¡TVD HA SIDO RENOVADA PARA UNA SÉPTIMA TEMPORADA! Y TO, PARA UNA TERCERA.


Episodio 08: Momentos Incómodos, Recuerdos Hermosos e Ideas de Bourbon.

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Francia, Agosto de 1999.

Sol.

Mucho sol.

Los rayos de sol iluminaban cada rincón de París. Sin dejar un fragmento a oscuras. Se encontraban en época de luz y de altas temperaturas pero eso no hacía más fácil sobrevivir. Y menos ese día, donde las temperaturas sobrepasan los 40º C. Con ese ambiente la mayor parte de las personas deciden quedarse en sus casas, resguardándose de problemas mayores como una insolación o desmayos innecesarios. Pero eso no quita que haya algunas excepciones, gente que tiene que trabajar, que ha quedado con la familia, que tiene asuntos más importantes y que no pueden retrasarse porque el tiempo esté en su contra.

Luego estaban las personas como Miranda y Grayson Gilbert, que aunque están de vacaciones con sus hijos disfrutando de un hermoso verano no pueden permitirse el lujo de no aparecer en un acontecimiento tan importante como una recaudación.

Simplemente no había un "pero" o un "quizá" en sus oraciones, ni siquiera pasaba por sus cabezas saltarse esa clase de eventos solo para estar con sus hijos una tarde de domingo en pleno verano en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad con todos los caprichos pagados. No estaba en ellos. Era imposible.

Por eso, una pequeña niña de unos diez años observaba con detenimiento la ventana de su habitación, no miraba con perspicacia los cristales ni mucho menos el tránsito de la gran ciudad, todo lo contrario, solo tenía ojos para el auto negro donde se encontraban sus padres, sonriendo felices antes de partir a quien sabe donde.

Era pequeña. No estúpida. Sabía que sus padres sólo hacían eso por el bien del planeta, buscaban una forma de que el mundo fuese un lugar mejor, agradable, hermoso, pero Elena, solo tenía diez años recién cumplidos, ¿qué podía querer una niña a su edad? ¿juguetes? ¿ropa? por supuesto, pero lo único que la pequeña Elena pedía era un poco de amor, sus padres estaban cuando podían, y siempre que estaban, procuraban pasar el máximo de tiempo posible con ellos pero eso no quitaba que a veces la pequeña Gilbert sintiera que le estaban privando de pasar tiempo con sus padres, a veces envidiaba a toda esa gente pobre que tenía a sus padres las veinticuatro horas del día, pero entonces recordaba que eso si era egoísta y se le pasaba.

En parte.

Estaba acostumbrada, se suponía que lo estaba. Toda su corta vida había visto como sus padres iban y venían, salvando vidas, salvando a gente como ella, niños y niñas, pero nunca, nunca había pasado el tiempo suficiente con ella y con Stef. Siempre habían estado ocupados ayudando, pero nunca ahí, con ella.

- Lena. -la voz de su hermano le sacó de sus ensoñaciones, se giró y le sonrió con toda la dentadura, era su única forma de parecer feliz porque sabía muy bien que Stef tampoco lo pasaba bien cuando sus padres los dejaban tirados.- ¿Quieres jugar un rato?

- ¡Siii! -estiró muchísimo la "i" a posta y se lanzó a sus brazos, Stefan solamente tenía siete años más que ella, era el último verano que iba a pasar con la familia, se sentía bastante mal porque sus padres, otra vez, los hubieran dejado tirados, pero no podía permitirse estar mal delante de su hermana, mucho menos cuando iba a fallarle en cuestión de meses.

- ¿A qué quieres…?

La pregunta quedó en el aire porque en cuanto Elena Gilbert la oía un torbellino se formaba a su alrededor, no era muy normal que su hermano, ya tan mayor, quisiera permitirle elegir el juego por lo que intentaba sacar el máximo partido a ese tiempo que solo les pertenecía a ambos, porque, ¿quién sabe lo que podría pasar al día siguiente? ¿estarían tan unidos como ese mismo día?

Damon lanzó el cigarrillo y lo pisoteó con fuerza. Estaba agotado, había sido un día duro lleno de sorpresas y malentendidos, no había sacado nada más en claro que lo que ya sabía, por eso, en cuanto se despidió de Kol se adentró en el edificio, no para dar la cara con su adorada prometida sino para desaparecer un par de horas en alguna habitación, por eso tomó la escalera de emergencia y caminó con paso desanimado.

