Advertencia: Los personajes de Yuuri On Ice y el universo de Harry Potter no me pertenecen, yo únicamente los utilizo a manera de sutil entretenimiento.
Capítulo sujeto a cambios futuros. ¡Gracias por leer y comentar!
Capítulo IV
Durante los días posteriores a su descubrimiento accidental en el gran comedor, Victor no había podido evitar mandarle cartas histéricas a Yakov, haciéndole saber las cosas que estaban ocurriendo en Hogwarts. Por supuesto que el hombre mayor se mostró en extremo preocupado ante tan inesperada noticia, sobre todo porque tras haber investigado un poco al respecto no fue particularmente difícil corroborar la veracidad de tales sospechas.
Gracias a su antiguo trabajo como comerciante -épocas en las cuales movía mercancías legales y otras no tanto-, Yakov tenía muchísimos contactos en Rusia dispuestos a brindar información con el estímulo monetario adecuado. Según le dijeron, Nikolay creyó prudente mantener alejado a su nieto de Moscú el tiempo que cursara los estudios básicos de magia y hechicería, pues deseaba que tuviera una adolescencia normal, fuera de tantos rumores y habladurías mal intencionadas.
En primera instancia, Yakov le recomendó conservar la calma evitando así cometer alguna estupidez que les perjudicara; los dos eran bien conscientes Victor jamás funcionaba bien bajo presión y, si por dejarse llevar cometía una imprudencia, les resultaría muy difícil mitigar el daño subsecuente. Aun así, tras quince o veinte masivas cuyo tema seguía siendo el mismo, Yakov comenzó a perder irremediablemente la paciencia porque sin importar cuánto quisieran lo contrario, les resultaría imposible formular un plan factible para solucionar dicho problema.
Más las palabras de Yakov poco o nada ayudaban a Victor en absoluto quien, dicho sea de paso, terminó volviéndose un terrible manojo de nervios y eso se vio reflejado en su desempeño escolar.
Durante las clases no lograba prestar atención a nada de lo que los profesores decían, se comportaba igual que un terrible paranoico a todas horas pues cualquier ínfimo ruido conseguía hacerlo estremecer, miraba en todas direcciones con evidente cautela por si acaso llegaba a toparse una vez más con aquel hostil Hufflepuff e, inclusive, había tomado la costumbre de caminar entre los pasillos del colegio con varita en mano para defenderse en caso de extrema necesidad. Victor no quería averiguar qué alcances podía tener todo esto y era mejor prevenir a lamentar.
Pero ni siquiera en los dormitorios lograba sentirse a salvo. Se suponía que por regla general sólo los miembros pertenecientes a sus respectivas casas tenían acceso a las salas comunes destinadas a ellas, no obstante Victor dormía con su varita bajo la almohada como simple medida de precaución. En pocas palabras comenzaba a volverse loco. Y resultaba ser cada vez peor porque noches atrás comenzó a tener pesadillas recurrentes; unos penetrantes ojos verdes lo perseguían sin brindarle ningún descanso, hasta que un potente destello de luz terminaba regresándolo al mundo real entre jadeos aterrorizados y el cuerpo entero empapado en sudor. Después le resultaba imposible volver a dormir, dejándolo en un angustiante estado de duermevela hasta el amanecer.
Si continuaba por ése rumbo terminaría sufriendo un colapso nervioso en breve.
Y la verdad tampoco lograba ser discreto. Hasta Chris notó que algo malo le sucedía, pues distintas ocasiones le hizo saber podía brindarle ayuda si acaso lo necesitaba; Victor agradecía infinitamente sus buenas intenciones, aun así confiarle tal información simplemente no era prudente. Tampoco sirvió de mucho cuán duro Yakov trató de tranquilizarle al decir que cambiarse el apellido fue una excelente idea para evitar ser involucrado, más Victor continuaba albergando serias dudas al respecto.
Y quizá dicha situación no hubiera sido tan catastrófica si sólo se tratara de ése detalle, al final de cuentas un gran número de familias ofrecieron sus servicios a Voldemort años atrás. Sin embargo, para su total mala surte, daba la increíble casualidad que Nikolay Plisetsky se dedicó a dar caza a sus padres no sólo por ser mortifagos consumados y reconocidos que significaron un gran peligro para Rusia, sino también porque fueron los responsables directos de asesinar a Demyan e Irina Plisetsky: su hijo y nuera respectivamente.
