Antes de nada, en este episodio no vais a encontrar todos los spoilers que ofrecí, más abajo lo aclaro. Sorry.

¡Felices Fiestas!


Episodio 06: Recuerdos Dulces ocultos con el amargo sabor de la realidad.

.

.

.

Florencia estaba atestada de gente a esas horas de la tarde, las fiestas del 10 de Agosto eran muy sentidas por los alrededores de la ciudad, especialmente en la zona de San Lorenzo, era un día recordatorio de la unión de clérigos, laicos y gobernantes en el siglo XVII, como una unificación de los poderes más importantes, en la actualidad, era una fiesta más, una excusa para salir a la calle, para disfrutar de la fiesta y de la buena música.

Para alguien como Damon Salvatore era la excusa perfecta de escabullirse de los quehaceres del hogar y disfrutar, como un adinerado más, de los placeres de Agosto en Florencia.

No era que digamos el perfecto hijo de familia noble, simplemente era un muchacho que vivía la vida lo máximo que podía, estudiando, ayudando en casa y trabajando; aunque su sonrisa pícara, esos ojos azules que reflejaban pecado, y ese cabello azabache dijeran lo contrario, Damon era el prototipo de hijo perfecto, estaba siempre por y para su familia dejando atrás lo que denominaría cualquiera en su lugar, su adolescencia.

Si. Damon no era un adinerado más de la alta alcurnia de Florencia; simplemente era el hijo de un viudo mediocre entrado a los sesenta años, que se había tenido que hacer cargo de su pequeño cuando su mujer, Macarena, murió de una enfermedad que nadie pudo diagnosticarle a tiempo. Pero independientemente de todo esto, no había nada que pudiera robarle la sonrisa a Damon, un joven como él, que aprovechar cualquier oportunidad para fingir que su vida era de otra forma, algo mucho mejor.

Una vida como…

La de ellos.

Corriendo por las calles, pasó por delante de varias cafeterías, aprovechando el despiste de unos turistas tomó una chaqueta de cuero y un sombrero, con una sonrisa aún más grande, se perdió entre los desfiles, se colocó la chaqueta, cuando se dio cuenta que no era la que quería estuvo a punto de darse la vuelta, él no robaba algo que no pudiese servirle para nada, el necesitaba una chaqueta de vestir que le diera el pedigrí para colarse en las fiestas, no esa, pero en cuanto se dio la vuelta para cruzar la calle, se golpeó con la realidad.

O como él mismo lo denominó con el amor de su vida. Ahí, entre el bullicio distingue la sonrisa más hermosa del lugar, una sonrisa repleta de hoyuelos y bucles rubios. Era hermosa, una pequeña muñeca de porcelana.

Embobado e hipnotizado por esa belleza extranjera anduvo en su dirección sin darse cuenta de la locura que estaba cometiendo, olvidando por completo sus planes iniciales, se pasó gran parte de la tarde siguiendo esa belleza singular, intentó pasar desapercibido todo el camino, casi lo consigue, pero entre el gentío, la música y la protección que rodeaba a la muchacha le resultó imposible acercarse más, pero para él era más que suficiente esas horas donde pudo perderse en un mundo mejor, donde solo existían ella y él.

Miró su reloj, era demasiado tarde para seguir perdido en las fiestas, se maldijo así mismo por haber perdido la noción del tiempo, el que siempre tenía todo planeado, soltando improperios por lo bajini salió corriendo en dirección a su casa, era una pena que la fiesta se terminase tan rápido.

Llegó a su casa más rápido de lo que pensaba, fue en ese momento, cuando traspasó el umbral cuando se dio cuenta que no había devuelto la chaqueta de cuero ni el sombrero, se quedó ahí, mirando ambos objetos sin saber qué hacer.

Padre se asomó al escuchar ruido en la entrada y le sorprendió ver a su hijo tan anodado mirando un par de prendas.

- Hijo…

Damon alzó la cabeza y al ver que su padre miraba con duda la chaqueta se sintió avergonzado, nunca había sido un niño vanidoso, nunca se había quejado de nada e incluso se había saltado muchas clases para ayudar a padre, y ahora, como un niño caprichoso y egoísta ocultó lo que había robado captando del todo la atención de su padre que no dudó ni un segundo en cruzar el pasillo para alcanzarle.

