¿Habéis visto el episodio de TVD de anoche?
Episodio 09: Amargo Sabor del Bourbon, de las mentiras y de los recuerdos ahogados con Alcohol.
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Silencio.
Profundo y llamativo silencio. Todo a su alrededor dejó de emitir ruidos, el sonido de la puerta al cerrarse, el de los peldaños de la escalera al pisarlos, el pitido del ascensor al llegar a su destino, el de las teclas del ordenador al ser pulsadas, el ruido de la calle, de los transeúntes... Nada. Todo dejó de emitir su ruido habitual, sólo era capaz de escuchar los ruidos más extraños, el de una respiración profunda y prolongada, el de su corazón latiendo con un ritmo frenético y el de su pulso, que de un momento a otro iba a provocar en él un infarto.
No era capaz de concentrarse en nada, todo le daba vueltas y sus ojos no se apartaba de esa imagen borrosa, negro, color azabache, brillante incluso, sus ojos no podían dejar de mirar a la pluma que descansaba encima de la mesa de escritorio de Ikea que estaba allí en medio.
El ruido incesante de las teclas paró. El hombre trajeado clavó sus ojos en Damon, como si esperar una señal suya. Era natural, se encontraba en recepción, el hombre solo estaba esperando para ver qué quería el propietario o el inquilino de ese edificio, pero es que Damon no estaba para prestar atención a cosas tan insignificantes como una explicación, ¿cómo iba a hacer para que sus cuerdas vocales trabajasen solas y procesaran un par de frases ingeniosas?
Era incapaz, es como si se hubiese quedado sin batería, peor aún, como si las pilas de toda la vida, esas que siempre están por casa para ayudar en apuros como estos, no aparecieron. Damon no estaba con fuerzas para eso, porque ver esa pluma era como para superman ver la kriptonita, le paraliza, un sudor frío recorría todo su cuerpo, mandando descargas eléctricas a su corazón como si le suplicara para que funcionara.
Nada lo alentó a dar un paso más. Nada provocó en él algo para que pudiese moverse o reaccionar. Ni cuando el recepcionista se colocó delante de él, en su campo visual sirvió de algo, porque la imagen de esa pluma seguía instalada en su mente, grabada a fuego.
- ¿Damon? -una voz, aguda pero segura captó un pequeño fragmento de su cabeza, como si de porcentajes se tratara, un diez por ciento de su cerebro dejó que la señal de una voz entrase en su campo. Pero fue una señal tan pequeña que no surtió el efecto deseado. Damon, de forma inconsciente clavó las uñas en las palmas de sus manos, se mordió la lengua con fuerza y musitó unas palabras inaudibles hacía el recepcionista.
Quería que se apartara de ahí. Necesitaba con urgencia tener acceso a esa maldita pluma y con ese hombre trajeado en medio lo único que su cabeza podía digerir eran los recuerdos, no estaba dispuesto a eso. Una gota de sudor cayó por su mandíbula al intentar pronunciar, de nuevo, esas palabras.
- ¿Se encuentra usted bien, señor?
- Aléj… -tragó ruidosamente.- Aléjese… aléjese…
Elena, caminó aprisa, apartando al hombre trajeado del medio. Nunca quiso alterar a Salvatore de esa forma. No era estúpida, había algo que lo estaba paralizando, entendía muy bien lo que era un miedo irracional, ella tenía un verdadero pánico a los sitios cerrados, no a una habitación ni a una casa, tenía que ser un lugar muy pequeño, como un sótano o un cuartito, recordaba muy bien su primer ataque, se encontraba en el instituto, las animadoras la encerraron en el cuarto de limpieza al intentar ligar con un chico mayor que ella, que no fue otro que el ex novio de la líder de ese grupo de niñatas, desde ese día lo supo, ese pánico que sentía a los lugares cerrados, como todo su cuerpo reaccionaba a golpear, gritar, patalear o simplemente se quedaba ahí, paralizada viendo como tu propio terror te consumía.
Si, sabía de lo que estaba hablando, por eso no dudó en captar la atención de Damon ocupando todo su campo visual, no sabía a que le tenía miedo, ni siquiera tenía muy claro si estaba haciendo lo correcto, es decir, el mismo la había retenido horas antes contra su voluntad y ella le había devuelto el golpe, literalmente.