Por aquellos entonces la relación entre todas las comunidades mágicas atravesaban una crisis tremenda, cada quien debía velar por su propia gente y ellos fueron algunos de los valientes magos y brujas asignados a zonas estratégicas, con el único propósito de evitar que las fuerzas de Voldemort avanzaran más allá de Gran Bretaña e invadieran territorio que no les correspondía. Desgraciadamente, en una refriega terminaron muertos a manos de los Mendeléiev, rama familiar a la cual Victor pertenecía por nacimiento.
En consecuencia, Nikolay se embarcó en la misión de atraparles aun si la vida se le iba en ello. Ese hombre poseía una reputación inigualable, se trataba de un auror con gran experiencia en hechiceros oscuros y casi todas las celdas en Nurmengard él mismo se encargó de llenarlas. Entonces, poco después que terminara la sangrienta guerra mágica, dio con ellos logrando así llevarlos ante los tribunales que se encargarían de juzgarlos como mejor correspondiera, tomando a Yuri Plisetsky bajo su responsabilidad.
Ese chico seguro debió crecer escuchando un montón de historias al respecto, instándole a seguir alimentando una cadena interminable de odio que jamás vería fin. El tema de la venganza sería una constante que perseguiría a Victor por siempre, nunca faltaría quien apareciera dispuesto a tomar justicia por mano propia y Yuri Plisetsky, obviamente, no sería excepción. Quizá renunciar a su apellido anterior a Victor le sirvió de mero camuflaje sólo en cierta medida; sus ojos y color de cabello le delataban como una jodida maldición permanente. Muy pocas personas en Rusia poseían esas características tan peculiares y se lamentó por haberse negado a teñírselo cuando tuvo la oportunidad.
Sí estaba metido en semejante problema era únicamente por confiado e ingenuo, Victor había cometido un error grave y ahora debía pagar las consecuencias. En todo caso sólo le restaría esperar que Plisetsky le hiciera frente buscando saldar una cuenta pendiente de la cual no tenía absolutamente nada que ver.
Y ése tipo de personas siempre tiraban a matar.
Victor tenía ocho cuando sus padres perdieron la cabeza y se unieron a los mortifagos. Yovana, su abuela, sospechó desde un inicio que las andanzas de su única hija no terminarían llevándola a un buen final, por ello buscó hacerse cargo de él antes que las cosas empeoraran todavía más, sobre todo porque ofrecieron la casa donde vivían como punto de reunión si acaso necesitaban concretar planes a mediano o corto plazo, recibiendo a todo tipo de gente deseosa por unirse a las filas; inclusive algunos carroñeros llegaban a pasar ahí largas temporadas hasta que les era asignada alguna tarea importante.
Victor todavía recordaba la espeluznante sensación de ser observado por ellos, la lasciva en aquellos ojos sedientos de carne inocente. Yovana, temiendo por él, peleó literalmente con uñas y dientes con tal de mantenerlo bajo su entera protección. Al inicio, por desgracia casi todos los intentos fueron en vano; Mikhail, el padre de Victor, un hombre sin escrúpulos ni moral amenazó con matarla si acaso se le ocurría volver a intentarlo, pues aunque también formaba parte de la familia, quienes osaban ir contra los deseos del señor tenebroso no merecían otra cosa que terminar muertos por imprudentes. Pero Yovana no se amedrentó bajo ninguna circunstancia, antes bien otras veces arremetió contra Katrina, poniéndole bien claras sus intenciones, motivo por el cual ambas mujeres tuvieron incontables peleas a escondidas de Mikhail, quien solía ausentarse durante días completos al cumplir órdenes específicas.
Victor aun guardaba nítidamente en su memoria las figuras de ambas mujeres apuntándose con las varitas bien en alto, dispuestas a mantener un enfrentamiento de "todo o nada ", buscando demostrar quién tenía razón. Esa tarde Yovana les había visitado pues Mikahil no se encontraba presente, Katrina no estuvo muy contenta con verla ahí pues alegaba que no era bien recibida, sin embargo al momento en que comenzaron a discutir todo acabó saliéndose de control. Los gritos alertaron a Victor y bajó las escaleras corriendo para saber cuál era el motivo de tanto alboroto, sorprendiéndose ante lo que veía. Y tuvo miedo, mucho miedo.