- Hijo mío. ¿Qué has hecho? -alzó la mano para tomar la de su hijo en un gesto más que cotidiano en él, pero Damon se sentía mal por lo que se apartó, se echó para atrás tropezando con el borde del escalón y dejando al descubierto la chaqueta y una cartera, que salió del interior, cartera que el chico nunca había visto.

Los ojos de su padre se abrieron como platos ante el descubrimiento en ningún momento pensó que Damon fuese capaz de robar y menos dinero, pero ahora que tenía la prueba ante sus ojos quiso golpearlo, pegarle por ser un niño tan irresponsable pero era incapaz de hacer tal cosa, veía en Damon el reflejo de Macarena, ella nunca hubiese hecho eso, y él tampoco.

- Padre yo… yo… yo… -las lágrimas se agolpaban en sus ojos amenazando salir en cualquier momento, Damon no sabía que más le dolía, haber sido tan estúpido o ver la decepción escrita en los ojos de su padre, sin pensarlo tomó la chaqueta y la cartera y salió corriendo de la casa.- ¡Lo siento… lo siento mucho!

Gritó antes de perderse en la calle.

Se despertó de golpe, aturdido miró por todos lados hasta que fue capaz de visualizar, con claridad, su habitación, o bueno lo que quedaba de ella; se pasó una mano por la cabeza, la zona donde le dolía, se había quedado traspuesto en ese montón de ropa chamuscada y ahora ese olor ha quemado estaba por todas partes, una mueca de disgusto se dibujó en su rostro, no por el olor, sino por estar en la situación donde estaba. ¿En qué lío se podía meter ahora?

Se incorporó malhumorado, no sólo se había quedado traspuesto ahí, en mitad del suelo como un pobre desvalido sino que encima había tenido una pesadilla, sacó su móvil para comprobar la hora, eran las siete y cuarto de la tarde.

- Joder. -bufó y comenzó a teclear con avidez, tendría que disculparse con Enzo y retrasar la cita porque si se iba a lo de su amigo no llegaría a lo de Hope, y la verdad es que a esas alturas valoraba su vida bastante era que tendría que explicarle…

Todo esto.

Guardó el aparatito y miró el desastre que había hecho esa pequeña malcriada, una mueca que daba que desear a una sonrisa, miró por todos lados, ¿qué explicación le iba a dar a Hope? El ninguna, sentenció, estaba cansado de escuchar siempre los mismos ataques de histeria cuando ella, con tan solo chasquear los dedos, conseguiría un cuarto, o una casa nueva para ella.

Firmaría un cheque.

Solucionado.

Esos cristales no sólo reflejaban la figura menuda de un adolescente sino que también reflejaba perfectamente la imagen de alguien que se sentía destrozado, se llevó las manos a la cabeza y apartó la vista incapaz de ver más allá de la realidad. Había entregado la cartera en la cafetería en la que la robó por accidente, alegando incluso una excusa, cuando él ni siquiera era capaz de hacer eso, la mujer, la mesera que estaba justo allí simplemente le había sonreído como si creyese sus palabras.

Damon seguía ahí, no porque no fuese capaz de moverse ni porque la policía le hubiese detenido, era porque la mujer le había pedido muy amablemente que permaneciera allí sentado, y él como un estúpido le estaba haciendo caso, sin rechistar, cuando en cualquier u otro momento hubiese salido corriendo porque eso no sonaba nada bien, pero ahora mismo Salvatore no tenía cuerpo para carreras ni mucho menos para pensar mal de nadie, por eso seguía ahí tirando de su cabello azabache y resistiendo las ganas de llorar.

El chico era incapaz de pensar con claridad su mente no dejaba de enviarle letargos de recuerdos borrosos, la sonrisa de su madre, la calidez de sus abrazos y la pureza de sus promesas, y él, con tan solo un error había destrozado ese recuerdo, esa sensación de orgullo por parecerse a su madre, no solo se había hecho así mismo, traicionando todos sus principios es que también había hecho daño a su padre, o incluso al dueño del dinero sino que encima había roto en mil pedazos el recuerdo de su madre.

Miró el techo como si pudiese atravesar con sus ojos los cimientos, las lágrimas caían con fuerza en ese momento sintiendo que podía alcanzar a Dios solo con sus pensamientos cerró los ojos, apretó los puños y comenzó a rezar, solo Dios podía escuchar sus plegarias en ese momento, él había roto el alma de su madre.

