Advertencia: Los personajes de Yuuri On Ice y el universo de Harry Potter no me pertenecen, yo únicamente los utilizo a manera de sutil entretenimiento.

Capítulo sujeto a cambios futuros. ¡Gracias por leer y comentar!


Capítulo III

Historia de la Magia era, sin duda, la clase más tediosa a la que nunca tuvo la desgracia de asistir en Hogwarts. Victor estaba casi recostado sobre su pupitre, mientras el profesor hablaba sobre un tema del cual ya no tenía ni una remota idea por dónde iba encaminado. ¡Pero no lo hacía a propósito! Simplemente era algo más allá de todas sus fuerzas el seguir escuchando.

Además, según podía darse cuenta, todos sus compañeros parecían sufrir la misma situación; Slytherin y Gryffindor, ambos por igual se veían muertos del aburrimiento conforme luchaban a su manera para mantenerse despiertos por lo que restaba de la hora. Tarea descomunal, si era sincero. ¡Por Merlín, hasta en Durmstrang al menos volvían más dinámico el asunto!, gracias a ello alcanzó a obtener buenas calificaciones en la asignatura, empero, de haber sabido se metería en aquel desastre jamás hubiera elegido cursarla. Pero el problema recaía en el profesor –quien además era un fantasma- pues parecía seriamente determinado a hacerles la vida miserable. Cosa con la cual no necesitaba esforzarse demasiado pues, con sólo hablar provocaba un gran efecto somnífero bastante eficaz.

Ya entendía por qué Chris le había deseado buena suerte cuándo se enteró seguiría llevando ésa materia en específico. ¡Debió advertirle al menos, caray! Pero después encontraría el modo de cobrárselas, eso era seguro.

Conteniendo apenas un bostezo, Victor creyó más productivo centrar su total atención en Yuuri, quien, justo igual a todos los demás ahí presentes, hacía todo lo humanamente posible por no sucumbir al aplastante sueño y tomar apuntes. El chico en cuestión había encontrado un sitio disponible justo frente a él, gracias a lo cual estaban relativamente cerca. Y, sin importarle que posiblemente no sabría cómo responder cuando les aplicaran algún examen más adelante, Victor se dispuso a contemplarlo a sus anchas; Yuuri no era muy alto, tenía el cabello negro y rebelde, su piel poseía un color más sano que el suyo propio y las gafas que solía utilizar le quedaban un poco grandes.

Era un chico promedio que no llamaba demasiado la atención. ¿Qué cosa pudo haberle hecho Ethan Leroy a alguien como Yuuri, al grado de ganarse la expulsión definitiva? ¿Se involucrarían en una riña, tal vez? ¿Una dónde cualquiera de los dos hizo uso de magia demasiado agresiva para el otro? Hogwarts no toleraba los enfrentamientos de aquella índole, menos aún si alguien resultaba herido en verdad.

Según el relato que Chris le contó, Ethan cursaba su último año por aquel entones así que poseía mayor conocimiento en cuanto a encantamientos respectaba; un alumno de quinto jamás hubiese tenido ninguna oportunidad real si se batían a duelo. Y Yuuri no parecía del tipo agresivo, Victor ni siquiera lograba imaginarlo mantener el ritmo de una batalla en pleno si se daba el caso.

Y se obligó a contener un escalofrío cuando a su mente acudieron el infinito número de posibilidades que desencadenaron esa teoría. Desde un simple Desmaius, pasando a Confingo, hasta terminar en Crucio…o peor aún: Avada Kedabra. Yuuri no estaba muerto, eso era más que obvio, pero si bien sólo quedó en un mero intento fallido, el simple hecho de haber conjurado la maldición asesina pudo ser la aplastante causa probable de que Ethan se ganara un boleto fuera del colegio sin posibilidad de retorno.

Sonaba lógico.