—¡Jamás imaginé que pudieras llegar a ser tan estúpida, Katrina —Yovana le gritó sin doblegarse ni un ápice frente a la otra— . ¡Por una vez utiliza la maldita cabeza! Pones en riesgo la vida de mi nieto con cada nueva basura que admites aquí. ¿No te das cuenta, demonios?
Katrina sin disimular su furia, se adelantó un paso.
—¡Son piezas estratégicas para el señor tenebroso! Me siento honrada de servir a su causa del modo que sea —espetó—. ¡Y eso también incluye a Victor, madre!
Yovana le había dirigido una mirada repleta de incredulidad.
—¡Estamos hablando de carroñeros, idiota! —exclamó sin dar crédito a ello—. ¿Cuánto crees que pasará antes de que uno de ellos crea conveniente atacar a Victor? ¿Eso buscas? ¿Por apoyar a ese mal nacido quieres ver a tu hijo convertido en un licántropo? ¡Piensa, con un demonio! Ustedes ni siquiera los ven como iguales, no los consideran magos y sólo son útiles para los trabajos sucios que nadie más quiere hacer.
Katrina pareció titubear ante la declaración; era cierto a fin de cuentas. Voldemort ni los mortifagos les daban puestos de importancia porque al final siempre solían ser prescindibles.
—¡Ese no es asunto tuyo! —la joven se defendió con un grito estridente que asustó todavía más a Victor, quien sólo se ocultó tras una pared cercana—. Mi hijo será un gran mago, ¿me oyes? Y cuando eso suceda también servirá a nuestra causa. ¡Mikahil tuvo razón al decir que no eras otra cosa que una entrometida! —elevó un poco más la mano con que sujetaba su varita en un claro gesto de amenaza—. Si acabo contigo ahora, si te quitara del camino
—Entonces Victor quedará desamparado gracias a tu insensatez —le hizo saber con gran tristeza—. Se razonable Katy, deja venir al niño conmigo y te juro que jamás volverás a saber de nosotros. De ése modo ustedes podrán hacer todo quieran; inclusive seguir a ese bastardo hasta el mismísimo infierno si tanto es su deseo.
La madre de Victor pareció meditarlo durante algunos segundos, en los cuales al fin abandonó toda tensión y bajó la varita permitiéndoles marcharse sin oponer ninguna otra resistencia, diciendo ya se encargaría ella misma de hablar con Mikahil al respecto. Sin despedidas, sin lágrimas ni oposiciones, desde aquel día Victor comenzó a vivir con su abuela bajo la protección del encantamiento Fidelio con Yakov como guardián de los secretos, hasta el momento mismo en que ella muriera. Fue difícil para Victor sobrellevar toda ésa etapa solo, a esas fechas sus padres ya tenían años recluidos en Numerdgard acusados de atroces crímenes, más Yakov se ofreció a acompañarlo durante cada etapa del proceso; sin él jamás hubiese logrado conseguir mantenerse cuerdo y seguir adelante.
Victor no tenía más familia confiable a la cual recurrir, tampoco amigos cercanos luego de vivir aislado durante casi la mitad de su vida. Makkachin no contaba porque no podía hablar y, a veces, la soledad lo aquejaba con desmedida fuerza como cuando estudiaba en Durmstang. Se suponía que luego de tantos años debería estar acostumbrado, sin embargo jamás lograría hacerlo aunque así lo intentara. Por ello necesitaba mantener contacto constante con Yakov, porque lo sentía como un cable a tierra; de hecho esa misma mañana le había escrito otra carta y planeaba enviársela después de clases, por lo cual tras varias horas de agobiantes charlas sobre distintos temas que ya no recordaba, se dirigió a la lechucería. La torre en si no le gustaba mucho, si bien era amplia para albergar a las aves que brindaban servicio de correo a todos los estudiantes y maestros, la humedad y aíre frío le causaban cierta sensación de injusticia para con aquellas maravillosas y leales criaturas.
Con los deseos de ver a su querida mascota tras algunos días ausente, Victor caminó con rumbo a la puerta de entrada teniendo especial cuidado en no resbalar durante el proceso; las lechuzas no tenían un sitio determinado dónde hacer sus necesidades y cabía la posibilidad que terminase sufriendo algún accidente. Así, nada más verlo, Makkachin ululó alegre intentando llamar su completa atención y, sonriéndole, Victor procedió a acariciarle la cabeza dándole a entender le echó mucho de menos. Makkachin siempre fue su única compañía real hasta ése día, se lo habían obsequiado al cumplir once años, como regalo por iniciar su educación mágica propiamente dicha. Siempre lo consolaba cuando estaba triste o algo le preocupaba, justo igual que en ése momento.