Volvió a clavar la vista en el techo, se mordió el labio mientras recitaba sus últimos deseos en voz baja, pero antes de poder terminar algo blanco cayó en sus ojos, era suave, delicado, como el roce de una paloma.

De un ángel.

Torpemente apartó esa cosa de sus ojos, veía borroso a causa de las lágrimas pero pudo distinguir perfectamente que se trataba de un pañuelo bordado, de seda tal vez, miró a su alrededor buscando al dueño de tal reliquia pero sus ojos no vieron más allá de la dulce sonrisa dorada de una muchacha.

¿Estaba viendo a Dios en la Tierra? ¿Dios le había enviado un ángel para redimir sus pecados? Si es que ese accidente podría ser llamado pecado, pero, qué explicación había para traer a ese ángel a su vida.

- ¿De dónde... has salido… ? ¿Eres real… ?

En sus ojos turquesa se vio reflejado un atisbo de duda, pero en ningún momento la dulce muchacha se rió de las locuras que salían de la boca de ese completo desconocido, simplemente permaneció ahí, sonriendo, porque era lo único que podía servir para calmar el miedo en los ojos azules de ese pequeño niño.

"¿Y tu eres real…?"

El despacho de Lorenzo Amani se encontraba en la zona más centralizada de toda Nueva Orleans, territorio turístico repleto de miles de personas transitando todos los días a todas horas. El despacho de su amigo, no solo era uno de los más lujosos sino también uno de los más importantes, tal vez era eso por lo que Damon seguía yendo hasta ahí en vez de obtener uno en la zona más lujosa apartada de tantos ojos curiosos, si había algo que odiaba Damon Salvatore más que… todo era tener que aguantar todas esas miradas puestas en su imagen, la mayor parte de la gente miraba evitando el contacto visual pero había un pequeño porcentaje que lo hacía descaradamente e incluso se atrevían a señalarle descaradamente o intentar entablar conversación.

Si, había más de un loco suelto.

Pero Damon pasaba de la plebe, simplemente lanzaba una mirada asesina o camina más aprisa, el no tenía tiempo de acercarse a gente que no tenía problemas reales, ¿qué problema había en llegar a fin de mes o en no tener ropa suficiente en el armario? Damon no estaba para escuchar esas tonterías, él tenía problemas como todo el mundo, sí, pero problemas reales, podría dar muchos ejemplos y entre ellos estaba el más importante.

¿Cómo deshacerse de un pedazo de tu alma que está gangrenando tu vida, hasta alcanzar el último pedazo de humanidad?

Ese era un problema real, no como conseguir sobrevivir las últimas semanas de mes con un plato de pasta seca para toda tu familia, o como conseguir sacar la nota media para entrar en la carrera que uno más desea, o mejor aún, como pagarse los estudios o la entrada a una buena universidad, o la excusa perfecta de pensar en como voy a hacer para encontrar pareja para el baile o para no quedar mal con los amigos.

Si, Damon tenía ganas de vomitar cada vez que oía algo parecido, por eso aceleró el paso mientras escribía rápidamente a su adorada prometida.

"Lo lamento. La reunión con los inversores se atrasó. Nos vemos en una hora. Lo prometo. Te amo, ángel"-D

Damon observó detenidamente la pantalla de su teléfono hasta que la luz se apagó, volvió a encenderlo y sin dudarlo pero rompiendo otro pedazo de su alma, lo envió. Cerró los ojos para recomponerse y no pudo pensar en otra cosa en Hope, en su dulce y pequeña Hope, en cuanto la echaba de menos.

Y es que no llevaba unas horas sin verla, llevaba años sin poder reír con ella, sin poder perderse en la luz de sus ojos, en sus brazos, en sus caricias, llevaba años sin poder decir que estaba en el paraíso de Dios.

Miró su reflejo en un cristal de una cafetería de la zona, se perdió en esa imagen intentando buscar de una forma u otra a su verdadero yo pero lo único que fue capaz de ver fue un falso reflejo de alguien que no era real, que no era él…

Su teléfono vibró con fuerza.

"Por supuesto. Te veo en la cena. ¿Nos vemos en veinte minutos, has dicho? Creo que el corrector te jugó una mala pasada. Besos. Peluchito."-H.

H de Hija de Puta.

Incrédulo miró la pantalla detenidamente, releyendo el mensaje varias veces buscando el error en su cabeza. Hope había sido escueta en su mensaje, pero en realidad quería decir todo con esas pocas palabras insignificantes.