¿Qué habitaciones estarían libres? Esa no era la pregunta adecuada, ¿qué habitación seguiría aún sin la vigilancia de Hope? Si, esa pregunta era mejor, sacó su teléfono, tenía varios mensajes de Enzo y de Camille. Eso le extrañó, ¿para qué le estaba hablando ahora? ¿es qué había sucedido algo?

"¿Qué mierda ha ocurrido allí?"-C

Rodó los ojos, se quedó quieto y se apoyó contra la pared, su amiga estaba en línea y parecía que estaba escribiendo, no estaba preparado para uno de sus textos bíblicos por lo que escribió lo más rápido posible sin saber muy bien si se estaba refiriendo al accidente de antes o el incidente de hacía unos minutos.

"Una larga historia. Te contaré después"-D

"Ni se te ocurra, guapo. Habla."-C

Ni de coña. Eso hubiese sido una respuesta perfecta pero conociendo, como conocía a Camille no sería suficiente, esa chica había estado con él en las duras y en las maduras no iba a parar hasta sacar algo en clave, iba a contarle lo que había sucedido con todo lujo de detalles cuando escuchó un estruendo un piso más arriba, alzó la cabeza, como si pudiera ver más allá de los cimientos, por unos segundos se quedó parado, al acecho esperando una señal para salir corriendo y meterse en una pelea.

Nota de Audio

Damon miró la pantalla, frunció el ceño, normalmente Camille no le enviaba un audio si quería echarle la bronca, directamente llamaba por teléfono, como siempre había hecho Stefan, ella y él, estaba a punto de oír lo que había enviado cuando escuchó pìsadas y un grito.

"Tengo sueño C, estoy muy cansado, déjalo para mañana… -_-' porfa' "-D

Muchas faltas de ortografía e incluso se había comido más de una palabra pero poco le importó a Damon, ya que salió corriendo, casi saltándose escalones porque sentía que si no llegaba hasta donde se había formado el barullo su corazón estallaría en mil pedazos, lo sentía latir, a toda velocidad, destruyendo su pecho, casi jadeando alcanzó el siguiente piso, abrió la puerta de emergencias casi de una patada y lo que vio lo dejó paralizado durante unos segundos.

Esto no estaba pasando.

Había muy pocas cosas en ese mundo que dejaban a Damon de esa forma, casi humana, toda su vida había luchado para ser alguien mejor, para que nada ni nadie pudiese con él, después de Hope, nunca más creyó que algo lo mataría de esa forma, pero ahora no estaba tan seguro de eso, ahí, justo en frente, se encontraba la primera persona en mucho tiempo que había hecho que su corazón latiera de nuevo.

Elena.

Marcel enjaulaba el pequeño cuerpo de Elena en el suelo, mientras sus hombres la sostenían con fuerza, impidiendo así que la chica pudiera moverse, no lloraba, ni gritaba, no hacía nada pero era más que suficiente para Damon para saber que eso no era consentido, normalmente no se hubiese metido en medio, es decir, no quería más problemas con Hope y su gente, pero es que esto superaba cualquier cosa, ¿cómo era posible que esa mujer hubiese llegado tan lejos? ¿una violación?

Se le calentaba la boca solo de pensarlo. Quería gritar pero lo que más quería hacer era golpear, quería agarrar a Marcel y matarlo con sus propias manos, clavó las uñas en su piel, casi desgarrándola, podía sentir como un hilo de sangre corría por sus manos, apretó los dientes y gruñó -no fue un gruñido a propósito, ni siquiera tuvo esa intención inicial -provocando que varios de los hombres de Marcel giraron sus rostros, a Damon no le importó en absoluto que ninguno de esos tipos vieran su rostro, ni tampoco que se dispusieran a llamar la atención de su jefe. No les iba a dar tiempo.

- ¡Ella. Es Mía! -vociferó Damon, recalcando cada palabra mientras lanzaba a un Marcel muy confundido lejos de Elena pero no sin antes darle un buen derechazo provocando que gotas de sangre cayeran sobre las piernas descubiertas de Elena.