—¿Estás cómodo aquí? —preguntó con suavidad.
La lechuza le observó con sus brillantes ojos miel, los cuales reflejaban duda ante su inusual comportamiento. Victor, en cambio, únicamente volvió a pasar la mano derecha por sobre el lomo del ave, maravillado ante la grata sensación de las plumas bajo los dedos. Eran suaves y en cierta manera lo hicieron sentir mejor; aunque la sensación de desasosiego siguiera ahí clavada en su pecho como un puñal. Nunca lo confesaría en voz alta pero estaba muy asustado. Asustado de volver a pasar la misma situación que en Rusia, de ser señalado con el dedo e inculpado frente a otros de cosas que no eran culpa suya. Si Victor hubiera tenido la oportunidad de nacer en otra familia, en otro lugar del mundo y en circunstancias completamente distintas lo hubiese hecho sin dudar. Él en serio quería tener una vida normal; concluir sus estudios sin hacerle daño a nadie, luego conseguir un empleo y convertirse en un miembro productivo de la sociedad manteniendo siempre un perfil bajo. ¿Era mucho pedir? ¿Por qué rayos el pasad siempre debía atormentarle? ¡No era nada justo!
—Tal parece que volvimos a meternos en problemas —le murmuró a Makkachin y la lechuza movió sus alas como si quisiera consolarlo—. Tengo una carta para Yakov —dijo al sacarla del interior de su túnica—, ¿se la puedes entregar, amigo? —sin dudar, el ave tomó el trozo de papel con el pico e inmediatamente salió por una ventana cumpliendo así tal petición.
Victor contempló a Makkachin volar hacía una de las ventanas y emprender su viaje. Así pues, al no tener ningún otro motivo para quedarse ahí, procedió a marcharse también porque tenía deberes pendientes aun sin realizar y no quería recibir otra serie de amonestaciones verbales por su falta de responsabilidad. Sin embargo, al momento mismo en que iba a cruzar la puerta, se topó de frente con Yuuri cuya expresión de total asombro fue inclusive más grande que la suya propia. Como ninguno de los dos tuvo tiempo suficiente a para frenar, el chico Katsuki rebotó contra el pecho de Victor haciéndolo emitir un grito ahogado, pues perdió el balance. Por instinto más que otra cosa, Victor extendió su mano disponiéndose a sostener al Gryffindor del codo ayudándolo a mantenerse sobre sus propios pies, empero éste reaccionó con brusquedad al retroceder algunos pasos hasta chocar contra una pared. Y Victor creyó revivir un deja vu, pues recordó esa primera vez que lo vio en el andén. En aquella oportunidad sucedió casi exactamente lo mismo; al intentar ayudarlo, Yuuri reaccionó mal ganándose un duro golpe que sin lugar a dudas le dejó un gran moretón.
Tal comportamiento le daba a entender que a Yuuri no le gustaba ser tocado, tampoco que invadieran su espacio personal bajo ninguna circunstancia, sobre todo si eras un total desconocido.
Ciertamente toparse al muchacho de ojos avellanas fue una verdadera sorpresa que Victor no esperaba, pues por lo general evitaba lugares muy concurridos a como diera lugar. La lechucería se encontraba ubicada en un sitio apartado, sin embargo, muchos estudiantes acudían al sitio durante el día para enviar distintos tipos de correspondencia fuera del colegio. Mirando alrededor intentando ser lo discreto, Victor se preguntó cómo sería la lechuza de Yuuri, o si tal vez utilizaba las aves del colegio al carecer de una propia; dedujo sería esa última opción porque ninguna se mostró especialmente entusiasmada por verlo ahí.