Miró su perfil en la aplicación comprobando la hora de conexión, hacía unos minutos que se había desconectado dejando claro que estaba muy segura de sus amenazas, si, eso era la forma perfecta de definir esas pocas palabras, una amenaza sutil y encantadora como diría ella misma si estuviese delante y él tuviera los cojones de enfrentarla, pero nada de eso sucedería, el iba a darse media vuelta puede que pidiera un taxi para llegar antes pero no iría a ver a su amigo esa tarde porque había un asunto mucho más… relevante.

Hope se asomó al interior de la sala que había sido acondicionada para la recepción de esa tarde, todo estaba perfecto, pensó mientras caminaba por la estancia, la luz era tenue, la música suave y los preparativos estaban casi listos.

Se sentía orgullosa, más que eso, se sentía como una reina, y aunque no era la reina de lo que quería exactamente, era la dueña de ese lugar y de toda esa gente, todo lo que había allí le pertenecía sin dudarlo.

- Señorita Mikaelson… -la dulce voz de Kol inundó sus oídos, una mueca de disgusto decoró su impecable rostro, se giró.- ¿Qué? ¿Es que no puedo llamarte "señorita"?

- ¿Qué quieres Kol? ¿No te he dado la tarde libre para que desaparezcas de mi vista?

- Si, pero no se la has dado a Davina. -sonrió burlón.- Sin ella no salgo de este edificio, y lo sabes.

- ¿De qué tienes miedo, querido?

- De ti no. -sonrió gustoso, miró a su alrededor como si estuviese pensando que decir exactamente, Hope quería muchísimo a su hermano pequeño pero no aguantaba ni por asomo tenerlo a su vera, si estaba allí, trabajando para ella era porque él había querido, ella no le había obligado, el tomaba sus propias decisiones y si le valiese lo hubiese echado de su casa hacía mucho tiempo pero su padre no se lo permitiría, ni él ni nadie en esa casa.

Cuando su hermano vino directamente desde París, con aires de grandeza y con ganas de comerse el mundo, nunca pensó que se quedaría en ese lugar trabajando para su propia familia pero claro, tampoco nadie esperaba que el rebelde de la familia cayera por las flechas de cupido tan fácilmente, su historia de amor nunca fue fácil pero el luchó por ella en todo momento, por eso estaba ahí, aguantando las grandezas de su hermana y las idioteces de una panda de críos.

- Hope, todos en esta casa saben lo que haces con tus… empleados. -aclaró.- No quiero dejar a Davina en tu campo visual sin mi cerca. Llámalo precaución.

- No me acerco a las parejas de mi familia.

- ¿De verdad? -ironizó.- ¿Cómo le llamas a tener a Elena Gilbert como tu esclava sexual? ¿O a Stefan? Que sepa, han sido tu familia hasta hace un año.

Hope ladeó el rostro, se mordió el labio inferior, con un deseo fingido se acercó aún más a su hermano, rompiendo todas las distancias posibles, Kol se tambaleó ante la cercanía.

- No juegues conmigo… hermanito… ella… -susurró contra su oído deslizándose por todo su rostro.- Es mía.

Aturdido dio un paso hacia atrás golpeándose con algo duro, se giró para poder encontrarse de cara con Marcellus.

- Tu… -siseó asqueado, tal vez solo Kol demostró su descontento por el nuevo invitado de su hermana, pero la reacción de Marcellus no fue muy diferente a la del menor de los Mikaelson.- ¿Qué hace esto aquí?

- Dirás "este", es mi amigo, Kol, y lo sabes. -remarcó las últimas palabras con la misma fuerza que lo había hecho él antes, lo apartó de un golpe seco y se abrazó a su amigo con toda la fuerza y la alegría posible.

Kol odiaba esto.

No que eso estuviese en el edificio donde también se encontraba su novia, odiaba darse cuenta de lo falsa que era su hermanastra y el miedo que daba cada vez que fingía ser la chica inocente que murió hacía años.

Bueno, ¿quién dice que existió? Ignorando el odio que aumentaba en su interior cada vez que oía o veía esa persona, dirigió toda su atención a un nuevo objetivo, si se quedaba por allí acabaría cometiendo un asesinato. No era lindo añadir eso a su noviazgo ni a su futuro lejos de toda esa mierda.