- Damon, mírame. -tomó su rostro entre las manos, fue un acto reflejo, al ver el pánico creciendo en las pupilas azules del chico, pero es que Elena no podía pensar con claridad, porque ver eso, era como revivir sus propias experiencias y no estaba dispuesta a mostrarse débil ante nadie. Menos con él. Ni de coña.- ¡Damon!
Se apartó de él, se pasó una mano por el cabello, de espaldas como estaba pudo divisar algo que llamó su atención, frunció el ceño, ¿qué hacía una pluma de pájaro ahí? iba a tomarla cuando sintió una presión muy fuerte tirado de su cuerpo, cuando quiso darse cuenta estaba aprisionada contra la mesa por el cuerpo de Damon, no supo qué le molestó más, que Damon por fin hubiese dado señales de vida o que estuviese ahí, paralizándola con su enorme y musculoso cuerpo.
Si, eso último le molestaba. Un poquito.
El cuerpo de Damon ejercía una presión sobre el suyo que provocaba espasmos incontrolados desde la punta de los dedos de sus pies hasta el último pelo de su cabeza. No quería reconocer el poder que tenía sobre ella, pero era inútil negarlo, su cuerpo temblaba con su cercanía, tenerlo pegado hacía que nada pudiese ir bien, sus piernas se tambaleaban, sus brazos se adherían a la madera buscando una forma de permanecer lo más estable posible, su cabeza luchaba con sus instintos más básicos para impedir que sus labios actúen por propia voluntad, realmente le costaba muchísimo, por eso, con el poco orgullo indemne que le quedaba apartó la mirada de sus labios. Cuando ya creía que no se podía caer más bajo descubrió que las intenciones de Damon no eran para nada perversas como ella creía en un principio, sino que el chico lo único que buscaba era acceder a su mano. Tomó su muñeca y le arrancó la pluma de entre los dedos.
Tardó unos segundos en darse cuenta de lo que acababa de pasar, había sido manipulada sexualmente por Damon, hablando vulgarmente, para que así ese idiota pudiera acceder a esa maldita pluma. No le cabreaba la forma de manipulación, es decir, ella hubiese hecho exactamente lo mismo, lo que le fastidiaba era haberse dejado llevar y no haber visto, en ningún momento sus intenciones, eso no era caer bajo era superarse así misma.
Damon le dio la espalda, Elena pudo comprobar que lo que significara esa pluma ponía en tensión a Damon por lo que era más que suficiente para que ella decidiese intervenir, se colocó bien el traje, se atusó el cabello y se preparó mentalmente para enfrentarse a Damon porque si lo pensaba bien era la primera vez, en mucho tiempo, que estaban a solas, sin Hope, sin Stefan, sin nada como si solo fueran Damon y Elena.
- Salvatore. -gruñó molesta por una milésima de segundo creyó ver una reacción en el cuerpo en tensión de Damon pero fue solo su imaginación. Cruzada de brazos, marcando mejor su escote se acercó hasta él, contoneando las caderas, era una estupidez porque Damon ni siquiera podía verla pero a ella no le importaba, taconeó para captar su atención.- ¡Salvatore!
- Eres muy ruidosa. -le pareció escuchar, pero no tuvo tiempo de replicarle porque Damon se giró, clavando sus pupilas azules en los ojos café de la chica, le sonrió, con una sonrisa que quitaba el hipo, farfulló algo entre dientes mientras el chico guardaba la tan ansiada pluma en su chaqueta.
- Todo este ruido por una pluma. -le devolvió la jugada, puso los brazos en jarra y ladeó la cabeza, imitando uno de sus tantos gestos.- Dime, ¿qué tiene en especial?
Damon sonrió, pero no era como sus otras sonrisas, esta era una sonrisa más bien curiosa, como si le sorprendiera que Elena le hubiese hecho esa pregunta entre tantas cosas que podría decir, tocó por encima de la chaqueta la zona donde estaba guardada la pluma como si quisiera cerciorarse de que permanecía ahí, en buen recaudo, los ojos de Elena siguieron cada uno de sus movimientos como si esa pluma fuese una bomba a punto de estallar. Tal vez sí, o tal vez no, eso era lo que parecía decir Damon con esa sonrisita que ya había pasado a ser parte del "top ten de cosas que odiar del señor del Bourbon" obvio eso se quedó en un rincón de su mente, en ningún momento pronunció palabra al respecto, pero es como si Damon supiera exactamente lo que su cabeza estaba pensando en esos momentos, y aquí otra más para el Top Ten, el cual pasaría a llamarse muy pronto Top 100, lo veía.