Entonces un sepulcral silencio cayó entre ambos, algo bastante incómodo pues todos sus anteriores encuentros habían sido marcados por las huidas constantes de Yuuri a la primera oportunidad. Y, de igual modo, las amenazantes palabras de ese otro chico Gryffindor todavía eran demasiado recientes para olvidarlas. Sí, días atrás Victor estuvo en verdad interesado en acercarse a Yuuri dispuesto a conocerlo mejor porque se notaba era una persona agradable; muchas horas de constante observación le daban una idea. Yuuri solía ser cordial con cualquiera exceptuando a los Slytherin pues corría lejos de ellos como si hubiese visto al mismo diablo , sonreía cálidamente a sus amigos u compañeros de casa y demostraba tener unos modales impecables frente a los miembros del profesorado. También era inteligente, no del tipo sabelotodo irritante, sino más bien elocuente. Y de pronto Victor, sin apenas darse cuenta, se atrapó a si mismo dirigiendo la mirada hacía cualquier parte dónde Yuuri Katsuki apareciera.
No lo podía evitar. Yuuri poseía alguna clase de inigualable fuerza de atracción que le obligaba a poner los ojos en él cada que tuviera oportunidad. En Defensa Contra las Artes Oscuras, Victor lo veía estudiar con tanta dedicación que no le hubiera extrañado tuviera las mejores calificaciones del grupo, en Pociones tenía ciertos problemas al momento de mezclar los ingredientes pero siempre hacía gala de una tenacidad inigualable, mostrando una terca determinación de terminar lo que comenzaba. Y en Historia de la Magia era lo suficientemente educado para pretender que prestaba atención. Había tanto en Yuuri que Victor ansiaba conocer.
Desde la última vez que intentó hablarle y todo terminó mal, Victor sólo se dedicó a mirar a distancia esperando alguna otra oportunidad, pero por desgracia esta parecía negarse a ocurrir; aunque eso no significaba los descubrimientos hubieran cesado por si mismos.
En una ocasión, por ejemplo, durante el desayuno dio la casualidad que ellos se encontraban a sólo dos o tres metros de distancia entre cada mesa, Yuuri acompañado por el mismo jovencito de cabello estrafalario con quien le vio convivir noches atrás y, gracias a un comentario dicho en un idioma desconocido para Victor, Yuuri comenzó a reír. Aunque el sonido apenas alcanzó a escucharse hasta dónde él decidió sentarse, le pareció increíble porque fue algo tan natural, tan alejado del constante miedo e inseguridad que parecían carcomerlo sin piedad todos los días, que resultó en extremo interesante. Yuuri poseía un gran número de facetas aún desconocidas; y Victor sentía curiosidad por conocerlas todas. Tal vez demasiada curiosidad.
Y a veces se preguntaba: ¿Sería agradable mantener alguna charla sobre las clases que tenían en común? ¿Si Victor contaba alguna anécdota Yuuri sonreiría del mismo modo que con sus homólogos Gryffindor? ¿En caso de darse una oportunidad para conocerse, lograrían entablar una amistad sólida? Hasta ése momento Victor sentía empatía por Yuuri, cada quien a su modo pasó la misma situación de aislamiento involuntario y eso lo instaba a creer podrían congeniar bastante bien si tan sólo no tuvieran tantos factores en contra. Empero, por desgracia dicho asunto Victor necesitó pasarlo a segunda instancia debido a todos los problemas personales con los cuales necesitaba lidiar; no tenía tiempo ni ganas de lidiar con otros asuntos, al menos no ahora. Quizá después de encontrar un poco más de claridad mental, poner en orden todas sus ideas e inquietudes intentaría otra vez.
Así que, optando por brindarle su espacio, Victor le regaló una sonrisa en un claro gesto de despedida, permitiéndole a Yuuri seguir adelante con sus propios asuntos. Obviamente que, cuando recién colocó los pies en las anchas escaleras, jamás esperó escucharlo hablar. Impresionado, se detuvo al instante y miró hacia dónde Yuuri le había dado alcance.
—Disculpa... —la voz del otro muchacho sonó insegura, como si dirigirse a él implicara un gran esfuerzo.
Decidido a no arruinar aquel infrecuente acontecimiento, Victor se giró despacio conforme aguardaba con paciencia lo que fuera que Yuuri planeaba decir. El chico de gafas se removió inquieto en su sitio, parecía querer decir algo pero le resultaba imposible dar con las palabras correctas, motivo por el cual Victor sonrió de nuevo brindándole valor. Necesitaba hacerle saber que jamás lo trataría mal sólo porque así se suponía que debía ser; Victor pertenecía a Slytherin, empero también era una gigantesca excepción a la regla.
—¿Si? —dijo a manera de prueba.