Tras lanzar una mirada de advertencia a todos los presentes tomó a la castaña en brazos, alejándose de la multitud sin saber tampoco muy bien a donde iba pero queriendo desaparecer de allí lo antes posible.

Las vacaciones estaban cerca, la mayoría de los adolescentes se pasaban la última semana pendiente de los relojes, esperando que pasara un nuevo día y así llegara el último, donde por fin se encontrarían con las vacaciones de primavera, era por eso, que Elena Gilbert miraba impaciente el enorme reloj que decoraba el aula de estudio.

Ni un día, ni una hora, solo unos minutos, tal vez incluso podría decir que faltaban unos segundos para que terminara ese infierno de día.

Hoy, por fin se reencontraría con su hermano. Stefan había optado por estudiar en casa, podían hacerlo encontrándose en la etapa académica donde estaba el mayor de los Gilbert pero eso no era lo que tenía a Elena de esa forma, a ella le daba igual si su hermano, era un estudiante modelo o todo un adulto responsable, lo único que realmente le importaba a la chica Gilbert es que por fin recuperaría a su hermano mayor, a su cómplice, compañero, alma gemela, por fin volverían ser los hermanos inseparables, por eso, cuando esa tarde tocó la campana salió disparada al exterior, pero todas sus esperanzas se esfumaron cuando recordó que día era hoy.

23 de Marzo de 2004.

No un día cualquiera.

No, sino su cumpleaños, tan estúpida era que olvidó completamente que había quedado con sus amigos esa tarde en un local de la zona, se mordió la lengua y miró por todos lados, tal vez, pensó, podría pasar un rato con ellos y después inventar una excusa, si su hermano estaba en la ciudad, ¿que más necesitaba decir? ¡llevaba meses sin verle! Ni a él, ni a sus tíos, tenía todo el derecho de posponer la quedada de amigos.

La situación no era del todo complicada, si no eres Elena Gilbert, entonces sí que la cosa se vuelve difícil.

Sus amigos nunca entenderían esa excusa, simplemente porque no entendían su relación con su hermano, ellos siempre la miraban con cara rara cada vez que los veían juntos o cuando Elena le nombraba, eran incapaces de ver lo unidos que estaban.

Especialmente Aaron Whitmore, le quería muchísimo, nunca lo negaría, pero a veces era insufrible, siempre tenía un comentario hiriente para ella cada vez que "Stefan Gilbert" salía a relucir.

"Lo tuyo es una enfermedad, Lenita", reía de mala gana, "Se llama amor platónica no correspondido"

Pero todo empeora cuando Tyler y los del equipo aludían que el rubio tenía razón, su amigo, Tyler era el primero que más de una vez lo había dejado caer, estaba muy seguro de que lo que ella tenía con su hermano era un enamoramiento de cuento que iba a derivar a problemas en cuestión de tiempo. Ella no lo creía así, pero tampoco podía intentar cambiarlo, ¿qué más daba lo que pensaran los demás? ¿por qué iba a malgastar su tiempo en dar explicaciones tontas?

Nunca, nueva en la vida, nadie entendería el inmenso e irrompible lazo que unía los pequeños Gilbert.

O eso creía ella.

Que era irrompible.

Todo estaba sumido en una completa oscuridad, dolía demasiado, e incluso había momentos que sentía que todo el cuerpo le ardía como si la hubiesen bañado en gasolina y prendido una cerilla a escasos centímetros de su cuerpo, sentía que de un momento a otro todo iba a dejar de tener importar.

Porque, ¿qué más daba si no volvía a abrir los ojos nunca más? ¿o si salía ardiendo? Si, era eso, el fuego la estaba consumiendo, podía ver como unas sábanas de seda ardían con fuerza, como su piel se desgarraba a su alrededor, ¿o era su cuerpo el que ardía de deseo? ¿era ese tipo de fuego el que la estaba matando?

Jadeó. ¿O gimió? Gimió cuando sintió como unas manos tomaban su cuerpo, acariciaban de forma sugestiva sus muslos, alcanzando así su feminidad, se mordió el labio con fuerza mientras se retorcía de placer, de forma inconsciente alzó las manos y tomó el cabello azabache de su captor, tiró de él para sentir como sus manos ¿o era su lengua? se adentraba más allá de su sexo.