Elena Gilbert había sido durante toda su vida una chica muy curiosa y cabezota, por lo que si unimos esas dos cualidades lo único que se podría sacar a coalición es problemas, por eso ahí, parada en mitad de la recepción de uno de los edificios más lujosos de la zona estaba Elena, buscando una explicación al porqué de la reacción de Damon en vez de preocuparse por su salud, tanto física como mental, esas últimas horas habían sido mortales, cualquiera en su lugar no estaría viviendo su mejor momento, pero no, ahí estaba Elena demostrando como la vida la había hecho una mujer hecha y derecha o eso parecía, porque una gota de lo que sería sudor cruzó su frente mostrando a Damon una vía que tomar.
Elena no era perfecta. Por eso le volvía loco. Dio un par de pasos hacia adelante buscando pulsar el botón que le diese acceso ilimitado a la señorita Gilbert, pero sus ojos recorrieron la estancia con más rapidez, localizando la figura del recepcionista. El señor Salvatore solo podía pensar en una cosa, ese muchacho era el único capacitado para dejar entrar a alguien en ese edificio, se supone que tiene el control absoluto de la entrada por lo tanto sería la última persona que vio a Camille y más importante aún la persona que recibió ese pedido. Su mente se desconectó por unos segundos dejando que un mensaje se repitiera en su cabeza como una mantra.
"Simplemente permanece a su lado, hijo", pasó una mano por el plumaje azabache del cuervo que tenía dentro de la jaula, Damon no pudo quitarle la vista de encima, no sabía que le sorprendía más, el auto control de ese hombre o la parsimonia del animal. "¿Te sorprende? Un animal salvaje solo será controlado por otro aún más salvaje, cuídate"
Un pitido sordo inundó todos sus sentidos, atravesando su cuerpo como una oleada, fuerte y directa. Damon no comprendía la intensidad del asunto hasta que sintió que algo estallaba en su cabeza, ¿era eso su oído? ¿o algún órgano interno? ¿podría ser el equilibrio? El ruido se volvió insufrible, no fue el sonido de las cosas cayendo, ni tampoco el grito del muchacho, ni mucho menos el ruido insesante de los transeauntes, no era algo mucho peor, una especie de grito agudo e insoportable, parecía provenir de la única persona en el mundo capaz de destrozarle la cabeza, pero claro, Hope no podía estar allí, tenía mejores cosas que hacer que pasarse la mañana gritando a su no tan querido prometido, ¿entonces? ¿de dónde provenía ese grito?
Por supuesto. Elena le estaba hablando. No, le estaba gritando de una forma alocada y desenfrenada. Esa voz tan chocante era como una maldita bocina, como esas que se usan en los partidos o en las festividades. Pero, ¿por qué le gritaba ahora?
Todo empezó a cobrar sentido cuando el grito de Elena tomó forma, no gritaba por gritar, no era para nada similar a un grito de miedo o de pánico, era como una especie de advertencia, como si le estuviese amenazando, se relajó, sólo un poco, lo suficiente como para tomar consciencia de sus actos, cuando ya por fin pudo visualizar el lugar se dio cuenta que estaba aprisionando al muchacho de recepción contra el cristal de la puerta, como varias personas se reunían por el exterior murmurando cosas incluso le pareció ver a alguien llamando por teléfono de forma apresurada, pero, ¿realmente le importaba eso a Damon?
"¿Sabes lo que pasaría... ?", tomó al pájaro con una mano, el animal seguía tranquilo, como si no le importase estar acorralado, no solo en una jaula sino también en unas manos, Damon no le quitó ojo de encima, prefería mirar al animal antes que al señor que tenía a su lado, casi le costaba su vida calmar sus nervios. "¿...si mi hija sufre el más mínimo daño por tu estupidez?"
