Siento la tardanza he estado ocupada y cuando iba a subir, hubo un fallo general en fanfiction, pero bueno, más vale tarde que nunca.


Episodio 10: La maldad, el miedo todo puede ocultarse bajo el manto del Bourbon, pero ¿y los sentimientos?

.

.

.

Italia.

Agosto, 2001.

Las calles estaban repletas de personas a esas horas de la tarde, esa cafetería, que estaba a punto de cerrar para despedir la noche no era una excepción, aún había gente allí consumiendo, pero muy poca, pues los dueños querían irse a descansar cuanto antes, pero por casualidades de la vida había aparecido un joven muy preocupado, casi atemorizado buscando al dueño de unos objetos, la mujer, dueña del local le había dado una mesa y un vaso de agua para apaciguar sus nervios pero ni con esas lo habían conseguido, por eso, a esas horas del día, un joven de unos diecisiete años descansaba sobre una mesa, casi suplicando al cielo por un milagro divino que lo salvase de una denuncia que no haría más que empeorar la situación económica de su padre.

Quizá no exista un dios, no como los seres humanos lo pintan, de una forma pura, omnipotente, pero algo o alguien escuchó las plegarias de ese pequeño muchacho, porque otra explicación no tiene cabida en esa historia para poder aclarar porqué la aparición de ese ángel a su lado, el porqué de esa misericordia de los ángeles al entregarle tal y hermoso regalo, ¿que había hecho él para merecer a una muchacha sacada de un cuento de hadas? cabello rubio, ojos azules, piel blanca y de porcelana, era el vivo retrato de una princesa, de esos personajes que protagonizan las mejores historias con los mejores finales que uno puede imaginar.

Damon observaba con verdadera devoción a aquel pequeño ángel que había surgido del mismo paraíso que Adam y Eva, esa pequeña niña que era demasiado delgada para su edad, pero en lugar de empeorarla, esos detalles simplemente hacía que pareciera aún más hermosa si cabe. Encontrarse con un ser tan especial era un regalo del cielo, había venido a bendecir su alma, a salvarle de esa oscuridad que empezaba a rodearle. Damon estaba seguro de ello; ahora podría pasarle cualquier cosa, que se sentiría capaz de afrontarlo y seguir igual de extasiado, podría enfrentarse a las consecuencias de sus actos, porque solo con verla, nada importaba, podría obtener todo cuanto existiese, pero¿qué había más importante que esa pequeña sonrisa en ese perfecto e idílico rostro?

Nada. Absolutamente nada.

La muchacha le sonrió, fue un gesto muy llamativo para el ojiazul, porque una sonrisa de ese bello ángel era como un rayo de Sol en un día nublado, era hechizante, como una droga de la cual ya se sentía atado de pies a cabeza.

Tenía la boca seca, por lo que cuando quiso abrir vaciló, ¿qué se decía en estos casos? ¿qué le podía decir a un ángel de ese calibre? se mordió la lengua, podía sentir como una bola se formaba en su garganta, ahogando su alma cada vez más, agobiando a su pequeño corazón que amenaza con salirse de su pecho. Apartó la mirada, quería buscar una excusa para salir del paso, incluso para huir, pero entonces ella se adelantó. Pudo sentir una mano en su hombro, atrayéndolo.

Sus ojos azules se cruzaron con los de ella.

- ¿Te encuentras bien? -entonces no estaba soñando, no era solo su imaginación que había idealizado la imagen de una tan bella muchacha sino que encima era real, nada falso, incluso su voz era como escuchar a los ángeles cantar, la chica ladeó el rostro, provocando que su perfecto cabello cayera en cascada sobre sus hombros, era tan hermosa, tan perfecta. - Me llamo Hope.

Esperanza. Eso era, un hilo de esperanza del cual Damon no quería desprenderse, escuchar su nombre, esas cuatro letras, era como tener el placer de escuchar a los ángeles cantar en vida, casi podía morir tranquilo después de esto. Los ojos de Damon brillaban con luz propia cuando le respondió.

- Damon. Me llamo Damon. -susurró cohibido por la cercanía de la muchacha, es como si Hope no temiese a nada, ahí, pegada a su cuerpo, hablando y tomando su mismo aire, era como un deseo divino, durante unos minutos, Damon pudo deleitarse de su cantarina voz, porque la chica no dudó en entablar conversación, en charlar animadamente con ese completo desconocido, Damon no se dio cuenta, ni en ese momento, ni después, pero la pequeña Hope lo único que quería era hacer más ameno ese tiempo de espera, porque la pequeña, nada más entrar en el café había sentido el miedo que corría por las venas de ese pobre niño y ella se había visto atraída por él, era un muchacho muy atractivo pero lo que más llamó su atención fue esa aura de tristeza que lo invadía, para ella, que había vivido rodeada de sonrisas y de buenas personas era algo que necesitaba corregir, por eso estaba ahí, sonriendo a ese chico de ojos azules y hablando de cualquier cosa, el tiempo, las fiestas, las clases, así es como ambas aprendieron lo esencial del otro sin darse cuenta que lo más importante no estaba en esos detalles insignificantes sino en la conversación, en la conexión de sus almas, ahí, en esa noche de agosto de 2001, Damon y Hope encontraron su lugar en el mundo, un sitio donde podrían ser ellos mismos, donde podrían reír, llorar, amar, soñar…