Una risita la paralizó, en cuanto su cabeza dejó de imaginar escena tan sensual y placentera como esa, todo volvió a caer en un agujero negro sin salida, ya no sentía las piernas, ni siquiera la cabeza, es como si otra vez su mundo desapareciera por completo.

Un olor infernal inundó sus fosas nasales, quiso gritar, alzar las manos y apartar esa cosa asquerosa que la acechaba peligrosamente, pero fue imposible pues algo la mantuvo sujeta, al sentir como la tomaban violentamente su corazón empezó a latir fuertemente recordando escenas que su cabeza había intentado ocultar en un rincón de su mente.

No. Quiso gritar, casi podía sentir como la voz abandonaba su garganta en un grito desgarrador; pero nada de eso pasó, porque había algo que le impedía pronunciar palabra, algo se atoraba en su garganta, ahogándola, era un líquido, ¿o tal vez era algo pegajoso?

- Estate quieta de una puta vez. -esa voz, fue como una bálsamo para sus heridas, esa dulce y atormentada voz fue como un interruptor que frenó todos sus movimientos, abrió los ojos, encontrándose por primera vez a salvo.

Cuando su dañada vista se recuperó lo primero que vio fue el rostro desencajado de Damon Salvatore, la estaba mirando con pena, incluso podría afirmar que veía paz en su mirada, como si verla bien fuese un regalo del cielo, quiso sonreír, decirle unas simple "gracias" pero entonces recordó dónde estaba, con quién y en qué condiciones por lo que cualquier atisbo de agradecimiento se esfumó.

- Vas a gritarme. -asintió dubitativo miró a su alrededor y tomó un bote con un líquido extraño y oloroso, una sonrisa macabra se dibujó en su perfecto e inmaculado rostro, miró de reojo a la castaña, la cual se tambaleaba, rozando casi la inconsciencia.- Y yo quiero saldar mis cuentas, así que, después me gritas, bebé.

Un "no" murió en sus labios cuando el chico tomó su rostro y acercó un paño húmedo a su boca, era inevitable perder la conciencia y aunque Elena estaba en un momento de delirio tenía muy clara su posición: estaba totalmente a la merced del señor del Bourbon.

Le tomó unos segundos reaccionar, soltó el cuerpo inerte de la muchacha en el sofá donde se encontraba, la mirada desafiante de Enzo le hizo ver lo que estaba haciendo, no que hubiese drogado al juguetito de su mujer, eso era natural en Damon Salvatore, jugar con lo que le pertenece. Ese no era el problema.

El maldito problema era lo embobado que se había quedado cuando la chica cayó rendida en sus brazos, literalmente, casi le faltó que la baba le resbalara de la barbilla.

- Sin comentarios. -bromeó el abogado, imitando la postura de un Damon muy cabreado.- Tío, no es por meter mierda, pero, ¿qué coño estás haciendo con tu vida?

- Pensé que tu cuñada te lo había explicado. -le tiró la indirrecta con sorna, sabía que había sido un acto infantil y cruel pero ver la cara de idiota que puso valió la pena.

- ¿Camille? -frunció el ceño.- ¿Está en la ciudad?

Damon clavó sus ojos azules en la figura de su amigo, lo examinó con cuidado, normalmente no se fiaba del perfil del chico, es decir, vivía de eso, de manipular y engañar a la gente para ganar casos, para obtener el máximo prestigio y beneficio por eso debía analizar cada gesto con sumo cuidado buscando una pieza de donde tirar. Enzo le conocía demasiado bien y sabía, que cuando se trataba de Damon Salvatore había que ir con pies de plomo.

Esta vez no era una excepción.

O Enzo mentía como un bellaco y su instinto empezaba a flaquear o realmente su amigo no tenía ni idea de lo que le estaba hablando, por eso, con una agilidad casi imperceptible para el ojo humano, por lo menos para el ojo de Ennzo, se acercó hasta atraparlo con sus propias manos.

- Hablé con Camille anoche, después… -se mordió la lengua, no había necesidad de explicar sus actos porque seguro lo malinterpretaría todo, bastante tenía con aguantar sus próximos comentarios sobre la señorita Gilbert y su falta de delicadeza al retenerla aquí.- Le dije que viniera a buscarte, que te diera el pen drive.