Damon clavó sus ojos azules en los oscuros y penetrantes ojos del señor Mikaelson, tragó saliva ruidosamente, el hombre sonrió pero no fue una sonrisa de felicidad ni mucho menos una para apaciguar los nervios.
En un momento de despiste arrancó una pluma, el animal gritó con fuerza, llenando la estancia de un ruido sordo y nervioso. Mikaelson le lanzó la pluma con desfachatez, casi le pareció ver algo similar a la sangre en ella.
- ¡Llamaré a la policía, Damon! -gritó el último recurso que tenía, no comprendía que le había pasado para reaccionar como un animal, un primer instante estaba a punto de soltarle una de sus ironías y un segundo después se estaba lanzando contra un poco chiquillo que de lo único que era culpable era de estar en el momento y en el lugar equivocado, por eso, echa una furia se había lanzado contra él hasta que se dio cuenta que estaba como ido, entonces había empezado a pedir ayuda, a llamar la atención de las personas que caminaban como zombies por las calles, como si estuviesen en la Gran Manzana.
Pero nada de eso consiguió alertar a Damon, que permanecía amenazando y golpeando al pobre muchacho, pero cuando por fin reaccionó lo único que sus sentidos captaron fue la palabra policía, por lo que soltó al recepcionista y se giró hacia una Elena exhausta, que ni siquiera esperó para nada en el mundo el siguiente movimiento.
- No te atrevas. -le advirtió cuando vio que estaba acercándose a ella, clavó sus ojos café en los de Damon buscando un ápice de duda, algo que le dijera que estaba bromeando, pero no, lo único que distinguió con claridad era una oleada de odio y desprecio. Tragó duro- Damon, como me toques un pelo, juro que te...
"Recuérdalo muchacho, no juegues con Hope, porque si juegas con ella tienes que tener en cuenta que estarás jugando conmigo. Y yo nunca pierdo"
No terminó su amenaza cuando sintió como Damon tiraba de ella, intentó resistirse con todas sus fuerzas pero las piernas le fallaron y cayó rendida en sus brazos, pero ni con esas Elena Gilbert se dejaría vencer por ese neandertal, por lo que no tardó ni una milésima de segundo en contraatacar, tal vez la ropa tan ajustada que llevaba y sus tacones no la ayudaron en absoluto, pero la vida le había enseñado a usar sus armas, las más cercanas y ahora mismo lo más cercano eran sus tacones, por lo que forcejeó como pudo, mordió, gritó y le pegó una patada en sus partes, por lo menos lo intentó porque Damon oliéndose un movimiento así consiguió doblegarla y tumbarse en el suelo con ella.
Cuando creyó que la chica no se movería ni intentaría hacer nada malo, se apartó de ella pero en cuanto le dio la espalda Elena se lanzó contra él, enredando piernas y brazos en su cuerpo, casi pierde el equilibrio en ese movimiento suicida pero enseguida se recupera y olvidando completamente el porqué de esa situación tan extraña, ambos empiezan un baile un tanto peculiar, donde el ojiazul intenta zafarse con movimientos estrambóticos y Elena solo busca hacerle daño, ya sea tirándole del cabello o tratándolo como un caballo.
Damon estaba alucinando en colores, ahí, parado en mitad de recepción luchando contra esa tía que estaba siendo abogada de pobres sin saber nada. Era una cosa que odiaba, que la gente se metiera en sus problemas y lo tacharan del malo cuando podría ser perfectamente al revés, después de unos minutos de blasfemar y maldecir la chica se soltó de un salto.
Ambos con la respiración entrecortada se miraron fijamente, el sonido de un coche patrulla captó la atención de esos dos locos que no tardaron ni un segundo en concentrar su odio anterior en un punto concreto.
Alguien había llamado a la policía. El recepcionista había desaparecido y ambos estaban ahí, solos y desprotegidos, rodeados de personas que solo buscaban meterlos entre rejas o mejor aún en un centro psiquiátrico.
Una sonrisa se dibujó en su perfecto rostro. Damon quiso golpearla.
- Juro que está me la pagas. -le advirtió y se giró para buscar un modo de escapar de esa sin meterse en un lío mayor, la pluma que aún permanecía escondida en su traje palpitaba como si tuviese vida propia, limpiándose el sudor de la frente, arreglando su traje como pudo sonrió a los presentes, miró rostro por rostro buscando uno familiar, una alegría indescriptible le invadió cuando descubrió que no había nadie conocido allí.