- Donde solo seamos tu y yo.. -susurró Hope con lágrimas en los ojos, ambos no podían saberlo, pero ese hilo que los conectó en el pasado seguía ahí, vacilante pero manteniendo sus corazones destrozados unidos fuertemente, tal era la fuerza de esa unión que aunque ambos estaban separados por la distancia habían dicho y pensado exactamente lo mismo, encontrándose incluso en el mismo debate interno. ¿Qué iba a pasar ahora?

Hope se levantó del asiento del café, tomó sus cosas y dejó una muy cuantiosa propina antes de desaparecer por las calles atestadas de gente de la hermosa y perfecta Nueva Orleans, toda su vida había creído que cada persona era alguien especial, una luz caída del cielo con un futuro prometedor, con sueños y mucho amor que dar, pero ahora que se encontraba ahí, paseando, se sentía abrumada, si, pero no por las mismas razones que en antaño, ahora no creía que un ser superior había hecho a su medida a cada una de esas personas, buscando lo mejor de sí mismas capaces de iluminar un poco más el mundo, no, ahora no estaba de acuerdo con eso, dudaba y mucho que alguno de esas personas tuviesen bondad en sus almas, ¿qué es el ser humano más que un monstruo con la capacidad de hablar y razonar? un monstruo sin corazón pero capaz de hundir más en la miseria a los demás que estaban a su alrededor, así es como se movía el mundo buscando la forma de destruirlo un poco más, rompiendo esperanzas, sueños, amores y especialmente corazones.

Hope había sido una víctima más, una ilusa que creía que tenía salvación, que estaba allí, en ese mundo, para una misión, tal vez salvarlo del odio y del dolor, incluso podría creer que estaba allí para iluminar un pedacito de alma de alguna persona que se cruzara por su camino, había sido tan estúpida, tan inocente que no había visto venir a esa oscuridad, la cual no dudó en aprovecharse de ella, en destrozar un poquito más su alma, pero ahora, después de tantos años, cuando creía que ya no estaba en el bando de las víctimas sino el de los monstruos se dio cuenta que no, que no era así, porque su alma, esa que creía totalmente encadenada y protegida, había vuelto a latir un poco, solo un poco pero lo suficiente para alterar cada célula de su cuerpo, ¿y quién había tenido el poder de hacerle dudar?

Damon Salvatore.

Ese maldito embaucador, manipulador con en esa sonrisa cree que puede obtener y hacer lo que le dé la gana, pero lo que más le dolía a Hope no era saber el poder de convicción que tenía su atractivo prometido sino que había vuelto a conseguir sacar el lado más humano de su alma, dejándola débil, desprovista de cualquier fortaleza o barrera para protegerse, y ahora estaba al descubierto, completamente desnuda a la merced de cualquier monstruo que quisiera hacerle daño. Aceleró el paso al cruzar a la otra calle, no es que tuviese miedo de alguien concreto, ella era lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a cualquier, pero lo que si temía era lo que su corazón podía hacer o decir en la ausencia de su protección, todos esos recuerdos, esas sonrisas, esas alegrías, ese primer amor, era como una bomba de relojería a punto de estallar y romper todo lo que Hope había construido en unos años, ella no quería volver a ser esa niña estúpida e inocente que esperó durante muchos años para volver a reencontrarse con su primer amor, que tonta fue en esa época, cuando se despidió de Damon y este le prometió que siempre, siempre, siempre, siempre, estaría a su lado, ahí, en su corazón, porque ambos compartían el mismo, pero por supuesto, no era cierto, porque mientras él disfrutaba de la vida ella estaba encerrada en su corazón, sufriendo un maltrato que ninguna persona debería sufrir.

Se quedó quieta, en mitad de la calle, es como si su mundo se hubiese quedado sin batería, como si todo a su alrededor siguiera en marcha menos ella, apretó los puños, clavando sus uñas en su piel de porcelana, otra vez lo había conseguido, Damon, sin quererlo había de vuelto un poco de luz a su alma atormentada provocando que nada ni nadie pudiese salvarse de lo que se conoce como Hope Mikaelson.

Una mueca se dibujó en su rostro, un dibujo mal hecho de una sonrisa sería la definición correcta, agachó la cabeza y comenzó a reír, una risa vacía, sin vida, una risa capaz de helar la sangre de cualquier persona.