—Yo —tomó aire—... quiero agradecerte por devolver mi carta el otro día —explicó casi en voz baja—. Sé…sé que no la leíste. También me siento en la obligación moral de ofrecerte una disculpa a nombre de mi amigo por su comportamiento inapropiado en la biblioteca, no tenía derecho a hablarte de ése modo.
Victor pestañeó anonadado ante las palabras. Bien, si era sincero pensó en verdad que Yuuri jamás volvería a mirarlo siquiera pues aquel Gryffindor de tez morena cuyo nombre no recordaba, le dejó muy claro bajo ninguna circunstancia permitiría que ambos tuvieran algún otro acercamiento si de él dependía. Sin embargo, ahí estaban; manteniendo una conversación un tanto extraña pero tan jodidamente real que Victor se sintió bien por primera vez en días. La ocasión se daba de manera tan natural que sería un completo desperdicio dejarla ir, debido a ello, Victor decidió tomarla sin pensarlo dos veces.
—No ha sido nada —le restó importancia conforme se frotaba el cuello en un evidente gesto de vergüenza—. Y no te preocupes por tu amigo, se nota que sólo busca lo mejor para ti.
—Phichit-kun es una buena persona —Yuuri declaró como si quisiera convencerlo de tal hecho—. Él sólo intentaba...
Victor negó al interrumpirle sin sonar grosero:
—Tranquilo; no tienes por qué darme ninguna explicación del tema —le hizo saber—. La manera en cómo me acerqué a ti debió alertarlo, más todavía porque soy un Slytherin, ¿cierto? —Yuuri hundió las manos dentro de los bolsillos de su túnica en un gesto por demás evidente—. Escucha, si de algo sirve, soy relativamente nuevo en Hogwarts y no comparto muchas de las ideas extremistas de mis compañeros: antes al contrario, las aborrezco.
—Oh... —demasiada franqueza, tal vez. O al menos así lo creyó Victor al contemplar el gesto del otro pues se le notaba a leguas no esperó una respuesta así.
Entonces, buscando aligerar el ambiente, el ruso carraspeó—. ¿Nos vemos mañana en clases?
—Bueno, yo... —justo cuando creyó le diría un no rotundo, Yuuri suspiró derrotado antes de asentir—. Por supuesto.
—Genial.
Despidiéndose con un gesto breve, Victor se dispuso a bajar las escaleras de mucho mejor humor. ¿Cómo Yuuri ejercía tal efecto tranquilizante en él? No lo sabía, pero igual daba porque Yuuri Katsuki había decidido por voluntad propia hablarle y, lo mejor fue que pudieron hacerlo sin terceras personas involucradas o pequeños mensajes en papel, además el tímido Gryffindor tampoco creyó buena idea correr espantado ante su sola presencia. Victor sonrió divertido y más alegre de lo usual; al menos una sola cosa buena ocurrió ésa catastrófica semana donde todo careció de pies o cabeza. Si bien Igual tampoco merecía las disculpas que Yuuri tan amablemente le ofreció, también tenía parte de culpa al actuar de manera imprudente acercándosele de un modo tan apresurado, pero lo valió de todas maneras.
Quizá éste choque accidental debía interpretarlo como una señal del comienzo de algo importante.
Un algo que, sin apenas percatarlo, terminaría marcándolo de por vida pues el destino, de maneras bastante extrañas, pocas veces se equivocaba.
Hola a todos de nuevo, mil disculpas por la gran demora pero mi tiempo se ha visto reducido a la mitad gracias a la Universidad, además como quería terminar mi otro fic para ya dedicarle tiempo total a los otros, los días pasaron sin apenas darme cuenta.
Espero que les gustara, lamento si ha sido corto pero como ya he dicho antes no soy buena con los capítulos largos. Hoy vimos un poco más de acercamiento entre estos dos tortolitos, pero si bien Yuuri todavía no confiará en nuestro sensual Vitya, poco a poco las cosas se darán. Por otro lado quise ahondar un poco más en el pasado de Victor para que comprendieran por qué Plisetsky parece odiarlo tanto. No es un tema sencillo a tratar, supongo; aunque igual son sólo conjeturas.
Mil gracias por leer, comentar y agregar a favoritos o seguidores.
Sin más, continúen pasando un agradable inicio de semana. Mis mejores deseos allá dónde se encuentren.
¡Hasta otra!