Los funcionarios del Ministerio bajo ninguna otra circunstancia hubieran consentido abrir una investigación oficial a menos que la gravedad del delito así lo ameritase. Tampoco McGonagall lo pensaría dos veces al aplicar semejante castigo sólo porque sí, aun tratándose de un simple altercado entre chiquillos inmaduros. Si la relación entre dos estudiantes era mala y estos incurrían en alguna falta con tal de agredir al otro, dejarles a disposición de sus jefes de casa resultaba ser lo más apropiado, según Chris le explicó cuando él se aventuró a preguntar más.

Si Yuuri había interpuesto la queja poco después contra su atacante, por lógica los profesores sabrían sobre su participación en la pelea y también debió hacerse acreedor a un fuerte castigo por violar las reglas de convivencia. No obstante, nada de eso sucedió; inclusive hasta se ganó un viaje obligado al área médica tras ser interceptado por la madre de Leroy. A todas luces, ahí Yuuri era la víctima.

¿Acaso le atacaron por sorpresa y él sólo se defendió? ¿Se habría visto obligado a lidiar con una emboscada? Tan rápido como se le ocurrió semejante idea la desechó, pues carecía de sentido. Sólo Ethan sufrió las graves consecuencias de obrar mal contra el chico de gafas, pues Chris jamás mencionó a ningún otro involucrado.

A más gente metida en el problema, los daños resultantes eran más difíciles de cuantificar.

¿Entonces qué era? Llevándose una mano al mentón, Victor se dijo –una vez más– su gran curiosidad acabaría metiéndolo en problemas. Pero en serio le llamaba muchísimo la atención el asunto, era demasiado misterio el que giraba torno a Yuuri, al cual no le hallaba ni pies ni cabeza. Victor miró de nuevo la espalda ajena; los pocos Slytherin presentes no mostraban ningún interés en molestarlo porque preferían dormitar a sus anchas, debido a ello el Gryffindor disfrutaba un pequeño lapso de relativa paz.

Y de pronto se le ocurrió una idea muy, muy estúpida.

No sabía si el impulso había nacido por la mera desesperación de ocupar su mente en alguna otra cosa, el aplastante calor del aula o simplemente para cerrar por fin esa descomunal brecha entre los dos, esperando así cruzar al menos media palabra con él. Dirigirse por aquel camino era peligroso, lo sabía, su parte racional gritaba se abstuviera de intentarlo pues no sabía si Yuuri reaccionaría favorablemente, cosa que dudaba. ¿De todos modos qué podría salir mal? No es como si Victor planeara causarle ningún daño así que, tras mirar en derredor y asegurarse ninguno de sus otros compañeros se interesaba en él, rasgó una esquina del pergamino donde no había escrito absolutamente nada, e hizo una pequeña nota preguntándole por escrito a Katsuki si lo recordaba del andén.

Doblándola en tres partes, Victor procedió a lanzársela de modo que aterrizara lo más cerca posible; sobraba decir funcionó bien porque el muchacho se giró apenas lo suficiente para mirarlo con evidente confusión. Victor, a cambio, le sonrió conforme señalaba con sus ojos el pequeño trozo de papel amarillento. Sin embargo, Yuuri negó categóricamente y regresó su vista al frente una vez más, procediendo así a ignorarle lo mejor posible.

Oh, pero Victor podía llegar a ser tan testarudo e insistente cuando así se lo proponía que, sin rendirse, continuó enviándole notas. Dos, tres, cinco, siete, diez; todas ellas con información aleatoria por si se animaba a leerlas en algún momento. Cuando el pupitre ya tenía encima un gran número de ellas, Yuuri pareció entender que no iba a dejarlo en paz hasta que respondiera. Sin opción, Yuuri se dispuso a elegir cualquiera y, como al parecer Victor estaba de suerte, eligió la que precisamente los llevaría directo a los motivos del ruso.

"Tengo una carta que perdiste en el expreso cuando hablamos por primera vez. Toda la semana he intentado entregártela, pero no haces más que huir en cuanto me acerco; si gustas puedo dártela hoy, aunque preferiría reunirme contigo fuera del aula, si no te importa."