- Me la vas a pagar, Damon… juro, que todos en este mundo, vais a hacerlo. -susurró a la nada, como si ese pequeño mensaje fuese una forma de declarar a todos esos monstruos que ella no era más una víctima, que era todo lo contrario, un monstruo más en ese mundo que iba a encargarse de conseguir amargar la existencia de hasta el más mínimo mosquito. Tomó su bolso y sacó con manos temblorosas su teléfono, no más, no iba a permitir que algo o alguien fuese superior a ella, nada iba a desarmarla nunca más, tecleó ese número que se sabía de memoria y esperó pacientemente a que hubiese una señal.

Miró el cielo, un cielo claro para un día totalmente oscuro, casi quiso reír, era divertido ver como todos esos idiotas se dejaban llevar por lo que sería su final, ella no volvería a ser una ilusa, no creería nunca más en la posibilidad de un final feliz no sin contar antes con muchas víctimas a sus espaldas.

- ¿Papá? Si.. soy yo, yo también… si está todo genial. -bufó molesta.- No… te llamaba, ¡por supuesto! ¿por quién me tomas…? Ah… claro… si, perfecto. -sonrió de mala gana como si su padre pudiese ver ese atisbo de inferioridad.- Perfecto pero no te llamaba para eso, ¡papá! necesito que hagas algo por mi… -bajó el tono de su voz y se mordió el labio, era una actuación perfecta, si se tratase de una película de hollywood le darían un oscar, porque realmente sabía cómo persuadir y manipular a un hombre aunque nunca de la manera que ella esperaba.- Papá, es sobre Damon… rompió un par de reglas.

Solo con las tres primeras palabras hubiese sido suficiente. Mikael Mikaelson tenía un don para crear miedo y respeto por allí por donde pasaba, no era una excepción en la familia, pero Hope era especial, tal vez porque era la hija bastarda de ese amor que nunca fue o simplemente porque era el ojo derecho de Mikael ya que todos la miraban con malos ojos, o eso decía ella, que con solo una sonrisita y unas lágrimas tenía al viejo Mikaelson en el bolsillo, pensaban el resto de la familia, ¿quién llevaba la razón? no estaba del todo claro, porque ni Hope era el ojito derecho del viejo ni la familia entera le miraba con malos ojos, ella sola se creaba sus propias historias manipulando la verdad y la mentira. Simplemente usaba las mismas armas que Mikaelson, jugaba con las cartas que tenía sobre la mesa, barajando posibilidades y siempre consiguiendo hacer el mejor movimiento, como esa vez, que con solo nombrar a Damon con ojos llorosos había conseguido captar toda la atención de su padre, porque solo había dos cosas que Mikael Mikaelson odiaba: perder dinero y ver como su familia sufría, en este caso, eran ambas opciones, porque Damon Salvatore seguía siendo santo de devoción del viejo Mikaelson no porque su hija se hubiese encaprichado de él, claro no, sino porque era una fuente de oro que prosperaba día sí y día también, si Damon hacía algo siempre afectaba a ambos lados y Mikaelson no estaba dispuesto a ello.

- No te preocupes, Hope. Me encargaré enseguida.

- ¿No quieres saber lo que me ha hecho? -lloriqueó, incluso sacó un pañuelo de papel de un bolsillo.

Detrás de la línea reinaba un completo silencio, un silencio capaz de cortarse con un cuchillo, pero eso no impidió a Hope continuar su teatro, todo lo contrario, le beneficia en sobremanera ya que todo esto provocaba un hilo de tensión capaz de reforzar sus lágrimas y su gran tristeza fingida.

- No hará falta cariño, no necesito nada para hablar seriamente con mi futuro cuñado. Hasta pronto, hija.

Colgó satisfecha. Su estado emocional había cambiado con una velocidad vertiginosa, casi sorprendente porque en otras circunstancias su corazón se hubiese encogido al oír la forma tan despectiva con la que usaba la palabra "hija" para referirse a ella, pero es que en esos momentos una alegría falsa se alojaba en su corazón provocando que olvidara todo el malestar anterior, había marcado un tanto y se encontraba por encima de Damon en esos momentos, tecleó rápidamente y le mandó una pequeña y simple advertencia antes de desaparecer por las calles de la ciudad del jazz.

- Tengo miedo… -susurró en su oído, provocando que una oleada de placer recorriese todo el cuerpo del muchacho, desde su oído hasta la punta de los pies, pero no era ese placer carnal que caracterizaba a la juventud de hoy en día, era totalmente diferente, era ese placer que solo sienten los creyentes cuando alcanzan el éxtasis.