Tenía que buscar a la única persona en el mundo que se había atrevido a definir a su dulce hermanastra como inocente, buena, cándida y cualquier apelativo similar a los anteriores, sería fácil, claro esta, solo existía una persona, y era su querido cuñado, Damon Salvatore.

- Kol… -oyó que alguien le llamaba cuando cruzó la entrada de la recepción, unas manos tiraron de él con demasiada fuerza pero en cuanto sus ojos se cruzaron con los castaños de Davina toda esa mierda anterior desapareció de un plumazo.

- Dav, cariño.

Los ojos de Davina se abrieron como platos al ver a su novio aún allí, ¿qué planeaba? ¿es qué no confiaba en ella lo suficiente como para irse el primero?

Con un par de zancadas se puso delante de su rostro de niño bueno.

- ¡¿Qué haces aún aquí?! -se cruzó de brazos, le encantaba ver como intentaba fingir enfado con él, era demasiado tierno.- ¡No te rías!

Era inevitable, le hubiese gustado añadir, es inevitable no reír teniéndote a mi lado, Davina, porque tu, tu eres ese rayo de esperanza que ilumina toda esta oscuridad, pero no comentó nada, no abrió su corazón de esa forma no cuando podía ver ese mismo miedo en los ojos llenos de furia de su chica.

- Responde cuando se te habla, Mikaelson. -escupió con odio sabiendo que le afectaba muchísimo que ella fuese la que le llamara de esa forma, pero ni así se ganó un insulto o una rabieta de Kol, el chico simplemente sonrió y rompió la poca distancia que los separaba.

- Estoy aquí Davina porque no pienso permitir que esa zorra rompa mi corazón. -se calló, todas las frases que tenía preparadas desaparecieron en la nada, pero ella no era de las que se mantenían en silencio esperando una frase épica que llenase su corazón de amor y ternura, ella era Davina Claire, una superviente de una familia que nunca la quiso, una chica que arriesgó su pellejo para estar con la persona más estúpida del universo, y era por eso por lo que dijo la última palabra.

- No tiene sentido Mikaelson. -suspiró.- La única con derecho a romperlo soy yo, ¿¡me estás llamando zorra!? ¿es eso? -entró en cólera, pero antes de explotar, Kol tiró de ella para unir sus labios en un profundo y pasional beso.- Wow…

- No. Tu eres mi corazón Davina, no quiero que esa zorra lo rompa, ¿entendido? -Davina no pudo reprimir las ganas de callarle la boca con otro beso, odiaba sentirse tan tonta en sus brazos pero fue imposible resistirse, una sonrisa se estaba formando en sus labios, y antes de poder si quiera remediarlo Kol lo vereía, por lo que sin pensarlo dos veces se lanzó a sus brazos para buscar sus labios y volver a perderse unos minutos más en ese mágico sueño. No estaba realmente feliz, le amaba lo tenía clarísimo pero odiaba que todo esto fuese a costa de su salud mental, Kol se merecía algo mejor.

Las cosas no estaban bien entre ellos cuando todo a su alrededor les impedía ser felices, no cuando su jefa y también su cuñada buscaba cualquier excusa para amargar sus existencias, no cuando todo lo que podían hacer era dormir con un ojo abierto y otro cerrado, no cuando las cosas pendían de un hilo.

Davina se separó de sus labios para poder coger aire y perderse de nuevo en esas sensaciones que la abrumaban.

- Te amo. -susurró acechando sus labios.

- Prométeme. -se separó de ella unos centímetros. - Prométeme que nunca, nunca me abandonarás, porque yo si, lucharemos y saldremos de esta, Dav.

La chica apartó la mirada cohibida por la intensidad de esas palabras y aunque su corazón tenía unas ganas irremediables de gritar un "te lo prometo" su cabeza no podía concebir esa idea, no por ahora.

- No hagas promesas que no puedas cumplir. -dijo dulcemente, y Kol sintió que algo se rompía en su pecho cuando la vio llorar, pero, ¿qué más podían hacer que ser pacientes?

Davina se separó completamente de Kol pero mantuvo el contacto visual, no se veía con las fuerzas suficientes para dejar de mirarlo, ¿qué pasaría si le dejaba de mirar? ¿si dejaba de mirar esos profundos ojos almendra? ¿desaparece, se rompería todo en mil pedazos? Era probable, estaban jugando con fuego, y al final iban a acabar quemándose.