Victor notó que los hombros de Yuuri temblaban ligeramente, más logró recobrar control sobre si mismo, seguidamente garabateó una contestación y le regresó la nota a Victor sin atreverse a mantener contacto visual.

"¿Dónde?"

Fue todo cuanto había puesto. Victor no tardó en proporcionar una respuesta:

"La sala de trofeos, después de terminar las clases."

Yuuri asintió tras leer, sin mostrar interés a seguir manteniendo semejante comunicación tan extraña y, por los quince minutos restantes se dedicó a tratar a Victor como si no existiera. Pero el ruso no se molestó, después de todo Yuuri profesaba una aversión casi natural contra los Slytherin gracias a la manera en que lo trataban. Aun así, conseguir hacerlo aceptar le provocó cierta sensación de triunfo. Sólo esperaba que cuando lo tuviera enfrente supiera comportarse y no cometer la imprudencia de hablar en exceso.

Su abuela solía decir que un caballero debía ser educado y amable con los demás en todo momento; tal vez a ojos ajenos Victor no era más que un adolescente, aun así fue criado bajo las reglas de una mujer con costumbres muy arraigadas. Por ejemplo, ella le acostumbró a llevar consigo un pañuelo por si lo necesitaba, se levantaba cuando una dama ingresaba en la habitación, cedía el paso, decía "por favor" y "gracias" todo el tiempo y jamás empelaba vocabulario soez. Victor sintió una repentina punzada de dolor al recordar a su abuela. Ella había sido la única persona que lo amó de verdad; extrañaba sus sonrisas, las anécdotas que solía contarle cuando era más pequeño, las muecas enfadadas, los regaños y enseñanzas.

Se mordió el labio negándole a las lágrimas hacer acto de presencia. Si todavía estuviese viva, sin lugar a dudas Victor recurriría a ella en busca de consejo; aunque apostaba que nada más contarle su descabellado plan, lo hubiese obligado a desistir, entregar la carta lo más pronto posible y ofrecer disculpas por semejante comportamiento inapropiado. Victor esbozó una sonrisa repleta de nostalgia en el momento mismo en que la clase –gracias a todos los celos– terminaba. Los recuerdos era lo único que le quedaba de Yovana Nikiforova, como él prefería llamarla.

Ajeno a su caos emocional, igual que siempre Yuuri procedió a escapar lo más rápido posible, más Victor no se ofendió porque más tarde podría hablar con él. Pero, tras acudir al resto de sus asignaturas, Victor no podía evitar que los niveles de ansiedad lo atacaran sin misericordia; estaba tan distraído que inclusive Chris le preguntó qué rayos le sucedía, pues en Transformaciones falló miserablemente al conjurar el Hechizo Permutador que les pidieron realizar. Victor incluso recibió dos amonestaciones de la profesora a cargo, quien le solicitó, sin mucha delicadeza, prestase atención o terminaría causando algún estropicio.

Para cuando se vio libre de todas sus obligaciones, Victor prácticamente corrió a la sala de trofeos diciéndole a Christophe lo vería más tarde.

Dirigirse al sitio pactado le resultó fácil, una vez allí se dedicó a esperar Yuuri apareciera con el único afán de recuperar aquella carta perdida. Entre tanto, se dispuso a observar las copas, escudos y premios que generaciones previas a la suya habían ganado ya fuese por méritos académicos o Quidditch. Inclusive todavía seguían ahí los que Tom Riddle obtuvo durante sus épocas como estudiante. Y sintió nauseas. Cuánto daño fue capaz de causar una sola persona; imaginarlo en esos pasillos, conviviendo con los magos y brujas a quienes acabaría traicionando en años futuros, conforme ideaba planes que no causarían más que dolor y pena, le revolvía el estómago.