Elena le observó con una ceja alzada, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo pero tampoco le desagrada la idea de que la policía viniera y lo metieran entre rejas, a fin de cuentas se lo merecía, ¿a que había venido comportarse como un petulante? es que no daba crédito
- ¿Miedo es eso lo que huelo, señor Salvatore? -dijo burlona, el aludido casi ni le prestó atención, Elena se mordió el labio inferior y anduvo hasta estar a su lado, Damon la miró de reojo pero siguió sumido en sus cavilaciones.- Wow, es usted famoso, ¿qué dirá…? -paseó la mirada por las personas que se amontonan, el sonido de la sirena seguía retumbando.- ¿qué dirá todo esto de ti?
Elena disfrutó de su no tan pequeña victoria unos segundos más, incluso se atrevió a seguir alardeando de ello, olvidando completamente su postura en toda esa historia de locos, pero Damon no le hizo caso, siguió concentrado en la nada, sabía que poco quedaría para que viniese la policía y quedaría aún menos para que la noticia volase al señor Mikaelson por lo que su cabeza trabajaba en mil por hora buscando una solución rápida a sus problemas.
Una sonrisa de suficiencia decoró su rostro angelical cuando divisó a la distancia las luces del coche patrulla, miró a Damon, disfrutando como una estúpida de la situación, pero aunque el chico por fin reaccionó no lo hizo de la manera que Elena esperaba. El moreno se dejó caer encima del escritorio y sacó su teléfono móvil, llamó varias veces hasta que alguien respondió en la otra línea, Elena seguía sin entender nada, la policía estaba a unos escasos metros, Damon podría acabar llamando la atención no sólo de la zona sino también de todos los medios, ¿y se ponía a llamar por teléfono? ¿es que era estúpido?
El ojiazul clavó su mirada en la figura de Elena.
- ¿Qué? -le escupió guardando su teléfono.- ¿No has tenido suficiente por hoy? Maldita loca tendría que haberte dejado con Marcel.
Se le quedó mirando boquiabierta, alzó un dedo acusador pero enseguida recapacitó y una sonrisa astuta se dibujó en su rostro, le importaba una mierda todo lo que pudiese decir Damon por su boca, especialmente ahora que la policía se lo iba a llevar arrestado, bajó la mano y se cruzó de brazos, expectante.
- Va a ser todo un placer, Damon. -se le llenó la boca demasiado rápido, pero Damon no dijo nada, simplemente siguió ahí, sentado en el escritorio observándola, en unos segundos más la policía entró, Elena apartó la mirada y se centró en los agentes que habían entrado.
Los agentes de policía no repararon en la figura de Elena pero tampoco en la presencia de Damon, permanecieron ahí, en medio de la pareja esperando una explicación. Justo en ese momento un hombre trajeado con varias carpetas en sus manos dio su entrada en la zona, era un hombre muy apuesto, cabello negro, ojos oscuros, piel bronceada y una sonrisa de cuento de hadas y encima el traje que llevaba puesto le daba un aire muy sofisticado, ¿quién sería?
Damon tomó ese segundo para incorporarse y sonreír a los agentes, para después salir por la puerta como quien no quiere la cosa, pero antes de desaparecer entre el bullicio se colocó sus gafas de sol y miró directamente a Elena.
- Todo un placer, Elena.
No. Pensó, alucinando como estaba, olvidó completamente la presencia de la policía y de ese misterioso hombre, solo podía pensar en lo estúpida que era por haber creído que alguien con tanto poder como Damon acabaría entre rejas, quiso matarlo allí mismo, olvidar esa educación que le habían dado desde muy pequeña y lanzarse contra ese hijo de puta, pero claro, entonces haría lo que él quería, por lo que respiró hondo y buscó en su mente algo a lo que atenerse, pero los agentes de policía fueron más rápidos.
- Señorita, queda arrestada por allanamiento de morada, esto es una propiedad privada, ¿es conocedora de sus derechos? -la voz del agente se fue apagando a medida que la figura de Damon desaparecía entre la multitud, miró por todos lados, el hombre del traje seguía ahí, hablando directamente con el que parecía ser el agente con más rango, en un momento de despiste tiró del agente que le estaba poniendo las esposas para llamar la atención del otro hombre.