Damon Salvatore no era un creyente. Cualquiera que lo conociera lo tenía claro, cierto rezaba, pedía a Dios muchísimas cosas necesarias como llegar a final de mes, que su padre y él tuvieran salud y una vida agradable, pero en general, Damon era incapaz de creer en un ser todopoderoso que podía salvar y ayudar a los más necesitados, ¿cómo creer en un ser que estaba dejado a medio mundo sin un trozo de pan para llevarse a la boca? ¿cómo creer cuando los ricos se benefician de todo cuanto exista? ¿cómo iba a creer en una energía celestial que cuidaba a cada ser humano cuando la realidad era otra muy distinta?

Pero ajeno a todo eso, Damon había cambiado de opinión en un pequeño detalle, tal vez si había algo que los protegia desde la distancia, ¿sino que otra explicación había para que esa pequeña y delicada chica estuviese, ahora mismo, entre sus brazos?

La chica se removió en su agarre cuando vio que su amigo no respondía con una frase divertida o espontánea. Amaba sus comentarios tan elaborados, aunque no era una cosa que le gustase decirle de vez en cuando, era algo que ella tenía muy presente. Damon Salvatore era su luz en el camino, su guía, su salvador, por eso, cuando su nana le dijo que en unas semanas partirían hacia Estados Unidos había sentido que algo se rompía en su interior, por primera vez en toda su vida, tenía miedo, miedo a lo desconocido, a lo ajeno, a lo perdido.

Miedo al futuro.

- No te preocupes, Hope. Por y para siempre. -una sonrisa se formó en sus labios cuando vio ese brillo que tanta idolatraba en los ojos de su pequeña amiga.

- Me gusta como suena. -se removió hasta quedar sentada a su lado.- ¿Prometido? ¿Pase lo que pase, juntos para siempre?

Damon miró la mano que le ofrecía, no es que dudara de esa promesa, todo lo contrario por su parte pensaba cumplirla, él estaría siempre para ella, en lo bueno y en lo malo, en las alegrías y en las tristezas, en cualquier cosa y en cualquier momento, siempre estaría ahí. Pero no quería sellar ese pacto que tanto le importaba de esa forma tan vulgar, sabiendo que después se arrepentiría tomó su mano y tiró de ella con fuerza, uniendo sus labios en un perfecto y casto beso que marcaría sus vidas para siempre.

- Prometido…

Desde el bufete de abogados de Enzo, un Damon no muy animado miraba tentativamente el teléfono que reposaba en la mesa de caoba, le picaban las manos por las ansias de tomar el aparato y llamar a seguridad para que solucionasen la intromisión de una señorita con ganas de fastidiar escritas en letras ganas en su perfecto e inmaculado rostro.

- ¿Vas a explicarme por qué está ella aquí? -la señaló con la mano como si en vez de una persona se tratase de un animal o algo peor, Elena ignoró completamente el trato tan despectivo que le estaba dando, porque realmente no comprendía a Damon Salvatore, primero era un hombre más con ganas de comerse el mundo, después una sucia rata que le lamía el culo a su prometida y ahora un crío malhumorado por haber perdido su globo favorito. Ni le comprendía ni quería hacerlo, porque él solamente era un medio para alcanzar un fin, nada más, ni un experimento, ni un buen sexo -aunque lo era- ni mucho menos un amigo, aliado o algo similar, solo un camino que iba a ganarse para alcanzar su libertad.

Y la de su hermano.

Mientras Enzo, como decía llamarse, intentaba convencer a su socio y amigo para que le diera una oportunidad de explicarse, pero Damon no estaba dispuesto a consentir más ayuda o eso pensó Elena mientras dejaba a los dos machos alfa mear tranquilos por la habitación, ella aprovecharía esa oportunidad para barajar bien sus cartas, había convencido a Enzo de que tenía una buena manera de manejar y manipular a Hope, ahora tenía que buscar la forma no sólo de que eso sucediera sino también la manera de convencer a Damon de ello, todavía dudaba de lo que buscaba Salvatore con todo eso, ¿por qué manipular a Hope pudiendo abandonarla? no lo entendía, pero a la vez que ella no comprendía eso tampoco comprendía el grado de amistad y de honor que tenía su hermano, ni la mitad de las cosas que sucedían en el mundo por lo que dejó ese lado escéptico en un rincón de su mente y aprovechar toda la materia gris para poner remedio a esa comedia que se formaba a su alrededor.

Si era cierto que Damon quería acabar con todo lo referente a Hope, ella le ayudaría, pero no de la manera que les haría ver, ella solo buscaba beneficiarse y sacar a su hermano de ese lugar, por lo que mantendría la boca cerrada y acataría las normas al mismo tiempo que maquinaría la forma más elocuente de destruir también a Damon por el camino, porque ambos, Hope y él, eran los culpables de toda esa mierda y no pensaba tener misericordia con ninguno aunque uno de ellos fuese a ser su aliado.