Victor le lanzó una mueca de total aborrecimiento al nombre grabado en las placas que tenía justo delante. Pero se obligó a mantenerse apartado porque justo en ése momento tenía un asunto más importante del cual ocuparse.

Sin embargo, los minutos continuaron pasando hasta convertirse en una hora y Katsuki jamás llegó. Bastante decepcionado, Victor se dijo que debió verlo venir. ¡Por supuesto que Yuuri no acudiría! Él era un Slytherin, tampoco le conocía y citarlo en un lugar sin mucha fluctuación de gente lograba encender las alarmas de cualquiera. Gruñendo por lo bajo, se preguntó cuál sería el mejor lugar para buscarle y al final concluyó que sólo existía una parte dónde lo encontraría sin falta: la biblioteca.

Con paso firme, Victor emprendió rumbo hacía el cuarto piso y guardó la esperanza de que Yuuri no eligiera la sección invisible para estudiar.

Topándose de camino con Peeves haciendo algunas travesuras, prefirió evadirle antes de terminar atrapado entre las bromas pesadas del fastidioso poltergeist. Luego, tras veinte minutos arribó a la enorme biblioteca cuya leve iluminación brindaba el ambiente propicio para concentrarse y hacer investigaciones o tareas. Moviéndose entre los grandes pasillos y mesas, buscó al chico Katsuki hasta encontrarlo en un sitio apartado del resto; tenía un montón de libros apilados a su alrededor y estaba centrado en uno conforme anotaba información quizá referente a algún trabajo pendiente. Sin perder más tiempo ni molestarse en ser sutil, Victor se acercó.

Sobraba decir Yuuri, al notar su presencia, palideció al instante; como si toda la sangre de su rostro hubiese escapado por alguna salida de emergencia. Quizás estaba actuando como un cretino, pero si no tomaba la iniciativa entonces aquel estira y afloja no terminaría nunca.

—Perdona si te hice sentir incómodo —le dijo mostrándole la carta como si fuera una ofrenda de paz, tendiéndosela casi al mismo tiempo. El otro muchacho pareció inspeccionar a su alrededor, como si buscara cualquier posible ruta por dónde huir si acaso las cosas empeoraban—; mi intención no era importunarte.

Yuuri dirigió sus ojos avellana de la carta hacia el rostro de Victor, en un claro gesto de total confusión y pánico—. ¿Disculpa?

Victor se removió incómodo, dándose cuenta al fin que su arrebato de insensatez no había sido lo más ideal a hacer.

—Ya sabes: las notas —se disculpó—. Fue bastante idiota haber hecho eso, pero no encontré otra manera de hablar contigo —el chico de gafas siguió mirándole sin entender—. Cuando tropezaste en el expreso, vi esta carta en el piso y creí que lo correcto era entregártela —Yuuri la inspeccionó desde la distancia y frunció el entrecejo antes de, con lentitud, tomarla con delicadeza —. ¡No la he leído si eso es lo que estás pensando! —le aseguró.

Yuuri estaba por abrir la boca para decir algo, pero ningún sonido emergió desde sus labios porque un chico de piel morena apareció en ése justo instante y, sin emitir ninguna explicación, se colocó entre Yuuri y Victor impidiéndoles así continuar hablando. También era un Gryffindor, aunque menor a ellos; tal vez de quinto. Victor les observo a ambos antes de levantar las manos evidenciando así que no planeaba hacer nada extraño, no obstante el otro se tensó dándole a entender que bajo ninguna circunstancia le permitiría acercarse más y, si lo hacía, le importaba poco armar un escándalo. Justo ahí, justo ahora, justo en el área del castillo menos apropiada de todas.

—¿Estás bien, Yuuri? —quiso saber el recién llegado sin despegar su atención de Victor ni un sólo instante. Yuuri le respondió que sí—. ¿Quién rayos eres y qué asunto necesitas tratar con él? —preguntó sin tacto.

Era un ataque obvio y Victor se sintió en verdad ofendido.