- ¡Llamaré a Hope! -gritó desesperada.- ¡Y le diré cualquier mierda que estuviera haciendo aquí Damon!
No sabía qué esperaba sacar gritando eso. Si quería que la condena aumentase o llamar todavía más la atención pero una parte pequeña de su subconsciente le estaba diciendo que iba por buen camino, que ese hombre trajeado era más que un tipo con traje, que era importante e incluso podría jugarse la vida diciendo que era amigo o aliado de Damon por lo que lo intentó, gritó esas palabras como si se tratase de fuego y al final consiguió su cometido, el hombre clavó sus ojos oscuros en su delgada figura, mantuvo su mirada firme durante lo que pareció una eternidad pero al final lo consiguió, alzó la mano y los agentes soltaron a la chica.
Elena se sobó las muñecas doloridas, mientras los agentes charlaban de forma no muy amigable con el hombre que les había hecho perder el tiempo, Elena no le quitó ojo de encima, ni cuando se fueron ni cuando el hombre trajeado le miraba fijamente, se recolocó la falda de tubo y anduvo hasta su lado con una sonrisa de suficiencia.
- Ahora entiendo porque Damon te odia. -susurró en cuanto estuvo a su lado.- No me traigas problemas niña.
Le sonrió aún más ampliamente si cabe. No era estúpida aunque quisiera arrancarle la lengua por llamarla cría sabía que si hacía algo contra su integridad física lo único que conseguiría es que la policía volviese a por ella. No había nacido para pasarse un día o más en la cárcel, en otras circunstancias hubiese aceptado más que encantada pero había algo en Damon que le hacía querer arriesgarse con eso que estuviese planeando.
- Como sea. -le quitó importancia al comentario.- ¿Vamos a ver a Damon? Tengo una propuesta que haceros.
Damon soltó el teléfono de mala gana sobre el sofá del despacho de su abogado. Hoy todo eran malas noticias, por ahora no tenía señales de Camille por ningún lado, había intentado llamarla por teléfono, incluso había llamado a su hermana Maggie para saber si tenía señales de ella, pero ni por asomo, nadie sabía nada desde la otra noche, es como si Camille se hubiese evaporado del mapa.
Se pasó las manos por el cabello, estaba sudado, destrozado y olía mal, ni siquiera había podido pasar por casa para darse una ducha, no es como si quisiera añadirle a sus problemas la voz irritante de Hope, no estaba dispuesto a aguantar un nuevo round de su flamante prometida, sacó la pluma negra del bolsillo, no había nada en ella que le alentara llamar a los Mikaelson para comprobar personalmente si él tenía algo que ver con el tema, podría ser simple casualidad que esa pluma estuviese ahí, podía haber amantes sueltos por todo el mundo, ¿verdad? la dejo en la mesita y sacó su cartera, en ella tenía todas sus tarjetas de crédito pero también algo muy especial, sonrió como un adolescente enamorado cuando vio la foto de una pequeña rubia con una sonrisa de ensueño, pasó la yema de los dedos por el borde de su sonrisa, ver esa foto calmaba todos sus miedos y pánicos, ver esa sonrisa le hacía olvidar completamente la realidad y sumergirse en esos años dorados donde solo estaban ellos dos, Damon y Hope, nada de apellidos, ni de vidas tormentosas, nada de momentos de dolor o de mentiras, solo eran ellos dos, unos adolescentes que habían conocido el amor verdadero en la mirada del otro.
Si, aún estaba enamorado de Hope, su corazón se lo recordaba a cada segundo era como si cada latido fuese una puñalada, su corazón se estaba engangrenado con más fuerza, era estúpido hacerse más daño pero es que era inevitable no perderse en los recuerdos, ¿qué había pasado? ¿qué era tan fuerte como para haber corrompido un amor tan puro?
- Te amo… -susurró aguantando las ganas que tenía de echarse a llorar, ya había tenido suficiente en estos días, un atisbo de sonrisa se formó en sus labios pero en cuanto su teléfono empezó a sonar toda sonrisa desapareció. Lo tomó y descolgó sabiendo que más tarde se arrepentiría.- ¿Hope? Buen día.