Un atisbo de sonrisa se dibujó en su rostro, ellos no sabían con que estaban jugando, ella no era la típica niñata que había perdido a sus padres y se refugiaba en algún hombre para poder llorar y encontrar consuelo, no, ella dejó de ser así desde muy joven, ella tenía muy claro lo que quería, cómo lo quería y cuando lo quería: y ahora mismo lo único que quería era venganza, pero una sutil, directa y dolorosa, miró de reojo a la pareja que discutía, Damon seguía en sus trece y Elena se dio cuenta de una cosa, tal vez fuese su enemigo, pero Damon tenía su mismo carácter y por lo tanto desconfiaba de cualquier persona, eso podría ser un defecto en esos momentos pero también un beneficio.

- Por supuesto. -dijo en voz alta llamando la atención tanto de Damon como de Enzo, este último no entendía a qué venía decir eso.- Yo también desconfiaría. Lo hago. Desconfío de ti.

Damon la miró fijamente, la chica le sostuvo la mirada con la misma intensidad sabía a que estaban jugando y ella nunca perdía a ese juego, por eso estuvo así, todo el tiempo necesario, porque no iba a ser la primera en rendirse, nunca lo hacía.

- Chicos. -llamó su atención Enzo.- No tenemos todo el día, no sabemos nada de Camille, Damon no tenemos otra opción.

Elena mantuvo la mirada en su sitio, clavada en los ojos azules de un muy torturado Damon pero este al final se rindió, no era típico de él, se le veía en todo su cuerpo, pero aún así Elena no dijo nada esperó que fueran ellos los que solicitaran su ayuda, a fin de cuentas tenía que ganarse su confianza.

- No me fío de ella, Enzo.

- Lo sé, pero tenemos que encontrar a Camille. Ambos sabemos quien la tiene. -Damon negó con la cabeza, como si no acabara de creerse que se tratara de la misma persona, Elena estuvo a punto de bajar la guardia y preguntar qué mierda tenía que ver Camille con Hope pero se detuvo al caer en la cuenta de quién estaban hablando.

Frunció el ceño al recordar a la sexy y atractiva chica que apareció en la fiesta anoche, totalmente segura de sí misma, capaz de captar toda la atención de Damon, si, adiós fachada odiaba a esa tipa y todavía no sabía el porqué, no pensaba ayudar a encontrarla, ¿qué le importaba ella donde estuviese? como si quería desaparecer del planeta. No era de su incumbencia.

Pero en cuanto sus ojos café se cruzaron con la mirada perdida de Damon supo que Camille debía importarle y poner toda su atención en ella porque sino no iba a tener ninguna oportunidad con Damon, casi le ablandó el corazón al ver ese brillo de nostalgia en sus ojos pero tan rápido como lo vio desapareció porque Damon, al igual que ella, no eran personas que mostrasen sus emociones tan fácilmente, esto le llevó a pensar en ese día de agosto, donde solo eran ellos dos, Damon y Elena, dos desconocidos bebiendo y teniendo sexo salvaje, una parte de ella, esa que no quiere demostrar que le importa el mundo vio algo esa noche en Damon, un brillo especial, como el de un niño pequeño, esa inocencia que solo se encuentra en los bebés, vio a un crio con un corazón de oro, pero por supuesto, todo era un engaño, aunque ahora que veía esa misma mirada por el tema de Camille empezó a dudar.

A sentirse culpable. ¿Sería capaz, llegado el momento, de traicionar a Damon de la misma forma que a Hope? ¿sería capaz de destruirle?

- Puedo llamar a mi hermano. -cortó el silencio que se había formado a su alrededor.- Él fue el último en estar con Camille.

- No. Fui yo. -Elena se mordió el labio recordando que cuando ella había despertado Damon estaba completamente solo, ¿se había atrevido a estar con su amante delante de sus narices? le costaba muchísimo mantener la compostura en esas circunstancias, pero se recordó a sí misma que necesitaba esto.- Fue a buscar una botella a su auto. ¡Maldita sea!

- No te culpes. -le restó importancia dando un par de pasos hacia adelante.- Ni siquiera sabes si de verdad le ha pasado algo…

No terminó la frase porque Damon se lanzó directamente hacia ella, tirándola al suelo. La chica ahogó un grito cuando sintió todo el cuerpo de Damon sobre el suyo, aprisionándola con fuerza contra el suelo, podía jurar que había oído cómo se rompían sus costillas con la fuerza de la caída pero le quitó importancia cuando recordó a quien tenía sobre su cuerpo, el calor que emanaba Damon Salvatore alteraba hasta la última neurona de su cuerpo, pero no podía pensar en eso ni en otra cosa cuando sentía las manos del chico contra su cuello, ¿¡qué mierda planeaba!?

- Suéltame. -dijo con dificultad, no es que estuviese haciendo mucha presión en su cuello, es que sentía que iba a desmayarse en cualquier momento, muchas emociones juntas.- ¡Que mierda, Salvatore!