- Un momento, ¿le has dado a mi EX cuñada un pen drive lleno de información valiosa? -le recrimino con tono enfadado, más que cabreado parecía estar a punto de estallar como si en vez de haberle dado esa noticia le hubiese dicho que se arrepentía de sus actos, pero, ¿qué más daba en ese momento? Damon la había cagado hasta el fondo o Camille había tenido un contratiempo y por eso Enzo no tenía la información entre sus manos, fuese lo que fuese, ahora mismo la vida de ambos pendía de un fino hilo donde las tijeras se encontraban en las manos de la dulce y encantadora Hope Mikaelson.

Peor aún, en las manos de Mikael Mikaelson. Damon se lanzó contra el sofá donde se encontraba Elena, sin recordar siquiera su presencia comenzó a darle patadas de forma descontrolada y hubiera seguido así, destrozando ese precioso sofá sino fuera porque Enzo le tomó de los brazos y tiró con fuerza de él, Damon estaba cansado, de miles de formas y ya no sabía como actuar sin acabar hiriéndose más en el proceso, una vez se dijo que acabaría con toda esa mierda aunque le costase la misma vida pero ahora, simplemente no veía el final de ese camino lleno de cruces.

- Damon. -el chico no alzó la cabeza, le temblaban los hombros y no dejaba de sacudirse, ¿estaba llorando? ¿Damon Salvatore se estaba derrumbando en sus brazos?

Damon y Enzo casi no se conocían, no tenían nada en común solamente su proyecto de vida: acabar con los Mikaelson, pero en realidad, ¿qué sabían el uno del otro? compartían a Camille, pero nada más, ¿eso los hacía inseparables? ¿aliados? ¿cómplices? No, nada de eso, pero, ¿iba a apartarlo? ¿a dejar que llorara solo?

Incapaz de hacer nada, simplemente dejó que Damon se consolara en sus brazos, dudaba de que alguno de los dos nombrara el tema nunca en la vida, por lo que no le importó en absoluto que el chico se abrazara a su cuerpo o que llorara en su hombro. Todo el mundo en la vida se merece un momento de debilidad, ya era hora de que le tocara a Damon.

- Acabaremos con esto, Damon. Te lo prometo. -las piernas le temblaban, en esos momentos Damon se odiaba así mismo, no por derrumbarse ante nadie sino porque le afectara todo lo que estaba pasando a su alrededor, eran contratiempos inesperados, si, pero tampoco una novedad, el mismo se decía hasta hartarse que todo era posible en el mundo en el que se estaba metiendo, que no debía rendirse y menos a esas alturas, pero saber que sus amigos, los pocos que conservaba pudieran estar en peligro por un error le ponía de los nervios, atacado, a punto de explotar.

Así que si, necesitaba eso, caer en una espiral de auto culpabilidad por unos minutos después volvería a ser el mismo insensible que había drogada a una pobre chiquilla por el simple hecho de estar en un lugar y en un momento equivocado.

No es que fuese una santa.

- Oh madre del amor hermoso… -canturreó una muy feliz Camille, en cuanto entró al apartamento y vio la escena que se pintaba ante sus ojos mil comentarios ingenisos pasaron por su cabeza pero solo uno tuvo cabida en sus labios, pero nada más ver los ojos rojos de Damon, toda idea de divertirse se esfumó de un tortazo, una amiga sabía como y cuando actuar en una escena así, por lo que permaneció reacia a sentimentalismos, más tarde tendría tiempo de maldecir a Hope por esto.- ¿Esa es Elena? ¿La mesera?

No es como si eso hubiera llamado la atención, pero fue lo primero que se le ocurrió en primer momento, era eso o decir lo que estaba pensando de una zorra rubia que conocía demasiado bien. Enzo rodó los ojos, limpiándose el traje con delicadeza dejó que su ex cuñada diese los primeros pasos en la sala, le entregara el pen y se largara sin abrir la boca, realmente no tenía ganas de oír nombrar a su ex por su linda boquita.

- Aquí tienes. -estiró la mano al susodicho.- Pero…

- No juegues ahora, tengo bastante con tener a esa aquí. -bufó molesto cuando volvió a intentar alcanzar la mano de la rubia.- Cami.

- Mmm, ¿no echas de menos a mi hermana?

Pegó su cuerpo completamente al de Enzo para poder alejar la mano del chico, aguantó la risa como pudo pero era imposible no descojonarse del chico, siempre había sido muy fácil, se lo ponía a huevo, era eso una de las pocas cosas que le sacaban de quicio, con lo hijo de puta que era y lo tonto que parecía en diversas ocasiones.