- Buenas tardes más bien, diría yo. -su dulce voz era como una especie de taladro que perfora su oído pero ese comentario se lo ahorró, miró la foto para tomar fuerzas.
- No importa cariño. ¿Pasó algo? -se mordió la lengua para no decir más nada, algo como "¿no tienes nada mejor que hacer que putearme a cada segundo de tu maldita existencia?" o algo así "déjame vivir, déjame ir, por favor… Hope, te lo suplico" o peor aún, "¿pasó algo para que tu yo no seamos los mismos Damon y Elena?" si, esa era una buena pregunta, ya no pudo retener más las lágrimas, ahora caían con fuerza por sus mejillas, cada lágrima simbolizaba un fragmento más de su corazón, de ese corazón que hasta hacía unos años pertenecía a ambos, a esa pareja que todos envidiaban, a esa pareja que no eran Damon y Hope, sino un "nosotros" un "nosotros por y para siempre" un "nosotros hasta el fin del mundo" un simple "para siempre".
- Damon ¿sigues ahí?
Rió bajito cuando oyó la voz preocupada de Hope, era extaño escuchar ese tono en su prometida, casi parecía ser la misma Hope por la que estaba llorando a moco tendido, sorbió por la nariz olvidando completamente que ese gesto podría haberlo escuchado desde la otra línea, Hope su dulce y pequeña Hope, la echaba condenadamente de menos pero cuando su cabecita tenía la ligera idea de ir a verla, de ver si seguía siendo la misma chica, el lado racional de su cerebro le recordaba las consecuencias de sus actos, ya la cagó el día que decidió aceptar la invitación de Hope para formalizar su relación después de años sin verse no iba a volver a cagarla intentando recuperarla, no más.
- Damon… -susurró.- ¿Estás llorando?
- Wow, por un momento me lo creí de verdad. -ironizó mientras se secaba las lágrimas con el puño de su americana, Hope no dijo nada.- Parecías preocupada, cariño.
- Es que lo estoy, normalmente no lloras. -se defendió, oyó unos ruidos pero Damon no le preguntó al respecto porque seguía repitiéndose así mismo que su prometida no era la misma niña de la cual se enamoró.- Damon, sabes que puedes contar conmigo, ¿qué sucede?
Soltó una carcajada aguda, sin vida, vaciló unos segundos pero la oleada de recuerdos, de alcohol, de peleas, de toda la mierda que tuvo que hacer y tomar para olvidar el agujero en su corazón lanzó el teléfono lejos, recordando, como si estuviese escrito en fuego en su corazón, que él no tenía derecho a amar ni a ser amado.
Hope le amó un día, fue un amor puro e incondicional que se vio destruido por esas personas que dicen ser su familia, ella se corrompió por esa maldad y esa oscuridad que le rodeaba, pero lo peor de todo no era eso, sino ver como ella misma acepta su nueva faceta porque a final del día ella era igual o peor que esa gente sin sentimientos, sin la capacidad de amar ni de dejar amar, ella era puro veneno, su propia asesina. Una sonrisa irónica se dibujó en su rostro cuando empezó a limpiarse las lágrimas y los restos de su orgullo caído.
Todos ellos pagarían por haberle atado y obligado a estar en un mundo donde él no pertenecía, se vengará por ambos, por esos adolescentes enamoradisos, de ese amor que nunca sucedió y de su corazón que ahora mismo era un agujero negro que todo lo que tocaba lo consumía y lo destruía dejándolo sin vida.
En otro lugar de la ciudad, a varios kilómetros del despacho de abogados de Enzo, en una cafetería concurrida se encontraba una muchacha rubia vestida elegantemente observando la pantalla vacía de su teléfono nuevo, le pasó el dedo por encima, encendiendo el aparato y comprobando por segunda vez, que si, que su novio le había colgado en las narices dejándola preocupada. Suspiró resignada y soltó el aparatito infernal en su bolso, más tarde le volvería a llamar o le mandaría un mensaje.