- Retiralo. -gritó para después bajar un poco el volumen de su voz, se acercó insinuante hasta su oído.- ¿No me has oído?

- ¡Me aplastas! -ya no tenía sus manos en su cuello ni tampoco todo su cuerpo sobre el de ella pero aún así no podía moverse, no sabía si era por la tensión del momento, por el golpe o simplemente por tener a Damon Salvatore a escasos centímetros de sus labios.- ¡Mierda seas! ¡Maldito!

- Deja de moverte así. -rió divertido al ver lo incómoda que estaba, pero lo que más gracia le hacía era el rojo que teñía sus mejillas, parecía más humana, más real, tal vez fue eso lo que calmó sus demonios porque olvidó completamente el motivo por el que se había lanzado a sus brazos.- Elena, como sigas moviéndote así…

- ¡Pervertido! -intentó pegarle un rodillazo a sus partes pero Damon fue más rápido y se apartó de su lado en cuanto vio sus intenciones, suspiró aliviado al saber que sus partes no volverían a sufrir por esa tía. Rápidamente Elena se puso en pie, al mismo tiempo que Damon se incorporaba hasta estar a su altura.- Cerdo asqueroso.

- Tu eres la que estabas pensando mal.

- Si claro. -se cruzó de brazos.- Me voy a creer yo que no estabas pensando en lo mismo.

- ¿Y en qué se supone que debo estar pensando?

- No me has dejado terminar, antes. -sonrió.- No sabemos si le ha pasado algo por lo que deberíamos empezar por lo más sencillo, ¿llamarla por teléfono? ¿buscarla en su casa? No sé, tal vez le haya salido un imprevisto.

- Tu no te enteras de nada. -otra vez ese cambio de humor, venía tan rápido que era como un golpe seco, pero Elena se acostumbrará a ello, sabría manejarlo a su antojo por lo que intentó ignorar la mirada de odio que le lanzaba.

- ¿Lo habéis probado o no?

- Deja de meterte en nuestras vidas, ni siquiera te quiero aquí. -se apartó bruscamente, se acercó al escritorio y se apoyó en él, respiró con dificultad, le costaba muchísimo concentrarse con Elena haciendo el idiota delante, ¿es que no podía simplemente desaparecer? ¿no tenía cosas que hacer en el edificio?

La castaña lanzó un vistazo rápido al cuerpo en tensión de Damon y supo que por él no iba a conseguir nada, miró directamente a Enzo que ya estaba haciendo unas llamadas, solo esperaba que por lo menos él si le hubiese hecho caso, tomó ella su propio teléfono, estaba apagado y parecía que había perdido la tarjeta, frunció el ceño y entonces recordó dónde podía estar, le tembló la mano solo con pensarlo, las manos de ese cerdo recorriendo su cuerpo, era asqueroso pero debía reponerse, no parecer débil ya le cortaría los huevos más tarde.

- No responde al teléfono. -guardó el aparato mientras Damon salía de su trance de una vez.- He llamado a Maggie, se ve que no le caigo del todo bien.

- ¿Habéis probado a llamar a los hospitales de la zona? -tomó ella misma el teléfono de la oficina de Enzo.- Si pensáis que le ha pasado algo…

Damon la ignoró completamente, sacó su propio teléfono y se quedó pálido con solo mirar la pantalla, cuando había discutido con Hope había decidido ponerlo en silencio y ahora no podía estar más arrepentido, era ver solamente el nombre de ese hombre en la pantalla para saber que estaba metido en un buen lío, le tembló la mano cuando le dio a rellamada, sabía que le iba a salir caro su error pero si era por Camille estaba dispuesto a pagar cualquier castigo, evitó mirar a Enzo o incluso a Elena pero fue imposible, porque la chica, atraída como un imán, se acercó a él, ni siquiera le tocó, ni tampoco hizo nada para descubrir qué cosa le ponía tan nervioso, simplemente se quedó ahí sin saber el poder que tenía sobre Damon.

No fue Mikaelson Mikaelson quien descolgó, sino su maldita secretaria, no es que odiara a la pobre mujer es que necesitaba hablar urgentemente con Mikaelson pero la mujer no pudo pasarle directamente con él porque se encontraba en una reunión pero que tenía un aviso que darle.

- Bien, dígame. -suspiró resignado, se pasó una mano por el cabello.- Por supuesto, como no.

Elena pensó detenidamente su siguiente movimiento, no sabía a quien estaba llamando Damon ni tampoco con quien hablaba ni de que pero supo que era algo importante por lo que tenía que pensar con rapidez, ¿qué podía hacer para ganarse su confianza?

- ¿Has podido hablar con Mikaelson? -interrumpió sus pensamientos Enzo, sin quererlo acababa de darle lo que necesitaba.

- No, solo me ha dado una orden. Que cuide a su hija o tendremos problemas. Como si no fuese eso lo que hago día sí y día también.