- No me toques las pelotas, Camille. -bufó exasperado, tirando como pudo del brazo para alcanzar el pen.- No me jodas, ¿tu echarías de menos a una cerda que me quiere quitar hasta los boxers?

- Lo fuerte es que uses boxers.

Le entregó el aparatito cabreada. No era nada agradable escuchar palabras tan duras de la boca de su cuñado, cuando no hacía ni unos meses que el chaval se moría por complacer a su pequeña hermana y ahora, simplemente veía odio salir de su boca.

- Damon. -le llamó la atención ya que se había quedado prendado mirando a la nada.- En mi despacho a eso de las tres.

Damon le dejó ir. Camille estaba totalmente anonadada, con la mandíbula desencajada no dejaba de repasar la conversación mentalmente. Damon, que veía venir la psicología barata a kilómetros de distancia se acercó al mini bar y tomó una botella de brandy, no había bourbon cosa que le mosqueaba pero le vendría bien tomar algo diferente aunque fuese para satisfacer a su amiga.

- ¿Quieres? -Camille asintió.- No te comas la cabeza, es lo que pasa en los divorcios.

- No es eso. -le quitó importancia con un gesto de muñeca.- Solo que no entiendo del todo el amor. Mi hermana y Enzo eran inseparables desde la universidad y ahora... ¡pff! Nada.

Abrió la boca para replicar, para decirle que el mismo era un claro ejemplo de ello, de que el amor es solo un engaño más, un producto creado por la televisión, un invento de una sociedad consumidora, que lo que la gente sentía por el otro no era más que un capricho del destino, de cupido, de Dios, de lo que uno creyera. Y que cuando llegaba la realidad solo quedaba odio y envidia.

Se calló, se dejó caer a su lado y le ofreció la botella.

- Prométeme que si algún día me enamoro me pegarás un tiro en la sien. -le suplicó tomando la botella con una mano, Damon soltó una carcajada.

- Te lo prometo. -se limpió una lágrima.- Y prométeme tú que si algunas vez me arrepiento...

- No. -negó rotundamente después de darle un buen trago a la bebida.- Mejor te prometo que te pararé los pies si me quieres usar de hombro.

- ¿Perdona? -se indignó arrebatándole la botella.- Vieja borracha, no te necesito para eso, ¡soy Damon Salvatore!

- ¡Ja! Y dame eso. -se le echó encima para que le devolviera la botella que ya estaba medio vacía.- Tu eres el borracho.

Durante una media hora la pareja se bebió medio mini bar, perdiéndose cada uno en sus propios problemas, mientras que Camille no dejaba de pensar en lo que estaba haciendo con su vida, si iba o no por el buen camino, Damon no dejaba de darle vueltas lo que significaba entregarle todos esos documentos a un despacho de abogados tan poderosos como era el de Enzo, no es que temiera por Hope y su familia, temía por él y por los pocos amigos que conservaba; de un trago vacío la botella de ginebra para después lanzarla contra la moqueta.

- Wow, Salvatore. -rió divertida una Camille bastante afectada por el alcohol.- Chaval, Enzo te va a matar.

- Le firmaré un talón al portador. -bromeó mientras intentaba incorporarse y buscar otra botella o algo para calmar a sus demonios pero en el intento tropezó y se calló de boca en el regazo de su amiga, la chica no pudo aguantar más la risa y se descojonó viva.- No tiene gracia, pedazo de puta.

- Ya, ya, ya mamón, apártate de mi cuerpo. -le empujó casi sin fuerzas.- Ya voy yo a por otra botella.

Damon la dejó ir, no quedaban más botellas disponibles por lo que Camille prometió volver con un bourbon de calidad que tenía a recaudo en su auto. Sentado de mala manera en el suelo buscó la cajetilla de tabaco que siempre guardaba en su chaqueta, le quedaban dos o tres cigarros, no sería suficiente para calmar esas ganas inmensas que le entraban cada vez que bebía para salir huyendo del país. Encendió uno y tomó una calada antes de asomarse por el sofá para poder ver a Elena, la pobre seguía dormida, nunca había sido su intención drogarla pero tampoco podía hacer otra cosa, no tenía porque tener información de su vida bastante era que sabía que las cosas con Hope no eran nada estables, tener a otro Gilbert dando por culo a su alrededor era sinónimo de problemas, lo bueno es que por lo menos mantenía entretenida a su mujer.