Alzó su rostro al cielo de la gran ciudad, perdida en sus pensamientos como estaba no le prestó atención a la gente que paseaba a su alrededor o al mesero que le preguntaba -al chico de al lado.- que qué quería tomar, por un momento se dejó llevar por los recuerdos de una vida mejor, un atisbo de sonrisa apareció en la comisura de sus labios pero solo una persona que la conociera bien se daría cuenta de ese pequeño detalle, porque los demás, hartos de ver sus sonrisas falsas nunca se darían cuenta de esa diferencia, tan minúscula como era. Hope era de las pocas personas que no sonreían por sonreír, que sus sonrisas siempre tenían un significado en especial, al igual que todos sus hechos o sus comentarios, nunca hablaba de más, ni mucho menos hacía algo por hacerlo, todo tenía un motivo y estar ahí, perdida en sus recuerdos, también tenía una explicación, porque después de mucho tiempo su corazón se había encogido al oír la voz rota de Damon, casi se había acostumbrado a sus comentarios hirientes e irónicos pero nunca, nunca podría acostumbrarse escuchar su voz rota, apagada, dolida por culpa de ella, eso era una de las pocas cosas que la ponían de los nervios que le recordaban que tenían corazón, que era un ser humano, por eso estaba ahí, evitando que las lágrimas corrieran por sus mejillas en una lucha eterna contra su corazón, ¿tenía ella la culpa de hacer lo que hacía por amor? le dolía muchísimo hacerle daño a Damon pero ella no tenía la culpa de amar a la persona equivocada y de tener a su lado a otra a la que creía no amar con la suficiente fuerza como para recuperar su corazón roto.
Tomó su teléfono, pasó por sus contactos e hizo lo que nunca creería que haría en toda su vida.
Saltó el contestador automático. Cerró los ojos mientras las lágrimas la abordaban.
- Lo siento mucho mi amor, te amo con locura de verdad. -susurró cohibida no quería que se diera cuenta que estaba llorando.- Pero te necesito a mi lado, no puedo dejarte ir. Lo lamento, Damon.
Guardó el teléfono. Era increíble lo mucho que cambiaba una ciudad en un par de años y lo poco que cambiaba la gente en ese mismo periodo de tiempo, Hope era de las pocas personas que creían que las personas nunca cambian, el carácter, la forma de ser, todo va madurando a medida que pasa el tiempo pero la personalidad es siempre la misma, las circunstancias te hacen ser de una manera y comportarte de otra pero en realidad, si se escarba un poco siguen siendo las mismas personas, inocentes o trepadoras, malas o buenas, honestas o mentirosas… y una larga lista que nunca terminaba. Por eso, ahí parada, llorando como nunca había llorado antes estaba una mujer trepadora, mala, mentirosa… que desde muy pequeña sabía lo que quería pero debido a la inocencia que nos rodea cuando somos unos simples niños nunca se dio cuenta, pero ahora, que estaba ahí, llorando contra la pantalla de un móvil se dio cuenta de la realidad, que el mundo en el que vivía ella no era la buena de la película, pero tampoco la malvada, era otra víctima más del poder y especialmente, del amor.
Con esto doy por terminado mi tarea de hoy.
No he actualizado antes por falta de tiempo, todavía tengo otro episodio guardado y uno a punto de terminarlo, solo me queda editarlo por encima, por lo que puedo decir que llevo un buen ritmo, no sé cuanto me durará pero espero que lo suficiente para que no tengáis que esperar mucho, prometo que para la semana que viene o la siguiente actualizo, todo esto dependerá si termino el que tengo en edición. Estoy con exámenes. Muchos, pero eso no quiere decir que no pueda sacar un ratito.
Como podéis ver los episodios cada vez son más largos. La historia da para eso, creo que es uno de los proyectos donde más metida estoy y eso me hace muy feliz pero me preocupa en partes iguales, no quiero ponerme nerviosa por mi falta de tiempo y paciencia ni tampoco quiero volverme loca.
No puedo decir mucho más. Solo que gracias por vuestros 80 comentarios. Solo llevamos nueve episodios y ya le habéis dado un recibimiento a lo grande. Muchísimas gracias. El Fandom Delena es lo mejor. Se os ama.
Un beso.
PD: Me pondré con SCOM este fin de semana, a ver si coincidimos Luna y yo y lo terminamos antes del próximo viernes. Se intentará XD.
¿Qué os ha parecido el episodio? ¿Qué esperáis para el siguiente?