- Ella no necesita que la cuiden. -no pudo frenar su lengua a tiempo, era inevitable el odio que sentía por Hope aumentaba por momentos por lo que no podía callarse cuando sentía que la estaban golpeando con más fuerza, ¿quién en su sano juicio puede pensar que alguien como Hope necesita ser protegida? No, la gente que estaba a su alrededor debía protegerse, ella como si quería irse al infierno ahora mismo.

Enzo miró a Damon antes de desaparecer, tenía que hacer unas llamadas más para asegurarse de donde podía estar Camille, por lo que dejó a Damon a solas con Elena, sabía que no iban a matarse, lo había visto en sus miradas, se odiaban pero no hasta ese límite, cuando Elena oyó la puerta cerrarse lo primero que pensó fue que Damon había ido corriendo a las faldas de su flamante novia pero en cuanto se giró para comprobarlo nadie la preparó para ver la intensidad de los ojos azules de Damon.

- Ella es la única persona en este mundo que necesita ser cuidada. -susurró con una voz ronca, consumida por las emociones, Elena no se atrevió a replicar, no porque no tuviera una respuesta ingeniosa es que se veía incapaz de contradecir esa mirada, ¿que tenía Damon Salvatore para conseguir que ella rompiese todas sus reglas?- No la conoces como yo, Elena, solo ves… lo que ella deja ver.

- ¿Maldad? ¿Odio? Porque otra cosa no veo Damon. -se cruzó de brazos.- No voy a discutir contigo, es inútil, no vamos a llegar a ningún acuerdo cuando tu quieres proteger a la persona que te ha roto en mil pedazos.

Damon frunció el ceño, no entendía a que había venido esa respuesta, claro que iban a discutir, el no se fiaba de ella como para contarle algo referente a su pasado porque para que esa chica confiase en él tenía que saberlo todo y aunque él estaba dispuesto a abrir su corazón a esa muchacha no estaba dispuesto a que ella se colara en su interior, porque lo estaba viendo, en sus ojos café, en la fiereza de su mirada, en sus labios, en su sonrisa, en todo, Elena iba a adentrarse en su alma y al final del día él sería el que acabaría con el alma hecha pedazos, o peor aún con un corazón que creía que no iba a latir de nuevo roto por una mujer, que aunque no se parecía en nada a Hope, era una vil manipuladora que no dudaría ni un segundo en destruirlo.

Sonrío, una sonrisa rota, vacía sin vida. Clavó sus ojos en Elena y pasó saliva, iba a ser difícil pero protegería su alma si quería tenerla a su lado.

- Es una larga historia… -la chica asintió.- Que no voy a contarte.

- Tiene que ser una broma. -se pasó una mano por el cabello.- Damon, ¿cómo voy a ayudaros a destruir a Hope si no me cuentas tus motivos? Mira, hasta hace nada desconfiaba de ti, pero es que ahora estás consiguiendo que vuelva a hacerlo.

- Nadie te pidió que confiaras en mi, Elena.

- No, pero si voy a trabajar contigo…

- Mira, si aceptara tu ayuda, tu serías mi trabajadora, nada de equipo ni de aliados.

- Paso de ti completamente. -se acercó a los cristales de las ventanas, la ciudad seguía en movimiento mientras ella se debatía entre escuchar a ese loco o seguir con su plan en solitario, eligiese lo que eligiese iba a destruirlos a ambos. Damon maldijo en voz baja y se acercó hasta Elena, no había querido ser tan directo, era normal que la chica dudara de sus intenciones, el estaba con Hope, para los demás, voluntariamente, por lo que era natural que la chica pensase mal de él, porque si él no aguanta a Hope, ¿por qué iba a buscar un plan cuando podría perfectamente largarse? ¿cómo le iba a explicar a una completa desconocida el motivo de sus deseos de venganza sin abrirle su corazón? era complicado, más aún sabiendo que ella era idéntica a él en muchos sentidos, por lo menos en lo de orgullosa y desconfiada.

- Lena.

- No me llames así. -dijo cortante lanzándole una mirada asesina.- Solo mi familia puede hacerlo.

Dibujó una fina línea con los labios, había sido un estúpido al referirse a ella de esa forma, no lo había hecho con ninguna mala intención pero al saber que le pasó a la familia Gilbert por boca de Stefan no hacía las cosas más fáciles.

- Lo siento, soy un bocazas.

- ¿Por llamarme Lena? No pasa nada, solo no lo hagas. -dijo firme pero entonces cayó en la cuenta.- El bocazas es Stefan, ni se te ocurra mirarme con pena, tuvieron un accidente, murieron, se acabó.

Damon abrió los ojos como platos, no esperaba para nada esa reacción en Elena, cuando Stefan se lo contó estaba muy borracho para que al día siguiente lo recordara por eso le extrañó muchísimo que la chica hablase del tema sin un ápice de emoción, tal vez con los años había aprendido a guardar muy bien las emociones.