—No creo que sea algo de tu incumbencia —dijo el ruso con cortante frialdad—. Pero te lo voy a decir sólo por respeto a Yuuri: vine a entregarle algo que le pertenece, eso es todo.

Su interlocutor dejó escapar un bufido sarcástico.

—Como si fuera a creerte —espetó el otro y sacó su varita.

Yuuri se puso en pie alterado, en cambio Victor clavó sus ojos azules en el arma genuinamente sorprendido. ¿Por qué rayos este chico estaba amenazándolo?

—¡Basta! —les pidió Yuuri conforme se aseguraba aun no habían causado demasiado alboroto para ganarse una detención—. Por favor Phichit-kun; estamos en la biblioteca —agregó con urgencia, temiendo meterse en dificultades.

Empero, Phichit le ignoró categóricamente.

—Ya estoy harto de que ustedes los Slytherin se metan con mi mejor amigo siempre que les da gana —declaró—. ¡No tienen ningún derecho! Y te lo voy a dejar bien claro de una vez para que corras la voz entre todos esos matones con quienes compartes casa —elevó un poco más la varita—. No quiero verlos a menos de cien metros de Yuuri, ¿entiendes? Si acaso vuelvo a saber que tú o cualquier otra serpiente rastrera se le acerca, te juro que terminarán fuera del colegio en cuanto menos se lo imaginan. ¿Me he dado a entender? ¡Ahora fuera de mi camino!

Sin más, Phichit se giró hacía Yuuri sujetándolo de la muñeca para después llevárselo, pese a las protestas del otro muchacho. Y Victor se quedó ahí sin saber cómo reaccionar. La amenaza había ido en serio, que lo apuntara con la varita dejó bastante claras sus intenciones, ante lo cual no dudaba hubiese sido capaz de lanzarle algún embrujo para probarlo. Frotándose el cuello, Victor también se retiró con un fuerte desazón aguijóneandole la nuca. Todo el enigma que gravitaba torno a Yuuri sólo se volvía más y más grande conforme Victor intentaba acercarse.

Sin embargo, lejos de hacerlo desistir lo instaba a querer saberlo todo.

Tras regresar a la sala común, Chris estaba jugando ajedrez mágico y al verlo, el suizo le preguntó si se había perdido porque tardó demasiado en regresar. Victor restó importancia al asunto diciéndole que sí, que lo hizo al dar una vuelta equivocada en un pasillo y el fantasma de Sr. Nicholas se encargó de mostrarle hacia dónde dirigirse, cosa que logró sacarle una sonrisa resignada a su amigo. Entonces, sin tener algo mejor que hacer, Victor se dispuso a terminar sus deberes de Herbología; un extenso resumen sobre plantas venenosas y cómo recolectarlas. Justo iba por la mitad cuando decidió rendirse, Yuuri Katsuki era lo único en lo cual podía pensar de momento. Ahora que ya había entregado la carta, se le acabaron las excusas para hablarle otra vez. ¿Pero en serio necesitaba de una? Victor concluyó que no. Si su intención era conocer mejor a Yuuri, lo haría importándole poco las opiniones ajenas. En Durmstrang él mismo vivió la horrible experiencia de ser excluido por algo que no era culpa suya y Yuuri seguro no estaba pasándola nada bien. Siempre solo, siempre asustado de los demás, siempre al acecho; Victor se identificó al instante, la sensación le era familiar reavivado así el deseo de llegar a acercarse un poco más.

Y, apostaba todo el dinero que tenía en Gringotts, que Yuuri no era una mala persona.

A la hora de la cena el sentimiento de aprehensión en Victor no mejoró. Justo igual que él, todos los estudiantes yacían sentados en sus respectivas mesas ocupados en degustar las delicias que reposaban frente a ellos mientras charlaban sobre cosas triviales, elevando así un parloteo constante e inteligible por todo el comedor. Sin embargo, Victor sólo tenía ojos para los Gryffindor. Yuuri se había ubicado al extremo derecho de la mesa correspondiente a los leones, mientras su amigo, Phichit, estaba junto a él; sobraba decir los dos lucían mortalmente incómodos con la presencia del otro pues apenas se miraban entre si, conforme otro chico de cabello extravagante intentaba cortar la notoria tensión sin éxito.