Se supone. Porque ahora que estaba aquí más que solucionar problemas solo traía unos cuantos más; con torpeza se arrastró hasta su lado y la tomó de la mano, no quería tener ningún contacto con ella pero como tenía que comprobar el pulso no tenía otra opción, se pasó más de medio minuto intentando seguir el ritmo de sus latidos pero era imposible, el alcohol le nublaba los sentidos, la mierda que estaba a su alrededor no ayudaba, y tampoco servía de mucho tener a una belleza a su lado. Hacía mucho tiempo que una mujer no le llamaba tanto como le pasaba con Elena, no sabía si era ese aire europeo, o si era su belleza rebelde, no lo tenía muy claro, pero había algo que le atraía de tal manera que le importaba bien poco quemarse.

Acarició con lo nudillos su pequeño rostro, era cálido, radiaba un calor agradable con sabor a hogar, cada vez que la sentía de esa forma lo único en lo que su cabeza pensaba era en una mañana de navidad, junto a sus padres, cuando aún era feliz e inocente, como un estúpido se fue acercando poco a poco hasta sustituir su mano por sus labios, rozó levemente su mandíbula y ascendió con leves besos por todo su rostro, la adoraba, no cabía duda de que era todo un placer tenerla cerca, por eso no se dio cuenta de lo que estaba haciendo hasta que la sintió moverse debajo suya.

Se apartó. Casi cayendo al suelo. Miró detenidamente el rostro apacible de Elena, parecía un bebé en esos momentos, dulce e inocente, alejada de los males del mundo, un atisbo de sonrisa se dibujó en sus labios, olvidando el tabaco y el alcohol se incorporó y tomó su teléfono, justo iba a mirar los mensajes cuando sintió que algo le golpeaba con fuerza en el cuello.

Cayó al suelo, lo último que su cabeza pudo procesar fue el sonido de unos tacones, al principio su mente conjuró a Hope, a su prometida, riéndose a carcajadas de él por creer que podría conseguir algo en su misión suicida pero enseguida apartó esa idea. Hope no sabía donde estaba, era imposible.

Un ruido muy raro se oía con fuerza por toda la sala, se concentró en él, le molestaba pero por lo menos dolía menos que pensar en la punzada que sentía en la nuca, cuando se acordó de lo que le había pasado abrió los ojos como platos, se incorporó de golpe y miró en todos lados, cuando sus ojos se adaptaron a la intensidad de la luz pudo divisar de donde procedía ese molesto ruido.

Tacones negros. Medias negras destrozadas. Falda entubada. Elena Gilbert.

Bufó aunque en realidad tenía más ganas de levantarse, tomarla del brazo y tirarla contra el suelo a ver si así se le quitaban las ganas de jugar con los adultos.

- Puta desquiciada.

- Habla el que va drogando a la gente. -le escupió con maldad y antes de que Damon pudiese levantarse le pegó una patada en las costillas por lo menos lo inentó porque el chico fue más rápido, tomándola del tobillo tiró de ella hasta tenerla entre sus brazos, enjaulada, ambos se quejaron y forcejearon durante unos minutos, hasta que Damon la apartó de un empujón.

- ¡No te he drogado, maldita loca! -le gritó.- ¡¿Pretendías matarme antes?!

Elena gateó hasta alcanzar el borde del sofá, la mirada que le lanzó era puro veneno, Damon no comprendía el grado de locura que podía alcanzar la chica en tan solo unos segundos cuando el ni siquiera había abierto la boca, por eso mantuvo una distancia prudente, por lo menos todo esto le había servido para pasar la borrechara casi sin dolor. Más o menos.

- ¿En qué estás pensando? -la voz ronca de Elena provocó que volviera a clavar sus ojos en los de la chica.

- En como voy a matarte sin que la policía me pille. ¿Te vale?

- Idiota. -rodó los ojos.- Tampoco tienes motivos.

- Eres bipolar. -alucina.- No hay quien te entienda.