- Voy a volver al trabajo. -le informó de forma tierna.- Terminaré en media hora, antes de que todo… esto empiece, lo prometo.

- ¿Y esa promesa la puedes cumplir, Dav? -susurró destrozado.- Porque la última vez casi muero… Davina, no quiero dejarte en manos de…

- Cálmate, Kol. -se acercó a él pero sin tocarle, sin ser capaz de rozarle porque sabía que si lo hacía no le dejaría ir nunca.- Solo tengo que preparar a Elena y a Stefan.

- ¿No puedo esperarte? -intentó su última baza.- Podemos irnos juntos… incluso puedo ayudarte.

- ¿Hope te quiere aquí?

- No.

- Pues entonces vete, porque si te ve aquí va a saber que tienes miedo y si tienes miedo…

- Lo sabrá todo. Lo sé. He captado el mensaje. Cambio y corto. -bromeó indeciso.- Si pasa algo, cualquier tontería, llámame.

Kol salió de allí como alma que lleva el diablo, no muy convencida, Davina comprobó la hora en su reloj, iba con el tiempo justo para revisar que todo estuviese en su punto y que los hermanos Gilbert no hubiesen puesto resistencia porque sino, la noche, sería de todos menos tranquila.

Elena miró su reflejo en el espejo por quinta vez consecutiva, su hermano la sostenía de los hombros, pero no para poder resaltar su belleza en ese pedazo de vidrio sino para que su dulce y carismática hermana no hiciera una locura como usar ese trozo de vidrio contra el pobre muchacho que no tenía la culpa de nada.

- Te ves divina.

- Repite eso.

Si Elena se caracterizaba por ser una mujer decidida, orgullosa, malhumorada y con muy poco sentido del humor, hoy todo eso se había multiplicado, y Stefan no encontraba una explicación coherente para ello, bueno, obviando la más simple: estar allí contra su voluntad, pero olvidando eso, su hermana estaba demasiado susceptible, como si odiase con todas sus fuerzas ese día, como si algo malo hubiera sucedido y hubiese absorbido su positivismo.

´- Si les parece bien… -empezó el muchacho que se había mantenido a un lado en todo momento, Stefan fue el primero en girarse a él, lanzando una pequeña mirada de disculpa, que el moreno captó enseguida.

- Puede retirarse…

- Aiden, mi nombre es Aiden, lo he dicho unas…

- Cinco veces me he repitido a mi misma que estoy bien. -comentó de pasada Elena, separándose de golpe del mismo Stefan.- Pero no lo estoy, no, ¿quién se cree que es ese sinvergüenza? ¡A mi! ¡A mi me va a besar de esa forma! ¡A mi…! ¡Conmigo va a jugar! ¡Nadie juega conmigo!

- ¿Elena…?

- ¡Elena nada! -estalló.- Estoy cansada de que todos decidan por mi, que todos elijan lo que debo o no hacer, ¡estoy aquí… no por tu culpa! ¡No! ¡Ni siquiera es por culpa tuya! -se sujetó la cabeza, sentía que le iba a explotar en cualquier momento, había tenido todo el día para pensar, para recapacitar y solo había llegado a una conclusión, que todo esto no era sólo obra de una desquiciada mental sino también de él, de Damon Salvatore, porque nadie en su sano juicio sigue las locuras de su querida novia si no es porque realmente está tan mal como ella, pero lo peor no era eso, era que su mente había querido ocultarle esa dolorosa verdad, porque su cabeza, porque una parte de ella se había aferrado a la posibilidad de que alguien pudiera fijarse en alguien tan roto como ella.

- Elena… -susurró acercándose dulcemente a ella.- Hermanita, ¿qué sucede?

La castaña alzó la cabeza al escuchar la voz preocupada de su hermano, al mirarle en los ojos vio su propio reflejo, se estaba comportando como una loca cuando no llevaba allí ni dos semanas, suspiró y soltó una carcajada.

- ¿En serio Stefan? He necesitado estar metida en esta mierda para que te dignes… no sé, a preocuparte de verdad por mi, ¿ahora te das cuenta que me falta un tornillo? ¿qué esperabas? ¿encontrar a tu dulce e inocente hermana como siempre? Pues no querido, tu eres el culpable de que mi estado emocional sea tan inestable, y ahora vamos, que tenemos una cena que celebrar.