¿Se habrían disgustado? Lo más natural sería que sí, luego del enfrentamiento en la biblioteca. Al parecer Yuuri no toleraba que usaran violencia para solucionar algún conflicto, cosa bastante acorde a su personalidad.

—Parece ser que no eres el único que gusta de acosar gente —dijo la voz de Chris en algún momento, tras cansarse de verlo revolver la comida del plato una y otra vez.

—¿Cómo? —preguntó por inercia. Sin obtener explicación, Victor siguió la dirección hacía donde Chris miraba, topándose con el mismo chico Hufflepuff del día anterior, cuyo rostro y expresión dejaban mucho que desear—. ¿Quién es él?

—Yuri Plisetsky —Chris respondió de manera natural—. Como podrás haberte percatado ya, juega Quidditch; es golpeador. Que no te engañe su apariencia delicada, ese chico es un monstruo en el campo —le hizo saber, empero Victor creyó que el corazón se le saldría del pecho y casi no podía respirar—. Es ruso igual que tú, aunque ha estudiado aquí desde primer año —las manos de Victor comenzaron a temblar y las escondió bajo la mesa lo más discretamente posible.

—¿Plisetsky has dicho? —corroboró esperando con todas sus fuerzas haber oído mal. Incluso su voz adquirió un tono tan bajo que Chris apenas pudo escucharle.

—Sí, eso mismo —luego prosiguió—. ¿Oye, estás bien? Parece como si se te hubiera bajado el azúcar —y le acercó una copa con agua—. Ten, bébela —le pidió sin comprender muy bien qué sucedía con Victor.

Sin embargo, Victor luchaba con todas sus fuerzas por no salir corriendo y delatarse; hubiera sido muy obvio e idiota. Aferrándose desesperado a un control que no tenía, resistió el deseo de verificar si llevaba consigo la varita; era ridículo pues jamás iba a ningún lado sin ella. Y se atrevió a fijar sus ojos azules en aquellos verde esmeralda fríos como un témpano de hielo.

¿Existiría relación entre ellos? Según sabía, el ahora retirado auror Nikolay Plisetsky fue el responsable de dar caza a sus padres cuando Victor aún era niño, para llevarlos ante las autoridades y, posteriormente, someterlos a juicio. Él había sido quien los envío de por vida a Nurmengard. Y ahora, muchos años después, venía a toparse quizá con alguno de sus nietos o bisnietos. ¡Por Merlín!

Si todo eso resultaba ser cierto, Victor ya podía volver a decirle hola a la vida de infierno que durante tantos años debió soportar en Durmstrang.


¡Felicidades a quienes acertaron con las teorías de quien era el Hufflepuff que miró de ese modo a Victor! Por ese motivo decidí actualizar pronto. ¡Gracias, mil gracias por dejarme saber sus ideas! Estoy muy feliz porque el fic ha gustado aunque sea un poquito, en verdad no saben cuánto significa el recibir sus valiosas opiniones.

Leer reviews largos siempre es fabuloso, además me encanta que si he cometido algún error que paso desapercibido me lo hagan saber con tanta paciencia, en serio son los mejores.

Lamento si encuentran algún error; estoy en mi hora de comida y decidí publicar desde mi celular. No es lo más ideal, pero ya no podía esperar más. Igualmente pasare a contestar sus comentarios en cuanto tenga un tiempo libre del trabajo.

Sin otra cosa por agregar, saben que un review por más pequeño que sea nos motiva a los "escritores" a seguir. Pasen una excelente semana y que la suerte los acompañe siempre.

¡Saludos cordiales!