Elena murmuró algo inaudible, tampoco le dio mucha importancia porque seguramente se estaría riendo de sus propias palabras, por lo que se centró más en su teléfono tirado en el suelo, se había apagado por la caída por lo que lo encendió mientras olvidaba por completo la presencia de Elena, que a estas alturas era un sujeto peligroso.

Comprobó la hora, era tardísimo dentro de poco tendría que coger un coche para ir directamente al despacho de Enzo si es que antes no debía pasarse por casa para ver como estaban los humos allí, desde la noche no había sabido nada de Hope ni de Marcel pero era obvio que tarde o temprano tendría que dar explicaciones.

Un momento.

Se giró bruscamente, Elena le miró sin comprender porque había hecho un movimiento así, su rostro reflejaba miedo, pánico, como si acabase de ver un fantasma.

- Ha venido... ¿ha venido alguien? -Elena tardó unos segundos en procesar la pregunta, lo suficiente para que Damon se abalanzara hacia ella.- ¡Responde, Elena!

- ¡No! -intentó zafarse de su agarre.- No tienes ningún derecho a exigirme nada.

- No estoy para juegos, Elena, ¿¡dónde está Camille!?

- ¡No sé de quien me hablas, Salvatore! -le apartó con fuerza, Damon seguía sumido en una espiral de incertidumbre, sin saber muy bien que hacer tomó sus cosas y salió corriendo escaleras abajo, rezando para que el auto de su amiga siguiera ahí y que en realidad estuviese gastándole una mala broma.

Pero claro, ellos no eran unos amigos cualquiera que se pasaban el día bromeando, no, ellos eran una pareja de amigos que se estaban arriesgando la vida para desmantelar una trama de corrupción inmensa.

- ¡Damon! -Elena corrió tras él, no había querido cabrearle a conciencia, es decir, buscaba molestarle pero nunca esperó ver el miedo reflejado en sus ojos azules por eso intentó alcanzarle antes de que desapareciera, pero no tardó mucho en alcanzarlo porque en cuanto llegó a recepción se golpeó con él.- Damon...


No me odiéis aún. Estoy que me va a estallar la cabeza y si no fuese porque tengo tres episodios, mentira, ahora dos, guardados no podría actualizar, no llevo ni una semana en las clases y ya me está estallando la cabeza, ¿sabéis lo que es estudiar historia, geografía, historia del arte, historia de la música y filosofía en una misma tarde? mortal, por no hablar de todas las lecturas obligatorias ¡y aún estoy en enero! no me quiero ver en mayo ¬¬'' bueno os dejo mis mierdas aparte.

Sé que queréis matarme, pero no me puedo permitir un maratón, lo siento, tampoco puedo deciros cuando actualizaremos SCOM porque aunque Luna esté de vacaciones yo no tengo tiempo ni para mirarme en un espejo pero aún así, es obvio que escribo en mis momentos libres, que escasean, pero escribo, lo que sea.

¿Sobre los próximos episodios? Puedo decir un par de cosas, se consideran spoilers claramente, algunos ya aparecen en los episodios escritos otros están en mi cabeza, es decir que no sé cuando ni como ni donde... saldrán.

1: Damon y Elena se irán acercando más. No quiere decir románticamente.

2: Hope tiene un pasado como todos, solo hemos visto la perspectiva romántica de Damon, hay que verlo también desde su punto de vista. TODO.

3: Klaus (no diré más nada, mejor que se quede en mi cabecita)

4: Estad pendientes de las fechas de los flashback si sois listos descubiréis el pastel, porque pedazo pastel tengo preparado.

5: Problemas escritos con M de Mikaelson.

6: Delena. Esto si se puede considerar "romántico"

7: Momentos Stefan&Hope y Elena&Hope (no puedo decir más nada)

Quiero hacer de esta historia uno de mis mejores proyectos por lo que podéis esperar perfectamente episodios más intensos, elaborados y largos, no digo siempre, pero es uno de mis propósitos.

¡Besos!


PD: TVD ha sido renovada, aunque esa noticia me alegra muchísimo, ignorando las advertencias de Plec y compañía, lo único que me preocupa es que uno de los principales no continúe, tal vez sean paranoias mías, pero después de ver todo lo que vemos no me fío ni de mi sombra, ¿cómo os sentó saber que habrá S7? ¿os gustó? porque a mi me encantó pero sigo teniendo mis recelos con esta no tan novedad.