- ¿Sabes qué? Así no vamos a conseguir nada. -cambió rápidamente de planes, con su típica sonrisa ladeada se puso delante de Elena.- Si queremos confiar el uno en el otro debemos hablar, conocernos mejor.

- Damon. -le paró en seco.- Cuando nos conocimos en el bar dijiste que sin compromisos, ni un presente ni mucho menos un futuro, ¿por qué mierda ibas a cambiar de opinión?

- Porque ahora te necesito Elena, y aunque me jode decirlo eres una buena carta para usar contra Hope, tiene una obsesión insana contigo. Y lo sabes.

- De eso a contarnos nuestra vida…

- ¡Ni de coña! -negó rotundamente.- No pienso conocerte en ningún sentido pero si lo básico, saber tus verdaderas intenciones.

- Mis intenciones ya las sabes, venganza por haberme quitado todo, por haberse reído en mi cara con mi ruptura y por jugar con mi hermano y conmigo.

- Cierto, lo comprendo.

- Pues no lo parecía cuando no hiciste nada para parar a tu novia, no por mi, no me conocías pero si por mi hermano, se supone que sois amigos.

Eso fue un golpe bajo, directo al corazón, pero se calló, no replicó ni dijo nada, lo prefería así, sabía el porqué de la obsesión de Hope por Elena, no había que ser muy listo para darse cuenta y mucho menos cuando ese motivo también había sido el causante de destrozar su vida, por eso permaneció en silencio dejando que Elena se desahogara a gusto.

- ¿No vas a decirme nada? -alucinó.-Mira, Damon, vale, acepto, vamos a hacer esto a tu manera, pero como vea que quieres jugar conmigo o esto sea algún juego retorcido entre Hope y tu… -se mordió el labio por no decir una estupidez, Damon asintió ignorando esa posición desafiante.

- Perfecto entonces, vamos a sellar nuestro contrato.

- ¿Y cómo piensas sellar una cosa…? - "así" era lo que iba a decir pero en cuanto tuvo la oportunidad de decirlo Damon la interrumpió, tiró de su cuerpo dulcemente y pegó su boca contra sus labios, fue un simple rocé pero lo suficiente como para alterar cada partícula del cuerpo rígido y frío de Elena, durante unos segundos quiso golpearlo pero al sentir como el calor de Damon invadió su cuerpo se olvidó ligeramente de esa idea, entre abrió la boca y Damon introdujo su lengua, durante unos minutos ambos se dejaron llevar por esa danza salvaje, sin darse cuenta que lo que empezó como una manera divertida de sellar ese pacto se había convertido ahora en una lucha por tomar el control, en una lucha interna con sus corazones para que estos no tomaran partida en esa historia, porque si empezaban a meter los sentimientos ambos saldrían perdidos, Elena no estaba dispuesta a dejarse pisotear por ningún hombre más y Damon simplemente no quería que alguien como Elena rompiese su alma y lo que quedaba de su corazón, no iba a permitir que nadie ocupara el lugar que ocupaba el recuerdo de la inocente y angelical Hope.

Pero una vocecita en su interior estaba gritando lo contrario, pero Damon no estaba dispuesto a escuchar más nada.


Antes de nada quiero agradecer a todos aquellos que están pendientes de las actualizaciones, que usan un poco de su tiempo para leerme e incluso para comentarme. Sois un cielo, siempre lo digo y siempre lo diré, porque es algo que soy incapaz de no soltar. Tengo un mes duro, no solo en salud (ya estoy mucho mejor) sino también en los estudios y la verdad es que esto último no va a mejorar, pero no os preocupéis, tengo dos episodios más guardados y las ideas del siguiente preparadas, pero tardaré en actualizar para que siempre tenga un episodio almacenado.

Olvidando eso, ¿qué os ha parecido el episodio? ¿os esperabais esto o algo diferente? ¿queréis más delena? ¿más recuerdos? ¿momentos de tensión? ¿queréis saber más del "accidente" de los Gilbert? ¿qué pasará con ese "contrato" que han firmado?

Quiero leer vuestras opiniones. Eso ayuda muchísimo en la trama de la historia y en lo que puede o no pasar. La historia va avanzando gracias a vosotros y al Delena, of course. Por eso necesito saber que pensáis, si el rumbo va bien o queréis un cambio. Incluso si tenéis dudas, preguntad. Para eso estamos.

Gracias por leerme.

AVISO:

PD: ¿Queréis una actualización más? Si alcanzamos los 90 comentarios antes del viernes después de TVD tendréis una nueva actualización (sábado-domingo). Si llegamos a los 100 antes de TVD (miércoles) tendréis la actualización para TVD (jueves)

¡UN BESO!

N.