La chica, como nueva, salió de la sala, casi golpeándose con el cuerpo menudo de una preocupada Davina.

- Decidme que no…

- Todo listo, Davina, ¿nos vamos?

La morena dudó unos segundos, miró a Elena de arriba a abajo, comprobando que si, que estaba completamente preparada, se asomó al interior del cuarto, Aiden, uno de los estilistas, estaba recogiendo sus cosas y todo parecía entero, como si en realidad Elena y Stefan fuesen dos más del equipo de meseros y no la pareja de hermanos que estaba allí contra su voluntad, Davina intentó confiar en ellos pero llevaba demasiado tiempo metida en ese mundillo para saber lo que planeaban esa panda de dos, y hoy había hecho una promesa, y a diferencia de Kol, pensaba cumplirla.

- Eh, tu. -paró a Elena antes de que pudiese decir una palabra, le daba igual si su verdadera personalidad salía a flote y ponía en peligro todo eso.- Ni una tontería, Elena. Ni una, o te la verás conmigo. Y tu, Stefan, cuidado.

Stefan se quedó boquiabierto, no esperaba para nada esas amenazas y menos de la pequeña Davina pero estaba claro que nadie actuaba como era ese día, ya lo había comprobado con su hermana y lo estaba comprobando ahí mismo, pero Elena no reaccionó de esa forma, todo lo contrario, no parecía ni inmutarse por la reacción de la pequeña Claire, la cual clavó sus pupilas en Elena.

Ambas sabían que estaba pasando ahí, Davina se sabía descubierta y Elena, había encontrado la excusa perfecta para continuar de una pieza, con una pequeña sonrisa caminó junto a su hermano al gran salón sin saber que la fiesta no era una cena cualquiera.

No para Elena Gilbert.


Como ya habréis visto, de todos los spoilers solo se ha cumplido uno, pero es que se me alargó demasiado el episodio y otra vez tuve que cortarlo, de verdad que lo siento, ahora si, en el próximo se cumplirá uno de los cuatro spoilers que faltaban, es decir, uno de estos.

Una verdad y tres mentiras. ((El que está subrayado es el que ha pasado))

1: Flashback de Damon y Hope. Su pasado.

2: Reencuentro de Klaus y Stefan.

3: Escena Delena retorcida.

4: Escena subida de tono de Hope y Elena.

5: Dex.


Siento muchísimo la tardanza, prometo tardar menos para el siguiente episodio. En serio. Sé que un spoiler no se ha cumplido hoy pero se compensará, lo aseguro. ¿Os habéis dado cuenta que tenemos nueva portada? ¿qué estilo os gusta más? ¿esta o la anterior?

¡Ya estamos casi en navidad y eso significa parón de TVD! ESO va a acabar conmigo pero a ver si así tengo más tiempo para escribir mis historias y hacer nuevos OSs.

Siento muchísimo no haber puesto el episodio completo, pero ahora me encuentro en una etapa donde mi tiempo es limitado y si ahora tengo ataques de inspiración me gusta conservarlos, por eso recortar los episodios, ahora os aseguro que valdrá la pena la espera. Más o menos.

Ahora os dejo una serie de preguntas, no es obligatorio responderlas ¿eh? pero me encantaría que escuchar vuestras respuestas.

1: ¿Os gusta la dinámica que está tomando el fic? ¿Cambios, sugerencias, dudas...?

2: ¿Os gusta que más parejas intervengan? Como por ejemplo hoy (Kol&Davina)

3: ¿Qué pensáis sobre este Damon? Ya sabéis, el contraste entre el Damon adolescente y el Damon actual.

4: ¿Voy demasiada rápido mostrando que el Damon "actual" ha cambiado mucho con respecto a sus sentimientos o voy de escándalo (?)?

5: ¿Qué creéis que planea Damon con Enzo? ¿Y Kol y Davina? ¿Por qué tanto odio hacia Hope?

6: ¿Queréis ver más sobre los hermanos Gilbert y el pasado de ambos? Tal vez esto traiga más problemas de los que hay.

7: ¿Qué creéis que pasará a partir de ahora? ¿Qué planea Elena? Una santa no es. Nadie aquí lo es, en realidad.

Necesito escuchar todas vuestras teorías, tengo muchas ideas en la cabeza que van a acabar conmigo y mi paciencia y necesito con urgencia darles forma pero para eso quiero escuchar vuestras locuras.

Gracias por todo.

Besos.