tomó la ropa para poder probarla- Sino te importa…
- Ve, con calma.
Salió del cuarto, cuando sabía que nadie más podría verla comenzó a correr hasta alcanzar su cuarto, tiró al suelo la ropa y comenzó a patalear como una niña chica, en verdad tenía unas ganas tremendas de romper algo, y si ese algo tenía el rostro de Hope mucho mejor, pero como sabía que eso era casi imposible se lanzó sobre la cama y empezó a golpear y romper almohadas hasta que se dio cuenta que si que podía romper algo con la cara de Hope, una sonrisa maquiavélica apareció en su rostro.
En cuanto estuvo dentro del ático que se supone que ocupaban Damon y Hope se sintió de otra forma diferente, como si estuviese en sus manos el poder de controlar el mundo, fue una sensación extraña pero llena de gloria que le dio las fuerzas de avanzar al interior de lo que ella consideraría la cueva del lobo.
No era para nada una cueva. Ni de lejos lo parecía. Era un apartamento tan grande como el suyo en California, un loft con todos los lujos y los detalles, lo que más le llamó la atención fue que hubiese dos camas de matrimonio pero en vez de pensar lo que cualquiera en su sano juicio pensaría su mente le jugó una mala pasada. Con una mueca de asco se acercó a uno de los armarios, lo registró sin mucho ánimo hasta que localizó un vestido de alta costura, pasó su mano con delicadeza por la tela y una sonrisa perversa apareció en sus labios.
Si, podría hacer daño físico a Hope con eso.
Sin pensarlo, sin ni siquiera darse cuenta el grado de su error comenzó a sacar todo lo que había en el armario, en unos segundos el suelo estaba repleto de un sinfín de telas desperdigadas, con orgullo miró a su alrededor y sin pensarlo fue a buscar unas tijeras o algo que hiciese daño.
No encontró unas tijeras, pero si un mechero, lo acarició y dudando por un segundo lo que estaba a punto de hacer su mente conjuró la imagen destrozada de su hermano y fue como un detonante, en un segundo una de las telas ardía en sus manos y en otro segundo esa misma tela caía sobre las demás.
En dos segundos se sintió la mujer más poderosa del mundo y en tres se dio cuenta de su error, cuando el fuego traspasó las telas y alcanzó la tela de su pantalón, asustada y nerviosa se tropezó en un intento penoso de levantarse cayendo directamente a la cama, el fuego se propagó por las sábanas y el rostro de Elena se descompuso por completo.
- ¿E-Elena…? -sus ojos viajaron directamente hasta posarse en la figura que estaba parada en la puerta.
Todo empeoraba.
¡Hola! De verdad que siento muchísimo la tardanza pero entre la escuela, el epílogo de Enredados y demás cosas casi no he tenido tiempo ni ganas de ponerme a escribir. Pero ahora he vuelto mis lectores bourbons, y con un episodio lleno de cositas, se podría decir que es un episodio introductorio, ¿a qué? Pues eso os toca a vosotros averiguarlo, ¿qué queréis que pasa en el siguiente? ¿quién creéis que ha descubierto a Elena haciendo el tonto? ¿qué creéis que pasará en "la fiesta" de Hope? ¿por qué tanto odio por parte de ella? ¿qué hay entre Damon y Hope realmente? y lo más importante, ¿y el delena?
Gracias por todo. Amo vuestros reviews. Podría decir, de forma generalizada, que siempre me sacáis una sonrisa con cada palabra vuestra, en serio, son los mejores, ustedes y todos los que me leen, os amo.
¡Besos!
Ah, sentíos libres para comentar, preguntar, criticar y demás. Y para los que busquéis escenas Hot, sed pacientes.
